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miércoles, 29 de mayo de 2013

Décimosexta. La de Ventorrillo. ¿Y ahora quién manda a esta ganadería de tifanes a tomar viento?

 Ventorrillo en la arena
Los Tífanis de la Dehesa

José Ramón Márquez

Hoy los toros fueron como la vida. El emprendedor, constructor y empresario don Fidel San Román volvió a traer a Las Ventas sus reses, sus juampedros de El Ventorrillo, herrados en su pellejo con la efe de ful. Toros de Fidel San Román, toros ladrilleros que pertenecen a la razón social Edificaciones Tifán S.L., con divisa verde y blanca, que vienen a reverdecer los éxitos clamorosos de sus congéneres en el mismo coso, por ejemplo del inolvidable toro Cervato, número 26, toro de una mísera vara al que el jurado de los premios taurinos de Telemadrid consideró como merecedor al premio al mejor toro de San Isidro 2011, premio que como es sabido consiste en una escultura hiperrealista de un bocadillo envuelto en papel Albal, como quien dice el Paquiro de la ganadería.

Eterno retorno de la misma presentación sin trapío, porque el trapío es tener el tipo característico de los de su casta y estos no lo tenían, de la montaña rusa de los pesos que van de las 45 arrobas del más chico a las 54 del más grande y de la escalera de edades del encierro que incluye toros con guarismo 9, 8 y 7, o sea que los hermanos del pobre y premiado Cervato, que ya lleva dos años criando malvas sin que nadie le recuerde, los herrados con el número 7 que retozaron felices junto a Cervato por los feraces campos de Los Yébenes, han retornado hoy a las manos del Creador que, imagino, tendrá en el Limbo un cercado donde irá echando todos estos torillos que pasan por la vida sin ton ni son.
Y no basta con que los toros de las Edificaciones Tifán S.L tengan esos tiparracos, ese descaste, esa obesidad mórbida que exhibió el petate del número 58, Bromista; no es suficiente con que los bueyes de Tifán exhiban su boyanconería en la Plaza año tras año, porque está escrito que han de retornar, que no hay huevos en la Comunidad de Madrid, en el Centro de Asuntos Taurinos, en la Plaza de Las Ventas a decirle a don Fidel San Román que este año no vienen sus bueyes, que los cape y los venda para tirar de los simpecado del Rocío. Tifán, cuyo objeto social es la construcción y promoción de toda clase de urbanizaciones y bienes inmuebles, la explotación de bienes rústicos y urbanos y la explotación directa e indirecta de toda clase de negocios de hostelería seguirá retornando con sus corridas a Las Ventas mientras a don Fidel San Román le dé la gana.

Menos mal que presidiendo y manteniendo férreamente el Orden en la Plaza, hoy retornó al palco  Manolo for President, hombre obsesionado por los grandes temas que siempre han preocupado a los poderosos: la equidad, la justicia, el deber. Manolo, que contó minuciosamente el otro día los pañuelos que solicitaban la oreja para Manzanares III, los que la pedían para Talavante y los que demandaban galardón auricular para Castella antes de extraer del recoveco el níveo pañuelo y de dejarlo caer sobre el tapiz rojo magnánima y equitativamente, se distingue de don Julio Martínez en que, por la rectitud de sus actuaciones, no recibe la acre censura del Doctor Zaius, que cual corneja de ala negra se inviste ahora como garante de la ética y de la dignidad en la Plaza y en el toreo desde su nido con toldilla situado encima de la Puerta de Arrastre.

Para finiquitar a los tifanes se vinieron hoy a Las Ventas Sergio Aguilar, de Madrid, Miguel Ángel Delgado, de Sevilla, y Arturo Saldívar, de Tehocaltiche. Pobrecillos los tres, que se creían que venían a una corrida de toros y se vieron metidos en un spot de La Vaca que Ríe.
Puede decirse que hoy es el día que se ha visto mejor disposición a torear de todo lo que llevamos de Feria. Cuando se dice torear se significa especialmente que se emplea ese verbo como contrapunto a la acción de dar pases, que es lo que ha llenado la práctica totalidad de las tardes que llevamos.

Miguel Ángel Delgado presentó, sin que la mitad de la Plaza se enterase, unas buenas maneras en sus dos toros sustanciadas en quedarse en el sitio y tirar del toro. La cosa no salió redonda, pues las condiciones de sus dos oponentes, más próximas al yugo y la carreta que a la embestida, no permitieron el lucimiento completo del torero, pero las trazas de Delgado, la manera de estar, la forma de citar y de ponerse ante los bueyes dejaron ganas de volver a verle más pronto que tarde y esta vez con ganado de lidia, lo cual quiere decir que sea bravo o manso, áspero o suave, pastueño o violento, pero que embista.

Arturo Saldívar vino a Las Ventas a no pasar inadvertido. Comenzó de rodillas y en los medios su faena al tercero, Afrentoso, número 10, y luego se cerró un poco hacia el tercio para que el viento no le molestase tanto. El tal afrentoso fue el menos bueyuno de los seis tifanes, aunque tenía una absurda embestida como de cabrita retozona con cabeceos y todo. Saldívar planteó una faena de altibajos en la que se alternaron momentos de verdad, con el torero clavado y presentando la muleta sin inmutarse, junto con otros más pueblerinos y festivaleros. En conjunto prima la verdad con la que estuvo en los momentos buenos y una efectiva estocada, de buena ejecución que cayó ligeramente desprendida y que, hasta el momento podríamos decir que es la estocada de la Feria, más que nada porque creo que no hay otra que se haya ejecutado tan bien como la de Saldívar hoy. Su segundo toro fue el gordinflón aquel de las 45 arrobas, próximo a cumplir los seis años, que demandaba a voces un yugo y un arado. Con él lo intentó y se puso ligeramente cargante, por no saber cortar a tiempo, pero eso nos pasa a veces a todos. En conjunto, la de hoy ha sido mejor actuación de Saldívar en Las Ventas.

Al final se ha quedado hablar de Sergio Aguilar, que fue el más damnificado por la ventorrillada. Sorteó dos toros sin casta, sin ánimo de embestir, sin presencia, sin nada de lo que debe tener un toro de lidia contra los que estrelló las ideas que pudiese traer a la Plaza. Es imposible juzgar al torero, al que se esperaba con atención,  a la vista de lo que tuvo enfrente.

Le pegaron una ovación de lujo a Juan Navazo por un par que terminó con el peón tirándose de cabeza al callejón. Parece ser que aquello de salir andando de los pares comienza a ser relegado también al baúl de las cosas del abuelo Cebolleta y que ahora las gentes están más por la cosa gimnástica. Óscar Bernal aguantó una fuerte entrada del sexto, que se venía suelto y galopando desde las tablas, estando el piquero atravesado junto a la primera raya;  agarró un buen puyazo y aguantó la oleada de mansedumbre del bicho sujetándole con brío.

Sería óptimo que el señor San Román recordase aquello de que el mejor amigo del ganadero es el matadero y que, a la vista de lo que ha mandado a Madrid, y a la vista de que seguiremos chupándonos corridas suyas a porrillo, hiciese el favor de revisar sus libros genealógicos, sus reatas, sus líneas e hiciese en ellas una drástica, severa,  poda, a ver si así...

 Ventorrillo en el tendido

 Ventorrillo en el cielo

 Ventorrillo en la prensa

 Ventorrillo a caballo

 Ventorrillo de Abella

 Puerta del ventorrillo

 Cierto aire a Iggy Pop

 Programa del Ventorrillo

 Autoridad al ventorrillo

 Ventorrillo de Serrano

 El Fundi en la Andanada

 Solo para un reportaje

 Abella en su ventorrillo catalán
Al vent, la cara al vent,
el cor al vent, les mans al vent,
els ulls al vent, al ventorrillo del món

 Ave María de Muñoz, el hombre de las orejas de Talavante
 (que ya se pasea por las ferias en figura sin haber pegado un saludo al tercio
 con la novillada de Victorino en Madrid),  y Tinín

 El hombre del palco presidencial que vigila a la Crítica

 El hombre de la Crítica que vigila al palco presidencial

Cerezo y su asistente Gómez
Señorío en el ventorro

 Portón de las corrientes

 El tío de los papelillos al ventorrillo

 Paseíllo con escapada de Delgado
Delgado, Saldívar, Aguilar

 Manuel Cid, de Los Palacios, Sevilla
Presunto hermano de El Cid para la Crítica

 Miguel Ángel Delgado, de grata impresión

 Pipas

 La blancura que prometía Manuel Luque, 
el hombre del bote de Colón

 Hondero

 La hora de Delgado

 Rumor abellano
I tots, tots plens de nit,
buscant la llum, buscant la pau,
buscant a Déu, al ventorrillo del món

Otro
La vida, ens dóna penes
ja al nàixer és un gran plor

 Y otro
Però nosaltres,
Al vent, la cara al vent,
el cor al vent, les mans al vent,
els ulls al vent, el vent del món


 Cuánto penar por un brindis

 Arena

 Y sangre

 ¿Blasco Ibáñez?

 Nachos de ventorrillo

 Bullicio femenino en el palco presidencial durante la lidia

 Caballero del 9 con las piernas para arriba

 A Molés, jefe del departamento de ética taurina, le gustan las orejas dadas de prisa,
 como las que concede Muñoz, y zahiere a Julio Martínez por concederlas despacio,
 mientras Emilio Temple Muñoz se encoge de hombros y dice esa cosa tan graciosa de
 "¡A mí que me registren, mi arma!"

 Arturo Saldívar
El trago

 Arturo Saldívar
La oreja

 Arturo Saldívar
 La claque

 Merienda en Telemadrid

 De brazos cruzados en el palco de Muñoz

 De brazos cruzados en la grada del 6 de Florencio

El zambombo más gordo de la bueyada...

 ...se llamaba Bromista, cima del nominalismo ventorrillero

 Correspondió a la yunta de Delgado

 Al loro

 Postura de garza

 Al rececho

 Quitamanchas

 Saldívar a por todas

 Salmonetes alegres y confiados

 Pica flamenca

 Genes Kellys

 El brindis de Saldívar...

 ...con montera al aire de su vuelo

 Saldívar paso a paso

 Se puso con Afrentoso

 Y se puso con Novicio

 Una yunta de bueyes isidriles que araban con la lengua

 Cruzar la raya

 Quedarse en la raya

 No pasar de la raya

 Mulillas de España

 Ethan Edwards

 Bien Delgado
(con bueyes)

 Bien Saldívar
(con bueyes)

 Lo que queda del festejo

 Márquez con el gran Dámaso de las domas a los Alonsos Morenos