miércoles, 19 de junio de 2019

Drain the foro



Hughes
Abc

Vox empezó recibiendo la “narrativa” del voto útil. Después, tras las municipales, se quiso ignorar que era su efecto, el de Vox, el que le permitía a Casado agarrarse a un liderazgo. Y con los días del “voto útil” se pasó al “o pacto o Carmena”. O se aviene al pacto sin sillón o gobernará Carmena, que se comerá a los niños crudos cuando caigan en el agujero del Madrid Central, ése que ya no es tan urgente eliminar.

La naturaleza de Vox iba cambiando en función de las necesidades del PP. Ya no eran tan extremosos. En la izquierda, sin embargo, seguía inalterable, aunque la utilidad de Vox también cambiara. De ser el necesario divisor de la derecha y movilizador de la izquierda “antifascista” pasaba a justificar y legitimar cualquier pacto o acercamiento del PSOE porque “los demás pactan con Vox”. Pero ¿es la actitud hacia el 78 y hacia la ley la misma en Vox que en los partidos nacionalistas?

Aquí opera el “truqui” del centrismo “de raíz ilustrada” y meñique diparatado, que lo mete a capón en el saco del nacionalismo, ogro de Europa. Pero es que Vox también le sirve al centro y al macro-centro (de Macrón). Sirve para hacer pivotar sobre su rechazo el sueño de un acuerdo Ciudadanos-PSOE, el monolito político definitivo.

Los tipos de centro también se definen en función de Vox. Para unos no es admisible pactar con ellos; para otros, se pueden coger sus votos siempre que no haya contacto físico. La voz de Villacís llega como por un telefonillo: “Dejen sus votos en portería y márchense. Ya serán recogidos”. Relega a Vox a puestos administrativos, no de gobierno.

En su artículo de hoy, Ruiz-Quintano dejaba caer algo importante. “Vox está en el consenso del 78, de ahí su extemporaneidad”. En cierta manera, es su mayor defensor. Su más confiable defensor. ¡Su paladín ortegasmithiano! Siendo crítico con la Constitución del 78, Vox la jura con pasión y sigue fiel a ella y colgado a ella, mirando si acaso a su enmienda, cuando la mayoría, instados por Europa o el separatismo, dan muestras de estar en otra cosa, en algo que camina hacia su superación. Como se dice en la jerga: otro escenario, al que se asoman precisamente pisando el cogote ortegasmithiano. Vox les sirve de excusa para confluir en nuevos pactos, nuevos horizontes. Ese candor setentayochista de Vox, que se queda de guardia en la garita, no es, desde luego, el de ERC, BILDU o PNV.

Pero volviendo al inicio. Ahora Vox está en el momento de “o aceptas o Carmena”. Hacerle culpable del fracaso de un gobierno de “las derechas”. Y la pregunta es: ¿es un problema real para los votantes de Vox que siguiera Carmena? Ortega Smith hizo suya fácilmente y con la pasión característica esa retórica del “No a Carmena”, es decir, la división frontal derecha-izquierda. Y por estas cosas es posible pensar que Vox no es en absoluto un partido populista “a la Trump” sino un partido para la derecha que Rajoy dejó en el camino. Es difícil verle asumir el eje élite-pueblo, por ejemplo, aún más necesario cuando su primer efecto electoral es provocar el mantenimiento y continuidad de lo que había. PP en Andalucía, PP en Madrid. No habrá “Más Madrid”, habrá más PP. Pero ¿era todo el voto a Vox un voto de derecha-derecha o había un voto de cambio, de renovación, de hartazgo de los mismos de siempre haciendo lo mismo de siempre? ¿Existe esa voz? ¿Se escucha esa vocecilla vagamente trumpiana protestando siquiera teatralmente contra la entronización de los Casado Boys?
A veces lo social no es sólo una cuestión de más estatismo, también es una cuestión de lenguaje, de piel. A Vox se le oye hablar de los “progres”, pero no tanto del equivalente español (no europeo) al capitalismo de amiguetes, de las élites decisorias, de la burocracia técnica o experta. Eso que Trump resumía en Washington… ¿qué sería aquí?

Pero miramos a Madrid, precisamente, y vemos que esta sensibilidad está ausente o defraudada o es inaudible. El “drain the swamp” no tiene la traducción de un “drain the foro”. Es evidente que el votante de Vox no quiere a Carmena, pero… ¿quiere a toda costa al PP madrileño? ¿Se siente bien participando en un gobierno con un Ciudadanos (el de Garrido) que encima le ha rebajado a la categoría de hez política? Le tendrían que seducir, más bien, no ir de valladar de las derechas.

Una pregunta en voz baja: Si gobierna Carmena… ¿pierde votantes Vox?

No se me escapan los enormes intereses en juego, pero también que Madrid era un lugar donde demostrar si vivían en el eje izquierda-derecha o en algo un poco distinto. Esto se está contestando ahora y pactando con el PP ya se va dejando algún jironcillo. Un “pacto de gobierno secreto”, por ejemplo, no es algo demasiado presentable. Eso es penumbra de consenso puro. Devolver al PP en la poltrona de Madrid mediante acuerdos opacos y entre alaridos que reivindican a Churchill por bajar el IBI es un cambio muy relativo. En cierto modo, y contra lo que se dice, Vox refuerza aquello que aspira a transformar. Ya sea la derecha española o el “consenso constitucional”.