viernes, 11 de enero de 2019

España MF

Pierre-Joseph Proudhon


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

España, Monarquía Federal. He aquí la cuadratura del círculo que propone un filósofo sanchista de Barcelona para solucionar el falso problema territorial de la nación más antigua de Europa. Justo cuando no hay un politólogo que sepa la diferencia entre monarquía constitucional y monarquía parlamentaria, entre federación y confederación, nos llega, para aclararnos, la “monarquía federal”.
La idea para alcanzar lo que el tronado de Pompeyo Gener, inspirador del Estado de las Autonomías, llamaba “la gran armonía ibérica” es que, si lo que hoy está unido quiere separarse, lo que mañana esté separado querrá unirse, federarse (federación, del latín “foeedus”, genitivo “foederis”, es decir, pacto), y esto me recuerda lo que hacía un amigo mío que contrataba rehalas para partidas de caza con japoneses en los 80: recogía perros callejeros en dos o tres pueblos de la sierra madrileña y se los vendía por podencos a los clientes, que soltaban los chuchos en una finca de La Mancha y no volvían a verles el pelo.

Ya sabemos que en nuestra opinión pública no hay una sola palabra que designe lo que nombra, pero esta Monarquía Federal que propone el filósofo sanchista sería la versión coronada de la República Federal del 73 que nos diera Paco Pi, traductor e introductor del federalismo de Proudhon. ¡Una monarquía proudhoniana!

Porque, en espera de que el nuevo director de la Academia, que anda en el lío federalista, nos aclare los conceptos, España MF no abrevaría en el federalismo de Hamilton (a quien Jefferson acusaba de monárquico para restarle credenciales federalistas), sino en el de Proudhon, que permite más combinaciones, entre otras que España se federara, ya puestos, con Francia, que dejaría de ser republicana para que Macron pudiera coronarse rey del Occidente.
–Aquí se necesitan dos cosas –dijo famosamente Gener–: una dictadura científica ejercida por un Cromwell darwinista injerto en Luis XIV… y una federación proudhoniana.
Bueno, pues ahí las tenemos.

Viernes, 11 de Enero

Valle de Esteban

Tempus fugit

jueves, 10 de enero de 2019

La Sentencia


Francisco Javier Gómez Izquierdo

           Convivir de continuo con cafres y psicópatas irredentos, viciosos desenfrenados y tipos de absoluta maldad, empuja de vez en cuando a comparar, desmoralizado por la disparidad de criterios, las penas que se pretenden conforme a los delitos que se cometen. Durante casi cuarenta años un servidor ha sido testigo de muchos despropósitos que con argumentos tan dispares como la alarma social o la altitud de miras en según que casos, los gobiernos han pretendido enseñar a juzgar a fiscales y jueces pareciéndome que en muchas sentencias lo conseguían... pero es durante quizás el último quinquenio cuando he observado, no temor sino pánico absoluto en los tribunales, ante la increíble ferocidad de planteamientos desde las cadenas de televisión -todas sin excepción en mayor o menor medida- sobre cómo se debe castigar y cómo se debe perdonar. Esta mala costumbre justiciera de exhibicionistas “charlapuñaos” ha llevado en mi opinión al Tribunal Supremo a sentenciar pensando en las feministas beligerantes con doña Calvo -la que más manda en España- a la cabeza, supongo que en el gobierno y sobre todo en las cadenas 1,2, 3, 4, 5 y 6 y autonómicas, argumentando desde las posibilidades que dan las nuevas leyes -la sentencia puede ser técnicamente perfecta, pero el sentido común nos dice que no es justa- y contradiciendo a la Constitución, pero ¡amigo! son leyes de las que ¡mecachis en la mar! salen flores multicolores. Todo depende del color de los cristales de las gafas que se ponga el juzgador. 
      
Tras la sentencia que fija en Derecho que la mutua agresión entre hombre y mujer o responder a una agresión femenina es violencia de género ¿? pues el machismo como el valor en la mili se da por supuesto, a mí me ha entrado la curiosidad por saber qué opinan no los coros y danzas del feminismo sino los sentenciados. Esa pareja maña que discutió y se agredió en público tras un día de marcha y que sin quererlo se vio ante la Audiencia que me da que con buen criterio absolvió a las criaturas. La Fiscalía, no la mujer agresora y agredida, recurrió al Supremo, imagino que con disgusto del chico y  la chica. Mire usted por donde, ahora que quizás se encuentren tranquilamente en su casa o casas  viviendo sin sobresaltos y en paz han de cumplir una sentencia que los vuelve a malmeter en un conflicto que antier no existía. Un conflicto generado por una diligencia mal entendida de la fiscalía que en mi opinión no sabe qué cosas pasan en la vida real.
      
El día después de Reyes, la Policía Nacional detuvo a un reconocido buen ciudadano y excelente persona. Lo llevó ante el Juzgado que lo reclamaba y éste ordenó su ingreso en prisión durante ocho meses. El hombre, con empleo estable y remuneración interesante, había sido golpeado por su pareja en presencia de los vecinos. El hombre, por vergüenza, no se atrevía a denunciar hasta que para su sorpresa fue requerido por la esposa ante el juzgado con un "te vas a enterar" a causa de un presunto maltrato. Sin sospechar ya mayores maldades tramitó la separación y consintió en perder piso, coche y  pertenencias con tal de salir de un infierno al que se había agregado una asociación que le culpaba de iniquidades varias. La denuncia por maltrato siguió adelante, claro está, y como ya la denunciante se había quedado con todo, el juez condenó a P.V.S. a seguir un curso de “Habilidades Sociales” durante un año. Esto de las habilidades sociales es una terapia que imparten determinados psicólogos y muchas psicólogas para concienciar al hombre de su animalismo y perversidad. Es terapia a la que no asisten los animales perversos, tal que el Montoya onubense, pero tiene muy buena prensa entre los que están en el asunto. Lo cierto es que P. V. entre lágrimas manifiesta que se negó a asistir a la terapia porque el ni era ni es un maltratador sino un maltratado. Aún no se ha enterado de que su palabra no vale nada. Le quedaba el trabajo. Un buen trabajo. Probablemente, también lo pierda y probablemente se convierta cuando salga de prisión en uno de esos indigentes que arrastran historias deprimentes... o, no lo quiera Dios,  en un suicida.
     
Por cierto, estamos a 10 de enero y se han suicidado en España entre 110 y 120 personas. De ellas entre 85 y 90 son hombres. Entre 25 y 30, mujeres. A mí me parece estadística alarmante. Y creo que digna de estudio y consideración.

Amor cortés

Si en época normal hay un adagio que dice que es preferible
 absolver a cien culpables a castigar a un inocente,
 cuando está en peligro la vida de un pueblo es preferible condenar
 a cien inocentes antes que el culpable pueda ser absuelto


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Cuando una cultura siente que su final se acerca, manda a llamar a los curas, como la Pasionaria, esa Kelsen jurisprudencial del nuevo Supremo en “violencia de género”:
–Si en época normal hay un adagio que dice que es preferible absolver a cien culpables a castigar a un inocente, cuando está en peligro la vida de un pueblo es preferible condenar a cien inocentes antes que el culpable pueda ser absuelto.
“Dolores, la sardinera”, la llamaba El Campesino, que veía en ella una fanática de Stalin “como antes lo había sido de la Virgen de Begoña”. El diario gubernamental la sacaba ayer comulgando como en un homenaje al Virgilio Mattoni de “Las postrimerías de San Fernando”, cuadro milagroso, según Dalí.
–Se ve la Sagrada Forma de perfil. Es una línea y se ve redondo. ¿Comulgaría usted con esa Sagrada Forma?
Los españoles comulgamos hoy con todas las ruedas de molino socialdemócratas, y hasta el pequeño Macron nos dice cómo hemos de poner la lengua. Parece cabreado, y no porque los contribuyentes le digan “populicida”, sino porque un premio Goncourt, Yann Moix, se ha declarado incapaz de amar a mujeres de más de cincuenta años.
–El cuerpo de una mujer de veinticinco años es extraordinario. El de una mujer de cincuenta, no.
Moix es hijo de fisioterapeuta. En cambio, Bernard de Ventadour, que era hijo de panadero, celebró, en términos lascivos, los encantos físicos de Eleonor de Aquitania, que pasaba de los cincuenta. Era el amor cortés (“fine amor” francés, “hohe Minne” alemán…), que se esfumó con la liberación sexual del 68.
En el amor cortés (mirar, no tocar: una amistad platónica que los trovadores, de humilde origen, profesaron a las damas de alto rango), la “domina” tenía que ser casada y madura para cumplir con sus requisitos de adulterio y humildad (“Frauendienst”, diría frau Merkel).
La corte provenzal es un “pack” con la “monarquía federal” (?) que Macron nos anuncia por medio del hijo de Xavier Valls, que hace de Cien Mil Hijos de San Luis.

Jueves, 10 de Enero


Cambio de mano

Feliz Año

miércoles, 9 de enero de 2019

Landas

Landa


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Es gracioso ver a todos los granujas (joveznos y viejales) que uno ha conocido de Landas engorilados por esos bares de Dios despachando ahora monólogos morales sobre una “violencia machista” que, al hilar (hilo en Twitter) de una dama de acrisoladas virtudes centristas, “es estructural”.
Hombre, lo “estructural”, en España, son la corrupción y la ignorancia, que, mezcladas, no agitadas, como el famoso chispacín de Bond, nos dan la pócima representativa de esta socialdemocracia con el “chic” a lo Ian Fleming que patrocina Soros y a cuyo yugo deben doblegarse todas las cervices.
Con que haya un solo español capaz de relacionarse con una mujer sin cilicios ni bacinas, ese “agit prop” del “estructuralismo” está de más, y se pone uno colorado al tener que recordar a titulados en Derecho (cuyo origen está en la distinción entre individuo y colectividad) que fue un gran avance... "antropológico" que víctima y victimario tuvieran nombre y apellidos (individuación y especie, individualización y sociedad...), de modo que si un ruritano violaba a una ruritana el castigo ya no recaía en todos los ruritanos de Ruritania, razón por la cual la ley del talión que tanto repugna a nuestros centristas de pan “pringao” constituyó un avance moral a la altura, al menos, del cacareado reformismo de Rivera, el nadador, pues se pasó de castigar a toda la tribu por la fechoría de uno de sus miembros a castigar únicamente al malhechor.
–El cangrejo, señores, no anda para atrás –observó Camba en la barra de Viña P–; todo el mundo va hacia adelante, no siendo los liberales y los cordeleros.
Repárese en los milenios que nuestros frívolos liberalios buscan hacernos retroceder con la chapa que nos dan sus Landas devenidos Ozores sollozantes a los que hubieran arrebatado el sujetador de las manos.
–El camarada Vishinski llegó y lo puso todo en orden. No tengan miedo del derecho, dijo, nos llevaremos bien con él. Lo amputaremos sólo un poco. Y así lo hizo, con la satisfacción general.

Ozores

Miércoles, 9 de Enero

Valle de Esteban

Cañas y barro

Feliz Año


martes, 8 de enero de 2019

El debate incompleto de la inmigración

George J. Borjas

Hughes
Abc

La entrada de Vox en el día a día de la política ha estimulado algún debate. Aunque la palabra estimular quizás sea excesiva. Ha generado el cordón político y el consiguiente cordón periodístico, con esta cosa tan divertida de los periodistas rogando (y a veces exigiendo) que Vox de la espalda a sus votantes.

Lo de la LIVG está siendo discutido estos días, y un poco menos la cuestión de la inmigración/xenofobia. Las pongo juntas porque parecen un pack. En esto he observado (y perdonen la primera persona, pero es que es algo que me ha llamado la atención fuertemente) un estilo particular de argumentación: una mezcla del argumento moral a favor de la inmigración tal cual está, junto a un componente técnico. Altura técnica y altura moral. Una mezcla poco calibrada que sin embargo apenas se discute. “Los inmigrantes no le quitan el trabajo a nadie”, se dice y cuestionarlo parece una atrocidad xenófoba. Es más, es considerado xenofobia.

Pero esto contrasta luego con lo que la gente dice y vota. Con lo que sus experiencias afirman. Esa disparidad entre lo que votan unos y lo que dicen los expertos (o supuestos expertos), ¿cómo se explica? ¿Es todo un efecto del populismo y la distorsión de los puntos de vista? ¿Es la gente incapaz de formar sus opiniones?

Para responder a estas dudas recomiendo la obra de un economista americano, George L. Borjas (Harvard), un experto en economía laboral y concretamente en inmigración, que además es inmigrante. Nació en Cuba y al irse con su madre a Estados Unidos quedó marcado de por vida por un interés en el fenómeno migratorio y sus numerosísimos matices y complejidades. Sus trabajos han generado una cierta polémica porque se han ido separando del “relato oficial”. Lo ha hecho a partir de innovaciones de método en sus trabajos, de refinamientos en las formas de medición, y de un gran escepticismo con los modelos económicos, que son, como ya sabemos, meras estimaciones. Pero hay modelos (proyecciones) y hay datos de un siglo de censo americano, y con esos datos los trabajos de Borjas dan conclusiones que sorprenden.

Reconoce, y es uno de los aspectos más sinceros de “We wanted workers”, su asombroso libro, que su trabajo ha encontrado la oposición académica, una especie de resistencia profesional. Hay un prejuicio, algo ideológico. La existencia del mensaje xenófobo (la inmigración es mala) ha generado una resistencia en las ciencias sociales, que tratan a toda costa de reforzar el mensaje opuesto: la inmigración es buena para todos. Esto, afirma Borjas, es insostenible con el conocimiento actual. En Borjas hay, además de refinamientos metodológicos que escapan al interés y capacidad de este texto, una mirada distinta y más compleja de la inmigración. Lo explica con una frase de Max Frisch sobre la experiencia de la inmigración alemana: “Queríamos trabajadores, pero en su lugar recibimos personas”.

El impacto (economico) de la inmigración no se reduce al mercado de trabajo. Va más allá. Afecta a lo fiscal, al Estado de Bienestar, al capital social, a las instituciones, a la posible ganancia o pérdida de la productividad, etc. No tenerlo en cuenta es perder gran parte de los efectos Y si ha de considerarse estrictamente el mercado de trabajo, el mercado de trabajo tampoco es uno, es diverso, múltiple, y hay que ver y rastrear cómo se comportan los distintos grupos de cualificación y edad que lo integran. Ésa es una de sus grandes aportaciones, que ofrece un resultado iluminador: la inmigración genera ganadores y perdedores, es decir, al final es un hecho redistributivo dentro del país. Unos (algunos trabajadores nativos) transfieren renta para que la ganen otros (algunos empleadores nativos).

Borjas dedica capítulos a la historia migratoria americana y desmitifica o matiza ideas preconcebidas como el éxito del melting pot, la asimilación económica, o la idea de que el origen del trabajador no importa. Pero entre todas las ideas dominantes que cuestiona hay una que puede ser extrapolable a España. La idea dominante u oficial es que los inmigrantes y los trabajadores nativos no compiten entre ellos. La realidad parece no ser ésa. La realidad es que con algunos trabajadores no compiten y con otros sí. En función de esto, no es que los inmigrantes hagan trabajos que los nativos no quieren hacer. Es algo diferente: los inmigrantes hacen trabajos que los nativos no quieren hacer al salario actual.

La idea de fondo es que la entrada de muchos inmigrantes en un mercado de trabajo afecta a este mercado de maneras distintas. A unos trabajadores nativos les afecta negativamente porque son sustitutos (aquellos que están en el mismo grupo de cualificación), y a otros positivamente (complementarios), por ejemplo quienes pueden emplear en casa personal que de otro modo no emplearían (esto es observable en España, donde mucha gente tiene empleada en casa a una persona inmigrante. ¿Podría tanta gente tenerla de otra forma?). Estos trabajadores, que no compiten los inmigrantes, ven su productividad beneficiada. Tienen alguien que les ayuda por menos dinero, que les hace la vida más cómoda, que les beneficia.


Borjas llegó a esta conclusión no ideológicamente, sino metodológicamente. El momento histórico donde mejor se estudió el impacto de los inmigrantes fue en 1980 en Miami, con la llegada de los Marielitos, 100000 cubanos que llegaron de repente a Miami. El estudio pionero de Card trató de averiguar el impacto en el salario en Miami, y encontró que era muy escaso. Apenas una caída leve.
Esto paso a formar parte de la narrativa oficial, e incluso se citó por el equipo de Obama. Años después, Borjas refinó ese estudio de Card detallando el impacto. Dividió el mercado de trabajo de Miami en 40 grupos (8 por cualificación y 5 edades) y comprobó que para empezar el 66% de los que llegaron no tenían título de bachillerato y que incidieron en una parte muy concreta del mercado. El salario cayó efectivamente para algunos grupos y tardó 10 años en recuperarse. Llega a cuantificar el impacto de la llegada de inmigrantes en un mercado de trabajo: un incremento del 10% en un grupo de cualificación laboral concreto hace descender su salario en un 3%. Una vez presentado el trabajo, comprobó que sus colegas intentaban atacar sus conclusiones. Se trataba de restablecer la narrativa oficial: “la inmigración no es mala para nadie”.

Pero no es sólo la cuestión de cómo afecta la inmigración al mercado de trabajo. Se intenta medir el impacto económico general. ¿Gana la economía? Y si gana ¿quién lo hace? Los modelos económicos han dado un resultado positivo anual para la economía americana de 50 billones (millón de millones). Pero esos 50 billones encubren una transferencia interna de los trabajadores nativos hacia las empresas que emplean a los inmigrantes. Un estudio a principios de los 90 cuantificó por tanto ese superávit global. La economía, efectivmente, y según ese modelo particular, ganaba con la inmigración. Faltaba añadir dos cosas (que a menudo se olvidan). Una es que dentro, como decimos, hay una fuerte redistribución: hay unos que pierden (los trabajadores que compiten con los emigrantes) para que otros ganen (los que emplean a los inmigrantes). La segunda es que en el largo plazo ese beneficio general puede ser cero. La tercera es que hace falta sumar el impacto fiscal. ¿Recurren los inmigrantes más al Estado de Bienestar? No les aburriré, pero la estimación de Borjas es que ni siquiera es posible discernir con rotundidad si el efecto es positivo o negativo. El autor se arriesga a concluir que contando el impacto fiscal, ese beneficio de 50 billones anuales puede tender a cero o incluso ser negativo. Añadiendo, insisto, que esa ganancia discutible encubre una transferencia de rentas. Puede darse el caso de que la economía ni gane ni pierda, pero que dentro de ella unos sí ganen y otros sí pierdan, lo que contradice absolutamente la narrativa oficial de que la inmigración es buena para todo el mundo. Técnicamente no lo es, y los perjudicados tienen el derecho de expresarlo.

Esto afecta a la concepción general de la inmigración. Es un asunto en el que hay ganadores y perdedores, un asunto complejo, y al final de todo un asunto de redistribución económica. Borjas llega a sugerir una política de impuestos y subsidios. Por ejemplo, si una empresa gana mucho con la inmigración quizás deba pagar un impuesto que compense a los que pierden con ella. En cualquier caso, no caben visiones simplistas ni la imposición de un único punto de vista. Una determinada visión de la inmigración puede ser la de Australia o Canadá (que entren los más capacitados) o una mixta, como la americana, que permite entrar a los familiares de los que ya están y a los de alta capacitación. Esto se apoya en una visión ideológica del país y del mundo, pero quien la tiene debe pagar por ella. O debe ser consciente de que otros pagan por ella. Ocultar el debate (y esto es una opinión personal) obliga a pagar a unos el alarde moral de otros. Si la decisión se toma, debe quedar claro quién paga por ella.

En último termino, la valoración de la inmigración (en términos económicos) se hace más compleja si el inmigrante no se trata meramente como un número, como un trabajador, un mero factor laboral. Si se tiene en cuenta que es una persona con unas costumbres, unas decisiones familiares, un bagaje de instituciones, una forma de vivir, y unas características socioculturales, es decir, si se le tiene en cuenta de un modo general, se puede refinar su impacto para la sociedad en su conjunto. Esto es paradójico, porque es la narrativa “progresista” o más bien oficial, la hegemónica, simplifica al inmigrante como mero trabajador. Tener en cuenta su dimensión no laboral es considerado xenófobo o como mínimo sospechoso, pero es lo indicado para medir mejor su integración, su velocidad de igualación con los nativos y su impacto económico general.

Para terminar, cabe insistir en una idea: la inmigración es una política redistributiva interna, es decir, los trabajadores menos capacitados (más pobres) le están transfiriendo rentas a los que emplean (el capital, las empresas).

Y la consecuencia de esto es maravillosa porque nos educa. La naturaleza redistributiva del fenómeno migratorio (posturas encontradas, intereses contrapuestos) nos enseña a verlo como un proceso democrático complejo en el que diversos grupos quieren cosas distintas. No hay una única visión y por tanto no es del todo lícito tachar de xenófobo al que se opone egoistamente. Cada grupo ha de poder expresar sus intereses, especialmente el grupo que va a pagar la transferencia de la inmigración. Si esas personas no pueden expresar sus intereses, ¿ante qué tipo de proceso democrático estamos? ¿Qué tipo de impuesto abusivo le estamos imponiendo con subterfugios a los más débiles?

Cruzar la Raya





Vicente Llorca

Llegan a veces a este lado de la frontera conocidos que desean cruzar la raya y pasar al otro lado, a Portugal.

No sé qué idea tienen de la otra parte. En ocasiones, me temo, la imagen del país al otro lado está formada por la sugestión que da el desconocimiento. Ha estado siempre lejos… En otras, vagas noticias formadas por las nuevas mansiones en la ciudad de Lisboa, y fotografías de fiestas y terrazas sobre la ribera del Tajo, contribuyen a formar la imagen, evanescente y algo utópica, de lo que se encuentra más allá.

Pasamos la raya entonces, y atravesamos la región de Guarda, la Beira Alta. Bajo la antigua catedral de piedra las calles, sombrías y pobres, dibujan aún un laberinto de esquinas y sombras alrededor de la vieja judería. Al igual que estos días en Castilla al otro lado de la raya también hiela. Y de la misma forma, en la Serra da Estrela, comenzamos a cruzar pueblos vacíos. Calles sin gente, bares sin nadie, almacenes que ya cerraron, chalets nuevos que nadie nunca ocupó.

El interior se despuebla lentamente, a los dos lados de la frontera.

El hielo y la niebla duran ahora todo el día.

La otra tarde, sentados frente a la chimenea de E., un pariente con lumbre en la cocina y canas en el pelo, recordábamos algún relato sobre el paso de la raya, que habíamos conocido por nuestros mayores. Eran relatos de la guerra, del contrabando más tarde. En otro tiempo todo el mundo en la provincia los conocía. Yo recordaba en concreto algún invierno –cuando había aún invierno y los chupiteles colgaban de los aleros de las casas toda la noche– en el que nos quedábamos encerrados en el viejo caserón de la familia y el tío C., que había sido candidato del Bloque Agrario primero y diputado por la CEDA después, nos contaba historias de la guerra civil frente a la chimenea. Eran relatos de la retaguardia y de los pueblos más bien. Él nunca había estado en el frente. Mi padre y el tío Tomás, y el padre de Ramón, que conversaba con nosotros, sí. Pero nunca hablaban de ello.

Por la raya cruzaron algunos de los que en los meses previos a la guerra vinieron a buscarlos. Alguien daba el chivatazo y cuando los guardias de asalto venían a la finca ellos no se encontraban allí. De las fincas cercanas a Ciudad Rodrigo era fácil pasar la frontera. E. recordaba el caso también de su abuelo, Juan Matías, que se negó a salir de la casa cuando los del pueblo subieron a buscarlo, en la ribera del Huebra, y salió a recibirlos a la puerta nombrando por su apodo a todos.

Cuando estalla la guerra todos los destinos se cruzan. Al abuelo, diputado por la CEDA también, le avisan días antes y puede salir de Madrid con parte de la familia. Semanas atrás le habían venido a buscar a la finca unos guardias civiles pero no estaban allí. Los montaraces dijeron que no les habían visto. El tío Pepe pudo escapar de milagro de la capital porque se cruzó en el portal con las milicias que venían a preguntar por él. El portero dijo que no tenía noticias hacía mucho tiempo. Pudieron alcanzar la tranquilidad de la raya luego. El tío Manolo, en una casa vecina, tuvo menos suerte: le delató una sirvienta y fue apresado por los milicianos. Él no pudo alcanzar la raya. Tampoco unos parientes vecinos que vivían en la Glorieta de Chamberí. Tenían una finca en Ávila e intentaban llegar de algún modo. Pero los detuvieron en el portal y nunca lo hicieron.


Nuestra abuela, con la tía Carmen, mi madre y las nietas pequeñas, nos recordaba luego E., tuvo que realizar un largo recorrido para llegar hasta aquí. Ya habíamos oído la historia otras veces.  Pero era agradable ver que alguien la relataba todavía. Incluía la visita de los milicianos al despacho familiar, casas de conocidos en Madrid, el jardín de un consulado, el asalto a una embajada después, el viaje hasta el puerto de Alicante más tarde, al de Valencia luego; la llegada a la frontera de Francia por Port Bou, el viaje con un taxista anónimo y generoso que las lleva hasta Biarritz, el regreso luego por la España del norte hasta llegar, por fin, a la raya –la calma frente a la frontera de Portugal de nuevo.

En las indecisiones de los primeros meses apenas llegan las noticias, nos contaba el tío C.  ( Él había escapado de una cárcel de Bilbao. Había tardado mucho en llegar de vuelta, no sabíamos cómo). No se sabe de muchos de ellos. Algunos parientes y amigos cruzan a Portugal y luego regresan. El nombramiento de Franco como Jefe del Gobierno del Estado en una finca cercana, la de Los Campos del Hospicio, el Decreto de Unificación en la capital más tarde hará que varios de ellos, antiguos cargos de la CEDA, de los tradicionalistas o del Bloque Agrario se queden más allá. Hay alguna fotografía de reuniones en alguna de las dehesas. Luego, vuelven a marchar. La finca de José María Gil Robles, Valverde, está situada en un alto sobre la ribera del Águeda. Desde el porche se ven los montes del Alto Douro. Entran y salen azarosamente. En algún momento ya no regresan más. A Filiberto Villalobos, diputado por el Partido Liberal Demócrata, el abuelo Cándido le ofrece pasar con su coche a Portugal. No accede y lo detienen en Salamanca. Pasa dos años en la cárcel. Se aleja de la política luego, sigue ejerciendo de médico rural, no cruza nunca la frontera. Luego, con el tiempo, muchos de los que van y vienen se instalan en Estoril, en torno al Consejo de Don Juan. Nuestra madre, el tío C., lo que queda del antiguo grupo de la CEDA, viajan de continuo a la costa de Cascais, tienen reuniones allí, hablan de no sé qué conspiraciones que no tienen traducción en las fotos. Siempre están sentados hablando en grandes butacones y con una mesa de café enfrente. Luego, regresan a este lado.

En el viejo caserón de la familia se reúnen a veces también durante la guerra –los que han podido llegar hasta allí. Cuentan de los que están y de los que no pudieron volver. Los muebles del salón donde se reúnen pertenecían, nos dicen, a la finca de Padierno, la de Argimiro Pérez Tabernero. Ellos no habían podido regresar. Atrapados en el veraneo de Málaga en julio del 36 habían sido fusilados todos, los hijos incluidos. No sé cómo llegaron aquellos armarios de madera de castaño, las mesas de cuero, las librerías de caoba a aquella casa de la familia. La finca cercana de los Argimiros, la ganadería, el hierro habían desaparecido hacía tiempo.

Las reuniones se van distanciando. Más tarde, ya en la posguerra, algunos siguen cruzando la raya. Son esta vez las cuadrillas de segadores portugueses que en verano acuden a este lado a contratarse. (También suben del otro lado de la sierra, de las Hurdes y Las Batuecas, oscuras y como perdidas todo el año entre los negros riscos de pizarra y los sombríos robles). Y pasan también los contrabandistas. Traen tabaco y café sobre todo. Más tarde caballerías y ganado de labor. Llegan a las fincas, dejan el ganado en las casas, cobran lo tratado, el café en los bares de la carretera. Después regresan por caminos que desconocemos, vuelven más allá.

Después las historias de la guerra, de los inviernos de la posguerra, de la frontera cercana, se van difuminando. Tienen como un vago aroma a humo, y a casa cerrada, y a voces que en la noche helada preguntan por alguien.

Portugal estaba siempre al lado, desde estas fincas. Estaba más allá también siempre.

Enlace de la línea telefónica España-Portugal

Militaria



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

La nueva campaña de reclutamiento del mejor ejército del mundo, que todos sabemos que es el inglés (y bien hablado en los toros lo tengo yo esto con Poli Maza), se dirige a los “Snow Flakes”, a los “Phone Zombies”, a los “Selfie Addicts”, a los “Me Me Me Millennials”, a los “Class Clowns”, a los “Binge Gamers”… Me hace ilusión pensar que es la respuesta inglesa al cacareo de Macron de levantar un ejército europeo de maceros emplumados para hacer la guerra, según su propósito declarado, a los marines trumpianos, vista la incapacidad del pequeño Napoleón de enfrentar en casa a los “gilets jaunes” que le hacen peinetas en las rotondas.
El Brexit ha privado de la porra de goma a la UE (que los liberalios confunden con Europa), y sin ella el club de Juncker pinta menos (en el nuevo caos mundial) que la blanca doble en el dominó. 

Aquella estructura sobre la que reposó unida nuestra civilización, dicho por Belloc, en sus primeros cinco siglos, el ejército romano, ha sido reemplazada por otra de chupatintas en Bruselas.
–The EU assembly (which is not a true parliament insofar as it cannot propose or repeal laws but only amend and/or reject some of the legislation initiated by the unelected European Commission) has circulated a guidebook to bureaucrats and politicians urging them to update their language… –arranca una noticia americana de ayer.
Ahora los ingleses tratan de meter en un uniforme militar a los “Snow Flakes” (“Tú no eres especial. Tú no eres un precioso y único copo de nieve”) dispuestos a recibir la instrucción necesaria para comprender una arenga como la del teniente coronel Tim Collins en la frontera iraquí en la primavera de 2003:
–Vamos a liberar, no a conquistar… Iraq es el emplazamiento del Jardín del Edén, del Diluvio Universal, y es el lugar de nacimiento de Abraham. Allí tenéis que andaros con pies de plomo… El enemigo no deberá abrigar duda alguna de que nosotros somos su némesis... Nuestro objetivo es ahora dirigirnos hacia el norte.

Cuidado en la Vega, que es de todos

CUIDADO HAY VENENO

POR FAVOR
NO TIRAR BASURA
LA VEGA ES DE TODOS

Martes, 8 de Enero

Valle de Esteban

Como el vapor de un buey enterrado en el frío

Feliz Año


lunes, 7 de enero de 2019

Los Caballeros de la Basura

Calle de Lista
Amanecer

Por la basura se deshace el mundo y se vuelve a hacer. La inmensa Penélope teje y desteje su velo de átomos, polvo de la Creación. El mundo se muerde la cola y empieza donde acaba.
Alfonso Reyes

Los juanetes de Sun Tzu

Faye Dunaway



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

El Madrid se va por el escotillón de la Liga de la mano de Solari, el entrenador que decidió tapar el socavón de Cristiano Ronaldo con un tal Lucas Vázquez.

    Detengámonos un momento en “El arte de la guerra” de Sun Tzu: “Cuando tus fuerzas sean diez veces superiores a las del adversario, rodéalo; cuando sean cinco veces superiores, atácalo; cuando sean el doble de las suyas, divídelo. Si vuestras fuerzas son iguales en número, lucha si puedes. Si tus fuerzas son numéricamente inferiores, sé capaz de batirte en retirada. Y si en todos los factores son desiguales, has de ser capaz de eludirle, pues unas fuerzas reducidas no son más que botín para otras más poderosas”. He aquí la navaja de Ockham que antes de Ockham inventó Sun Tzu para la guerra.
    
Sun Tzu fue un general filósofo, y estas cuatro cosas que dijo son cuanto habría de saber un entrenador de fútbol para ejercer su oficio. Y, sin embargo, es lo que menos cuenta a la hora de firmar contratos. Por eso los entrenadores tienden a embrollar en vez de a simplificar.
    
En la Premier se jugaba el fútbol más simple del mundo, un fútbol de navaja de Ockham.
    
–A muchos ingleses la cabeza humana les parece demasiado exuberante –escribe Santayana para llevarnos a su discurrir favorito–. Con su abundancia de palabras y de ideas superfluas, se vuelve periódicamente ardiente y confusa, de modo que necesita un corte y una limpieza completos. Para ese fin inventó Guillermo de Ockham hace mucho tiempo su navaja: “entia non multiplicanda praeter necessitatem” (no deben multiplicarse las entidades innecesariamente), una máxima lista para afeitar bien al hombre interior británico y hacer de él un cabeza redonda, por no decir un cabeza dura.
    
Pero aquel fútbol, al embrollarse, se acabó, y en la Premier hoy se habla más de entrenadores que de futbolistas. Parece un problema de egos: cuando hay gato, los ratones no se divierten, y su forma de protestar es golpear el balón con los juanetes hasta que echen al gato. Los futbolistas tienen juanetes de pasarse la vida pegando puntapiés a un cuero, y por eso no suelen hacerse fotos con los pies desnudos, pues nos parecerían como de ibis.

    El entrenador en activo (y en el paro) más famoso de la Premier es Mourinho, que llegó a Inglaterra como un Ockham con don de lenguas, “The Special One”. La perfección de su filo la vimos en el Madrid, y con extremos que no eran Bale y Ribéry, sino Callejón y Pedro León. Nunca había sido tan veloz el fútbol. Ahora lo han despedido del United porque le pedían ser campeón con Pogba, un futbolista que en Manchester siempre ha jugado con los juanetes, lo cual, unido a su escasa comprensión de las reglas de Sun Tzu, hacían de él un bulto sospechoso en la alineación. El otro bulto sospechoso era Lukaku, un delantero que por culpa seguramente de los juanetes tiene que apuntar al banderín de córner para dirigir el remate a portería, o a la portería para dirigir el balón al banderín de córner. A Mourinho, que en semejantes condiciones consiguió clasificar al United para los octavos de la Champions, lo reemplazó Solskjaer, que lleva cinco victorias consecutivas por el simple procedimiento de caerle bien a Pogba, que ahora, en vez de pegarle al balón con el juanete, le pega con el empeine, y mete gol.

    –¡Y la posesión! –me apunta mi vecino de asiento.
Solskjaer, en efecto, ha devuelto al United la posesión, todas esas palabras e ideas superfluas que sólo sirven para confundir las cabezas, razón por la cual gozan de tan buena prensa. Tú posees, y al final, si le das con el empeine ganas, pero si le das con el juanete palmas.
    
También en Inglaterra el apóstol de la posesión sigue siendo Guardiola, que adornó su victoria ante el Liverpool con aspavientos de poseso, cosa que no ha gustado nada a los “beefeater” de la tradición británica. Que Solskjaer derrotara al Reading y que Guardiola hiciera lo propio con el Liverpool a base de posesión hace que en Madrid se vuelva a pensar en un entrenador que garantice posesión, pero menos, alguien mitad Guardiola y mitad Solskjaer, lo que nos aleja de los limones energéticos de Pochettino y nos acerca a la escuela de Juanma Lillo, pues Solari, luego de lo de Villarreal y la Real, vuelve a ser un lúser que recurre a la titularidad de Vinicius en señal de superstición.
    
Total, que en esta época los entrenadores están en manos de los juanetes (es un juego retórico: Faye Dunaway llevaba los juanetes en la cara) de los futbolistas: los futbolistas del Madrid acostumbran disparar con el empeine en la Champions, pero con los juanetes en la Liga. Pensemos en el remate de Lucas Vázquez en Villarreal o en su centro al área de la Real que terminó en vicegol. Hablamos del futbolista en el que Solari ve al sustituto natural de Cristiano Ronaldo.




EL NOBEL DE INFANTINO

    El presidente de la Fifa quiere el Nobel de la Paz para su Fifa. ¡La Fifa de la Paz! Impagable. No está tan loco Infantino: después de todo, ese Nobel también lo tiene Obama, que nos dejó el Isis. Infantino conoce el punto “G” progre y juega a jugar con el muro de Trump por el Mundial Canadá-Usa-México, más el Mundial España-Marruecos-Portugal. Pero con Infantino los del Nobel se pueden llevar la misma trompada que se llevaron con Obama, según ha reconocido en sus memorias Lundestad, enredador de la piñata noruega. El comité pensaba dar un pelotazo, y resulta que “incluso muchos de los partidarios de Obama creyeron que el premio fue un error”
.

1-0. Derrota contra el último

Fali

Francisco Javier Gómez Izquierdo

        Es cosa demostrada que las Navidades suelen sentar mal a los futbolistas. Los excesos, de los que ahora dan fe los móviles de sus vecinos, se justifican por las fechas, y cuando por Reyes, primera jornada después de vacaciones, se ve a uno de tu equipo perder todas las carreras y hasta caerse “de maduro” se le justifica la debilidad porque en Navidad parece obligatorio ser solidario. Lo malo es cuando todos los tuyos corren menos que los rivales, dan patadones “p’alante” quitándose el balón de encima o regalan goles intentando quebrar con cinturas amacizadas. Lo que desmoraliza a los necesitados, los cordobesistas, es que a un equipo más paupérrimo si cabe que el tuyo no se le gane por una fatal dejación de buenos propósitos en tiempo de Navidad.
     
Jugábamos contra el Gimnástico de Tarragona. El último de 2ª y condenado -creo- al descenso junto al Reus y me temo que el Córdoba, nosotros, los vamos a acompañar a los dos en junio. Nos ha derrotado una frivolidad en el minuto 60 de De las Cuevas (juega con nosotros porque no tenía equipo y no ha costado nada; aún así es de lo mejor que tenemos) que al bajar a recibir el balón se ha encontrado como último hombre y en vez de despejar como se estaba haciendo hasta el momento ante la presión de dos delanteros lo ha perdido tontamente. Se ha visto obligado a hacer una falta al borde del área y el árbitro lo ha expulsado conforme al reglamento. El Gimnástico no tiene jugadores de renombre, excepto un tal Fali, sevillano grandote y capitán el año pasado del Barça B al que la edad le mostró la puerta de salida de la Masía. Este Fali parece tosco y un tanto brutote pero saca muy bien las faltas. El año pasado nos la preparó en El Arcángel y esta tarde la ha clavado como un Messi, en la escuadra de Carlos Abad. Golazo que ha dado paso a media hora de despropósitos defensivos blanquiverdes  que no quiero recordar. ¡Qué mal! ¡Pero mal, mal! La tarde de Reyes, mágica tarde, nos ha devuelto a la triste realidad de la que creíamos escapar el último partido ante Las Palmas y hoy todo vuelve a ser pesimismo y desolación. 
      
El Reus, que pase lo que pase va a descender y seguro desaparecer, acaba de ganar en Málaga. ¡Qué lío están preparando el Reus, la Liga y la Federación! Zaragoza y Extremadura han ganado sus partidos y buscan refuerzos desesperadamente .Este Tarragona ha firmado a dos jugadores extraños que han ilusionado a sus aficionados pero personalmente no veo al senegalés Thioune como solución al presunto desastre por lo que el bueno de Martín Monreal tendrá que hacer milagros con Bernabé, portero que no sé si aún pertenece al Atlético de Madrid, y al que prefiere antes que al presunto titular, Becerra, después de la marcha de Dimitrevski al Rayo. La defensa es parecida a la nuestra. Es decir muy vulnerable. El central Djetei, por ejemplo, es imprevisible. No ha podido con nuestro delantero Piovaccari que se le ha ido tres veces pero no ha metido tres goles que es lo que procedía.  Le ha llegado Pipa, un lateral del Español al que los técnicos pericos tienen mucha fe. Martín supongo que ha pedido a su Osasuna a uno de los García, Imanol, medio centro que arregle problemas defensivos, pero la verdad es que le veo muy fallón y es el gigante Fali el que aguanta como puede al equipo pues Thioune me ha parecido insustancial y la solución de Pipa y Abraham como carrileros incisivos (ni laterales, ni defensas)  es la que va a mantener el entrañable entrenador navarro. El delantero Barreiro siempre nos marcaba su golito de cabeza, pero hoy lo he visto con los pies muy trabados y del colombiano Suárez decir que es veloz y poco más.
     
Volvemos a la derrota como solíamos y lo que es peor, a no disfrazar las excesivas torpezas de los nuestros ¡Que año nos espera!

Lunes, 7 de Enero

Valle de Esteban

Últimas tardes con Teresa

domingo, 6 de enero de 2019

En busca de Alexander Hamilton


[Publicado en Marzo de 2016]



Ignacio Ruiz Quintano
Abc Cultural

    Habría divinizado Europa.

    Lo dice el relaciones públicas, y tantas cosas más, de la Revolución francesa, Talleyrand, el mismo que, allá por 1830, ya con la cabeza extraviada, oye que llaman a su puerta y exclama: “¡Si es Robespierre, que no estoy!”

    –Considero a Napoleón, Fox [Charles James] y Hamilton los tres hombres más grandes de nuestra época, y si estuviese obligado a elegir entre los tres, daría sin dudarlo el primer lugar a Hamilton. Habría divinizado Europa.
    
Alexander Hamilton puso nombre a la invención más ambiciosa para garantizar la libertad política: la “democracia representativa”.

    –La democracia simple era la sociedad que se gobernaba a sí misma sin la ayuda de medios secundarios –explica Tom Paine–. Al injertar la representación en la democracia, llegamos a un sistema capaz de abarcar todas las extensiones de territorio y de población. En este sistema se funda el gobierno americano. Es la representación injertada en la democracia.
   
En España, país de “demócratas de toda la vida”, no sé de la traducción de ninguna biografía de Alexander Hamilton.


   
Cuando llegué a la Universidad, en el otoño de 1976, todo el mundo hablaba de democracia, y, sin embargo, no encontré a un solo demócrata. Peor: América, el país de la epopeya democrática de Walt Whitman, donde para hacer una leva sólo hay que decir “democracia” (dos veces salvaron a Europa con ese reclamo) era el enemigo a batir.

    La triunfadora Revolución americana, la de la libertad de Montesquieu, no se mencionaba siquiera, y toda la energía se nos iba en los fracasos de la Revolución rusa, despachada en finas lonchas estalinistas como sacadas de lo narrado por Yuri Dombrovski en “La facultad de las cosas inútiles”, y la Revolución francesa, la de la igualdad deRousseau, ideología productora de mentiras (Bastilla, Varennes), corrupción (Directorio) y militarismo (Napoleón).

    La libertad de Montesquieu es incompatible con la igualdad de Rousseau, y eso lo saben los rusonianos, que siempre la han combatido en Europa.

    En la Universidad española no te decían que la democracia cabe en los siete artículos de la Constitución federal del 87. O en los ignorados ensayos de “El Federalista”. Tocqueville constituía una lectura “protofascista”. Ni palabra, tampoco, de los panfletos de Tom Paine, salvo en la parte de la Revolución francesa, obra, después de todo, de un abate, Emmanuel Sieyes, y la chusma, es decir, del fanatismo y la violencia (escenas de caníbales”, para Saint-Just), frente a la grandeza humanística de los padres fundadores de los Estados Unidos de América, mezcla, políticamente, del lirismo lockiano de James Madison y el pragmatismo hobbesiano de Alexander Hamilton, cerebro político, económico y militar de George Washington, para quien redactó la Carta de Despedida de 1796, y que en la decadente era de Obama ha salvado su cabeza de los billetes de diez dólares únicamente por el éxito popular del hi-hop de Lin Manuel Miranda en Broadway. Hamilton, antiesclavista radical (Lincoln lo fue de conveniencia) desde su infancia en el Caribe, iba a ser sustituido por la abolicionista Harriet Tubman, que pasará a “ocupar” el puesto del trapisondista ex presidente Andrew Jackson en los billetes de veinte dólares.
    

Es inexplicable la poca atención que en América, hasta el musical de Miranda, ha prestado la industria del espectáculo a la figura (¡tan cinematográfica!) de Hamilton, hijo ilegítimo, siempre solapado en las listas de la popularidad por Jefferson, aristócrata y terrateniente, que, salvo por su amplia cultura, hoy sería un perfecto socialdemócrata europeo: populista (un día dijo que los granjeros eran el pueblo escogido por Dios, y al otro, que lo que necesitaban los colonos era leer la “Historia general de España” del padre Mariana), relativista (carecía de fe religiosa) y sentimental (amante, siendo esclavista, de la antigua esclava Sally Hemings, uno de cuyos hijos, Tom, iba por el mundo presumiendo de sangre presidencial). Jefferson es republicano (gobierno débil) y Hamilton, acusado de monárquico por sus enemigos, es federalista (gobierno fuerte). Todavía en una conferencia de 1982, el juez Antonin Scalia, nombrado por Ronald Reagan, invitaba a los conservadores a defender, con “los argumentos de Hamilton”, que el gobierno federal no es malo, sino bueno, y que el secreto está en utilizarlo sabiamente.

    Hamilton, hijo de escocés y francesa, no pudo ser presidente por no ser natural de América: viene del Caribe, aunque ha sido educado en la verdadera Ilustración, que es la escocesa (Hutcheson, Hume, Smith).
    
–Lector de Grotius, de Pufendorf, de Montesquieu, de Locke… –se declara, a los 17 años, en un panfleto.

    Para Carl Schmitt, Pufendorf es el epígono de Francisco Suárez en lo fundamental de la teoría del Estado, “y el propio contrato social de Rousseau no es más que una vulgarización de Pufendorf”.
    
Hamilton, arquitecto del Estado americano, llega a Nueva York (vivirá en el 57 de Wall Street) a los pocos meses del motín del té en Boston. Su teoría política se basa en sus clásicos griegos y latinos (Demóstenes, Polibio, Plutarco, leídos en sus lenguas originales) y en su experiencia militar.


En la reunión de Filadelfia para elaborar la Constitución presidencialista del 87 que sustituiría a la fracasada Constitución parlamentaria del 81, triunfa el proyecto de James Madison, que hace hincapié en “la felicidad del pueblo” (“felicidad”, la palabra más repetida por Paine en sus escritos, es, en la época, una forma de llamar a la libertad), sobre el de Hamilton, que hace hincapié en la fortaleza del gobierno (propone Presidencia y Senado vitalicios). En “El Federalista” defenderán juntos el mecanismo constitucional “checks and balances”, (¡la tercera ley de Newton!), controles y contrapesos, inspirado en Montesquieu, y que garantiza la libertad política de la nación. “Que la ambición vigile a la ambición y el ciudadano dormirá tranquilo”, resume Madison. Con el único fin de salvaguardar esa libertad, habían inventado la democracia representativa, que hacía posible la democracia en una “república geográficamente extensa”. La excepción histórica, el milagro político, la conjunción astral (cincuenta y cinco “semidioses” en Filadelfia, dirá Jefferson) de la libertad.
    
También la muerte, de héroe romántico, de Hamilton es cinematográfica: en un duelo (como su primogénito, Philip, y quizás para morir como él) con su rival político Aaron Burr, en un bosque de Nueva Jersey, porque el duelo es ilegal en Nueva York. Burr tira a matar. Hamilton, como su hijo, al aire.

    –Veo borroso –dijo.
    
Al recibir la noticia, Talleyrand, que había visitado a Hamilton en su puesto de secretario del Tesoro, donde creara el primer Banco de los Estados Unidos, recordaría su impresión ante la austeridad de aquel hombre que habría divinizado a Europa y que, tras sentar las bases del gobierno más poderoso (¡y vigilado!) del mundo, hacía cuentas a la luz de una vela, muerto de frío.

Que trabaje Tezanos




Hughes
Abc

Eso que se ve a lo lejos es un presidente. Un presidente de vacaciones. Está justo al borde del océano en un extremo de la geografía española, en La Mareta (Lanzarote), una residencia para hombres y mujeres de Estado donde se repone de unos meses de intensa política de gestos. Allí ha viajado en el Falcon por 283 euros, como la estrella que es, acompañado de su familia y de su perra, Turca, junto a la que se ha dado un simpático y humano chapuzón.

Esta foto, que parece tomada por un satélite espía ruso, es lo único que tenemos del presidente. Parece que está bien. Estresado no se le ve. Quizás ha descubierto al paparazzi, pero se le nota de buen humor. Desde lejos se aprecia el dibujo de los pectorales presidenciales, resto quizá de sus tiempos de triplista. Es un presidente al que ha votado muy poca gente, pero que tiene tipo y no va a perderlo por horas de gabinete. Se empieza así y se acaba echando el culo de panadero de Winston Churchill.

Quien escribe estas líneas no ha conocido jamás a nadie que pasara dos semanas de vacaciones en Navidad como está haciendo Pedro Sánchez, explorando, bien exploradas, las posibilidades vacacionales e inmobiliarias del Estado. Doñana, La Mareta, aquel finde con los Killers y una maleta a la que ha ido añadiendo pegatinas de todos los países del mundo; es casi imposible que en estos meses en La Moncloa no se escuchara la frase: «Esta media legislatura, querida, para ti y para mí se queda».

Las últimas palabras laborales que dijo Sánchez fueron algo así como «continuaremos trabajando para tener presupuestos», pero del Gobierno y sus alrededores lo único concreto que hemos tenido es el último CIS de Tezanos, Profesor Bacterio de la sociología de cuya probeta siempre sale el Partido Socialista borboteante.

Pedro Sánchez está disfrutando de la presidencia con un furor de intruso, como si se le fuera a acabar mañana y lo siguiente fuera el destierro de toda moqueta, pero a la vez se le adivina la determinación y la capacidad de hacer lo necesario para durar todo lo posible. El contraste es a la vez simpático e inquietante, una mezcla de maquiavelismo y carpe diem que no está al alcance de cualquiera.

Domingo, 6 de Enero

Valle de Esteban

Ruta de los Magos

"Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño"

DOMINGO, 6 DE ENERO

Habiendo nacido Jesús en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo». Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó y toda Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenia que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: «En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta:
“Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las poblaciones de Judá, pues de ti saldrá un jefe que pastoreará a mi pueblo Israel”». Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles:
«Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo». Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino y, de pronto, la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño.
Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se retiraron a su tierra por otro camino.

Mateo 2,1-12

sábado, 5 de enero de 2019

Televisión Española es selectiva con el origen de los presuntos


ABC

El proyecto

Leoporum generis sunt et quos Hispania cuniculos appellant


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Los supremacistas morales de Ciudadanos (“hemos venido a regenerar España y no vamos a dejar esta etapa histórica a otros”) lideran la cruzada “Paremos al fascismo”, pero no se les cae de la boca “proyecto de país”, concepto fascista donde los haya. ¿Quién es un tal Zafra para proyectarme a mí la vida?

Estamos en manos de la sensibilidad, que es una cosa de Rousseau, al que Aguado, uno que manda mucho en Madrid, confunde con Hobbes. Si el tal Zafra, por ejemplo, se siente regionalista al levantarse, hay que darle un “proyecto de región”.
–¡Madrid tiene que ser una región propia! –dice este fino jurista “segedano” cuyo partido aspira de repente a mandar en la capital con los socialistas.
El socialismo madrileño está con Franco (el de Puebla de Brollón, no el de Ferrol), que se levanta y siente que Madrid es una nación, y a ese “proyecto de nación” se pone, entre ración y ración de oreja a la plancha.
–No veamos en la patria la canción y la gaita; veamos un destino, una empresa –dice Primo de Rivera, citando a Ortega.
Así, pues, frente a “los genios de la disgregación, que se esconden bajo los hongos de cada aldea”, álzanse Zafras y Francos con sus destinillos y sus empresillas, con sus “proyectos” de país, de región, de nación...
Explíqueles usted a Zafra y a Franco, ahora que van a formar collera de consenso, que una nación constituye un hecho objetivo producto de la historia, salvo para el fascismo y sus tontos útiles (los del “proyecto sugestivo de vida en común”), que ven en ello un hecho subjetivo producto de la voluntad. Precisamente por tratarse de un hecho objetivo no hay “derecho a decidir” (ni por fas, votando una parte, ni por nefas, votando el todo): es una cuestión indecidible (al margen de la guerra).
Mas en el pequeño mundo que es el Estado de Partidos viven los cenobitas bajo la dirección de un abad, o padre del convento, y al dictado de una regla: el Consenso, “sanctasanctórum” de la soberanía, que es el mango de la sartén.