Follow by Email

lunes, 16 de marzo de 2015

Moribundos en Málaga

 Detalle del Monumento a Juanito en Fuengirola
 con el error en el escudo del Burgos


Monumento al gran Juan Gómez González en Fuengirola


Francisco Javier Gómez Izquierdo

        Hubo jornadas que nos derrotó un error del portero; otras, la bisoñez de nuestros laterales; muchas, el poco tino de los delanteros, e incluso a la Fortuna hemos de reprocharle que nos sea tan esquiva. Se me olvidaban los árbitros..., que también suelen volverse pulgas cuando distinguen la sarna. Ayer, sin ir más lejos, Juanmi coló en fuera de juego el 1-0. Un gol que sonó a extramaunción y que los cordobesistas ni siquiera nos molestamos en protestar.

       No sé cuánto tardarán las matemáticas en certificar la defunción del Córdoba, pero como el cuerpo ya lo tenemos hecho, los yonquis del balompié nos olvidamos de nuestros Ekeng y Zuccullini, otra vez los dos titulares y otra vez calamitosos, y nos fijamos en los jugadores rivales, sobre todo si son volantones endureciendo el plumaje como los dos Samueles del Málaga, mejor el apellidado Castillejo, que con un físico ético y patibulario asiste como Laudrup, regatea como Laudrup y golea como Laudrup. Samu Castillejo no tiene el elegante andar de Laudrup, pero lleva camino de ser un discípulo adelantado de aquel dandy al que tanto admiramos.

       De los centrocampistas del Málaga me gusta mucho Darder, tragamillas exquisito que lo mismo roba que reparte y que a la menor ocasión lanza a puerta sin importarle la distancia. No tiene miedo al ridículo, porque  de los ensayos de estas temporadas llegarán los goles del porvenir y es lección que le machaca el bueno de Javi Gracia, un entrenador al que deseo no salpique el Babel de Osasuna.  Recio es otro jugón, como lo es Luis Alberto, un lince criado entre alcornocales, o Ricardo Horta, lusitano aspirante a duque en la aristocracia futbolística portuguesa...¿Y ese Juampi adolescente imberbe, venezolano y prestidigitador?  Juanmi metió tres o cuatro goles en un partido cuando debutó a los 16 años. Alternó con el filial, pero nunca perdió la costumbre de anotar hasta que esta temporada ha hecho olvidar a Santacruz y toda la corte divina que se postuló en Málaga. Hay tipos que ponen goles como las gallinas huevos a los que lo más sensato es dejarlos a su aire (Aduritz, Villa, Raúl, Alcácer...).  Al otro Samuel, de apellido García, le ha tapado la explosión de su tocayo, pero la titularidad indiscutible demuestra que está entre los mejores boquerones.       
       
Lo más destacable de esta cuadrilla malagueña es que son muy jóvenes y están en edad de aprender. Si la Directiva fuera capaz de mantener la plantilla y rejuvenecer el centro de la defensa, el Málaga podría convertirse en un nuevo Villarreal, con un fútbol más alegre y mucho más pinturero.
       El entrenador Djukic sólo tuvo un pensamiento en La Rosaleda: defenderse de juventud tan reventona. Inventó un nuevo plan. Al centrocampista Luso, que no había jugado en toda la temporada, lo colocó de lateral derecho. Aún no sabemos si luego lo sustituyó por lesión o por decisión táctica, esa muletilla que se dice para llamar tonto al aficionado.