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sábado, 23 de marzo de 2013

Repaso a los carteles de San Isidro: bodas, bautizos y comuniones de Empresa

Sergio Ramos, el Chávez del Madrid, con el capote de Talavante, Gallito de Taurodelta

José Ramón Márquez

Y ahora, los carteles. No puede decirse que haya sorpresa alguna, por desgracia, pero es que si lo miras bien esto es lo que hay y no hay más cera que la que arde. Hombre, se podían haber esmerado un poquillo más, pero se ve que los encarteladores están aún bajo el shock del derrumbe de la cubierta y no han dedicado a la cartelería el tiempo que ésta precisaba. El viejo Choperón asevera que hay nueve carteles rematados; los del Consejo Taurino aplauden con las orejas, que ellos con sus pases de callejón y la importancia que se dan, ya se dan por satisfechos, y Abella, anotado tantas veces como Abeya, cuya responsabilidad en el desplome de la cubierta nadie explora, mira hacia abajo, porque si mira hacia arriba no ve lo que él querría ver.

Por comentar algo de la propuesta ferial de la UTE de los Choperón Father and Son/Toño Matilla/Simón Casas, amparada por el aplauso ferviente del Consejo Taurino, que nos costará el dinero y nos quitará el tiempo, digamos de nuevo que así, vista la Feria por escrito, entran ganas de no renovar el abono y simplemente esperar a las cuatro corridas de más o menos interés que haya, sin tener que tragarse el turre que las acompaña. Ayer me llamaba mi querido amigo, viejo aficionado, don Juan Galacho desde Málaga: «¡Yo no pago ya ni un duro por ver más juampedros. En Feria sólo iré a las corridas en que salgan toros!» Así de cautivo y desarmado tienen al aficionado, a base de insistencia, que el que resiste triunfa.
A bote pronto, lo que más me molesta de la Feria de San Isidro es lo de Victorino. Ya dijimos que lo de poner a Talavante -digamos la propia Empresa- él solo frente a la de Victorino era una estafa al aficionado. Talavante, Gallito de Taurodelta, el torero camaleónico, el torero sin tauromaquia definida, que ha transitado por las más diversas líneas estilísticas, viene ahora en plan legionario y le ponen a sus pies una de las corridas de mayor expectación sin otro mérito que su deprimente ‘triunfo’ en la Beneficencia del año pasado.

Bueno, pero en vez de ahondar en la depresión que produce la visión del cartel de la Feria, veamos la botella medio llena y digamos netamente lo que interesa, que en toros es Escolar, Victorino, Adolfo y Cuadri, y en novillos, Carmen Segovia y, junto a ellos, los toreros que se anuncien con ese ganado, con la salvedad explicada antes de Tala, que nos ha quitado la posibilidad de que ese cartel se completase con toreros que han demostrado su solvencia frente a los Albaserrada del paleto, y estoy pensando en Urdiales o Cid, a bote pronto. Si nos ponemos a hacer un segundo recuelo pongamos también a los Núñez de Nazario y de Alcurrucén y a los Samuel, por poner.
De lo demás, puedo decir con sinceridad absoluta que me importa un pito el elenco ganadero y los toreros que le acompañan. Me deprime ver a Urdiales con la de Pereda, a Curro Díaz con La Palmosilla, al Cid con los Lisarnasios del Puerto; me deprime ver en un ruedo a los perros falderos de Juan Pedro Domecq o de Victoriano del Río, venga quien venga con ellos, y también los de Jandilla que, si no he leído mal de ésta nos dan dos tazas, por si con una no teníamos suficiente. Me deprimen Luque, por mucho que su padre me invitase a un café, el pobre Capea, Rubén Pinar y Castella.
Pero no nos engañemos, que esto en realidad es sólo un deprimente déjà vu, porque lo mismo ya está escrito hace un año, por ahora (click).

Por lo que resta, la prescindible Feria de la Comunidad es exactamente como la Comunidad a la que representa, feria de pega como esas figuritas del belén de la mal llamada ‘Corrida Goyesca’, que sólo sirve para dar uso a los cientos de vestidos que encargó Garci a Cornejo para su subvencionada película del 2 de mayo. Y después de San Isidro, la antitaurina Feria del Arte y la Cultura, sigue esperando a ese Godot absurdo y pelmazo llamado José Tomás al que nada le va bien.
Compremos, pues, educadamente el abono, como acto militante de apoyo a la Fiesta, miremos para otro lado y esperemos que este año no se les ocurra ponerle a Gárgoris Dragó la carpa del Carpe Diem del año pasado, que en el entorno de Las Ventas la palabra ‘carpa’, de momento, Abeya la tiene marcada como tabú hasta que no escampe un poco.
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Insistamos en que lo peor de los carteles de la Feria es  que echamos en falta a muchos toreros. Aquí faltan Antoñete, Luis Miguel, César Rincón, Lucio Sandín, José Antonio Campuzano, Manolo Cortés, Dámaso Gómez, Pepe Luis Martín, Curro –no vale con ese Curro de recuelo que es Morante-, Luis Miguel, El Inclusero, Manolo Vázquez, Antonio Bienvenida, José Luis Parada, Carnicerito, Yiyo, Rafael Ortega, Curro Durán, Julio Robles, Paquito Esplá, Pepe Luis, Ruiz Miguel... aquí faltan toreros a puñaos, cada uno con sus cosas, que mira que entre todos esos no hay diferencias, y lo que sobra es adocenamiento, vulgaridad y falta de personalidad. En esta época en la que a decir de los iluminados ‘se torea mejor que nunca’ lo que pasa es que sobra ‘arte’ a raudales y falta lo esencial: torería, mala leche, rabia y ansias.