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miércoles, 5 de agosto de 2020

César González-Ruano, la sombra cipresal


Ruano, por Ugalde


ABC AL PASO

La sombra cipresal

CÉSAR GONZÁLEZ-RUANO, “MÁS GRANDE ESCRITOR QUE NADIE, TIENE EL SECRETO DEL ARTÍCULO”


Ignacio Ruiz Quintano

Buscando en la tiniebla del recuerdo, “donde tantas veces brilla el sol de los muertos”, de la guerra de Cuba cuenta Bonafoux que él, periodista que vive de la pluma, está a punto de perder trabajo y pan porque otros periodistas, “que viven de bajezas y chanchullos”, piden “por orden” que se los supriman.

    –No esperé a morir para que me hicieran justicia. Y vivo, fuerte y rencoroso, continúo
    
¿Qué podría decir Ruano? La “salida” de Foxá (“no perdono a los comunistas haberme tenido que hacer falangista”) parece hecha para él.
    
En el 31 Ruano es republicano y relata con regocijo en el “Heraldo” la quema de iglesias. Mientras, Juan Ignacio Luca de Tena, acusado de asesinar a un taxista que se negaba a gritar ¡Viva el Rey!, es encarcelado; al juez sólo le queda sobreseer la causa, pero Luca de Tena es retenido como preso gubernativo, y ABC, del que es propietario y director, suspendido indefinidamente.

    –Un día –cuenta Luca de Tena– me fue anunciada una visita. Era Ruano.
    
“Yo entonces no te conocía  personalmente. Sabía que eras republicano. Tu primer deseo fue el decirme que el día de mi detención coincidió con el día en que dejaste de ser republicano. Porque tú habías sido republicano, me dijiste, porque eras liberal. La misma razón que yo había tenido para no serlo nunca. Durante los meses que pasé entre rejas no me faltó ni un solo día tu amistad y compañía. Y tú, bendito paradójico, que pertenecías al grupo de los triunfadores, desde aquellas conversaciones con un periodista encarcelado te pasaste al grupo de los vencidos. Al contrario que tantos otros, te hiciste monárquico al caer la Monarquía. Fue cuando, en las visitas a los cementerios románticos con Foxá, gritaste ante el ataúd abierto de un vizconde francés, muerto en Madrid después de la Revolución: ‘Vizconde, voy a dar un viva que hará estremecer vuestros huesos. Monsieur le Vicomte, vive le Roi!’”

    –¿Por qué vuelve todo el mundo de Ruano, y no vuelve él? –se pregunta Umbral–. César era más grande escritor que nadie, desde Ramón, escritor puro. Es una sencillez entre Azorín y Baroja, sólo que con el estilo añadido que le falta a Baroja y con la gracia añadida que le falta a Azorín. Tenía el secreto del artículo, igual que Pemán. Los únicos.
    
A la “sombra cipresal” de Ruano (“que era bueno, cosa que nadie sospecha”) en Teide recibe Ullán la señal poética del guioncito para su José-Miguel.
    
Me harán una semana del duro, cuando me muera –se predijo Ruano, “un esteta de la muerte”–. Pero fui de primera, y casi de primera A.
    
Sin discusión, y con más de medio siglo durmiendo a pierna suelta en la Muerte, Ruano es el mejor escritor (pupila y muñeca) de periódico que hemos visto en España. Camino del reportaje del día, con un “Lark” en los labios, a los becarios de los 70 nos cuenta Teodoro Naranjo, el fotógrafo que le servía la foto a la mesa como un lenguado de la actualidad, cómo lo hacía:
    
Don César se ponía la mano en los ojos (¡muñeca y pupila!) y decía: “¡Lo tengo!”

César González-Ruano