lunes, 14 de noviembre de 2022

Vísperas de Mundial


Trampantojo



 Fútbol en invierno

Del reciente libro sobre el Burgos Un siglo de barro y honor

 

 Francisco Javier Gómez Izquierdo


        "¿Qué dos cosas dan plata a quintales?" cavilaba un argentino con chándal de River Plate mientras removía el café cortao frente a la ventanilla del "colomato". "Las drogas y los terrenos", se respondía a sí mismo ante un reducido auditorio en el que cabía hasta el funcionario -servidor de ustedes- al que le gustaba escuchar las novedades futboleras de "por allá". El argentino de River se dedicaba a los negocios de exportación, importación y representación. "Con las drogas se corre demasiado riesgo. Ahora lo provechoso es el fútbol, Don... Nosotros -él y un chileno- caímos en un envío mal gestionado desde acá. Estábamos ganando bien ofreciendo pibes a Europa y no debimos meternos en complicaciones de guantes de boxeo rellenos. La plata sin riesgos está en el fútbol. La van a soltar las televisiones a borbotones, ya lo verá". Así hablaba a principios de siglo un tratante de muchachos que por cuatro pesos en especies para sus familias les hipotecaba un futuro que en el mejor de los casos estaba en Europa. Creo recordar que en ese entonces los representantes de un tal Dante López urgían desde el As al Córdoba a decidirse porque el Bayern de Múnich andaba detrás del delantero. Dante López era paraguayo, fichó por el Córdoba y su salto para cabecear resultó ser uno de los mas enigmáticos movimientos que se haya visto en un ariete.

 
      Cierto es que del fútbol vive personal de cien mil raleas. En ese personal caben criaturas que están a la que caiga, otras a la que salta y luego las que viven "macanudo" que son los que lo manejan a nivel nacional y no digamos internacional. En estos días en los que he recorrido las Españas a golpe de obligaciones familiares he constatado que los veteranos aficionados junto a los que tanto frío pasé en El Plantío andan quejosos con el parón de la Liga para disputar un Mundial fuera de estación y sobre todo de conocimiento. "Es como hincharse a turrón en agosto", sentencia un tal Leoncio de los de Gamonal de siempre al que no hay quien le quite su media docena de claros diarios. .. un empacharse para aborrecerlo". Es evidente que el Mundial de Qatar es un despropósito tan morrocotudo, que a servidor también le parece que va a contribuir sobremanera al alejamiento del aficionado de toda la vida. "Juveniles y partidos de segunda para abajo en los que no hay VAR".


    Porque ésa es otra. Si en Qatar se impone la moda española de considerar penalti cualquier tontada involuntaria en el área conforme al mirar con ojos de la caprichosa y despótica Inquisición que se ha apoderado de lo que tanto queremos para que vayan pasando las selecciones que interesan al negocio, la sangría de abandonos será difícil de recuperar y el fútbol será lo que quieren que sea: unos bichos hechos con ordenador con caras, cuerpos y habilidades mejoradas de Di Stéfano, Maradona, Platini, Zidane, Messi... mezclados todos ellos como barajas y que serán elegidos como cuando se jugaba en los colegios, uno cada vez, hasta formar un once extraordinario e imposible en la vida real. Un fútbol al que jugar tú apretando botones sentado en un sofá y marcando goles maradonianos a Yashine.
    ¡No me digan que no hay gente listísima para convencer con semejantes mentiras virtuales!

La ley natural


Manos pegadas al cuerpo en
  La lección de anatomía del Dr. Nicolaes Tulp
(Tulp sería el árbitro Iturralde)
Rembrandt

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Todos fingen no saber por qué Xavi se pasea con Gavi y Pedri por España, si en Europa con esos sólo le da para que los saquen de las competiciones a gorrazos. El secreto es la ley natural, por la cual el Barcelona apalancado de Xavi debe ganar naturalmente la Liga para desapalancarse y traer de vuelta a Messi con su Copa del Mundo, una vez que sabemos, por boca de Al Thawadi, organizador de lo de Catar, ese paraíso de Xavi, que para ellos “sería muy especial” ver al viejo diablillo argentino “levantar el trofeo” como la cosa más natural, entendido lo natural como un callejón sin salida: aquél que en la fábula de Esopo ve el zorro (“veo muchas huellas que entran, pero ninguna que sale”) ante la cueva del león.


    Cuando el movimiento woke creía haber martilleado el último clavo en el ataúd de la ley natural, viene el VAR y la rescata con el pretexto de la moviola de Pedro Ruiz aplicada por Iglesias Villanueva, que va de pueblo en pueblo con su maletín para el instrumental (reglas, escuadras, cartabones) como el verdugo de Berlanga.


    El señor Iglesias hace la autopsia en el VAR del Valencia-Barcelona un sábado, y al día siguiente, domingo, con las prisas de las figuras del toreo en los veranos festivos de España, se planta en el VAR del Bernabéu para hacer la del Real Madrid-Girona, nombre, Girona, que pide un VAR de académicos para los comentaristas, que ven “Getafe” y leen “Jetafe”, pero que ven “Girona” y leen “Yirona” o “Chirona”. El mismo criterio absurdo que se aplica a la prosodia de los nombres se aplica luego a la rapsodia de los penaltis, cuya doctrina se acuna en los brazos de la ley natural.


    Mano en el área del Madrid: ¿natura naturans o natura naturata? Aficionado al estudio de la anatomía, como Leonardo, el ex Iturralde, que va de cardenal Belarmino del arbitraje, tiene claro el distingo entre mano natural y mano antinatural, pero no entra a definirlas. Si no me lo preguntas, lo sé, pero si me lo preguntas, no lo sé. Vendrían a ser como la Mano Invisible del mercado que venden los liberalios.


    –La ley natural es parte de la ley de Inglaterra… anterior a cualquier derecho judicial o civil del mundo… es inmutable y no puede ser cambiada –dijo el intrépido juez Coke.


    En cambio, en el VAR de los Iglesias Villanuevas la ley natural acostumbra cambiar varias veces incluso en el mismo partido, siempre contra el fútbol, donde todo lo bello que ocurre, que tampoco es mucho, se va al limbo por el pelo de una gamba. Ojalá un Elon Musk que se comprase la Liga de Tebas sólo por el gustazo de verlo patear a los tiquismiquis del VAR como pateó a los tiquismiquis del Twitter.


    El tribunal que condenó a Galileo es una mesa petitoria de Cruz Roja al lado del Comité de Integridad de Rubiales, el Lawrence de Arabia de nuestro fútbol, que quiere meterle a Ancelotti un paquete de cuatro partidos (“¡a que te meto un paquete!”, fue la amenaza sargenta más repetida en la mili) por decir que el penalti de Asensio no era penalti, pero que pasa por alto la opinión del entrenador rival, Miguel Ángel Sánchez Muñoz “Míchel”, que dijo que el gol de Rodrygo era gol.


    Rubiales sancionando a Ancelotti por inelegante es la ética que España exporta hoy al mundo y que fue proclamada por el propio Rubiales cuando lo suyo: “Si somos 47 millones de españoles, tenemos 47 millones de éticas.” Y, vistas así las cosas, 94 millones de manos naturales o antinaturales en las áreas de penalti.


    A Rubiales lo elevaron a la categoría de héroe de la Marvel sus visavises económicos con Piqué, el central con 140 de CI, que se retira del fútbol sin contarnos qué tenía preparado por ganar la Champions en el Bernabéu, catástrofe que evitó Mourinho, el entrenador, reconocido por el propio Piqué, que “cambió la historia”.


    –La suerte que tuvisteis el año que nos eliminó el Inter, que la final era en el Bernabéu. ¡Tenía una preparada!…


    Piqué compartió su famoso CI con Messi en los entrenamientos, con Sergio Ramos en el Combinado Autonómico y con Rubiales, Rubi, en los negocios. Parece el sustituto natural de Laporta al frente de la culerada (“¡presidente! ¡presidente! ¡presidente!
”), pues un tipo tan listo no puede retirarse sin tener amarrado un cálculo beneficioso de la pensión. En España tenemos dos pensionistas por cuenta ajena (“natura naturata”), Hazard y Lewandowski, y un pensionista por cuenta propia (“natura naturans”), Piqué, nada que ver, por cierto, con el ministro de las cabezadas a Bush en el aeropuerto. El sábado, ante el Almería, Piqué y Lewandowski jugaron con un penalti como Zouma con el gato, prueba del humor “boomer” que une al catalán y al polaco.


    “Naturaleza” es “una palabra urdida para provocar tantos equívocos como sean posibles” en toda índole de teorías, nos avisó Sir Leslie Stephen, el señor padre de Virginia Woolf.

 

 


El gol de Bale en Los Ángeles

 

GALES O CYMRU


    Mientras en América un cabezazo de Bale propiciaba el título de la MLS a su equipo, Los Angeles FC, en Gales, su país, la federación de fútbol trabaja para cambiar el nombre de Wales, en inglés, por el de Cymru, en galés, aunque a Catar irán como Gales, porque ya no tienen tiempo de cambiar la tarjetería. Arturo, Lawrence, Tom (Jones), Bonnie (Tyler), Catherine (Zeta-Jones) y por supuesto Gareth son celtas, con fama de indisciplinados y de golfistas.

[Lunes, 7 de Noviembre]

Lunes, 14 de Noviembre

 

Valle de Esteban


Varios días el cielo,
éste, el del día, el de la pata enorme

domingo, 13 de noviembre de 2022

Remembranzas trevijanistas XXIX



 

Martín-Miguel Rubio Esteban

Doctor en Filología Clásica
    

Nuestra Constitución prohibió precisamente el mandato imperativo a fin de que en vez de ejecutar los falsos representantes aquello que quiere el pueblo, se sometan, por el contrario, a la disciplina de Partido y a la disciplina del voto parlamentario. Todo diputado hodierno es, científicamente hablando, un arrastrado ante su Jefe de Partido, que le ha metido en las listas electorales a cambio de su fidelidad lacayuna, o mejor, perruna. El hecho mismo de que se multe a los diputados que son díscolos con su voto parlamentario revela la farsa de nuestra representación parlamentaria. Sin embargo, los españoles gastamos ingentes cantidades de dinero inútil para tener tres centenares de palmeros diputados rastreros, que no pueden actuar con libertad y honor. Por los menos, por dignidad a la institución, el poder de la Nación o poder legislativo debería quedar constituido por los nueve o diez jefes de Partido con representación. No sería democracia, pero sería una falsa democracia mucho más barata y con más dignidad que ésta, por representar mejor la realidad oligarca. Y el mismo hecho de que haya habido tránsfugas a los que sus organizaciones políticas les ha querido linchar, tras arrojarlos a la gehena, nos indica la intrínseca naturaleza perversa de nuestra “representación política”.

Sin retirar la razón estatal de delinquir no se puede remediar la causa eficiente del delito político. No hay alternativa en el estado de partidos a la corrupción que lo fundamenta.

“Nuestra Constitución de 1978 perdura porque no se cumple”, decía nuestro Antonio García-Trevijano. Efectivamente, el propio Tribunal Constitucional ha dejado paladinamente claro, ya varias veces, que los escaños pertenecen al diputado elegido, y no a su partido, y que, por tanto, no puede existir ninguna razón constitucional para expulsar a los malfamados “tránsfugas” del Parlamento. Sin embargo, el diputado que no es ignominiosamente rastrero ante su Jefe de Partido no vuelve a repetir jamás en las listas electorales. Secuestrados los poderes del Estado por los Partidos Políticos, la participación política de los españoles se hace imposible a pesar del papel mojado de nuestra Constitución, una Constitución que perdura porque no se cumple. Así, el indulto no se concede a los súbditos, sino que es una patente de corso exclusiva para la clase política a fin de que ésta pueda seguir realizando sus crímenes sin castigo ni responsabilidad alguna.

Un sistema político que garantiza que diez de los doce miembros que componen el Tribunal Constitucional sean nombrados por los Partidos Políticos se asegura mafiosamente que los agentes judiciales más lacayos y rastreros sean miembros de dicho Tribunal, excusándose de ejercer tamaño deshonor en tan alta función los jueces más ejemplares y honestos. Los buenos ya no quieren con sus personas aumentar el número de los rastreros. En 1981 el TC, ni corto ni perezoso, despertó a todos los españoles con la siguiente perla taxativa: “Hoy en día todo Estado democrático es un Estado de partidos” ( STC 3/1981, FJ1 ). Buen mozo de cuerda que es. La realidad de nuestro sistema político es verdaderamente aterrador; pues supone un cuadro dantesco de indignidad en el que no existen ni ciudadanía ni tampoco soberanía del pueblo español. Los únicos soberanos que existen hoy en España son una docena de políticos que dirigen como nababes unos cuantos partidos políticos. La definición que el TC da de nuestro Estado coincide totalmente con la que siempre dio Trevijano, con la diferencia de que para Trevijano ese Estado no puede ser democrático, que Estado democrático y Estado de partidos es un oxímoron insuperable.

Con la anulación efectiva de la abstención, al no tener ninguna consecuencia moral ni política, y del quorum, los politicastros hodiernos ya pueden conseguir el milagro de ser representantes de los ciudadanos sin los ciudadanos. Representación sin representación, representación sin representados, representación sin ciudadanos, democracia sin ciudadanos, democracia sin democracia. Como no se puede llamar a esa turba despotismo ilustrado, la llamaremos cleptocracia despótica. Es así que la Constitución ni siquiera cumple el derecho fundamental de que los ciudadanos tengan derecho a participar en los asuntos públicos. Los partidos profanan el poder. Por ello, desde hace ya muchos años, la sociedad española vive en un estado de ánimo decadentista, consciente de que los partidos no la representan en la esfera del poder político. Y es que el partido-institución es la negación absoluta de la finalidad social del partido político. De ahí la necesidad de que el futuro partido político se defina, además, en su práctica por cuatro notas de sentido negativo: antidogmático, antiburocrático, antidemagógico y antirrepresivo. Sólo un partido político concebido y organizado en tales términos podrá servir de instrumento adecuado para procurar su finalidad social en una Democracia.

Decía Simone Weil: “En casi todas partes –aún a menudo en relación con cuestiones puramente técnicas– la operación de tomar partido, de tomar posición a favor o en contra, ha sustituido la obligación de pensar”. Si el pluralismo político sólo se pudiera expresar a través de los partidos del consenso ya no habría tal pluralismo.

Quizás alguien, de forma sin duda apresurada, podría criticar a Antonio de “inocencia eserista”, cuando pretendía acabar con el régimen oligárquico de esta partidocracia sin ninguna organización política, o partido, detrás, influyendo sólo en las vanguardias culturales para conseguir “poco a poco”, paulim, la hegemonía cultural en España de los ideales de la libertad política colectiva. Efectivamente la sociedad civil no expresa sus ideas hegemónicas en los parlamentos o en las elecciones, sino en los medios de comunicación. Pero, en Trevijano, Gramsci triunfa sobre Lenin, al que no sin razón los liberales rusos comenzaron a llamarlo en 1909 “el nuevo inquisidor”. Tampoco Trevijano creía que se podía terminar con la partidocracia española desde la propia Constitución, al ser ésta coherente con los propios usos corruptos de los partidos políticos. Se ha convertido a los partidos en elementos estatales y se les da en la Constitución el oligopolio de la acción política.

En el fondo no hay mucha diferencia entre el consentimiento popular que prestan las masas al gobierno de un dictador y al que otorgan las mismas mayorías sociales, en las urnas, a las oligarquías políticas que las maltratan y desprecian en nombre de la “democracia”. El argumento de que se vota a lo menos malo, dentro de lo que hay, era para Trevijano una versión suave, pero paladina, de la justificación y legitimación del servilismo político por la sola circunstancia de que los gobernantes no son tan malévolos como podrían ser. Por lo que, sean como sean, les deberíamos estar siempre agradecidos. La mínima protección que brinda a las masas el estado del bienestar, y que los gobiernos podrían suprimir o disminuir, como ya empieza a sugerirse en esta Europa confrontada contra sí misma, establece un vínculo moral de agradecimiento canino de las clases pasivas y subvencionadas al dictador, o al jefe de la banda gobernante que mantiene las migajas de los auxilios sociales.

[El Imparcial]

Domingo, 13 de Noviembre

 

Valle de Esteban


Varios días España está española

"Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque es necesario que eso ocurra primero"

 DOMINGO, 13 DE NOVIEMBRE

En aquel tiempo, como algunos hablaban del templo, de lo bellamente adornado que estaba con piedra de calidad y exvotos, Jesús les dijo:

-Esto que contempláis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida.


Ellos le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?». Él dijo:

-Mirad que nadie os engañe. Porque muchos vendrán en mi nombre diciendo: “Yo soy”, o bien: “Está llegando el tiempo”; no vayáis tras ellos. Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque es necesario que eso ocurra primero, pero el fin no será enseguida.


Entonces les decía:

-Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países, hambres y pestes. Habrá también fenómenos espantosos y grandes signos en el cielo. Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a las cárceles, y haciéndoos comparecer ante reyes y gobernadores, por causa de mi nombre. Esto os servirá de ocasión para dar testimonio. Por ello, meteos bien en la cabeza que no tenéis que preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro. Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os entregarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán a causa de mi nombre. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.


Lucas 21, 5-19

sábado, 12 de noviembre de 2022

Matar


Václav Havel


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Una resolución del Parlamento Europeo de 19 de septiembre equipara la naturaleza criminal de nazismo y comunismo, dos productos de la Europa continental y su cultura del Estado.
    
Ya no podemos ver la cara de Havel, pero la resolución (¡once años después de la Declaración de Praga!) parece un triunfo del centrismo “maccio” (“maccio ma non fanatico”) de la UE, que tampoco ve en el folio motivo alguno para romper sentimentalmente con el hamponato castrista, o dejaría de sentirse centro.
    
Mientras la Eurocámara se tira el folio al modo como el Roquentin de Sartre tiraba el guijarro en “La náusea” (“Dejé caer un guijarro y me fui”), un diputado español, Enrique Santiago, secretario general del PCE, justifica el asesinato de la familia real rusa y anuncia que, de darse en España una situación revolucionaria, iría a La Zarzuela a hacer con el Rey lo que Lenin con el zar.

    –Dependiendo de cómo se pusiera, claro.
   
 En lo que la situación revolucionaria llega, el tal Santiago vive aferrado, tan pichi y sin escrúpulos dialécticos, a la nómina de la Monarquía en el Estado de partidos, como otro Carrillo (u otro Santiago) cualquiera.
    
–Soy un revolucionario –decía Carrillo a Oriana Fallaci en octubre del 75–, y la revolución no me da miedo. En la guerrilla apuntaba para matar. Y he matado, aunque no me arrepiento. Ahora estoy dispuesto a dejar con vida a los policías de Franco, pero no a Franco. Soy comunista, no socialdemócrata. No soy rosa. No, no lo soy.
    
En cuanto al Príncipe Juan Carlos… ¡qué análisis, los de Carrillo a la Fallaci! Son los de un tertuliano de pan “pringao”. Y luego ¡su reino comunista por un paquete de tabaco con Suárez, una moqueta hasta el tobillo y una nómina de la Monarquía en el Estado de partidos para toda la vida!

    –El rostro es franco, rudo, ibérico –escribía en “Lui” Vilallonga, su hombre en París.
    
El Partido era el hijo de Wenceslao Carrillo diciéndole a un marqués en París que en España un hombre que traiciona a su padre pierde el favor del pueblo.
 
[Publicado el 6 de Octubre de 2019]
 

Liberalismo y comunismo I


Mayo, 1937


Gregorio Marañón

I

Sucede ahora con la revolución y guerra de España lo mismo que con todos los grandes acontecimientos históricos; mientras se desarrollan y hasta que pasa mucho tiempo después, los juicios sobre ellos se fundan en accidentes cargados de pasión —personal o de partido—, accidentes históricamente secundarios que ocultan, sin embargo, el verdadero sentido de los acontecimientos. Yo no pretendo estar exento de esa pasión, inevitable y en parte ajena a nuestra propia conciencia. Pero mi esfuerzo para hablar del problema en un plano objetivo tiene corno garantía el que no he pertenecido nunca a ningún partido político; y a que, en lo personal, mi formación de naturalista me ha acostumbrado a la observación fría de las cosas que suceden; y sobre todo al reconocimiento automático del error. El hombre de formación política considera como una humillación y como un suicidio el proclamar una equivocación. El naturalista, en cambio, sabe que muchas cosas que creyó verdaderas no lo son; y que para seguir buscando la verdad hay que eliminar los errores previos con toda naturalidad y con todo rigor. Esta actitud llega a convertirse en un acto reflejo, que se cumple sin tener en cuenta el que los amigos de antes nos acusen de traición ni el que los enemigos de antes nos acusen de advenedizos. Lenin, que fue el máximo discípulo de Maquiavelo (la psicología de Maquiavelo lejos de ser, como se cree, típicamente latina, tiene mucho de oriental), decía que en política el ser fiel al pasado supone muchas veces ser traidor al porvenir. Ésta, como tantas otras máximas maquiavélicas, es aceptable siempre que se añada algo que no contaba para Maquiavelo ni para sus discípulos, a saber: que el cambio en las ideas se justifique por una continuidad en la conducta. Lo que caracteriza a la política, en su sentido general, que ha sido universal y eternamente más o menos maquiavélica, es que niega y cuenta con las ideas y no con la conducta. Para el naturalista, la conducta lo es todo; y su conducta se estructura en torno del afán de la verdad y del desinterés para todo lo que no sea la verdad. Por eso, al naturalista no le importa lo que llaman las políticos equivocarse cuando esta equivocación se funda en la fidelidad a la conducta.

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Publicado en la Revue de París en su número del 15 de diciembre de 1937

Millán Astray y los prejuicios democráticos




Al cafrerío rampante



Millán Astray es, para entendernos, el capitán Alatriste, pero en serio: estudió a los Tercios de Flandes y tradujo el Bushido para inculcarlo a sus legionarios.

Un fanático de Gabriele D’Annunzio.

-Pemán, usted que lo conoce de cerca, ¿es verdad que me parezco a Gabriel D’Annunzio?

Nadie vivió más que él. Y, de paso, tenía más lecturas y mayor don para la escritura que el mejor columnista de hoy.

Fue nuestro Patton con sentido del humor (Nueva York cortó la Quinta Avenida para que Millán pudiera cruzarla tranquilamente camino de West Point), y, aparte la Legión, fundó dos instituciones que siguen volviendo locos a nuestros demócratas: Radio Nacional de España y el Ministerio de Cultura (es decir, de Prensa y Propaganda).

-Ahora, Pemán, haremos como los predicadores. Echamos la cortinilla del sagrario y ya podemos decir lo que queramos –dijo un día, convencido de que los curas echaban la cortinilla del Sacramento para murmurar de la Divinidad.

La famosa confrontación con Unamuno en Salamanca, tergiversada hasta la náusea por los correveidiles de la memoria histórica en virtud de la cual por el mar coren las liebres y por el monte las sardinas, no se puede despachar con un enlace a la Wikipedia.

Y porque, como dice Gómez Dávila, conocer bien un episodio histórico consiste en no observarlo a través de prejuicios democráticos, se recomienda el libro Millán Astray, legionario, de Luis E. Togores (La Esfera de los Libros, 2003), donde con escritura bien sencilla se contempla el asunto desde todos los puntos de vista para que el lector inteligente saque sus conclusiones.

Un ejemplo de cómo volverse loco por un prejuicio democrático:

-Un gobierno militar tendría la ventaja de acabar con estas farsas parlamentarias que tanto nos repugnan... Son los militares los que deben imponer silencio y orden en este galimatías político, dando con su sable en los consejos ministeriales y apoderándose del poder si la Corona no cree llegado el momento de otorgárselo de buen grado.

JOSÉ ORTEGA Y GASSET / EL SOL, 13 DE FEBRERO DE 1920
 
***

-Mi segunda discrepancia fue con ocasión del golpe de Estado. El general Primo de Rivera me concedió el honor de notificarme su pensamiento. Le escuché con toda atención y respeto que me merecía; pero, con la lealtad en mí característica, le hice presente que no era partidario de la dictadura ni de la intromisión del ejército en política nacional, y que a este criterio había atemperado yo siempre mi conducta. El general no insistió más.

JOSÉ MILLÁN ASTRAY / MEMORIAS INÉDITAS
 
 
[Publicado el 3 de Febrero de 2010]

Sábado, 12 de Noviembre

 


Valle de Esteban

muchos días el viento cambia de aire

viernes, 11 de noviembre de 2022

Uccellacci e uccellini


 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Habituado al Consenso (discurso único y opinión unánime), el rojo de red social anda decaído porque el rico Elon Musk se ha comprado Twitter, ese Speakers’ Corner de la progresía universal, y por divertirse (además de dinero, Musk tiene sentido del humor) abre la puerta al facha de secano para animar el palenque. En lenguaje freudiano traducido por Steiner: “Si el coito se puede esquematizar como diálogo, la masturbación parece ser correlativa a la pulsación del monólogo”.


    El Twitter de Vijaya, la censora con más brazos que Shiva, Brahma y Vishnu juntos para cerrar cuentas de tuiteros recalcitrantes, era monólogo, y el de Musk pretende ser diálogo… y de pago.


    –To all complainers, please continue complaining, but it will cost $8 –ha dicho Musk.


    Estamos donde nos dejó el Totó de Pasolini, con sus “Uccellacci e uccellini”, la lucha de clases explicada por un cuervo marxista que dividía a la Humanidad en pajarracos y pajaritos.


    Los planes encaminados a destruir las libertades de una gran comunidad, escribió Hamilton, requieren tiempo: “Un ejército bastante numeroso para amenazar esas libertades sólo podría formarse mediante incrementos progresivos, y eso supondría una larga e ininterrumpida conspiración. ¿Sería probable que esta conspiración llegara a existir?”


    Pues todo indica que ha existido, con las Big Tech al servicio de los “federales” y los “cíos” privados de Obamaworld, para escándalo de nadie, a excepción, excéntrica en estos tiempos periodísticos, de Tucker Carlson, que se atreve con todos los toros.


    Elon Musk no es un “founding father”, pero, al hablar de libertad de expresión, lo parece, y sólo con eso ya se erige en un gran detector de tontos en Europa, donde la cabra siempre tiró al monte. Ahí están los liberalios (liberalio es un pavitonto con un reglamento en la mano) Guy Verhofstadt y Thierry Breton.


    –Un hombre es dueño del debate más grande del mundo... ¡La necesidad de reglas es más grande que nunca! –ha dicho Guy.


    –En Europa el pájaro volará de acuerdo a nuestras reglas –ha dicho Thierry, un Romanones de meñique levantado (“haced vosotros las leyes y dejadme que yo haga los reglamentos”, fue el resumen que nuestro cazurro conde liberalio hizo de la Restauración, cuyo reflejo es hoy Bruselas).


    A Breton, cuyo TL parece una parodia de la filmografía de los Marx (Bretón en la ópera, Bretón en el Oeste, Bretón en Casablanca: ¡el Twitter que le gusta!), hay que decirle lo que Manolo el del Bulto, papá de Manolo Caracol, espetó en el andén de Atocha a la locomotora que al resoplar le lanzó al pasar un chisguete de vapor: “¡Esos c…, en Despeñaperros!”


    Guy, Thierry, ambos con nómina caponera de Bruselas: esos c… con el pajarito de Musk, reservadlos para la estrella de la Otan. Que aquí, peores que los del bracín o puñito en alto, sois los del meñique tieso, con vuestros reglamentos “Arias Salgado” sobre la libertad y el libertinaje.

[Viernes, 4 de Noviembre]

Geopolítica de la Superliga

 


 Hughes

Abc

 

Geopolítica por decir algo, porque es una palabra muy importante y rimbombante. Pero observando el proceso de parto de la Superliga se percibe un lejano paralelismo con la situación política mundial.


En los intentos de Florentino por crear una nueva competición se advierte, entre otras motivaciones, la de poder competir con los clubes de la Premier.


La situación actual privilegia al fútbol inglés, que domina por completo económicamente. En el statu quo hay una ‘entente’ entre los anglosajones y las instituciones, la UEFA y la Federaciones, y en ello están París (el PSG) y Alemania (el Bayern). Es la unión de los anglosajones, de la institucionalidad oficial europea con capitales en París y Alemania y la participación de los grandes poderes y flujos financieros que serían los capitalazos de jeques y emires que llenan el fútbol de petrodolares.


Anglosajones, UEFA-UE, París y Alemania, y el petrodólar consagrado todo en el modelo Champions que surge tras la segunda posguerra mundial. La Champions sería la cristalización ideológica y el mercado creado.


Los ‘perjudicados’ son los grandes clubes meriodionales: Madrid, Barça, Juventus… que ya tuvieron, por cierto, una unidad ‘geopolítica’ con la Copa Latina, entre finales de los 40 y principios de los 50. Antes de que se formara la Europa Futbolística (por reacción a la petulancia inglesa, legítima, en tanto inventores del deporte), había competiciones con grupos de naciones por afinidad cultural y vecinal: la Mitropa de la Europa Central y esta Latina que contaba con Portugal, España, Francia e Italia, creada un poco después de que Kojève le pidiera a De Gaulle un Imperio Latino para prolongar la grandeur francesa.


La ‘grandeur’ se proyectaría, vía L’Equipe, a través de la Copa de Europa y, en cierto modo, con algo de ese mismo germen latino porque la impulsó el Madrid de Bernabéu. De ese equilibrio entre ingleses y continentales surge el modelo de lo que sería el fútbol europeo desde la IIGM.


Ahora, el mismo club que ayudó a forjarlo y hasta a erotizarlo e incluso a darle un sentido geográfico e histórico permanente en la lucha norte-sur, el Madrid, busca otro modelo. Esa competición, esa estructura se le queda pequeña, siente que le asfixia, que le constriñe, y como él piensa el otro gran club latino, la Juventus, primer equipo de Italia (cosa que la gente se suele olvidar).


El Madrid, junto a la Juventus, siente que ha de ‘reventar’ la Europa futbolística actual y también, en cierto modo, la relación de Europa con las Ligas hacia otra competición que le permita: 1) neutralizar el efecto distorsionador financiero del petrodólar y los clubes-Estado y 2) equilibrar su relación con el fútbol anglosajón y 3) maximizar la potencialidad del fútbol re-globalizándolo y re-europeizándolo. Repensando el mercado-ideología que es la Champions, saliéndose del modelo estancado post-2GM.


Se podría pensar que la salida de Florentino es regresiva, reaccionaria, de ‘autoprotección’, de repliegue, pero no, es una salida distinta que supera a lo actual en lo tecnológico y en lo capitalista, en la explotación competitiva. Le da una vuelta de tuerca a la concentración y competencia. Es capitalista, tecnológica y modernizadora, con todo lo temible que esto puede ser. Es, como recalca Florentino, el cambio.

Pero la Superliga se explica, sobre todo, como respuesta a la hegemonía inglesa y a los clubes-Estado, a esas formas de financiación prepotente. En ese sentido, tiene un propósito de ordenación financiera. Como si quisiera rediseñar y reordenar el equivalente al ‘sistema financiero y monetario’ del fútbol.


En esta respuesta de mera supervivencia histórica del Madrid como club hacedor de Historia contra el fútbol anglosajón y el triángulo UEFA (Nyon-Bruselas)-Francia-Alemania, es decir, Londres-Nyon-París-Munich, como hacedor de la historia para su supervivencia como potencia y no como otra cosa frente a la hegemonía Premier, en esto el Madrid se parecería o adoptaría el papel de (perdón) Rusia (¡blasfemo! ¡insensato!). Me explico: el Madrid lidera a lo latino para una redefinición de la Europa futbolística que salve a esos clubes de la hegemonía total anglosajona, de manera remotamente, remotísimamente (¡sigues en la blasfema insensatez!) parecida a lo que Rusia hace consigo misma y lo Euroasiático, siendo lo latino la esfera o ámbito que lidera el Madrid para reequilibrar los poderes o, al menos, mantenerlos en equilibrio.


Estirando el paralelismo, estirándolo mucho (hasta el punto de pedir perdón, ¡perdón, perdón!) habría una cierta semejanza incluso entre Putin y Florentino. Los dos llegan al poder en el 2000; los dos tienen un breve intervalo en que lo dejan: Florentino entre 2006 y 2009, cuando entra Fernando Martín, etc, y Putin en el tiempo breve en que entra Medveded, que sería como su ‘Martinsa’; pero hay más: los dos actúan ahora, en realidad, por la propia supervivencia contra el hegemón anglo, y los dos liderando formas imperiales (el Madrid en lo futbolístico) hacedoras de historia, con una misión incluso. La misión teológica de Rusia como Tercera Roma portadora de la llama de la cristiandad, idea que en el deporte sólo tendría parangón con la idea que de sí mismo tiene el Madrid como creador de la historia, vanguardia temporal, defensor del trono europeo y único club legitimado por la divinidad contra todas las herejías protestantes del fútbol.


Habría un rasgo más (y de verdad, pido perdón): igual que Putin sintetiza la ortodoxia con lo soviético, a los Romanov con Stalin, y le pone al himno soviético otra letra, Florentino interpreta con sincretismo el Madrid antiguo en el moderno, lo proyecta y los mezcla, pavonea a los zidanes, y zidanea a los camachos, integra a Di Stéfano en la modernidad y sintetiza e integra todos los Madrid en el Madrid: los galácticos, al Buitre, a Iker, a Amancio, a todos…


(Faltaría Del Bosque, que funge de disidente kasparoviano y liberal)… Pero se percibe lejanísimamente un ramalazo de similar genialidad sintetizadora e integradora de las Rusias y de los Madrid en una activación viva de la fuerza de sujeto histórico (¡porque lo son, los dos lo son!).


Esos paralelismos Putin-Florentino (sin ánimo de ofender, insisto) redondean el sentido geopolítico (por llamarlo de alguna manera) de la Superliga en la que el Madrid (vagamente Imperio Ruso) trata de defenderse contra el hegemón anglosajón que se apoya en París y Munich, en las burocráticas estructuras suizo-bruselenses y en los grandes capitales afluyentes del petrodólar.


En la Superliga se dirime el nuevo orden mundial del fútbol y la ideología-mercado de la idea europea del fútbol.


Habría más similitudes lejanísmas y algunas hasta muy visibles, muy claras, evidentes, pero la prudencia y las horas invitan a callar.

Viernes, 11 de Noviembre

 

 

Montando la pluma II

jueves, 10 de noviembre de 2022

Parejas


Sidney Wang pone cara de Pablemos
  en casa de Lionel Twain

 
Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    En los 70, las dos consignas más oídas en las calles de Madrid no eran “Amnistía” y “Libertad”, como cuentan los pesados de la Transición, sino “Hay iguales”, que cantaban los ciegos, y “Sólo parejas”, que salmodiaba el portero de un garito en la Cuesta de Santo Domingo que frecuentaba el “Giocondo” de Umbral.
    
Y la primera pareja profesional que conocí fue la de Felipe González y Alfonso Guerra, “Felipe y Guerra”, nuestros Ginger y Fred de los 70.
    
Felipe, el Cantinflas que venía a nacionalizar la Banca y a licenciar al Ejército, era el “Isidoro” de Carrero, la apuesta socialdemócrata de Schmidt bendecida por Kissinger, que no quería en España otro Cunhal.
    
Guerra, el fox terrier de pelo duro que decía Gil de Biedma, era el culto, que es la forma de reverenciar al pícaro que tiene el español.

    –¡Lo que sabe el Guerra!

    Todo el trabajo de Guerra en la “clandestinidad” fue un álbum de pintadas antifranquistas hechas en un garaje sevillano. Con eso fueron a Francia y le levantaron el partido a un viejo. El “New York Times” los llamó “nacionalistas españoles”, y se pusieron tan contentos que en la fáustica noche del 82 prometieron en un balcón del Palace la reconquista de Gibraltar.
    
La collera Iglesias-Monedero, Ginger y Fred posmodernos, es una vulgar copia marketinera de la collera Felipe-Guerra en la España de la infantilidad. Monedero va de fox terrier de pelo duro y, aunque tiene la música, le falta la letra: todos sus truños universitarios no dan para un aforismo del garaje de Guerra.
    
Y de Iglesias cabe decir lo que en los 80 el pintor Rufino Tamayo dijo a Octavio Paz en un bar madrileño de artistas:

    –Y esta gente, ¿cuándo pinta?

    ¿Cuándo trabaja Iglesias, si todo el día está en TV?

    Mas su triunfo, como el de Gonzalón, no depende del trabajo, sino del glamour. Llegará a La Moncloa, y con su coleta será como Sidney Wang (Peter Sellers) en “Murder by Death” llegando a casa de Lionel Twain (Truman Capote) para cenar.
 

[Publicado el 23 de Julio de 2014]

La verdad eléctrica


 

Hughes

Abc
 
La llegada de Elon Musk a Twitter ha despertado reacciones de desagrado y cacareada estampida. Juan Cruz, nuestro Juan Cruz, ha dicho que así no. Y han sido muchos, desmintiendo que Twitter y el asunto del discurso en Twitter fuera un simple negocio. Ésa era la visión de los liberales más entusiastas del mercado: una mera cuestión empresarial y aquel proviso de Locke.


Pero en el centro político, amplio centro político, la cuestión del discurso era algo más que decisiones de libertad económica. Se trataba de algo a definir, a consensuar, desde la política. Se han conocido las conversaciones entre las Big Tech y el gobierno americano para el control de lo que llaman desinformación, o sea, del rival político. Esto ya lo hemos visto. Sucedió en la pandemia, donde se llegó a hablar de infodemia, en la guerra de Ucrania, y en las elecciones estadounidenses de 2020, con Trump bloqueado en las redes.
Este consenso técnico-político crea un discurso manufacturado, crea una verdad. Aquí se llegó a proponer por el racionalismo afrancesado un ministerio de la Verdad, pero sin llegar a tanto nos hemos acostumbrado a las agencias de verificación y a los validadores a su vez validados por instancias oficiales (curioso: yo te valido, tu me verificas). Verificar se ha convertido simplemente en ‘hacer verdad’.


Esta unión crea un discurso único, desde arriba, de arriba hacia abajo, en monopolio, no democrático e intransigente. Lo que no entra en el discurso no es sólo no-discurso, es ‘desinformación’ susceptible, por tanto, de ser suprimida y de ser suprimido quien la emite.
Esta desinformación se estigmatiza con categorías infamantes y se tipifica y es subsumible, entra perfectamente, en el mundo actual del discurso hegemónico del género o la ecología: la desinformación linda con el discurso de odio.


Verdad oficial, es decir, verdad ‘verificada’ es discurso sin trazas de odio. Como una verdad para celiacos-wokistas.


El control del discurso y la definición de esta verdad oficial consensuada supone la implicación de las tecnológicas, los gobiernos, los verificadores y de los expertos, figura fundamental que recibe, con Musk, un golpe a su autoestima y también a su estatus. El anuncio de cobrar por el distintivo azul, que es lo primero que sabemos de los planes de Musk, comercializa y a la vez abre esa categoría en la que también están los periodistas. Esta caída en la jerarquía ya se ve como un ataque porque cuestiona en cierto modo la credencial, un sistema de credenciales, pues también era eso.


Se es o se actúa según la credencial obtenida, pero ¿quién las expide? Aquí estaríamos cerca de lo que le pedía Yarvin a Musk: una revolución que altere la creación de prestigios. Prestigio es influencia, es ser cool, es hegemonía, es poder. Musk, ya sólo con esa irreverencia a los ‘blue check’ está alterando un poco ese credencialismo.


Verlos nerviosos ya es algo. Ya es mucho, Elon. Gracias. Pero él quiere más. Ha dicho que aspira a que “Twitter sea la fuente de información más precisa del mundo”. También respondió a un periodista que el problema era que se creían “la única fuente de información legítima”. De estas palabras se puede colegir que Musk entiende la posibilidad de una fuente alternativa de información y, aceptada esa rebeldía, que aspira a que Twitter sea la forma más precisa de todas. Que hay competencia y la quiere ganar. No ser la más potente, ser la más precisa. La más capaz de alcanzar mediante su juicio la verdad.


Es una declaración importante; no significa que se vaya a producir, pero como reto y propósito ya es mucho e iría en el sentido de ese Twitter revolucionario y alternativo, motor de verdad, que le pedía Yarvin. Un motor de una verdad más fuerte, más fina, más lograda, mejor, de más calidad.


Imponerse en el mercado de la Verdad sería… las implicaciones son inimaginables. ¿Está aspirando Musk al equivalente informativo o lógico-político del coche eléctrico? ¿A producir un coche-verdad alternativo?

Ojo a esto: responder a los ecólatras, a los dominadores ahora ecologistas del mundo con la contestación a su coche eléctrico: la verdad ‘eléctrica’. Una verdad verde, democrática, sostenible, popular, natural, y orgánica, sin aditivos, más fuerte y saludable, mejor para el planeta.

Responder a los jerarcas climáticos con dispositivos verdes de verdad, con una información alternativa. ¿No querían sostenibilidad, fuentes alternativas de energía? ¡La mayor de todas!


Es probable que esta verdad ecológica no llegara mucho más lejos que el decepcionante coche eléctrico, pero en su realización quizás se obtendrían otras cosas.

Esto sería mucho, pero incluso con mucho menos el efecto de lo que puede lograr Musk es grande. Podría, simplemente, volver a 2016, cuando los seguidores republicanos pudieron comunicarse aunque surgiesen peligrosas y peregrinísimas teorías de la Conspiración como que los amigos de Epstein, Clinton incluido, iban a una isla donde había mujeres.


Aunque Twitter no se desarrollase como “la fuente de información más fiable”, ya estaría bien si volviera a ser esa tecnología-zoco donde todo pudiera correr libremente. Que garantizara, simplemente, la libertad de expresión, que no es tampoco una expresión sin reglas.


Twitter como espacio abierto a la opinión. No un espacio trucado. Un espacio abierto y además potencialmente ilimitado, no sujeto a un marco que lo atornillara, sumiso, en la estructura de medios actual existente. No un Twitter de “arden las redes”, pobrecitos locos, no, un Twitter que creciera en la agenda de un modo real.


Esto casaría con la propia tecnología de Twitter, que es contestataria, respondona. Exactamente: funciona respondiendo. ‘Responder’. Se proclama con una cierta soledad temible y ciega propiciadora de la creatividad, y luego se responde. Así fue al empezar. En el comienzo se vio bien su relación con el discurso oficial. Era naturalmente contestataria. Tuits contra o hacia los medios de comunicación, como pelotitas lanzadas desde el fondo de un hoyo o de un sótano para ser reconocido; a veces, las más de las veces, no pelotitas sino piedras para romper cristales. Desde abajo se escribía a lo visible; desde lo subterráneo a la superficie. Twitter era así, y la superficie fue anulando, seduciendo, captando a los de abajo, y cuando ya no les interesaron, los explotaron de otro modo o los degradaron como el problema democrático fundamental. También reprodujeron dentro el estricto sistema de constelaciones exterior, como un calco.


Pero en la propia tecnología hay algo contrario a eso, que estimula una cierta rebeldía textual. Es una forma que añade algoritmo al ego, que integra el ego entre algoritmos, y que funciona con palabras, con pequeños discursos, con logoritmos. En Twitter se ataca a la autoridad o lo superficial, de un modo irónico o crudamente, y cuando la adhesión, como un hecho físico o una bandada de pájaros crea un grupo suficientemente grande se produce, por una forma natural de distanciamiento, la separación del disidente; el ego se vehicula con los dispositivos de la app y con los algoritmos y de la espiral acumulativa surge una disidencia y de esa otra, y así sucesivamente, por un proceso que es la pura forma humanda del juntarse y el disentir, según temperamentos, y que su tecnología capta y potencia de un modo asombroso. Es una tecnología discutidora que va creando, con lo mejor y lo peor, como ha dicho Musk, olas sucesivas de discurso que en el juntarse busca estructurarse; de ahí surge una verdad desde abajo, caótica, sistémicamente distinta a la verdad experto-gubernamental que lucha también en el medio una lucha darwinista por no desaparecer.
¿Hay algún proceso democrático en el que participe más gente que en la construcción de ese discurso colectivo?

En la naturaleza de Twitter está el disentir de algo y el separarse de lo disentido. Responde muy bien a eso porque, de alguna forma, respeta algo individual profundo con lo que el yo levanta barreras. Esa ‘maquinita’ está hecha para la pluralidad incesante y para que en ella, como un mercado que se llena de puestos, surja un comercio extraño de opiniones. Twitter sería la explanada en la que los comerciantes acuden a un zoco de negociaciones, proclamas, revisiones, decisiones y expresiones varias.


Sus rasgos parecen los opuestos a ese discurso oficialmente fact-chequeado que hemos visto estos últimos años. Pero su supervivencia es, además, en cierto modo la ‘nuestra’.


El discurso oficial mencionado es, a su vez, producto de un sistema enorme que ya está estudiado. La decantación del jugo, gota a gota, de esa verdad viene producida por un motor inmenso que parte de las grandes fortunas, también las de Silicon, de las grandes fundaciones y sus influencias financieras en ONG’s y en los burócratas de organismos internacionales que luego permean los nacionales, las instituciones: gobiernos, administración, universidades enmarcando el discurso cultural que en televisiones, estudios cinematográficos, y editoriales, en manos de aquellos otros capitales, producen el flujo invencible del discurso hegemónico. Súmenle a eso las redes sociales intervenidas. ¿Qué queda, además del tik-tok chino hipnotizante que impide parpadear? ¿Qué queda para salvaguardar una mínima ecología de la opinión?


No queda mucho, y de lo que queda, quizás Twitter sea la herramienta más potente. Por eso, que Musk tenga planes para ella, aunque no sean revolucionarios ni totalmente filantrópicos, es algo importante y puede ser muy útil.


Desde el punto de vista español, la cuestión es incluso más interesante considerando los equilibrios de fuerzas.


La posibilidad de crecer y expandir el discurso es doble: poder decir más, que es algo realmente poco importante, ¿quién necesita decir más? Y, sobre todo, ‘prestigiar’ lo que allí se dice.


La forma más importante de potenciar Twitter como lugar de comunicación no es tanto o sólo ese ‘poder decir’ como legitimar lo dicho, darle brillo, darle lustre, lugar, respetabilidad, validación y audiencia para que importe y tenga peso. Realidad, incluso, existencia. La autovalidación tuitera sería una forma de independencia de ese enorme monstruo antes descrito. Un Twitter que no necesitara la validación ajena (de ya sabemos quién) sino que la produjera sería un comienzo. Esto validaría a su vez lo allí dicho y de esa doble validación, quizás, pudiera surgir un comercio, un diálogo, quizás una contienda.


Sin eso, no se observa mucha alternativa: seguir con la sensación de estar sepultado, hablando solo o asistiendo a un gran parlamento liliputiense que, apagado, no afecta nada al exterior. ¿De qué otra cosa, además, se puede esperar algo, un cambio al menos, la más mínima esperanza, por tonta y engañosa que sea, de una revolución?

Jueves, 10 de Noviembre

 

 

Montando la pluma I

miércoles, 9 de noviembre de 2022

Rocanrol. Stairway to Heaven

 

 

Led Zeppelin

50th Anniversary

 

Classic Rock In Pics
@crockpics
 

 


 



Classic Rock In Pics
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Guerra Civil




Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Al borde de la guerra civil, lo que impresiona, según Tocqueville, es el desarrollo del pensamiento y el acento de las palabras, más que su valor.
–“Guerra” es una lucha armada entre unidades políticas organizadas, y “guerra civil” es una lucha armada en el seno de una unidad organizada.

Es la lógica schmittiana.

–The civil war is here –dice Daniel Greenfield, periodista ajeno a los acordeones del establishment, natural de Israel y vecino de Nueva York, para resumir el espectáculo político americano.

En América, según Greenfield, la izquierda ya no tiene lealtad al sistema; no acepta otras leyes que las suyas; no es leal a la Constitución, sino a su catón, y rechaza la autoridad que no controla: la judicial, si le es adversa; la legislativa, si es de mayoría republicana... Tras perder el Congreso, se consolidó en la Casa Blanca (intentó, con Obama, eliminar los controles al poder ejecutivo); tras perder la Casa Blanca, se refugió en jueces federales y funcionarios no elegidos. Ahora desafía un resultado electoral usando una coalición de burócratas, corporaciones, funcionarios, celebridades y reporteros, construyendo ciudades y estados “santuarios” para jugar a la secesión, aunque no busca separarse, sino gobernar.

–Hay dos gobiernos: el legal y un anti-gobierno, traidor, de la izquierda. Si el conflicto progresa, se pedirá a todos los funcionarios lealtad a dos gobiernos en competencia. Y eso es una guerra civil.
La izquierda espera que todos acepten su autoridad ideológica. La derecha espera que se acepte la autoridad constitucional. El conflicto es político y cultural: se lucha dentro del gobierno y en los medios de comunicación, y si ninguna de las partes retrocede, el conflicto, pillado entre dos órdenes contradictorias, irá más allá de las palabras.
–Es un conflicto primario entre un sistema totalitario y un sistema democrático: la vieja traición de los años sesenta llega a la mayoría de edad. Ha comenzado una guerra civil.
 
 [Publicado el 30 de Marzo de 2017]

Miércoles, 9 de Noviembre

 


Cynar y Pernod

martes, 8 de noviembre de 2022

El caso inglés


El fundador de Abc, en su despacho

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    La exaltación de Rishi Sunak a la jefatura del ejecutivo británico tiene engorilados a nuestros liberalios, que esperan que “el fin del populismo también llegue pronto a España”, ya se supone que por la misma vía antidemocrática.


    El arreón totalitario de los Pocos contra los Muchos es un toque a rebato mundial, y de él tampoco se salva Inglaterra, que también ha tenido sus pulsiones autoritarias, pero con los de fuera. En la guerra del 14 el embajador británico visitó al fundador de ABC en su despacho de Serrano para decirle que convenía a España situarse a favor de su imperio, pues “Inglaterra sabe ser tan generosa como vengativa”. “Mi Patria es libre y soberana”, repuso don Torcuato, y mientras llamaba por el timbre a un ordenanza añadió: “Señor embajador, ¡cuánto siento que Madrid no sea puerto de mar!” “¿Por qué?” “Para rogarle que saliera de mi casa a la vista de la escuadra inglesa…”


    No hay más populismo que la democracia (“and that government of the people, by the people, for the people”, en la descripción de Lincoln en Gettysburg), con lo cual el desprecio liberalio al populismo es el desprecio liberalio a la democracia, pero “democracia” es una palabra con prestigio social, y no se atreven a denostarla, por lo que recurren a la triquiñuela de llamarla “populismo”.


    En Inglaterra (¡y para nosotros lo quisiéramos!) el pueblo reina, pero no gobierna. De los tres elementos de la democracia aludida en Gettysburg (representativo de la sociedad, divisorio del poder y electivo del ejecutivo), los ingleses sólo gozan del representativo, por lo que su sistema parlamentario liberal sin separación de poderes (parlamentarismo de gabinete) no es democracia formal. Pudo serlo con la monarquía constitucional (el rey gobierna), pero la corrupción de Walpole acabó con ella. Ahora se trata de acabar también con el elemento representativo y su democrático sistema electoral mayoritario simple (aun con sus pegas, que incluye la curiosa paradoja de Arrow) en distritos uninominales con la idea de reemplazarlo por el antidemocrático sistema proporcional de Weimar. Se intentó, con el apoyo de la Unión Europea, en el referéndum de mayo de 2011, y la propuesta fue mayoritariamente rechazada (¡populismo!), pero vuelven a la carga, y la nefasta figura (por su forma de acceder al cargo) de Rishi Sunak está de su parte.


    La caída del sistema representativo de Inglaterra sería para la causa de la libertad como la caída de la plaza de Madrid para la causa de la tauromaquia. Inglaterra no tiene Estado, sino “government” (esto lo explica Dalmacio Negro mejor que nadie), y hasta Leibholz se quita el cráneo ante semejante maravilla: es la primacía del individuo sobre la comunidad, de la comunidad sobre el Estado, lo que da a la sociedad inglesa su carácter único.


    –El pensamiento político inglés se diferencia del continental en que es pensamiento social y no estatal.


    Eso es todo.

[Martes, 1 de Noviembre]