jueves, 11 de junio de 2020

Bosé

Los Gates


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Igual ahora que Bosé se ha coscado del lujo que supone la libertad empieza alguien a defenderla.
    
La libertad murió en Europa antes de nacer, exactamente con las revueltas de octubre de 1789, cuando la Revolución, dicho por la hija del ministro Necker, cambió de objeto y ya no fue la libertad sino la igualdad su objetivo. Desde entonces Europa sabe de libertad por lo que haya leído en los libros.

    Bosé ha pillado a nuestro Toni Manero (Pedro Sánchez) cantándole su “Linda” a Melinda Gates, esposa de Bill, a cuya Fundación ha contribuido con 125 millones nuestros para una vacuna con polvos mágicos “para controlarnos”.
    
Yo digo no a la vacuna, no al 5G, no a la alianza España / Bill Gates. Yo Soy La Resistencia.
    
Los ricos (Bill, Soros y sus humildes pececillos de secano, como cantaban las Vainica) han concluido que los pobres siempre van a más, y ya no basta con huir, como Pablemos, de Vallecas a Galapagar (¡aporofobia!). ¿Qué hacer? Los chinos tienen la receta: elites (¡capitalistas de Estado!) viviendo como marajás y pobres sometidos como esclavos. La solución china aplicada al planeta es el globalismo.

    –Sólo hay una cosa que merezca hacerse en este mundo –fue la confidencia de Bonaparte al duque de Melzi: adquirir cada día más riqueza y más poder.
    
Hoy la literatura política, bien untada, se torna tan reaccionaria como la que padecieron los Founding Fathers cuando dieron con la libertad política gracias al invento de Hamilton, la “democracia representativa”, una patada en el morro a todos los reaccionarios del mundo, que negaban esa posibilidad para todo territorio más grande que la calle Salsipuedes de Pamplona. Su mera posibilidad había sido reducida a utopía en “La República de Oceana” de Harrington, cumplida en la Constitución federal del 87 que ahora Occidente trata de derrumbar en nombre de la igualdad.

    –¿Queréis igualdad? ¡Haré algo mejor: os daré la desigualdad a favor vuestro! –resumió Bonaparte.
    
Es la consigna de los oligarcas y sus medios.