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martes, 6 de marzo de 2018

Pelillos

Ohsawa


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Lo ha dicho Maroto, el “hipster” del partido de Miguel Ángel Blanco:

El país vasco tuvo una falta de libertad que ya hemos superado. ¡Pelillos a la mar!
Así se resume la socialdemocracia, hija adulterina del fascismo y el comunismo, la gran “Marianne” de la Unión Europea y de nuestra Santa Transición, que, de tanto pelillo a la mar, tiene las playas como una peluquería en sábado de boda.

El pánico de los que estaban a la venganza de los que venían y la codicia de los que venían para ocupar los puestos de los que estaban obraron el milagro de los pelillos a la mar como mal menor, que políticamente consiste en hacer el mal con la tranquilidad de pensar que siempre los habrá mayores.

Si un japonés descubre vello en las piernas de una mujer, siente hormigueos en su carne –escribió Ohsawa, patriarca de la macrobiótica, y de ahí vendrá la huelga feminista promovida por el obispo de Madrid, que, pelillos a la mar, pone a la Virgen en la cabeza de la manifestación.
Nuestra socialdemocracia va del feminismo episcopal de Osoro al antifranquismo franquista de Cebrián, director de los informativos del Caudillo a propuesta de Rosón, cargo que aceptó haciéndose “La tonta del bote” (Lina Morgan) al firmar, es decir, “mirando interiormente para otro lado”, detalle (esa mirada interior –pensar en un inspector de Hacienda, por ejemplo– que prescriben los sexólogos contra la eyaculación precoz) que, en este diluvio orleanista de lugares comunes enhebrados con gestos falsos y exagerados, le sirve de fundamento moral para elevar al Nobel Vargas a “Juan Jacobo retocado por una cocinera del siglo XIX (un pedante)”, como Tocqueville retrató a Luis Felipe:
Para las gentes de mi generación, que padecimos los rigores de la dictadura franquista
¡Pelillos a la mar!
La pega, con esto, es que hasta la caspa es falsa, como la de un taurino pucelano que por dar el pego con el peluquín, y a modo de “pityriasis simplex capillitii”, se espolvoreaba ceniza en las hombreras.