El andar tierras
y
comunicar con diversas gentes
hace los hombres discretos
Blog de la vida privada ("Humanismo es telecomunicación fundadora de amistades que se realiza en el medio del lenguaje escrito." Peter Sloterdijk)
Nicolás R. Rico
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
La derecha social levanta barricadas en el Twitter contra el golpe de Estado de Sánchez y en defensa de la Constitución. Demasiados conceptos para la cabeza del españolejo.
“Barricada”, recuerda el profesor Nicolás R. Rico, es un galicismo, no una castiza voz hispánica, que designa acciones desconstituyentes: “el derribo de una ajada fachada, tapadera de misceláneos cascajos políticos”. En España, para el profesor, las constituciones no dejan de ser un “provisorium”. Siempre en precario, o al menos desde que el duque de Angouleme y su “troupe” (“más zarzuelera que marcial”) nos “desconstitucionalizaron” a los españoles.
En cuanto al golpe de Estado de Sánchez, ¿qué podemos decir? Según la hipótesis de Burckhardt, cuando el cansancio deshace la resistencia de alguien, éste cae siempre en brazos del más fuerte entre los que se hallan en las proximidades, y el más fuerte en este caso no son las asambleas moderadas, sino los soldados.
–En este momento comienzan los golpes de Estado.
Lo más parecido a un soldado, por su disciplina, que tenemos en España es un socialista, y por eso el sanchismo es el escogido para torcernos el brazo, “ante la indiferencia o el aplauso de la nación”, tal como en los casos, dice Burckhardt, de César y los Napoleones, que cubren las apariencias (¡populismo, populismo!) ampliando el elemento constitucional (César aumenta el Senado y Napoleón III establece el “suffrage universel”).
Con Bolaños, el Kelsen de la Complu, al frente de las operaciones, tendríamos que hablar de “coups d’etat intellectuels”, como Paul Valéry llamó a la filosofía de Descartes, agudeza lo bastante brillante para afectar radicalmente al modo decisionista de pensar del fundador de la ciencia constitucional.
La Constitución de Abril y Guerra no fue acto, sino pacto, y sin previa conquista de la libertad política las libertades y derechos otorgados pueden ser revocados. “La libertad constituye los derechos, no los derechos a la libertad”. España copió lo que la “Teoría de la Constitución” llama “compromisos apócrifos” de Weimar, para “alejar y aplazar la decisión”. Fue una Carta otorgada sobre el “poder constituyente” que se atribuyeron por la cara los jefes de partido, contrapuesto al poder constituyente del pueblo. Los actores del chalaneo querían eludir la alternativa: o soberanía y poder constituyente del rey, o soberanía y poder constituyente del pueblo. Y la eludieron hablando de una “soberanía de la Constitución”, que no solucionaba la cuestión; sólo la soslayaba y la velaba tras de “la idea confusa de un poder constituyente de la Constitución”, antes de la cual, siguiendo la lógica, no existía España.
En Weimar, la decisión aplazada fue posible hasta que en el momento crítico apareció el conflicto no resuelto y la necesidad de una decisión. En España esta decisión la toman hoy poderes secretos que ejecuta Sánchez con el visto bueno (secreto o no) de todos los demás.
[Viernes, 16 de Diciembre]
Francisco Javier Gómez Izquierdo
El folio pegado en una pared exterior de la biblioteca del barrio de Levante está limpio y tiene letra clara. Uno diría que es encargo a un opositor que quizás prepara "las de magisterio" dentro de la biblioteca, y Antonio se le ha acercado y le ha pedido por favor y por un momento que sea su escribiente particular. La letra parece femenina y uno cree que cuando Antonio haya ido dictando sus especialidades y haya llegado a lo de "interno de apoyo", la escribiente -Antonio no dirá escribienta porque no está en los usos del mundo- habrá preguntado qué cosa es ésa, y Antonio, que ha hecho de interno de apoyo varias veces en el talego, le habrá explicado que "...es cuando a un preso le ponen con otro en la celda para que vigile que no se suicide o haga cosas que no debe." Ya digo que es un suponer, pero obsérvese que a partir de "apoyo" y como si la mano firme hubiera dimitido de modo repentino, la letra se empobrece y aparece lo necesitado que está Antonio con una "H" en el donativo que pide para que se lo lleven veinte metros más abajo, al soportal de la sucursal de la Caixa, donde ha plantado su casa. Antonio, al final del folio, pone sus dos apellidos y el teléfono móvil. El Banco la Caixa ya no existe, pero en el antiguo porche del cajero ha quedado un habitáculo aparente para Antonio, que como cualquier preso que se precie supongo estaría como loco por "pisar la calle". Me he acercado a la plaza La Mosca, pero Antonio S. E. no está. No sé si ha encontrado colocación gracias al anuncio, pero sus escasas pertenencias están bajo dos grandes cartones arrinconadas en la entrada de la antigua sucursal bancaria. Los cartones tienen su nombre con letra bastante menos vistosa que el cartel de la biblioteca.
Pepe RamonedaEl Caballero de Durero
Hughes
Abc
Una cosa buena de estos días absurdos es la reaparición de Abascal. No es que se hubiera ido, pero se le veía poco y cuando se le veía era en Polonia o sitios así. Su sitio está en España, en la defensa de la unidad nacional. Ésa es su garita, no hay otra.
Las circunstancias han hecho que Vox recupere su sentido, y Abascal ha intervenido hoy de forma adecuada. Al hacerlo, frente a la amenaza del frente separatista, Abascal recupera el Espíritu de 2017, del 8-O, que no pasa por alianzas gaseosas de ‘las tres derechas’ losantianas, ni por más manifestaciones en Colón, sino por una acción distinta y decidida. Abascal se ha dejado de engañifas (sólo mantiene lo de la división de poderes) y ha hablado de forma directa: lo que hay de fondo es un plan contra la unidad de la nación. Lo que está detrás de tanta triquiñuela no es un asunto formalista, ni siquiera la Constitución, sino la propia unidad nacional sometida al acecho de lobos diversos (auténtica manada) que quieren cuartearla y debilitarla dando un cauce nuevo a las pretensiones de los golpistas del 17. En su recuperación del Espíritu de entonces, que se expresó en los gritos espontáneos de “Viva España” y “Puigdemont a prisión”, Abascal anuncia una querella contra Sánchez y una moción de censura.
Lo primero pone la lupa en el tiranuelo pélvico, mandado de Bruselas: su pacto con criminales merece la palabra justa de Abascal: conspiración, una conspiración auténtica.
Conspiración viene siendo el largo pacto del PSOE con los enemigos de España. Conspiranoico le llamaron cuando dio su discurso en aquella moción de censura, y volverán a llamárselo ahora que anuncia otra: ¿no quieren Parlamento? Pues dos tazas.
Abascal demuestra ser el auténtico líder de la derecha porque va al asunto, la nación, fundamento de todo lo demás. Cualquier distracción en este punto es traición, corrupción o estupidez. El vaciamiento de las palabras y el mareamiento leguleyo busca la confusión crucial. Esta hora que empieza a sonar, a la vez, a farsa y a drama devuelve al mejor Abascal y le pone en su sitio, la oposición real a la reedición del procés por otros medios, o a cualquier forma de apaño que nos acerque a la situación canadiense o a una federalización con amordazamiento o estupefacción del sujeto constituyente.
Napoleón
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
Golpes, golpes, ¿y dónde están tus golpes?, cantaba Gabinete Caligari cuando la Santa Transición.
–A ver qué tenemos aquí –es la famosa muletilla de Rick en “La casa de los empeños”.
Pues en América tenemos a Pedrito Castillo, que dio un golpe en el Perú corriendo tras su propio sombrero (según su abogado, le echaron “droja en el colacao”), y en Europa tenemos al príncipe Heinrich XIII, un orate que fantaseaba con coronarse, a lo Napoleón, ídolo de todos los locos, rey absoluto de Alemania, razón por la cual el canciller con cara de cascabel pisado movilizó a tres mil policías (los que no se movieron en la Nochevieja de las violaciones de 2015 en Colonia), que, con el apoyo de los medios de comunicación, han abortado la aventura del príncipe, que indica la decadencia de la seriedad del Estado de Hegel.
–Es realmente maravilloso ver concentrado en un punto, a lomos de un caballo, a un individuo que invade el mundo y lo domina –escribe Hegel del Napoleón al que ve cabalgar camino de la batalla de Jena.
La tradición europea es golpista y con razón Talleyrand admira a Hamilton (para él, más importante que Napoleón) y dice que “habría divinizado Europa”.
Dicho esto, no parece Heinrich XIII un Napoleón, y tampoco la figura más acabada de la idea hegeliana de Estado o “Dios real” (wirklichen Gott). Pero los medios acogidos a ese Estado, atentos siempre a la reacción del público, han rugido como indignadas divas con plumas, en expresión de Sloterdijk, cuando en los 90, azuzados por Habermas, quisieron hacer de él otro príncipe Heinrich por su conferencia sobre humanismo y genética en el castillo bávaro de Elmau.
–¿De qué le sirve a la opinión pública un ganso solista que grazna un aria demencial cuando es imposible ver a un solo moro en toda la costa? ¿O es el ganso que alerta de los moros el que decide qué es un moro? –protestó entonces Sloterdijk, que no podía dejar de pasar por alto la decadencia de la alarma.
Alemania (“el cuervo blanco en todas las listas negras”) es la tragicomedia de la socialdemocracia, predicha en el 93 por Botho Strauss, que lo llamó “el canto creciente del macho cabrío” (“Anschwellender Bockgesang”), y España, desde el 73, sólo es una franquicia alemana gestionada por los mandaderos del partido socialista.
Sorprende, eso sí, el eco tremendo que nuestros medios se han hecho de la presunta sedición del príncipe Heinrich XIII, siendo los mismos medios que apoyan la supresión de la sedición (“delito decimonónico”) para homologarnos… ¡con Alemania!, y evitar escenas de “sedición social” como la referida con motivo del golpe socialista de agosto del 17: “Parece que los agentes penetraron en la habitación inmediata al comedor de la casa de Gualterio y sorprendieron a Largo Caballero escondido entre dos colchones de una cama; debajo de ésta, a Saborit; detrás de un armario ropero, a Besteiro; y tras una cortina, a Anguiano”. Laus Deo.
[Martes, 13 de Diciembre]
Hughes
Abc
Casi siento que debo una disculpa porque no participo mucho del entusiasmo por el enorme éxito de Argentina en la Copa del Mundo. Sí, entiendo por supuesto lo que significa para ese país, para la consagración de Messi y alcanzo a valorar la gran obra de Scaloni, un técnico de mérito.
Pero a mí lo ‘emocionante’, lo realmente emocionante me pareció verlo en Francia. Mbappé me exaltó más de lo que hizo Messi. Maradona fue él. Me sentí golpeado por la capacidad para irse a por el partido. Especialmente una jugada, muy al final, en la que colgó un centro medido al que no llegó por poco un compañero. En ese momento, Mbappé parecía el baloncestista que decide irse hacia la canasta, hacerlo todo, con un sentido de la omnipotencia que aprendimos en Michael Jordan y que a los de mi generación nos parece la mejor expresión de la capacidad del deportista: esa mezcla de exitosa determinación y plasticidad.
Me gustó Mbappé, como a todos, tanto que sentí que la Copa la merecía él. No me aproximé a eso por geopolítica, patriotismo, o forofismo; me dejé llevar por una inercia infantil. Era la ley del deporte, la mera fascinación: lo merecía Mbappé, el mejor es Mbappé. Pero aun más que él, y es difícil, me maravilló lo que vimos en la Francia del segundo tiempo. Absolutamente dominada por Argentina, y hundida en el marcador, Francia no tenía salida cuando Deschamps movió el banquillo. Y al hacerlo pareció equivocarse. Fue como si al error inicial del planteamiento sumara otro mayor que dejaba a su equipo, a Mbappé, aún más estrangulado, aún más lejos del gol.
Pero hervía algo dentro. Entraron Thuram, Kolo Muani, Coman, Camavinga, luego Fofana… hasta ser Francia un equipo nuevo. Un equipo de una velocidad pasmosa, poderosísimo en los choques. Coman se iba por una banda y Camavinga empujaba por ese lugar misterioso suyo que parece estar entre el interior, el mediocentro y el lateral (¿una posición nueva?) y que impulsa a su equipo de una forma personal, como si tocara un nervio exacto. La potencia de Upamecano, la corporeidad asaltante de Kolo Muani o la rapidez y fuerza de Thuram, en el sitio opuesto al de su padre, como si fuera su reflejo en el espejo del tiempo…
Deschamps se había corregido a sí mismo en plena final, y en plena final había sentenciado, de alguna forma, a algunos de sus mejores jugadores: a Dembele, a Griezmann, a Giroud, a Theo, en una revolución deportiva que empujó a Francia hacia el empate y hacia una sensación de algo nuevo, distinto, superior… Fueron, para mí, los grandes minutos del Mundial. Son eso que me llevo como aficionado, el último grito, el camino a seguir…
Hubo cosas muy buenas. Fueron buenos los minutos de España en el primer partido, esa coralidad era la actualización del tiquitaca, limitada, eso sí, por unas condiciones técnicas y físicas concretas; fueron magníficos los instantes en que vislumbramos las nuevas posibilidades inglesas en la media y los extremos con Bellingham, Foden y Saka, ¿cuándo controló Inglaterra así el juego? Hubo minutos excelentes sueltos de Brasil, esa eterna gloria balompédica, esa alegría única, y ¡oh Neymar, genio más elegante, con quien más se ha cebado el Dios del fútbol! Y brilló hasta sorprender el contragolpe casi cultural, casi civilizatorio de Marruecos, en el que era imposible no ver la expresión de un sentido distinto del espacio, de las distancias, de la agonía y del rival… ¡La sura conjunta, crisantemo fervoroso en los penaltis!
Pero sobre todo fue esa última Francia, el poderío físico y la velocidad nueva, prometedora y futurista de ese equipo que parecía anunciar el fútbol que será y ya es…
Estaba el Bayern, con Coman y Upamecano; estaba el Madrid de Tchouaméni y Camavinga…
La colocación de los jugadores, de esos enormes jugadores, parece que pide a gritos un redibujo táctico, una reubicación en el espacio… ¿responden al mismo 4-3-3? Repito: ¿qué es Camavinga? Y si no sabemos bien qué es Camavinga, ¿qué es Camavinga más Mbappé más Coman más Kolo Muani? ¿Admiten ser constreñidos en el mismo molde? El empuje de Camavinga influyó en el partido como en las remontadas del Madrid. Y esa descarga de poder físico de muchos, multiplicadora, transformó el fútbol hasta llevarlo a otro plano, hasta convertir la final en la mejor que recordamos.
¿Qué tuvieron en común las remontadas del Madrid y esos últimos minutos legendarios ya de la final? Entre otras cosas, esa exuberancia de Camavinga, que en el Bernabéu se sumó a la de Vinicius/Mbappé… ¿No sentimos algo similar cuando el Madrid los juntó a Valverde y Tchouaméni? Esa acumulación, pero más llena de potencia, más atómica, la puso Francia en el campo.
Francia fue eso, y jugando así llevó el fútbol a otro nivel. Rozó la Copa del Mundo, cambió de piel, se hizo la Francia del 2024 (Eurocopa) y elevó el fútbol a un estadio nuevo apasionante de potencia y pasión… Nada ha sido igual de divertido. Fue un cambio estructural de Deschamps, que durante la primera parte parecía un cadáver deportivo y en unos minutos acabó transformando todo en una de las mutaciones más asombrosas que recordamos porque no sólo cambió el partido, es que cambió el fútbol, enseñó una marcha nueva, como un salto tecnológico repentino y transformó Francia hasta un punto sociológico y político…
Porque sí, todos lo vimos y muchos no nos atrevimos a decir lo evidente: esa Francia era negra, no un poco o muy negra, era totalmente negra. Quedó Lloris en la puerta y el resto era pura y excelsa negritud. Y es algo que se siente en el Madrid y tampoco se dice por el tabú de la raza. Fantaseamos ya con un Madrid negro, por lo que el deportista negro aporta al fútbol, una intensidad muscular y una riqueza de fibras y ritmos que repotencia el juego. En Rusia 2018, Mbappé (por la derecha) tenía el colchón de Kanté, Pogba y Matuidi; ayer tuvo, en un momento dado, a Kolo, Coman, Tchoua, Thuram, Camavinga y Francia voló hasta marcar tres y poder marcar cuatro o cinco. Fue extraordinario. Y quizás no me hubiera atrevido a comentarlo si no fuera por un artículo de Tunku Varadarajan (gran madridista) en el Wall Street Journal. El autor partía de esa realidad innegable: Francia era ya toda negra, y lo hacía para reconocer cómo la selección francesa integra racialmente en torno a la idea de mérito. Francia no sólo como logro de ‘integración’, Francia también y sobre todo como expresión del mérito. Porque en la racialidad completa de Francia brilla ante todo el mérito.
El fútbol se acerca en ella, en este momento, a la alta velocidad del atletismo que domina la raza negra (la portería sería aún como la natación, predominantemente blanca) y esto tiene unas repercusiones políticas de las que Estados Unidos podría aprender, según el autor.
Pero mi comentario no pretende ir tan lejos, por fascinante que sea la evolución ‘política’ del equipo nacional francés, en la que Benzema, creo, ha sido una especie de chivo expiatorio a efectos disciplinarios: bajo Deschamps, con su aspecto inequívocamente francés, Francia somete ‘republicanamente’ a los talentos africanos y coloniales, los integra en una pauta táctica y de comportamiento, olvidados ya los viejos problemas. Eso funciona deportivamente y Francia es la gran potencia futbolística del mundo.
No me atrevo a extrapolar ahora mismo esto en la sociedad francesa por mi ignorancia sobre el asunto; no creo poder interpretarlo como promesa, a escala, de un semejante éxito futuro porque creo que es algo muy concreto que por el momento se queda en el fútbol: su intersección con la integración deportiva en Clarefontaine; y pese a la derrota, la final fue el espectáculo de ver cómo eso, la definitiva apuesta por el mérito que hizo Deschamps con 2-0, asaltaba la historia del fútbol como una promesa del próximo mundial.
El toque español fue superado por el pressing alemán y ambos son superados por el fútbol francés desde presupuestos individuales, técnicos y físicos que Deschamps disciplina casi institucionalmente. Su fallo fue no verlo antes, no dar entrada antes a esa fuerza desatada de músculos, potencia y velocidad. No rendirse antes el mérito generacional. Conservó una Francia de méritos antiguos, funcionariales, de viejas pautas tácticas, de respetos honoríficos y prudencia de expertos y al reaccionar y superar todo eso se le apareció el futuro del fútbol convertido en un equivalente racial de los cien metros lisos: un espacio para la plena negritud que evoluciona el fútbol como lo hizo la Brasil negra de Pelé y el jeito.
¿No lo hizo también la Holanda de Cruyff sin ganar con una idea colectivista, sistematizadora, industrialmente polifuncional y a la vez ‘solidarista’ o comunal de su ‘todos lo hacen todo’?
Para mí, Francia es la otra gran subcampeona porque es heraldo de un nuevo fútbol que no es táctico sino una revuelta de la individualidad, sólo que de una individualidad muy concreta: la adición del refinamiento técnico y táctico al mayor talento físico posible (¡Upamecano!).
El otro día escribí en una columnita que Francia desde 1998 (campeona) tenía algo similar al Madrid desde la Galaxia (año 2000): el acomodamiento táctico a la individualidad. Suenan nombres comunes: Zidane, o la obsesión Mbappé, pero también y sobre todo los mediocentros, los pivotes, que son una gran obra francesa de los últimos años: Makelele, Tchouaméni, Vieira (¡que el Madrid casi tuvo!), Desailly (que destrozó al Barça de Cruyff) o Kanté, dominador de Europa unos cuantos años…
Estos pivotes descomunales, abarcadores del mediocampo entero, permitían liberar al crack y al conjunto, que abandonaba la homogeneidad del fútbol total… ¿No permitió Makelele la mejor expresión de todos los que estaban por delante?
El Madrid, creo, o quienes mandan en el Madrid, han visto hace tiempo que el futuro es Francia (con Brasil) y en la pujanza insolente de Camavinga un equipo se pareció a otro. Francia no culminó la remontada, pero la fascinación del Mundial fueron esos jóvenes jugadores lanzando a Mbappé, rey del fútbol, del fútbol nuevo.
Recordemos la reverencia que el Islam tributa a
los idiotas, porque se entiende que sus almas han sido arrebatadas al cielo.
Jorge Luis Borges - Vindicacion de Bouvard y Pecuchet
Francisco Javier Gómez Izquierdo
Así como la imperfección entre vascos se detecta entre aquellos individuos que no saben jugar al mus, la apoteosis emocional no tiene cabida en pechos que desprecian el fútbol. El fútbol conmueve como nada en el mundo y si alguien lo duda ahí está la Argentina toda para dejarnos claro qué cosa es un sentimiento. Diga don Infantino y su principesca corte lo que quiera, pero en Qatar ni se respira, ni se mama, ni gusta el fútbol. Las muchedumbres argentinas y el palco de autoridades han hecho que Doha tenga cierta similitud con la Buenos Aires del 78 y todo pareciera el escenario perfecto para encumbrar a Messi, esa especie de dios errante que buscaba desesperadamente su peana en el Olimpo. El decorado lo costeó el emirato. Se sospecha que buena parte del público, lo que hace llamativo el espectáculo, también.
Técnicos extravagantes, periodistas enloquecidos, convulsos movimientos en el fanatismo de los 46 millones de hinchas que transitan de la devoción al desprecio con insólito ritmo, han tenido a Messi en los últimos quince años en un sinvivir que parecía impedirle alcanzar la felicidad. Tras esos tipos tan raros como Sampaoli, Bauza, el Tata Martino (buen hombre éste), Sabella, Batista, Maradona...llegó Scalonni y supo mezclar energías salidas del trabajo, la emoción y ¡cómo no! el talento. Desmedido talento tiene Messi, pero Di María va muy bien servido, y Enzo Fernández y Julián Álvarez, y... luego hay que complementar con la compaña que debe resultar fiera, arrebatada, energuménica...
Llegó Argentina a esa final cuatrienal que paraliza a más de media humanidad con las obligaciones bien explicadas por Scalonni, los compromisos asumidos por su plantilla y el furibundo aliento de sus hinchas. Francia llegó con bastante menos ruido. Con un punto subido de altivez y dándoselas de elegante, pero en realidad pareció abúlica, sin sangre y servidor empezó a sospechar que andaba toda ella con el virus del camello que hablaba la prensa. Así, despectiva y arrogante, pasaron 80 minutos y encajaron dos goles argentinos. De repente, tras una tontada de Otamendi, similar a otra melonada de Dembelé, se desató Mbbappé, uno no sabe a qué cadenas amarrado, y se pasó a una fenomenal sucesión de aventuras que todo buen aficionado disfrutó con emoción. Emoción, ése es el quid de la cuestión en el fútbol. Ni se compra, ni se vende. Se siente. Fueron otros ochenta minutos extraordinarios, donde a servidor ya le daba igual lo que pasara.
Saben ustedes que uno quería que ganara Francia; mi doña, Argentina, pero que no la ganara Messi. Mi doña es del Madrid y se ve que los cariños condicionan. Lo que cada cual deseó ayer pertenece a su particularidad, pero hay que reconocer que a la familia de Qatar le salió una final apañada, bonita de ver y disfrutar y además acabó como ella y los que manejan el fútbol querían: con Messi campeón del Mundo, al que pusieron una especie de "manta de aceitunas" como dijo el gran Paco, para recoger con la liturgia debida en el lugar, un trofeo que no tiene igual.
Felicidades a la Argentina.
Pepe Campos
Taiwán
Lo poco que queda del periodismo español se ha refugiado, para dar la monserga, en el mundo del fútbol. Nada más terminada la final del mundial de Qatar ya comienzan, los periodistas progresistas, a hablar de la mejor final de la historia. Esto de señalar que todo lo que ocurre en la actualidad es lo mejor de todos los tiempos, viene a ser una manera de hacer tabla rasa revolucionaria. Lo antiguo huele mal, no merece la pena, seguramente aquello (que se dice fue notable y auténtico) sucedió en tiempos dictatoriales cuando no existía la democracia plebiscitaria que actualmente lucha contra el cambio climático. Además, en aquellas etapas de antaño, de poco confort —digamos, cuando no se podía hacer turismo masivo—, el machismo estaba presente, lo que propiciaba la mitología con existencia de héroes, de férreos hombres románticos, no tatuados, no depilados, ni con corte de pelo diario de diseño.
Siguiendo esas líneas del discurso no pararíamos de hablar de una nueva política en la opinión futbolística que nos quiere llevar a que creamos que lo que vemos en el momento actual es lo mejor de la historia. Así, siempre, para quien desconoce lo anterior, lo último es lo mejor de la historia. Y ahora mismo, ya, eso que se ansía por todos (por el periodismo buenista y por el público obediente) que debe ser lo mejor, en el territorio del deporte rey, es Messi. La traca ya venía de cuando jugaba en el Barcelona y se trasladaba, a su vez, a la selección de fútbol de Argentina, cuando comparecía en ella. Y de dar tanto con el martillo en el mismo clavo, parece que ahora todo encaja y queda bien remachado. Messi, que ha ganado el mundial de Qatar, es el mejor jugador de fútbol de la historia. Y el que lo discuta no sabe y hay que reeducarle con cifras, con estadísticas, con datos, con opiniones de quienes quieren que las cosas bailen a su favor. Que es llevar la razón. Estar en lo guay. Es la doctrina de que lo único válido es «ganar» y «el ganador de hoy».
Al mejor del presente, Messi, le ha tocado vivir una etapa dorada en el fútbol. La época en la que no existen los marcajes individuales dentro del campo a lo largo de los partidos. Unos tiempos en los que cualquier roce dentro del área, con VAR o sin VAR, se señala como pena máxima (penalti). Una etapa de estrategias con las tarjetas y las faltas, según y cómo. Un tiempo, más cercano, con numerosos cambios de jugadores para refrescar a los equipos para que no exista el cansancio. Cuando comenzó a jugar al fútbol Messi fueron los momentos de la eliminación de los marcajes (había que premiar lo excelente en el fútbol). Estuvo acompañado de grandes jugadores que él nunca «calificó». Si bien, por todos lados fue tratado con esmero. Luego cuando no tuvo esos grandes jugadores alrededor (caso de la Argentina actual), y la edad se le echaba encima, sacó (ha sacado) su verdadera versión, tal vez, la auténticamente originaria, la de líder de un «grupo de combate» que muere a muerte por el «jefe supremo». Esto lo estuvo buscando en la selección argentina durante muchos años y no lo alcanzaba. En este instante le vino. Ha sido un logro.
Ahora para poder arrasar con todas las estadísticas a nivel de clubes debe volver a un equipo con estrellas, y las tendrá que convencer, con bastón de mando, que le sigan y le abran el camino del nuevo éxito que se merece. Veremos si esto lo consigue. La monserga del periodismo se lanzará a hacerle la campaña. Estaremos entretenidos durante un tiempo. Pues no sabemos si quiere superar los dos retos que le quedan: más Copas de Europa que Francisco Gento jugando la final como titular (seis/Messi tiene tres) y más Campeonatos del Mundo como titular y metiendo goles donde se topa con Pelé (dos/Messi tiene uno). Y aunque aquellos logros de antaño de otros jugadores huelen a cuestiones de poco valor; ¿cómo se puede reescribir la historia y borrarlo? Es posible, entonces, que sólo le quede como solución seguir jugando al fútbol durante unos cuantos años más, para alegría del buenismo progre, que le seguirá fiel. Y para desgracia del fútbol de antaño que existió, pero cuya memoria hay que desplazar, para darle paso, en un eterno todavía, a un ancianito que merita.
Classic Rock In Pics
@crockpics
Bill Murray at Elvis' funeral at Forest Hill Cemetery in Memphis
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
El fútbol es alegría, pero, de momento, la única alegría de Catar’22 es la de Marruecos, que en España se manifiesta en la Puerta del Sol, cuyo acceso les está policialmente vedado a los españoles. Madrid, así, se convierte en la capital de las Tres Culturas del Balón: la blanca, en Cibeles; la rojiblanca, en Neptuno; y la magrebí, en Sol.
Nuestra alegría en el Mundial era Brasil. “La alegría es la identidad del fútbol brasileño”, tenía dicho Tite, el hombre más triste de Catar, cuya pusilanimidad y mala cabeza ante Croacia ha dejado sin título a Neymar, pues a Vinicius le quedan más oportunidades. Neymar se irá del fútbol casi desnudo, como los hijos de la mar, o sea, como Harry Kane, que pide a gritos una camiseta del Real Madrid.
–Inglaterra terminó de la misma manera que comenzó... de rodillas –lo resumió un tuitero cruel.
Si Neymar ha caído víctima de Tite, Kane lo hizo víctima de Southgate, un tristón que ya se dejó merendar la cena de la Eurocopa en su país. Visto lo visto, el único seleccionador a la altura de las circunstancias ha sido el croata Zlatko Dalic, que transmite inteligencia, no angustia, y mueve a su equipo como un maestro de ajedrez: Tite todavía está estudiando las maniobras técnicas de Dalic para sacarlo del Mundial que parecía hecho (en homenaje a Pelé, que vive en tente mientras cobro) para Neymar con la ayuda de Vinicius, los bailones contra quienes arremetió el melón de Roy Keane, aquel picapedrero del United. A un mal bailarín siempre le estorban los tacones, y el día del Brasil-Corea el pobre Keane sólo vio bailongo: “Es realmente irrespetuoso con el rival. No creo que eso sea nada bueno”. Como pipero, Keane podría codearse con Isidoro San José.
La figura del aguafiestas ha llegado incluso a Brasil, donde Ronaldo, según denuncia Kaká, “hoy sólo es un gordo que anda por la calle”. Más aguafiestas: el gato triste y azul que apareció en la rueda de prensa de Vinicius, y con el que el jefe de prensa de Brasil hizo poco menos que un Zouma (lo de Zouma con un gato anda por Youtube). No. No era el gato cachondo y verderón del riojano Samaniego (“La vieja y el gato”). Era un gato aguafiestas que heló la sonrisa a Vinicius.
Sólo nos queda, pues, la alegría del socialismo europeo con las sacas de Catar y la alegría de Infantino entregando la copa a Messi.
[Lunes, 12 de Diciembre]
DOMINGO, 18 DE DICIEMBRE
En aquellos mismos días, María se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña, a un a ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Aconteció que, en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y, levantando la voz, exclamó: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Pues, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá».
Lucas 1, 39-45
La muerte que alguien espera
la muerte que alguien aleja
la muerte que va por el camino
la muerte que viene taciturna
la muerte que enciende las bujías
la muerte que se sienta en la montaña
la muerte que abre la ventana
la muerte que apaga los faroles
la muerte que aprieta la garganta
la muerte que cierra los riñones
la muerte que rompe la cabeza
la muerte que muerde las entrañas
la muerte que no sabe si debe cantar
la muerte que alguien entreabre
la muerte alguien hace sonreír
la muerte que alguien hace llorar
la muerte que no puede vivir sin nosotros
la muerte que viene al galope del caballo
la muerte que llueve en grandes estampidos
El Bonillato
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
El pequeño Rocroi catarí del Combinado Autonómico de Luis Enrique ante Marruecos en el Día de la Constitución viene a ser un epígono del Rocroi triste, solitario y final de nuestra posmodernidad, el 11M, que nos dejó sin Historia, a pesar de las pavías andalucistas de Bonilla, la pata que faltaba para el Estado Compuesto de la disolución nacional, un tipo que ha perdido su ocasión de pasar a la historia como el camarero de “Pasión de los fuertes” al que Henry Fonda pregunta si ha estado enamorado, y contesta:
–Yo siempre he sido camarero.
El último político que estudió la ruina de los Tercios en Rocroi fue Cánovas, que achacaba la derrota a las malas cuentas de Felipe IV: “Con aquella Hacienda no había más remedio que sucumbir, aunque todas las demás causas de perdición faltasen”. Jean Palette, que mira el asunto desde el bando vencedor, sostiene que, si Rocroi (1643) fue el canto del cisne de los Tercios, “fue también porque la mayoría de sus integrantes ya no eran españoles, o ya no eran voluntarios, o ya no tenían el ‘fighting spirit’ que los adornó durante siglos, y aquello tuvo mucho que ver con la demografía española del momento”.
El pesimismo de Rocroi está en la gran obra de Cánovas, su Carta Otorgada del 76, y, como dijo Maeztu, se nota: “Un optimista hubiera fundado la Restauración en la verdad. Un pesimista (Cánovas) prefirió fundarla en el falseamiento de las elecciones a base de caciquismo”.
De la Carta Otorgada del 76 a la Carta Otorgada del 78, por cierto, único texto sagrado reconocido por la España Oficial, donde hasta Lope de Vega, de quien ni un solo socialista sabría citar un verso, cede su puesto a Almudena Grandes, que a Sánchez le suena, y cuyo esposo le dedicó el verso más elevado de la literatura española, al decir del crítico titular del diario gubernamental: “Tú me llamas, amor, yo cojo un taxi”. Canjear a Lope de Vega por Almudena Grandes es como canjear a Shakespeare por John Carlin, cosa que los ingleses andan lejos de hacer, entretenidos, como están, mirando al Sahara en unas maniobras militares con Marruecos y el Uncle Sam, nuestros hermanos.
–¡Viva Marruecos y viva España! ¡Somos hermanos! –tuiteó la TV de Bonilla en el Día de la Constitución, jornada feriada durante la cual se impidió a los españoles el paso a la Puerta del Sol, la de los héroes del 2 de Mayo, para que los marroquíes pudieran celebrar en paz su victoria catarí.
Gracias a la red social de Elon Musk, que sólo con esto justificaría su inversión, hemos podido saber que Bonilla es “presidente de todos los andaluces” (eso incluye a Griñán, que espera al indulto en casa con los “abajofirmantes” a modo de escudos humanos) “gracias a las personas que salieron a la calle con la bandera de Andalucía cuando yo tenía siete años”.
Imposible olvidar a José Gómez Romero, Dyango, y su “Ha sido bonito ser español”.
[Viernes, 9 de Diciembre]
La Tierra vista desde el Cielo
Tuve la fortuna de ver, en el canal TV2, un maravilloso documental sobre la colección de fotografías de Arthus Bertrand, «La Tierra vista desde el Cielo». La sorprendente belleza de las imágenes terrestres captadas desde arriba, a una distancia aproximada de medio kilómetro, me hizo caer en la cuenta de la importancia que ha tenido para la deshumanización del arte la excesiva lejanía o el excesivo acercamiento del objeto al ojo del artista (...)
La fotografía en picado fue realizada por primera vez desde el globo cautivo de la Exposición Universal de París de 1867, que aparece en el cuadro de Manet de ese mismo año, «Vista de la Exposición», conservado en la Galería Nacional de Oslo. El fotógrafo era nada menos que Nadar. Su estudio en el «Boulevard des Capucines» acogió a los impresionistas en la histórica exposición de 1874. Contagiado por la visión aérea de su amigo, el propio Manet pintó el año anterior ese mismo Boulevard desde la más alta ventana, con la gente paseando por las aceras como diminutas sombras desdibujadas, que recordaban la estética brumosa de la fotografía primitiva.
El gran Pisarro, inspirándose en la textura granulada de la fotografía de Nadar, pintó la vibración íntima de la luz en las cosas. Una granulación que venía asociada a la estética fotográfica, desde que un aficionado, Niepce, la inventó en 1826 con una vista desde la ventana de su laboratorio en Châlons sur Saône, expuesta a una placa de cinc cubierta de asfalto sensible y limpiada con aceite de lavanda y petróleo. Los pronósticos del pintor Paul Delaroche, de que el invento ponía fin a la pintura, se realizaron al revés. La fotografía ayudó a dar un salto cualitativo a la belleza pintada. Tras su decadencia cuando dejó de ser artesanal, renació con la calidad de obra de arte en los fotógrafos y cineastas de la revolución bolchevique.
Antonio García-Trevijano