sábado, 15 de junio de 2019

¡El turnismo!

Villacís con los huevos de Lucio y Emilia Landaluce


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Begoña Villacís (“la jurista”, como la llama Carmena) está convencida de que la alcaldía de Madrid es el pan bajo el brazo que le ha traído su niña, y el partido Ciudadanos, más estatal que la Falange, inventa el Mediterráneo liberal del turnismo para satisfacerle el antojo.
Soy más de Hillary, pero me gusta mucho la historia de Obama, que es impresionante, porque su padre le abandonó de niño y se lo tuvo que currar –dijo Villacís un día delante de unos huevos rotos en Lucio.

Claro, con una abuela vicepresidenta del Banco de Hawai... –le contestó Emilia Landaluce.

Eso no lo había leído.

¿Qué ha leído Villacís?
Los ideólogos de Ciudadanos (todo ideólogo está movido por la pasión de mandar) proponen dos años de Almeida y otros dos de Villacís (con Girauta y Villegas de maceros), truco inventado por Cánovas y explicado por Alfonso XII en la agonía que resume Sánchez-Albornoz:
Cristinita, no llores, todo puede arreglarse en bien de España. Guarda el c…, y de Cánovas a Sagasta y de Sagasta a Cánovas.

Lo que Ortega llamaba “la vieja política” (los partidos turnantes, “los del vaso y el grifo”, en imagen de Maura) es para Gutiérrez (¡y yo qué sé quién es Gutiérrez!) “la democracia liberal”, o sea, el franquismo trap o trap-franquismo de Ciudadanos (después de todo, el trap es una regresión del rap), eso que definió el discípulo guasón de Ortega, Marías, al decir que “no hubo en 1976 ni reforma ni ruptura, hubo algo nuevo, inesperado, imprevisible, de tal originalidad que de momento no encuentro ningún ejemplo análogo”. Insuperable.
Bienvenido amor, a mi contradicción / A mi contradicción uuuh / A mi contradicción… –suena el himno centrista de Malú.
Pero ¿y la gafancia del turnismo? Con el de Cánovas y Sagasta acabó Angiolillo. Con el de Maura y Canalejas acabó (sin haberse estrenado) Pardiñas. Con el de Joselito y Belmonte acabó “Bailaor”. Y con el de Almeida y Villacís puede acabar… Carmena.