lunes, 23 de enero de 2023

domingo, 22 de enero de 2023

Remembranzas trevijanistas XXXIX


 

 Martín-Miguel Rubio Esteban

Doctor en Filología Clásica
    

Para Antonio la socialidad del arte se basa en la naturaleza social de los materiales, intuiciones y formas que el artista selecciona, para componer otra visión de la realidad más bella o certera que la ordinaria. Cuando el espectador la descubre se produce un doble reconocimiento social. La obra devuelve a la sociedad lo que el artista tomó prestado de ella en el momento creador. Pues no puede haber nada en su inspiración que no provenga de la experiencia de su vida personal en la humanidad y en la naturaleza. Por su parte, la sociedad devuelve a la obra el sentido humano y vivido de la belleza que guardaba encerrada, hasta que pudiera ser compartida por otras sensibilidades, haciéndose social.

Por el contrario, el arte absurdo de lo absurdo no es liberador, ni mejora las condiciones morales o materiales del mundo. Una cosa es la deshumanización del arte, que proviene de la pérdida social de la ingenuidad moral, y otra muy distinta, la negación de la belleza provocada por el conceptualismo abstracto y la experimentación artística, que han inhumanizado la mayoría de las producciones artísticas en los dos últimos tercios del siglo XX, creando el nacimiento de una crítica profesional absurda.

Gracias a los muy abundantes escritos sobre arte de Antonio García-Trevijano, repartidos en libros, trabajos y cientos de artículos, he reflexionado con frecuencia sobre la obra de arte al hilo de ellos. Y una de mis reflexiones ha sido la de percibir que gran parte de la pintura no figurativa parece querer remedar los ideogramas, logogramas y silabogramas anteriores al alfabeto griego. Cuando uno mira los logogramas de la escritura hetita, descifrada por Hrozny, como el teónimo y el zoónimo, o los silabogramas e ideogramas de la escritura micénica descubierta por Michael Ventris y John Chadwick, o el corpus de inscripciones celtas y celtiberas estudiadas por la gran indoeuropeísta italiana Patrizia de Bernardo Stempel, cae en la cuenta de que estas escrituras han servido de soporte inspirador a muchos grandes autores de la pintura no figurativa. Al fin y al cabo las letras son la espiritualización del dibujo, y de haber representado en su días las cosas y sus relaciones pasaron a significar los sonidos con los que se dicen esas cosas, de acuerdo a la definición de Aristóteles. Es así que las escrituras desarrolladas son la primera pintura no figurativa. Los cuadros que el húngaro Moholy-Nagy pintó por teléfono, dando instrucciones sobre papel pautado a una fábrica de pinturas (¡!) tienen más que ver con los logogramas hetitas que catalogó el joven oficial checo Bedrich Hrozny que con la pintura figurativa. Llamamos logograma al signo gráfico que nos indica de qué va el texto, algo así como un artículo temático. Así, por ejemplo, si vemos una elipse dentro de la cual se hayan a sus lados las dos mitades de un círculo perfectamente seccionado, este logograma nos indica que el texto que se inicia va de dioses y en él aparecerán nombres teóforos. Y si vemos tres puntos colocados en los extremos de los lados de un triángulo invisible, entonces es que el texto trata de animales. Este tipo de signos era muy útil en los tiempos de las escrituras semasiográficas –y también en las silabográficas, como era básicamente la escritura
, pues aunque la inmensa mayoría de la población era analfabeta –la escritura era uno de los grandes poderes de la casta sacerdotal, la más conectada con el arte, desconociendo el valor semántico de los ideogramas y el valor fonético de los silabogramas, sí reconocía, sin embargo, lo que indicaban los logogramas; es decir, conocía el tema de que trataban los textos –cosa importante en el caso de las inscripciones. El signo cartaginés de la diosa Tanit fue profusamente representado por el infantil Miró, y probablemente el conocido signo de la paz, tan venerado por los hippies de los 60, sea una derivación de este signo púnico. En numerosas muestras de las ferias de Arco comprobé que muchos cuadros no eran otra cosa que desarrollos malos de grafemas ugaríticos, como combinaciones y juegos de pequeños triángulos. Obras como las de Mathieu, Mondrian, Rothko, Malevich o Albers no son arte, sino pictografía, y algunas tan aburridas que no superan en emoción a los muestrarios para elegir color en automóviles. Es así que el arte abstracto vuelve a las grafías de la casta minoritaria y cerrada de los escribas, crípticas siempre para el pueblo.

Aunque la pintura constituye el primer estadio de la escritura (pictogramas), la historia de la escritura básicamente consiste en el paso que va de la representación abstracta de las cosas –sublime en la escritura mandarín– a la representación de los sonidos con que oralmente representamos las cosas (Aristóteles), a través, probablemente, de las reglas acrofónicas con que comenzaron a utilizarse los viejos signos semasiográficos (alfa/buey, beta/casa, gamma/camello, delta/puerta, waw/uña, eta/postigo, yota/mano, lámda/látigo, mi/agua, ni/pez, ómikron/ojo, pi/boca, ro/cabeza, sigma/diente, taw/señal, etc.) de origen hebreo con carácter ya fonográfico (alfa como vocal abierta central, , beta como labial oclusiva sonora, gamma como velar oclusiva sonora, etc.). Y aunque la pintura haya podido ser la madre formal de la escritura, el significado de ésta no tiene nada que ver con su origen formal. Es así que el arte pictórico es lo opuesto a la evolución necesariamente estenográfica de la escritura, que ha sido el mayor logro “informático” creado por la cultura humana ( el hecho de que Cayetano Enríquez de Salamanca, que en gloria esté, acuñase por vez primera el término “informática” para referirse a los lenguajes de los computadores no nos obliga a utilizar este término de un modo tan restrictivo).

En las ferias de Arco Antonio Sosa pintaba figuras aisladas sobre un fondo de jeroglíficos. La obra Gravitación, en porcelana, de Eduardo Chillida, era todo un zoónimo de la escritura hetita. El Silence, de Joana Rosa, era una auténtica tomadura de pelo de textos redondos en inglés. Banderas, de Alfredo Volpi, parecía inspirarse en el sistema de fraseogramas inventado por Nube Roja, el gran jefe de los Dakotas. Franz John, en su Composición sin título para espacios tectónicos, introducía los caracteres informáticos en sus oscuros cuadros verdosos. Del mismo modo, obras de Joaquín Torres-García, Fernand Léger o Kevin Clarke se han inspirado en la logografía preclásica. Pues bien, ninguna de estas producciones plásticas mencionadas constituye verdadero arte, aunque sí puedan ser expresiones de la cultura gráfica. Ni la pintura ni la escultura son géneros grafológicos de representaciones fonéticas o semánticas locales, sensu stricto, sino artes universales con que transcender desde la belleza las cosas del mundo y sus relaciones.

[El Imparcial]

Domingo, 22 de Enero

 

 

amenazan el jardín endiosado

Decían que Jesús no estaba en sus cabales

 DOMINGO, 22 DE ENERO

En aquel tiempo, Jesús fue a casa con sus discipulos y se juntó de nuevo tanta gente que no los dejaban ni comer. Al enterarse su familia, vinieron a llevárselo, porque decían que no estaba en sus cabales.

Marcos 3, 20-21

sábado, 21 de enero de 2023

Mataderos



Julio Caro Baroja


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    El aquelarre del riau-riau etarra en el antiguo Matadero de Durango es una cosa para que la hubiera contado don Julio Caro Baroja.
    
En Madrid también tenemos un Matadero consagrado a la industria cultural. “Es difícil ir contra el pueblo”, contestaba Gallardón, si la Reina le hablaba de rebautizar el lugar.
    
En la Sala Azcona del Matadero, precisamente, mi amigo Ricardo Sánchez Montero estrena este mes el documental “Gil Parrondo, desde mi ventana”.

    A lo mejor es en estos mataderos culturales donde se ha inspirado el mismo Gallardón para su reforma de los “mataderos con encanto” que hay detrás de la cultura del aborto.

    Porque abortar es matar.

    Luego se discutirá si matar es de fachas o de rojos, o si matamos células o matamos podencos.
    
Pero el único problema filosófico importante ya no es el suicidio, como creía Camus, sino el aborto, que es donde Gustavo Bueno ve más corrupción que en cualquier otro asunto.
    
Recuerdo un “post” de Santiago González sobre un congresista ecuatoriano que sostenía que la muerte del Che constituía “un asesinato de lesa humanidad al ser ejecutado vivo”. Era la presentación que González necesitaba para dar paso al personaje definitivo, Txomin Ziluaga, batasuno reconvertido en profesor de la UPV, que, como anticipando la venida del socialismo Talegón, dijo:
    
En Herri Batasuna somos partidarios del aborto porque cada año lo hacen en Euskadi 3.000 mujeres en condiciones de salubridad tales que peligra, no solo la vida de la madre, sino también la de la criatura.
    
¡La criatura!
    
“Si amores me han de matar / ¡agora tienen lugar...!”, cantaba, “como un loquillo de atar”, Juan de la Cruz en la Nochebuena del convento.

    –María quería abortar –ha grafiteado un talegonero en la fachada de una iglesia de Sevilla.

    Bendito Kark Kraus, que en lo kitsch del falso lirismo y la jerga seudocientífica supo ver (vísperas del 14) que en el corazón de la gran cultura los hombres harían guantes de piel humana.
 

[Publicado el 4 de Enero se 2014]

Absoluta






Color de ropa antigua. Un julio a sombra,
y un agosto recién segado. Y una
mano de agua que injertó en el pino
resinoso de un tedio malas frutas.

Ahora que has anclado, oscura ropa,
tornas rociada de un suntuoso olor
a tiempo, a abreviación... Y he cantado
el proclive festín que se volcó.

Mas ¿no puedes, Señor, contra la muerte,
contra el límite, contra lo que acaba?
¡Ay, la llaga en color de ropa antigua,
cómo se entreabre y huele a miel quemada!

¡Oh unidad excelsa! ¡Oh lo que es uno
por todos!
¡Amor contra el espacio y contra el tiempo!
Un latido único de corazón;
un solo ritmo: ¡Dios!

Y al encogerse de hombros los linderos
en un bronco desdén irreductible,
hay un riego de sierpes
en la doncella plenitud del 1.
¡Una arruga, una sombra!

CÉSAR VALLEJO

Sábado, 21 de Enero

 

 

Qué silencio. ¿Es así
el mundo?

viernes, 20 de enero de 2023

Totalitarismo invertido


Sheldon Wolin

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    La banalización mediática del golpismo con la performance brasileña de Asalto al Cuartel de la Montaña debe de ser otra rama de la Agenda 2030.


    De “golpe de Estado” hablan un quiosquero comunista de Podemos que funge de “jurista” para la Wikipedia, una liberal de Romanones que es marquesa y todo ese periodismo que en primero de carrera hizo pellas el día que en la clase daban a Gabriel Naudé (el bibliotecario de Mazarino que reprochó a Carlos V que no sobornara al golpista de Lutero) y sus “Consideraciones políticas sobre los golpes de Estado”, sustituido en sus mesillas de noche por el “Manual del guerrero de la luz” de Paulo Coelho.


    Es lo que Sheldon Wolin llama “totalitarismo invertido”, cuyos componentes clave son el capital corporativo, los muy ricos, grandes organizaciones de medios y (él habla de América) líderes evangélicos y la jerarquía católica. Los modelos de organización suelen ser tanto corporativos como militares: la oposición no es abolida, sino neutralizada. El objetivo, dice Wollin, es controlar la política estableciendo los términos de la competencia con el espíritu de la consigna de Archer Daniels Midland: “El competidor es nuestro amigo y el consumidor es nuestro enemigo”.


    –Reemplacemos “competidor” por “el otro partido” y “consumidor” por “ciudadano activo” y tendremos la versión invertida de la política totalitaria.


    Y “el pueblo” ¿qué dice? Del pueblo, según la C78, emanan la Justicia y los poderes del Estado, pero, según el sentido común, del pueblo lo único que emana son los impuestos que se cobra “el Estado de Derecho”, tautología que ya no le quitas a nadie de la boca, pues, en palabras de Barzun (él lo decía por otra cosa), “cuando en todo nuestro entorno se dan por sentadas ciertas ideas fundamentales, éstas tienen por fuerza que ser verdad: para la mayoría de los espíritus no existe consuelo comparable”.


    –Y el autoexilio es el destino de los recalcitrantes.


    Quiosqueros comunistas y marquesas liberales condenan el golpismo popular de la Bastilla, hoy tan obsoleto como el militar que en “El Sol” de 1920 pedía el refinado Ortega (“Un gobierno militar tendría la ventaja de acabar con estas farsas parlamentarias que tanto nos repugnan...”). Hasta en una escombrera intelectual como el sanchismo tienen claro que “la sedición es un delito decimonónico”, léase asonada o algarada. Desde hace medio siglo, sólo existe el golpismo legislativo, y por eso en las Facultades se enseña, en vez de Derecho, legislación. El Estado de Derecho es “esa jaula de papel construida por el legalismo burocrático a imitación de la jaula de hierro de Max Weber” donde malvive el gobernado. En España, el Régimen (no Sánchez) nos anda colocando un Estado Compuesto dibujado en un folio y votado a mano alzada (¡con moderación!). Si seremos demócratas que votamos para hacer o deshacer naciones. Para separarnos, en fin, de la única que tenemos.

[Viernes, 13 de Enero]

Viernes, 20 de Enero

 

Camino Brighton

jueves, 19 de enero de 2023

Emilio Adolfo Westphalen. Maneras de hacerse el muerto. Entrevista de José-Miguel Ullán


 

 



ABC Cultural, Número 361 

del 29 de Octubre de 1998

 


 
15 de julio de 1911-17 de agosto de 2001
 

[Relato de una reciente visita al hospital de Lima donde,

 desde hace tiempo, vive Westphalen recluido]

 

MANERAS DE HACERSE EL MUERTO

José-Miguel ULLÁN

 


El júbilo del niño, antes que voz, se encarna en dedo índice, saltarín y certero, que apunta hacia una cama de hospital: “¡Es mi abuelito! ¡Es mi abuelito! ¡Es mi abuelito!” Así accedo al pequeño cuarto, situado al final de un pasillo, donde se halla tendido Emilio Adolfo Westphalen. La cama, atravesada a lo ancho de la pared del fondo, que está ahí mismo, va a marcar el carácter singular del encuentro: que lo es, en realidad, con el perfil, visto por su lado izquierdo, de un poeta vivificante, al que, si alguien le llama poeta a la cara, lo vive como ofensa personal. Y, encima, al intentar incorporarse para saludar al que llega y para despedirse de su hija ("Sí, mi hermana vive en México") y también de su nieto ("Mi abuelito no quiere salir"), Westphalen ha debido de mover la almohada, deslizándose ésta hacia el hueco que queda entre el leve respaldo de la cama articulada y la base del cabecero. De esta forma comienza, y ni siquiera será un decir, nuestro tenso diálogo. Porque Westphalen, con la cabeza rígida y sin apoyo alguno que no exija caída, permanece en silencio, casi sin respirar, completamente sordo a mi nervioso "¿cómo se encuentra?", lo visible en seguida, y aún resuena, de pronto tan grotesco y raro eco a medida que crece la laguna, hasta que una enfermera acude a colocarle bien la almohada. 

 

Un respiro. Aunque después, mientras aguardo una respuesta, sentado ya junto a esa cama de hospital, las cosas no se arreglan. Empeoran, más bien: parece que va a hablar, que está a punto de responderme, cuando en este que no, que, con enorme esfuerzo, rehace el nudo en la nuez, un algo lo atenaza, traga saliva, y ves que las palabras se le han ido muy adentro.

 

Habrán pasado ya veinte minutos desde que llegué al hospital. Antes de hacerlo, la verdad, todos, en Lima, me recomendaron que desistiera del intento: "No quiere ver a nadie". Todos, menos el pintor Fernando de Szyszlo, al corriente de que Westphalen, desde antaño su amigo y cómplice, tenía la costumbre y la gentileza de enviarme sus libros, de cartearse conmigo en ocasiones, hasta que fue internado: "No, no dejes de hacerle una visita. Se pondrá muy contento, estoy seguro. Eso sí, no te asustes de sus silencios tremendos. Dicen que es porque está muy enfermo. ¡Mentira! Bueno, sí está enfermo, pero lo que quiero decir es que él no habló jamás. Ha sido su manera de permanecer al rnargen, de sentirse libre". Aun advertido, ahora no sé si desaparecer de puntillas o insistir ("¿Tiene dolores?"). Tan necio me parece lo uno como lo otro.

 

Pese a todo, empiezo a atormentarme. ¿Y si no me oyó? ¿Y si resulta que se encuentra grave? ¿Y si mi presencia le molesta? Y de golpe: "Estoy mal". Lo que estalla como queja instantánea o suspiro norrnal de enfermo se convierte, poco a poco, en respuesta: "Me duele a todas horas la cabeza. Tengo unos dolores de cabeza espantosos". Desconcertado, nada logro añadir, a mi vez, durante largo rato.

 

El suficiente para ponerme a pensar en los amigos de juventud de Westphalen. En Oquendo de Amat (1905-1936), que falleció en un hospital de Navacerrada. En César Moro (1906-1956), profesor de Mario Vargas Llosa en el colegio militar Leoncio Prado, pero que también enseñaba aquí. Al lado, en la escuela preparatoria de oficiales de Chorrillos, y que acabó sus días en otro hospital, donde, por cierto, trabajaba la madre de Carlos Germán Belli, poeta hospitalizado la semana pasada con el sano propósito de darle larga cuerda al corazón. Y pienso, por supuesto, en Martín Adán (1908-1985), que se encerró, igualmente, en una clínica para pasar allí los últimos años de su vida, aunque a menudo se escapaba a escribir versos carnívoros en las servilletas de los cafés. (En Sandwiches de realidad, Allen Ginsberg incluye un poema de 1960, bastante zarrapastroso, donde Martín Adán aparece sin afeitar y con andares de "serafín que ha perdido sus alas".)

 

Y llega la ocasión de tener que retirar la mirada de ese perfil cercano, pues siento que lo estoy encerrando en un marco común: el hospital. No sé cómo acabaron, en cambio, Enrique Peña Barrenechea (1905-1987) y Luis Valle Goicochea·(1908-1954), los otros dos amigos, coetáneos de Emilio Adolfo Westphalen. El primero, en Cinema de los sentidos puros (1928), es capaz de este aliento: "Mi madre ha encargado un bosque para mi alegría gorila. Mi madre no miente nunca. Ahora os vay a mostrar el primer paisaje disecado, la gruta de vidrios de la luna donde se están peinando las palomas. Incoloro país de mostacillas. Velero rubio donde va la novia del alfiler al huerto de las morsas. Mi madre se sonríe, y yo estoy en rededor de sus cabellos como los halos de los iconos". El segundo, con Canciones de Rinono y Papagi (1932), se adelanta en un montón de años al coloquialismo elegiaco del mexicano Jaime Sabines.

 

Empezando por el propio Westphalen, todos estos poetas tuvieron devoción por quien la merecía en mayor grado: José María Eguren. Y algunos de ellos, desde luego Westphalen, supieron ver, a su debido tiempo, que el de César Vallejo era un abismo exclusivamente suyo, intocable. Respeto afectuoso se tuvo con Arguedas. Pero Westphalen sueña, en concreto, con "una poesía por rehacer a cada instante", con poemas asombrosos que consigan que el tiempo quede suspendido o que, al menos, nos den tal sensación: "Esta cualidad que de cuando en cuando tiene el poema podría señalarse como su mejor y mayor cualidad, si no como la exclusiva". Con dos libros de poemas, Las ínsulas extrañas (1933) y Abolición de la muerte (1935) -surrealismo sereno, sin yuxtaposiciones estridentes-, cumple con eso que ha soñado, renueva el panorama venidero.

 

Ante la pintura de Wolfgang Paalen, César Moro escribe: "¿Cabe mayor ingenuidad que preguntar qué quiere decir el cuadro? Un volcán en ebullición no quiere decir nada. Dice, simplemente, su lenguaje de lava y fuego". Y, en "Sorpresa e inspiración", es Paalen quien señala: "El don poético no es lo que un vano virtuosismo desearía que fuera: un descubrimiento deliberado de sí mismo, sino la capacidad de perder el uno mismo, la audacia para aplastar la vana reflexión, la posibilidad de sumergirse de .cabeza en el pozo del egocentrismo". Observaciones son de los años cuarenta. ¿Ha llovido hacia atrás? Por entonces, y durante treinta años, Westphalen deja de escribir poesía. Su explicación, al término, será así de sencilla: "Lo sorprendente es crear, no dejar de hacerlo": Mano con guante gris. Sobre la mesilla, unas cuantas revistas; entre ellas, el número de Vuelta donde se certifica su desaparición. Westphalen, de reojo, observa que la hojeo. Tose. Y enarbola el presente perpetuo:

 

-Octavio Paz tiene muchos amigos en Perú. Él sí que escribe. Yo, en cambio, ya no escribo nada.

 

Intenta proseguir. Sólo le salen treguas, resonancias de esos guiones que puso en lo ya escrito y cuando le convino en lugar de puntos y comas o de comas a secas: "Todavía existe la buena Poesía, juntémonos a su alrededor y oigamos lo que nos dice. El volcán ruge, mientras ruja tenemos tiempo para la danza, el canto, la Poesía, si viene la lava nos acogerá en nuestro mejor momento".

 

Ha transcurrido hora y pico. O tal vez nada. Me levanto para el ensayo de la despedida, miro de cerca las fotografías familiares y el cuadro de Judith Westphalen que están colgados de las paredes de este cuarto. Sólo ahora me doy cuenta, al volverme, al perder su perfil por un instante, que el poeta encamado lleva puesto, en la mano derecha, un guante de lana gris. Llegan, sin pedirnos permiso, sus versos matinales: "He abandonado mi cuerpo / Como un guante que deja la mano libre". Y se desliza el título de Martín Adán: La mano desasida. Y ahora su voz, con voz de otro, repite: "Yo ya no escribo nada..."

 

Procuro desviar su atención hacia unos ejemplares, que acabo de adquirir en Arequipa, de aquella espléndida revista suya, Las Moradas, donde literatura, ciencia y artes plásticas entremezclaban lucidez y entusiasmo.

 

-En eso me gasté toda la plata...

 

Juego ya al cuestionario, sin ton ni son:

 

-¿Qué jóvenes poetas peruanos le interesan a usted?

 

-Después de Sologuren...

 

-¿Y no vienen a verle los que empiezan?

 

-Que no vengan, mejor que no vengan...

 

Y, mientras yo me río, le da por preguntar:

 

-En caso de no poder ir yo a recoger el premio, ¿se incomodarían conmigo en España?

 

-Lo lógico, en tal caso, sería que se lo trajesen hasta aquí.

 

-¡Huy!

 

Nos vamos despidiendo. Le he recordado su Emblemática: "Toca un cuerpo de modo que absorba con la palma esa extraña electricidad que se enciende al contacto". Y, cariñoso en su perfil inmóvil, dice por último:

 

-No crea que no agradezco su visita.

 

Algo tristón, salgo a la calle, paseo por Chorrillos. Después de muchos días de grisura y garúa, veo que en Lima, acaso como adiós a este invierno, se ha puesto por entero a lucir el sol. Esta ciudad -"fea" para Westphalen", "horrible" para Salazar Bondy- me parece hermosísima, esta tarde de sábado, sin importarme el ruido de los coches o el infernal volumen de los altavoces (en taxis, restaurantes y jardines públicos, con·sobredosis de Corazón partío y valses torturados por Eva Ayllón), ni tampoco las manifestaciones constantes contra la reelección de Fujimori, El Chinito. Porque, después de todo, sé que Emilio Adolfo Westphalen, además de poeta excepcional, ha sido siempre un fingidor de abstenciones. Y que alcanzó la perfección en lo que reconoce antigua y esmerada habilidad a su cargo: "hacerse el muerto para no ser reenarcado".

 

Aunque, a continuación, a la poesía -que también es muy suya o de la mano enguantada- le dé por deshacer y rehacer lo que el otro atesora en su fingir: "Va a agarrar un martillo para golpear el silencio -para pulverizar el silencio- para multiplicar el silencio". Vocación de martirio que, a buen seguro, tiene también su contrapartida: "Aspirar a convertirse en esa hojarasca que arde en las pupilas doradas de ciertas mulatas".

 

[29 de octubre de 1998]

 

José-Miguel Ullán

El aborto




Ignacio Ruiz Quintano
Abc

El mareo electoral de la derecha con el aborto está en el capítulo tercero del Buscón, donde Quevedo describe la olla del Dómine Cabra, que tenía una caja de hierro, toda agujereada como salvadera: “Abríala y metía un pedazo de tocino en ella, que la llenase, y tornábala a cerrar, y metíala colgando de un cordel en la olla, para que la diese algún zumo por los agujeros, y quedase para otro día el tocino”.

Parecióle después que, en esto, se gastaba mucho, y dio en solo asomar el tocino a la olla.
Cómo sería la olla que Pedro de la Preveyéndola, el tío que quiere arreglar la corrupción… “preveyéndola”, acabó votando en el Congreso a favor de la derecha, cuyos diputados “rebeldes” iban a votar en contra y se abstuvieron.

El tocino es el aborto (a eso hemos reducido el verdadero problema filosófico de nuestro tiempo), y los convidados, los votantes, que en España ni pinchan ni cortan, como acabamos de ver en las listas de las lideresas Aguirre y Cifuentes, que llevan de dios griego al alcalde de Getafe, un libertario que en su pueblo censura (¡por si acaso!) el rocanrol.

Liberalismo hispánico.

Los miembros de las Cortes Generales no estarán ligados por mandato imperativo –dice la Constitución.

Mas con la Constitución pasa como con el Quijote, que todo el mundo la alaba y nadie la lee.

La historia del mandato imperativo, que viene de la Revolución francesa, es muy entretenida, pero no nos cabe aquí. El caso es que nuestros diputados no son mandatarios de los votantes, sino de los jefes de listas, y por eso a unos diputados del partido del gobierno que querían votar en contra se los amenazó con una multa de 600 euros, que es lo que en Madrid te cobra la alcaldesa Botella por ir con una “mahou” por la Puerta del Sol.

¿Ausentarse? Dicen que eso sólo lo hizo Muñoz Grandes, que siendo vicepresidente riñó un día con Franco y, en vez de asistir al Consejo, marchó al bar de enfrente a tomar café, y que todo el mundo lo viera.

[Publicado el 16 de Abril de 2015]

Jueves, 19 de Enero

 

Jovencita

miércoles, 18 de enero de 2023

El aburrido


Dostoyevski


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

A Rivera, el nadador centrista, le aburre hablar del aborto.

¡Señores! ¡Que estamos en el siglo XXI!
El aborto y el suicidio siguen siendo el único problema filosófico verdaderamente serio, pero Rivera ha interiorizado “la ética kantiana de Platón” (sic) que le vendió su institutriz, Verónica Fumanal, una Hannah Arendt de este Siglo de Oro español, y cree que la seriedad es un coñazo.
Para Rivera, la antigualla del aborto fue una conquista (reconquista, para ser exactos) del siglo XX, impulsada por los dos ismos de la época, comunismo y nacionalsocialismo. Y la antigualla del suicidio fue una conquista del siglo XIX, impulsada por sus dos ismos: romanticismo y nihilismo.
No hay idea más grande que la de que Dios no existe –explican los nihilistas de Dostoyevski–. Todo lo que el hombre ha hecho es inventar a Dios para vivir y no tener que matarse: en eso consiste hasta ahora la historia universal.
Mas Dostoyevski le parece a Rivera un aburridor. ¿No dividió Byron el mundo en aburridos y aburridores? Bueno, pues Dostoyevski es un aburridor, al estilo de San Pablo, que lo avisaba: “Sabéis que carezco de talento para la oratoria; no soy buen orador…” Y una vez se durmió uno de sus oyentes y se cayó por la ventana. ¿De qué hablaría aquel día San Pablo? ¿De Franco? ¿De abortos? ¿De suicidios?
Rivera, en cambio, que presume de orador (ganó un concurso de sacamuelas), es un aburrido liberalio de Estado. Para los liberalios de Estado, el Estado es el tema del siglo XXI, aunque se inventara en Jericó (¡donde el muro que separaba a Clark Gable de Claudette Colbert en “Sucedió una noche” de Capra!) hace lo menos diez mil años. El Estado, con sus nóminas y sus pulgones, representa el progreso liberalio, cuyo principio trascendental, advierte Santayana, es panteísta: nadie puede ser libre o feliz, todos han de ser empujados, como emigrantes apiñados, al mismo viaje obligatorio, al mismo destino fuera de casa.

El mundo vino de una nebulosa y vuelve a una nebulosa.
  
 
[Publicado el 19 de Febrero de 2019]

Miércoles, 18 de Enero

 

Pasar página

martes, 17 de enero de 2023

Los Titos de San Antón en Gamonal

 

Reparto de titos en Gamonal, hoy

FJGI

Pobres pobres


Curtis Yarvin

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    El presidente de México, López Obrador, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos, ha tenido la bondad de decir en público que, en política, los pobres son nomás material para el incendio, y ahí tenemos la gran hoguera terminal de la Agenda 2030.


    Lo de Obrador con los pobres es como lo de Azaña con los descamisados que le pedían la revolución. “¡Idiotas, que soy burgués!”, tuvo que gritarles desde la ventanilla del tren que lo llevaba a un mitin en Valencia.


    Pobres pobres. Ni la revolución religiosa del XVI ni la monárquica del XVII ni la francesa del XVIII ni la rusa del XX sentaron pobres a su mesa. El liberalismo de meñique tieso y el comunismo de puño en alto se encargaron de mantenerlos a raya. La única revolución que los tuvo en cuenta fue la del pesebre cristiano, razón por la cual la Ilustración pegó fuego al establo.


    Ahora los pobres, que son los muchos, no tienen fe, y la fe de los ricos, que son los pocos, es el nihilismo. Curtis Yarvin, que los conoce por dentro, sabe que estos poderosos no creen en la democracia: “No creen en nada, a menos que sea útil. Nada es útil, a menos que los haga poderosos. La historia, la ley, la lógica, la Constitución y la moral tienen una lección para ellos: el poder hace el derecho. Todo lo que es fuerte es verdadero, legal, constitucional y correcto”.


    –Y ésta, estimados estadounidenses, es la razón por la que su voto en las grandes elecciones no cuenta.


    Yarvin glosa un libro de David Rothkopf (“Resistencia estadounidense: La historia interna de cómo el estado profundo salvó a la nación”) que justifica el golpismo de covachuela (¡los funcionarios patriotas del subsuelo!) para maniatar al presidente que no les  gusta (Trump, en este caso). Para Rothkopf el “estado profundo” es la verdadera democracia. El Sistema, pues, funcionaría como cualquier estafa:


    –Si pierdes, pierdes. Pero si ganas, no ganas. Como un niño en un barco, puedes sentarte en la silla del capitán y hacer girar la rueda del capitán. Pero no estás dirigiendo el barco.


    La elección, advierte Yarvin, no es robada por ninguna persona a la que puedas gritar; más bien, es robada por diseño (“los votantes no controlan ni deben controlar el gobierno”), y los diseñadores murieron hace mucho tiempo.


    En “El federalista” se resalta el contraste entre “la razón” de los Pocos y “la pasión” de los Muchos, y Wolin recuerda la trampa 22 en que se vieron atrapados los Fundadores, que entendían que el gobierno de la mayoría es el fundamento del gobierno democrático, pero que creían que el gobierno democrático de la mayoría presentaba la más grave amenaza para un sistema republicano. Y elaboraron una serie de mecanismos pensados para “filtrar” las expresiones de la voluntad popular, con el propósito de legitimar una elite instruida en lo que Hamilton llamó la “ciencia política”.

 

Y fue así como la democracia se convirtió en otro eufemismo acroléctico.

[Martes, 10 de Enero] 

Martes, 17 de Enero

 

The Lanes Brighton

lunes, 16 de enero de 2023

La Supercopa



 Francisco Javier Gómez Izquierdo

             Más que la Supercopa era un Madrid-Barça, que es negocio con tirón como al parecer siguen siendo los Messi-Cristiano, duelo éste que también se han llevado a la Arabia para el jueves víspera de San Sebastián de este mes de enero. Aquella gente está empeñada en que cuando vuelvan los Magos de los juguetes a Oriente lo hagan acompañados de todas las estrellas del fútbol para que se repartan algún que otro tesorillo de los que allí se amontonan. El partido no me cuadró como debía porque estuve en El Arcángel padeciendo los líos interpretativos de un árbitro con nombre de trabalenguas, Tárraga Lajara, al que se le nota lo poco que le gusta el fútbol y que en un arrebato locoide te deja con diez desde el primer tiempo por hacer caso al "rabillo del ojo", aquella muleta de Andújar Oliver que en el almeriense caía hasta simpática pero que en el trencilla de Albacete resulta más ospechosa que falsa.


      Llegué justo en el 1/0 de Gavi al que siguió un rún-rún de los locutores a cuenta de Camavinga. Los locutores del Movistar se están volviendo más raros cada día y me parece que dicen cosas de las que no están convencidos. Servidor vió al Madrid sin reprís, como si no pudieran pasar de la tercera velocidad, con dos laterales de extraño comportamiento, un centro del campo no sé si cansado o desganado, pero que Toribio el de mi pueblo clava la sensación con un "p'aique están agalbanaos" que el ortodoxo rechazará porque anoche en Ryad no hacía calor... y a los de arriba les falta frescura, ésa que salvó al equipo la temporada pasada. No se ha de olvidar que el Madrid resultó campeonísimo gracias a un portero descomunal, un mediocampo de gente muy lista y dos pesadillas arriba que desquiciaron a lo más selecto de Europa. Por contra, el Barça, que no fue exigido con las dosis de presión que se suponen en semejantes ocasiones. Se gustó porque a De Jong le salía todo; no fue incomodado, vuelvo a señalar, Gavi pareció Billy el Niño alardeando de precisión, Busquets no necesitó correr, Pedri está a lo que está y Dembelé sigue asemejándose a esa bomba escondida que nunca se sabe cuando va a reventar... ¡ah!, y Araújo, en vez de Sergio Roberto, vigilando a Vinicius, detalle éste que da puntos a Xavi.

 Otro detalle: la suplencia ya persistente de Eric García, y del que los locutores ya ni nos recuerdan su manera aseada de sacar el balón de atrás.


     De los aciertos del Barça no tuvo culpa exclusivamente Camavinga, al que no vi porque fue sustituido en el intermedio, sino la forma física o anímica de toda la alineación, mejor de toda la plantilla. Creo que el Barça haría bien en no subirse en el carro de la euforia, pues sin ir mas lejos no pudo con el Betis, cuna de Gavi, ese fenómeno que llega, al que correspondían los derechos de disputar el trofeo junto al Madrid. Ancelotti tiene problemas a resolver y el mayor no es la influencia de Camavinga en el juego por mucho que a los locutores del Movistar les cueste criticar los días menos buenos de Modric y Kroos y se ceben en el negrito de las trenzas, un medio que no es Casemiro ni Tchouameni.


     Espera un Villarreal-Real Madrid en muy malas fechas.

Suicidio


"Largo Caballero actuó como hoy queremos actuar"

 P. Sánchez


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el aborto.

Pero con la crisis arrecian las noticias de personas que se quitan la vida al caer en el paro, y este estupor del suicidio nos estremece más que el del aborto, sólo porque Camus dijo que no había más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio.

Cuando Camus, el aborto como conquista política sólo estaba al alcance de la vanguardia nazi, para escándalo de un socialista más agudo que Elena Valenciano, Largo Caballero, personaje, según Madariaga, biológicamente católico, pues tenía toda su esperanza en el Santo Advenimiento: la Revolución social, para unos, y para otros, un fajín de general.

El nacionalsocialismo da más importancia a las cosas que a los hombres –escribe Largo, mirando a Alemania–. Es la mentalidad del salvaje que mata a los niños y a los ancianos porque estorban. Eso, aunque se tengan muchos museos y bibliotecas, es de salvajes.

El aborto, en efecto, es el único problema filosófico verdaderamente serio, pero, de las dos clases de filósofos que existen (pontífices a lo Hegel y artesanos a lo Wittgenstein), aquí sólo se han ocupado de ello los artesanos. Esa Bibiana Aído que dice que “abortar es como ponerse tetas”, o ese Chomin Ziluaga, líder batasuno que triunfó como profesor de la UPV y que, citado por Santiago González, dijo a sus discípulos:

En HB somos partidarios del aborto porque cada año lo hacen clandestinamente en Euskadi 3.000 mujeres en condiciones tales que peligra no sólo la vida de la madre, sino también la de la criatura.

 

[Publicado el 15 de Febrero de 2012] 

El peso de lo único

 

Max Stirner


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Lo dice Bordalás, que tiene cara de inspector de cornisas: “El fútbol español tiene que mirar a la Premier: más ritmo, menos parones, más verticalidad...” Las cotorras que comentan los partidos en TV se pasan el partido repitiendo que la nuestra es la mejor liga del mundo, pero la Liga de Tebas no es la Premier (con Var o sin Var, Michael Oliver no hubiera pitado los cómicos penaltis de Villarreal). ¿Y por qué la Premier le ha merendado la cena a la Liga de Tebas?


    Según el “As”, por Aznar, que en su día no dejó que Polanco organizara el negocio a su manera, lo cual, de ser cierto, sería lo único (luego hablaremos de “lo único”) que Aznar no le permitió hacer a Polanco. Una Liga única, grande y libre, con Valdano y Guardiola en el Var. Como ahora, pero sin disidencias, como ocurre con la vacuna y con la guerra, las dos hormas de la sociedad contemporánea, como indica el hecho de que el periodismo deportivo de la capital dedique más espacio a esas dos industrias que al Real Madrid, ese “problema nacional”.


    –Un problema nacional –titulaba ayer el periodismo deportivo la situación del Real Madrid, que por primera vez en sus 121 años de historia se presentó a jugar un partido de Liga con “un once sin jugadores españoles”, que aquí, desde Cánovas, ya sabemos que es español el que no puede ser otra cosa, y no miraba Cánovas al Athletic.


    Frente al caso único del Athletic, que en territorio separatista juega con once españoles, el caso único del Madrid, que en territorio españolista juega con once extranjeros, algunos de ellos muy mayores, como Modric (si será extranjero que su país acaba de ingresar en el euro), que con razón su fichaje fue llevado a cabo con la oposición cerrada de Los Expertos del periodismo deportivo, que veían en la operación un simple negocio de Mourinho y proponían los nombres, para ellos infinitamente superiores, de Cazorlita y De las Cuevas.


    Quién sabe si intimidados por el hecho de constituir “un problema nacional”, el Madrid de Modric y Kroos jugó en Villarreal como un Madrid con Cazorlita y De las Cuevas. ¿Abulia, cansancio, hastío, pereza, impotencia? La defensa fue un descalzaperros. No hay laterales “top” (creo que se dice así): Mendy ha entrado en fase de cenizo, Alaba se ha caído (lo disimula haciéndose el frívolo), Rudiger parece el sereno de “La casa de los siete jorobados” y Militao, el único coloso, no es lateral, aunque Ancelotti lo ponga ahí porque en Catar lo puso Tite, que fue, en pelea con Deschamps, el peor entrenador del Mundial, con lo cual Albiol, un cuarentón que aprendió de Sarri todos los trucos defensivos, era enfrente la reencarnación de Augenthaler. Esta ruina defensiva obedecía al desplome del centro del campo: enfocaban a Setién y en el Madrid veías al Barça del 8-2 ante el Bayern en Lisboa. Y lo peor es que hay que volver a Villarreal a porfiar por la Copa, que este Madrid, por no dejarse más pelos en las gateras, debió haber despedido en Cáceres, sobre todo después de ver el sorteo de bolas chinas en Casa Rubiales.


    No esperemos grandes cambios. Ancelotti es supersticioso, y cree que el once de París ante el Liverpool le trae suerte (pasando por alto el factor Courtois de aquella tarde). A la velocidad que va el fútbol, ese modelo está más visto (y contrarrestado) que el TBO. Y no es un genio, como Guardiola. Guardiola (el Mejor Entrenador del Mundo, como lo “ningunea” Valdano) pierde cómicamente la Champions y para que se le pase el disgusto le regalan a Haaland.


    –Soy un genio –dice Guardiola a la prensa inglesa, que cree que lo dice de broma, y le ríen la gracia.


    –Soy único –dice Cristiano a la prensa árabe para justificar su “contrato único”.


    “El único y su propiedad” es la obra del filósofo más plagiado y menos citado (empezando por Ortega, que le urraqueó la “circunstancia”) de la historia de la filosofía. “Único he heredado mi cuerpo, / viviendo lo consumo”, canta el Sigfrido de Wagner con letra de Max Stirner, santo patrono de los nietzscheanos:


    –Yo soy el propietario de mi poder, y lo soy cuando me sé Único. Todo ser superior a mí, se debilita ante el sentimiento de mi unicidad.


    En Alemania corrieron a secuestrar el libro de Stirner, pero un ministro listo volvió a autorizar su circulación con un argumento pipero: “Este libro se lee en gran parte como si fuera irónico, y se refutará clamorosamente a sí mismo”. No había nacido Cristiano Ronaldo.





NUEVAS REGLAS


    Propuestas de Patrick Ittrich, árbitro alemán, para mejorar el espectáculo: sancionar con un tiro a 17 metros de la portería toda falta táctica en el mediocampo; apartar del juego tres minutos al futbolista que se tire al suelo haciendo “un Busquets”; expulsar durante diez minutos al jugador que grite o insulte al árbitro; expulsar a los futbolistas que se acerquen al trencilla, en grupo, estilo Barça de Guerdiola,con la intención de presionarle (“En mi opinión, boom, boom, boom, tres tarjetas rojas. A jugar siete contra diez ahora. Eso estaría bien para mí”). Como espectador, uno añadiría el límite de posesión que la NBA estableció para el baloncesto: 24 segundos por tres minutos. El fútbol limpia-parabrisas no hay quien lo aguante.

[Lunes, 9 de Enero]

Lunes, 16 de Enero

 

Valle de Esteban

Juego de huevos