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jueves, 19 de marzo de 2015

El padre



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Ahora sé que las reacciones de Ruano a la muerte de su padre no fueron tan extrañas como él creía. Primero sintió una ira terrible. Luego se deprimió y no quiso entrar en la alcoba donde acababa de morir cuando pensaba normalmente levantarse. Tampoco quiso verlo en el ataúd.

Quería guardar de él la idea del padre vivo y no la impresión del hombre muerto.
Pero la idea del padre vivo se nos esfuma hoy en la evanescencia social del regalo cuyo día, el Día del Padre, se trajo de Cuba Pepín Fernández.
En su afán de posmodernidad, el socialismo zapatero cambió a los padres, que le parecía cosa de frailes, por esos progenitores que corren como “hamsters” en la rueda de una mala lógica de conjuntos: progenitor A y progenitor B. O progenitores A y A y progenitores B y B.

Esto acaba con la maravillosa literatura freudiana sobre el conflicto edípico. Con AA ó BB en sustitución de A y B, ¿qué queda del deseo inconsciente de mantener una relación incestuosa con B eliminando, de paso, a A?

¿Qué queda del psicoanálisis de Valdano o del cine de Woody Allen?

En la política, los padres conscriptos (Errejón gagueando en el Senado: “¡Padges conscgiptos!”) han dado paso a los padrinos, que al único padre que han matado, y no precisamente por el rito freudiano, es al padre Piquer, aquél que en el muro de su celda, al pie de una Virgen, colocó una cajita o cepillo de ánimas, y depositando un real de plata dijo a las personas que presenciaron el acto:

Sean ustedes testigos de que este real de plata que tengo en la mano y que voy a depositar en esta caja ha de ser el principio y fundamento de un Monte de Piedad que Dios ha de favorecer para sufragio de las ánimas y socorro de los vivos.
La cultura socialdemócrata, que es la cultura cristiana despojada de espiritualidad, no tardará en implantar unos vectores masculino y femenino de Alberto Corazón en el techo de la Sixtina, donde ahora flota el Dios viril y barbudo que puso Miguel Ángel.