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sábado, 23 de marzo de 2013

El colchón

Olor a 500

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    El dinero es de naturaleza cobarde y el susto chipriota ha llevado a los ricos al desespero de volver al colchón.

    Un mistolobo que atiende por “Aris” y que está adiestrado en el olisqueo de los billetes de quinientos (los míticos “Bin Laden”, pues se sabía de sus existencia, mas no de su presencia), ha dado en Albanchez de Mágina, Jaén, con una talegada “erética” (de los eres andaluces) en el colchón del sindicalista Juan Lanzas, nombre que no se le ocurrió a Mateo Alemán.

    Desaparecido Bin Laden, aparecen los de quinientos: en la plaza de Morata de Tajuña todavía se hacen lenguas de un galopín que se plantó en el quiosco de las chuches con uno en la mano.
    
Total, que los ricos de derechas, como Bárcenas, los guardan (por el qué dirán) en Suiza, y los ricos de izquierdas, como Lanzas, los guardan (por el acaso) en el colchón, con lo cual cobra sentido aquel ingenuo eslogan de a mí plin, yo duermo en Pikolín, que era lo más literario que uno había oído a propósito de un colchón después del libro de lecturas escolares en que un hermano de Nerón, Druso, se alimentaba en la cárcel de la lana del colchón.
    
La crisis ha destapado el rastacuerismo del colchón, o socialismo real.

    Los franceses inventaron lo de “arrastracueros” para referirse a los señoritos argentinos enriquecidos con las ventas de cueros durante la primera gran guerra europea, y de ahí sacaron nuestros costumbristas lo de “rastacueros” para designar a los nuevos ricos, hoy ricos del “quinientos”, esto es, ricos del colchón, que tampoco dejan de ser, para los ricos de toda la vida, unos pobres ricos.
    
Pensando en esos pobres ricos, precisamente, un emprendedor salmantino de nombre (qué le vamos a hacer) Francisco (“llámame Paco”) ha inventado un colchón viscolástico con caja fuerte, y se los quitan de las manos.

    Nos queda el olfato de “Aris”, el mistolobo, pero eso se arregla con un poco de “visvaporú” en la nariz, como se hace con el caballo del picador.