JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ
Ya nos advertía don Luis Fernández Salcedo en su «Verdad y mentira de las corridas concurso» (Unión de Bibliófilos Taurinos, 1974) de la diferencia que existe entre las de verdad, una corrida de concurso seria, con toros bien seleccionados según criterios genéticos, de comportamiento y de tipo de casa, de las de mentira: festejos anunciados como “de concurso” que en realidad son limpiezas de corrales o presentaciones de ganado mediocre. Hoy en Las Ventas tocó más bien lo segundo, en esta corrida de toros a finales de la temporada con ganaderías que lidian poco o muy poco. Habían anunciado uno de Palha, que finalmente no vino y fue sustituido por otro de Partido de Resina, que además aportó el segundo sobrero, que por fortuna no salió a escena. El resto de las ganaderías anunciadas para hoy eran las de Saltillo, Castillejo de Huebra, Conde de la Corte, Pallarés y Valdellán. El primer sobrero, que tampoco salió, corría a cargo de Saltillo. Hacemos hincapié en lo de los sobreros como cosa óptima, porque es muy común que en determinadas corridas de corte «torista» tengan reservados en la recámara toros de lo menos torista, de esos que alardean de su juampedrería, para ir limpiando los corrales y librándose de ellos como sea. La noticia que corrió como la pólvora desde el apartado fue que el de Saltillo era otro «Cazarrata», éste con el número 42, que nos lleva a aquél del mismo nombre y ganadería, número 45, frente al que se las vio Sánchez Vara hace ya diez años, que parece que fue ayer.
Si algo hay que resaltar de la corrida concurso de hoy es la variedad de tipos y de comportamientos que se han podido contemplar en la plaza. Toros con personalidades diversas y, a veces, cambiantes que han mantenido el interés del espectáculo durante toda la tarde. Si alguien busca eso que ahora llaman «bravura enclasada», que vaya asco de término, no la hallará en la tarde de hoy. Si alguien busca la mera «bravura», la de don Luis Fernández Salcedo, tampoco, porque hoy se ha dado una corrida en la que ha primado la casta, el comportamiento cambiante, la mansedumbre, la personalidad o la incertidumbre. Problemas, problemas y problemas para José Carlos Venegas, ninguna corrida toreada el año pasado; Isaac Fonseca, un festejo en el año pasado, y Alejandro Chicharro, ocho festejos en 2025, el año de su alternativa, o sea, lo mismo de siempre. Con los toreros también hubo sus cuitas, porque estaba anunciado Cristián Pérez, ninguna corrida en 2025 para no desentonar, que se cayó del cartel a causa de una recaída en la cornada que sufrió en Illescas a primeros de septiembre. Venegas entró en sustitución de Pérez.
Fue saludado con palmas Cazarrata en su salida al ruedo de Las Ventas por su trapío y su excelente lámina. Entró el toro con alegría al caballo por tres veces y huyó del mismo al sentir la puya también por tres veces, tomando una cuarta vara al relance, y dejando el paradigma de su posible bravura a la altura del betún. Pasó por los rehiletes sin pena ni gloria y cambió en el último tercio dejándose torear a cambio de sobreponerse a su imponente presencia. Venegas lo pasó por las dos manos, con más firmeza en las series a derechas, sin rehuir el otro pitón ni los adornos. Una estocada entera y buena puso en su mano una oreja que algunos, mezquinamente, le negaban.
Bellotito, número 17, fue el de Partido de Resina. Otro toro impecable de presentación en el tipo de la casa, algo estrecho de sienes. Acudió con presteza y de largo al penco sobre el que surfeaba Héctor Vicente, que se dedicó a tundir los lomos de Bellotito como si tuviera algo personal contra él en las tres entradas que le hizo en las que el de cuatro patas demostró más honestidad que el de dos. Muy deficiente el tercio de varas, como viene siendo habitual, y de poco interés el de banderillas, con el de Partido de Resina mirando a cualquiera que se moviese. Fonseca se plantó a ver qué se podía hacer con el toro y se encontró inerme ante su violencia. Una estocada entera y un aviso fueron el epílogo a su actuación.
Mariscador, número 7, de Castillejo de Huebra, fue el primero de los de Alejandro Chicharro, que se empeñó en pedir el cambio de tercio con dos entradas al caballo del toro, la que se fue suelto y la que se quedó a que le pegasen. Luego no vio las condiciones del toro, acaso el más «manejable» del encierro, si se nos permite esa expresión. Lo que consiguió Chicharro fue ir soliviantando al personal y los únicos aplausos que cosechó fueron al salir al ruedo tras el batacazo que se pegó al tomar el olivo huyendo de Mariscador, que le apretó lo suyo al sentir el hierro dentro de su cuerpo. Luego, con una estocada baja, dejó ya la cosa apañada.
El segundo de Venegas fue Uva-Larga, número 7, del Conde de la Corte, un toro de comportamiento bastante insólito en su manera de acudir al capote, donde echaba el freno y no pasaba, y al caballo al que acudió en cuatro ocasiones sin acabar de desarrollar una pelea basada en la bravura. Puso Uva-Larga las cosas complicadas a los banderilleros, que no había forma de entrar al toro por el pitón derecho, y ahí estuvo Raúl Cebadera, tercero de la cuadrilla, que clavó con torería y fue justamente ovacionado. En la muleta el toro volvió a sacar sus condiciones más inspiradas en la mansedumbre agresiva que en la bondad pabloaguadil. Venegas le dejó una estocada trasera y luego la cosa se complicó en lo del apuntillamiento.
Imaginario, número 16, de Pallarés, de buena presencia, se dejó torear a la verónica por Fonseca y acudió por cuatro veces al cite de Borja Lorente, que demostró que si se quiere, se puede hacer la suerte de varas de una manera digna y honesta. Si la tercera vara se le fue baja no fue por una premeditación del picador, que en todo momento movió al caballo con soltura y que cobró tres buenas varas que le valieron el aplauso del público. Parte del triunfo del toro se le debe al buen trabajo de Lorente y después a la exquisita brega de Raúl Ruiz. Fonseca comenzó dando distancia al toro, pero pronto lo dejó, enganchando algún natural estimable. Pinchazo, metisaca y estocada fueron sus argumentos toricidas. El toro fue despedido con palmas en el arrastre.
Para terminar, el de Valdellán, Huertano, número 37, manso encastado e incierto que para algunos fue el toro más singular de la corrida. Y eso que no era ningún top-model, y que le protestaron de salida por su figura poco agraciada. Fue Huertano ese toro con el que siempre querríamos ver a los que se enseñorean del escalafón, a quienes nunca veremos frente a algo como esto. Tras la ilusión de Lorente en el quinto, ahí vino El Legionario a volver a poner las cosas en su sitio en cuanto a la mala práxis en el tercio de varas, aumentado el espectáculo con la nula intención del toro en acudir a las invitaciones que se le iban haciendo. En banderillas volvió Iván García a dejar un apunte de su gran clase. En la muleta Huertano no dio ni una sola facilidad a Chicharro, que lo cazó a la tercera. Luego el animal se levantó tres veces cuando Óscar Reyes trataba de apuntillarle prendiéndole violentamente en una de ellas, sin consecuencias.
Al término de la corrida los altavoces de la plaza comenzaron a emitir sus ya clásicos sonidos de ultratumba, y en la horrísona cháchara que salía de ellos fuimos incapaces de desentrañar las palabras que decían. Al parecer estaban dando los premios de la corrida concurso, pero entre aquel estruendo no nos enteramos ni de cuáles eran ni de a quién iban dirigidos, como nos pasa siempre.
ANDREW MOORE



















