viernes, 11 de noviembre de 2022

Geopolítica de la Superliga

 


 Hughes

Abc

 

Geopolítica por decir algo, porque es una palabra muy importante y rimbombante. Pero observando el proceso de parto de la Superliga se percibe un lejano paralelismo con la situación política mundial.


En los intentos de Florentino por crear una nueva competición se advierte, entre otras motivaciones, la de poder competir con los clubes de la Premier.


La situación actual privilegia al fútbol inglés, que domina por completo económicamente. En el statu quo hay una ‘entente’ entre los anglosajones y las instituciones, la UEFA y la Federaciones, y en ello están París (el PSG) y Alemania (el Bayern). Es la unión de los anglosajones, de la institucionalidad oficial europea con capitales en París y Alemania y la participación de los grandes poderes y flujos financieros que serían los capitalazos de jeques y emires que llenan el fútbol de petrodolares.


Anglosajones, UEFA-UE, París y Alemania, y el petrodólar consagrado todo en el modelo Champions que surge tras la segunda posguerra mundial. La Champions sería la cristalización ideológica y el mercado creado.


Los ‘perjudicados’ son los grandes clubes meriodionales: Madrid, Barça, Juventus… que ya tuvieron, por cierto, una unidad ‘geopolítica’ con la Copa Latina, entre finales de los 40 y principios de los 50. Antes de que se formara la Europa Futbolística (por reacción a la petulancia inglesa, legítima, en tanto inventores del deporte), había competiciones con grupos de naciones por afinidad cultural y vecinal: la Mitropa de la Europa Central y esta Latina que contaba con Portugal, España, Francia e Italia, creada un poco después de que Kojève le pidiera a De Gaulle un Imperio Latino para prolongar la grandeur francesa.


La ‘grandeur’ se proyectaría, vía L’Equipe, a través de la Copa de Europa y, en cierto modo, con algo de ese mismo germen latino porque la impulsó el Madrid de Bernabéu. De ese equilibrio entre ingleses y continentales surge el modelo de lo que sería el fútbol europeo desde la IIGM.


Ahora, el mismo club que ayudó a forjarlo y hasta a erotizarlo e incluso a darle un sentido geográfico e histórico permanente en la lucha norte-sur, el Madrid, busca otro modelo. Esa competición, esa estructura se le queda pequeña, siente que le asfixia, que le constriñe, y como él piensa el otro gran club latino, la Juventus, primer equipo de Italia (cosa que la gente se suele olvidar).


El Madrid, junto a la Juventus, siente que ha de ‘reventar’ la Europa futbolística actual y también, en cierto modo, la relación de Europa con las Ligas hacia otra competición que le permita: 1) neutralizar el efecto distorsionador financiero del petrodólar y los clubes-Estado y 2) equilibrar su relación con el fútbol anglosajón y 3) maximizar la potencialidad del fútbol re-globalizándolo y re-europeizándolo. Repensando el mercado-ideología que es la Champions, saliéndose del modelo estancado post-2GM.


Se podría pensar que la salida de Florentino es regresiva, reaccionaria, de ‘autoprotección’, de repliegue, pero no, es una salida distinta que supera a lo actual en lo tecnológico y en lo capitalista, en la explotación competitiva. Le da una vuelta de tuerca a la concentración y competencia. Es capitalista, tecnológica y modernizadora, con todo lo temible que esto puede ser. Es, como recalca Florentino, el cambio.

Pero la Superliga se explica, sobre todo, como respuesta a la hegemonía inglesa y a los clubes-Estado, a esas formas de financiación prepotente. En ese sentido, tiene un propósito de ordenación financiera. Como si quisiera rediseñar y reordenar el equivalente al ‘sistema financiero y monetario’ del fútbol.


En esta respuesta de mera supervivencia histórica del Madrid como club hacedor de Historia contra el fútbol anglosajón y el triángulo UEFA (Nyon-Bruselas)-Francia-Alemania, es decir, Londres-Nyon-París-Munich, como hacedor de la historia para su supervivencia como potencia y no como otra cosa frente a la hegemonía Premier, en esto el Madrid se parecería o adoptaría el papel de (perdón) Rusia (¡blasfemo! ¡insensato!). Me explico: el Madrid lidera a lo latino para una redefinición de la Europa futbolística que salve a esos clubes de la hegemonía total anglosajona, de manera remotamente, remotísimamente (¡sigues en la blasfema insensatez!) parecida a lo que Rusia hace consigo misma y lo Euroasiático, siendo lo latino la esfera o ámbito que lidera el Madrid para reequilibrar los poderes o, al menos, mantenerlos en equilibrio.


Estirando el paralelismo, estirándolo mucho (hasta el punto de pedir perdón, ¡perdón, perdón!) habría una cierta semejanza incluso entre Putin y Florentino. Los dos llegan al poder en el 2000; los dos tienen un breve intervalo en que lo dejan: Florentino entre 2006 y 2009, cuando entra Fernando Martín, etc, y Putin en el tiempo breve en que entra Medveded, que sería como su ‘Martinsa’; pero hay más: los dos actúan ahora, en realidad, por la propia supervivencia contra el hegemón anglo, y los dos liderando formas imperiales (el Madrid en lo futbolístico) hacedoras de historia, con una misión incluso. La misión teológica de Rusia como Tercera Roma portadora de la llama de la cristiandad, idea que en el deporte sólo tendría parangón con la idea que de sí mismo tiene el Madrid como creador de la historia, vanguardia temporal, defensor del trono europeo y único club legitimado por la divinidad contra todas las herejías protestantes del fútbol.


Habría un rasgo más (y de verdad, pido perdón): igual que Putin sintetiza la ortodoxia con lo soviético, a los Romanov con Stalin, y le pone al himno soviético otra letra, Florentino interpreta con sincretismo el Madrid antiguo en el moderno, lo proyecta y los mezcla, pavonea a los zidanes, y zidanea a los camachos, integra a Di Stéfano en la modernidad y sintetiza e integra todos los Madrid en el Madrid: los galácticos, al Buitre, a Iker, a Amancio, a todos…


(Faltaría Del Bosque, que funge de disidente kasparoviano y liberal)… Pero se percibe lejanísimamente un ramalazo de similar genialidad sintetizadora e integradora de las Rusias y de los Madrid en una activación viva de la fuerza de sujeto histórico (¡porque lo son, los dos lo son!).


Esos paralelismos Putin-Florentino (sin ánimo de ofender, insisto) redondean el sentido geopolítico (por llamarlo de alguna manera) de la Superliga en la que el Madrid (vagamente Imperio Ruso) trata de defenderse contra el hegemón anglosajón que se apoya en París y Munich, en las burocráticas estructuras suizo-bruselenses y en los grandes capitales afluyentes del petrodólar.


En la Superliga se dirime el nuevo orden mundial del fútbol y la ideología-mercado de la idea europea del fútbol.


Habría más similitudes lejanísmas y algunas hasta muy visibles, muy claras, evidentes, pero la prudencia y las horas invitan a callar.