jueves, 24 de noviembre de 2022

miércoles, 23 de noviembre de 2022

El filosofazo

Uzzano, por Donatello




Ignacio Ruiz Quintano
Abc

El españolejo está ante el teatrillo de verano del Estado de Partidos. El 78 se montó con un aventurero, Suárez, y se desmonta con otro aventurero, Sánchez, ambos saludando con el codo en el aire, “como perro que se mea en la pared”, en palabras de Fray Candil.
Sánchez es de los de “elegantito”, que decía el Caballero Audaz, para acariciar a sus buenos amigos como Torra.

–¡Hola, elegantito! ¿Qué hay, elegantito? ¡No te enfades, elegantito!

De la historia como tragedia a la historia como farsa.

Sánchez, que hace un año confundía en Soria a Machado con el cantante de Gabinete Caligari, ahora enseña en La Moncloa, convertida en lonja, la fuente del amor de Machado y Guiomar, y lo hace con el jefe de la sedición catalana, que le sirve chupitos de “ratafría” (probados por Iván Redondo) para animar su sobremesa, mano a mano, con el bustito de Azaña por testigo, sobre… ¡autodeterminación!

El bustito de Azaña es una copia “gipsy” del que en terracota hizo Donatello de Uzzano, quien, según Maquiavelo, al ser invitado a la conjura contra Cosme de Médicis, dijo una cosa que nos retrata: “Todos nuestros conciudadanos, sea por ignorancia o corrupción, están prestos a vender la República, y han encontrado comprador”.

Y hoy no hay un Ortega (Tezanos, en krausismo de los chinos, es lo más parecido que nos queda) que evite, como en la histórica madrugada del 31, la proclamación de una República federal a imagen de la del 73, como querían los francmasones: la federación, explicó Ortega a aquellos cabestros, puede ser una fórmula para unir lo que no está unido, no para articular lo que tiene ya siglos de unión.

–Está que muerde el filosofazo –fue la frase de Azaña, que no soportaba que alguien escribiera y hablara mejor que él.

Azaña, que se había marcado un Sánchez en su sobremesa barcelonesa de 1930, (“¡lo que queráis! ¡lo que queráis!”), se convirtió en busto al descubrir las intenciones catalanas de actuar como “nación” neutral en la guerra civil.
 
[Publicado el 11 de Julio de 2018]

"La propaganda comunista se especializó en la conversión del liberal de todo el mundo hacia la simpatía a su causa"


Madrid, 1931


LIBERALISMO Y COMUNISMO

Gregorio Marañón

V


Sin embargo, cuando decíamos, hace todavía poco tiempo, que el número de comunistas era pequeño en España, no nos engañábamos. Eran y siguen siendo una minoría, aun entre los que combaten en las trincheras rojas y entre los que forman su retaguardia. El error nuestro, como el de los demás países de la Europa occidental o de América, está en juzgar la importancia social de una idea —y concretamente de la comunista— por el número de sus afiliados. Si el ser humano fuera capaz de atenerse a la experiencia histórica, le bastaría el recuerdo de que la revolución rusa triunfó por el esfuerzo de un grupo casi insignificante de bolcheviques. Pero así como la conducta individual se basa en gran parte en la propia experiencia, la experiencia histórica no influye absolutamente para nada, y probablemente no influirá nunca en la conducta de las colectividades. En España ha ocurrido lo mismo que en Rusia. Unos cuantos hombres de acción, representantes de una masa incapaz de elegir más que un número exiguo de diputados, pero bien organizados y decididos a todo, se han impuesto a la mayoría.

El mecanismo de este triunfo es ahora evidente. Descontada la organización y la disciplina, innegables, se basa en la táctica de servirse sin escrúpulos de todas las fuerzas afines, probablemente colaterales, sean las que sean, para desecharlas en cuanto se ha logrado la victoria. Maquiavelismo puro. El comunismo español apenas tenía, ya avanzada la revolución, unas pocas organizaciones, comparadas con las muy numerosas de los socialistas, en sus diversos matices, de los anarquistas y sindicalistas y de los republicanos de izquierda. Sólo dos o tres ministros las representaban en los gobiernos revolucionarios, inclusive en el actual, y el número de sus diputados era, como hemos dicho, y es también exiguo. Sin embargo, el comunismo no sólo ha impuesto su poder en la España roja, sino que ha reducido a la impotencia a los grupos socialistas, algunos tan fuertes al principio del movimiento como el de Largo Caballero, héroe durante muchos meses de la revolución; y, desde luego, a las nutridísimas masas de anarquistas y sindicalistas, dueñas de la calle hasta el pasado mes de abril y proveedoras del contingente más importante de soldados. La acción caótica de estas fuerzas y su tendencia a la palabrería han sido fácilmente dominadas por la severa disciplina comunista. Cuando ha llegado la ocasión, estos «amigos del pueblo» no han tenido el menor reparo en acudir a una represión sin piedad contra anarquistas y sindicalistas, que son, entre paréntesis, dentro de la revolución, la expresión más genuina de la psicología nacional.

Mas no hubieran podido conseguir esta extraordinaria victoria sin otro apoyo que hábilmente habían ganado y explotado con anterioridad: el de la opinión liberal. Así como la conquista de Rusia pudo lograrse por los propios medios obreristas, la de los países occidentales hubiera sido totalmente imposible con una opinión liberal adversa. La opinión liberal ha dado en nuestro mundo su visto bueno a todos los movimientos sociales. Fue la tirana del pensamiento europeo y americano durante el siglo XIX. Y cuando su estrella empezaba a declinar, cobró nuevo impulso y autoridad con la guerra europea, ganada en nombre de la democracia y con el auge material de los Estados Unidos de América, que sienten el fervor democrático con el ímpetu un tanto petulante de la juventud. Por eso durante los años que han precedido al movimiento actual la propaganda comunista se especializó en la conversión del liberal de todo el mundo hacia la simpatía a su causa.
______
Publicado en la Revue de París en su número del 15 de diciembre de 1937

Miércoles, 23 de Noviembre

 

Plato

martes, 22 de noviembre de 2022

Argentina de Messi, 1 / Arabia Saudita de Al-Dawsari, 2


 

 

Francisco Javier Gómez Izquierdo

 

Constan extraordinarios monumentos literarios al universal cinismo y a la hipocresía multiétnica y es harto recurrente el falso arrebato de honradez del corrupto gendarme francés en Casablanca, escandalizado porque en el garito de Rick se juega, pero a servidor le parece que en este Mundial de Catar los cínicos e hipócritas brotan como las setas (será que es su tiempo) para matricularse y significarse en el grupo de los dignos, sensibles y empáticos con los perseguidos por los jeques cataríes.


  Recuerdo una antigua película en la que Jean Paul Belmondo llevaba un machaca a robar un cuadro. El machaca hacía como que no quería pero entró en la casa, sujetó la escalera para descolgar el cuadro, "sí, pero sólo un poco", le decía al caco Belmondo... y no sé lo que seguía, pero tanto sepulcro blanqueado me recuerda al machaca de aquel simpático con cara de boxeador.


    Ha llevado don Rubiales la Supercopa a la Arabia Saudita ayudado por tratantes sin escrúpulos cuyo único afán es arramplar dólares y euros donde los haya y aquí a pocos les pareció mal. La FIFA vendió el mundial por dinero. ¿Alguien piensa, de verdad, que hay otro modo? Ahí debieron las federaciones (saben ustedes que tienen presidentes que votan para glorificar la democracia) occidentales plantrse y descubrir lo que pasaba con las africanas y la Concacaf, según cuenta el Netflix. Bueno, Platini y la Francia tampoco parecen mancas.


    Por Qatar andan y han andado peloteros y entrenadores muy estimados en nuestro país que en varias ocasiones han hablado maravillas de su estancia entre aquellas calorinas. Nos olía a jugosa jubilación con un toque decadente, porque ¡ay! ¡la pasta es la pasta!. En cuanto al fútbol, se ha visto poco y peor que regular. Es la primera vez que me pierdo el partido inaugural. Lo cambié por un Córdoba/Linares de 1a RFEF que llenó El Arcángel de aficionados. No como el Catar/Ecuador al que acudieron hinchas de pastel que sólo soportaron medio partido.


  Estoy viendo perder a la Argentina de Messi ante la Arabia Saudita de Al-Dawsari, que también gasta el 10 y que jugó por cortesía un partido con el Villarreal. Escribo desde el móvil en el que estoy viendo los partidos por estar lejos de casa. Quizás semejante perspectiva me condicione, pero el fútbol visto en los primeros partidos tira a ramplón y esta derrota de una selección llamada a hacer historia pudiera apartar más de dos hornadas de fieles de una religión a la que se le está negando la liturgia que la hizo insuperable. ¿Qué me dicen de esos fueras de juego milimétricos que invalidan con sutiles manejos el concepto de "en línea"? Es el último invento de la FIFA para hacerse aún más odiosa.


  Sí. Argentina 1 Arabia Saudita 2. 

Macron, Meloni, Bogart, Bacall, Hynkel y Napaloni

 

 
 Macron subido a un cajón de gaseosas para recibir a Meloni
 
 
 

 Hynkel, dictador de Tomania, recibe en lo alto a Napaloni, dictador de Bacteria
 


Humphrey Bogart en un descanso del rodaje de "Tener y no tener" con las alzas para estar a la altura de Lauren Bacall

"El Pacto de la Sedición"

Ortega y Gary Cooper, de quien el filósofo

 portó siempre un retrato en su cartera

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Así lo llaman sus perpetradores: es el lenguaje bárbaro de los Josués de la Transición llevando el Arca del Pacto a la tierra prometida (pasteleada) del “Estado Compuesto” con una veintena de tribus errantes.


    ¿Qué significa pacto? Pacto, en política, significa componenda, es decir, oligarquía. ¡Nuestra famosa oligarquía de partidos! Si hay pacto, no hay democracia, pero esto no lo sabe un país que lleva medio siglo oyendo que democracia es el arte de pactar. ¿Qué es el catalanismo sino pactismo? Y de la necesidad de pactos surge la corrupción, cuya apoteosis sería “el Pacto de la Sedición”.


    –¿Quién, yo? Pero ¿tú sabes quién soy yo? Soy un hijo espiritual de don Francisco Pi y Margall y firmé con él el pacto sinalagmático de la república federal, y un hombre sinalagmático no puede difundir la prensa que hizo fracasar el pacto sinalagmático. Lo sinalagmático es lo bilateral. ¿Te enteras? –decía Venancio, el vendedor de periódicos de Cañabate para negarse a vocear el ABC.


    ¿Qué significa sedición? Por el único pensador político que estudió “la anomalía española”, sabemos que en el franquismo, porque el Régimen procedía de un alzamiento, los delitos de rebelión y sedición fueron sacados de su sitio (delitos contra el Estado y la Nación) y desviados hacia el orden público. El parchís kelseniano de la Santa Transición (de oca en oca y tiro porque me toca) sólo tuvo que reorganizar el juego: sobre la masa madre del Código del 73, los pasteleros del 95 amasaron la rebelión como delito… ¡contra la Constitución!, y la sedición, como delito… ¡contra el orden público!


    La cosa, desde el principio, fue que nunca pudiera ser perseguida la sedición, razón por la cual las resoluciones del Tribunal Constitucional no fueron de obligado cumplimiento hasta la reforma de Rajoy (por otros motivos), y aun así ahí tenemos, sin sanción, los confinamientos anticonstitucionales de la llamada pandemia. Ahora, como diría la Jurado, ya es tarde, y el final de la Nación española que fue queda en manos de las cabezas jurídicas de los Bolaños y los Pons, cuya ciencia del Derecho es la ciencia matemática del Consenso (la repartija).


    A algunos se les hacía bola en el cerebro sólo de pensarlo, pero hemos llegado al punto en que nos dejó Ortega, sacado, enfermo, de casa en angarillas y de madrugada, cuando los energúmenos de la República lo trasladaron al Congreso para que aclarara el sueño francmasón de una España como la de Venancio el quiosquero, hoy triunfante. Para aquellos energúmenos, escribe Camba, era lo mismo ensamblar las piezas de un puzzle, a fin de formar un cuadro, que coger un cuadro y hacerlo añicos, al objeto de crear un puzzle. ¡El Pacto de la Sedición!


    –Está que muerde el filosofazo –fue el siseo de Azaña, incapaz de soportar que alguien escribiera y hablara mejor que él.


    Y no. No es Sánchez. Es (de la ley a la ley) el Régimen.

 

[Martes, 15 de Noviembre] 

Martes, 22 de Noviembre

 

Valle de Esteban

perdido habemos el camino

lunes, 21 de noviembre de 2022

Plaza de San Boal


 

 

Vicente Llorca


“Y le respondió diciendo: Mi nombre es legión, pues somos muchos”.
(Mateo, 5:9)



Sigue el aire frío, una lluvia intermitente que cae todos los días. En la antigua Salamanca queda apenas un resquicio de la vieja ciudad en la portada de la iglesia de San Benito, siempre oscura, el bar Bolero al fondo de una calleja, el café Novelty en la plaza... Entre la procesión de turistas y las tiendas de recuerdos que ocupan ya, a todas horas, las calles.


Una mañana, la librería C., frente a la fachada de la Universidad, es un remanso en medio del desfile y los puestos de comida rápida. Alguien me contó que habían comprado hacía poco la colección completa de clásicos de la editorial Gredos. Me acerqué algún día pero estaba siempre cerrado. B., la dueña, me viene a decir que abre cuando hace buen tiempo. Esa mañana luce un sol frío, de otoño, y por eso está allí, detrás de una mesa caótica y una estantería en la que guarda algunas ediciones realmente raras. Ésas no las vende, me informa, fiel a una costumbre de librero de lance que agradezco en el fondo.


Toda la colección de Gredos, esas joyas de edición de los Ovidio, Herodoto, Aulo Gelio y aún Rutilio Namaciano están ya vendidas, me dice. En cambio, ha conseguido el catálogo de la biblioteca medieval de Siruela, no menos raro. Le compro la edición de Victoria Cirlot del Mabinogion galés, el repertorio de antiguas leyendas contadas originalmente en gaélico. Y en cuyas páginas asoma el paisaje bretón -no se sabe cuál sería anterior-, los primeros motivos artúricos, y un recuerdo como velado de una mitología celta y la epopeya de antiguos héroes y reyes de los britones de los que apenas tenemos noticia.

 
Fuera se oye el rumor de los grupos que pasan, y las voces de unos guías describiendo la fachada de la Universidad. B. tiene muchas otras cosas en las baldas. Pero la mayoría de las novelas de la editorial Áncora y Delfín o del Premio Formentor de narrativa las tengo ya. Una rarísima edición del poeta José María Hinojosa, publicada en Málaga en los años anteriores a la guerra, está dedicada a no recuerdo quién y no la había visto jamás. Pero el precio es insólito también y B. además no tiene ganas de desprenderse de ella, deduzco. Sí le compro otro raro Azorín, el "Cavilar y contar" del año 42. De cuando Azorín, de regreso de un París del que sólo ha visto los puestos de libros de la orilla del Sena y los restos del Segundo Imperio, vuelve al Madrid de la posguerra, un tanto hastiado de todo, y se dedica a escribir sobre sus amigos inmediatos. Y sobre la tertulia gris del café Belgrado, allá en la calle Alcalá, lejos de la contienda mundial que prosigue en las costas de Bretaña, las estepas ucranianas, al otro lado de la frontera.


La Plaza Mayor, a la salida, está ocupada por estudiantes con cámaras. En otra librería, en un pasaje también olvidado por las romerías, a la que acudo con cierta frecuencia -el café en la puerta es excelente- me miran con cierta sorna cuando una mañana les pregunto por varios títulos que creía desaparecidos para siempre. Tienen el Erwin Panofsky sobre "Los primitivos flamencos"; también su ensayo sobre iconología medieval, y aún el volumen de Aguilar de "El renacimiento meridional" de André Chastel, que me apresuro a adquirir antes de que entre en la librería otro orate. No tienen el raro libro sobre "El grutesco" de este último, pero me lo pueden conseguir en dos días, y en efecto a los dos días me llaman.

 

 


 
El local, luminoso y abarrotado de libros, está en una especie de sótano. Por los ventanales se ven los pasos en alto de quienes se dirigen a las oficinas de alrededor. O a los cursos de la Universidad Internacional, en el espléndido claustro del palacio Arias Corvelle, al final de la plaza. En un tiempo remoto aquello eran unos billares de permanente olor a rancio, siempre oscuros, en el subsuelo de la acera. Pero ahora ellos, afanosos libreros, no lo saben.


No tienen, y no se puede conseguir si no es a precio desorbitante, cuentan, ni el insólito estudio del erudito bizantino Pavel Florensky sobre la perspectiva de los iconos, ni aún menos el Stanislas Klossowsky sobre "El juego áureo", ambos de editorial Siruela. Lo escucho casi con una sensación de alivio. La Biblioteca de Babel no se halla aún en la plaza de San Boal, y en el fondo es un consuelo saberlo. Con la lluvia retomo a leer más tarde el Panofsky sobre la pintura flamenca, y su memorable ensayo sobre la cosmovisión de la perspectiva, posterior a Brunelleschi. Aún tengo reciente una visita al museo Groeninge de Brujas, y sus Van Eyck, Gerard David, Hans Memling y otros. Llovía también.


De camino otro día a la tertulia capitalina, acudo esta vez con el raro catálogo de una galería de arte malagueña, después de pasar la mañana con B. en la feria de arte antiguo. En cuyos fondos, puestos ahora a la venta, figuraban una magnífica estela egipcia del reino de Meroe; un no menos obsesivo Kylis griego, con las figuras de Ayax y Telamón en lucha. O un ladrillo paleocristiano del siglo III, en el que ya aparece el Crismón, la representación de la figura de Cristo -"El ungido"- en el cruce de las letras griegas X y P. Hay algo iniciático -de iniciación y de regreso a unos primeros tiempos- en ese emblema aún torpe en una época en la que el cristianismo busca sus propias figuras, sumergido todavía en una tradición absorbente de dioses, planetas y alegorías de la Antigüedad pagana.

 
En la tertulia, sin embargo, el erudito profesor García está desazonado con la publicación de un emblema muy distinto. Se trata de un sello, editado en colores y diseño industrial por no sabemos qué organismo oficial, que conmemora el centenario de la fundación del Partido Comunista. "Un ejemplo en la lucha por las libertades", habían proclamado en alguna parte.


-Sería más consecuente si hubieran celebrado la expansión de las legiones del Maligno - comentó, aún ofuscado. Para añadir luego-. Claro, que para eso tenían que haber leído algo más...

 

 

Vinicius y las orquídeas silvestres


Richard Rorty

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc



    El asno de Buridán pasó a la historia porque, situado entre dos haces de heno, murió de hambre al no saber por cuál de los dos decidirse.

 
    Algo parecido estuvo a punto de ocurrirle en su adolescencia al filósofo neoyorquino Richard Rorty, un relativista, hijo de papás trostkistas y veraneantes en Nueva Jersey.


    Rorty creció pensando que la gente decente era trotskista y que las buenas personas siempre serían oprimidas hasta que el capitalismo fuera superado.


    –A los quince años escapé de los matones que me golpeaban regularmente en el patio del colegio, matones que yo asumía que de algún modo se desvanecerían con el capitalismo.


    Desde los doce años Rorty ya sabía que el sentido de la vida era luchar contra la injusticia social, y para eso contaba con el Trotski de la biblioteca de sus padres. Pero también tenía “intereses privados, fantásticos, esnobs e incomunicables”, y esos intereses estaban en las montañas del noroeste de Nueva Jersey, donde se daban unas “orquídeas silvestres, nobles, puras, castas y estadounidenses”, muy superiores a las orquídeas tropicales de las floristerías.


    –Por “realidad” yo entendía, más o menos, aquellos momentos wordsworthianos en el bosque de Flarbrookville ante las orquídeas amarillas “lady slipper” que me hacían sentirme tocado por una inspiración, por algo de importancia inefable.


    Y el joven Rorty resolvió acudir a la Universidad con la única idea de dar con el secreto que le permitiera fundir platónicamente realidad (contemplar las orquídeas) y justicia (acabar con los matones) en una única imagen. No lo consiguió, y decidió consagrarse a la filosofía, cosa que debería tener en cuenta Vinicius, cuando le susurran que se deje pegar, que lo importante es jugar.


    Con el ejemplo de Rorty por delante, para el joven Vinicius el patio del colegio y sus matones es la Liga de Tebas, mientras que la Champions sería su bosque de Flarbrookville plagado de orquídeas silvestres, su verdadero mundo, aparte el Mundial con Brasil en Catar, una escuela de valores futbolísticos en el desierto que los más interesados pueden degustar en el documental que Netflix ha estrenado sobre la banda de la Fifa.


    Veníamos de una noche de lunes en Vallecas con Vinicius, donde se ensayó, contado por Hughes, “un nuevo recurso defensivo con la total permisividad arbitral: Balliu, superado, le arreó un cate por detrás y a dos manos que lo tumbó, rodando banda abajo; aún pedían amarilla para el brasileño, al que poco después, en un dos contra uno, tiraron del rectángulo con un empujón (de Isi, en la ayuda) como quien echa a un forastero demasiado gracioso del bar del pueblo”.


    –A jugadores como Vinicius es difícil pararlos, había que buscar esos truquitos… Intentaba ir fuerte, marcar territorio y que él también tuviera en la cabeza la lista de Brasil... –explicó Balliu, nuevo héroe mediático, porque la prensa acogió con risotadas… “su toque de platillos” en las orejas del brasileño.


    Y en la noche del jueves fuimos al Bernabéu como a despedir, contra el Cádiz, a los madridistas que marchan al Mundial, con lo que la cosa tenía algo de despedida de quintos, que es todo el glamour de la Liga de Tebas.


    Los quintos zamoranos de Manganeses de la Polvorosa fueron famosos por su tradición de arrojar a una cabra desde lo alto del campanario de la iglesia del pueblo. La diversión militroncha en la Liga de Tebas es sacar a Vinicius del campo a empellones, “como quien echa a un forastero demasiado gracioso del bar del pueblo”. O como quien tira a la cabra del campanario. Si el “forastero” se queja, tarjeta y sambenito de provocador.


    Vinicius recibe, pero protesta. Rodrygo recibe (Reinildo, Fali), pero es de mejor conformar:


    –Rodrygo es un señor. Vinicius, en cambio… –dijo el Fali, luego de arrearle a Rodrygo ante la complacencia arbitral (tarjeta a Vinicius, por denunciar) y la censura televisual. (“Al final es verdad que sí que le doy. Le intento parar e intento agarrarlo. En esta acción quizá me pasé un poquito. La verdad que le doy bastante. No es para hacerle daño”).


    El Relato impone la Nueva Virilidad: lo importante ya no es la Champions de Ceferino, sino la Liga de Tebas, con su seny (Gavi y Pedri) y su rauxa (Isi y Fali). Protegemos el Fútbol Modesto: “No podemos jugar con frac. Contra Vinicius hay que hacer faltas agresivas” (Sergio Rodríguez, entrenador del Cádiz). El Arte sólo fue un paréntesis (el de Messi).


    Pero mi única, y última, agarradera al fútbol es la alegría y la salud del Vinicius de las orquídeas silvestres.




Rodrygo y Vinicius

 

HAALAND EN ESPAÑOL


    Jugar sin delantero centro es como comer sin dientes Por ejemplo, el Madrid sin Benzemá y, sobre todo, sin Haaland, que en Inglaterra está haciendo algo prohibido en España: estudiar español. A Haaland le gusta tanto España que su ídolo, Michu, es español, igual que su futuro futbolístico, vistas sus ganas de aprender español. En el City disimulan con que el español de Haaland es para “entenderse mejor con Guardiola”, por lo que deducimos que el de Haaland será un español de Instituto Cervantes, como el que despacha García Montero, el poeta de la experiencia, autor de un haiku tontorrón (“tú me llamas, amor, yo cojo un taxi”) que sólo cobraría sentido en un llamado con Florentino.

[Lunes, 14 de Noviembre]

"Los mismos que hicieron la revolución contra unas elecciones, se cubren hoy el rostro con la toga porque una parte del pueblo y del ejército se sublevó dos años más tarde"


Asturias, 1934


LIBERALISMO Y COMUNISMO

Gregorio Marañón
IV


La propaganda rusa, cuyo comienzo es difícil precisar, debió intensificarse a poco del cambio de régimen, en cuanto se tuvo allá lejos la sensación de la debilidad de los elementos conservadores del nuevo Estado. Recuerdo que pocos días antes del incendio de los conventos, en mayo de 1931, iba yo casualmente de noche y a pie detrás de un grupo de tres personas que hablaban libremente y en alta voz de política. Eran comunistas, y en su tono y en sus esperanzas sobre el triunfo había tal firmeza, que me hubieran impresionado de no tener arraigada la convicción de que el ideario nacional, inclusive el más revolucionario, era refractario a la táctica bolchevique.

El día de los incendios pudimos ver que no era así. La propaganda había sido enorme, aunque subterránea; el número de afiliados conocido, muy pequeño; en las primeras elecciones generales sólo hubo uno o dos diputados comunistas (¡cuántas veces exhibimos este argumento tranquilizador!); pero las trescientas columnas de humo que subieron al cielo desde todas las ciudades de España, el mismo día y casi a la misma hora, en plena paz y sin provocación proporcionada a la bárbara respuesta, y con una técnica destructora admirable y desconocida del pueblo español, demostraron que la organización exótica existía ya y que hacía con ímpetu sus primeros ensayos. No para tomar una actitud retrospectiva frente a aquel suceso, sino porque conviene recordar la verdad, debo hacer constar ahora, que la única protesta que en ese sentido salió del campo republicano fue la que firmé yo con otras dos personas de nombre ilustre y notorio. Sin duda hubo otros grupos y personalidades aisladas que tuvieron nuestra misma actitud. Pero no existió la reacción colectiva, decisiva y enérgica de los liberales españoles frente a lo que ya era realidad incuestionable. Muchos de los españoles de espíritu liberal que habían acordado una confianza condicional a la República, en cuanto régimen nuevo en el que cupiesen con desembarazo reformas de política general y de orden social, que eran tan necesarias e inevitables que subsisten en el mismo programa nacionalista de hoy, pero no como pretexto de un movimiento de clase extremista, destructivo y dictatorial al estilo ruso, se volvieron desde aquel día a su campo; y aquel día, en realidad, empezó la lenta agonía de la recién nacida República. Y, repito, no por lo que sucedió, sino por lo que, debiendo haber sucedido, dejó de suceder.

Sin el apoyo de los «enemigos de buena voluntad» la República no podía vivir. Durante varios años se han burlado los extremistas de lo que propugnábamos, que solo «ampliando la base de la República» con generosidad se la podía consolidar. Hoy esos mismos extremistas para seguir viviendo tienen que fingir ante el mundo su respeto a todo lo que no respetaron e inclusive el catolicismo.

El liberal español unía al defecto común a todos los liberales del mundo, a saber: una ceguera de colores, que sólo le permitía ver el antiliberalismo negro, pero no el rojo; la vieja tradición anticlerical, que, como tantas veces se ha dicho, era más que un sentimiento un tópico; pero capaz de todas las concesiones y de todas las debilidades. El liberal anticlerical era frecuentemente, en su vida privada, perfectamente ortodoxo. Una vez hice yo una estadística de los hombres que llevaban al cuello medallas religiosas (a favor de la indiscreción que es posible en una consulta médica) y comprobé que los portadores de medallas eran en su mayoría hombres afiliados a los partidos burgueses de la izquierda. Publiqué estos datos en una revista francesa, y creyendo que era una errata, pusieron «derecha» donde debla decir, en efecto, «izquierda». Pero estos mismos izquierdistas de la medalla se hubieran avergonzado de no considerar en público la quema de los conventos como un suceso conveniente a la salud pública. La opinión fue injusta atribuyendo particularmente a algunos hombres la responsabilidad de aquella catástrofe, precursora de tantas otras, La responsabilidad fue del liberal español, que no supo darse cuenta de la gravedad y de la significación radicalmente antiliberal de lo ocurrido, y a la vez que contribuía a su impunidad se desprendía lastimosamente de la autoridad política que le quedaba.

A partir de aquella fecha el tono comunista de la agitación española fue creciendo y desenvolviéndose con arte supremo para no mostrarse demasiado potente y alarmante en las elecciones y en las demás manifestaciones públicas. La apariencia del poder comunista era siempre inferior a su verdadera realidad. Sin embargo, al fin, y con el pretexto del triunfo de las derechas en las elecciones, intentaron un golpe de mano revolucionario y netamente comunista para ocupar el poder en octubre de 1934. Esto no lo recuerdan en el extranjero, donde no tienen por qué saber la historia de España al detalle, aun siendo tan reciente. Pero los españoles, que no lo han podido olvidar, se ríen del súbito puritanismo con que los mismos que entonces hicieron la revolución contra algo tan legal como unas elecciones, se cubren hoy el rostro con la toga porque una parte del pueblo y del ejército se sublevó, a su vez, dos años más tarde, ante las violencias del poder, algunas de la magnitud del asesinato del jefe de la oposición por la propia fuerza pública. Los «gubernamentales» de hoy son los «rebeldes» de 1934. Es, pues, más veraz llamarles comunistas y anticomunistas y dejar de lado lo de «rebeldes», denominación que suscita un grave problema de prioridad.

La sublevación de Asturias en octubre de 1934 fue un intento en regla de ejecución del plan comunista de conquistar a España. Y la elección de España fundábase no sólo en la facilidad especifica que creaba en este país, siempre inquieto, un régimen nuevo que había renunciado desde el primer momento a toda autoridad; no sólo apoyándose en el viejo e inexacto tópico de una comunidad de psicología entre el pueblo español y el ruso, sino, además, en que seguramente el triunfo del comunismo en España hubiera supuesto, a muy breve fecha, por razones de geografía y de biología racial, un grave quebranto del fascismo europeo, y, sobre todo, la rápida conversión al comunismo de la mayor parte de la América latina. La fase preparatoria de esta conversión —la captación del liberalismo americano— estaba ya muy adelantada.

El movimiento comunista de Asturias fracasó por puro milagro. Pero dos años después tuvo su segundo y formidable intento. Que la España roja que hoy todavía lucha, es, en su sentido político, total y absolutamente comunista no lo podrá dudar nadie que haya vivido allí sólo unas horas, o que aun estando lejos no contemple el panorama español a través de esos ingenuos, pero eficaces espejismos de la libertad: el bien del pueblo, la democracia o la República constitucional. Los comunistas militantes, ya desenmascarados, claro es que no ocultan su designio. Los no comunistas, uncidos por la fatalidad a la causa roja, hablan todavía de que defienden una República democrática, porque saben que la credulidad humana es infinita. Pero estos mismos, cuando conversan en privado, no ocultan que mantienen su equivoco por miedo, o por una suerte de espejismo ético que les hace anteponer al deber de la conciencia el de la amistad o el de los compromisos de partido, o cuando no la necesidad inaplazable de vivir.

El día en que escribo estas líneas un hombre tan poco sospechoso como mister Eden ha hecho patente ante el mundo el carácter indudablemente moscovita del movimiento rojo español. Nadie, pues, dudará de buena fe sobre los términos en que está planteado el problema. Mi liberalismo recalcitrante no regatea su respeto a los que sinceramente apoyan a este movimiento o simplemente simpatizan con él, precisamente porque creen que la salvación de España y del mundo entero está en el comunismo. Lo que no puede admitirse sin suponer mala fe e insuficiencia mental es que ese apoyo y esa simpatía se funden en el amor a la libertad, en la paz social y universal, en la democracia, en el respeto a las ideas y en todos los demás tópicos nobilísimos que nada tienen que ver con el estado bolchevique.

____________________

Publicado en la Revue de París en su número del 15 de diciembre de 1937

Lunes, 21 de Noviembre

 

Valle de Esteban


Oración del camino

domingo, 20 de noviembre de 2022

Sexos

Ajuste socialdemócrata de códigos


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Nuestro patriotismo constitucional cuaja en Ozores (¡bastante más serio que Habermas!), y sale de esos diarios de sesiones que censura Ana Pastor en madreñas.
Estamos en abril del 83. Desmontaje del fascismo. Con Guerra repartiendo corbatas de Loewe nacionalizadas por Boyer (“¡Tó pal pueblo!”), del ajuste urgente del Código Penal a la Constitución “que con tanto trabajo nos dimos todos” se encarga el abogado Vizcaya (PNV), que propone la eliminación de la agravante franquista del “desprecio de sexo”:

–Mantenerla significaría que un sexo merece más respeto que otro.
–Y suprimirla sería coger el rábano por las hojas –replica el abogado (del Estado) Calero (PP): argumenta que la mujer es más débil que el hombre, que puede aprovechar su mayor vigor físico para agredirla.

Es el momento de Granados (PSOE), que va de fino jurista: la agravante, “no nos equivoquemos”, responde a un “principio de galantería” (franquista). Y tira de documentación: un flamante Convenio onusino contra la discriminación por razón de sexo, que invita a “acabar con el mito de la debilidad de la mujer frente al hombre y sus secuelas laborales, humanas, conyugales…” Por ejemplo:

–Hay por ahí actuando, en plena madurez y facultades, cierta artista de variedades cuyo número fuerte consiste en arrastrar con los dientes un tren entero. No he tenido la fortuna de verlo, pero lamentaría tenérmela que encontrar con actitudes discrepantes y agresivas.
Unas risas, y fuera la agravante. Como Groucho Marx arrancando cláusulas del contrato. Hasta el Día de Inocentes de 2004, fecha de la ley contra la Violencia de Género donde el mismo partido de las risas del 83 rescata la agravante franquista, pero pasada por la ingeniería nacionalsocialista del delito de autor.

Antes, la comprensión del Derecho exigía de una especial educación del pensamiento abstracto, hoy reducido por la socialdemocracia a aceptar la hipótesis de Irigaray según la cual “e=mc2” es una ecuación sexualizada.
 

 [Publiocado el 20 de Diciembre de 2018]

Remembranzas trevijanistas XXX



 

Martín-Miguel Rubio Esteban

Doctor en Filología Clásica
    


A Trevijano le angustiaba la malísima prosa que perpetran los jueces y abogados de hoy, y su falta de cultura jurídica para saber leer las leyes: “La infame calidad de la literatura procesal causa inseguridad jurídica ante imprevisibles sentencias, contagiadas de la pobreza del material que les aportan los abogados. Permite dictar resoluciones a destajo, sin tiempo ni ganas de interpretar los textos legales de modo integrador o sistemático.” Nadie puede tener hoy la extravagancia de aprender a escribir bien leyendo textos legales, como hizo Stendhal. Ante cada litigio, ningún jurista puede predecir el sentido favorable o adverso de la sentencia. La inseguridad ante las leyes y las sentencias es la norma. Ya lo decía también con exquisitez científica el gran Luis Martí Mingarro. En la mala gramática de la prosa judicial late la corrupción y prevaricación de los jueces. Así, verbi gratia, Garzón escondía sus continuas prevaricaciones y violaciones de las garantías constitucionales bajo una prosa infumable, pero de mucho humo.

Por el contrario, durante unos meses la feliz y buena prosa del querellante Sr. Peláez y del Ilmo. Sr. Ponente de la Sentencia contra Garzón, Miguel Colmenero Menéndez de Luarca, dieron esperanza a los ciudadanos españoles sobre la independencia del Poder Judicial frente al gobierno. Se trata de una de las más grandes y transcendentales sentencias desde la época de la Transición, en el que queda meridianamente claro que el derecho fundamental a la defensa corresponde al imputado, frente al interés del Estado en la persecución de los delitos. Baltasar Garzón había mandado escuchar contra derecho a los propios abogados de sus víctimas, letrados que no estaban para nada mezclados con los delitos que se investigaban. La frase garzonita “por si las imputaciones se han ido corroborando” debe pasar al catálogo de las frases de jueces obsesivos, insensibles al sentimiento de justicia, que actúan por teorías y prejuicios, y no por pruebas, y practican una masiva investigación prospectiva por si cazan algún marrón de sus víctimas, vulnerando los más básicos derechos del ciudadano. Magnífico juez para tiranías de corte castrista-bolivariano, y perfecto personaje para una novela del mejor Leonardo Sciascia. Baltasar Garzón fue totalmente consciente de su prevaricación continuada contra el derecho de defensa. Su actuación fue paladinamente dolosa. La justicia obtenida a cualquier precio no es justicia. Los prejuicios ideológicos de aquel juez-estrella eran totalmente incompatibles con la justicia y sus normas procedimentales.

-¿Y tú, Antonio, qué valoración has tenido siempre de Garzón?

-Garzón es el tipo de persona que siempre come a mesa y mantel.

No me dijo más el maestro. A buen entendedor…

Los gobiernos representativos empezaron a llamarse a sí mismos “democracias”, como modo de profanar aquélla de la de la Atenas de los siglos V y IV a. C., a causa de la transformación de los partidos parlamentarios en partidos de masas y de la extensión progresiva del derecho de sufragio. Esto es paradójico en cuanto que la Democracia Directa de Atenas tenía prohibidas con Pena Capital las “hetaireíai”, embriones de nuestros partidos políticos actuales.

Todas las revoluciones de la igualdad han fracasado. Y pese a ello, sigue latiendo una pasión instintiva de índole igualitaria que alimenta de sentimientos democráticos a la mayor parte de la humanidad. Este sentimiento nivelador no podía ser para Trevijano el de igualdad material, que inspiró a las ideologías socialistas y comunistas; ni el de igualdad de derechos individuales, que fundó el Estado liberal; ni tampoco el de igualdad de derechos sociales del Estado asistencial, que sostuvo a las modernas dictaduras y mantiene a las actuales oligarquías de partido. No. La pasión democrática para Antonio parecía estar en la extensión de la igualdad primordial, en el derecho de cada uno a decidir sobre sus propios asuntos, a la igualdad universal en el derecho de todos a decidir sobre los asuntos de todos. En la pasión por convertir la igualdad natural, ante lo íntimo y privado, en igualdad política ante lo público y colectivo.

Ni la regla de tomar decisiones colectivas por mayorías y minorías, ni el sufragio universal, son inventos de la democracia, ni la distinguen por eso del gobierno del Estado liberal o del Estado de partidos. La primera acción de la libertad política no puede ser otra que la de asegurar su permanencia. Nadie se siente libre sin tener la seguridad de que lo será mañana. En la garantía de la libertad política de las minorías está el secreto de la libertad de todos. Por ello, la libertad matriz de todas las libertades instituidas es la irresponsabilidad.

La historia supera a Lincoln: dando libertad a los esclavos, no sólo “conservamos” la de los hombres libres, la “aumentamos”. La libertad de pensamiento debe hacer comprender a la libertad de acción que esos llamados derechos naturales proclamados por la bendita Escuela de Salamanca del Colegio San Esteban, y todos los demás derechos humanos, están forzosamente en precario hasta que el poder civil instalado “motu proprio” en el Estado, y no el Estado que es una organización involuntaria, esté formado y controlado por una libertad de orden superior, la libertad política de los ciudadanos, en un régimen especial de división, separación, elección y control de los poderes civiles “en” el Estado, que es la esencia y finalidad de la democracia.

Fueron los rebeldes colonos angloamericanos quienes por primera vez descubrieron la libertad política.

A la modernidad fascista sucedió, sin ruptura moral, la posmodernidad cultural del consenso. La misión integradora del partido único la continuaría mejor el pensamiento único ( socialdemocracia o doctrina de lo políticamente correcto ) de varios. Así se incorporaron al Estado los actuales partidos de integración y se eliminaron de la sociedad los antiguos partidos de representación. La pasión de partido de integración perdió todas las trazas de su huella ideológica y se transformó con naturalidad en pasión de funcionario estatal y de administrador incontrolado de bienes públicos. En el Estado de partidos siempre encontraremos las huellas vivas del Estado de partido único. Gerhard Leibholz dictó las sentencias que consagraron a los partidos como órganos del Estado y paradójicamente prohibieron la legalidad de los partidos nazis y comunistas. Paradójicamente porque atribuyeron la misma naturaleza estatal de los partidos comunista y nazi a los partidos democráticos, que en la antigua época del Estado liberal vivían como organizaciones civiles.

Toda civilización es un combate contra el miedo. La cultura mágica de los pueblos primitivos expresa un sistema de seguridad sugestiva contra el pánico que produce en el hombre ignorante e indefenso lo ignoto y lo indomable. La civilización occidental se fundamenta en el miedo contra Rusia, que curiosamente también es occidente; del mismo modo que el Imperio Romano se fundaba en el miedo contra Persia, que también era occidente. Pero una Europa europea limitada a los países occidentales de la OTAN será siempre una simple unión atlántica subordinada a Norteamérica. Hasta ahora la dinámica de la unidad no se ha cruzado con la dinámica de la independencia en el movimiento europeo. De Gaulle comprendió muy bien la imposibilidad de la independencia de Europa sobre la base de la unión atlántica. La reciente voladura de los gasoductos de Nord Stream nos revela hasta qué punto toda Europa, salvo Rusia, está subordinada a los EEUU, y el hecho de que se perpetre una acción contra los intereses del país con la economía europea más importante, y que es miembro de la propia OTAN, muestra también el carácter brutal de esta subordinación. Lo que Europa tiene hoy de europea es sólo su virtualidad y vocación de llegar a serlo.

[El Imparcial]

Domingo, 20 de Noviembre

 

 

lustrales plumas terceras

"Hoy estarás conmigo en el paraíso"

 DOMINGO, 20 DE NOVIEMBRE

En aquel tiempo, los magistrados hacían muecas a Jesús diciendo: «A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido». Se burlaban de él también los soldados, que se acercaban y le ofrecían vinagre, diciendo: «Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo». Había también por encima de él un letrero: «Éste es el rey de los judíos». Uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo: «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros». Pero el otro, respondiéndole e increpándolo, le decía: «¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en la misma condena? Nosotros, en verdad, lo estamos justamente, porque recibimos el justo pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha hecho nada malo». Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino». Jesús le dijo:


-En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso.
 

Lucas 23,35-43

sábado, 19 de noviembre de 2022

El candil dalmaciano


 

Ignacio Ruiz Quintano


    El pensamiento de Huxley que consuela a Schmitt, porque se reconoce en él, es que el pensamiento es un siervo de la vida; que la vida misma es un juglar del tiempo; y que el tiempo tendrá alguna vez un fin.


    El único profesor universitario que me dejó algo fue el que menos iba a clase, Constantino García, de Pensamiento Político… en Periodismo: me desencantó del 78 en el 76, pero a cambio me aficionó a Maquiavelo, a Hobbes, a Hume, a Lenin, a Schmitt… Luego, la aparición deslumbradora de García-Trevijano, que había hecho suyo el consejo de Romain Roland (“aprender a estar solo ante el mundo, y si es necesario, frente al mundo”), y que traía de la mano a Dalmacio Negro, con quien protagonizaría, por escrito y por hablado, gloriosos tercios de quites (¡tauromaquia política!) en el páramo cultural de España.


    De Dalmacio Negro me intrigaba su cara de japonés, aquel D. T. Suzuki de sugerencias tan dalmacianas como ésta que tenía impresionado a Sloterdijk: “La religión ante todo debe intentar conservar la esencia del Estado”. ¿Quién sabrá hoy del Estado más que Dalmacio Negro? “Ni Inglaterra ni América tienen Estado”, y García-Trevijano, que lo aceptaba para lo de Inglaterra, lo rechazaba para lo de América: discutían por la verdad, pero, como diría Santayana, se sumaba a su coraje y amor propio decir que discutían por la belleza (incluida, por cierto, la de Marilyn Monroe).


    ¿Cómo se puede saber tanto y escribir tan claro? Ser elegante exige casi todo el tiempo de una vida (por eso, decían los cronistas, va fallando la elegancia en la existencia contemporánea), y la claridad es la elegancia de Dalmacio Negro: nadie, en lo suyo, escribe más limpiamente que él.


    El pensamiento, para Huxley, es un siervo de la vida, y la política, para Valéry, es el arte de evitar que se entere la gente de lo que le atañe. El pensamiento político había de ser, pues, la gran paradoja de España, cosa que ya vio Nicolás Ramiro Rico, que fue, dicho por su amigo Luis Díez del Corral, un gran ágrafo: “España, un país muy rico en calamidades civiles de todo género, es comparativamente pobrísima en Teoría Política, aunque abunde en suspirados ayes y enfebrecidas consideraciones”.


    Y aclara Dalmacio Negro:


    –La pobreza del pensamiento político es evidente: la ciencia política de origen norteamericano resulta demasiado abstracta, lo del comunitarismo no supone nada nuevo y la tercera vía es una banalidad.


    Cuando se vaya, y parece eterno, Dalmacio Negro apagará la luz de una época que al fin habrá tenido un fin.

________

Del libro Pensar el Estado: Dalmacio Negro

La política de los hechos y la política de la libertad

MMXXII

Edición de Jerónimo Molina

Los Papeles del Sitio

 

Con el profesor, en compañía de Hughes,

 Jorge Sánchez de Castro, José Miguel Ortí Bordás 

Sábado, 19 de Noviembre

 


Gatomaquia

viernes, 18 de noviembre de 2022

Tiempo de calamidades

 


Francisco Javier Gómez Izquierdo

 

     No sabe uno como sonarán las trompetas que precederán al Apocalipsis, pero me pasa como a los personajes de Miguel Delibes que medían sus ciclos vitales junto a la encina, la cebada y el guarro a golpe de santoral y tanto desbarajuste como se amontona me suena demasiado raro y me huele a decrepitud. Que servidor de ustedes, que se ha montado tres veces en aviones con más miedo que perro en China se meta a guiarlos con gente montada en un descuido del guarda, por chulería y soberbia repentinas, tendría que tener pena, pero en el mundo en general y en España en particular semejantes arrebatos no sólo tienen premio sino la suficiente consideración como para institucionalizarlos.


    Al frente de los ministerios de España han llegada ejemplares de personas muy extrañas. Gentes con singulares ocurrencias hasta el punto de temer que un día saquen una ley que diga que me tengo que pintar el poco pelo que me queda de colorao. Creen en los ministerios que todos somos tontos, y si no lo somos, debemos al menos parecerlo. Confiada esta generación de barandas -padres conscriptos en parla ciceroniana- en su impunidad, fanfarronean con leyes irrespetuosas que reemplazan las de otros hombres más ancianos y más sabios que con intercambio de cesiones y respetos regularon y castigaron los delitos contra la convivencia y los patrimonios con cierta unanimidad. ¿Alguien en su sano juicio cree que el Código Penal de un país puede ser redactado en contra de la opinión del 95% de los ciudadanos? ¿Nadie es capaz de razonar y convencer para que el Código Penal castigue conforme el mejor saber y entender de los individuos más sensatos escogidos entre todos los partidos del Congreso de derechas e izquierdas? ¿Cómo se ha llegado tan bajo y se permite que una secta fanática legisle como si el Estado fuera su cortijo particular?


    De lo que pueda pasarnos en España -dicen que la malversación según quien la cometa va a dejar de ser delito- Dios o el diablo dirán, pero por ahí fuera también tienen lo suyo. El Mundial que empieza el domingo sin ir más lejos. El daño de celebrarlo en invierno paralizando las Ligas nacionales y sobre todo ante gentes tan extrañas como caprichosas que se sienten atraídas por un juego capaz de montar la mejor feria del Mundo, como les atrae el halcón cetrero o el caballo pura sangre de las carreras inglesas, me da que va a ser incontrolable no sólo para los satrapillas fiferos y ueferos sino para el aficionado en general que sitúa el comienzo del gran acontecimiento por San Eliseo o Santa Micaela del Santísimo Sacramento como ajustaría el Nini de "las ratas", niño con el que uno empatiza, como se dice ahora, y no para San Edmundo como han decidido los adoradores del dólar y que han compuesto semejante desatino.


     En el fútbol está demasiado extendida la metástasis de la política. No hay médico que se atreva a abrir por si al abrir la criatura se queda en el sitio. Puede también morir de repente, pero es poco probable. Servidor cree que son demasiados los inventos que amenazan al mayor espectáculo del Mundo. Adaptarse a ellos lo ha enfermado gravemente y sólo cabe esperar una muerte que no parece vaya a ser decorosa.  Habrá que volver a ver fútbol sin aditivos con los cadetes y juveniles en las mañanas de los sábados y domingos y que las televisiones con sus VARES y sus cámaras lentas y una conveniente recua de referís se entiendan con la FIFA y la UEFA, pero confieso que llegan días en los que no me voy a apartar del tele como decía Remigio el de la Evenceslada.

Ojana


Robert Michels

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Para moverse en el Estado como por un cortijo, las dos patas de las elites españolas desde el 78 (el famoso “haraquiri franquista”, tan falso como el de la nobleza en la Revolución francesa) son partido socialista y partido popular. Los demás partidos sólo son pajes de escoba para completar el folclor del cortejo.


    La organización política de un país determina y configura su mentalidad colectiva: Jacob Burckhardt probó que las circunstancias políticas de la Italia renacentista generaron el nacimiento de la individualidad, así como las circunstancias políticas de la España transicionera han generado el imperio del descoco y la traición como virtud social.


    –Si uno alimenta al caballo con avena de sobra, algo acabará cayendo al camino para los gorriones –fue la metáfora del director de Presupuesto de Reagan, Stochman, para aliviar de impuestos a las elites.


    En España el caballo elitista es el partido socialista; el que limpia la cuadra, es el partido popular; y los demás son los gorriones. Todo ello garantizado por el sistema proporcional empotrado en el Estado (¡la avena!) por la gracia de la Constitución’78, cuyos constructores fueron los de la humorada de Swift citada por Schmitt: constructores de Constituciones que compensan tan cuidadosamente la organización del Estado como un arquitecto que compensa una casa de tal manera que un gorrión posado en ella (¿Conde-Pumpido?) bastará a romper el equilibrio y derribar el edificio.


    Con este panorama, los medios nos machacan con Macarena Olona, que grita que en Vox “no hay democracia interna”. Hay que superar el alipori que produce recordar esto: los partidos no pueden funcionar democráticamente, según la ley de hierro de la oligarquía, descubierta por Robert Michels (discípulo de Weber, quien, por cierto, despreciaba la Constitución de América, cuyos partidos son uniones de electores, sin vida orgánica). Si hay disciplina de partido, hay organización. Pero si la organización se democratiza, deja de existir. Las elites de todos los partidos (Vox es uno más, cosa que fingen ignorar los medios y Olona) son oligarquías que se renuevan por cooptación para vampirizar al Estado, que nunca puede ser democrático.


    Si Olona, abogada del Estado, ignora la teoría política hasta el punto de exigir “democracia interna” a los partidos, ¿qué le vamos a pedir a un periodista? “Sería ridículo que los periodistas, que no tenemos qué comer, tuviéramos convicciones”, decía Bonafoux.


    Un partido es una asociación voluntaria, y allá quien acepte sus normas: su vida interna es irrelevante para el ciudadano. Para poder tenerse por ciudadano, lo democrático debe ser, no el partido, sino el sistema político, y el español no lo es.


    Todo lo demás es “ojana” (charlatanería huera, chirle y hebén), palabra extraída del taurineo de uña larga por Joaquín Moeckel, que la ofreció, sin éxito, al académico y ganadero juanpedrero (“eliminando lo anterior”) Muñoz Machado, con la falta que hace.

 

[Viernes, 11 de Noviembre]

Viernes, 18 de Noviembre

 

Prensa

Felicidades a Catalina

 

 

CLIC


 

CLIC