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miércoles, 24 de noviembre de 2010

El poder mortífero de la calumnia



-No se exige ninguna prueba a quien acusa; la demostración de la inocencia corresponde al imputado. Y paralelamente, ningún documento, ninguna justificación, ningún argumento de defensa sirve para refutar la incriminación: quien lanza la acusación ha decidido de antemano los términos del debate y encierra al contrario en un círculo predefinido del que le resulta imposible escapar. Arios, nazismo, fascismo, extrema derecha, exterminio son palabras recurrentes y presuponen ya la condena. Alain de Benoist pudo hablar, con razón, de un método deductivo que bautizó como la Reductio ad Hitlerum.

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