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jueves, 25 de enero de 2018

Berlusconi

Una sonrisa tolerante en el ojo de la mente


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Para la Europa del Partido Único, el San Jorge para vencer al dragón populista en Italia es… Berlusconi, lo cual tiene su importancia: en la política, España copia la teoría de Alemania, pero la práctica, de Italia, sólo que en pobre.

España compró el muñeco de Weimar (“un enmarañado tejido de energías centrífugas en un sistema de reacciones centrípetas”) y le ha salido el “Rufufú” de Craxi y Andreotti que lleva a Berlusconi como Zetapé y Rajoy llevan a Rivera, ése que habla con GonzálezSerra (Eduardo) como con De Gaulle y Malraux.
Contra populismo, centrismo. Como el centrismo español está muy visto (Girauta dice que “los políticos más derechistas, como Fraga o Gallardón, se volvieron adictos al término más tramposo: ese centro que parece sugerir mucho sin significar nada en concreto”), de Miami se han traído a un psicólogo que define el centrismo como “una sonrisa tolerante ante el reconocimiento de que somos humanos”. ¿Y el populismo?

Para crear la imagen de un enemigo en que cristalizar el odio y el desprecio, el señoritismo centrista construye la figura del populista sobre la caricatura del “bourgeois” elaborada por los aristócratas hegelianos y propagada por los poetas románticos: la influencia de Stendhal hace que todos los literatos desprecien al burgués, aun cuando vivan de él.

El burgués, que sólo quiere paz y ganancia, es un pobre local al que Marx y Engels elevan a la categoría de universal: último representante de una humanidad prehistórica (¡último enemigo de la humanidad!), del postrer “odium generis humani”. De aquí el estupor marxista (Jules Romains los insulta) al descubrir, en los 30 (los Garzón lo han descubierto ahora), que el obrero francés es el pequeño-burgués que siempre quiso ser.
Alguien que ve compensada su nulidad política en la seguridad del goce de la paz y la ganancia y que como consecuencia de ello quiere que lo dispensen de la valentía y lo pongan a salvo del peligro de una muerte violenta.
¡Sonrisa tolerante!