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lunes, 23 de marzo de 2015

Cuando viene el gusto

 Tánger, sirena de la pólvora
Messi en el tendedero

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Claudio Bravo va y gana por primera vez en su vida al Madrid.

En el culerismo posmoderno que representa este Barcelona del madridista Luis Enrique, donde el nacionalista de la Esquerra Oriol Junqueras pone el ojo, su amigo el emprendedor de Tele Taxi Justo Molinero pone la bala, que es un condón:

Va siendo hora de sustituir el cocodrilo de algunas piezas de vestir por símbolos que nos son propios –dice Molinero a Junqueras–. Imagínate un condón que a la hora de hacer el clic-clic cuando viene el gusto se enciende una bandera catalana.

Cocodrilo fue el sobrenombre que se ganó en las pistas el tenista René Lacoste por su agresividad. Lo más parecido a Lacoste que tiene el Barcelona es Suárez, pero mete pocos goles (el gol es como un orgasmo, dicen todos los futbolistas), y está visto que el nacionalismo, si quiere encender mucho la bandera, ha de recurrir al clic-clic de los goles de Messi… cuando le viene el gusto.


El Barcelona sólo es Messi, y el Madrid, de un año a esta parte, Bale, que venía goleando como si por cada gol se le perdonase un pecado (es el galés de “Carros de fuego”).



¡Qué consternación! De cincuenta mujeres, sólo una camina correctamente –anotó en sus memorias Lucky, la modelo predilecta de Christian Dior.
Barcelona y Madrid, dos equipos sin entrenador (seguramente ése sea el precio de pastorear un vestuario con los mejores futbolistas del mundo), pero haciendo “como si” lo tuvieran (“La filosofía del ‘como si’” es un regalo de Hans Vaihinger).
Casillas y Xavi, Lusón y Codeso de nuestra juventud, reviven su amor en el túnel del estadio, pero la pareja trágica es la de Luis Enrique y Ancelotti. Los dos gustan de hacer aspavientos en la banda “como si” mandaran, pero durante buena parte del partido el mando lo llevaron Mathieu, un defensa que fuma, y Matéu, un árbitro que podría fumar.
En su costado Marcelo disfruta como enano –farfulla Doña Croqueta, que nos devuelve a la sicalipsis condonada de Molinero, el nacionalista utópico.

¡Ah, y ese locutor, que canta el gol de Suárez como la mulata de rompe y rasga que nos dejó dicho Ullán!: “¡No te quites, mi vida, no te quites! ¡Cuánto gozo! ¡Me muero! ¡Que me muero!”


Y uno, con la mano floja (¡una mano Neymar!) de Carletto, que primero tiró la Copa y ahora ha tirado la Liga.

El “chicharito” que llevo me está dando fuerza en el empuje final –dijo en circunstancias igual de desesperadas Susana Díaz, que ayer ganó como el Barcelona, es decir, sin el “goal average”, aunque le vale para mandar.

¿Y el chicharito del Madrid?

La nécora de Carletto, el Ferrari de Isco, el gabán de Fefé, los diamantes de Cristiano, la diadema de Bale, la motosierra de Ramos, el cascabel pisado de Pepe, el azadón de Carvajal (Carajal, le dicen los cuñados), el Hugo Boss años treinta de Toni Kroos, el Gardel de Cristiano y la chilaba de Benzemá. Pero ¡y el chicharito!
Mas queda lo peor, la Champions, resumido en un tuit de @ppanti:

–Otra vez contra los indios. Parecemos una tertulia de Garci sobre John Ford.


¡A LAS MARISCADAS!
“¡A las mariscadas!” es el grito contrarrevolucionario del español desde que se descubrió la magia igualitarista del marisco. De las barricadas comunistas a las mariscadas burguesas sólo había un paso, el sponsor, que para los comunistas suele ser el Estado, como en el caso del camarada Torrijos, y para los burgueses, el jefe, como en el caso de Ancelotti, que preparó el partido de Barcelona con una… mariscada. “Comer langostinos ‘e poi morire’”, diría Ancelotti, que es una cosa que ya decía Camba, que fue el primero en darse cuenta de que los langostinos son el plato predilecto de las cupletistas principiantas y de los condenados a muerte finalizantes. Isco y Ancelotti.