viernes, 16 de diciembre de 2022

Viernes, 16 de Diciembre

 


Serán ceniza, mas tendrá sentido

jueves, 15 de diciembre de 2022

Mundial. Final Francia-Argentina


Los tres tenores a sueldo de Catar

 

Francisco Javier Gómez Izquierdo


         No le queda a uno más remedio que ser objetivo con las semifinales del Mundial y confesar que Argentina fue mucho más intensa que Croacia, jugó concentradísima en una continua ebullición de sus elementos que sin llegar en esta ocasión a la belicosa agresividad contra Holanda, supo culminar conforme al plan imaginado por Scalonni, un entrenador del que servidor sospecha que disimula sus trucos de motivación con una estrategia en la que no se aprecian novedades de consideración. Tengo para mí que Scalonni cabrea a modo a Messi antes de los partidos, contándole vaya usted a saber qué cosas, para esto los argentinos se las pintan sólos, por lo que Leo sale como endemoniado, hostil con todo Cristo y ¡cómo no! intimidatorio con los "referís" amparado por esa bandera blanca que es el brazalete de capitán y ¡claro está!, el aura que ni pierde ni le quitan. Recuerdo un día que Marcelo le cascó una colleja que no vio el árbitro y ¡en qué hora! El resto de la albiceleste ya llega cabreado desde el hotel con alarde de tatuajes inquietantes y esos rostros torvos, desafiantes, antipáticos...


       El que hace de locutor en el movistar, Álvaro Benito, a los dos minutos de partido comenzó a glosar las virtudes de Gvardiol hasta una innecesaia exageración. Beckenbanuer a su lado resultaba un piernas del cretácico. Me malicié lo que estaba por venir para dejar en feo tan sesudos análisis: una infausta desaplicación defensiva, ese concepto inventado por la argentinidad que puebla el fútbol. Sosa, el lateral izquierdo croata, a mi modesto parecer no alcanzaba nivel mundial y no resultó extraño su torpeza en el segundo gol pero sí sorprendió el traje de Messi a Gvardiol, el defensa favorito de la prensa (la verdad es que es muy bueno) en una jugada que nos pondrán durante años para recordación de Messi y que no olvidará fácilmente el locutor.


       Si Messi en Argentina es un chorro de talento, en Francia a Deschamps le pasa como a San Juan de la Cruz "...que bien sé yo la fonte que mana y corre, aunque sea de noche". Deschamps confía en el arrebato genial de Mbbappé pero sabe de sus férreas vigilancias y por ello alecciona a Griezzman, su predilecta fuente, como una especie de comodín multiservicios que mantenga a todo el equipo en tensión. Anoche Marruecos jugó como requerían las vicisitudes del encuentro.  Quiso defender como solía pero a los cinco minutos tuvo que cambiar de plan, que lo tenía y muy bien ensayado, y a todos nos sorprendió, alegró y nos hizo un poco cómplices suyos, pero Francia gana porque tiene muy buenos jugadores y cuando parecen regulares se sacan de la manga cualquiera de los recursos técnicos que manejan con exquisita exclusividad.


     Claro que luego pasan cosas, que entran en el apartado de la suerte propia o los imponderables ajenos. A favor de Argentina se pitó un penalti interpretable y no se contó otro para Marruecos de Theo Hernández que el señor César Ramos, mexicano, convirtió en falta del atacante Boufal, buen driblador por cierto. Suerte decimos y no nos queremos meter en honduras pero no está de más señalar que el estamento arbitral siempre ha tenido miedo al poderoso y según dice don Iturralde, los aficionados somos ignorantes porque hay circulares de FIFA que dicen "se pita penalty si.." y "no es penalty si.." y nos suelta una interpretación de la Biblia sólo entendible entre sectarios.

     Curiosa final en un Mundial acusado de todo por culpa de la "asquerosidá" de los dineros y que se presenta como los amos de los dineros desean. El PSG, el equipo al que el estado de Catar parece gestionar con el mismo fanatismo que a sus caballerizas, tiene contratados a los dos mejores peloteros del mercado. Los ha sacado de "su" Parque de los Príncipes y los ha llevado a la palestra de "su" Mundial para que se enfrenten entre sí con intención de asombrar al mundo. Son suyos, de su PSG, de su Catar.


      A los aficionados nos consuela que es Francia contra Argentina. Perspectivas de gran partido sin duda.

Los 80



 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    En esta hora de rendición incondicional de lo mejor a lo peor, todavía llama la atención la superioridad moral que la insignificancia trata de imponer a la excelencia, según hemos visto en lo de Maradona.


    –Es que fue drogadicto.
    

Y usted, inane perceptor de prestaciones a cargo de algún presupuesto de egresos, ¿qué es?


    “Los 80, la década que dio forma a nuestro mundo”, repetían las parpayuelas de National Geographic para promocionar “la década prodigiosa” que uno vivió con veinte años, que es como se viven esos milagros, ya que todo lo demás sería morirlos.
    

–Si Eduardo Benavente hubiese nacido en el 90 y no en el 62, en vez de un grupo postpunk montaría una asamblea –lo resumió un día una amiga–. Triste decadencia la nuestra.
    

En los 80, para andar por casa, Madrid nos dio la Movida y la Quinta del Buitre, pero el mundo era una zarza ardiente y el fútbol nos dio a Maradona (y a la postre, el “Dream Team” de Cruyff); el boxeo, a Mike Tyson en Las Vegas (y los viernes, para los pobres, en el Campo del Gas, a Poli Díaz); la música, a Michael Jackson; el cine, a Scorsese y Kathleen Turner; la tauromaquia, a Chenel y Paco Ojeda en Las Ventas; el ciclismo, a Perico Delgado en el Tour; la Iglesia, a Wojtyla en el Vaticano; y América, a Reagan en la Casa Blanca, cuyo epígono es Donald Trump, modelo de “triunfador y amante” (¡aquellos casinos y aquella Ivana!) en una década que tuvo la monomanía de la libertad hasta que, derribado el Muro, el mundo volvió a la “inmunidad del rebaño” con la monomanía de la igualdad que nos coloca, ¡imposibles de igualar!, amorcillados en tablas y con cara de “mantener la rabia”.


    –Los que quedan son los capaces de adaptarse, los mediocres, los pequeños y pequeñísimos que nos dominan.
    

La España oficial de los 80 fue el felipismo, aquel ismo de Rumasa (“Tó pa’l pueblo”) y el Gal, el ismo que presumía de haber enterrado a Montesquieu, alguien que nunca estuvo aquí vivo, salvo en los ensayos sepia de Luis Díez del Corral.
    

Pero Maradona… ¡Ay, Maradona!

[Publicado el Martes, 1 de Diciembre de 2020]

Jueves, 15 de Diciembre

 


A la vista del Padre

miércoles, 14 de diciembre de 2022

Sin pulso (La República se llama Paloma y es catalana)


Cambó

 
Ignacio Ruiz Quintano
Abc

–¡Qué lástima! Tan joven, y ya catalana...

Eso dijo su madre al pintor mexicano Juan Soriano (Premio Velázquez) cuando de mozo le presentaba a una amiga (“se llama Paloma y es catalana”), hija de exiliados.

En Cataluña, al hilo de la corrupción moral y económica de una sociedad española que ha hecho de la traición una virtud mundana, hay desencadenado un proceso (¡el “prusés”!) revolucionario que nadie sabe a dónde lleva: la Historia nos enseña que los hombres que las ponen en marcha se limitan a tomar el poder de un régimen en plena desintegración.

Las revoluciones, según la observación de Hannah Arendt, son las consecuencias, no las causas, de la ruina de la autoridad política.

Exiliado en Buenos Aires, un Cambó ya exhausto mostró a Pemán la foto de un Tiziano de su colección barcelonesa destrozado por “los rojos”, una diosa desnuda con el pecho bestialmente rajado.

–Para mí la Revolución es esto, y esto me basta.

Es el Cambó que decía que Rusia no había perdido una guerra desde Iván el Terrible gracias a su estrategia del colchón: el puño se hunde en el colchón todo lo que se quiera, pero el colchón, por su reacción elástica, vuelve a expulsar el puño y a recobrar su línea normal. Y a este plan parece querer agarrarse el Gobierno de Rajoy, paralizado para la acción (él sabrá por qué, aunque nos temamos lo peor) al frente de un Estado exangüe por los tetones de diecisiete autonomías.

¡Mariano el Terrible!

Como español, mi fe ya sólo está puesta en la Constitución material de España, que volverá a salvarnos, aunque todo el mundo se encomiende a la Constitución escrita (“que tanto trabajo nos costó darnos”, reza la muletilla propagandística) por un director teatral y un ingeniero agrónomo con la ayuda de leguleyos separatistas, que hicieron la broma jurídica de convertir la sedición en un delito… contra la Constitución.

Pasó la hora del 115, pero la única demanda anunciada del fiscal Torres Dulce fue contra un tuitero que le usurpaba la personalidad. Es la hora del 116, pero la única demanda anunciada por la ministra con despacho en Barcelona es contra un ex futbolista búlgaro que la llamó “franquista”.

Es la España sin pulso de Silvela:

–Todos esperaban o temían algún estremecimiento de la conciencia popular; sólo se advierte una nube general de silenciosa tristeza que presta como un fondo gris al cuadro, pero sin alterar vida, ni costumbres, ni diversiones, ni sumisión al que, sin saber por qué ni para qué, le toque ocupar el Gobierno.
 
[Publicado el 5 de Octubre de 2017]
 

Miércoles, 14 de Diciembre

 

 

E la nave va

martes, 13 de diciembre de 2022

Mundial. Escándalos


No lea usted. Déjese guiar

 

Francisco Javier Gómez Izquierdo

        "Que escándalo, que escándalo, he descubierto que aquí se juega" dice el capitán Renault en el garito de Rick, y una cosa parecida, pero sin desalojo de los locales ha ocurrido en Bruselas donde un juez belga ha descubierto otro "escándalo" que al europeo en general y al español en particular les hace sonreír como el arrebato de dignidad del gendarme francés que en la misma escena recibe "lo" de costumbre.


       Dicen en la prensa que "el escándalo" es porque Catar da dineros para que los eurodiputados blanqueen el emirato. Será así si la prensa es unánime en el juicio, pero mientras veo el Mundial de Catar, veo también en los intermedios que hay unos anuncios que llevan el sello del Gobierno de España y que no sé cuántos euros ha costado montarlos y cuanto paga el Gobierno porque las empresas de comunicación los difundan a ritmo continuo e incesante. En uno de ellos sale una señora a la que quieren que veamos señoritinga que tiene una hija pianista y nos cuentan que es "mu remala" como otro con "gabardina facha" que no hay más que oírle cómo habla. Sentencia el anuncio a unos padres de familia de toda la vida a los que acusa con gratuitas ocurrencias e imaginaciones. Hay otro anuncio en el que se trata de drogadictos a los que calientan la casa, cuando no hace mucho los mismos que han encargado el anuncio manifestaban que iban a morir niños y ancianos por no poder pagar la calefacción cuatro veces más barata que se paga hoy. Dinero de impuestos que llega a televisiones y periódicos que a lo visto no persigue blanquear nada.


     También hay otro muy repetido en el mundial del movistar en el que aparece gente de pueblo "mu maja", no hay más que ver su indumentaria, que va a "materializar sus sueños haciendo uso de los fondos europeos". Esta última publicidad tiene un gasto de cuatro millones de euros de los que no tengo claro si los pone el gobierno de Bruselas o el de Madrid y este gasto es el que me ha empujado a poner estas cuatro letras porque uno se da cuenta de cuánto personal está encantado de mantener gobiernos tan generosos.


    Luego está el concepto de blanquear, que es cuestión de la que se ha hablado esta mañana en lo de Antonio y a la que el señor Rafael ha tratado de escándalo vergonzoso.

Pasar a la Historia


Louis C. K.

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Pedro Sánchez, que llegó a la presidencia del gobierno para combatir la corrupción “preveyéndola” (sic), quiere “pasar a la historia” porque ha leído en Ortega que “la historia es divertida”, y él puede poner en la mesa la gamberrada de haber desenterrado a Franco, cuyo nombre, al estilo de la viuda de Mao, ha prohibido en la Historia, que tiene de divertido las vueltas que da.


    –Si violo a la Historia, es para hacerle hijos hermosos –dejó dicho Dumas, aludiendo a lo de “la historia se escribe de noche”, en la cama, aunque, bien mirado, ¿qué hay de hermoso en profanar una tumba?


    El acto por el que Sánchez aspira a pasar a la Historia tuvo dos motivos: el histórico, un golpe de Estado, y el jurídico, que el muerto “no separó los poderes del Estado” en vida, argumento digno del mejor Louis C.K.

 
    En un interrogatorio en prisión a Joachim von Ribbentrop, el ministro de Exteriores de Hitler, Galbraith le preguntó su razón para, sin asomo de inteligencia, declarar la guerra a los Estados Unidos, a lo que el nazi replicó que Alemania se había visto obligada por las cláusulas de su tratado con Japón e Italia.


    –Entonces un joven ayudante bilingüe que estaba ocupándose de la traducción preguntó por su cuenta: “¿Por qué fue ese tratado el primero que decidieron respetar?”

 
    ¿Por qué el primer golpe de Estado del siglo XX en España que la izquierda se empeña en condenar es el del 36, que perdió, habiendo participado con Largo Caballero en los del 17, 23, 30 y 34? Con razón decía Bush Jr., con un CI un punto superior al de Sánchez, que “lo increíblemente emocionante de este trabajo es poner en marcha grandes cambios en la Historia”, y metió en la democracia a Iraq con el mismo desparpajo que Sánchez sacó de su tumba a Franco ante el desprecio de la Historia, pues se trataba de sacarlo vivo de El Pardo, no muerto de Cuelgamuros. ¿Cómo se llamaba el inglés que exhumó a Cromwell de la abadía de Westminter para someterlo a ejecución póstuma y destazarlo, reservándose la cabeza para adornar un poste? Hoy, porque “la Historia es divertida”, Cromwell tiene estatua en los Comunes, frente a un busto de Carlos I, al otro lado de la calle.


    Nadie captó como Burckhardt lo que los ingleses han acabado pensando de Cromwell: los que creen que sirven mejor a la nación si ponen al personaje por las nubes, obviando “ciertos puntos débiles” (su “pisoteo de los sentimientos liberales”); los que lo ven como un espíritu básicamente pío; los que reconocen al hipócrita y cazacoronas que había en él, mas como no pueden negarle talento y liderazgo la toman contra los ingleses de la época; los que lo explican como un personaje terrible en el sentido de que destruye lo que algún día podría interponerse en su camino, de Carlos I a los irlandeses…


    “Pasar a la Historia” es la forma que tiene el subconsciente de decir “la Historia me absolverá”, como Hitler en el 23 o Fidel en el 53.

[Martes, 6 de Diciembre] 

Martes, 13 de Diciembre

 

 

Goyesca

lunes, 12 de diciembre de 2022

Brighton, hoy

 



Groenlandia

La sinjusticia de Infantino

 

Pepe Isbert en Los jueves, milagro

 


 

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc

    Para los ingenuos que no entendían por qué se jugaba un Mundial en el desierto de Catar, no muy lejos de donde, por estas fechas, fue a nacer Nuestro Señor Jesucristo, ya lo ha explicado Infantino:


    –Sería injusto que Messi se retirara sin ganar un Mundial.


    Con éste de Catar, donde luce de Priscilla, reina del desierto, Messi ya lleva jugados cinco. Infantino, amo de la Fifa, y Al Thawadi, amo de Catar, quieren coronar a Messi. Al Thawadi, para asociar el nombre de su pueblo al Relato que lleva tres lustros repitiendo que Messi es el Mejor Jugador de la Historia. E Infantino, para reparar la injusticia de haber sufrido de chico “bullyng”… por pelirrojo. Messi es pelirrojo, como los gnomos de los cuentos nórdicos; qué mayor venganza, pues, que ver a un pelirrojo, Messi, recibir la Copa del Mundo de otro pelirrojo, Infantino. Y todo lo que no sea una victoria de este par de falsos pelirrojos, será peor que una injusticia: será una “sinjusticia”, que es concepto de nuestro Fray Luis, el de “decíamos ayer”, que tenía maravillado a Pemán:


    –La injusticia es concreta: hiere y pasa. La sinjusticia es niebla de España: favor, influencia, ligereza, politiquilla...


    Favor, influencia, ligereza y politiquilla es la conjunción catarí para llevar en andas a Messi hasta la cima, con los coros mediáticos de Roures entonando el “Hosanna”. Ver a Argentina en Catar es como ver “Los jueves, milagro” de Berlanga, pues hasta Messi es una copia de Pepe Isbert disfrazado de San Dimas con postizo de pelo y barba.


    El Fontecilla de Berlanga es Doha. Don Ramón, el dueño del balneario necesitado del turismo, es Infantino, que tiene un plan: organizar una “aparición mariana”, como la de Lourdes, que atraiga a los devotos. Cuenta con el extraordinario parecido que hay entre Pepe Isbert, que es Messi, y una vieja talla de San Dimas. El resto, lo estamos viendo.


    Pero quieren hacernos ver que ver a Messi en Catar es como ver a Jimi Hendrix en Woodstock, donde, por retrasos por la lluvia, Hendrix fue el último en actuar; lo hizo el lunes, 18 de agosto, al amanecer, para los supervivientes de la mayor resaca de la Historia y tocó su versión psicodélica de “The Star-Spangled Banner”, que sería el Séptimo Sello de los 60, el del “silencio en el cielo como por media hora”.


    No sean ridículos, y circulen.

[Lunes, 5 de Diciembre]

Lunes, 12 de Noviembre

 

 

Las nochecitas

domingo, 11 de diciembre de 2022

Mundial. Semifinal Francia-Marruecos


El gallo de Francia

 


   

El pulpo de Marruecos

 

Francisco Javier Gómez Izquierdo


         Didier Deschamps y Garet Southgate fueron jugadores de una practicidad sobresaliente en el caso del francés y pongamos que notable en el inglés. Gregarios de lujo en sus equipos y selecciones, conocen el fútbol de élite y su evolución en los últimos 40 años con la sensatez que da el buen juicio y la ninguna gana de significarse con tonterías. Son, o a mí me lo parecen, educados, respetuosos y muy cuidadosos con lo que hacen. Presentan alineaciones con sentido: centrales fuertes y grandotes, medio-centros enérgicos y vigorosos y arriba nunca falta en sus países cosecha de peloteros extraordinarios. Suelen dejan a su libre albedrio a uno o dos de estos últimos, con lo que garantizan muy buenos partidos.

 
      Cree servidor que el Francia-Inglaterra de anoche fue el partido más vistoso del Mundial. Por colocación, ejercitación de la actividad y los alardes propios que se esperan de los oficiantes. ¡Ah! y por vestir con la etiqueta que debe exigir ocasión tan señalada. Esperábamos a Mbbappé que estuvo bien controlado por Walker (nos dejaron un sprint de los de fuera de categoría, que ganó el francés, aunque sin consecuencias), pero el más importante de los azules creo que es Griezmann, el artista suelto de Deschamps, que reparte juego como un central de balonmano. Se la dejó a Tchouámeni y se la puso a Giroud para los dos goles de Francia, y robó, escondió, aclaró e hizo todo bien. Como en Rusia. Sin esas trabas que le pone Simeone en sus fatigas ligueras. Otro que anda fino en la creación es Rabiot; Tchouameni es ya Deschamps en grande y en negro; los laterales Koundé y Theo no iban a ser los titulares, pero lo parecen. El central Upamecano resulta a veces demasiado impulsivo y a Varane no lo veo con la seguridad que solía, pareciéndome la zona más débil del equipo, pero ahí está el eterno Lloris para corregir lo que haga falta. Arriba Giroud está "de dulce"; Dembelé nos amaga con la genialidad que está por venir mientras desequilibra como el extremo antiguo que es, y Mbbappé... Mbbappé ¡que voy a decir de Mbbappé!


      Southgate planteó bien el partido, dio libertad a Bellingham (¡qué gran futbolista!), pero Tchouámeni se la recortó; dominó a veces Inglaterra, tuvo ocasiones, pero luego hay cosas que el entrenador no puede controlar. Que tu goleador y especialista te falle un penalti, por ejemplo. Pasó Francia en un gran partido que quizás no se vuelva a repetir en el Mundial.


      ¿Y Marruecos? Marruecos se ha plantado en semifinales como el Burgos en puesto de ascenso. Con un trabajo defensivo descomunal hijo de una concentración permanente y una fe de converso de la que dicen se llega al fanatismo. Defender  y picar como víbora del desierto en las escasas ocasiones que se disponga es el mantra a seguir. Lección clara y escueta de un  entrenador que lleva tres meses en el cargo y que ha tenido que recuperar jugadores que no acudían a la selección. Para los que explican el fútbol, un imposible. Regragui,  Bono y En Nessiri ya son héroes de la patria y me da que el Sevilla va a vender muchas camisetas entre la morisma, pero el que de verdad tiene al mundo alucinado es el alopécico Amrabat, que con sus tentáculos ha llevado a la desesperación a media Europa: Bélgica, España, Portugal...


    Espera Francia... y París, Marsella, Lyon.. están temblando no por lo que pueda pasar en el césped de Qatar, sino en sus calles. Dicen que en París hay más aficionados marroquíes que franceses y es cosa ésta que uno no sabe por qué extraña a tantos.
          

Remembranzas trevijanistas XXXIII




MARTÍN-MIGUEL RUBIO ESTEBAN
Doctor en Filología Clásica


En 1997 España escribió un capítulo de novela justiniana. Aquella mañana de otoño se desataba lentamente sobre la ciudad. Parecía que no venía del sol, oculto por los gases urbanos, sino de la ciudad misma, y que era de los muros y de los tejados visualmente inaccesibles de donde la luz de lo alto se desprendía. Javier comprendió una vez más en sus propias carnes laceradas que la Administración de Justicia, parecida a esos relojes parados que se encuentran en las plazas de los pueblos o en algunas estaciones de tren, no se ha hecho nunca para juzgar a los ladrones cuyo patrimonio superaba entonces los veinte mil millones de pesetas, que nadie es delincuente si se parapeta en una fortuna de veinte mil millones de aquellas pesetas, que los ricos siempre han tenido el privilegio no sólo de que sus obsequiosos vicarios hagan las leyes, sino también de elegir a los jueces que se atreven a juzgarlos. Una vez más el escita Anacarsis se nos imponía: “Las leyes son telarañas fabricadas sólo al efecto de atrapar moscas enclenques; las gordas y los moscardones fácilmente rompen la urdimbre de la telaraña”.

Y el pueblo agacha la cabeza y acepta. Siempre ha sido así. El pueblo español siente la vulgaridad como un hogar. El pueblo español siente el cotidiano desprecio como maternal. El pueblo español prefiere la realidad a la verdad. Una realidad absolutamente anafrodisíaca. La costumbre hace incluso agradables los hostigos que nos inflige el cómitre. “Entre sube y baja el palo descansa la costilla”, se dice en Castilla. La mayor parte de los seres humanos no sienten la cenestesia de su propia dignidad. La injusticia parece rodear, fatídicamente, como un mar inmenso, a la isla de náufragos que es la vida.

A muchos nos entristecía ver a Javier, el juez de camisas de azul celeste, con cuánta generosidad y dulzura acataba su inicua recusación en uno de los procesos pecuniarios más transcendentales del país desde que se iniciase la llamada Transición a la “Democracia”. En su acatamiento franciscano, casi dulce y rubendariano, resplandecía en toda su pureza el verdadero espíritu de servidor público.

Es conveniente que la Justicia entre por cauces de normalidad y sosiego. Los jueces y funcionarios somos útiles y no imprescindibles, y quien se crea imprescindible es cosa suya. La lluvia caía sobre Madrid, sucia y triste, pero suave, como en un cansancio universal; no relampagueaba, y apenas, de vez en cuando, con el ruido muy lejano, un trueno corto gruñía duro, y a veces como que se interrumpía, cansado también. Uno de los funcionarios abrió las ventanas del Juzgado. Un aire fresco, con restos de materia orgánica putrefacta, se insinuó en la habitación. Un conserje ataviado con su impecable uniforme de lindos y desfasados agremanes ataba las numerosas carpetas del inmenso y sagrado Sumario arrebatado a Javier en el final crepuscular de la vasta oficina.

Ha dejado de llover –dijo el conserje, a nadie en concreto.
El elegante uniformado se marchó jadeante, portando en sus brazos treinta kilos de carpetas y papeles atados. El juez Javier miró por la ventana, sonriendo, con los codos en el alféizar metálico. Miraba sin ver y respiraba ansiosamente. Estaba recordando al capitán de la policía judicial de la obra de Leonardo Sciascia, El día de la lechuza, y al identificarse un poco con él se sentía más aliviado. A pesar de irse la lluvia, el sol le pareció menos brillante, las casas y las gentes menos pintorescas, y eso que aquel sol otoñal lo doraba todo y era uno de los días más hermosos de Octubre, el mes en el que Madrid es más bello. Luego, se sacudió de los codos del traje, azul oscuro, todo el polvo del alféizar, que nadie había limpiado, ignorando que tendría un día, aunque sólo fuese un momento, que ser la amurada sin polvo inveterado de un barco que singla en un turismo infinito.

¡Qué coincidencia! Dos días después de la impúdica recusación de Javier, que le inhabilitaba para poder juzgar al gran capitalista y nabab de los medios de comunicación nacionales, un exsecretario de Estado del Ministerio del Interior, contra el que el fiscal de una Sala del Supremo pedía 23 años de cárcel por haber protegido una siniestra organización que había asesinado y torturado a ciudadanos vascos, así como robado a espuertas de la ubre universal del erario público, afirmaba en la televisión que él no era un delincuente, sino que como otros que habían ocupado altos cargos durante el gobierno socialista, era víctima de una prava conspiración republicana –se cernía como la sombra de un murciélago el fantasma de Trevijano–, que pretendía ominosa acabar con el casi celícola régimen político de entonces y ahora. Otra vez la historia de la transubstanciación del delito común en interés público.

Otro gran juez, Joaquín, buen amigo de Javier, salió a la ululante palestra de la opinión pública con un estupendo artículo, en el que denunciaba con extraordinario gracejo literario al juez que había aceptado la recusación contra Javier, imposibilitándole poner término a un sumario tan peligroso y transcendente, desde el punto de vista social y político, del mismo modo que el rijoso Herodes entregaba la cabeza de San Juan Bautista a aquélla que el profeta del desierto había llamado pecadora. También ponía sobre el tapete público la cuestión de si los poderosos, por el hecho mismo de ser poderosos, podían recusar sin más al juez natural que les había correspondido. Joaquín era orondo y vitalista como lo fuese el gran Fritz Ebert, y con traje de baño debía traer a la memoria histórica la mismísima imagen de aquel primer gran presidente de la República de Weimar, tan monárquico en el fondo.

El odio agiotista y mafioso contra Javier no tenía tregua ni reposo: hasta un fiscal vendido al poder de los económicamente poderosos le multó con 350.000 pesetas por prevaricación. El acoso y derribo del juez que se había atrevido a mirar con parsimonia los almidonados bolsillos de los poderosos parecía un programa perfectamente premeditado y urdido. Se acosaba el recto cumplimiento de un funcionario incorruptible, se asediaba su fuerza espiritual, que parecía inexpugnable, se perseguía a sus amigos y se les intimidaba. El cerco a la honestidad se estrechaba. La verdad y la justicia sufrían una gran angustia. Por fin, la justicia fue vencida. La Audiencia Nacional resolvió archivar las principales acusaciones contra los magnates o nababes de los medios de comunicación. Los moscardones lograron romper las telarañas de las leyes. El amor a la justicia se enfrió en la mayor parte de los corazones. Javier era ahora llamado por la Audiencia Nacional, que tanto él hizo por prestigiarla, “errático y parcial”. La cobardía de los jueces convertía el robo del poderoso en otro sustantivo menos montaraz y transparente, que quedaba secluso del Código Penal. Otra vez la transubstanciación del crimen en una nadería mercantil. Las normas ónticas, deónticas y procedimentales se retorcieron merced a una hermenéutica delirante. Conversión total de la substancia del crimen en la substancia sustanciosa que fundamenta los imperios capitalistas. El pan y el vino del delito convertidos en el cuerpo y la sangre de una gran empresa. Todo ello se conseguía con una consagración ejecutada y celebrada por almas pusilánimes, por almas muertas, gogolianas. Infame tarea de magia jurídica. El Dios-Dinero, Mammon fenicio, transustanciaba ahora el “delito” en “práctica habitual de la gran empresa”. Impudicia alucinante. Nemo potest duobus dominis servire.

[El Imparcial]

Domingo, 11 de Diciembre

 

Valle de Esteban


al pie del frío incendio en que me acabo


¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento?

 DOMINGO, 11 DE DICIEMBRE

En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, le mandó a preguntar por medio de sus discípulos: «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?» Jesús les respondió:

-Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios, y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el Evangelio. ¡Y dichoso el que no se escandalice de mí!


Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan:

-¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? ¿O qué fuisteis a ver, un hombre vestido con lujo? Los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis?, ¿a ver a un profeta? Sí, os digo, y más que profeta; él es de quien está escrito: "Yo envío mi mensajero delante de ti, para que prepare el camino ante ti." Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan, el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él.


 Mateo 11, 2-11

sábado, 10 de diciembre de 2022

Mundial. Caer mal


Modric y LIvakovic por Crocia

 


 
 

Otamendi, Paredes, Molina, Pezzella....

 por Argentina


Francisco Javier Gómez Izquierdo


        Con España eliminada el aficionado asiste a los cuartos del Mundial con el prejuicio que Natura clava en cada quien. Es el prejuicio de "me cae mal", y ahí entra el que usted considere. Conozco poca gente a la que caiga bien Ronaldo, Neymar o el mismo Luis Enrique. Sin embargo, Portugal y Brasil caen bien y a España todos -bueno, casi todos- los españoles estamos obligados. Messi cae mejor al aficionado, a pesar de la discriminatoria protección facilitada por todas las instancias federativas y arbitrales, pero Argentina no. Argentina no cae bien y nos parece cada vez más una amedrentadora banda con tatuajes que quisiera hacerse dueña del patio de un talego y no de la copa de un torneo deportivo.


    A servidor, inclinado a la parcialidad de Van Gaal, no le duelen prendas al decir que Holanda carece de calidad y de jugadores brillantes y talentosos. No tiene un Messi, un Di María o un Enzo Fernández..., pero Argentina jugó con el mismo temor a perder que Holanda. Argentina no ganó porque fuera mejor, que sinceramente creo que lo es, sino por la lotería de los penaltys, que es suerte que arrima mucha audiencia a la televisión. Mateu quiso impartir justicia en plan profe guay en un recreo de la ESO y como es natural en él, fuerte con el débil, no aplicó la disciplina que se requería con el bando albiceleste. Lautaro coló el penalty definitivo y los argentinos dieron rienda suelta a su macarrismo y a su no saber ganar con la no intervención del VAR, que a lo visto está para desfacer entuertos menores. Cuando pierdan, ojalá sea así contra Croacia o en la final, veremos que tampoco saben perder.


    Los brasileños tienen también la prepotencia argentina pero no es tan faltona. O al menos a mí no me lo parece. Brasil cae bien, pero como Neymar cae mal y Modric muy bien, el aficionado en general "iba" con Croacia. Brasil, como Argentina, como Holanda y como Croacia tenía pánico a recibir un gol y por eso es incomprensible que el empate de Bruno Petkovic, un delantero que en sus primeras intervenciones pareció un tronco de campeonato, llegara al contrataque, como gusta jugar, dígase lo que se quiera, a todos los entrenadores. Bueno, a casi todos. Transiciones rápidas lo llaman ahora los exégetas del balombié. En este Croacia-Brasil que canoniza por enésima vez al gran Modric, el héroe como ante Japón resultó Livakovic, pero el mejor del partido, para servidor, fue el señor Michael Oliver. Así se arbitra. Fijándose en todo y sin hacer caso a pamplinas como ésa mano involuntaria de Juranovic, grandísimo defensor que mantuvo a raya a Vinicius, Neymar y Rodrygo, reclamada por los brasileños y detectada por un VAR al que el colegiado inglés le explicó por el pinganillo qué cosa es penalti y qué cosa no. ¡A un inglés le van a decir lo que es penalti!


     ¿Y ahora? Pues que gane el Mundial cualquiera menos Argentina. Me cae mal. Muy mal.

El ministro

Colibrí de Fernández de Molina



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    El ministro de Justicia, por las cosas que dice en el Banco Azul, es un Arévalo sin lecturas. Ayer, no sé si como ministro de Justicia o como novio de la presidenta del Legislativo (en Europa, esto de legislativo y ejecutivo es una forma de hablar), dijo que “hay que abordar entre todos (¡consenso!) la salida a una crisis y un debate constituyente”.
    
Si mi ensayista no me engaña, “cuando un poder ya constituido en el Estado asume de hecho el poder constituyente, no se entra en un proceso constitucional propiamente dicho, sino en un ‘golpe de Estado’, como Bonaparte”, en cuya cabeza, se ha dicho, había una incoherencia, “rasgo distintivo de todos aquellos que no colocan sus pensamientos bajo la ley del deber”, tal que nuestro Sánchez, un oso con bozal que aún se oye rezongar, pero que sus domadores hacen bailar a su gusto.
    
–Ese golpe no tiene que ser violento. Puede ser formalista o representativo, si una Asamblea puramente Legislativa se autoproclama Asamblea Constituyente, como sucedió en la primera Asamblea francesa y en las primeras Cortes de la Transición española.
    
No parece que un Arévalo sin lecturas sepa establecer la diferencia entre “constituido”, “constituyente” y “constitucionario”, que son matices de abate, pero el caso es que andaba uno abismado en la lectura del colibrí como símbolo de la sexualidad masculina de los mexica, de Miriam López Hernández, cuando me llegó el aleteo constituyente y ministril, como de vicicilín, cuya pluma, dice Gómara, es menuda, linda y de muchos colores.

    –¡El 78! ¡De la ley a la ley! ¡La hora de Edmundo! (Bal, no Dantés).
    
Y todos rejuvenecimos cuarenta años, cuando nos enteramos por una primicia de “Cuadernos para el Diálogo” de que estábamos en período constituyente. Lo que se nos viene encima ya lo hemos vivido. No nos faltan legalistas y oportunistas (más burros, eso sí) dispuestos a atribuir ilegalmente la fuerza constituyente a un simple poder constituido. Y esta vez, sin libertades individuales.
 
[Publicado el 12 de Junio de 2020]

Sábado, 10 de Diciembre

 

 

La cheslón

viernes, 9 de diciembre de 2022

Burgos y Córdoba. Fútbol austero

Michu con Jullián en las escaleras de tribuna de El Plantío

 


 

Germán Crespo

   

Francisco Javier Gómez Izquierdo


         Lejos de las luces que deslumbran a don Infantino y toda su corte de federaciones mundiales en la extraña tierra de Catar, sigue jugándose un fútbol atractivo para consumo de esos auténticos aficionados que se mosquean y abrazan de verdad con sus modestas, pero según temporadas y entrenadores, corajudas criaturas. La élite juega un Mundial donde por ejemplo aún no se ha visto un duelo tan apasionante como el que vivimos el miércoles con un Córdoba-Pontevedra de la tercera categoría del fútbol español, ésa en la que, gracias sean dadas a todos lo dioses, áun no ha llegado el VAR.


       El Córdoba tuvo que jugar 80 minutos con diez. Expulsión correcta de Gudelj, el hermano del serbio sevillista, conforme el diagnóstico certero de un trencilla que después resultó chulesco y mandón a destiempo a base de tarjetas, desplantes y errores clamorosos. Estuvo acompañado en el mismo tono por sus linieres. Es decir, fútbol de toda la vida. El que te cabrea, te encoge cuando el contrario remata y tu portero Carlos Marín se transforma en un coloso y te sube la adrenalina hasta abrazar a desconocidos que explotan como tú ante el gol insólito de otro negro hecho en Lezama, Youssouff Diarrá, al que no me extrañaría le salieran pronto novias con solera. El mozo lleva unos cuantos exámenes sacando sobresaliente. Quede claro que es conforme a mi parecer. Anda bien el Córdoba. Juega bien, gana y lo disfrutamos ¡¡¡18.0000!!!, seguidores en partidos de tercera categoría.


      En El Plantío, mi primer lugar sagrado, no cabe tanto personal, pero unos 10.000 fieles animan y disfrutan pasando frío junto al Arlanzón con un Burgos que ahora que se ha subido a las barbas de los clubes más pudientes, el VAR y sus manejantes proceden conforme a la justicia discriminatoria que se impone en los nuevos usos de España. Cuando llega el frío a Burgos la hora de comer en día festivo es harto respetada por tener sus ceremonias y tradiciones familiares, pero don Tebas pone los partidos a las dos, gana de incordiar gratis, y don Rubiales manda árbitros que miren el VAR según convenga. Así, ayer, día de la Inmaculada, a nuestro jugador Bermejo le partieron la nariz y la boca de un codazo (hubo que sustituirle), pero don Hernández Maeso, del colegio extremeño, no fue a ver el aparatejo ése como tampoco fue al final del partido en un lance en el que Curro Sánchez sufrió un derribo en el área del Eibar  que el gremio de árbitros suele sancionar con penalty. El día del Tenerife, servidor estuvo en El Plantío y vio cómo don Gálvez Rascón hacía señas a los jugadores canarios de que la mano de Borja había sido involuntaria. Estaba encima de la jugada, pero... se ve que en el VAR había gente muy mandona y acudió a la llamada. Tardó en decidir porque imagino que le daba vergüenza convertir en un despropósito lo que no pasó de un lance normal del juego. Tal que la mano de Asensio que todos ustedes tienen en la cabeza. Julián Calero, que es hombre que habla con sensatez y miramiento y venía disculpando la vara de medir del VAR, ayer se apartó de la defensa porque se ha dado cuenta de que no entiende el proceder de lo que venía a repartir justicia.


      De todos modos, estoy disfrutando con el Burgos y el Córdoba, y me satisface descubrir que hay entrenadores -Julián Calero y Gemán Crespo- discretos, aplicados y trabajadores como han sido siempre los hombres de provecho. Por supuesto, estoy a muerte con ellos.

Todo este teatro ¿para qué?


 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    El Marlasca de Franco (hablando estrictamente del cargo), don Camilo (“Camulo” en los chistes) Alonso Vega, fue invitado al palco del Teatro Español en el estreno del “Edipo” de Pemán. Aguantó la representación sin pestañear, y a cinco minutos del final, el general, tembloroso, tomó la mano del autor y exclamó:


    –Pero Pemán, ¡este hombre está casado con su madre!


    –Sí, don Camilo. ¡Desde hace veinticuatro siglos!


    Una ministra patafísica del sanchismo, Belarra, que mira como Fernando de los Ríos, que bizqueaba y no era bizco (“estrabismo moral”, diagnosticó Madariaga), se ha sentado a inventar familias y le han salido 16, no sabemos si porque no sabe contar hasta veinte o simplemente porque se levantó tarareando el “Sixteen Tons” de los Platters. Es el progreso, palabra con la que hacen gárgaras los tertulianos, y a los nuevos curas, que no creen en Dios (si creyeran, serían tildados de viejos), la cifra les parece bien: todo es bueno para el convento, mientras las sectas evangélicas les meriendan la cena.


    La disolución familiar forma parte del mismo plan totalitario de disolución nacional. En el 94 un pensador vio en la lucha del mercado contra el Estado nacional la función de la posmodernidad en “el desprestigio cultural de la familia, del trabajo productivo, del pensamiento serio de la estética, de la moral de responsabilidad, de la democracia, del Estado y de la Nación”:


    –La familia es un laborioso hallazgo cultural de la civilización humana.


    Pero vaya usted a contarle esto a un ministro o a un cura, que saben del Neolítico (“la familia surge cuando el mono sabio descubre la tecnología que hace posible la agricultura de regadío”) por los artículos de fondo de Arsuaga.


    El Estado, sostiene Stirner con su maravillosa insolencia, es la extensión de la familia, que no es el desencanto de Chávarri en Astorga con los Panero.


    Fustel de Coulanges: la verdadera significación de familia es propiedad; designa, dice, el campo, la casa, la moneda; la religión es el principio constitutivo de la familia antigua: en cada casa, un altar, y en torno a ese altar, la familia congregada para dirigir las oraciones; fuera, una tumba: es la segunda mansión familiar, pues la muerte no los ha separado y siguen formando una familia indisoluble.


    En España, hoy, como particular, usted ya puede acogerse cuando menos a dieciséis modelos familiares o formas de andar por casa. Pero en la calle no hay más familia que el partido, que es familia, sindicato y municipio, con todos sus rasgos quintaesenciales: protección, clientelismo, culto al “honor”, venganza de ofensas y ley del silencio. La Iglesia se defiende con la cosa de que el matrimonio no fue cosa de Cristo, lo que nos lleva al cinismo de Sloterdijk:


    –Tras el “uso mutuo de los órganos sexuales”, como describe Kant el contrato matrimonial, surge la pregunta: “¿Y esto fue todo? Y si esto fue todo, ¿para qué todo este teatro?”

 

[Viernes, 2 de Diciembre]

Luis Enrique y la realidad-cachopo


 

Hughes

Abc

 

Corre la actualidad y pasa ya la nubecilla de Luis Enrique, pero antes de acabar del todo con ello, me apetece reparar un instante en algo. Mi alejamiento de la suspicacia anti-Luis Enrique se produjo por la mera observación atenta de su trabajo, pero hubo un elemento o mejor dos que me predispusieron en su favor o, más bien, contra la corriente general. El primero, por supuesto, fue la propia corriente, faltona, macarra y acéfala. El segundo, la escasa simpatía del personaje. Su falta de gestos, su nula voluntad de gustar me resultaban atractivos. Pero hubo algo más, algo que se reveló después, y que permanecía oculto en los pliegues de lo inexpresado.


Luis Enrique, lo contó después, odia el queso. Es un asturiano que odia el queso, inhabilitado por ejemplo ya para el cachopo. El anticachopismo de Luis Enrique, ¿no era en sí mismo un gesto, un manifiesto, una declaración de intenciones? Más aún: ¿no estaba ya en todo lo suyo como explicación?


El queso, delicia de la mayoría, le produce al míster, ya exseleccionador, una repugnancia instintiva ante la que solo hay un camino: la negativa, rehusar, plantarse frente a eso… Luis Enrique tiene el carácter para ello. En su gesto, en su ceño, en su prognatismo de ¡esto no me lo como! está inscrito ya ese desagrado que se convierte en desagrado ante casi todo, pues casi todo está entreverado de queso, todo es, en cierto sentido, cachopo: la realidad es cachopística y no se puede prescindir del queso so pena de recibir la mirada inquisitiva y llena de sorpresa (y cierta indignación) de los queseros, que además de legión son mayoría…


-Ah, pero ¿no te gusta?


Y lo dicen con una sonrisilla final como ante lo imperfecto, lo ligeramente monstruoso, lo no del todo terminado; como si estuvieran ante una tara. Ante esa presión, en la sociedad en la que todo es admitido, la persona que no soporta el queso ha de disculparse, ha de explicarse a sí mismo como excepción, ha de, una ve problematizado, ensayar una excusa convincente ante algo que está en lo más hondo de su ser… en su pituitaria, que es el intelecto de la sensualidad… El queso, sustancia repulsiva, putrefacción conseguida, refinamiento vicioso del gusto, es admitido por la mayoría con sumo placer y la mayoría impone la norma. Sí, vivimos en un mundo quesonormativo, y los no queseros estamos en un armario de oscuridad y mutismo y nos vemos obligados a soportar el queso de cabra en las ensaladas compartidas. ¡Cómo callamos nuestra repulsa! ¡Con qué mezcla de pereza, hastío y con cuánto desvalimiento llevamos esa carga que nos hace tender a la insociabilidad!


Ante esta situación, son pocos los que se reafirman y pocas personas en la esfera pública dan el paso adelante necesario, no solo para dar visibilidad al colectivo, sino para expresar con naturalidad su gusto que en realidad es un no-gusto. Esas personas sometidas al mundo quesonormativo habían encontrado en Luis Enrique un posible referente y quizás esa sensibiliad ya estaba ahí antes de manifestarlo. Era ya, por fin, el seleccionador de todos, también de los que no gustan del queso, de esa minoría silenciosa y sojuzgada.


En Luis Enrique había un estandarte, un portavoz de la sensibilidad delicada, realmente delicada, en lo profundo, ante la putrefacción real de casi todo. Luis Enrique era, ya antes de manifestar su disidencia láctea, el raro, el aguafiestas, el de comer aparte, la excepción, el de “a mí me trae otra cosa”, el que tiene, ante la delicia de los demás el estremecimiento del asco. El que mira suplicante al camarero solicitando una alternativa, ¡al menos una! Por eso tendíamos a la simpatía, por la sospecha de que ahí había un ‘distinto’.


Pero cómo no iba a ser terco Luis Enrique, si vive negando el queso, que es como negar la cucharada del potito obligatorio día tras día… Hemos perdido no solo a un entrenador para la presión y la posesión (la fracasada popresión, síntesis de lo nuestro y lo de ellos, síntesis del tiquitaca y su antítesis genenpresionante alemana), hemos perdido a un estandarte de la otra sensibilidad, el estremecido disidente ante la realidad-cachopo, pues todo es cachopo en España, España es cachopa, preñada de queso toda ella, con esa laminita chorreante inevitable que es condena de tantos al silencio.

 


Viernes, 9 de Diciembre

 

 

¿Cómo empezó la vida?

jueves, 8 de diciembre de 2022

Matar

Václav Havel


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Una resolución del Parlamento Europeo de 19 de septiembre equipara la naturaleza criminal de nazismo y comunismo, dos productos de la Europa continental y su cultura del Estado.
    
Ya no podemos ver la cara de Havel, pero la resolución (¡once años después de la Declaración de Praga!) parece un triunfo del centrismo “maccio” (“maccio ma non fanatico”) de la UE, que tampoco ve en el folio motivo alguno para romper sentimentalmente con el hamponato castrista, o dejaría de sentirse centro.
    
Mientras la Eurocámara se tira el folio al modo como el Roquentin de Sartre tiraba el guijarro en “La náusea” (“Dejé caer un guijarro y me fui”), un diputado español, Enrique Santiago, secretario general del PCE, justifica el asesinato de la familia real rusa y anuncia que, de darse en España una situación revolucionaria, iría a La Zarzuela a hacer con el Rey lo que Lenin con el zar.

    –Dependiendo de cómo se pusiera, claro.
   
 En lo que la situación revolucionaria llega, el tal Santiago vive aferrado, tan pichi y sin escrúpulos dialécticos, a la nómina de la Monarquía en el Estado de partidos, como otro Carrillo (u otro Santiago) cualquiera.
    
–Soy un revolucionario –decía Carrillo a Oriana Fallaci en octubre del 75–, y la revolución no me da miedo. En la guerrilla apuntaba para matar. Y he matado, aunque no me arrepiento. Ahora estoy dispuesto a dejar con vida a los policías de Franco, pero no a Franco. Soy comunista, no socialdemócrata. No soy rosa. No, no lo soy.
    
En cuanto al Príncipe Juan Carlos… ¡qué análisis, los de Carrillo a la Fallaci! Son los de un tertuliano de pan “pringao”. Y luego ¡su reino comunista por un paquete de tabaco con Suárez, una moqueta hasta el tobillo y una nómina de la Monarquía en el Estado de partidos para toda la vida!

    –El rostro es franco, rudo, ibérico –escribía en “Lui” Vilallonga, su hombre en París.
    
El Partido era el hijo de Wenceslao Carrillo diciéndole a un marqués en París que en España un hombre que traiciona a su padre pierde el favor del pueblo.
 
[Publicado el 8 de Octubre de 2019]

Jueves, 8 de Diciembre

 


El 78