domingo, 13 de enero de 2019

Eduardo Chillida, o el león en su invierno (Última entrevista)

[Publicado el 7 de Diciembre de 1998 ABC Cultural Número 368]

NO ME PREOCUPA LA VEJEZ; LO QUE ME FASTIDIA ES
 QUE SE ME OLVIDEN LAS COSAS



Desde las domésticas faldas del Igueldo reina Chillida como el Dios del Sinaí, a lo grande, y rodeado de sus horizontes donostiarras más íntimos: «inalcanzables, necesarios e inexistentes». Es el león en su invierno, todavía con media melena al viento y con los recuerdos ya «en la punta de la lengua», que es ese no saber si ver u oír las experiencias pasadas. «He estado trabajando. Tranquilo y solo. Y tratando de hacer, como siempre, pues lo que no sé hacer. Porque no creo que haya que hacer lo que se sabe hacer, sino lo que no se  sabe hacer. Lo que uno sabe hacer quiere decir que ya lo ha hecho, y eso no hay que tocarlo. Hay que hacer lo que no se sabe hacer»





Ignacio Ruiz Quintano
ABC Cultural

LUCE el sol, al fin, en San Sebastián, y el sol, que pierde materia a razón de millones de toneladas por minuto, le ha sentado bien a este Chillida leonino que pierde memoria a razón de no se sabe cuántos nombres propios por recuerdo, y que ahora se tienta la garganta y siente, con asombro, como que aquella materia ha sido absorbida y es energía. Lee y relee mucho. A sus poetas  y filósofos: materia y mente no son más que maneras convenientes de organizar  los acontecimientos, y la característica esencial de la mente es la memoria. (De Swift se cuenta que un día, cuando empezó a perder la memoria, «como quien se ancla en su íntima esencia invulnerable», se le oyó repetir: «Soy lo que soy, soy lo que soy.»)

–He pasado un momento difícil. La garganta, y así. Un momento en que no podía ni hablar, en el sentido de decir lo que yo quería decir, ¿verdad? Digamos que he estado apartado de hacer manifestaciones espectaculares... En fin, encerrado en el  estudio con mis problemas.

(En un manuscrito iluminado para René de Anjou, rey  de Sicilia, hay una alegoría del Amor: una de sus pinturas muestra a un viajero, un caballero a caballo guiado por la Melancolía que tiene que abrirse paso a fuerza de espada para cruzar un puente  de madera enfrentándose a un adversario con armadura negra que representa  los problemas. Igual que De  Quincey,  Chillida piensa que descubrir un problema no es menos admirable –y es más adecuado– que descubrir una solución.)

–Sí, para mí el trabajo es eso: un problema cada día. Y si se produce algo positivo es porque te metes en ese terreno en el cual no tienes mando, pero que aparece. En cuanto tú cierras las demás puertas y te quedas con ésa, surge la posibilidad de comunicar. Es una cosa bastante elemental. En el fondo, es lógica. Lógica pura. Yo estuve muchos años trabajando en una dirección, y de repente un día me di cuenta de que no era la mía. Fue hace mucho tiempo ya, ¿eh? Fue cuando yo cogí este tipo de razonamiento, porque me di cuenta de que era necesario dejar de lado todo lo que había hecho cada día. Cada día que tú haces una cosa, dejarla de lado y mirar hacia los lugares en los cuales puede haber otro tipo de aproximación a lo desconocido, a lo que yo no conozco, que es lo que me interesa. Lo que pasa es que últimamente, como he estado peor de salud, pues, claro, me he frenado bastante.

«La portería aún, araña parda»

(Con este sol que luce le tira el mar -«iVamos al Peine del Viento a dar un paseo!»-, y se encara al viento que corre como el navío de Pantagruel, tratando de encontrar en el aire las frases que el invierno anterior guardó congeladas.)

–Ya lo creo que he leído en este tiempo. ¿Parménides...? Sí..., sí. ..sí... Bueno, he estado con san Juan de la Cruz. Me lo sé de memoria. Ahora lo he releído. A todos. Poetas y filósofos es lo que más me ha interesado toda la vida. Españoles y extranjeros. Trato de buscar correspondencias entre unos y otros. Por no trabajar, porque no puedo hacerlo como lo hacía antes. Así que he leído mucho. Siempre vas desechando cosas, claro. Hay algunos que han sido tus amigos y de repente se quedan atascados. Eso sí pasa. Claro, que yo, como tengo unas bajas de memoria tan especiales... iNo me salen los nombres! Me pasa con los nombres corrientes, con los de mis nietos... Es la edad. Tengo setenta y cuatro.

Peine del Viento
(Ya en La Concha, ante el Peine del Viento –la obra predilecta de su memoria sentimental–, sale a colación el fútbol –«la portería aún, araña parda»– y su época de portero de la Real Sociedad. «Ya no pones obstáculos de mano / al ímpetu, a la bota / en los que el gol avanza. Pide en vano, / tu equipo en la derrota, / tus bien brincados saques de pelota.» Acabó su carrera desarbolado, no por el viento de los goles, sino por un menisco «que tenía hecho polvo y que nunca me sanaron: un día, en Madrid, en un saque de puerta largo hacia la posición del extremo, me quedé clavado en el pico del área  y para siempre». Como en las Olímpicas de Montherlant, donde el portero sólo puede arrancarse los cabellos, como Aquiles, y aparecer ladeado en el suelo, como los soldados de Verdún.)

–Sí, me acuerdo de las cosas que me han hecho polvo la vida. Hombre, en ese caso, el del fútbol, no fue malo. Porque estar con un menisco estupendo y jugando al fútbol con setenta y cuatro años no sería agradable, ¿no? Pero acabo de pasar una última etapa complicada... Y difícil de entender.

(Unos chavales abordan a Chillida para retratarse con él en su Peine del Viento,  y Chillida, tan contento, se presta a posar con ellos en brazos cruzados y alzando la barbilla, a lo portero antiguo: entre desafiante como el Platko de la oda de Alberti y risueño como el Zamora de Por fin se casa Zamora. «Te sorprendió el fotógrafo el momento/ más bello de tu historia / deportiva, tumbándote en el viento / para evitar victoria, / y un ventalle de palmas te aireó gloria.»)

–¡El Peine del Viento! Estoy orgulloso de esta obra porque es una de las primeras. Mi primera visión como escultor es este lugar. Lo que ha producido este lugar es la visión que yo tenía de él de niño y desde mi casa. Luego, de novios, con mi mujer, también veníamos aquí a pasear. Era nuestro paseo romántico preferido.

(Del Peine del Viento a Zabalaga, el casón -1592- con prado donde reposan tantas «cosas» de las que podría derivarse el más honesto concepto de materia: ocupan espacio y muestran su existencia mediante las cualidades de dureza, resistencia e impenetrabilidad. Muchas aún no tienen nombre, pero son chillidas. «Ésa de ahí pesa sesenta y cinco toneladas. Acaban de colocarla. Tengo que buscarle un nombre.» Y las que faltan andan de tournée, la mayoría por Madrid.)

Portero de la Real Sociedad
–Claro que me hace ilusión lo del Reina. Se estrenan obras de todos mis momentos, para que la gente vea lo que he hecho antes y lo que he hecho ahora. Pero yo no he intervenido en el montaje para nada. Confío en la gente que lo ha hecho, que sabe bien lo que hace. Hombre, para mí ha sido un honor. Y un premio. Sí, la verdad es que... ¡tengo tantas cosas! Tampoco es que me haya acostumbrado, ¿verdad? Porque, hombre, sí, es bastante raro lo que me pasó a mí. Yo fui el primero que ganó un premio... Y no sé ahora... Si es que no puedo decir estas cosas bien, porque se me olvidan los nombres. Fue en una de las capitales alemanas importantes... Está abajo y a la izquierda en el mapa... Bueno, yo recuerdo que hice unas cosas que no había hecho nadie allí, y me dieron el gran premio por algo que expuse en esa ciudad de cuyo nombre no me acuerdo ahora. En fin, yo sabía que me iba a pasar lo que me está pasando. Lo siento mucho, pero... Fue la primera vez que me daban un premio en Alemania, y el que más ilusión me hizo, porque fue el primero. El primero del que yo tengo conciencia, claro. Después, ¡ha habido tantos! Acordarse de todos es dificilísimo, y no hace falta tener la cabeza como la tengo yo ahora... Han sido muchísimos y en todas partes. Hombre, prefiero un premio a que me silben por la calle, ¿verdad?, pero  yo nunca he hecho las cosas para ganar premios, aunque empecé a ganarlos en la primera exposición que hice, y fue en esta ciudad alemana... ¡En el suroeste de Alemania!

(El hierro es el pan del Norte, y en el prado de Zabalaga hasta la yerba parece ferruginosa, como las criaturas retorcidas procedentes de «Forjas y Aceros de Reinosa», la barbacoa de Chillida. ChiIIida y sus Costillas de Hierro.)

–¿El más chillida de todos los materiales? ¡El hierro! Un material, para mí, decisivo, porque yo con él he hecho muchas obras, y son las que más he expuesto y las que la gente más ha valorado. Y el material que más placer me causa al trabajarlo. Bueno, ahora ya estoy trabajando con dos chicos: les digo cómo tienen que hacerlo, y acabarán por hacerlo mejor que yo, pero, en fin ... ¡Como han trabajado conmigo... ! El hormigón también me gusta mucho. Las cosas que he hecho con hormigón tienen una envergadura especial delante del horizonte...

(Hay en Zabalaga cierto aire a Gretna Green, la aldea escocesa una vez famosa por sus casamientos de parejas fugadas que oficiaba el herrero. Encuentros de hierro y abrazos de hierro entre parejas de hierro.)

–Bueno, eso del abrazo es muy propio de la escultura. No desde el punto de vista del abrazo físico, sino el hecho de la escultura. ¿Ves aquéllas de allá? ¿Son abrazos?

–Y el horizonte.

Elogio del horizonte
–Sí. Ése me ha interesado siempre. Ya sé que no existe. Pero, en fin, es importante, sí. Que esté ahí esa línea es importante, aunque no exista la línea, que no existe. Es cuestión de imaginación. El horizonte es inalcanzable, necesario e inexistente. De modo que no puede tener grandes virtudes, y únicamente nos toca por la grandeza que tiene, ¿verdad?, que es la grandeza de algo que no tiene dimensión. ¿Que por qué es necesario? Pues porque nos coloca en un entorno limitado. En todos los movimientos que hacemos estamos condicionados por el horizonte. Fíjate si tiene interés lo que aporta. Estoy yo mirando las montañas, y mira, todo eso son horizontes. En Gijón, cuando hice el Elogio del Horizonte, me planteé este problema muy en serio. Empecé a recorrer toda la costa, desde Bretaña hasta Finisterre, en coche, con mi mujer. En todos los lugares costeros en que parábamos, había fortificaciones. O sea, que eran lugares que habían sido utilizados con fines militares, para zurrarle al contrario. Fue una cosa que me chocó. Y llegamos hasta Finisterre, que fue donde por primera vez «vi» la escultura.

–Y la gravedad.

–Es muy importante, pero en función de los materiales. Porque la misma importancia que tiene la gravedad puede tenerla la levedad que casi desaparece en el espacio. Cuando el espacio es lo que te interesa, llegas a unos puntos en que la gravedad no tiene voto. No puede intervenir, vamos.

«El collage es una chapuza»

–¿Y el juego de sus Gravitaciones?

–No, de juego nada. Es muy serio. Viene de hace tiempo. Darle un título era muy difícil. Me puse a pensar en ello, y las mismas piezas te decían lo que era con toda claridad. Había hecho muchos collages. Pero siempre había tenido la sensación de que el collage tenía una cosa falsa. Que ponía los papeles unos pegados con otros. Eso era un disparate monumental. Me di cuenta y no volví a hacerlos. Un día me dije: «¿Eres imbécil? En vez de poner la cola donde la ponías antes, pon el espacio entre los papeles.» Lo hice, y cuando empecé, ya estaba. No tiene color la comparación, porque el collage es una chapuza. Un papel pegado con otro papel no tiene ningún interés. Entonces seguí con eso. Y han salido variantes, también. Algunas están colocadas ya en Zabalaga. Los papeles son libres, porque, estando colgados, se pueden mover. Otros, en vez de cuerdas, tienen una varilla, de la cual está suspendido el papel, que tiene dos caras, una por detrás y otra por delante, y el espacio sin ningún aditamento.

(Einstein: «Los filósofos juegan con las palabras como los niños con un muñeco.» En el mundo de Einstein, que viene a conducirse con arreglo a una suerte de Ley de la Pereza Cósmica, hay más individualismo y menos gobierno que en el mundo de Newton. «La vida finaliza definitivamente cuando el sujeto deja de tener efecto alguno sobre su entorno a través de sus acciones.»)

–Claro que me ha interesado Einstein. ¿Estar de acuerdo? Bueno, los teóricos hablan del concepto, y yo, digamos, utilizando el concepto, me he encontrado con ellos, pero no en otros terrenos. He conocido a muchos filósofos y he ilustrado a Heidegger, y a Cioran, y a muchos otros, ¿verdad? Pensadores importantes. Pero, claro, eso ya pasó, desgraciadamente. Fue hace muchos años. Ahora ya no podría hablar con ellos como hablaba antes. Ahora se me olvidan las cosas. No me acuerdo de los nombres...

(Que la memoria es la madre de las musas, pero a Borges, sin embargo, le parecía monstruosa la posibilidad de que la memoria fuera infinita, y aclaró: «En ese caso, yo recordaría cada una de las circunstancias del día de mi vida, que son miles, según lo ha demostrado Joyce en el Ulysses.» Los bergsonianos creen que la memoria es justamente la intersección de mente y materia, y que los aparentes fallos de memoria no son en realidad fallos de la parte mental de la memoria, sino del mecanismo motor que pone la memoria en acción. Puesto a tener que hacer memoria, Chillida se agarra al tacto, no tanto un sentido como la verdadera interacción de los sentidos: el suyo es un alarde de percepciones táctiles y musculares agigantadas por el pavor al olvido, ay, como la lucha del hombre y el pulpo que describió Victor Hugo en Los trabajadores del mar, donde la blandura se nos aparece como horrible.)

–El tacto funciona por los ojos, también. Y por el oído. La mano...

(El hallazgo de un esqueleto de australopitecino de 3,6 millones de años complica a los paleoantropólogos el misterio de nuestra andadura a pie: los evolucionistas sostienen que el momento clave fue el de la erección del cuerpo, cuando el tamaño del cerebro era aún muy pequeño, que permitió la liberación de la mano, con su significación decisiva para el conocimiento reflejado en la palabra «comprender», derivada de «prender» ...)

– ...Yo ahora estoy viendo esa escultura y sé cómo es, cómo se toca, lo que dice cuando la tocas. Ésa que está ahí. Y está ahí por eso. Yo, por la tarde, me suelo echar un rato ahí, en ese sofá. Echo la cabeza donde están los almohadones, y me gusta poner la mano encima de la escultura, así, por detrás. Acaricio esas formas. ¿Qué nombre tiene? No lo recuerdo ya. Pero sí recuerdo su forma. Mi mano la recuerda. La mano es muy importante. Tiene unas leyes que se imponen.

(Teoría de la visión de Berkeley: vemos un  campo plano, pero construimos un espacio táctil. La esfera aparece ante la vista como un disco plano; es el tacto lo que nos informa acerca de sus propiedades de espacio y forma. Un día, Apollinaire quiso lanzar, sin fortuna, un «arte del tacto»: nada que ver con el Teatro del Tacto -bufonada- de Marinetti. Que la relación de lo táctil con lo visual sólo quedó definida después de Cézanne, y para la física, que, impasible, avanza, la vista como fuente de nociones fundamentales sobre la materia parece resultar menos engañosa que el tacto. Y, sin embargo, todas nuestras concepciones de lo que existe fuera de nosotros han estado basadas en el tacto hasta Einstein, para quien no existía el hombre capaz de visualizar las cuatro dimensiones, excepto por medio de las matemáticas: «Ni siquiera somos capaces de visualizar tres.»)

–La cuarta dimensión no me ha llamado la atención excesivamente. Yo no he andado dentro de la matemática. Yo he estado en las medidas que pueden ser entendidas y transmitidas a través de la sensibilidad. De la sensibilidad y de la comprensión de algunas cosas en un nivel en que te manifiestan algo que tú puedes recibir a través de las manos, de los ojos... A través de muchas cosas que no tienen que ver con la fuerza ni con el poderío, ¿verdad? Yo he hecho esculturas de considerables dimensiones. Y conozco a muchos escultores que no piensan más que en hacer cosas muy grandes. Pero muy grandes por fuera. Por dentro... tienen tamaño. Más vale decir dimensión que decir tamaño, ¿verdad?

–¿Qué robaría de los escultores jóvenes?

–¿De los jóvenes jovencitos, éstos que vienen a conocerse ahora? No demasiado, la verdad. Conozco a muchos, pero no veo nada así verdaderamente... Lo decorativo les hace mucho daño. A lo mejor si... Y el deseo de dimensiones muy forzadas, también les hace mucho daño. ¿Un consejo? Que se busquen problemas y que traten de resolverlos realmente. Eso es lo que los ayudaría más.


–La neurociencia sospecha que estamos genéticamente predeterminados.

–Sí. .., sí..., sí...

–¿Asusta?

–Sí..., sí... Verdaderamente, sí. Pero es para todos igual, ¿eh?

–¿Y la vejez?

–No, no, no. No me preocupa la vejez. Lo que me fastidia es que se me olviden las cosas.

(Sabe que no está bien creerse siempre una persona de alta tragedia con el Eclesiastés como libro de mesilla: «No hay nada nuevo bajo el sol. No existe el recuerdo de las cosas pasadas. Odié todo el trabajo que había hecho el sol, porque tenía que dejarlo a los hombres que me sucedieran.» Etcétera.)

–Aún hay proyectos que me hacen ilusión. Lo del Tindaya, en Fuerteventura, tiene sentido para mí, si se puede hacer. Y después hay una cosa en Japón, que está en camino, que es una pieza de acero dentro de muros de hormigón que recoge el espacio y lo proyecta hacia el Fujiyama. Se llama Homenaje a Hokusai.

(Hokusai, ay, el maestro de las estampas Ukiyo-e, autor de Treinta y seis vistas del Fujiyama, mostrando los numerosos rostros de la montaña sagrada cuya diosa, adorada por los artistas, domina el paisaje.)

–Es un lugar especial. Es el proyecto que más ilusión me hace. La obra está a medias, y yo no sé si al final la vaya acabar yo o la va a acabar otro, ¿verdad? ¡He tenido tantas cosas y lo he pasado tan mal! Pero en fin, por lo menos ya tiene una estructura. Allí los obreros trabajan muy bien.

La gran ola de Kanagawa  Hokusai 

Domingo, 13 de Enero

Valle de Esteban

Verde que te quiero verde

"Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto"

DOMINGO, 13 DE ENERO

En aquel tiempo, el pueblo estaba en expectación y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos: "Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. El os bautizará con Espíritu Santo y fuego." En un bautismo general, Jesús también se bautizó. Y, mientras oraba, se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma, y vino una voz del cielo: "Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto."

Lucas 3, 15-16. 21-22

sábado, 12 de enero de 2019

Nicodemismo

Gaspar de Quiroga y Vela, Inquisidor General


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

El Servicio de Delitos de Odio del Estado abre diligencias contra el periodista Arcadi Espada por el uso de un tabú sexista en un artículo de opinión, con arreglo a las leyes de género (tabúes sexistas) y de historia (tabúes comunistas) que despacha el liberalismo centrista.
No es un homenaje a Yuri Dombrovski; es la señal de que vivimos, como manda la propaganda, en el mejor período de nuestra historia. Después de todo, la Inquisición aún no perseguía sentimientos, sólo hechos, y ahí tenemos la escena del Buscón con el ama que echaba de comer a los pollos en Alcalá con “¡pío, pío!”:
–¡Oh, cuerpo de Dios, ama, hubieras hurtado moneda al rey, cosa que yo pudiera callar y no haber hecho lo que habéis hecho, que es imposible dejarlo de decir! ¡Malaventurado de vos y de mí!
–Pues Pablos, ¿yo qué he hecho?
–Yo no puedo dejar de dar parte a la Inquisición, porque si no, estaré descomulgado… ¿No os acordáis que dijisteis a los pollos pío, pío, y es Pío nombre de los papas, vicarios de Dios y cabezas de la Iglesia?
Se acotaba la ortodoxia para evitar la dispersión, y para aislarnos del protestantismo el inquisidor general Gaspar de Quiroga prohibió y expurgó Petrarcas, Dantes, Bocaccios, Rabelaises, Ariostos y Maquiavelos. Erasmistas y gramáticos recibían marcaje al hombre: el Brocense fue acusado de pasarse por el forro los silogismos escolásticos (“este reo destruye los fundamentos de la lógica, de los cuales se sirve la teología escolástica”), y la verdad es que en España nunca nos hemos privado, hoy menos que nunca, de una escolástica (religiosa, política o militar) con que atar al heterodoxo por los “testigos” (huevos).
El resultado es el nicodemismo (de Nicodemo, el fariseo que de noche seguía a Jesús y de día los preceptos judíos), término calvinista para designar a los protestantes que por evitar la persecución se hacían los católicos.
A nuestro lado, los victorianos son un dechado de franqueza propia de una reunión de alcohólicos anónimos.

La propaganda es delirante



ABC


Sábado, 12 de Enero

Valle de Esteban

Ha salido el molinero
y a su casa ya se ha ido.
Les ha encontrado a los dos
como en harina metidos.


viernes, 11 de enero de 2019

España MF

Pierre-Joseph Proudhon


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

España, Monarquía Federal. He aquí la cuadratura del círculo que propone un filósofo sanchista de Barcelona para solucionar el falso problema territorial de la nación más antigua de Europa. Justo cuando no hay un politólogo que sepa la diferencia entre monarquía constitucional y monarquía parlamentaria, entre federación y confederación, nos llega, para aclararnos, la “monarquía federal”.
La idea para alcanzar lo que el tronado de Pompeyo Gener, inspirador del Estado de las Autonomías, llamaba “la gran armonía ibérica” es que, si lo que hoy está unido quiere separarse, lo que mañana esté separado querrá unirse, federarse (federación, del latín “foeedus”, genitivo “foederis”, es decir, pacto), y esto me recuerda lo que hacía un amigo mío que contrataba rehalas para partidas de caza con japoneses en los 80: recogía perros callejeros en dos o tres pueblos de la sierra madrileña y se los vendía por podencos a los clientes, que soltaban los chuchos en una finca de La Mancha y no volvían a verles el pelo.

Ya sabemos que en nuestra opinión pública no hay una sola palabra que designe lo que nombra, pero esta Monarquía Federal que propone el filósofo sanchista sería la versión coronada de la República Federal del 73 que nos diera Paco Pi, traductor e introductor del federalismo de Proudhon. ¡Una monarquía proudhoniana!

Porque, en espera de que el nuevo director de la Academia, que anda en el lío federalista, nos aclare los conceptos, España MF no abrevaría en el federalismo de Hamilton (a quien Jefferson acusaba de monárquico para restarle credenciales federalistas), sino en el de Proudhon, que permite más combinaciones, entre otras que España se federara, ya puestos, con Francia, que dejaría de ser republicana para que Macron pudiera coronarse rey del Occidente.
–Aquí se necesitan dos cosas –dijo famosamente Gener–: una dictadura científica ejercida por un Cromwell darwinista injerto en Luis XIV… y una federación proudhoniana.
Bueno, pues ahí las tenemos.

Viernes, 11 de Enero

Valle de Esteban

Tempus fugit

jueves, 10 de enero de 2019

La Sentencia


Francisco Javier Gómez Izquierdo

           Convivir de continuo con cafres y psicópatas irredentos, viciosos desenfrenados y tipos de absoluta maldad, empuja de vez en cuando a comparar, desmoralizado por la disparidad de criterios, las penas que se pretenden conforme a los delitos que se cometen. Durante casi cuarenta años un servidor ha sido testigo de muchos despropósitos que con argumentos tan dispares como la alarma social o la altitud de miras en según que casos, los gobiernos han pretendido enseñar a juzgar a fiscales y jueces pareciéndome que en muchas sentencias lo conseguían... pero es durante quizás el último quinquenio cuando he observado, no temor sino pánico absoluto en los tribunales, ante la increíble ferocidad de planteamientos desde las cadenas de televisión -todas sin excepción en mayor o menor medida- sobre cómo se debe castigar y cómo se debe perdonar. Esta mala costumbre justiciera de exhibicionistas “charlapuñaos” ha llevado en mi opinión al Tribunal Supremo a sentenciar pensando en las feministas beligerantes con doña Calvo -la que más manda en España- a la cabeza, supongo que en el gobierno y sobre todo en las cadenas 1,2, 3, 4, 5 y 6 y autonómicas, argumentando desde las posibilidades que dan las nuevas leyes -la sentencia puede ser técnicamente perfecta, pero el sentido común nos dice que no es justa- y contradiciendo a la Constitución, pero ¡amigo! son leyes de las que ¡mecachis en la mar! salen flores multicolores. Todo depende del color de los cristales de las gafas que se ponga el juzgador. 
      
Tras la sentencia que fija en Derecho que la mutua agresión entre hombre y mujer o responder a una agresión femenina es violencia de género ¿? pues el machismo como el valor en la mili se da por supuesto, a mí me ha entrado la curiosidad por saber qué opinan no los coros y danzas del feminismo sino los sentenciados. Esa pareja maña que discutió y se agredió en público tras un día de marcha y que sin quererlo se vio ante la Audiencia que me da que con buen criterio absolvió a las criaturas. La Fiscalía, no la mujer agresora y agredida, recurrió al Supremo, imagino que con disgusto del chico y  la chica. Mire usted por donde, ahora que quizás se encuentren tranquilamente en su casa o casas  viviendo sin sobresaltos y en paz han de cumplir una sentencia que los vuelve a malmeter en un conflicto que antier no existía. Un conflicto generado por una diligencia mal entendida de la fiscalía que en mi opinión no sabe qué cosas pasan en la vida real.
      
El día después de Reyes, la Policía Nacional detuvo a un reconocido buen ciudadano y excelente persona. Lo llevó ante el Juzgado que lo reclamaba y éste ordenó su ingreso en prisión durante ocho meses. El hombre, con empleo estable y remuneración interesante, había sido golpeado por su pareja en presencia de los vecinos. El hombre, por vergüenza, no se atrevía a denunciar hasta que para su sorpresa fue requerido por la esposa ante el juzgado con un "te vas a enterar" a causa de un presunto maltrato. Sin sospechar ya mayores maldades tramitó la separación y consintió en perder piso, coche y  pertenencias con tal de salir de un infierno al que se había agregado una asociación que le culpaba de iniquidades varias. La denuncia por maltrato siguió adelante, claro está, y como ya la denunciante se había quedado con todo, el juez condenó a P.V.S. a seguir un curso de “Habilidades Sociales” durante un año. Esto de las habilidades sociales es una terapia que imparten determinados psicólogos y muchas psicólogas para concienciar al hombre de su animalismo y perversidad. Es terapia a la que no asisten los animales perversos, tal que el Montoya onubense, pero tiene muy buena prensa entre los que están en el asunto. Lo cierto es que P. V. entre lágrimas manifiesta que se negó a asistir a la terapia porque el ni era ni es un maltratador sino un maltratado. Aún no se ha enterado de que su palabra no vale nada. Le quedaba el trabajo. Un buen trabajo. Probablemente, también lo pierda y probablemente se convierta cuando salga de prisión en uno de esos indigentes que arrastran historias deprimentes... o, no lo quiera Dios,  en un suicida.
     
Por cierto, estamos a 10 de enero y se han suicidado en España entre 110 y 120 personas. De ellas entre 85 y 90 son hombres. Entre 25 y 30, mujeres. A mí me parece estadística alarmante. Y creo que digna de estudio y consideración.

Amor cortés

Si en época normal hay un adagio que dice que es preferible
 absolver a cien culpables a castigar a un inocente,
 cuando está en peligro la vida de un pueblo es preferible condenar
 a cien inocentes antes que el culpable pueda ser absuelto


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Cuando una cultura siente que su final se acerca, manda a llamar a los curas, como la Pasionaria, esa Kelsen jurisprudencial del nuevo Supremo en “violencia de género”:
–Si en época normal hay un adagio que dice que es preferible absolver a cien culpables a castigar a un inocente, cuando está en peligro la vida de un pueblo es preferible condenar a cien inocentes antes que el culpable pueda ser absuelto.
“Dolores, la sardinera”, la llamaba El Campesino, que veía en ella una fanática de Stalin “como antes lo había sido de la Virgen de Begoña”. El diario gubernamental la sacaba ayer comulgando como en un homenaje al Virgilio Mattoni de “Las postrimerías de San Fernando”, cuadro milagroso, según Dalí.
–Se ve la Sagrada Forma de perfil. Es una línea y se ve redondo. ¿Comulgaría usted con esa Sagrada Forma?
Los españoles comulgamos hoy con todas las ruedas de molino socialdemócratas, y hasta el pequeño Macron nos dice cómo hemos de poner la lengua. Parece cabreado, y no porque los contribuyentes le digan “populicida”, sino porque un premio Goncourt, Yann Moix, se ha declarado incapaz de amar a mujeres de más de cincuenta años.
–El cuerpo de una mujer de veinticinco años es extraordinario. El de una mujer de cincuenta, no.
Moix es hijo de fisioterapeuta. En cambio, Bernard de Ventadour, que era hijo de panadero, celebró, en términos lascivos, los encantos físicos de Eleonor de Aquitania, que pasaba de los cincuenta. Era el amor cortés (“fine amor” francés, “hohe Minne” alemán…), que se esfumó con la liberación sexual del 68.
En el amor cortés (mirar, no tocar: una amistad platónica que los trovadores, de humilde origen, profesaron a las damas de alto rango), la “domina” tenía que ser casada y madura para cumplir con sus requisitos de adulterio y humildad (“Frauendienst”, diría frau Merkel).
La corte provenzal es un “pack” con la “monarquía federal” (?) que Macron nos anuncia por medio del hijo de Xavier Valls, que hace de Cien Mil Hijos de San Luis.

Jueves, 10 de Enero


Cambio de mano

Feliz Año

miércoles, 9 de enero de 2019

Landas

Landa


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Es gracioso ver a todos los granujas (joveznos y viejales) que uno ha conocido de Landas engorilados por esos bares de Dios despachando ahora monólogos morales sobre una “violencia machista” que, al hilar (hilo en Twitter) de una dama de acrisoladas virtudes centristas, “es estructural”.
Hombre, lo “estructural”, en España, son la corrupción y la ignorancia, que, mezcladas, no agitadas, como el famoso chispacín de Bond, nos dan la pócima representativa de esta socialdemocracia con el “chic” a lo Ian Fleming que patrocina Soros y a cuyo yugo deben doblegarse todas las cervices.
Con que haya un solo español capaz de relacionarse con una mujer sin cilicios ni bacinas, ese “agit prop” del “estructuralismo” está de más, y se pone uno colorado al tener que recordar a titulados en Derecho (cuyo origen está en la distinción entre individuo y colectividad) que fue un gran avance... "antropológico" que víctima y victimario tuvieran nombre y apellidos (individuación y especie, individualización y sociedad...), de modo que si un ruritano violaba a una ruritana el castigo ya no recaía en todos los ruritanos de Ruritania, razón por la cual la ley del talión que tanto repugna a nuestros centristas de pan “pringao” constituyó un avance moral a la altura, al menos, del cacareado reformismo de Rivera, el nadador, pues se pasó de castigar a toda la tribu por la fechoría de uno de sus miembros a castigar únicamente al malhechor.
–El cangrejo, señores, no anda para atrás –observó Camba en la barra de Viña P–; todo el mundo va hacia adelante, no siendo los liberales y los cordeleros.
Repárese en los milenios que nuestros frívolos liberalios buscan hacernos retroceder con la chapa que nos dan sus Landas devenidos Ozores sollozantes a los que hubieran arrebatado el sujetador de las manos.
–El camarada Vishinski llegó y lo puso todo en orden. No tengan miedo del derecho, dijo, nos llevaremos bien con él. Lo amputaremos sólo un poco. Y así lo hizo, con la satisfacción general.

Ozores

Miércoles, 9 de Enero

Valle de Esteban

Cañas y barro

Feliz Año


martes, 8 de enero de 2019

El debate incompleto de la inmigración

George J. Borjas

Hughes
Abc

La entrada de Vox en el día a día de la política ha estimulado algún debate. Aunque la palabra estimular quizás sea excesiva. Ha generado el cordón político y el consiguiente cordón periodístico, con esta cosa tan divertida de los periodistas rogando (y a veces exigiendo) que Vox de la espalda a sus votantes.

Lo de la LIVG está siendo discutido estos días, y un poco menos la cuestión de la inmigración/xenofobia. Las pongo juntas porque parecen un pack. En esto he observado (y perdonen la primera persona, pero es que es algo que me ha llamado la atención fuertemente) un estilo particular de argumentación: una mezcla del argumento moral a favor de la inmigración tal cual está, junto a un componente técnico. Altura técnica y altura moral. Una mezcla poco calibrada que sin embargo apenas se discute. “Los inmigrantes no le quitan el trabajo a nadie”, se dice y cuestionarlo parece una atrocidad xenófoba. Es más, es considerado xenofobia.

Pero esto contrasta luego con lo que la gente dice y vota. Con lo que sus experiencias afirman. Esa disparidad entre lo que votan unos y lo que dicen los expertos (o supuestos expertos), ¿cómo se explica? ¿Es todo un efecto del populismo y la distorsión de los puntos de vista? ¿Es la gente incapaz de formar sus opiniones?

Para responder a estas dudas recomiendo la obra de un economista americano, George L. Borjas (Harvard), un experto en economía laboral y concretamente en inmigración, que además es inmigrante. Nació en Cuba y al irse con su madre a Estados Unidos quedó marcado de por vida por un interés en el fenómeno migratorio y sus numerosísimos matices y complejidades. Sus trabajos han generado una cierta polémica porque se han ido separando del “relato oficial”. Lo ha hecho a partir de innovaciones de método en sus trabajos, de refinamientos en las formas de medición, y de un gran escepticismo con los modelos económicos, que son, como ya sabemos, meras estimaciones. Pero hay modelos (proyecciones) y hay datos de un siglo de censo americano, y con esos datos los trabajos de Borjas dan conclusiones que sorprenden.

Reconoce, y es uno de los aspectos más sinceros de “We wanted workers”, su asombroso libro, que su trabajo ha encontrado la oposición académica, una especie de resistencia profesional. Hay un prejuicio, algo ideológico. La existencia del mensaje xenófobo (la inmigración es mala) ha generado una resistencia en las ciencias sociales, que tratan a toda costa de reforzar el mensaje opuesto: la inmigración es buena para todos. Esto, afirma Borjas, es insostenible con el conocimiento actual. En Borjas hay, además de refinamientos metodológicos que escapan al interés y capacidad de este texto, una mirada distinta y más compleja de la inmigración. Lo explica con una frase de Max Frisch sobre la experiencia de la inmigración alemana: “Queríamos trabajadores, pero en su lugar recibimos personas”.

El impacto (economico) de la inmigración no se reduce al mercado de trabajo. Va más allá. Afecta a lo fiscal, al Estado de Bienestar, al capital social, a las instituciones, a la posible ganancia o pérdida de la productividad, etc. No tenerlo en cuenta es perder gran parte de los efectos Y si ha de considerarse estrictamente el mercado de trabajo, el mercado de trabajo tampoco es uno, es diverso, múltiple, y hay que ver y rastrear cómo se comportan los distintos grupos de cualificación y edad que lo integran. Ésa es una de sus grandes aportaciones, que ofrece un resultado iluminador: la inmigración genera ganadores y perdedores, es decir, al final es un hecho redistributivo dentro del país. Unos (algunos trabajadores nativos) transfieren renta para que la ganen otros (algunos empleadores nativos).

Borjas dedica capítulos a la historia migratoria americana y desmitifica o matiza ideas preconcebidas como el éxito del melting pot, la asimilación económica, o la idea de que el origen del trabajador no importa. Pero entre todas las ideas dominantes que cuestiona hay una que puede ser extrapolable a España. La idea dominante u oficial es que los inmigrantes y los trabajadores nativos no compiten entre ellos. La realidad parece no ser ésa. La realidad es que con algunos trabajadores no compiten y con otros sí. En función de esto, no es que los inmigrantes hagan trabajos que los nativos no quieren hacer. Es algo diferente: los inmigrantes hacen trabajos que los nativos no quieren hacer al salario actual.

La idea de fondo es que la entrada de muchos inmigrantes en un mercado de trabajo afecta a este mercado de maneras distintas. A unos trabajadores nativos les afecta negativamente porque son sustitutos (aquellos que están en el mismo grupo de cualificación), y a otros positivamente (complementarios), por ejemplo quienes pueden emplear en casa personal que de otro modo no emplearían (esto es observable en España, donde mucha gente tiene empleada en casa a una persona inmigrante. ¿Podría tanta gente tenerla de otra forma?). Estos trabajadores, que no compiten los inmigrantes, ven su productividad beneficiada. Tienen alguien que les ayuda por menos dinero, que les hace la vida más cómoda, que les beneficia.


Borjas llegó a esta conclusión no ideológicamente, sino metodológicamente. El momento histórico donde mejor se estudió el impacto de los inmigrantes fue en 1980 en Miami, con la llegada de los Marielitos, 100000 cubanos que llegaron de repente a Miami. El estudio pionero de Card trató de averiguar el impacto en el salario en Miami, y encontró que era muy escaso. Apenas una caída leve.
Esto paso a formar parte de la narrativa oficial, e incluso se citó por el equipo de Obama. Años después, Borjas refinó ese estudio de Card detallando el impacto. Dividió el mercado de trabajo de Miami en 40 grupos (8 por cualificación y 5 edades) y comprobó que para empezar el 66% de los que llegaron no tenían título de bachillerato y que incidieron en una parte muy concreta del mercado. El salario cayó efectivamente para algunos grupos y tardó 10 años en recuperarse. Llega a cuantificar el impacto de la llegada de inmigrantes en un mercado de trabajo: un incremento del 10% en un grupo de cualificación laboral concreto hace descender su salario en un 3%. Una vez presentado el trabajo, comprobó que sus colegas intentaban atacar sus conclusiones. Se trataba de restablecer la narrativa oficial: “la inmigración no es mala para nadie”.

Pero no es sólo la cuestión de cómo afecta la inmigración al mercado de trabajo. Se intenta medir el impacto económico general. ¿Gana la economía? Y si gana ¿quién lo hace? Los modelos económicos han dado un resultado positivo anual para la economía americana de 50 billones (millón de millones). Pero esos 50 billones encubren una transferencia interna de los trabajadores nativos hacia las empresas que emplean a los inmigrantes. Un estudio a principios de los 90 cuantificó por tanto ese superávit global. La economía, efectivmente, y según ese modelo particular, ganaba con la inmigración. Faltaba añadir dos cosas (que a menudo se olvidan). Una es que dentro, como decimos, hay una fuerte redistribución: hay unos que pierden (los trabajadores que compiten con los emigrantes) para que otros ganen (los que emplean a los inmigrantes). La segunda es que en el largo plazo ese beneficio general puede ser cero. La tercera es que hace falta sumar el impacto fiscal. ¿Recurren los inmigrantes más al Estado de Bienestar? No les aburriré, pero la estimación de Borjas es que ni siquiera es posible discernir con rotundidad si el efecto es positivo o negativo. El autor se arriesga a concluir que contando el impacto fiscal, ese beneficio de 50 billones anuales puede tender a cero o incluso ser negativo. Añadiendo, insisto, que esa ganancia discutible encubre una transferencia de rentas. Puede darse el caso de que la economía ni gane ni pierda, pero que dentro de ella unos sí ganen y otros sí pierdan, lo que contradice absolutamente la narrativa oficial de que la inmigración es buena para todo el mundo. Técnicamente no lo es, y los perjudicados tienen el derecho de expresarlo.

Esto afecta a la concepción general de la inmigración. Es un asunto en el que hay ganadores y perdedores, un asunto complejo, y al final de todo un asunto de redistribución económica. Borjas llega a sugerir una política de impuestos y subsidios. Por ejemplo, si una empresa gana mucho con la inmigración quizás deba pagar un impuesto que compense a los que pierden con ella. En cualquier caso, no caben visiones simplistas ni la imposición de un único punto de vista. Una determinada visión de la inmigración puede ser la de Australia o Canadá (que entren los más capacitados) o una mixta, como la americana, que permite entrar a los familiares de los que ya están y a los de alta capacitación. Esto se apoya en una visión ideológica del país y del mundo, pero quien la tiene debe pagar por ella. O debe ser consciente de que otros pagan por ella. Ocultar el debate (y esto es una opinión personal) obliga a pagar a unos el alarde moral de otros. Si la decisión se toma, debe quedar claro quién paga por ella.

En último termino, la valoración de la inmigración (en términos económicos) se hace más compleja si el inmigrante no se trata meramente como un número, como un trabajador, un mero factor laboral. Si se tiene en cuenta que es una persona con unas costumbres, unas decisiones familiares, un bagaje de instituciones, una forma de vivir, y unas características socioculturales, es decir, si se le tiene en cuenta de un modo general, se puede refinar su impacto para la sociedad en su conjunto. Esto es paradójico, porque es la narrativa “progresista” o más bien oficial, la hegemónica, simplifica al inmigrante como mero trabajador. Tener en cuenta su dimensión no laboral es considerado xenófobo o como mínimo sospechoso, pero es lo indicado para medir mejor su integración, su velocidad de igualación con los nativos y su impacto económico general.

Para terminar, cabe insistir en una idea: la inmigración es una política redistributiva interna, es decir, los trabajadores menos capacitados (más pobres) le están transfiriendo rentas a los que emplean (el capital, las empresas).

Y la consecuencia de esto es maravillosa porque nos educa. La naturaleza redistributiva del fenómeno migratorio (posturas encontradas, intereses contrapuestos) nos enseña a verlo como un proceso democrático complejo en el que diversos grupos quieren cosas distintas. No hay una única visión y por tanto no es del todo lícito tachar de xenófobo al que se opone egoistamente. Cada grupo ha de poder expresar sus intereses, especialmente el grupo que va a pagar la transferencia de la inmigración. Si esas personas no pueden expresar sus intereses, ¿ante qué tipo de proceso democrático estamos? ¿Qué tipo de impuesto abusivo le estamos imponiendo con subterfugios a los más débiles?

Cruzar la Raya





Vicente Llorca

Llegan a veces a este lado de la frontera conocidos que desean cruzar la raya y pasar al otro lado, a Portugal.

No sé qué idea tienen de la otra parte. En ocasiones, me temo, la imagen del país al otro lado está formada por la sugestión que da el desconocimiento. Ha estado siempre lejos… En otras, vagas noticias formadas por las nuevas mansiones en la ciudad de Lisboa, y fotografías de fiestas y terrazas sobre la ribera del Tajo, contribuyen a formar la imagen, evanescente y algo utópica, de lo que se encuentra más allá.

Pasamos la raya entonces, y atravesamos la región de Guarda, la Beira Alta. Bajo la antigua catedral de piedra las calles, sombrías y pobres, dibujan aún un laberinto de esquinas y sombras alrededor de la vieja judería. Al igual que estos días en Castilla al otro lado de la raya también hiela. Y de la misma forma, en la Serra da Estrela, comenzamos a cruzar pueblos vacíos. Calles sin gente, bares sin nadie, almacenes que ya cerraron, chalets nuevos que nadie nunca ocupó.

El interior se despuebla lentamente, a los dos lados de la frontera.

El hielo y la niebla duran ahora todo el día.

La otra tarde, sentados frente a la chimenea de E., un pariente con lumbre en la cocina y canas en el pelo, recordábamos algún relato sobre el paso de la raya, que habíamos conocido por nuestros mayores. Eran relatos de la guerra, del contrabando más tarde. En otro tiempo todo el mundo en la provincia los conocía. Yo recordaba en concreto algún invierno –cuando había aún invierno y los chupiteles colgaban de los aleros de las casas toda la noche– en el que nos quedábamos encerrados en el viejo caserón de la familia y el tío C., que había sido candidato del Bloque Agrario primero y diputado por la CEDA después, nos contaba historias de la guerra civil frente a la chimenea. Eran relatos de la retaguardia y de los pueblos más bien. Él nunca había estado en el frente. Mi padre y el tío Tomás, y el padre de Ramón, que conversaba con nosotros, sí. Pero nunca hablaban de ello.

Por la raya cruzaron algunos de los que en los meses previos a la guerra vinieron a buscarlos. Alguien daba el chivatazo y cuando los guardias de asalto venían a la finca ellos no se encontraban allí. De las fincas cercanas a Ciudad Rodrigo era fácil pasar la frontera. E. recordaba el caso también de su abuelo, Juan Matías, que se negó a salir de la casa cuando los del pueblo subieron a buscarlo, en la ribera del Huebra, y salió a recibirlos a la puerta nombrando por su apodo a todos.

Cuando estalla la guerra todos los destinos se cruzan. Al abuelo, diputado por la CEDA también, le avisan días antes y puede salir de Madrid con parte de la familia. Semanas atrás le habían venido a buscar a la finca unos guardias civiles pero no estaban allí. Los montaraces dijeron que no les habían visto. El tío Pepe pudo escapar de milagro de la capital porque se cruzó en el portal con las milicias que venían a preguntar por él. El portero dijo que no tenía noticias hacía mucho tiempo. Pudieron alcanzar la tranquilidad de la raya luego. El tío Manolo, en una casa vecina, tuvo menos suerte: le delató una sirvienta y fue apresado por los milicianos. Él no pudo alcanzar la raya. Tampoco unos parientes vecinos que vivían en la Glorieta de Chamberí. Tenían una finca en Ávila e intentaban llegar de algún modo. Pero los detuvieron en el portal y nunca lo hicieron.


Nuestra abuela, con la tía Carmen, mi madre y las nietas pequeñas, nos recordaba luego E., tuvo que realizar un largo recorrido para llegar hasta aquí. Ya habíamos oído la historia otras veces.  Pero era agradable ver que alguien la relataba todavía. Incluía la visita de los milicianos al despacho familiar, casas de conocidos en Madrid, el jardín de un consulado, el asalto a una embajada después, el viaje hasta el puerto de Alicante más tarde, al de Valencia luego; la llegada a la frontera de Francia por Port Bou, el viaje con un taxista anónimo y generoso que las lleva hasta Biarritz, el regreso luego por la España del norte hasta llegar, por fin, a la raya –la calma frente a la frontera de Portugal de nuevo.

En las indecisiones de los primeros meses apenas llegan las noticias, nos contaba el tío C.  ( Él había escapado de una cárcel de Bilbao. Había tardado mucho en llegar de vuelta, no sabíamos cómo). No se sabe de muchos de ellos. Algunos parientes y amigos cruzan a Portugal y luego regresan. El nombramiento de Franco como Jefe del Gobierno del Estado en una finca cercana, la de Los Campos del Hospicio, el Decreto de Unificación en la capital más tarde hará que varios de ellos, antiguos cargos de la CEDA, de los tradicionalistas o del Bloque Agrario se queden más allá. Hay alguna fotografía de reuniones en alguna de las dehesas. Luego, vuelven a marchar. La finca de José María Gil Robles, Valverde, está situada en un alto sobre la ribera del Águeda. Desde el porche se ven los montes del Alto Douro. Entran y salen azarosamente. En algún momento ya no regresan más. A Filiberto Villalobos, diputado por el Partido Liberal Demócrata, el abuelo Cándido le ofrece pasar con su coche a Portugal. No accede y lo detienen en Salamanca. Pasa dos años en la cárcel. Se aleja de la política luego, sigue ejerciendo de médico rural, no cruza nunca la frontera. Luego, con el tiempo, muchos de los que van y vienen se instalan en Estoril, en torno al Consejo de Don Juan. Nuestra madre, el tío C., lo que queda del antiguo grupo de la CEDA, viajan de continuo a la costa de Cascais, tienen reuniones allí, hablan de no sé qué conspiraciones que no tienen traducción en las fotos. Siempre están sentados hablando en grandes butacones y con una mesa de café enfrente. Luego, regresan a este lado.

En el viejo caserón de la familia se reúnen a veces también durante la guerra –los que han podido llegar hasta allí. Cuentan de los que están y de los que no pudieron volver. Los muebles del salón donde se reúnen pertenecían, nos dicen, a la finca de Padierno, la de Argimiro Pérez Tabernero. Ellos no habían podido regresar. Atrapados en el veraneo de Málaga en julio del 36 habían sido fusilados todos, los hijos incluidos. No sé cómo llegaron aquellos armarios de madera de castaño, las mesas de cuero, las librerías de caoba a aquella casa de la familia. La finca cercana de los Argimiros, la ganadería, el hierro habían desaparecido hacía tiempo.

Las reuniones se van distanciando. Más tarde, ya en la posguerra, algunos siguen cruzando la raya. Son esta vez las cuadrillas de segadores portugueses que en verano acuden a este lado a contratarse. (También suben del otro lado de la sierra, de las Hurdes y Las Batuecas, oscuras y como perdidas todo el año entre los negros riscos de pizarra y los sombríos robles). Y pasan también los contrabandistas. Traen tabaco y café sobre todo. Más tarde caballerías y ganado de labor. Llegan a las fincas, dejan el ganado en las casas, cobran lo tratado, el café en los bares de la carretera. Después regresan por caminos que desconocemos, vuelven más allá.

Después las historias de la guerra, de los inviernos de la posguerra, de la frontera cercana, se van difuminando. Tienen como un vago aroma a humo, y a casa cerrada, y a voces que en la noche helada preguntan por alguien.

Portugal estaba siempre al lado, desde estas fincas. Estaba más allá también siempre.

Enlace de la línea telefónica España-Portugal

Militaria



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

La nueva campaña de reclutamiento del mejor ejército del mundo, que todos sabemos que es el inglés (y bien hablado en los toros lo tengo yo esto con Poli Maza), se dirige a los “Snow Flakes”, a los “Phone Zombies”, a los “Selfie Addicts”, a los “Me Me Me Millennials”, a los “Class Clowns”, a los “Binge Gamers”… Me hace ilusión pensar que es la respuesta inglesa al cacareo de Macron de levantar un ejército europeo de maceros emplumados para hacer la guerra, según su propósito declarado, a los marines trumpianos, vista la incapacidad del pequeño Napoleón de enfrentar en casa a los “gilets jaunes” que le hacen peinetas en las rotondas.
El Brexit ha privado de la porra de goma a la UE (que los liberalios confunden con Europa), y sin ella el club de Juncker pinta menos (en el nuevo caos mundial) que la blanca doble en el dominó. 

Aquella estructura sobre la que reposó unida nuestra civilización, dicho por Belloc, en sus primeros cinco siglos, el ejército romano, ha sido reemplazada por otra de chupatintas en Bruselas.
–The EU assembly (which is not a true parliament insofar as it cannot propose or repeal laws but only amend and/or reject some of the legislation initiated by the unelected European Commission) has circulated a guidebook to bureaucrats and politicians urging them to update their language… –arranca una noticia americana de ayer.
Ahora los ingleses tratan de meter en un uniforme militar a los “Snow Flakes” (“Tú no eres especial. Tú no eres un precioso y único copo de nieve”) dispuestos a recibir la instrucción necesaria para comprender una arenga como la del teniente coronel Tim Collins en la frontera iraquí en la primavera de 2003:
–Vamos a liberar, no a conquistar… Iraq es el emplazamiento del Jardín del Edén, del Diluvio Universal, y es el lugar de nacimiento de Abraham. Allí tenéis que andaros con pies de plomo… El enemigo no deberá abrigar duda alguna de que nosotros somos su némesis... Nuestro objetivo es ahora dirigirnos hacia el norte.

Cuidado en la Vega, que es de todos

CUIDADO HAY VENENO

POR FAVOR
NO TIRAR BASURA
LA VEGA ES DE TODOS

Martes, 8 de Enero

Valle de Esteban

Como el vapor de un buey enterrado en el frío

Feliz Año


lunes, 7 de enero de 2019

Los Caballeros de la Basura

Calle de Lista
Amanecer

Por la basura se deshace el mundo y se vuelve a hacer. La inmensa Penélope teje y desteje su velo de átomos, polvo de la Creación. El mundo se muerde la cola y empieza donde acaba.
Alfonso Reyes

Los juanetes de Sun Tzu

Faye Dunaway



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

El Madrid se va por el escotillón de la Liga de la mano de Solari, el entrenador que decidió tapar el socavón de Cristiano Ronaldo con un tal Lucas Vázquez.

    Detengámonos un momento en “El arte de la guerra” de Sun Tzu: “Cuando tus fuerzas sean diez veces superiores a las del adversario, rodéalo; cuando sean cinco veces superiores, atácalo; cuando sean el doble de las suyas, divídelo. Si vuestras fuerzas son iguales en número, lucha si puedes. Si tus fuerzas son numéricamente inferiores, sé capaz de batirte en retirada. Y si en todos los factores son desiguales, has de ser capaz de eludirle, pues unas fuerzas reducidas no son más que botín para otras más poderosas”. He aquí la navaja de Ockham que antes de Ockham inventó Sun Tzu para la guerra.
    
Sun Tzu fue un general filósofo, y estas cuatro cosas que dijo son cuanto habría de saber un entrenador de fútbol para ejercer su oficio. Y, sin embargo, es lo que menos cuenta a la hora de firmar contratos. Por eso los entrenadores tienden a embrollar en vez de a simplificar.
    
En la Premier se jugaba el fútbol más simple del mundo, un fútbol de navaja de Ockham.
    
–A muchos ingleses la cabeza humana les parece demasiado exuberante –escribe Santayana para llevarnos a su discurrir favorito–. Con su abundancia de palabras y de ideas superfluas, se vuelve periódicamente ardiente y confusa, de modo que necesita un corte y una limpieza completos. Para ese fin inventó Guillermo de Ockham hace mucho tiempo su navaja: “entia non multiplicanda praeter necessitatem” (no deben multiplicarse las entidades innecesariamente), una máxima lista para afeitar bien al hombre interior británico y hacer de él un cabeza redonda, por no decir un cabeza dura.
    
Pero aquel fútbol, al embrollarse, se acabó, y en la Premier hoy se habla más de entrenadores que de futbolistas. Parece un problema de egos: cuando hay gato, los ratones no se divierten, y su forma de protestar es golpear el balón con los juanetes hasta que echen al gato. Los futbolistas tienen juanetes de pasarse la vida pegando puntapiés a un cuero, y por eso no suelen hacerse fotos con los pies desnudos, pues nos parecerían como de ibis.

    El entrenador en activo (y en el paro) más famoso de la Premier es Mourinho, que llegó a Inglaterra como un Ockham con don de lenguas, “The Special One”. La perfección de su filo la vimos en el Madrid, y con extremos que no eran Bale y Ribéry, sino Callejón y Pedro León. Nunca había sido tan veloz el fútbol. Ahora lo han despedido del United porque le pedían ser campeón con Pogba, un futbolista que en Manchester siempre ha jugado con los juanetes, lo cual, unido a su escasa comprensión de las reglas de Sun Tzu, hacían de él un bulto sospechoso en la alineación. El otro bulto sospechoso era Lukaku, un delantero que por culpa seguramente de los juanetes tiene que apuntar al banderín de córner para dirigir el remate a portería, o a la portería para dirigir el balón al banderín de córner. A Mourinho, que en semejantes condiciones consiguió clasificar al United para los octavos de la Champions, lo reemplazó Solskjaer, que lleva cinco victorias consecutivas por el simple procedimiento de caerle bien a Pogba, que ahora, en vez de pegarle al balón con el juanete, le pega con el empeine, y mete gol.

    –¡Y la posesión! –me apunta mi vecino de asiento.
Solskjaer, en efecto, ha devuelto al United la posesión, todas esas palabras e ideas superfluas que sólo sirven para confundir las cabezas, razón por la cual gozan de tan buena prensa. Tú posees, y al final, si le das con el empeine ganas, pero si le das con el juanete palmas.
    
También en Inglaterra el apóstol de la posesión sigue siendo Guardiola, que adornó su victoria ante el Liverpool con aspavientos de poseso, cosa que no ha gustado nada a los “beefeater” de la tradición británica. Que Solskjaer derrotara al Reading y que Guardiola hiciera lo propio con el Liverpool a base de posesión hace que en Madrid se vuelva a pensar en un entrenador que garantice posesión, pero menos, alguien mitad Guardiola y mitad Solskjaer, lo que nos aleja de los limones energéticos de Pochettino y nos acerca a la escuela de Juanma Lillo, pues Solari, luego de lo de Villarreal y la Real, vuelve a ser un lúser que recurre a la titularidad de Vinicius en señal de superstición.
    
Total, que en esta época los entrenadores están en manos de los juanetes (es un juego retórico: Faye Dunaway llevaba los juanetes en la cara) de los futbolistas: los futbolistas del Madrid acostumbran disparar con el empeine en la Champions, pero con los juanetes en la Liga. Pensemos en el remate de Lucas Vázquez en Villarreal o en su centro al área de la Real que terminó en vicegol. Hablamos del futbolista en el que Solari ve al sustituto natural de Cristiano Ronaldo.




EL NOBEL DE INFANTINO

    El presidente de la Fifa quiere el Nobel de la Paz para su Fifa. ¡La Fifa de la Paz! Impagable. No está tan loco Infantino: después de todo, ese Nobel también lo tiene Obama, que nos dejó el Isis. Infantino conoce el punto “G” progre y juega a jugar con el muro de Trump por el Mundial Canadá-Usa-México, más el Mundial España-Marruecos-Portugal. Pero con Infantino los del Nobel se pueden llevar la misma trompada que se llevaron con Obama, según ha reconocido en sus memorias Lundestad, enredador de la piñata noruega. El comité pensaba dar un pelotazo, y resulta que “incluso muchos de los partidarios de Obama creyeron que el premio fue un error”
.

1-0. Derrota contra el último

Fali

Francisco Javier Gómez Izquierdo

        Es cosa demostrada que las Navidades suelen sentar mal a los futbolistas. Los excesos, de los que ahora dan fe los móviles de sus vecinos, se justifican por las fechas, y cuando por Reyes, primera jornada después de vacaciones, se ve a uno de tu equipo perder todas las carreras y hasta caerse “de maduro” se le justifica la debilidad porque en Navidad parece obligatorio ser solidario. Lo malo es cuando todos los tuyos corren menos que los rivales, dan patadones “p’alante” quitándose el balón de encima o regalan goles intentando quebrar con cinturas amacizadas. Lo que desmoraliza a los necesitados, los cordobesistas, es que a un equipo más paupérrimo si cabe que el tuyo no se le gane por una fatal dejación de buenos propósitos en tiempo de Navidad.
     
Jugábamos contra el Gimnástico de Tarragona. El último de 2ª y condenado -creo- al descenso junto al Reus y me temo que el Córdoba, nosotros, los vamos a acompañar a los dos en junio. Nos ha derrotado una frivolidad en el minuto 60 de De las Cuevas (juega con nosotros porque no tenía equipo y no ha costado nada; aún así es de lo mejor que tenemos) que al bajar a recibir el balón se ha encontrado como último hombre y en vez de despejar como se estaba haciendo hasta el momento ante la presión de dos delanteros lo ha perdido tontamente. Se ha visto obligado a hacer una falta al borde del área y el árbitro lo ha expulsado conforme al reglamento. El Gimnástico no tiene jugadores de renombre, excepto un tal Fali, sevillano grandote y capitán el año pasado del Barça B al que la edad le mostró la puerta de salida de la Masía. Este Fali parece tosco y un tanto brutote pero saca muy bien las faltas. El año pasado nos la preparó en El Arcángel y esta tarde la ha clavado como un Messi, en la escuadra de Carlos Abad. Golazo que ha dado paso a media hora de despropósitos defensivos blanquiverdes  que no quiero recordar. ¡Qué mal! ¡Pero mal, mal! La tarde de Reyes, mágica tarde, nos ha devuelto a la triste realidad de la que creíamos escapar el último partido ante Las Palmas y hoy todo vuelve a ser pesimismo y desolación. 
      
El Reus, que pase lo que pase va a descender y seguro desaparecer, acaba de ganar en Málaga. ¡Qué lío están preparando el Reus, la Liga y la Federación! Zaragoza y Extremadura han ganado sus partidos y buscan refuerzos desesperadamente .Este Tarragona ha firmado a dos jugadores extraños que han ilusionado a sus aficionados pero personalmente no veo al senegalés Thioune como solución al presunto desastre por lo que el bueno de Martín Monreal tendrá que hacer milagros con Bernabé, portero que no sé si aún pertenece al Atlético de Madrid, y al que prefiere antes que al presunto titular, Becerra, después de la marcha de Dimitrevski al Rayo. La defensa es parecida a la nuestra. Es decir muy vulnerable. El central Djetei, por ejemplo, es imprevisible. No ha podido con nuestro delantero Piovaccari que se le ha ido tres veces pero no ha metido tres goles que es lo que procedía.  Le ha llegado Pipa, un lateral del Español al que los técnicos pericos tienen mucha fe. Martín supongo que ha pedido a su Osasuna a uno de los García, Imanol, medio centro que arregle problemas defensivos, pero la verdad es que le veo muy fallón y es el gigante Fali el que aguanta como puede al equipo pues Thioune me ha parecido insustancial y la solución de Pipa y Abraham como carrileros incisivos (ni laterales, ni defensas)  es la que va a mantener el entrañable entrenador navarro. El delantero Barreiro siempre nos marcaba su golito de cabeza, pero hoy lo he visto con los pies muy trabados y del colombiano Suárez decir que es veloz y poco más.
     
Volvemos a la derrota como solíamos y lo que es peor, a no disfrazar las excesivas torpezas de los nuestros ¡Que año nos espera!

Lunes, 7 de Enero

Valle de Esteban

Últimas tardes con Teresa