lunes, 9 de noviembre de 2015

Lunes, 9 de noviembre

Valle de Esteban

-Como nadie habría de desmentirme, yo podría fantasear un poco y decir que gané la primera peseta cantando flamenco en Roma o en París o trabajando en las minas de Linares o La Unión, pero con estas declaraciones que se destinan a la posteridad soy muy respetuoso.
Julio Romero de Torres

domingo, 8 de noviembre de 2015

Cadáveres con arroz

Hughes
Abc

Los caprichos de la suerte es una novela inédita, es decir, tres cuartos de novela. Esto no importa mucho porque en las páginas, de más o menos hilatura, está todo Baroja.

 Su visión de la guerra por boca del personaje Goyena, en primer lugar. La revolución que «no se sabía lo que atacaba ni lo que patrocinaba», dice, de la que se relatan una buena serie de horrores. Es vista como una caterva de arribistas y ladrones, cuando no de revanchistas. En el campo es una forma de ventilar las más enquistadas inquinas españolas. «Sólo una dictadura inteligente, sin presión espiritual de ninguna clase» sería solución para la República.

La novela llega a las puertas de la Segunda Guerra Mundial, y la Europa posterior al 14 se juzga con severidad. Sus efectos se dejan ver: Alemania es una nación monstruosa, Francia ha decaído, el nacionalismo penetra en cada país y lo latino no importa nada. Baroja alcanza ahí un punto visionario: tras la agitación, España (y Europa) será una «Beocia, un rebaño estúpido y pacífico». 

Llegará una «época mediocre y apacible» donde la gente estará contenta.
Goyena es un liberal que le da la razón a los reaccionarios en su entendimiento negativo del ser humano, un liberal triste, en realidad, malthusiano y propenso al individualismo nietzscheano frente a la tiranía de cualquier Estado, religión u opinión pública.

El liberalismo pesimista de Baroja se revuelve contra lo anterior, pero no entra en el fascismo, el comunismo ni en el socialismo, en los grandes movimientos políticos del siglo XX. Observa materialismo en los dos bandos contendientes de la guerra nuestra, y ni la modernidad, con su eliminación del encantamiento y el misterio de la vida, ni el democratismo primario parecen seducirle. Es un liberal sombrío parado en un andén de la Historia, con una maleta y una boina, sin trenes a la vista.

Y su pesimismo con España es casi sensorial. Cuando narra la escapada de Madrid, un periplo casi cervantino hacia el Mediterráneo, las descripciones del campo son reveladoras. La tierra es árida, los ríos son secos. La estampa de Madrid en la lejanía es dura. Todo es desértico, murallas que se caen, derruidos paredones, cuevas habitadas y hasta la fauna (lúgubres búhos, bueyes, saurios) acaba llevando a un mundo previo a la Historia. Cuando relate los episodios revolucionarios hablará de un retorno español a la Edad de Piedra.

Es una España casi prehistórica la que ve Baroja, una naturaleza amenazante, donde los crepúsculos son siniestros, En las imagenes de estas páginas, el original de la novela, con correcciones del propio Baroja terroríficos, y sólo la noche mitiga el paisaje. Sólo la noche permite dulzura, «teatralidad y romanticismo».

Paisaje e Historia se dan la mano en la Guerra Civil y el desorden revolucionario se observa como una excusa para que en el campo desvele el odio y la cólera del peor atavismo español.

Goyena, que en Madrid y su País Vasco natal se camufla con el seudónimo, que huye de las peligrosas confusiones urbanas de Madrid y Valencia, encuentra un medio rural arrasado, terrible, casi bíblico. En sus andanzas con el cómico que le acompaña, la desolación se rompe sólo con el aire solanesco en las coplillas («Cadáveres con arroz » ) . El ingenio humano y la modernidad aparecen únicamente en el motor del camión de un miliciano, que para colmo «trabaja como si fuera miembro de la CNT».

Así que huye a París. Y aquí la novela entra en el detalle delicioso de tipos humanos del París previo a la guerra. Españoles en París como Azorín, o antes Bonafoux, que es mencionado.

Ahí se funde la coyuntura histórica con el Baroja íntimo, con el asunto barojiano de la lucha con el medio y la aventura.

París es aún el gran intercambiador de Europa y allí los desterrados, los exiliados sin ideología, «los turistas de categoría ínfima» descubrirán si son hombres con suerte o no, la única verdad importante.
Es el otro gran asunto de la novela, que aparece y desaparece: el azar. Pero azar es entorno, y eso liga con el tema de la aventura. Goyena teoriza sobre ella: «Aventura es dominar el medio». Pero la aventura tampoco es posible, y aquí aparece el disgusto barojiano con lo contemporáneo: el individuo dominado por lo social, la falta de misterio de la vida.

En ese París que tiene algo de baile de máscaras, donde coinciden los seres con seudónimo, las identidades trastocadas y donde los españoles asoman su tipo « medio quijotesco, medio tartarinesco » de individuos ruidosos por sistema, la historia sentimental de Goyena y Gloria alcanza el punto culminante. El amor es también, antes que nada, una invitación del azar.

La aventura es la voluntad barojiana, pero España y la Europa de mitad de siglo imponen un escenario para la mayor de las melancolías: « Mediocridad, mediocridad, mediocridad». España no, pero el azar tampoco.

Habría que pararse en la mujer. Las españolas en París, Gloria y Julia, discuten su suerte de un modo más fuerte. El aventurerismo en la mujer es distinto, pero existe y quizás sea más profundo. Romper con su entorno les resulta aún más difícil, y pasa por una rebelión más íntima, a veces contra el hombre.

La veleidad frivolona de la mujer no la entiende del todo Goyena, y su perplejidad sentimental es similar a la de La sensualidad pervertida. «A mí no me gusta la gente seria», replicará Gloria.

En esta casi novela, a una sentada de serlo por completo, está Baroja en sí. Esa tristeza de señor filosofante y seco en perpetuo disgusto al que España se le aparece como una incomodidad ambiental, y un destino inevitable (unidad de destino en lo individual aciago). Como una ventura sin mucho remedio.

Domingo, 8 de noviembre

Valle de Esteban

-Comencé mi carrera de escritor (¿es esto alguna carrera?) escribiendo en los periódicos.
Azorín

"¡Cuidado con los escribas!"

DOMINGO, 8 DE NOVIEMBRE

En aquel tiempo, entre lo que enseñaba Jesús a la gente, dijo:

-¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas, con pretexto de largos rezos. Éstos recibirán una sentencia más rigurosa.


Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales. Llamando a sus discípulos, les dijo:

-Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.

Marcos 12,38-44

sábado, 7 de noviembre de 2015

El chaqué


Hughes
Abc

Las mujeres tienen una frase con la que no contamos los hombres: «Va ideal». Esa frase es el máximo reconocimiento posible y la dicen con una sinceridad rendida, aunque odien a la mujer en cuestión. Los hombres no tenemos equivalente. De tenerlo, yo no se lo dedicaría ayer a Cayetano, novio de tarta, sino a sus hermanos.

A Fran por volver a llevar esa chistera que ya es como la chistera del guitarrista de los Gun’s Roses (es un poco el Slash de los toreros) o la de Tip. Que un bajito lleve esa chistera es… es de chapó. Pese a las críticas, se la vuelve a poner porque entiende que la elegancia es ir como Willy Fog y la mejor etiqueta consiste en darle copete a todo. Eso es, Fran Rivera es un individuo que siente la ceremonia como un alto copete y se pone una chistera aristocrática en el campo sevillano.

Y luego Kiko, que no llevaba chistera (hubiese parecido el Tribunal Constitucional), pero sí su primer chaqué. Kiko lo lleva todo como un chándal, cargado de hombros y como escocido, como Tony Soprano cuando salía a ver los patos por la mañana. Le tuvieron que medir el perímetro entre dos sastres y parecía un abrigo más que un chaqué. No le hacía esa curva descendente de pingüino, eran dos cortinones del Teatro Real. Aunque la elegancia de Kiko es llevarlo todo con la caciquil comodidad del chándal. Yo me pongo en chándal y parezco el masajista de la Linense. Se lo pone él y parece que va al Bada Bing, o un emprendedor ruso del sector servicios. En el chándal sale algo de déspota, ¡por eso lo llevan los Castro! Tiene una brutalidad escondida y llevarlo bien es la virilidad absoluta. Kiko chandalizó su chaqué. Le faltaba el pit bull. Fue ideal.

El partidazo



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Sin partir de la naturaleza del Régimen, no se va a ninguna parte.

Vivimos en un “Estado de partidos”, y lo que se ventila el 20 de diciembre es cuál será el partidazo que reparta, dejando el tabarrón catalán en manos de los leguleyos, que son muchos, pues no se oye más que publicidad de abogados.

Después de los partidos, “naide”, y después de “naide”, los abogados –diría hoy el Guerra.

Hasta la encuesta del CIS quita sitio al golpe de Estado catalán, mientras los analistas más finos piden el 155 como pedían los “Apache” (helicóptero de combate) cuando la guerra de Yugoslavia. “¿A qué espera Clinton para enviar a los “Apache?” “¿A qué espera Rajoy para aplicar el 155?” No ven que Rajoy, como los demás, se debe a un “Estado de partidos” que acabará aplicando, no el Código Penal, sino el 155, precisamente porque es inaplicable en el golpe catalán, con lo cual hará ruido y no irá a ninguna parte.

Es que los Pujol son una mafia que tiene amenazados a los partidos –deja escapar en la radio Rivera, que no dice por qué ni con qué amenazan a los partidos los Pujol, aunque algo debe de haber, porque Ibáñez ha metido a Mortadelo y Filemón en la campaña electoral, con caricaturas para todo el mundo, menos para los Pujol.

En Madrid estamos de puente, del cual uno daría dos días a cambio de un puesto de oyente en una cena con el general Rodríguez citando “Elegidos para la gloria”, de Tom Wolfe; Pablemos pegando la chapa con la teoría de la relatividad de Newton; y Errejón, una vez superada con nota su etapa de becario ful, repartiendo hegemonía como el Abstractor de Quintaesencias Gramscianas que es en el “Estado de partidos”.

Algunos podemitas debaten escolásticamente quién mató en Libia, si Rodríguez, que mandaba a los aviones, o Zetapé, que mandaba a Rodríguez. Pobres. Como no han leído los santos libros, no saben que la fuerza es la comadrona de toda vieja sociedad hacia otra nueva.

Marx quiso decir que Rodríguez es la comadrona de Errejón.

La compañera de viaje


Pablo Iglesias


Juana Reina

Hughes
Abc

Mañana sale una foto en el periódico que es una foto de Premio Pulitzer (en cuanto pueda la cuelgo).

Es el retrato al protagonista callado de todo este tiempo. Una foto a la coleta de Pablo Iglesias, tomada desde atrás y desde abajo. Como si el fotógrafo caminara de rodillas detrás de Iglesias.

Un poco fálica, incluso.

Vista así, la coleta se ve de otra manera. Es un primer plano y se la empieza a comprender en lo que tiene de sujeto callado.

La foto es tan buena que se le ve fuerza. De cerca, aislada, es una coleta rizada, exuberante. Parece una madroñera, ¡una madroñera de piconera!

La sensualidad de esa coleta se entiende en la foto, no antes. Esa foto es como un primer plano, una entrevista a la coleta.

Es un poco la corbata de Pablo Iglesias. La corbata por detrás, la señal de su compromiso y seriedad de nazareno. O sea, que no deja de ser un encorbatado.

Pablo carga con ella a las espaldas y le pesa, le pesa como una cruz de sensualidad. Es el lastre sexy de Iglesias.

Si no fuera por ella, sería sólo un señor tirillas, parecería un dibujo de Peridis.
Y que se iba a desfondar estaba claro desde que dijo que no se la iba a cortar. La persistencia en esa coleta le inhabilita para la Moncloa.

O la coleta encanecía como una escoba o la coleta se quedaba con toda la fuerza del personaje.

Porque no es una coleta, es una novia.

No es una coleta, es una compañera de viaje.

Pablo se cansa porque tiene que comer para dos, como una embarazada.

Sábado, 7 de noviembre

Valle de Esteban

-Gustábame más  fustigar a los tiranos, cantar las grandezas de la libertad, abominar de la esclavitud: mis tendencias democráticas me habían valido que se me conociese por "Sagasta", que en aquella época era el portaestandarte de las libertades.
José Millán Astray

viernes, 6 de noviembre de 2015

Donjuanes



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Rodríguez, un ex jefe del Estado Mayor del Ejército, se ha hecho berenjena (el morado es color intachablemente republicano) para “enamorar a Cataluña” (?), la región sin ley, aunque con un Estatuto que dobla en artículos a la Constitución de Corea del Norte, cuyo jefe, por cierto, acaba de fusilar a su ministro de Defensa por haberse dormido en un discurso.

Igual que Flóper buscaba galácticos para su Madrid, Pablemos busca donjuanes para su Doña Inés, que es Cataluña, donde nunca faltan monjas, y quiere que su ministro de Defensa sea Rodríguez, el hombre que tomó militarmente Barajas (“¡estado de alarma!”) cuando los controladores estaban haciéndole pasar un mal rato a Pepiño Blanco para coger el vuelo a Santiago.

¡Pablemos y Rodríguez! ¡George Washington y Alexander Hamilton!

Los yanquis veían a Washington y a Hamilton de uniforme y pensaban en la dictadura militar, porque Hamilton les recordaba a Julio César. Aquí, en cambio, ve uno a Pablemos y a Rodríguez de paisano… y sale corriendo.

Hay que ir a Cataluña con una propuesta que dé afecto, paciencia y diálogo –dice Rodríguez.

Ni Pitito.

Con Carmena en Madrid dando bolilla (“empatía”) a los “psicokillers” y Rodríguez en Barcelona dando afecto a los golpistas, el Puente Aéreo va a ser una sauna socialista.

Rodríguez no tiene buena cara. Parece una piola de sufrimiento. Es lo que tiene leer, en lugar de a Clausewitz, a Cotarelo, fisonómicamente mezcla de Wyoming y el comisario Conesa, catedrático de cabecera de Pablemos: “Cumplo con mi deber defendiendo una idea de nación de base federal y voluntaria, apuntalada en el reconocimiento del derecho de secesión”, escribe Cotarelo en “La desnacionalización de España”.

Con semejante programa, ¿para qué necesitaría Pablemos de un ministro de Defensa?

¿Quién iba a pensar que estábamos haciendo la mayor guerra de la historia contra un puñado de lelos? –dijo, lloroso, el ayudante de Galbraith durante el interrogatorio a los jefazos nazis.

En la muerte de René Girard



Jean Palette-Cazajus

Ayer, con 91 años, murió en Stanford, California, René Girard. Nacido en 1924, en Avignon, toda su vida creativa transcurrió en Estados Unidos. Tal vez para huir de la "French Theory" cuyos mandarines permanecieron reacios a admitir la enorme originalidad de su visión antropológica, tal vez porque era ajena a marxismos, estructuralismos y deconstructivismos que controlaban de modo férreo el pensamiento francés.

No le perdonaron que se descubriera cristiano a los 38 años. Tampoco hizo nada la Iglesia para asumir como suyo un catecúmeno tan disruptivo y heterodoxo.

Todo su pensamiento giró durante más de 60 años alrededor de dos ideas básicas: la primera considera que todos los conflictos humanos se rigen por el "deseo mimético". Todos nuestros deseos consisten en desear lo mismo que ya desea el Otro.

Extendiéndose de unos a otros, el "deseo mimético" termina llevando a la guerra de todos contra todos, la de Hobbes, lo que Girard llamaba "crisis mimética",  y el conflicto es inevitable.

En segundo lugar viene el concepto de"bouc émissaire", de chivo expiatorio -título de uno de sus libros más conocidos-, el cual, de forma a veces inmediatamente física, generalmente más simbólica y socialmente diluida, explica todos los conflictos humanos, incluso los más brutales. Los conflictos sangrientos reproducen en el fondo los primeros sacrificios rituales en que la víctima humana, con su muerte, aplacaba  la tensión homicida de la comunidad. Es el "mecanismo victimario".

La victima era culpable porque sí. Hizo falta recorrer un largo camino antes de que amaneciera la noción de "inocencia". Frente a la violencia colectiva, los propios griegos admitían que debe arder primero para apagarse después. 

Le gustaba citar una frase de los Vedas: "El sacrificio inventó a los dioses". Su libro más conocido en España es, precisamente, La violencia y lo sagrado.

Para Girard la primera víctima "inocente" fue Cristo. La revolución ética así engendrada era la condición para que la Cultura Occidental afirmara su absoluta originalidad. 

En una entrevista del 5 de Noviembre de 2001, a los pocos días de los atentados de las Torres Gemelas, Girard veía en aquellos acontecimientos el ejemplo perfecto de la "crisis mimética", y también resaltaba la terrible paradoja islamista, aquella que lleva a los asesinos a constituirse en las propias víctimas sacrificiales.

Es decir que hablamos de la peor subversión posible del proceso de civilización.

Girard decía aquel día:

"Parce qu'Abel sacrifie des béliers, il ne tue pas son frère. Parce que Caïn ne sacrifie pas d'animaux, il tue son frère. Autrement dit, l'animal sacrificiel évite le meurtre du père et du fils. C'est à dire qu'il fournit un exutoire à la violence".

"Porque Abel sacrifica carneros, no mata a su hermano. Porque Caïn no sacrifica animales, mata a su hermano. Dicho de otro modo, el animal sacrificial evita el asesinato del padre y del hijo. Es decir que ofrece una vía de escape a la violencia".

No se puede soñar mejor definición de la corrida de toros.

Viernes, 6 de noviembre

Valle de Esteban

-Estoy aquí para luchar por la Verdad, la Justicia y el American Way.
Supermán

jueves, 5 de noviembre de 2015

Decadencias otoñales

“Estáis obligados a sentir cada vez más odio”
                  Bilbao hace menos de un año


Francisco Javier Gómez Izquierdo

         Dejo Gamonal, donde las obligaciones para con los padres me ha tenido ocupado varios días alineando pastillas de veinte razas y caminando a ratos entre el semáforo de la Antigua hasta lo que fue la campa de los chalets de Aviación. Trescientos metros escasos que los hermanos considerábamos extraordinarios en las mañanas o tardes que nuestro padre los completaba. Cada día le cuesta más y el frío ya lo recluye en el portal que con la reforma de la escalera es un pista de más de veinte metros de largo para la ancianidad paralímpica.

       La decadencia de mi padre obedece a las leyes de la Naturaleza y no me coge desprevenido y sin avisar. Lo que no cabe en mi cabeza y se me hace incomprensible  es el disparate catalán con la chulería de la señora que han puesto de presidenta del parlamento. Nunca pensé que la desfachatez pudiera llegar a tanto, que la falta de respeto alcanzara tales magnitudes y que el odio llegara a envenenar hasta la total putrefacción del mas mínimo sentimiento de nobleza. ¿Por qué existe gente así? ¿Cómo se puede ser tan racista? Y las leyes ¿para qué sirven?

      He conocido y tratado a los peores de los más malos de los hombres y mujeres y hasta estos últimos días no había visto tanta chulería perpetrando delitos ni tanta debilidad en la Justicia, cada día más abstracta, por enigmática. No se me ocurre cómo acabarán los asuntos catalanes, pero de lo que estoy totalmente convencido es que estamos en tiempos de cosechar la cizaña sembrada en los institutos y de que estamos invadidos por rebaños de zotes logsianos incapaces de permanecer treinta segundos seguidos pensando y con los que no se precisa cachava para pastorearlos. Con un cencerrazo basta.

     ¿Y qué decir de este general que lo fuera no se sabe si del Ejército español o de una ministra de Defensa salida por Cataluña y que presumió más de preñez y de llamarse Carme que de aparentar marcialidad? ¿Cómo puede sobrevenir en paria podemita y supongo que “federalista a la moderna”, un señor que llegó a emplearse como el más fiel, leal y de mayor mando de todos nuestros generales? 

¿Que más nos queda por ver?

       -Que los curas salgan chivatos.

     Pues también es seta que brota en este otoño tan extraño.

El divorcio



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Estábamos en el besamanos de Mariano, que se fuma un puro sentado sobre el “prusés” como se sentaba Bakunin a fumar sus cigarros sobre un barril de pólvora (para poner a prueba los nervios de sus visitantes), y aparece el cenizo de Pedro de la Preveyéndola (Rosa Belmonte) con su cara de Seal (Emilia Landaluce), a vendernos el “divorcio socialista”.

¡Es que yo tenía 9 años!
Hombre, Pdr, que a esa edad Guerra andaba con los limones sorianos de un patio machadiano (está en una tira de Gallego & Rey que les costó un disgusto). Si usted no sabe lo que no sabe, es por gandulería arrogante. O porque lo ha estudiado en la fabla culta (onomatopéyica) de las montañas de Aragón, como ordena el socialismo maño, y ahí querríamos ver “La pensée sauvage” de Lévi-Strauss.
El divorcio viene cuando las cosas del amor pasan de la fase poética a la fase médica, y ahí tenemos a Enrique VIII, que por un divorcio se hizo cargo de la jefatura de la iglesia (dígale usted, Pdr, a la Reina de Inglaterra esa majadería pijo-liberal de que la religión es privada), o a Napoleón, quien, harto de cuernos, entre discusiones de divorcio con Josefina, visitaba a la comisión redactora de su Código, salpimentado de recelos antifeministas.

Precedido de una campaña cultural de Ozores (la mujer no podía tener cuenta bancaria, pero, a cambio, el hombre podía ir al talego por adúltero), el “divorcio socialista” que nos vende Pedro de la Preveyéndola lo firma Suárez, que viene de la Falange, cuyo jefe lo combate como “una especie de corrupción, no menos vituperable que la organización por empresas sin conciencia para alcoholizar a los negros de África o a los isleños del Pacífico”, pues entiende la vida “como milicia y servicio”, y el matrimonio, como algo que “sólo debe desenlazarse en maravilla de gloria o en fracaso sufrido en severo silencio”.

Si nada es eterno, yo quiero ser tu nada –se dicen los novios de 9 años por wasap.
Ahí es nada, el enigma de la nada.

Pablemos y su ministro de Defensa


Jueves, 5 de noviembre

Valle de Esteban

-Se puede decir que los Estados Unidos de América son el único país del mundo que fueron fundados en explícita oposición a los principios sobre el poder de El Príncipe de Maquiavelo.
Leo Strauss

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Lo que hay



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

El mejor indicio de lo que hay es esta confidencia de Rivera:
Cuando veo a los rivales, pienso: ¿por qué no vamos a ganar?
Lo de Rivera, en lógica, es como lo de Sócrates: todos los catalanes son pactistas; Rivera es catalán; luego Rivera es pactista.

Rivera se presentó en La Moncloa con un pequeño pacto (“¡Pacto por España!”) entre colegas comprometidos a respetar (¡esta vez sí!) el Gran Pacto, como llamaban a la Constitución.

Políticamente, Rivera no sabe de mucho (ni siquiera del lastre que para la Segunda República supuso el Pacto de San Sebastián, que era catalán), y, confundiendo socialdemocracia con democracia, dice que pactar es lo propio de las democracias.

Hombre, en la única democracia formal conocida no vemos a Donald Trump, dueño de encuestas tan favorables como las que pueda tener Rivera, acudiendo al Despacho Oval para ofrecer a Obama un Pacto por América porque unos amish, un suponer, se hayan subido a un campanario en Ohio.

En aquella democracia se separan los poderes, no los Estados: el Ejecutivo es un poder separado, y ejecuta. En este “Estado de partidos” (Manuel García Pelayo) todos quieren separar las regiones, no los poderes, y el Ejecutivo, en lugar de ejecutar, pastelea, como desde doña Rosita la Pastelera se llama en España al pactar.

Los nacionalistas catalanes no tienen la gracia de los amish, famosos por su humildad y por su alemán de Pensilvania, como el Pep, aunque no aceptan subvenciones del gobierno, y, si se suben al campanario, es para llamar a la reunión dominical.

Pero ellos son una pata (la otra es el socialismo gonzalón) del dolmen constitucional del 78. Para ver satisfechos sus deseos, no tienen más que amenazar con “quitarse”. Y cuando amainen este ruido y esta furia sin sentido, tendrán su País de Nunca Jamás (¡el régimen… fiscal!), “federado” a un “Frankestein Federal” que traen a España los jóvenes Gene Wilder (Snchz y Rivera), con Pablemos de Igor (Marty Feldman).

Es lo que hay.

Miércoles, 4 de noviembre

Valle de Esteban

-Nuestro gobierno no tiene ningún sentido a no no ser que se base en una muy profunda y sentida fe religiosa; y a mí no me importa la que sea.
Dwight David «Ike» Eisenhower

martes, 3 de noviembre de 2015

Moral oval



Hughes
Abc

Los refranes están mal vistos, pero luego la gente repite sin cesar cosas como «El rugby es un deporte de villanos jugado por caballeros y el fútbol bla, bla, bla...». Con el reciente mundial (Movistar+) ha sido abusivo. Además de que hasta en pilates empiezan ya con la haka de los All Blacks (la haka es como el inicio arqueológico de la zumba), el rugby ha disparado la moralina del «Aquí sí hay valores ¡y no como en el fútbol!».

El rugby tiene una nobleza artificiosa. Hay un mezcla nada natural de tipos patibularios y modales exquisitos. Es como ver a Hollyfield abriéndole la puerta a Jason Statham con un gorrión herido entre las manos. Es una representación, la gente no es así. Con el cráneo resquebrajado sacan fuerzas para aplaudir al rival, hacen danzas rituales de ferocidad caníbal, pero luego beben juntos, y ante el árbitro bajan la cabeza como Chechu ante Emilio Aragón. Y representan un único tipo moral: los Starks (en el fútbol también hay Lannisters, hay de todo). Es un campo de batalla medieval en el que se observan aristocráticas reglas universitarias. Un deporte en el que siempre se han comportado como si estuvieran rodeados de cámaras.

Sin embargo, el fútbol no está embalsamado, es el rey del darwinismo deportivo. El fútbol es el hombre, el rugby es un magnífico primate del que podría enamorarse Jane Goodall. Es como pedir que el ajedrez se juegue con el espíritu del mus. Las comparaciones hieren. Mientras un All Black evitaba el placaje de un niño, lo llevaba ante su mamá y le regalaba su medalla, Piqué ensayaba el Thriller en Getafe con Alba vestido de Shrek. Ahora ya no bastará si Ronaldo le regala la camiseta a un niño, tendrá que darle la bota de oro. Y Alves decirle «Yes, sir» a Fernández Borbalán.

Pero lo primero distinto en el rugby es el público, que jamás pitaría un himno ajeno. No lo hacen porque van a una ceremonia (Ibrahimovic en el rugby sería como Adam Sandler en el teatro kabuki). Después de haber dado un sentido diario a la vida de medio planeta, pedirle al sobreexplotado fútbol el primitivismo ritual del rugby es injusto.

A los escrupulosos de los valores les diría que no padezcan más: el día del Barça-Madrid se quedan viendo melés y tan contentos.

Sopa de ganso

Groucho ante el espejo de "Sopa de ganso"


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

La cara amable del tabarrón catalán es que España puede pasar a la Historia como la primera nación que se “rompe”, no por la guerra, como manda el reglamento, sino por el morro.
En España, un poco de morro es mucho. Acuérdense del 31, cuando Azaña se presentó en Gobernación del bracete de Miguelito Maura, dijo (temblando como Mas en el Juzgado) que querían el Gobierno… y se lo dieron.

Con cinco años de asaltos de tanteo (para medirse la pegada), los separatistas, que saben a dónde van y son mejores tenderos-abogados, le han echado morro y plantean una batalla final (circunstancias, fechas y plazos muy estudiados) que tiene al Estado haciendo de Groucho en la escena del espejo de “Sopa de ganso”, y a esto el periódico global lo llama la bomba atómica del 155.
Menos contemplaciones y más cogotes de Rato, es lo que desea la calle, entendido “cogote de Rato” como unidad de medida del brazo secular español.

El mundo político de hoy consta de una multitud de mediocres, de un número bastante menor de agitadores y de un puñado de santos –escribe Patrick E. Kennon en “El crepúsculo de la democracia”, de 1996.

Para Kennon, ex de la Cia, los que determinan el sistema son los más, los mediocres, cuya adoración a los hábitos del poder es sólo comparable a su terror a enfrentarse a los problemas reales y decidir acerca de ellos.

No tomar decisiones drásticas es, pues, la mejor manera de mantenerse en el poder, concluye Kennon, para quien aquellas sociedades que sigan administrándose “por individuos cuya única cualificación es la de ganar elecciones irán de fracaso en fracaso y eventualmente desaparecerán de la escena”.

En la vida, si un camorrista agrede a un señor bajito, éste acude a un abogado. Pero si ese mismo camorrista agrede a un señor fuerte (¡el Estado!), se lleva un guantazo. Salvo en una película de Hulk Hogan, en que el gigantón cae sobre un mequetrefe que le afea que quiera pegarle:

¿Pegarte? Peor. ¡Te arruinaré en abogados!

Martes, 3 de noviembre

Valle de Esteban

-Nunca ofreceré excusas en nombre de Estados Unidos. No me importan cuáles sean los hechos.
George Bush

lunes, 2 de noviembre de 2015

"Entre reverencia piadosa y ansiedad"



Saludo al noble Senado: 

Hoy, día de Todos los Santos, estuve hace unas horas llevando  flores al panteón familiar. Entiendo que la noticia no tiene por qué fascinaros.

El caso es que tampoco la muerte es ya lo que era y lo será cada vez menos. Esta mañana, en Le Monde, venía una interesante noticia preconizando el uso y el auge de los ataúdes de cartón para abaratar los costes y limitar ecológicamente el uso de la madera... Total, el difunto no se va a enterar... y menos si se le incinera... De paso recordaremos que, para los secuaces de la Sumisión, nada debe interponerse entre el cadáver y la tierra...

Los "transhumanistas" aseguran que la propia muerte terminará por desaparecer del horizonte humano con los progresos de las biotecnologías. Me lo creo porque el ser humano se caracteriza precisamente por ser el único ente biológico cuya vocación consiste en dejar de ser sistemáticamente lo que fue y en no bañarse nunca dos veces en el río de Heráclito. Por eso los egipcios tenían dioses con cabezas de animales. Porque sólo los animales parecen eternos.

Por eso Homero se refería siempre a los humanos como "mortales". De momento el adjetivo sigue competitivo en el mercado.

Aquí, hace dos semanas, un vídeo clandestino rodado en el matadero de Alès revolucionó los telediarios y revolvió numerosos estómagos, incluido el mío. Mostraba la manera sórdida con que se sacrificaban numerosas reses, saltándose -veremos que nada sería más inadecuado que añadir: "a la torera"- la normativa vigente. Si buscáis en You Tube: "video abattoir d'Alès", os saldrá un florilegio donde elegir...

Conozco Alès, por razones familiares. Ciudad de unos 40.000 habitantes, en el sureste de Francia, siniestrada económicamente desde los años 70, cuando cerraron las minas de carbón que prosperaron durante casi dos siglos. El entorno natural es agreste y hermoso, pero la ciudad es una de las más feas de Francia. Es tierra tradicionalmente hugonote, pero también... taurina. Situada a unos 45 km al noroeste de Nîmes, tiene anualmente su feria. 

El tema de los mataderos viene de lejos. Lo abordé (demasiado por encima) en un trabajo publicado en N° 29 de la Revista de Estudios Taurinos. Es decir, el hecho de que sean los mataderos uno de los secretos más obviados de nuestras sociedades, el hecho de que los "matarifes" sean tal vez, en Occidente, el único oficio donde cabe encontrar, como en la India, una semántica de la "souillure", de la impureza, la "polucion" en sentido etnológico.

Me di cuenta de que lo más chocante, para mí, de aquellas imágenes, era el marco productivista e industrial en que se producían... la truculencia de la sangre y la muerte orgánica multiplicada por la frialdad mineral de las instalaciones industriales... Me di cuenta de que dicho vídeo resultaba más insoportable que las imágenes cotidianas en que vemos a nuestros congéneres troceados, desollados y hechos picadillo en los cotidianos atentados que salen en los telediarios... mientras cenamos tan tranquilos... algo tan enorme que no me atrevo ni a empezar a comentarlo... Sólo insinuar tal vez que la compasión zoófila es probablemente uno de los sentimientos más poderosos que existen, y de lo más falso y perverso que haya engendrada la tortuosa psiquè humana.

La siguiente semana saltaba la bomba informativa sobre la peligrosidad del consumo de carne. Le faltó tiempo a un escritor argentino, que sólo conozco de nombre, Martín Caparrós, para publicar en El País un artículo titulado, allí queda eso, "Comer carne es invertir el orden histórico y validar la injusticia". Es un catálogo de todos los tópicos de la secta... También cita, cómo no, los conocidos datos sobre el coste ecológico de la producción de carne. Datos que conozco y comparto al cien por cien, dicho sea de paso.

En el citado articulo de la RET (todo un catálogo de buenas intenciones que no desespero de densificar en libro si la vida deja de una puta vez de arrearme dentelladas), recordaba, también demasiado de prisa, cómo los griegos sólo consumían, prácticamente, la carne procedente de los sacrificios... Citaba a mi venerado maestro que explicaba, entre bromas y veras en un artículo de 1996, uno de los últimos de su vida, que tal vez la solución consiste en volver a cazar y matar nosotros mismos aquello que vamos a comer.

Hoy hay una peña, no creo que sean multitud, que preconiza efectivamente, que sólo tenemos derecho a comer aquellos animales que nosotros mismos hayamos matado. No sé si conocen dichos sujetos el citado texto del maestro Lévi Strauss. Él consideraba que sólo nos podemos mover frente a los animales "entre reverencia piadosa y ansiedad", frase que le robé para titular mi trabajo, que al menos tenia así cuatro palabras de altura...

Frente al vergonzante secreto de los mataderos, está la muerte orgullosamente exhibida por la tauromaquia. El único caso en todo Occidente...

Porque habréis reparado que en nuestra sociedad se censura la Muerte mientras en cambio se exhibe ,¡con qué complacencia!, el Crimen...

Lo único positivo de la estúpida, perversa y casposa tradición de la concesión de orejas en la plaza, es el recuerdo de su origen histórico. Si no me equivoco, era el comprobante con que el diestro podía entrar en posesión de la canal del toro para comerla o venderla en las tablas de la carnicería, es decir haciendo bueno su derecho ético a alimentarse directa o indirectamente de lo que él había matado...

Jean Palette-Cazajus

El Valls de Manolo




Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Cuando, en la primavera de 1453, los turcos tomaron Constantinopla, los monjes bizantinos discutían si las mujeres tenían alma y cuántos ángeles cabían de pie en la punta de un alfiler. Hoy, cuando la hidra separatista se aprieta con las paredes como la hiedra de Los Panchos (“Jamás la hiedra y la pared / podrían apretarse más…”), en Madrid el periodismo deportivo discute con Pablemos del alma de Cristiano.

    –Cristiano… Alma… ¿Lo pillamos?

    Pablemos podía decir lo del alma de Cristiano como aquél que dice lo del nota que tenía tan mala suerte que fue a los toros y le pegaron un balonazo, pero es un tipo sin gracia, porque es un doctor complutense e iletrado, valga la redundancia, que va por la vida regalando… libros. Su frescura, pues, es la frescura de España, que “justifica” el vals de Manolo Valls.
    
Manolo Valls es el primer ministro de Francia (por cierto, único país continental con sistema electoral representativo, gracias a De Gaulle, el general que se parecía a Courtois), y en España tiene buena prensa porque tiene la pulsión autoritaria (¡tan española!) y una leyenda de hijo de exiliado que le han inventado los columnistas avanzados. El “exilio” de Xavier Valls, el padre, consistió en trasladarse a París en el 49, no a liberar la ciudad, cosa que ya había hecho la gente de Patton cinco años antes (en Madrid hace ilusión pensar que fueron los españoles de “La Nueve”), sino a vender sus bodegones figurativos, que en Barcelona no tenían salida. Es decir, que Valls estaba tan “exiliado” en París (para envidia, y gorda, de Tàpies) como Cristiano en Madrid o Messi en Barcelona.
    
El pintor tuvo un hijo, Manolo, que de la mano de Hollande, el amante de comedia francesa motorizado, ha llegado a ministro del Interior, cargo en el cual se permitió expulsar a los gitanos de París, y primer ministro, cargo en el cual se ha permitido abrir las puertas de la Liga francesa al “ejército desarmado de Cataluña”, que es como otro Manolo, Vázquez Montalbán, crítico gastronómico de la clase obrera, llamó al F. C. Barcelona. La frase es una bobada, pero son las bobadas las que hacen historia (piénsese en “el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo” de Lincoln en Gettysburg, adquirida por De Gaulle, ay, para su Constitución francesa).
    
Valls tiene cara de depredador nocturno, pero su frivolidad futbolera revela a un alimoche, aunque en la España socialdemócrata, donde ya no se puede ser más simple, la afrenta se ha tomado como un cumplido.

    –Es que Monsieur Manolo es culé.
    
No, Valls es aquello que no quería ser Borges, catalán, “porque los odian en España” (en realidad, los temen) “y entre los franceses se nota en seguida que son impostores” (en seguida, no, pues a éste ya lo han hecho primer ministro).

    Hughes hizo aquí el esfuerzo de imaginar la Liga francesa con el Baggsa, y le salió redondo (“Sólo por la posibilidad de Pep hablando en francés merecería la pena todo ese lío. Ni los susurros de Jane Birkin en el ‘Je t'aime’...”), porque Hughes hace eso que es vicio en el toreo y virtud escribiendo, el redondeo. Es un tipo que, por intentar entender lo que pasa hoy en España, lee a Gerhard Leibholz. Y a ver qué comentarista (no de deportes, sino de política) ha oído hablar (no vamos a decir que lo haya leído) de Gerhard Leibholz.


CARISMA Y NORMALIDAD

    De las tres formas de legitimación de Max Weber, tradición, razón y carisma, Benítez podría contar con las dos primeras: es de la casa y curra mucho y bien. Una mezcla de Aragonés y Lobanovsky. Carisma, no. En política, hoy, no lo tiene nadie, y en el fútbol, sólo Mourinho, aunque Valdano tenga ya la boca abierta como en el juego de la rana a la espera de la breva que pueda caerle de Chelsea, barrio del que también echaron a Marx, aunque no por razones políticas, como le hubiera gustado al profeta, sino por no poder pagar el alquiler, como contó Jenny, su mujer, en una carta. La portera del inmueble, para reclamar cinco libras, llamó a los alguaciles, y la lió. Dicen que lo de Mou serían cuarenta millones de euros, aunque en Madrid no cobró el contrato. A eso Valdano lo llama “ser un entrenador normal”.



Lunes, 2 de noviembre

Valle de Esteban

-El sevillano sueña en el salto heroico, un "salto de Alvarado" del éxito, orientado a lo maravilloso, al prodigio capaz de resolver de un golpe, sin otros, menudas y despreciables combinaciones, los conflictos.
Rafael Laffón

domingo, 1 de noviembre de 2015

Domingo, 1 de noviembre

Valle de Esteban

-El muerto al hoyo y el vivo al bollo.
( Primera ley de la socialdemocracia)

Bienaventurados

DOMINGO, 1 DE NOVIEMBRE

Viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo:

-Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.

Mateo 5, 1-12