lunes, 29 de junio de 2020

San Pedro en Córdoba

Piné, más de 40 años siendo joven de Gamonal
Nadie quiere más al Burgos ni disfruta tanto los Sampedros


Francisco Javier Gómez Izquierdo

     Antes de jubilarme, solía acomodar unos días de vacaciones en los sampedros para estar con la familia y amigos allá en Burgos, pero este Veinte me tiene soliviantado y trabado en las Andalucías sin saber qué es lo que debo hacer. El caso es que con todo el tiempo disponible aún no me he atrevido a subir. No subo por prevención. Por miedo. No miedo hacia lo que pueda coger, sino a lo que pueda llevar por asintomático, a lo que pueda contagiar, porque en Burgos voy a alternar con muchos amigos y puedo meter en casa de mi madre de 90 lúcidos años lo que no me perdonaría, y por lo que pueda alterar la rutina que han cogido para cada día. Mi miedo es más por los míos que por mí mismo y aquí estoy, toreando “la caló cordobesa” mientras vigilo el declive de la peste china hartándome de fútbol y gazpacho.
      
El hartazgo del nuevo fútbol, que éste sí que es nuevo y no la normalidad de la que nos hablan, que no puede serlo, pues si es nueva es anormal, en  mi caso viene a cuenta de los penaltys, infracción que ha dejado de ser como toda la vida y ha pasado a melifluas ensoñaciones naif de tan infantil sensibilidad que temo vayan a sancionar hasta el pestañear o el mirar del defensa en los saques de esquina. Empacha el mal juego en general, aburre el jugar andando aunque se entiende que la velocidad con estas temperaturas es suicida y lo que es peor, entristece el vacío en unos estadios donde había aficiones que marcaban goles importantísimos. No. No es fútbol, pero es una Liga que deja sus pequeñas historias y si la más tremenda es la de la peste, el aficionado no olvida las palabras de Quique Setién cuando dijo que prometía “buen juego del Barça”. Creo que Setién es un buen entrenador que llega tarde a un Barcelona donde no hay míster que meta en vereda a tanta vaca sagrada. El fútbol azulgrana es decadente, previsible y se nos hace monótono. El recurso, único recurso, es el talento de Messi que disimula muchos desaguisados, pero el declive culé es demasiado evidente. Luego igual gana la Copa de Europa, pero ahora mismo el equipo no es solvente, chirrían jerarquías mal asimiladas y ¡bueno! el episodio de Arthur, jugando cinco minutos en Vigo y volar a Turín al acabar el partido en busca de un futuro mejor es todo un síntoma de provisionalidad y obcecación por buscar un Gran Remedio ¿Pjanic? que no existe.    
     
De esta Liga nos quedará la explosión de Vinicius, un talento al que el parón le ha sentado de narices, y que cuando deje de correr a lo tonto no va a haber quien lo pare; la transformación del atlético Llorente, ¿quién lo imaginaba de supermediapunta?; y la aparición del sevillista Ocampos, para mí el fichaje de mejor rendimiento en la temporada, entre otros nombres destacables.
     
¿El título? Hace quince días dijimos que para el Barca o el Madrid. Hoy, para el Madrid o el Barca, como siempre. El descenso está claro que para Leganés, Español y Mallorca, y la Champions para Atlético y me da que para el Villarreal.
     
Por San Pedro en Burgos no se hablaba de fútbol, porque ya se había acabado y todos andábamos en días tan glotones organizando comidas y meriendas que son tareas de mucha satisfacción. Este año en Burgos se disfruta con la novedad del baloncesto y me dicen que hoy en los bares con el pincho de morcilla y el ribera se habla de faltas de ataque, bloqueos ilegales, tiempos muertos... como en el fútbol que veo en el Movistar. Jotas, toros, blusas... se quedan para el año que viene.