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lunes, 22 de junio de 2026

Evasión o victoria


Usa'26


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Los Usa querían otro Mundial, pero la Fifa optó por Catar, donde Messi se movió luego como en un parque de bolas. El mosqueo de los Usa llevó al FBI a husmear en los bajos fondos de la Fifa, cuya cúpula cayó, y apareció Infantino, que habla seis idiomas (al séptimo, descansó) y le dio su Mundial, que es en el que estamos, a los Usa, y un “Fifa de la Paz” a Trump, quien lo llevará de corona (“In hoc signo Vinces”) cuando el ejército del pequeño Marco Rubio invada Cuba para atrapar a Raúl Castro, amigo, ay, de Infantino, que hace años viajó a la isla para ponerle al pequeño dictador (hermano del grande dictador Fidel, alias el Caballo) una camiseta con su nombre y el número “9”.


–El presidente Raúl Castro ya marcó muchos goles en su vida y ahora va a marcar goles de fútbol –dijo Infantino en español al colocarle la zamarra a su amigo cubano, hijo de gallego y libanesa, como la propia esposa de Infantino.


El caso es que estamos en el Mundial de los Usa del octogenario Trump, cuyas dos máximas estrellas son dos cuarentones, Messi y Cristiano, todo lo cual, unido al espectáculo policial y parapolicial del gobierno hacia los invitados, apunta a un “remake” cutre de “Evasión o victoria”, con Trump haciendo de John Huston, el viejo que dirigió aquella cutrez únicamente por dinero. Allí los actores no sabían jugar al fútbol y los futbolistas no sabían leer un papel. Sólo se salvaban, como futbolista, Pelé, en el papel de Luis Fernández, cabo del ejército de Trinidad y Tobago, y como actor, Michael Caine, que hacía de capitán británico John Colby (jugador del West Ham al inicio de la guerra), aunque Caine, con 47 años, se presentó al rodaje más pasado de kilos que Hazard a su presentación en el Real Madrid.


Con varios focos de guerra en el planeta, a nadie sorprendería un “cisne negro” (novela de Nassim Nicholas Taleb) en pleno Mundial. Entre guerra y guerra, Trump, que es del United por su amistad con los Glazer, avisa: “Es hora de un nuevo campeón. Un país que nunca haya ganado. Eso lo haría memorable”. Ya están tardando los persas en poner esa condición.


[Sábado, 13 de Junio]



Michael Caine en Evasión o victoria

domingo, 14 de julio de 2024

Gobernantes octogenarios




Martín-Miguel Rubio Esteban


     La patética demencia senil del viejo verde Joe Biden no debe llevarnos a la precipitada conclusión de que la edad de los ochenta años es incompatible con un maestro ejercicio del poder político. Muy por el contrario, la mayor parte de las grandes figuras de la Historia política ejercieron el poder a esa edad y con grandes éxitos para sus pueblos en muchos casos. Pongamos algunos ejemplos de distintas épocas y países. Nabucodonosor, Darío I, Augusto, Justiniano, Carlomagno, Juan II de Aragón, Luis XIV, Wellington, Palmerston, Francisco II de Austria, Metternich, Palafox, San Martín (Juan José), Espartero, Luis XVIII, Luis Felipe de Orleáns, Victoria I de Inglaterra, Disraeli, Bismarck, Moltke, Garibaldi, Pío IX, León XIII, Porfirio Díaz, Clemenceau, Foch, Guillermo II, Hindenburg, Jorge V, Antonio Maura, Petain, De Gaulle, Stalin, Pío XII, Marshall, Juan XXIII, Winston Churchill, Konrad Adenauer, Juan Pablo II, Benedicto XVI, Papa Francisco, Pablo VI, Helmut Kohl, Ronald Reagan, Gerald Ford, John Adams, Thomas Jefferson, James Madison, James Monroe, John Quincy Adams, Andrew Jackson, Martin van Buren, Herbert Hoover, Harry S. Truman, Kissinger, Mao Tse Tung, Francisco Franco, Manuel Fraga Iribarne, Hirohito, Fidel Castro, François Mitterrand, Erich Honecker, Papandreou, Golda Meier, Fanfani, Andreotti, Silvio Berlusconi, Sergio Mattarella, Mario Soares, Jaruzelski, Chu en Lai, Ho chi Minh, Malenkov, Molotov, Lizardo García Sorroza, Francisco Andrade Marín Rivadeneira, Alfredo Baquerizo, José Luis Tamayo, Isidro Ayora, Luis Larrea, Oliveira Salazar, Neptalí Bonifaz, el gran orador ecuatoriano José María Velasco Izarra, Juan Esteban Pedernera, José Evaristo Uriburo, Hipólito Yrigoyen, Pedro Pablo Ramírez, Edelmiro Julián Farrel, Juan Domingo Perón, Arturo Frondizi, Arturo Umberto Illia, Roberto Marcelo Levinston, Carlos Menem, Isabel II de Inglaterra, o Juan Carlos I, entre otros muchos. Muchos de los aquí señalados fueron también viejos rijosos, pero ninguno hizo gilipolleces en su labor política. Lo que sí es un hecho es que el que de joven ha sido un idiota y un cretino, de viejo es más idiota y más cretino. Todos los vicios crecen con la edad. Pero el que nació con grandes dones intelectuales, de viejo la experiencia lo convierte en un consagrado maestro. Toda la noble asamblea de guerreros aqueos que se describe en la Ilíada, asamblea de reyes con skêptra, o cetros, guarda reverente silencio cuando el octogenario Néstor, hijo de Neleo y rey de Pilos, toma la palabra, y hasta Agamenón tiene que aceptar sus propuestas, aunque sea a regañadientes. Al viejo Néstor Homero le da el sobrenombre o epíteto de “Hippota”, en cuanto que era el mejor táctico aqueo en el uso de los carros de guerra, el Guderian de los griegos: saber mover los carros en una batalla es ciencia y experiencia. La sabiduría experimentada de la vejez la vemos en el mismo mundo griego en los términos políticos, como el de “dêmogérontes”, que formaba el consejo político de la ciudad antigua, o en la institución espartana de la “gerousía”, que es el “senatus” romano que reúne a todos los “patres familias” cuyos ancestros fundaron Roma. Al rey, en griego “basileùs”, con frecuencia Homero lo llama “gérôn”, título de honor, independiente de la edad (Aquiles, Diomedes o Áyax no eran viejos, gérontes), precisamente porque en la palabra “viejo” se encerraba una venerabilidad que emanaba de una autoridad. Si el joven Héctor lleva el epíteto de “korythaíolos”, o su sinónimo “chalkorystês” —“el de resplandeciente casco”: la juventud resplandece de tal fuerza que asusta al pequeño Astianacte—, Néstôr es “hippokorystês” (que lleva casco con penacho de crines de caballo). El joven en política, en el mejor de los casos, es un técnico o un gerente aseado de conocimientos parciales, pero el gran político viejo es un guía. En general, quien aprovechó bien los placeres de la juventud sabe ser un buen viejo. En Zamora se suele decir que “quien de joven no trota, de viejo galopa”. El que gozó ampliamente de la vida, acepta la declinación física y sexual —que no intelectual— como un fenómeno justo, confortado por dos viáticos generosos, que son el recuerdo y la sabiduría de la experiencia. Repárese que Fausto, que es el emblema del hombre viejo que busca la juventud a costa de todo, no lo hace, como se cree generalmente, por el deseo de gustar de nuevo placeres perdidos con los años, sino para ponerse en aptitud de gozar de lo que no gozó nunca; por poder rectificar una vida que dedicó a la sobriedad y al estudio y que ahora, a la vejez, juzga malgastada. Goethe, tan conocedor del alma humana, sabía, pues, lo que hacía al encarnar a su Fausto en un sabio austero y no en un calavera. El viejo debe adaptar su actividad a sus fuerzas, y la actividad política no le supone, si la ha experimentado, una cima insuperable; por el contrario, su experiencia le hacer ser un magnífico jugador de la política, aunque tenga que tener ya al médico como compañero cotidiano, lo mismo que Winston Churchill tenía al simpático doctor Lord Moran. Ya Galeno decía que la tristeza del viejo depende de desear lo que no puede conseguir; y nada se ha podido añadir a esta verdad del padre inmortal de la medicina. Galeno calificaba a la vejez (gêras) como ese estado en que los signos de la salud son neutros, ni sanos, ni malsanos. Esa salud neutra, entre la debilidad de la mala y el vigor de la buena, hace que el juicio del político viejo sea ponderado, equilibrado, experimentado, ni pesimista ni optimista, ni apático ni furioso, justo. En cierta ocasión, en un debate televisivo, Rajoy le dijo a un impertinente invectivador Sánchez: “Usted es demasiado joven”. Tenía razón. No es la vejez lo que descalifica a Biden de la presidencia de los EEUU, sino una enfermedad que suele estar asociada con la edad avanzada, pero que no castiga a todos los viejos. Una breve mirada a la Historia nos enseña que el ejercicio del poder por parte de gobernantes octogenarios, incluso en graves conflictos bélicos o grandes crisis económicas, ha salvado a sus pueblos. Pensemos, además, como Gregorio Marañón, que los errores de los viejos fueron casi siempre verdades en su tiempo. Esto nos enseñará a ser a la vez indulgentes con los que nos precedieron y modestos con los que nos siguen en la lucha por la vida. Nada da la medida de la verdadera edad del hombre como su curiosidad. La expresión genuina de la vitalidad, no es la fuerza física ni el ímpetu erótico, sino la curiosidad. El ser curioso es lo contrario de ser frívolo (v. gr. Yolanda Díaz). Y así como el abandono de los deberes depende de la frivolidad, su cumplimiento, el cumplimiento del deber y de esa forma suprema de sentir lo que es inventar el deber nuevo, nace de la curiosidad. Mientras la curiosidad se mantiene viva, no sólo está el espíritu alerta, sino que se cumple rigurosamente la misión específica que uno se ha impuesto. El afán de mejorar el país, que debe permanecer en el gobernante con cada aurora, es lo que lo alejará de la decrepitud. Por lo demás, a Joe Biden no lo va a salvar ni los injertos del olvidado Voronoff, y es bueno que así sea, porque el pobre está atontado y de hecho ya no puede presidir su país. Mientras, el pueblo americano aguarda impaciente con su mejor esperanza al juvenil octogenario Donald Trump, el presidente más joven desde Kennedy y Reagan. God save America.


Leer en La Gaceta de la Iberosfera

martes, 23 de abril de 2024

La motosierra

Georges Bernanos


 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


En la semana que muere O. J. Simpson, absuelto por un jurado americano del asesinato de su ex esposa Nicole y del camarero que la acompañaba, un jurado español declara culpable de homicidio al librero octogenario que en su casa de Ciudad Real mató de madrugada con su escopeta a un intruso hondureño armado con una motosierra, por lo que recibirá más sanción que la cumplida en su día por el carnicero Chaos por cada uno de sus asesinatos.


El jurado popular es un instrumento de la cultura jurídica anglosajona, basada en el precedente judicial, que no pide un gran conocimiento de las leyes, frente a la cultura jurídica europea, basada en el derecho romano, cuya complejidad requiere de un gran dominio técnico. Los constitucionalistas del 78, un ingeniero agrónomo y un director teatral, se apuntaron al jurado porque en su Constitución había de caber toda la moda, como en la planta de oportunidades de Sepu, y les salió un “monstruo de Horacio” (ver el arranque del “Ars poética”) que, por un lado, garantiza la inviolabilidad del domicilio, y por el otro, se abre a los jurados populares que condenan al librero ciudadrealeño por defenderse en su casa y que absuelven a los policías que con ariete echan abajo, sin orden judicial, la puerta de un domicilio donde se celebra una fiesta.


–Los abogados siguen buscando una definición del concepto de Derecho –dijo famosamente Kant.


Pues que dejen de buscar, porque el Derecho, con los llamados Estados de Derecho, dejó de existir, y su lugar lo ocupa lo que Dalmacio Negro llama el “nihilismo jurídico”. Lo explicaban estos días “las expertas” de la televisora woke ABC con motivo de la muerte de O. J. Simpson:


–Recordemos el contexto. No se trataba de que Simpson fuera culpable o inocente. Si preguntabas, todos te decían: “Oh, sí, él lo hizo”. Se trataba del Sistema. En el 92 habían quedado libres los policías que pegaron a Rodney King. Así que en el 94 tenía que salir libre Simpson. Después de todo, los policías matan más.


El fiscal del librero ciudadrealeño, que ignorará el cuento del molinero y Federico II, hacía al procesado la pregunta saducea de la casa, porque usted lo que defendía era la casa, ¿verdad? ¿Qué puede defender uno hoy en España, su casa, cuyo derecho de propiedad está a punto de extinguirse, o su vida, en una sociedad que proclama el aborto como “derecho humano fundamental”?


Todos estos disloques tienen un solo fin: la domesticación social. Tras el 45, observó Bernanos, y Muray lo recoge, se empezó a fabricar, a toda velocidad, en serie, “una humanidad dócil, cada vez más dócil, a medida que la organización económica, la competencia y las guerras iban exigiendo una reglamentación más minuciosa”. Somos la sociedad que aplaudía en los balcones a los carceleros que la confinaban ilegalmente, y la Constitución canta al despotismo ilustrado con la música prusiana de que “la justicia emana del pueblo y se administra en nombre del Rey”.


[Martes, 16 de Abril] 

sábado, 31 de diciembre de 2022

En la muerte de Benedicto XVI


Erección de la estatua compostelana

 

QUIEN CREE NO ESTÁ SÓLO

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc

ENVIADO ESPECIAL A SANTIAGO DE COMPOSTELA

Visto y no visto. No es más que un instante de claridad. Pero es la claridad de la majestad que impone el peso de la púrpura, esos dos mil años a cuestas de un hombre octogenario señalado para buscar y salvar lo perdido. Es el Papa Benedicto XVI en Santiago. Apenas medio segundo que nos lleva tres horas de espera.

—Pero quien cree no está solo.

Por la avenida de Juan XXIII, el «papamóvil» pasa velozmente, precedido por un vehículo que podría ser el del ministro Rubalcaba haciendo de «safety car». El visto y no visto pinta una desilusión como la de «Bienvenido Mr. Marshall».

En el «papamóvil», frente al Papa, hemos visto a su secretario, Georg Gaenswein —cuya elegancia, al decir de las comadres, inspiró a Donatella Versace una colección de camisas—, y al arzobispo de Santiago.

—¿De Santiago? ¡No, «home»! De Zamora. Fresno de la Polvorosa— corrige un señoruco que cree que se discute la cuna del señor arzobispo
—. El pueblo donde tiran a la cabra del campanario...

Para llegar a la avenida de Juan XXIII ha habido que rodear la ciudad de Santiago, con todos los callejos del centro cerrados por la Policía: policías hechos y derechos mezclados con policías novatos en prácticas de Academia. ¿Quiénes de ellos perderían el otro día los papeles secretos de la seguridad papal que un ciudadano anónimo devolvió a la autoridad?

Con las de Juan Pablo II, es la tercera visita de un Papa a Santiago, y en la tertulia de valla se establecen las comparaciones:

—El polaco era más simpático.

—Pero el alemán habla más idiomas.

Es la traducción popular de las visiones que, a juicio de Peter Seewald, han establecido los medios:

—De Wojtyla estimaban la emotividad, el dramatismo de sus gestos varoniles; de Ratzinger, la nobleza, esa postura aristocrática al hablar y actuar, que recuerda a los grandes de la Antigüedad clásica.

Después de unos días de primorosa —aunque falsa— primavera, hace un frío sin sol en Santiago. En la valla se culpa de la demora a Rubalcaba, que entretiene al Papa en una audiencia.

—¿No es Jefe de Estado el Papa? ¿Qué hace entonces con Rubalcaba?

Ya tiene caso salir del sol de Roma para caer en la niebla de Santiago y que aparezca Rubalcaba, el hombre del día en la política local, sólo por haber presentado como un logro que la economía española crece al cero por ciento. La esperanza es que Benedicto XVI, gran amigo personal de Trappatoni, sepa improvisar un «catenaccio» para parar al hombre que en España presume de saberlo todo de todos.

En la valla de enfrente, muchachas rubias agitan una pancarta, «Tarnowskie Gory», que no sabemos leer.

—¿Qué comerá el Papa?
—pregunta una mujeruca.

—Ni las monjas que atienden al señor arzobispo lo sabían ayer
—responde un enterado.

Gran parte del público de valla o de cuneta está entre la adolescencia y la juventud. Grita y canta con una alegría que quita el frío. En Alemania se reza en las escuelas. Un periódico de Madrid envió a Berlín a un reportero para contrastar el laicismo alemán y se llevó esa sorpresa. «¿Y por qué se reza?», preguntó el reportero. Y le respondieron: «Porque una vez dejamos de hacerlo y nos fue muy mal».

La decisión de Ratzinger por el sacerdocio tuvo que ver con la atracción espiritual que le produjo el misterio de la antigua liturgia romana:

—El aspecto estético era tan sobrecogedor que era un auténtico encuentro entre Dios y yo
—confesará el Papa.

La TV gallega pondera el galleguismo del arquitecto gallego del escenario de la misa papal. Él da sus explicaciones, pero, metido en esa plaza universal, su aparejo viene a ser una metáfora del relativismo cultural que tanto ha combatido el Papa. Este localismo tan hispánico acaba por reducirlo todo a «performances» con sabor a pollo de albergue: gallega la TV, gallega la arquitectura, gallega la artesanía y gallega la música.

La música, precisamente, es lo que más ha cuidado esta vez el canónigo Búa, coordinador de las visitas papales, que salió insatisfecho de las dos experiencias anteriores.

Sin las verdades de la música, ¿cuál sería nuestro déficit de espíritu al caer el día? —pregunta el gran revisor de la cultura Steiner—. La música y el sentimiento religioso han sido inseparables. ¿Qué hay en el mundo semejante a la música? ¿A qué se parece la música?

Quizás a ese instante de claridad y estremecimiento al paso del viejo Papa de Roma por el Camino más antiguo de la Cristiandad. «Habemus Papam». Tenemos Papa.

[Publicado el 7 de Noviembre de 2010]

domingo, 5 de junio de 2022

Remembranzas trevijanistas (VI)



MARTÍN-MIGUEL RUBIO ESTEBAN
Doctor en Filología Clásica


La democracia, en cuanto división de poderes del Estado, fue analizada por Trevijano, teniendo como principales referentes a Jeremy Bentham, Montesquieu, Hamilton y Benjamin Cosntant. Pero la verdad es que los grandes referentes de esa mencionada división de poderes que principalmente la caracteriza se encuentran ya en Grecia y Roma. Todo el pensamiento político democrático que la especie humana ha producido surgió como terapia a lo que el viejo Platón, en el Libro III de “Las Leyes” (691 a), ayudado por el jovenzuelo Filipo el opuntio, denominó “la enfermedad de los reyes” (tò tôn basileôn nosêma). Y toda la ingeniería institucional del Estado ideada desde entonces nació como remedio o acesia a la curación de esa enfermedad de reyes que el octogenario Platón calificó de “extremadamente grave” (tês megistês nósou).

Esa enfermedad infecta y contagia (plerotheísa) la mente de todo hombre que ostenta un poder político, cebándose sobre todo en los que tienen el mayor poder. Tan terrible enfermedad consiste en que el poder infecta la sangre de todo el que lo tiene, de suerte que llega a ser el poder en sí quien domina al agente, quien esclaviza al que lo ostenta, escapándose por completo del control de éste como ente autónomo. Es así que el actante (el rey) se hace paciente de su instrumento infectante, y el término marcado, el poder, se hace actante, y la enfermedad reina sobre el rey. Esta misma idea la vislumbró Martin Heidegger en su penetrante comentario al segundo “stásymon” de la Antígona, de Sófocles. Sófocles, devoto de Asclepio, dios de la medicina, a través del Coro, nos señala que el hombre es un ser maravilloso, pero terrible (“deinós”), tan maravilloso y terrible como un dios. Y no se diferencia de los dioses por el poder –pues precisamente por su poder es igual a los dioses–, sino porque no tiene capacidad para controlar dicho poder, que con frecuencia le lleva al mal y a la locura del ensoberbecimiento.

Contra esta enfermedad diagnosticada por el divino Platón, las ciudades griegas tenían dividido el poder, terrible y contagioso, en tres poderes más pequeños y con frecuencia hostiles, siendo la enfermedad voraz de cada uno la medicina o terapia para los otros dos. Cada República lo hizo a su modo. Así, hasta en la militarista Esparta, el poder se despedaza en una doble línea de reyes, en dos dinastías, Agíadas y Euripóntidas, veintiocho gérontes que constituían el Senado o gerousía, y los éforos. En Atenas con la tríada Boulê-Hêliaia-Junta de Generales y Comisión de Fondos Festivos, sometida siempre a la Ekklêsía o Asamblea abierta a todos los ciudadanos, se dividía el poder del Estado en las tres tradicionales ramas (branches) de legislativo, judicial y ejecutivo.

Pero también Roma supo combatir con inteligencia la enfermedad de los reyes en su República. Mediante tres procesos electorales distintos, absolutamente distintos en todo (cada uno de estos tres procesos tenía hasta su propia ley electoral), Roma instauraba tres poderes del Estado hostiles entre sí, pero imprescindibles cada uno de ellos para la República. Ni las leyes podían recibir sanción sin la aquiescencia de los ciudadanos, ni los magistrados ser elegidos fuera de los comicios, ni los justiciables ser sentenciados por jueces que no fuesen idóneos e independientes, y como todos los ciudadanos estaban inscritos en una curia por su linaje, en una centuria por su capacidad económica y en una tribu por su domicilio, nadie estaba excluido del sufragio y de dar su opinión, siendo por consiguiente el pueblo romano verdadero soberano de hecho y de derecho. Con los comicios por centurias –en donde las clases más menesterosas tenían una muy escasa influencia debido al orden de la votaciones: de las 195 centurias, los más poderosos tenían 98 y votaban los primeros, si bien la clase no tiene siempre una relación automática con los sentimientos políticos– se elegía al poder ejecutivo (cónsules, pretores y demás magistrados dignos de sentarse en una silla curul). Con los comicios por tribus –en donde los patricios o aristócratas no votaban y todos los votos valían lo mismo– se elegía a los tribunos y se aprobaban las leyes. Es decir, las tribus elegían el Poder Legislativo, magistrado mudo, como son las letras, pero absolutamente efectivo, y los comitia centuriata el Poder Ejecutivo, las leyes hablantes, leges loquentes. De ahí que Rousseau dijera que en la República Romana gobiernan los ricos con las leyes que hacen los pobres.

Finalmente, los comicios por curias fueron la cuna de todas las elecciones, remitiéndose al rey Servio Tulio, representando cada curia ( de *coviria, “reunión de varones” ) diez gentes o clanes, y que demuestran que la familia y la sangre eran el fundamento del Estado romano. La estirpe es el primer principio político de clasificación. De hecho, aunque fueron perdiendo funciones en relación con los otros dos comicios citados, siguieron, sin embargo, rigiendo el derecho familiar y doméstico, como, por ejemplo, la adscripción de un nuevo ciudadano a una familia.

Es evidente que lo que hace John Locke en su Segundo Tratado del Gobierno Civil, fundamentalmente en los capítulos XII y XIII, así como Montesquieu en la Segunda Parte de su Del espíritu de las leyes, es retomar del Mundo Antiguo las teorías terapéuticas sobre la enfermedad de los reyes y la práctica institucional de las democracias griegas y la República Romana. Aunque la idea de la separación de poderes o domesticación del poder –civilizar el poder–, propia de la libertad política, se restaura por vez primera en la Democracia de los EEUU en los inicios de la Edad Contemporánea, esta idea formaba parte sin duda del acervo del Mundo Clásico. La aportación del liberalismo moderno fue el concepto de representación política, fraguado por Alexander Hamilton y Jeremy Bentham, con que en cierto modo se ha intentado conjurar el peligro de que la Democracia caiga en una Oclocracia. Hoy el poder en España reside sólo en un Parlamento vocinglero, tumultuario, de baja estofa, plebeyo y mercader, en donde los partidos trafican con sus ideales dentro de un nauseabundo contrato sinalagmático, tal como Antonio García-Trevijano llegó a declarar hace cuarenta años.

[El Imparcial]

lunes, 14 de febrero de 2022

La merienda del león


 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    El Athletic de Marcelino se merendó la cena del Madrid de Ancelotti, que no vio en toda la noche el balón (que no vio la forma de meterlo en la portería vasca), con la disculpa de que, “ausentes” los brasileños, no eran once.
    

Como ruido de fondo de los comentaristas, que hablaban como parpayuelas en una peluquería, se colaba el juego de piernas, como saltando a la comba, de Gerardo Diego: “¿Tener un balón? Dios mío. / Qué planeta de fortuna. / Vamos a los Arenales: / cinco hectáreas de desierto, / cuadro y recuadro del puerto. / Qué olor a Tabacalera. / –Suelta ya el balón, Incera. / –No somos once. –No importa. / Si no hay eleven hay seven. / Qué elegante es el inglés; / decir sportman, team, back; / gritar goal, corner, penalty. / (Aún no se ha abierto el Royalty.)”
    

–Para el Athletic es el partido álgido –anunciaba Kiko Narváez, que no sabe qué significa “álgido”, comentando al ex león Echeberría, que dijo que, en su época, el partido señalado en Bilbao era… el del Madrid.
    

Un poeta bilbaíno, Basterra, nos descubrió que el león es cordero asimilado, que eso fue el Madrid copero en San Mamés, uno de esos recentales (incluimos al Barcelona de Xavi) a los que “les titilan de placer las colas”, vistos por Salvador Rueda.
    

Y luego, el Granada.
    

Para el madridismo, el Granada es, en lo malo, Fernández, y en lo bueno, Ñito, nombre que uno tiene asociado a la leyenda de un león. Cipriano Antonio González Rivero, Ñito, en los 70 portero chicharrón del “club nazarí”, como dicen los cronistas deportivos, cuyo nombre salía a relucir en las conversaciones picantes porque un compañero suyo de vestuario contaba que “cargaba con la merienda de un león”, eso que en los 90 la compañía americana Shaper Briefs comercializó por treinta dólares en forma de gayumbos con “Endowment pad” incorporado.


    Ñito fue el primer portero español (y probablemente europeo) en salir del área jugando con los pies (eso que el Busquets de Cruyff haría luego, sólo que en leotardos), en una época en que Miguel Muñoz prohibía, con amenaza de multa y de las gordas si cruzaba la línea del centro del campo, hacer a su central De Felipe en el Madrid.
    

¿Por qué el Athletic se merendó la cena del Madrid? “Merendar la cena” es una expresión del pícaro salmantino Villarroel, que huía de pleitos y no quería en casa ni abogados ni gatos, pues estos, decía, roen un arca, y los otros suelen merendar la cena. Al Madrid le merendaron la cena en San Mamés primero por Rubiales, que es abogado, y que hace unos calendarios que ríanse del disparatado calendario republicano del matemático Romme que necesitó nada menos que de Napoleón para ser abolido. Y luego por Marcelino, que ha hecho con futbolistas del montón un equipo-acordeón tan competitivo que hasta se podría hacer el juego de palabras de Churchill: “Nunca en el ámbito de los enfrentamientos coperos ha habido tantos que les debieran tanto a tan pocos”.
    

La caída copera en Bilbao ha dolido porque se debió, no a la desidia, como tantas veces, sino a la impotencia: del equipo en el campo y del entrenador en la banda. Este año querían la Copa y no han podido, que de aquí vienen las dudas. ¿Hay plantilla? Si la hay ¿se le saca todo el rendimiento? ¿Hay cantera? Si la hay ¿por qué no se le ha puesto a prueba en la Copa? Estos son los pelos que Ancelotti se ha dejado en la gatera de San Mamés. De caer en octavos con el PSG las cosas se pondrían todavía más feas para un hombre que vive su segunda vuelta. “Cuando me enteré de que el Madrid lo había despedido –cuenta su gran amigo Galliani–, pasé cinco días con Ancelotti en Madrid para que volviera al Milán. Él tenía miedo a volver. Se dice ‘No vuelvas nunca’, y lo entiendo.”
    

Pero las cosas malas suceden más por cansancio que por maldad: Modric-Casemiro-Kroos no son malos, pero están cansados. Se mueven como el octogenario Carvajal, alias Demonio de los Andes, veterano de los Tercios en Rávena, Pavía, Saco de Roma, Méjico, Perú… Y el ataque serio se reduce a Vinicius, que dio dos veces la vuelta al mundo para hacer una “caneta” brasileira con su Selección, y a Benzemá, nuestro Lawrence de Arabia, ya en edad provecta, que es esa edad que da malas noticias, como la de Ramos y su “síndrome del sóleo viejo”. Se hacen necesarios, como el comer, Mbappé, y sobre todo, Haaland, que tantas novias tiene, aunque siempre se le podría camelar fichando a Miguel Pérez Michu, el Monchi del Burgos, idolazo, al parecer, del noruego, que celebra los goles como lo hacía el futbolista asturiano del Swansea City. El caso es que el Madrid no puede ir por el mundo con Isco de delantero centro. Lo sabe incluso Xavi, que se ha hecho fichar once delanteros para asegurarse tres tridentes y medio para no hacer el ridículo… ¡en la Europa League!


 

La grúa llevándose de Valdebebas el Rolls de Courtois

 

SAÚL Y HAZARD


    Saúl, un zurdo moldeado por Simeone, acabó en el Chelsea, y resume su visión del fútbol-Premier: “Más físico y un poco más loco, más ida y vuelta, que en la Liga. Menos posesión y más entretener a los aficionados”. Y señala como víctima de las diferencias de estilos a Hazard, figura en el Chelsea y náufrago en el Madrid. Cree que en Inglaterra Hazard gozaba de más uno contra uno, y que en España, al tener fama de bueno, se lo ponen más difícil. Pero la diferencia fundamental es que en Inglaterra el futbolista puede viajar tranquilo en el Metro, y en España, no. Courtois, por citar a otro ex del Chelsea, acude a los entrenamientos de portero (barrigazos en la hierba) en Rolls-Royce.

[Lunes, 7 de Febrero]

lunes, 2 de abril de 2018

La segunda juventud

Doctor Voronoff


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

La segunda juventud de Cristiano Ronaldo está explicada en la tercera juventud de Zlatan Ibrahimovic, ahora en Los Ángeles, sede de su debut como galáctico del Galaxy en el fútbol estadounidense, con una exhibición de arte y poderío únicamente al alcance del Genio de la Victoria, en el Palacio Vecchio de Florencia, que es el modelo en mármol de Ronaldo e Ibrahimovic.
Ibrahimovic fue el primer futbolista en gritar “¡el rey va desnudo!” al paso de Guardiola, el golpista de Sampedor, y fue un personaje que por desgracia se perdió el madridismo, que debió hacerlo coincidir con Mourinho en el lugar de Higuaín, de Benzemá, de Kaká y hasta de Callejón.
–Me siento joven –explicó Ibrahimovic en Los Ángeles–. Ya dije en el pasado que me siento como Benjamin Button: nací viejo y moriré joven.

Ibrahimovic en Los Ángeles

Genio de la Victoria
En tanto que futbolista, Ibrahimovic es hijo del cine, el libro de los que no leen libros, pero no va desencaminado.
Cavilando sobre estas cosas, un antropólogo holandés, Louis Bolk, observó que un chimpancé recién nacido es igual que un hombre viejo, de lo que dedujo que el hombre no es más que el resultado de prolongar la etapa fetal del chimpancé, y desarrolló una teoría, la teoría de la “fetalización” según la cual el hombre procede de un simio que, retardado en la infancia, logró reproducirse.
–Un mono infantil con las manos todavía no deformadas al ser utilizadas como pies y la mandíbula todavía no alargada en busca de la fruta. ¡La fetalización!
Cristiano e Ibrahimovic están en  ese punto inicial de madurez que al decir de los cronistas hace tan bellas las rosas de otoño. Bolk nos proporciona la base de su misterio, y el ruso Voronoff, un secreto de la eterna juventud: según él, el cuerpo humano está constituido para vivir hasta una edad media de ciento cincuenta años. “El hombre puede y debe vivir ese tiempo”. ¿Y quién desea las menguadas prerrogativas –serenidad, recuerdos, tolerancia, comprensión…– de la vejez?
–Se ha dicho que el hombre tiene la edad de sus arterias, pero yo afirmo que tiene la de sus glándulas.


Voronoff, doctor por París, ensayó sus injertos de glándulas genitales en corderos del Cairo antes de ponerse a manipular en monos. Presumía de haber triunfado con sus técnicas en la persona de un famoso violinista octogenario que “se puso a hacerle el amor a las mujeres como un galán de película”.

–Me siento como un niño al que le das un caramelo por primera vez y luego va persiguiendo caramelos –dice hoy Ibrahimovic–. Ése soy yo ahora mismo persiguiendo el balón.

Y qué balón.

Vista la volea del gol de su debut angelino, ¿qué podría esperarse del golpeo de Ibrahimovic a un “Telstar 18”, el balón de “efecto ovni” con que se jugará el Mundial de Rusia, si el tiempo y la Guerra Fría no lo impiden?

La Fifa probando balones es como Kim Jong-un probando cohetes (¡el Cohete-man trumpiano!). Cuando Cruyff, el Profeta, dijo que el protagonista debe ser el balón no se imaginaba la revolución tecnológica que ponía en marcha desde el Telstar de México’70 al Telstar de Rusia’18, pasando por el Tango, el Fevernova, el Jabulani o el Brazuka.



“Tener un balón, Dios mío”.

–Ya se desinfla el balón. / Sopla tú fuerte la goma. / Ata ya el cuero marrón. / El de badana en colores / déjase a los menores / para botar con la mano.
Con estos balones “kimjongún” (de trayectoria impredecible), Ibrahimovic, Cristiano y Messi pueden estar haciendo goles galácticos hasta que San Juan baje el dedo, es decir, los ciento cincuenta años prometidos por Voronoff. A Zidane se le pasó la vez como jugador, pero puede acompañarlos hasta esa edad como entrenador del Madrid: todo cuanto se le pide es no hacer el canelo en Champions, y él sólo ha de prestar su flor.

Louis Bolk

“UN SOL POBLE”

El piperío blanco no ve mal que el Madrid “tirara” la Copa, pues así se evita ahora el número de una final ante el Barcelona, con el dolor de cabeza que los del “Un sol poble” siempre dan. Este Madrid es muy de evitar los compromisos políticos (“Haga como yo y no se meta en política”): el Barcelona sacó un comunicado oficial a favor del golpe catalán, pero el Madrid no lo sacó ni oficioso en defensa de la Constitución “que con tanto trabajo nos dimos todos”, al decir de los piperos del 78. Y si ahora el Barcelona juega la final de Copa, allá el Sevilla con el aquelarre independentista de la “culerada” en el Wanda. Mediáticamente, ante la obscena caricatura evangélica del guardiolismo de Lucas (“Dios, te doy gracias porque no soy como los otros españoles, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano….”) álzase en España la sola oposición de un cómico, Boadella, a quien ni siquiera gusta el fútbol.


domingo, 18 de junio de 2017

La de la Cultura. Performance con toros de granja en Madrid, festoneada con la muerte en Francia de Fandiño, corneado por un Ibán


 Morante de la Puebla, repúblico profeso, brinda el toro a Antonio García-Trevijano

José Ramón Márquez

Por fuerza hoy lo del final debe ir al principio. Subíamos por la calle de Alcalá y, llegando a Manuel Becerra, mi acompañante recibe una llamada en su teléfono. Se descompone y se le saltan las lágrimas, le inquiero con un gesto: “A Fandiño acaba de matarle un toro de Ibán en Francia”, me dice. Al final la Cultura era eso, el viejo rito de la vida y de la muerte; no lo de andar marcando posturas con un torete de granja, sino que se te eche encima un toro encastado y te quite el futuro. Estadísticamente es inapelable que la muerte siempre está del lado del toro; lo raro es que pierda la vida el hombre y por eso, cuando tal cosa ocurre, apabulla. Fandiño sacó los pies del tiesto, y acaso otro día hablaremos de qué motivaciones le llevaron a anunciar su Domingo de Ramos en el que se jugó a sí mismo a una carta en una apuesta que acabó perdiendo, cuando vio bien a las claras cómo funciona el tinglado y las nulas oportunidades que tenía de romper la maraña de intereses que atoran el natural fluir de la parte alta del escalafón de los matadores de toros. Fandiño nos metió la ilusión en el cuerpo, la mayor ilusión colectiva en lo que llevamos de siglo XXI, en una corrida irrepetible en la que él solo fue capaz de llenar Las Ventas como hacía muchísimos años que no se veía en un festejo fuera de San Isidro. En el pobre resultado de aquella singularísima tarde perdió Fandiño y perdimos todos los que pensamos que la auténtica cultura del toro es la que se hace jugándose la vida, el físico y el alma frente a toros que no permiten estar “a gusto”. Tengo entre mis libros uno titulado “El día cuatro de agosto de 1947 moría Manolete en la Plaza de Vitoria”, su autor Gregorio de Altube; en ocasiones he fantaseado con Fandiño y la tarde de Resurrección, pensando, al hilo del libro aquél, que Iván Fandiño murió el 25 de marzo de 2015 en la Plaza de Las Ventas. Desde estas páginas se le animó, con la mejor intención, a que cortase su temporada en el año 16 y a que dejase pasar un poco de tiempo para meditar y recomponerse. No hay desdoro en ello. Muchos lo han hecho para retornar con más fuerza. Él o quienes le influían no contemplaron esa posibilidad,  y ahora es ya demasiado tarde para saber qué podría haber pasado. Su deslumbrante e ilusionante irrupción en el panorama taurino en el año 11 es el otro gran recuerdo que hoy, en el día de su fin, se nos viene de Iván Fandiño.

Y ahora se hace difícil escribir porque la primera premisa de la corrida de hoy, titulada artera y ridículamente como “Corrida de la Cultura”, estaba concebida sobre la base de la inexistencia del toro como animal ofensivo, inteligente, memorioso y vigoroso, que de la casta ya ni hablamos. Cuando pensamos en Fandiño corneado por un toro de Baltasar Ibán y comparamos con los seis desgraciados que han salido hoy a Las Ventas y cuyas medias canales ya estarán en algún frigorífico, se ve a la perfección que existe un mundo de diferencia y que aunque el espectáculo se llame de la misma manera, apenas tiene nada que ver. Hoy en Madrid habían comprado una redada de Cuvis, de esos cuvillejos de cuya estirpe fue el impar Idílico, muerto en extrañas circunstancias, el alto, el bajo, el regordete, la sardina, el canijo, el donnadie: un control de alcoholemia a la salida del Fabrik, vamos. Y ahí estuvieron los seis cuvis, correteando y proclamando su supina bobería, su falta de ideas y su necia embestida perruna, con el fin de que sus matadores no pasasen otras fatiguitas que las que se derivan del calor sahariano que caía de manera viscosa sobre la Plaza. Y el mayoral, ya lo hemos dicho más veces, con el video grabando la corrida, para verla con el amo en el Grullo en invierno, en las noches de levante.

Para la cosa de la Cultura, además del insustituible octogenario Gárgoris Dragó, empeñado en vestir con T-Shirt, se trajeron a Morante, Cayetano y Ginés Marín, por lo culturales que son los tres.

Morante es más de la cultura ingenieril, de tipo terraplén. Se empeñó en que había que alisar el ruedo de Las Ventas en el que triunfaron Domingo Ortega y Dominguín y Ordóñez y Camino y Bienvenida y Antoñete y Rincón y Tomás y hasta que no se lo pusieron liso el tío no paró. Ahora está liso y tampoco torea ná de ná, o sea que lo mismo lo siguiente es pedir que le hagan un gua. Se plantó el tío en Las Ventas vestido de lingote de Fort Knox, que no cabía un hilillo de oro más en la chaquetilla, chaquetilla de picador bordada como un manto de la Macarena y, eso sí, con los dos pañuelitos de verdad en los bolsillos, como Lagartijo o Bienvenida, un detallazo. Apretadito de romana anda el de La Puebla, que eso no es obstáculo para el toreo, y con un capotón descomunal que nada tiene que ver con aquella inolvidable servilleta con la que toreaba Curro Romero, al que algunos insensatos tratan de equiparar a Morante. La verdad es que lo de Morante hay que verlo casi desde la óptica de las sectas o de los conversos: sale el primero, él despliega la manta de cama de matrimonio, le pega un lance al coloradito del que el bicho se va y la Plaza se viene arriba y ruge como si ahí, en ese preciso momento y de esa manera se hubiese fundado el toreo por los siglos de los siglos. En esta vida es mejor caer en gracia que ser gracioso, como dijo aquél. Acaso ni merezca la pena reseñar cómo dejó al toro ir suelto al caballo a que no le pegasen y cómo el burel se pegó por su cuenta una tercera entrada al jamelgo. En banderillas, una novedad de Morante: los seis palos son encarnados, acaso como homenaje al 39º Congreso del PSOE, vaya usted a saber. En banderillas Ginés Marín, pésimamente colocado toda la tarde, se cruza con Lili, estorbándole, cuando venía de parear perseguido por el toro, creando una innecesaria situación de riesgo. El inicio de la faena consiste en Araújo llamando al toro con el capote desde el callejón de manera insistente ante la mirada inocente del alguacilillo. No pasa ná. Morante se compone y traza sus medios pases, con la figura que tiene y que tan bien da en las fotos, se pasa al animal lo más lejos posible, abusa de las ventajas usuales y cobra una estocada habilidosa echándose fuera. Era su segundo de condición mucho menos clara que el primero y si con el primero no lo hizo, con el segundo  menos. Y eso que el cuvi era una especie de novillo negro. En los lances de recibo le pega dos verónicas de gran gusto, soltando al toro antes de lo debido, con esa gracia que atesora. Cambiaron el tercio literalmente sin picar al toro y vuelven los peones con las banderillas del 39º Congreso. Comienza su faena por enganchinas, una y otra y otra y otra, que se ve que el toro no colabora, aunque lo que más claro queda es que a Morante lo que le molesta de verdad es el toro, no la arena. Viendo que no hay nada que hacer se demora en la nada por tratar de soliviantar un poco al público, que de broncas también se vive, cosa que consigue. Luego pega un mitin con la espada mientras en el tendido alto y la grada del 5 se produce una auténtica redada de la policía llevándose espectadores, acaso aficionados yihadistas.

Cayetano vino el hombre a dar de sí lo que pudo. La verdad es que cuesta explicar lo mal que está porque ni sabe ni puede estar mejor, y en un honesto rasgo de pundonor pone toda la -poca- carne que atesora en el asador de justificarse. Su primero, el salpicado, era la máquina de embestir. A la distancia que se la pusiera, sin un mal gesto, el bicho iba e iba y Cayetano hacía lo que sabía lo mejor que sabía. El momento mejor de su actuación son cuatro naturales muy denodados, medio quedándose y sin maldita la gracia. Con una estocada habilidosa echándose fuera liquida al salpicado, que se va sin  torear. A su segundo lo recibe con unas verónicas rodilla en tierra à sa façon, de nuevo con ganas de agradar. No puede dar más de sí que eso. Iván García pone las banderillas con majestuosidad y Cayetano está el hombre con una toalla de hotel, que le va más que un capote; con la toalla finalmente le hace el “quite de la toalla” a Alberto Zayas. Brinda a Currovázquez y quiere que salga, pero Curro sabe bien que él, amónido cosmopolita, de paisano no debe salir a la Plaza, así que el brindis se produce en la boca del burladero del 9. Se va al 6, se quita las zapatillas, por el calor, e inicia su faena de rodillas, como aquella vez en Arévalo. La cosa baja de intensidad cuando se pone en pie y se va llevando al toro a los medios donde apura su trasteo cada vez más a menos hasta que deja una estocada contraria quedándose en la cara y un descabello para finalizar su actuación.

Y Ginés Marín… ¡ay Ginés! Es un torerito pinturero al que falta muchísimo. Su primero, toro de granja-escuela, le saca de la Plaza obligándole a tomar el olivo tirando el capote, que de paso diremos que lo de la capa no es ni mucho menos lo más fuerte de Ginés. Cuando pican al toro el hombre se queda a la derecha del picador, como un pasmarote, de espectador sin que nadie le haya dicho que ahí no debe estar. Le importa un bledo. La faena la inicia con una inspirada fantasía andando con la que se saca el toro a los medios, y luego allí la lía a base de lo de cada día, lo del pico, lo del por las afueras, lo de la pata atrás, y el toro venga a repetir y repetir y las gentes bramando como si aquello fuese grande; si hay que estar bien colocado, él no lo estaba; si hay que torear hacia el terreno de adentro, él toreaba hacia afuera; si hay que quedarse dentro en el final del muletazo, él se quedaba fuera, ligando desde la oreja. Las buenas gentes bramaban como si hubiesen visto resucitar a Lagartijo y Ginés dio fiesta al público ansioso de vitorearle. Tres pinchazos y una estocada delantera y desprendida acaban con el torete y hay quienes hasta le aplauden en el arrastre, entre ellos Donsimón el empresario. El sexto es otra cabra que no impone el más mínimo respeto; cuando el bicho se le viene y Ginés resuelve el muletazo con una espaldina de esas de ¡Ay! ya te das cuenta de que no respeta lo más mínimo al toro, lo que pasa es que este sexto no es el tercero el de ir y venir y quedarse él solito colocado, este dice ¡fu! por lo bajinis, pero eso no le interesa a Ginés, que no ha venido al mundo del toreo a resolver ecuaciones, por lo que parece. Para animar un poco le dio las bernardas que no se le pudieron dar a los de Cuadri antes de atizar un bajonazo que hizo que el animal se fuese raudo a chiqueros, para salir bien en el video del mayoral y cantar su mansedumbre de manera patente, antes de recibir dos descabellos con los que se puso el punto final al festejo de la Cultura.

A las nueve y treinta y cinco llegábamos a Manuel Becerra, comentando la corrida…


Morante
Trinidad

 Donsimón, el que no se chupa el dedo

lunes, 5 de junio de 2017

Lo nunca visto



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Creíamos tenerlo tan visto en las barajas de don Heraclio Fournier que ni siquiera lo habíamos visto: un Rey de Copas de verdad, con su “12”: las doce tribus de Israel, los doce apóstoles de Jesús y las doce copas del Madrid con que Zinedine Zidane ya puede, vestido de Rappel, montarse un zodíaco: el Zodíaco del Fútbol.

    Antes de la final de Cardiff vimos un publirreportaje sobre Guardiola, el inventor del fútbol, en el cual todo eran excusas para justificar el gatillazo pegado en el City; un lambiscón lo resumió en una frase memorable: “Es un entrenador tan especial que necesita futbolistas muy buenos que lo entiendan”.

    Vimos también el anuncio cervecero con Mourinho en el Ártico, donde, por cierto, sale más hielo del que dicen las Casandras climáticas (¿o se dice climatéricas?), que son de la teoría de que se ha derretido el Polo Norte, aunque en la playa de Lastres la marea sigue llegando al mismo ladrillo que hace treinta años.

    A Guardiola y a Mourinho, que iban de Alfa y Omega del fútbol, se los ha llevado en Cardiff por delante el tal Zidane, que toreó a la Juve del “Anchoa” Allegri como Ponce al garcigrande de Las Ventas.

–El fútbol depende de una ráfaga de viento –dice Hughes que es el lema laboral de Allegri.

El fútbol es de los buenos futbolistas. El Madrid los tiene y la Juve no. Zidane lo fue, y vino al Madrid. Por eso el Madrid gana finales y la Juve las pierde.

La Juve finalista parecía un robot al que sólo un teórico de la inteligencia artificial podía meter mano. En su eliminatoria con el Barcelona de Messi mostró una pauta organizativa propia de las colonias de insectos: parecía un termitero. Su alma era comunal, del nido. El Barcelona cayó fascinado por la contemplación de tan frenética actividad. El Madrid, en cambio, encaró el problema como los elefantes el desfile en el Libro de la Selva. Lo que no sé es cómo Allegri, un tipo que una vez plantó a su novia en el altar, no salió corriendo en el descanso hacia el Ártico de Mourinho, llevándose de recuerdo, al menos, el gol Mandzukic, que era de Van Basten. Se hubiera ahorrado la segunda parte, cuando hicieron agua todos sus jugadores, incluido Dybala, que, como todas las figuras emergentes en nuestros días, tiene algo de pescuezo de gallina: de lejos parece algo, pero de cerca sólo es otro hueso.

    En el Madrid cumplieron todos sin despeinarse, y contra eso, hoy, no hay nada que hacer. Navas salvó un cero a uno. Carvajal y Marcelo fueron los “flippers” del pinball zidanesco, en el que Isco es la bola, y Modric, el muelle. Casemiro, ese río de leones (¡los veinte Stielikes de Hughes!), hizo lo suyo y un gol. Kroos sacó córneres como confetis. Cristiano obtuvo dos goles y otro Balón de Oro. Ramos, que tiene naturaleza histriónica, repartió papeles para todos los registros, de Cortihero a Supermán, de Tony Leblanc a Peseto Loco, pasando por… ¡Jordi Alba!, con esa “barcelonada” o “culerada” sin fundamento al pobre Cuadrado, a quien el árbitro, que equivocó todas las tarjetas, envió a la calle. ¡Esa broma hubiera quedado homérica con Alves! Pero, en sus peores momentos, la vida humana no es algo trágico, sino carente de significado.


 MENTÍS DE BENZEMA

    John Gray, que se ha ocupado del asunto, sostiene que en el caso de los seres humanos, los mejores mentirosos son los que se mienten a sí mismos. “Nos engañamos a nosotros mismos a fin de engañar mejor a otras personas”. Benzema es un futbolista tan mentiroso en el juego que nadie le acaba de pillar el punto: ahí radica su genialidad. Es un goleador y, sin embargo, no lo parece. En el área miente como los cuervos, que fingen esconder sus provisiones en un sitio para luego ocultarlas en otro. Cristiano no sería Cristiano sin los engaños de Benzema, estrella del Real Madrid que no halla hueco en la selección de Francia… “por racismo”, en palabras del octogenario Guy Roux, que cree que con Benzema los franceses serían hoy campeones de Europa. “Pero aquí (la Francia de Hollande y de Macron) no juega porque no canta la Marsellesa”. Que es como si en el Madrid no jugara porque no canta el “Nessun dorma”.

Fin de otra temporada de cierres infartantes. Una màs. O una menos
 @hughes_hu

martes, 9 de agosto de 2016

GB

Aquella mañana de agosto de 2015 en Niembro

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Todos los fines parecen como recortados con tijeras, dice un personaje de Dostoyevski.

    –Una vida termina, empieza otra y esta otra termina; empieza una tercera, y así indefinidamente.
 
Hemos llegado a un mundo en que sólo si eres octogenario y tienes el talento artístico y la independencia económica de un Clint Eastwood (¡el “Bueno” de Leone cumple 50 años!) puedes decir lo que piensas (en el caso de Eastwood, que Trump es éticamente superior a Obama).
 
Y en este mundo posmoderno de monos mudos, sordos y ciegos, se nos ha muerto, como una vela, Gustavo Bueno, dos días después de que muriera su esposa, Carmen, postrada durante años. Esperó a ser el último, y apagó la luz.

    GB, el profesor que suspendió a un curso entero por no saber escribir en español, dijo siempre lo que pensaba. (Como Pepín Bello, que con 101 años se ponía los zapatos de los domingos para recibir visitas y aún se las tenía tiesas con un ministro sacamuelas, López Aguilar, que le afeaba que fuera por ahí diciendo que Lorca no era de izquierdas).

    España, que nunca transigió con el talento y la independencia en la misma persona, ha extendido al mundo entero su Trento (¡esta socialdemocracia tridentina!), y hoy, el que se mueve, da igual el lugar, no sale en la foto.

    –Lo peor es el sentimiento servil que hace obedecer.
 
En una mañana de agosto como ésta, hace un año, tuve la fortuna de acompañar a Hughes, para una entrevista, a la casa asturiana de GB, que nos hizo el regalo de devanar la “symploqué” (hablaba como si portara en las muñecas una madeja de cuyo hilo uno tirara), apuntalando cuanto pudiera bambolearse en nuestra admiración por un sabio que escandalizaba (en España el sabio pasa por gamberro, y el gamberro, por sabio) sólo con decir lo que pensaba.
 
Ahora que él se ha ido me sonríe aquel capitán suyo de la mili (“que era de Burgos”) que reclamaba la razón en las discusiones que se le torcían con una declaración como de Dostoyevski:
 
–¡Yo tengo la fe de Abraham!

lunes, 21 de marzo de 2016

La visita de Obama a Cuba, entre el hito histórico y el horror de la historia



Orlando Luis Pardo Lazo

“Hito histórico”: así llaman los estadounidenses a la visita del presidente Obama a la Cuba de Fidel y Raúl Castro. Que es la Cuba sin presidentes legítimos desde hace 64 años. Y es también la de la casta de los hijos, cuñados, sobrinos y nietos de apellido Castro. Todos ya visibles en los selfies del neocastrismo, y ostentando posiciones claves del aparato corporativo-militar del Estado, de cara a la sucesión dinástica anunciada para el 2018.

La subcultura del espectáculo de los estadounidenses los obliga a inventarse “hitos históricos” en cada titular. Se aburren, al punto de hacer catarsis con el encuentro surrealista de un afronorteamericano electo democráticamente y un general octogenario con las manos manchadas de sangre.

La Casa Blanca ha sido especialista en apoyar a los más cruentos caudillos latinoamericanos: Batista, Trujillo, Ríos Montt, Somoza, Stroessner, Pinochet, y un escalofriante etcétera que culmina con el clan Castro. La “novelística del dictador” en nuestro hemisferio está en deuda con los poderosos de Washington, quienes aplauden y abandonan a los sátrapas de su traspatio según las ganancias en juego.

Pero no seamos injustos con el Obamato: la Castrocracia cubana igual ha sido bendecida por el récord de tres Papas católicos y uno ortodoxo, por el santoral populista de nuestra región, por la academia norteamericana con su Complejo de Edipo revolucionario, y por los gobiernos europeos presionados por una intelectualidad de izquierdas y un empresariado de derechas.

El buenazo de Obama llega de último al parque temático de una Revolución sobreviviente en la Era Mercadozoica global. Para eximirlo de un mea-culpa, llega aupado por la miseria de los millonarios del exilio cubano, desesperados por repartirse las ruinas de la Isla, mientras algunos incluso sueñan con su propia candidatura parlamentaria o presidencial, toda vez de vuelta en la patria, tan pronto como la Raúlpolitik se declare en retirada seudo-democrática.

La utopía proletaria devino, pues, capitalismo de Estado. Con la plusvalía de un Partido Comunista que, según la Constitución, es el único legal en Cuba, cuyo sistema social es de carácter “irrevocable” a perpetuidad. Ni por las urnas, ni por las armas.

Por esto el castrismo tuvo que asesinar el 22 de julio de 2012 a Oswaldo Payá, el opositor cubano con mayor autoridad moral y base popular, y el primero en ganar el Premio Sájarov para la Libertad de Conciencia del Parlamento Europeo, por su iniciativa ciudadana Proyecto Varela, una auténtica alternativa para la transición a la democracia, al contrario de las reformas raulistas, que confieren privilegios y concesiones desde un poder inconsulto, pero que no restauran ninguno de los derechos secuestrados al pueblo cubano.

Ansioso Obama por justificar su apriorístico Nóbel de la Paz, y desmoralizada Europa entre inmigrantes y radicalismos, la Seguridad del Estado cubana puso la mano de obra barata para hacer el trabajo sucio, pues los verdugos de verde olivo sabían que semejante ejecución extrajudicial contaría con la pasiva complacencia y la no tan pasiva complicidad del mundo libre.

Por eso Rosa María Payá, la joven hija del mártir, quien hoy lidera la campaña mundial CubaDecide para la realización de un plebiscito en la Isla, fue coaccionada por el vocero de John Kerry en pleno Departamento de Estado el 20 de julio de 2015, para que no pudiera hacerle ni una pregunta al Canciller cubano presente allí, tras inaugurar la embajada cubana en Washington.

Veremos ahora si Barack Obama, quien se reunirá con una decena de disidentes en Cuba, tiene suficiente soberanía para mirar de frente a Rosa María Payá y mencionar en público el nombre de su padre Oswaldo Payá, honrando la memoria de este cubano que pertenecía al futuro. De no atreverse, la visita del presidente norteamericano a Cuba podrá ser un “hito histórico”, sí, pero de un pasado de horror.

sábado, 6 de septiembre de 2014

En la muerte de Joan Rivers





 JOAN RIVERS

Hughes
Abc
 
Si uno pudiese tener el aspecto de un transexual judío octogenario estaría bien, así podría parecerse en algo a Joan Rivers. La cómica (de eso que allí llaman el stand-up, los dichosos monologuistas de aquí) a la que en España no hemos podido ver todo lo que deberíamos. ¿Por qué no nos terminaron de colonizar los yanquis e impusieron el inglés y la tele americana? La conoceríamos desde los sesenta en que empezó con Johnny Carson y en lugar de la «Asamblea Fashion» la hubiéramos disfrutado a ella con «Fashion Police». Igualito. Joan Rivers se rió de todo. Seguro que tiene alguna frase sobre el lucero del alba. Empezó por ella misma (lo hizo hasta del suicidio de su marido). Conquistado ese derecho, pasó a reírse despiadadamente de los demás. Pero sobre todo de las estrellas. En España la hubieran asesinado. Aquí ha habido cuarenta años de dictadura, pero sobre todo ninguna Joan Rivers. De Boy George dijo: «Justo lo que Inglaterra quiere, otra reinona que no sabe vestir». De Bo Derek: «Es tan tonta que en la bolera devuelve las bolas porque tienen agujeros». Sin parar. Desde Liz Taylor a Paris Hilton.
Cuando escucho hablar de #periodismo o #corrección pienso en ella. El código es Joan Rivers. Atacó a los palestinos («Si New Jersey bombardea New York ten por seguro que nos defenderemos»), pero hacía chistes de judíos. El último fue sobre un vestido de Heidi Klum: «No se ha visto a un alemán tan caliente desde que empujaban a los judíos dentro del horno». La acusaron de banalizar el Holocausto. Naturalmente, no pidió disculpas por desternillarse tras el chiste. La última vez que la vimos fue en un episodio de «Louie». Tuvo sexo con Louis C. K. «No lo cuentes, a nadie le gustan los necrofílicos». Fue una inspiración para los adictos a la cirugía estética porque no negaba nada: «Me gustaría tener una gemela para saber cómo sería mi cara».
Para su funeral pidió a Meryl Streep: «La quiero gimoteando en cinco acentos». Imaginen a alguien que aquí dijese: «He ido al notario para que prohíban a Massiel entrar en mi entierro». Tantas operaciones llevaba que anticipó que sus restos serían entregados a Tupperware. Estaremos pendientes de que se cumplan sus voluntades.

martes, 26 de agosto de 2014

Políptico malagueño de José Tomás





-Me llama el aficionado F., octogenario abonado de La Malagueta: "La corrida, una novillada"

José Ramón Márquez

miércoles, 24 de abril de 2013

Toniolo

Toniolo
Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Toniolo es un octogenario italiano condenado por la crisis a vivir su octogenariado en perpetuo movimiento ferroviario:

    –Nunca me he parado a dormir en la estación, sino que viajo también de noche, bajo al final del recorrido y vuelvo a subir en otro tren que parte –le ha dicho al ABC.

    El Estado no le garantiza techo, pero le proporciona un carné para ir en tren de balde.

    El tren a ninguna parte de Toniolo es la metáfora de nuestra posmodernidad.
    
A Toniolo sólo podría bajarlo del tren un Premio Cervantes, pero Toniolo no tiene la amargura que hay que tener para la poesía social de nuestro Gamoneda, cuyo ferrocarril de Matallana, con sus mineros jóvenes, hacía llorar lágrimas negras a Zapatero, que derramó sobre el poeta, su paisano, la piñata cervantina.

    También está ahí el premio de la Renfe, pero Toniolo es un jubilado, no el obrero comprometido que pedirían los jurados de ese miliciano de la juglaría que es García Montero.
    
Porque se puede ser de izquierdas y escribir del tren como García Calvo y se puede ser de izquierdas y escribir del tren como García Montero.
    
Pero Toniolo no es un intelectual.
    
Toniolo es un pobre hombre que vive en un tren en marcha.
    
Si Saint-Exupéry viera a Toniolo, vería a “un Mozart asesinado”, que es lo que acostumbraba ver aquel aviador compasivo en los viajeros de cualquier tren de pobres.
    
–¿De qué llenan, cuando están libres, sus absurdos pequeños domingos? Una vez, en Rusia, oí a Mozart interpretado en una fábrica. Lo escribí.

    También escribió “El principito”.

    El principito quería que Saint-Exupéry le dibujara un cordero, pero lo que quería Saint-Exupéry era que en todos los trenes de pobres pusieran a Mozart.
    
Toniolo y el Réquiem de Mozart camino de ninguna parte.
    
Ahora que todos somos Toniolo, ¿cómo no oír la risilla gansa de Mozart (Tom Hulce en “Amadeus”) en el vagón de Toniolo?
    
–Cuando tenga una pequeña casa, no echaré de menos esta vida.