sábado, 25 de abril de 2020

La Españeta alegre y confinada


@jcamagi

Misa

La libertad religiosa según El Ayuntamiento de los Juristas



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Circula (poco) por la Red un video del desalojo de una misa en Madrid (parroquia de San Jenaro, en Vital Aza), perfectamente adecuada (en lo que se ve) al artículo 11 del Decreto de Alarma.
    
Dos guardias de Almeida, con cierto desaliño y pistolón colgandero al cinto, se plantan ante el altar (en terreno de la iglesia) como ante un tenderete de trileros en la Gran Vía y exigen, con desgana de Gian Maria Volonté en papel de mexicano, la documentación al sacerdote, que rebusca entre la casulla para darles el carné. La escena es de una violencia estética extrema, muy superior a la de la irrupción de Rita Maestre, que entonces sólo era una estudiante, en la capilla de la Complutense (“¡Arderéis como en el 36!), pues hablamos de la fuerza armada del alcalde, héroe por accidente (¡Dustin Hoffman!), hoy, para los medios, donde no se le cae de la boca la palabra “sensibilidad”.
    
¿Sensibilidad? ¿Y cuál es la sensibilidad del alcalde ante la misa en este tiempo de angustia medieval que padecemos? Venimos de ver a Almeida marcarse con Rita Maestre un consenso municipal muy celebrado por el periodismo de peluquería que lo peta en España. ¿Sabe Almeida del origen cristiano (¡constantiniano!) del consenso que le pone los ojos en blanco?
    
En los 70, la policía, más blandita que la de Almeida, no consiguió reventar un debate del cura Aguirre, luego duque de Alba, que defendía la misa como banquete, con el padre Venancio Marcos, que defendía la misa como sacrificio. ¿Qué misa defiende Almeida para extraer el voto de las beatas pemanianas con rosario de laspislázuli?

    El adolescente Gustavo Bueno iba a misa con el “Tratado teológico-político” de Espinosa metido en un devocionario de su tía, y el notario, que estaba a su lado, le miraba de reojo y le decía a su padre: “Oye, tu hijo muy bien, va para cura”.

    A Almeida le han dicho en la Sexta que va para Azaña, y se lo ha creído.
    
Nuestra única esperanza está en la injusticia de Dios –nos dejó como epitafio Gómez Dávila.

Somos Zambia, con todos los respetos para Zambia

ABC

Somos Zambia, con todos los respetos para Zambia, pero se ríen de Trump, líder democrático mundial, mientras encubren un desgobierno histórico




Trump habla de terapias que se prueban en hospitales americanos, y lo hace en ruedas de prensa en las que lucha a brazo partido con periodistas mucho más allá de la desafección, que diría Marlaska

 No les habla con la familiaridad de Sánchez ("Sí, Jaime", "Dime, Pepita"), les llama mentirosos, pero les contesta, les da horas de respuestas e información


En lugar de reclamar eso para Moncloa, aquí los Rostropovich de la propaganda se ríen sosteniendo la ficción de una España capaz de condescendencia con EUU cuando estamos siendo el peor país del mundo

Cuando tú quieras, muerte




Manuel Manilla

Te he vencido.
¡Qué poquito
puedes ya contra mí!

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

Sábado, 25 de Abril


Palentino luto

viernes, 24 de abril de 2020

No mentirás

 Pío Tamayo, “Pollito Pío”,
 comunista venezolano, creador del concepto
 "democracia avanzada" que tanto citan nuestros liberalios


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Un juez cullerense en ejercicio pide la prohibición, y por lo penal, de la mentira. ¿Qué es la mentira?

    Hombre, si Pilato, con su “¿Qué es la verdad?”, se convirtió en el arquetipo del perfecto socialdemócrata relativista y escéptico, no sé en qué lo convertirían a uno, si le preguntara a un juez qué es la mentira. Y más tratándose de un “juez (y jueza) para la Democracia”, es decir, de los que llevan casi medio siglo porfiando, sin el mínimo éxito, por un sistema, la democracia política, con su principio representativo de la sociedad, su principio electivo en el gobierno y su principio divisorio del poder en el Estado. ¡Un Juvenal de Cullera!

    – ¿Qué haría yo en Roma, si no sé mentir? –suspiraba el satírico romano.

    ¡Prohibir la mentira en esta España de Salas Barbadillo!

    El lenguaje (y esto lo dice Popper, un filósofo amenazado con un atizador por Wittgenstein) nace de la broma de gritar «¡Que viene el lobo!» siendo mentira, de donde surge el problema de la verdad, y con él, el pensamiento. ¡El pensamiento!

    La democracia representativa de Hamilton fue, con Johnson en la Casa Blanca, el único gobierno occidental que permitió representaciones públicas de «MacBird», obra en la que Johnson asesinaba a Kennedy para erigirse en Presidente. Si nuestro “juez (y jueza) para la Democracia” prohíbe la mentira, entonces su ideal de democracia no es la “democracia representativa” de Hamilton, sino la “democracia avanzada” de Pío Tamayo, “Pollito Pío”, comunista venezolano.
    
Vivimos en un país políticamente peligroso, donde la demagogia de la idiotez constituye, según un gran pensador, el más eficaz antídoto contra el peligro social de parecer diferente.

    –El consenso en la vulgaridad y necedad de las opiniones es necesidad social en épocas de transición del despotismo a la insinceridad del sistema político.
    
A 23 de abril, cabe preguntarse por qué en medio siglo aún no hemos producido un Sthendal que retrate nuestra pasión de parecer idiotas que nos domina.

La muerte entra y sale de la taberna

Manuel Manilla


La muerte
entra y sale
de la taberna.

Pasan caballos negros
y gente siniestra
por los hondos caminos
de la guitarra.

Y hay un olor a sal
y a sangre de hembra,
en los nardos febriles
de la marina.

La muerte
entra y sale,
y sale y entra
la muerte
de la taberna.

FEDERICO GARCÍA LORCA

Viernes, 24 de Abril



Draw my life

jueves, 23 de abril de 2020

Centro y Derecha


Hughes
Abc

A primera vista parece que Pablo Casado muestra en esa foto dolor, o al menos intensidad. Una profundidad. Pero luego, mirando mejor se ve que lo que aporta es una profundidad física, de perspectiva. Al mirar la foto, que es de primeras bastante sorprendente y hay que mirarla un poco, el efecto es un desdoblamiento. Acaba habiendo dos Casados. Pero antes que nada hay uno. Casado ante el espejo nos muestra la espalda de Casado, su “derriere”. Casado coge relieve, profundidad, se redondea. Se hace ser corpóreo, materia. Casado gana fisicidad. Con esto quiere desmentir que sea un cartón piedra. Casado existe, existe tanto que por si hubiera dudas (que las había) se refleja en el espejo.

El espejo nos devuelve su imagen, el espejo certifica, y al hacerlo vemos que es un ser de más de una dimensión. Hay una corporeidad en Casado. La profundidad no la consigue con su gesto consternado, ni con los puños de ira contenida (Casado está obligado a ser suaviter como uno del PSOE y a ser viril como Abascal, ¡ése es el centro más difícil! Estar en un ejercicio constante de balance entre la soltura pélvica de Sánchez y la corpulencia macizorra de Abascal, tiene que ser dificilísimo), pero esa profundidad de Casado no es la del gesto, es la del ser humano por fin en sus varias dimensiones.
Es el efecto de la foto. Casado existe, un espejo lo confirma. ¡Casado se verifica! Y además tiene dimensiones, es un ser con profundidad, con perfil, con su cosa poliédrica. Esto es importantísimo para el proyecto del PP. Casado se complejiza, dice aquí estoy yo. La única manera de percibir la realidad de Casado era a través de un espejo. Realidad un poco sobrenatural, realidad no dicha, escupida.

Pero lamentablemente, eso tiene un riesgo, una contrapartida. Cuanto más se mira la foto más se percibe que encierra un grito de socorro que va más allá de las víctimas, un grito que es sobre todo personal. Casado dramatiza y desvela su propio drama al darse profundidad. Su espejo no refleja paz. Son dos seres enfrentados. Casado es dos Casados. El líder que intenta la titánica labor de liderar el centro-derecha, el llamado “centroerecha”, muestra su bipolaridad. No es uno, son dos, y en ese ser dos vive un auténtico drama. Esta imagen revela el sufrimiento de que un Casado tenga que ir atando a otro Casado.

Al salirse de la pose, al certificar su existencia, el espejo nos ha mostrado su profundidad y se ha visto que Casado vive disociado. Ha aflorado su dramón. Casado es dos y ahí se ve: Centro y Derecha. Miren cómo se miran. ¡Si no se pueden sostener la mirada! Al asomarse al espejo ha perdido el guión copulativo, el -, y se ha visto lo que sufre ese hombre con el que ya podemos empezar a simpatizar.

Partido en dos, como un gran cisco freudiano, eros y tánatos, tótem y tabú, centro y derecha. En un lado del espejo está el que dice no a todo lo de Sánchez; en el otro lado está el que le dice que sí. ¡Es un grito de auxilio hecho imagen! El Casado fuera del espejo hace de leal oposición, y el de dentro del espejo está hundido. Casado, que era un político barbilindo y demasiado compuesto, por fin se ha abierto, mudo, por fin ha mostrado la herida supurante de realidad, la herida lynchiana del centro-derecha. Casado, Casados. ¡Ahora sí!

23 de Abril

 Feria deSevilla 2019

Burgos desde el Castillo

  
Francisco Javier Gómez Izquierdo

        Entiendo que es fecha a propósito para que los nacidos en la Vieja Castilla emperejilen un puente como en todas las Comunidades en su día correspondiente, y salgan a ver mundo con el sosiego que da su tradicional sobriedad de temperamento y con la tranquilidad de saber que no se coincide con la marabunta de las festividades generales. Así solemos hacer la cuadrilla de amigos que permanece, casi toda en Burgos, en tal puente como el que hubiera empezado ayer. Este año venía redondo y la íbamos a echar por la parte de Extremadura, creo que quedamos la última vez que nos vimos en diciembre. Evidentemente no será y ya veremos el año que viene.

       El 23 de abril es el puente de Castilla y León, pero antes de que lo fuera, un servidor, que también fue joven y mucho más atolondrado que hoy participó modestamente a finales de los 70, poco antes de la mili, en pintar de rojo en el calendario día tan señalado entre literatos. Íbamos en autobús a Villalar -yo sólo fui un año, creo que en el 78 o 79- con tienda de campaña, chorizo, tortilla y vino a una especie de feria en una gran campa a la que acudían grupos muy variopintos. El que más destacaba era el PANCAL, que creo quería ser una especie de PNV castellano, pero donde más ambiente había era en los grupos comunistas a los que nos acercábamos por sentirnos afines y más que nada por ver si ligábamos. El momento orgásmico llegaba con el Nuevo Mester de Juglaría dirigiendo un coro entregado al canto de “Castilla entera, se siente comunera”. Nos creíamos importantes por sentir que nos vigilaba la Guardia Civil y “los secretas”, pero los alborotos que vi los protagonizaron los asistentes más radicales peleándose entre sí. Había “fachas” de entonces que no iban con los falangistas y comunistas que renegaban de otros comunistas. Un lío incomprensible para mentalidades como las nuestras inclinadas a la bondad y que imposibilitó que nos apuntáramos a ninguna facción política en estos más de 40  años que ya han pasado.
     
Sí. Echo de menos poder disfrutar esta fiesta de Castilla y León con ese sol amigo y esa suave brisa que se estila en la estación frente a una mesa con lo que sea, vino y los amigos de toda la vida. Lejos quedan Villalar, las tiendas de campaña y las ínfulas adolescentes, pero la amistad, poderoso vínculo que entre nosotros no ha padecido resquebrajaduras, permanece para recordarnos que quizás no hayamos perdido el tiempo, porque nos seguimos portando con cierto conocimiento. En uno de los últimos puentes del 23 de abril, la echamos en Molinicos, pueblo albaceteño de la comarca natal del difunto J. L. Cuerda, sabio que nos dejó dicho aquello de Amanece que no es poco. Vamos a tener que darle la razón.

El Bulón

Pastora Imperio


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    En lo que hablamos de bulos, no hablamos de muertos, que son de verdad.

    –Sí, sí, existen los toros de cinco patas –decía Cagancho (¡el del lío en Almagro!)–, pero para verlos no hay que ser supersticioso.
    
Supersticiosos, y por eso no ven los bulos de cinco patas, son Marlaska y Santiago, el general que se apareció en una rueda de prensa como el Apóstol en la batalla de Clavijo, que lo hizo en un caballo blanco.
    
Y no hay que transigir ni con que fuera tordo el caballo –arengaba Maeztu, por cuya “intransigencia” un gobierno socialcomunista le dio matarile en Aravaca.
    
Marlaska es el ministro de la gobernación más brutote desde Garicano Goñi. Tiene una mueca muy común en los paletos que “triunfan” en la capital: hacerse los malos para hacerse los inteligentes, truco que a Fouché le salió bien. Y Santiago es el general que hace pucheros cuando mete la pata, actitud inimaginable en Patton, MacArthur o Petraeus… Pero así ha conseguido el aplauso de Simón el Gripólogo. ¿Qué? ¿César entrando en Roma como conquistador de las Galias con Simón tocándole palmas, a lo Pepín Cabrales? ¡Menudo cuadro flamenco! O mejor, gitano: el general cantando, el ministro guitarreando y el gripólogo palmeando.
    
Cante gitano –aclara Pastora Imperio, pues sólo hasta tres personas pueden conjuntar una cosa gitana: “Más ya es una verbena”.

    Y el caso es que, de no ser tan… supersticiosos, Marlaska y Santiago podían haber cambiado el mundo, de hallarse en París el 15 de julio de 1791, cuando la Asamblea constituyente, por razones de Estado, decide mentir al pueblo y a la Historia y decreta el bulo de cinco patas, o bulón, según el cual el rey no ha huido a Varennes, sino que ha sido secuestrado. De esta mentira surge la opinión pública política, y con ella, la Revolución y la Modernidad, que avanzará de bulo en bulo hasta Moscú y Berlín.
    
He vivido –dijo el abate Sieyes al sacar la cabeza tras la Revolución.
    
Eso diremos nosotros, si logramos sacarla tras el arresto domiciliario.

La muerte que alguien espera


 Manuel Manilla

La muerte que alguien espera
la muerte que alguien aleja
la muerte que va por el camino
la muerte que viene taciturna
la muerte que enciende las bujías
la muerte que se sienta en la montaña
la muerte que abre la ventana
la muerte que apaga los faroles
la muerte que aprieta la garganta
la muerte que cierra los riñones
la muerte que rompe la cabeza
la muerte que muerde las entrañas
la muerte que no sabe si debe cantar
la muerte que alguien entreabre
la muerte alguien hace sonreír
la muerte que alguien hace llorar
la muerte que no puede vivir sin nosotros
la muerte que viene al galope del caballo
la muerte que llueve en grandes estampidos

VICENTE HUIDOBRO

Cervantes



Ignacio Ruiz Quintano
Abc,3 deMarzo de2012

Quien no reconozca a la izquierda callejera será que no ha leído. Basta con los “Diarios” de don Niceto Alcalá-Zamora.

Prieto, quien hace a pelo y a pluma, es decir, a revolucionario y a gubernamental… –anota en marzo del 36 don Niceto.

O sea, Rubalcaba.

La izquierda ameniza en las calles la democracia del Frente Popular recién estrenada. Don Niceto no es un político sin tragaderas, pero conserva cierta capacidad para el asombro.

A 26 de febrero, le asombra que la izquierda muestre “con insensato rencor que la amnistía (por el golpe del 34) no la concibe como tregua, y sí como una fase más de la guerra civil… Obtiene la impunidad para los suyos, procura extenderla a los crímenes comunes con el pretexto de ser conexos y pretende que se castigue severamente… a Gil Robles”, que no ejercía autoridad en la fecha.

En cuanto al país, les tiene sin cuidado.

A 14 de marzo, tiene lugar “el inconcebible diálogo con el titulado ministro de la Gobernación”:

No sé si sabrá usted –dice el ministro– que continúa el deporte… Sí, el de los incendios. Y con el mismo estilo de costumbre: siempre manifestaciones pacifistas, de las que al final salen grupos que incendian o atropellan

Y quitándole importancia al incendio del día por ser convento de menos monjas, explica el merluzo: “No, si son unas de la calle Lope de Vega”.

El presidente, atónito:

¿Pero usted no sabe que allí es donde se conservan las cenizas de Cervantes, y si la fuerza pública tolera y presencia su profanación se deshonra España ante todo el mundo culto?

En Madrid, el culto es Azaña, a quien Cervantes importa una m...

Jueves, 23 de Abril


Venezuela, 1918

miércoles, 22 de abril de 2020

Barbate sin peste


Francisco Javier Gómez Izquierdo
         
Al parecer hay que tener mucho cuidado con lo que se dice de esta peste que acojona cada día más, pero dentro de la zozobra que le condiciona a uno por estar lejos de todos los que tendría que tener cerca para echar una mano, hay un dato que produce satisfacción a pesar de que haya que tomarlo con las reservas pertinentes. En Barbate no hay contaminados.
       
Barbate es un pueblo grande, de unos veinte mil habitantes, al que cuando  el Gobierno anunció parar la peste con la primera tanda de días de confinamiento futuro, como en otras pueblos y costas también llegó mucho personal con segunda vivienda desde otras capitales, pero como no hizo días de playa y los bares y restaurantes cerraron, los forasteros tuvieron que quedarse en casa porque el alcalde y los municipales se pusieron muy serios con la normativa.
      
El alcalde de Barbate es un señor que tiene cara de buena persona  y decide y hace cosas con mucha sensatez. Cuando en todo el país se empezaron a tomar medidas, el alcalde de Barbate que conoce su pueblo lo primero que se le vino a la cabeza fue el Bar del Hogar del Pensionista que es donde todo Cristo va a tomar las tapitas por estar entre las mejores y más baratas y en la Casa del Mar, una especie de Senado permanente donde los pescadores jubilados y en activo improvisan cada día un particular debate, “que si Marruecos corta el grifo”, “que si ¡hay que ver los del Pepita Mari!”, “que si la levantera” “que si en una semana entra el cupo de atunes”. Cerró los dos puntos gordos de reunión de personas con patologías de distinta gravedad en un santiamén.
    
El alcalde de Barbate se llama Miguel Molina y su pueblo lo quiso en 2015 casi por unanimidad harto de socialistas y peperos, presentándose por un Partido Andalucista que desapareció el día que fue elegido, dejando al hombre sin soporte partidista y sin el mínimo interés por sus problemas en un Parlamento Andaluz en el que señoreaba doña Susana. El año pasado y a petición del pueblo salió por un partido local bautizado con un verso del himno andaluz “Andalucía por Sí”, y el hombre ahí sigue partiéndose el pecho por sus paisanos.
     
En Barbate, como en el resto del país, no se hacen pruebas que certifiquen la enfermedad pero tampoco los vecinos acuden al médico en masa o de a poco con “esos síntomas de los que no paran de hablar  en el tele” me dijo ayer Joaquín por el guasá ese mientras daba una vuelta por mi casa por ver si estaba en condiciones. Digo a Joaquín que además de buen alcalde, los barbateños están hechos de una pasta especial y que alguna influencia tendrá el viento en el asunto. Joaquín se ríe y me manda un "cuídense" sincero que agradezco.
     
Me alegro por Barbate. ¡Nunca he tenido tantas ganas de volver!

Picouto

Francesco Guicciardini, el amigo de Maquiavelo




Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Que qué es Weimar, me pregunta un amigo liberalio.

    –Lo que en el 78 compró España: “un enmarañado tejido de energías centrífugas en un sistema de reacciones centrípetas”.
    
Vivimos, dice Cabrera, donde “la confusión ha hecho su obra maestra”, que así presenta Shakespeare el momento en que Macbeth, adicto al poder y a la historia, asesina al noble buen rey Duncan mientras dormía, y reparte por igual la culpa y el terror (“Cosas caen a pedazos: el eje no sostiene”)…

    Primera escena. Una caverna. En medio, un caldero hirviente. Truenos. Entran las tres brujas.

    –Bailemos en torno al caldero
    
Y ahí están los abajofirmantes, nuestro coro de brujas macbethianas (de éstas, tan lindas y sacristanas, no nos previno Caro Baroja), convocadas a la Plaza de Oriente en apoyo de los doctores Simón y Sánchez, mientras los demás fantaseamos con la huida… ¿a dónde, que nos admitan?
    
Ninguna regla es útil para vivir bajo un tirano –aconseja un amigo de Maquiavelo, excepto quizás una, la misma que en tiempos de la peste: huye tan lejos como puedas.
    
¿A dónde, que se pueda criticar al gobierno?
    
A quienes creen que no aplaudir al general Santiago (“trabajamos para minimizar ese clima contrario a la gestión de crisis por parte del Gobierno”) es no aplaudir a la Guardia Civil, traemos el ejemplo de Picouto, director de un diario coruñés que un día publicó una noticia que comenzaba así: “Dos salvajes que se dedican a cazar gatos con anzuelo…” El mismo día, dos jóvenes se presentaron a él en la Redacción: “Es preciso rectificar ese suelto”. “¡Nunca!”, contestó Picouto. “Es preciso rectificar ese suelto o le saldrá muy caro –insistieron–, porque no se puede injuriar impunemente al Ejército español”. “¿Al Ejército español?” “Sí, porque nosotros somos militares.” Llegaron, en efecto, las represalias, cuenta Fernández Flórez. Hasta que, rendido, Picouto redactó otro suelto:

    –No eran dos salvajes, eran dos tenientes de Infantería los que hace una semana
    
Sólo entonces lo dejaron en paz.

Jueves, 22 de Abril

El visiteo a los parientes enfermos

martes, 21 de abril de 2020

Lapsus





Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    En España, donde vivo, unos pelafustanes se han valido de la caricatura de Weimar que tenemos por Sistema para establecer una dictadura que nos priva de cualquier derecho con el pretexto de una pandemia cuyo Relato Oficial se reduce a repetir que los salvados son del gobierno, y los muertos, de la oposición.
    
Para imponer el Relato Oficial, el dictador cuenta con la Guardia Civil, al decir de un general margarito (“de Marga, la de Defensa”), el general Santiago para la Historia, en rueda de prensa,
invento, por cierto, español, del periodismo de don Eduardo Dato.
    
Al parecer, la Guardia Civil se dedicaría, con disciplina militar, a proteger de críticas al gobierno con la excusa de protegernos a los demás del “estrés social” (?) que generan los bulos de los Orson Welles que dicen ver una invasión de marcianos, aunque aquí lo más semejante a Orson Welles, en las hechuras, que se despacha sea Ferreras, en cuyo plató de peluquería se da conversación a los españoles bajo arresto domiciliario como si esto fuera una Nochebuena que aspira a durar otros cuarenta años.
   
 Lo del general Santiago sería de extrema gravedad en cualquier país serio, pero España no lo es, y algunos quieren ver en ese hombre al Benito Cereno de Melville, un capitán de barco español secuestrado por sus pasajeros, esclavos, que al ser abordado por un barco americano mezcla en su actuación frases enigmáticas y comportamientos extraños para dar a entender la situación, y como no le entienden se arroja al agua, cosa que no ha sucedido con el pretoriano de Sánchez. De hecho, su ministro, lo ha justificado como… “lapsus”. ¿“Lingüe” o “menti”? Menta y mango.

    Mientras, la oposición desfila por el sótano oscuro (ni luz ni taquígrafos) de La Moncloa, que es donde nuestros demócratas ventilan sus asuntos, como los Soprano. ¡Y como, al decir de las encuestas, gusta a los españoles! La primera en ir, y por horas, como las asistentas, fue Arrimadas, que se dice El Centro, tócala otra vez, Juan Pardo.

Para salir corriendo

ABC



Dejen de hacer aspavientos PP, C's y sus psitácidas, que con ellos no va.  Se trata deVox en la medida en que hagan oposición, pues la oposición se considera odio, homofobia, misoginia o desinformación. Oposición leal, intraconsenso, es validar como alarma un Estado de Excepción y sonreír como Almeida


Almeida


El aplauso que se dieron al final, autoaplauso, nuevo rito que une blindaje y narcisismo emotivo, es sencillamente para salir corrieno. Si se pudiera, y si fueran a admitirnos en algún sitio

Martes, 21 de Abril


To Make a Mask

lunes, 20 de abril de 2020

La Delación

 Centinela

 Obra de José Manuel Belmonte


Francisco Javier Gómez Izquierdo

           Una de las modas que ha acrecentado esta peste y que más me sorprende y asusta es el cambio en la percepción sobre lo que está bien y lo que está mal en el comportamiento de las personas. Los confinados, y más los confinados jubilados, sabemos que no podemos salir de casa, que debemos procurarnos el ejercicio en los pisos y que si alguno se arriesga a controlar la diabetes dando vueltas a la manzana puede topar con la patrulla que pasaba por allí, o lo que es más triste y penoso, con la pareja de guardias que un vecino, diz que celoso de la salud pública, ha llamado para que lo multe.  

Desde mi ventana veo al hombre que andará en los ochenta con sus deportivas blancas y azules y la bolsa del disimulo en la mano pasar varias veces al mismo ritmo cansino y de verdad que no creo que esté haciendo daño a nadie. Lo más que digo a mi doña es: “...mira el abuelete de todos los días. Cualquier día le plantan una receta”. Ni se me pasa por la cabeza chivarme a la autoridad anónimamente como hacían los vecinos indeseables que acusaban de escuchar la radio Pirenaica a los comunistas camuflados en los años 60 o el envidioso y malo de solemnidad del pueblo que confidencialmente confesaba a los civiles, en los mismos años, que el Justiniano andaba cogiendo cangrejos a mano en la parte del “Quejigal”.  “¿Es ése que tiene tantos chicos?”, preguntaba el pikoleto más compresivo.

       Venimos, ¡bueno, vengo!, no voy a meter a todos los de mi generación en el mismo saco, no sea que esté totalmente equivocado y no me haya enterado o educado convenientemente..., venimos, digo, de despreciar al chivato, al bocón, al sapo como dicen en Colombia o al chota en los patios talegueros. Sabemos distinguir la denuncia anónima por miedo al poderoso delincuente del que no puede soportar el tráfico de drogas ante sus morros o del tipo íntegro que confiesa haber sido testigo de un delito grave. Esto no es chivarse. Ésto es ser un buen ciudadano.

      Chivarse es que un mezquino encarcelado diga al funcionario que el “Pirri” está fumando un porro en el “tigre” o lo que a mí más me preocupa por lo que pueda pasar de aquí a nada, que te condenen por escribir o leer papeles y noticias “falsas”, dando un significado al palabro falso tan subjetivo que aterroriza.

     Pongo lo anterior por las preguntas que el hombre de barbas del CIS dice que hace a los españoles para justificar las medidas que sus jefes tienen proyectadas no se sabe si a corto o largo plazo, pero que me malicio se basarán en institucionalizar las bondades de la delación. El hombre de las barbas sabe que ha hecho trampa, pero también sabe que “la gente está tan sensibilizada” que hasta agradecerá las rigurosidades prohibitivas. “La gente” ya admite que chivarse es cumplir con la ley.

 Que si está prohibida la Radio Pirenaica, escucharla es delito.

      Al final, estábamos peor que estábamos. Hablar de libertad ya es tontería.

Dostoyevski y el 78. Una distopía para liberalios




LA LIBERTAD


Ignacio Ruiz Quintano
 10 de Abril de2020

    Tácito tuvo delante la Crucifixión, pero se le escapó. Igual que a nuestros novelistas se les ha escapado la enseñanza moral de la libertad que D. H. Lawrence supo extraer de la parábola del Gran Inquisidor de Dostoyevski, resumida por John Gray: es insólito que un pueblo valore su libertad por encima de la comodidad derivada del servilismo. Y saca el guiño de De Maistre a la “juanjacobada” de Rousseau según la cual todos los hombres nacen libres, pero en todas partes están encadenados: creer, porque algunas pocas personas buscan en algún momento la libertad, que todos los seres humanos la quieren, es como pensar que, puesto que hay peces voladores, volar forma parte de la naturaleza de los peces. O de los españoles.

   El Gran Inquisidor le dice a Jesús que la humanidad es demasiado débil para soportar el don de la libertad. No busca libertad, sino pan, pero no el pan divino, sino el terrenal.
    
De los “Demonios” de Dostoyevski conviene recordar que “en los tiempos de transición nunca falta esa gentecilla, esa canalla que existe en toda sociedad… Esa canalla, sin saberlo, casi siempre cae bajo el mando de esa caterva de progresistas que operan con un fin determinado, y esa pandilla dirige toda esa basura por donde quiere, a no ser que se componga de idiotas rematados, lo que también ocurre… De qué a qué va la transición no lo sé, y sin embargo los hombres más despreciables se encimaron de pronto, empezaron a criticar en voz alta todo lo sagrado, cuando antes no se atrevían a abrir la boca, y la gente más principal, que hasta allí tan felizmente había ocupado los puestos de arriba, los escuchaba de pronto en silencio y algunos hasta les reían las gracias”

    –En los tribunales se pronuncian sentencias salomónicas, y si los jurados se dejan untar… Los siervos gozan de libertad y se azotan unos a otros, en vez de que los azoten sus señores como antes… Años de reformas. Y, sin embargo, Rusia nunca llegó, ni aún en las más grotescas épocas de su estúpida historia

El padre (y modelo) de la intelectualidad española contemporánea




CONVERSACIÓN CON JACINTO GRAU


("Como usted sabrá, yo soy un genio")


Por Alberto Guillén

-Pase usted -dice la criada-, el señor se está bañando, pero le ruega que lo espere.

Yo paso. Lo espero, lo espero; medito filosóficamente y me consuelo. Algún derecho han de tener los hombres superiores. Entre ellos, el de hacerse esperar. En medio de la habitación, un poco de agua canta burbujeando en una cacerolilla sobre una estufa de gas.  Schopenhauer hace gestos misántropos sobre unos botines delicadamente caídos sobre un diván. También Goethe insinúa su testa de mármol y unos zapatos asoman su risa grotesca en un sillón. Hay libros viejos y nuevos. El Doctor Sutilis, de Clarín, junto a la República, de Platón. También hay las obras completas de Ibsen, una Biblia protestante y algunos tomos de Shakespeare. Estos, muy manoseados. Sobre la mesa, un drama sacro de Zúmel muestra sus versos subrayados con un vigor terrible. Aparece Grau. Yo me emociono tres veces como los monaguillos.

-Usted perdone. Me estaba bañando.

-Perdonado. Ya me lo había dicho la criada. ¿Usted también se baña?

-Sí, yo siempre me baño. Siembre, todos los días. De la cama al baño. Al salir del baño soy otro, me siento como nuevo; parece que las ideas geniales afluyen con mayor rapidez. ¿Me permite usted que me ponga un chaleco?

-Hombre, lo que usted guste.

Grau pasa a la otra habitación y sale con un chaleco verde; encima, una americana creo que gris. Luego vuelve a hablar.

-¿Le hice esperar mucho? Perdóneme. ¿Sabe usted? ¡El jabón, la toalla, el agua de colonia! Yo tengo que perfumarme para poder escribir.

-Muy bien, señor Grau, así su producción olerá bien.

-Es usted americano, ¿verdad?

-Sí, señor.

-Ya me lo parecía por la melodía de su hablar. Ustedes los americanos hablan muy bonito.

-¿Sí? Gracias. ¡Usted no sabe el placer que siento al conocerle!

-Muchas gracias. Como usted sabrá, yo soy un genio -me dice a boca de jarro.

-Sí, señor; ya lo sabía.

-¿Quién se lo dijo?

-¡Todos! Todos: SanchizConcha EspinaMarquina. ¡Todos! Su nombre ya empezaba a sonar en mis oídos americanos y en España me encuentro con que todo el mundo lo cree un imbécil.

-¿Y me llaman genio?

-Sí, le llaman genio, riéndose.

-¿Pero los inteligentes?

-No sé a quiénes llamará usted inteligentes. Pero todos los escritores que he visitado me han dicho lo mismo. Y no sólo ellos; hasta las porteras y los estudiantillos de la Universidad. Todos, literatos y señoras novelistas muy respetables, todos; y esto bastaba a que se me hiciese usted interesante. Siempre es interesante un hombre de quien la gente habla mal. Yo quería convencerme. ("Hay genios de la brutalidad" -decía Hermida.)

Don Jacinto se turba un poco y ríe con risa forzada. En esto entra su señora. Don Jacinto me la presenta y le dice:

-Mira lo que dice el señor Guillén.

-¿Qué dice? -pregunta la señora.

-Que todo el mundo me habla muy mal de su marido, señora.

Grau tiene lentes y una carita de papagayo. Es deliciosamente tartamudo, pero habla con vehemencia. Manotea. Escupe al interlocutor. Es necesario un paraguas para entrevistarse con el genio. Lo aviso a los que vayan a verle tras de mí.

-¿Quiere usted un cigarrillo? Escoja usted. Los españoles no les podemos ofrecer buen tabaco a ustedes, los americanos...

-Es verdad. ¿Y a qué cree usted se deba la odiosidad que le tienen sus paisanos?

-Es que estos españoles son muy brutos, mucho; brutos como adoquines. No reconocen nunca lo grande que tienen entre las manos. A Cervantes, como usted sabrá, casi lo hacen morir de hambre en un cuartucho. También lo encarcelaron.

-Sí, es verdad. Pero...

-No. Los únicos inteligentes son los adoquines españoles.


(Con los adoquines lapidaban los antiguos a los mentecatos, pero, según Grau, los adoquines españoles son muy inteligentes.)

-Sí, señor; será verdad. Pero hay algunos que lo reconocen: Ramiro de Maeztu, por ejemplo, me ha dicho que hay que esperar a que tenga usted cincuenta y tantos años, como Ibsen.

-Es que Ramiro de Maeztu es la probidad literaria por excelencia. Es que es el más grande pensador del mundo, el más alto valor con que cuenta España, tiene una honradez a toda prueba. Él y Baeza, que es el crítico más fino de nuestra generación, son los más grandes, son los únicos que me comprenden. Pero yo he escrito El conde Alarcos. ¿Usted no ha leído El conde Alarcos?

-Sí, señor; yo lo he leído.

-¿Y qué le ha parecido? ¿No es verdad que es formidable? Usted habrá visto que es lo más grande que...


(Yo no he visto nada, pero digo que sí por señas.)

-Usted habrá visto que es lo más fuerte, lo más grande que se ha escrito en Europa en estos diez últimos años.

-Es verdad, señor Grau -digo, mirándome las puntas de mis zapatos, que sonríen-, es verdad.

Estoy muy serio. He resuelto hacer de monaguillo y sacudir el incensario hasta cuando guste don Jacinto.

-Es verdad, señor Grau. Esquilo...

-No, no -me interrumpe don Jacinto, haciendo bailar los lentes-. Ésa es una frase canalla que me atribuyen. Afirman que yo digo: "Shakespeare, Esquilo y yo". No; yo no he dicho eso. Lo que digo yo es: después de Shakespeare, yo. Yo espero el fallo de los siglos. Yo viviré en la Conciencia Humana. Yo he de...

Aparece la señora de don Jacinto. Don Jacinto se calla mansamente. La señora entra con los cabellos muy rubios y las medias de color de perla. Es muy inteligente. Se sienta entre los dos. Es decir, entre don Jacinto y yo, y, desde entonces, sólo habla ella. Es un ángel, el ángel de la guarda de don Jacinto. Ha venido a salvarle. Habla mucho, mucho, de su vida en los teatros, de su asco por España. Habla tanto que ya no la escucho, aunque no dejo de mirar sus ojos claros y sus cabellos tan rubios. Grau ha puesto una mano sobre la otra, con la mansedumbre de la Gioconda. Parecen palomas las manos de Grau. La señora sigue hablando, con su lenguaje cálido. Nosotros escuchamos. Yo con los ojos, y Grau con toda el alma. De cuando en cuando, don Jacinto me alcanza su mechero para encender un puro, testarudo y malo, que apenas hace humo. Yo fumo para esfumar un poco a la señora, que me mira con sus ojos vivos. Al fin se cansa la señora y se va. Grau se recobra y vuelve a hablar.

-Cuando yo haya escrito veinte cosas como El conde Alarcos o El hijo pródigo. Cuando pueda dar todo el genio que yo llevo aquí...

El genio se ha dado con la mano en la frente, ni más ni menos que Chénier; y los lentes han rodado por el suelo. El genio los recoge apresuradamente y vuelve a hablar; para recogerlos ha tenido (¡el Genio!) que ponerse en cuatro patas, como un perrito o como un asnito.

-¿Usted no conoce El hijo pródigo? Es grandioso, estupendo; lo más grandioso, lo más estupendo que se ha visto en Europa. Yo le voy a dar un ejemplar. Procure usted que se extienda en América. Su estreno fue una apoteosis. Después de verlo, un húngaro, que tenía su señora, vino y, sin decirme nada, me besó. Yo lloraba como un niño.
La señora ha vuelto.

Yo agito de nuevo el incensario.

-En América se le lee mucho, señor don Jacinto.

-¿Entre los viejos?

-No, entre los nuevos. En el Perú también. Yo he oído hablar de usted a algunos muchachos melenudos.

-¡Cómo! Pero ¿no es Bedoya lo único que hay en el Perú?

-¿Me permite usted que me sonría? ¡Ni mucho menos! Bedoya es...

-Pues Bedoya dijo un día que él y Sassone eran los únicos escritores que había en el Perú! Bedoya es un idiota; a mí me pegó una paliza. Valle-Inclán es otro idiota, porque no quiere leerme. Pero a mí no me importa; él se hace un mal a sí mismo, desconociéndome, negándome: aunque estoy seguro de que, a solas, me lee y me admira, y hasta me atrevo a asegurar que... ¡me plagia!

-¡Es muy posible! Valle-Inclán, según dicen, está agotado.

-Sí, sí; está agotado, muy agotado, enteramente, absolutamente, definitivamente agotado; además, ya nadie lee a Valle-Inclán. Ya nadie se acuerda de él, ya pasó; es un recuerdo histórico, algo así como un megaterio literario; hasta a veces me parece más viejo que el propio don Miguel de Cervantes Saavedra. ¿De modo que en América?...


-Sí, en América le reconocen como un Genio -digo con seriedad cómica, dándole una vuelta a mi sortija, que brilla sobre mi dedo como la sangre de una estrella; mi sortija, que se pusieron todas mis amadas y es el recuerdo de un virrey; mi sortija, que es el amuleto de mis triunfos y un regalo de mi padre; mi sortija, que... (Un día he de escribir el libro Mi sortija encarnada.)

Ya don Jacinto no me escucha. Me ha pedido mi pluma fuente y me está dedicando libros, libros, muchos libros: El hijo pródigoConseja galante... Luego me los da y quiere abrazarme. Yo le digo que son las dos de la tarde y que aún no he almorzado. Don Jacinto se compunge muy sinceramente y se arrepiente de todo corazón.

-¡Y yo que le hice esperar tanto! -me dice-, pero ya usted comprende, ¡el jabón, la toalla, el agua de colonia!...

Del libro La linterna de Diógenes (1920), de Ave del Paraíso Ediciones, 2001.


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