lunes, 13 de abril de 2020

La familia

[Fotografías de Beatriz Fernández]

Francisco Javier Gómez Izquierdo

      Los que vivimos muy lejos de la familia y aún creemos en la institución, tenemos una  inquietud, en mi caso ramificada, con este aislamiento en piso que cada día se parece más al capítulo de sanciones del Reglamento Penitenciario. 
      
Hoy, Domingo de Pascua, día de repique glorioso de campanas en mi pueblo de la Demanda, día de comer cordero en Castilla, y por caer en 12 de abril, día que hace 26 años nació mi chico aquí en Córdoba, no podemos celebrar el preceptivo homenaje ni disfrutar ante un plato de lo que sea con las necesarias cercanías que contribuyen a eso que llaman equilibrio emocional.
      
Esta invisible y horrible amenaza a la que particularmente no veo final en este 2020 me tiene acobardado, más por lo que les  pueda pasar a mi suegro de 88 años en C. Real, donde el bicho se ceba inmisericorde, a mi madre de 90 años y a mis hermanos que  no andan sobrados de salud allá en Burgos, y sobre todo, al chico, enfrentado en las urgencias hospitalarias del Virgen del Rocío al camuflado mal, que si me atacara a mí. En lo que toca con el hijo, me consuelo con la idea de que como  la mayoría de médicos y sanitarios que tengan la fortuna de que el bicho les roce gozando de buena salud y con sobradas defensas, se inmunice por relación y trato tan continuado.
      
La preocupación se amplía con familiares que también se inclinaron por las ciencias de la salud y sobre todo por Beatriz, una sobrina fisioterapeuta que asiste acongojada a un desfile de muertos antinatural en la residencia de ancianos  de La Mancha en la que ejerce su pericia. Además de desentumecer músculos y recuperar flexibilidades, a mi sobrina se le da bien la fotografía, o al menos así lo cree un servidor, y como tiene ese ojo especial por el que miran los artistas, hace unos días, con el corazón encogido mandó por el guasa ése una imagen de mal agüero que captó hace tiempo nada menos que en California, con dos córvidos que diría Félix Rodríguez de la Fuente, pues uno no sabe si grajo, corneja o cuervo, asomados a un puente que no por blanquecino, parece menos tétrico. Puede que nos estemos volviendo demasiado sentimentales, pero nunca un Domingo de Pascua había echado en falta a tanta gente. ¿Qué será de todos nosotros por Navidad?

Lunes, 13 de Abril


Se acabó la hipoteca

domingo, 12 de abril de 2020

El fútbol según Gustavo Bueno




Hughes
Abc

Gustavo Bueno pensó sobre el deporte en general, una filosofía del deporte, pero también dijo cosas sobre el fútbol en particular. Son accesibles una entrevista realizada por Víctor Martínez Patón, alguna conferencia, un debate con Jorge Valdano en el Foro Martialay y una página en La Nueva España en la que comentó en el campo un derbi asturiano. Sin perjuicio de que haya más sobre el tema en su monumental obra, y con el debido respeto a su pensamiento, digno de ser tratado por expertos y discípulos, lo anterior permite extraer algunos rasgos de su visión del fútbol, inicialmente filosófica, pero no siempre y no del todo. A partir de un esquema de análisis religioso, separó el núcleo del fútbol, del deporte como tal, de su cuerpo, de su envoltura.

Lo primero es lo que pasa en el campo, en el rectángulo. El cuerpo es todo lo que se añade después: grada, estadio, audiencia televisiva, audiencia global…

En su visión específica del deporte, Bueno ignora por delirantes las interpretaciones psicoanalíticas que ven en el portero a la madre y en el gol la violación edípica, y destaca el carácter artificioso del fútbol. Es arte, «como un soneto», llevar el balón con los pies es un artificio. No es natural. No sitúa el núcleo del deporte en la emoción o el sentimiento, ni en la evolución de un acto instintivo, sino en lo artificioso, en la ceremonia que es cada partido y en la reglamentación, en la «normativización» que hicieron los ingleses en el siglo XIX partiendo de modelos griegos y romanos. En ese momento el juego queda configurado como una competición de suma cero, en la que gana uno u otro, violenta (el chut es un balazo) y abierta, frente a la naturaleza cubierta de deportes como el baloncesto, que él despreciaba. Bueno era, puede decirse, futbolero, y frente al baloncesto, creado por un profesor para entretener a sus alumnos, elogiaba la mayor seriedad original del fútbol, con una génesis simbólica militar.
Bueno podía recurrir a la religión para comparar algunos elementos del deporte, pero separaba una y otro por completo. El futbol sí había sustituido a la religión en algunos casos, por ejemplo: como alternativa al trabajo, y como forma de medición del tiempo. Ya no son las fiestas religiosas las que marcan el calendario, sino la Liga, la Copa de Europa o los Mundiales. Pero el fútbol no es religioso, ni siquiera puede compararse con los toros. El fútbol no tiene nada en común con la tauromaquia. El fútbol no es trágico, ni heroico. Al observar la celebración del Mundial de España, espantado de la vulgaridad de los futbolistas, consideró que actuaban como primates, no como héroes (especialmente Pepe Reina). El fútbol si es algo será un drama, no una tragedia (esto nos debería alejar de cierto cansino tono épico).

El bar donde paraba en Niembro

Como núcleo, el fútbol es ceremonia y normas. La dominación del primate mediante reglas. Ese impulso interno queda sometido voluntariamente a límites, «reaccionarios». Exalta el elemento restrictivo del fútbol, del que surge la libertad para el juego. De la codificación surge la artificiosidad, el «meter la pelotita en la portería», que le parece una joya analítica de observación y algo importantísimo y complejo. El futbolista, para ello, se «automutila», renuncia a las manos. El darle a una pelota pudo ser en un origen un hecho instintivo, pero ya no, chutar ya es una institución antropológica, perfeccionada tras millones de intentos. Frente a la emotivización y al sentimentalismo instintivo del fútbol como naturalidad, destaca la ceremonia y las reglas, clave de la naturaleza artificial del deporte.

El fútbol como núcleo, como deporte, la parece un misterio, lo dice expresamente. Y subraya la importancia del azar. El fútbol sería como un mercado libre, como una economía competitiva: resulta imposible tener toda su información, resulta imposible controlarlo. Por eso, aunque se puede medir mediante formas de tecnología (el deporte es medición, pasar de lanzar la jabalina a un animal para cazarlo a comparar cómo y cuánto la lanza el de al lado), lo que no se puede es aspirar a tabular todo el fútbol. Es imposible controlarlo por completo.

Esto va en contra de los intentos de sistematización total del fútbol. Es imposible, nos viene a decir, sería como aspirar a centralizar toda la información de los mercados.

Advierte contra eso, y contra cierto exceso tecnológico. No contra la tecnología, como tal, que forma parte de la estructura del fútbol mediante la televisión (el fútbol es televisión y la televisión ha sido determinada por el fútbol), sino con el riesgo de transformación tecnológica del árbitro. El árbitro forma parte del juego, del núcleo del deporte.

Si el fútbol, como dice, es polémico, competencia entre dos contendientes, el árbitro colabora porque genera y amplía la polémica. Darle más poder o más conocicimiento sería hacerlo Dios, separarlo de los futbolistas y romper el principio antrópico. Esto, dice, iría contra la naturaleza del fútbol. Prefiere que sean los jueces de línea quienes participen más, que la duda se resuelva en el interior para respetar el elemento humano del fútbol.

Quienes pretenden lo contrario, advierten, son «burócratas», «gente peligrosa». Aunque a Bueno le parece futbolística la tecnología y normal la medición, ahí pone un límite claro, filosófico. En ese punto, el desarrollo de la envoltura del fútbol iría contra su núcleo. El árbitro es tan parte del juego que considera que el fútbol no es un juego de once, sino de doce. El árbitro hace «como las partículas en el enlace iónico, suma en los dos equipos». El fútbol, pues, no es once contra once, sino doce contra diez, diez contra doce. La importancia del doce es fundamental: «Doce son los generales de Napoléon, doce los discípulos de Cristo, doce es el número óptimo para las bandas de ratas». En ratas, precisamente, pensaba al ver a los modernos futbolistas, «como ratas de Skinner», agobiados por un exceso de motivación.

Bueno advirtió de la excesiva psicologización del futbol, también de la voluntad de dominio informativo del juego y de alteración del árbitro.

El fútbol para Bueno no es emotivo, sino reglamentado. Y no es un espectáculo. El espectador es parte activa, interviente como un futbolista cuando blasfema o dice «hijoputa». Veía la neutralidad como incompatible con el futbol (la neutralidad es una nueva forma de ver el fútbol, «parabólica», internacional).

Bueno protege a los aficionados del menosprecio de los intelectuales («gentuza»). El desprecio intelectual lo explica porque los que ven el fútbol son los mismos que votan. Reivindica además la inteligencia del aficionado. El fútbol no es complejo solo para el futbolista («Hasta el nueve más tronco tiene que tener inteligencia para dosificarse»). El aficionado tampoco es tonto, «un débil mental no puede entender el fútbol porque tiene que saberse 400 nombres, jugadores, ciudades, árbitros, saber leer las tablas de clasificación y lo que es el goal average». Pero además es que no es un mero espectador: su pasión, incluso su ira, forma parte del juego.

En el derbi asturiano observó cómo el aficionado animaba en las jugadas corrientes y temblaba en las importantes. Parecía dar ahí una regla del aficionado: animación y temblor.

El fútbol es deporte en los futbolistas, en el resto no, solo juego, pero sigue siendo fútbol, sigue siendo parte del fútbol imprescindible. Insistió en esa relación entre la estructura, la envoltura creciente del fútbol y su núcleo. Para él, ahí estaba la pregunta filosófica: ¿Por qué ese juego tan artificioso engrana con el cuerpo externo de la sociedad?
Quizás por su capacidad para representar la confrontación. Para Bueno, el fútbol es político. Su importancia está en la representación del grupo, representación que va creciendo, en un proceso ecuménico incesante de complejidad en el que participaban razones históricas. Ese proceso acumulativo, histórico, formaba ya parte del futbol.

El futbol es político en el origen porque está vinculado a las ciudades. «El epicentro del fútbol son las ciudades». Observa que no representa a partidos ni a sindicatos, ni a razas (solo el Celta de Vigo, indicaba con humor), solo a ciudades. La identificación luego se hace regional, nacional, hasta el punto de haber permitido recuperar los símbolos del país. A Bueno no le gustaba, huelga decirlo, lo de «La Roja». Por tanto la naturaleza política forma parte del fútbol. No se puede negar; negarlo es, en sí, antifutbolístico. «El fútbol sin política no sería nada».

Pero el fútbol no es solo conflicto incruento entre ciudades, regiones o países, sino comunicación, intercambio y conocimiento. «Lo que permite a mucha gente saber dónde está Dortmund» y, más importante, dónde están las ciudades de España «Sin el fútbol, muchos aficionados quedarían cerrados en su propio recinto» (para muchos, la Liga debe permanecer próspera y mimarse como forma de vertebración de España).

Sobre el puro juego hizo observaciones. Le llamaba la atención la simetría, cercana a la del ajedrez. Las infinitas posibilidades, la estrategia, la complejidad, el gol como jaque mate. Esa simetría llevaría al empate, a las tablas (así seria en cierto ideal italiano, de catenaccio), pero si hay victorias es porque se rompe. El fútbol es, por tanto, alterar la simetría original. En el juego veía un movimiento horizontal, una inercia horizontal, terrestre, frente al baloncesto vertical donde manda la gravedad. Y esa inercia dibujaba un «tejido artificial». Cuanto más tocado, más artificioso, no más natural, sino lo contrario.

Viendo el derbi asturiano, hizo una observación sobre el momento en que el Sporting era acogotado, dominado y privado de la pelota: «Está como en corral ajeno».

En cierto modo, a su modo titánico y humilde, Bueno se rindió a la natulaleza histórica, indominable y misteriosa del fútbol. Tan fuerte que ni siquiera él pudo evitar el tópico: «Entre un equipo normal y el equipo grande, la diferencia es el delantero».

Resumiendo, y como útil orientación realmente filosófica para un juego plagado de sedicentes filósofos: el fútbol para Bueno es misterioso, azaroso, irreductible; contiene al árbitro, su error y su participación como uno más del juego (11+1), garantía de su escala antrópica (no al Gran hermano). El fútbol es político por naturaleza, tecnológico pero no monitorizado, ceremonial y no emotivo sino competitivo, no «espectacular» ni neutral sino beligerante, y más reglamentado que instintivo.

Una frase para terminar, síntesis de esa mezcla de violencia simbólica y cultura que veía en el fútbol, justo lo contrario de la noción dominante (pacifismo deportivo y sentimentalismo instintivo): «No es que gane el mejor, es que es el mejor porque ha ganado».

Aquella mañana de agosto de 2015 en Niembro

VACANZE ROMANE (Sé de qué huyo pero ignoro lo que busco) Episodio 16

 Fachada de Sta Ma degli Angeli

Jean Juan Palette-Cazajus

Salimos del metro en la Plaza de la República. Hoy navegaremos principalmente por los barrios posteriores a la nueva capitalidad. La plaza, con la forma de exedra que le dio su nombre inicial, es el perfecto ejemplo de esa voluntad de construir una capital digna de las más prestigiosas. Los edificios, en el estilo neobarroco clasicista que se convertirá en norma imperante del nuevo ensanche, tienen empaque y son imponentes los soportales que acompañan todo el perímetro. La fuente central tiene dimensiones acordes. En su momento (1901), las desnudas náiades que le dan nombre fueron reputadas sicalípticas y escandalizaron a los pacatos. Hubo incluso fuerte marejada en el Vaticano que removió Roma con San...Pedro para tratar de eliminarlas. La construcción de la Roma capitalina logró en parte el objetivo de un auténtico señorio urbano  pero no acabó de insuflarle el alma requerida. Y el privilegio hoy concedido al tráfico rodado en detrimento del ancho de las aceras vuelve este tipo de calles a veces inhóspitas. Si la Roma moderna no acabó de adquirir una personalidad plenamente identificable, fue tal vez porque no existía en aquellos años una burguesía nacional suficientemente numerosa, liberal y dinámica para dotarse de una verdadera conciencia urbana.

 Sta Ma degli Angeli

Antes de 1870, Roma era una supervivencia del cesaropapismo, el último residuo de la seudo donación de Constantino, en buen romance una teocracia oscurantista. Y así podía Stendhal enumerar la lista, medieval, de los castigos vigentes. «Las cosas [del gobierno romano] van más o menos como en 1500. Es una pieza curiosa de antigüedad» apuntaba en 1823. El paso a la capitalidad de una nación moderna fue lento y complicado. Roma se ahogaba en la mediocridad. La nobleza era consanguina, meapilas e inculta. El pueblo, analfabeto en más del 70%, chapoteaba entre supersticiones. Proliferaba el personal religioso, secular o monástico que vivía de las rentas eclesiásticas. Poco antes de 1910, Baroja contemplaba sarcástico «bandadas de seminaristas con hábitos negros, rojos, azules […]  Jesuitas con facha de sabios y de intrigantes ; carmelitas con traza de bandoleros ; dominicos unos con aire sensual, y otros con aire doctoral ¿Y de curas? ¡qué muestrario! Curas decorativos, altos con melena blanca y grandes balandranes ; curas bajitos morenos y sebosos [...] Monjas horribles con bigote y lunares y monjitas lindas y blancas de aire coquetón […]. Un fraile capuchino, barbudo y sucio, con aire de bandolero y un paraguas bajo el brazo a guisa de trabuco…».   A mí, en cambio,  me sorprendió la total ausencia de personal eclesiástico en las calles, exceptuando y aún así muy ralo, en las inmediaciones de San Pedro. La nueva capital fue durante mucho tiempo una ciudad social y culturalmente tediosa. El famoso Harry’s Bar, arriba de Vía Véneto, desciende de un local abierto en 1918 por una señora americana que se aburría mortalmente.

 Sta Ma degli Angeli

A la derecha se llega al no man’ s land delante de la estación de Termini. Inmigrantes sin papeles, fauna glauca e indigentes. Nosotros, todavía en plena fase de narcotización estética e histórica, mantendremos apartado de momento el cáliz amargo de la realidad. Cruzamos hacia Santa María degli Angeli e dei Martiri cuya «fachada» se reduce a un grueso resto curvo de muro romano, en «opus latericium», con un simple rótulo. Tan minimalista y posmoderna fachada tuvo que escandalizar lo suyo. Parece que fue exigencia de Miguel Angel, a quien le encargaron las obras en 1562. El maestro murió en 1564, apenas iniciadas. El estado actual de la basílica se debe a la intervención de Luigi Vanvitelli, después de 1750, el cual habría tratado de ser fiel al concepto de Miguel Angel, cosa que creo evidente. Santa María degli Angeli es un cangrejo ermitaño alojado en la concha de las Termas de Diocleciano. Espacios y volúmenes actuales son los de las Termas y su grandeza antigua sobrecoge nada más entrar, de una manera solo comparable a la emoción suscitada por el Panteón. El vestíbulo de ingreso, es el antiguo «caldarium» y tiene una cúpula que es el modelo reducido de aquella. La paradoja de la iglesia es el desmesurado crucero, más largo que la nave porque ocupa el inmenso espacio basilical del «frigidarium». Romanas son también las bóvedas de aristas, apenas enlucidas. Los muros están definidos por el orden gigante de las pilastras de mármol y de las columnas de granito, en contrastados tonos rojizos. Sobre los capiteles corintios, corre una espectacular cornisa, blanca como los capiteles. Las impresionantes columnas exentas son también las de las antiguas termas. La sintaxis es antigua y el vocabulario habla con la lengua de Miguel Angel. Resumiendo: Santa María degli Angeli fue una sorpresa grandiosa. No sé si ungido por las auras concomitantes de la antigüedad y de Miguel Angel, experimenté allí el acmé de mi personal síndrome de Stendhal.

 Sta Ma degli Angeli

Por la Vía Torino, insípida línea recta  entre las densas manzanas poscapitalinas, bajamos hasta la Piazza dell’Esquilino. En 1827, Stendhal podía escribir: «Las tres cuartas partes de Roma, hacia oriente y mediodía, el monte Viminal, el monte Esquilino, el monte Celio, el Aventino, son solitarias y silenciosas. Allí reina la fiebre y se cultiva la vid. En medio de este vasto silencio se encuentra buena parte de los monumentos que va buscando el viajero». Pues entre Viminale y Esquilino, ya sin fiebres ni vides, llevamos caminando toda la mañana hasta fondear aquí, frente a Santa María Maggiore. La basílica original está sepultada, exterior como interiormente, bajo los aditamentos posteriores. Como siempre, me emociona la original tipología basilical, las hileras de columnas jónicas del siglo V y sus entablamentos clásicos. Por cierto, se dice que el artesonado fue dorado con el primer oro llegado de América y regalado por los Reyes Católicos a Alejandro VI, el papa Borgia a cuyo lado Harvey Weinstein era una monjita de la Caridad. Infunden el sentimiento de una religión todavía adolescente los estupendos mosaicos del siglo V, en el arco triunfal y también los del ábside, del siglo XIII. Pero el contraste con el barroquismo de alguna capilla lateral es de los que hacen época. Veo mal como puede el papa Borghese, Pablo V, conciliar el sueño eterno en medio del aluvión de mármoles polícromos, figuras y bajos relieves, por más que de exquisita calidad - ¡estamos en Roma! - que saturan su capilla epónima. Se da el caso que la capilla simétrica, en la nave opuesta, es la de Sixto V, nuestro papa predilecto. No es por nada, pero resulta que tenemos aquí una preciosidad de capilla manierista, primorosamente afrescada debajo de una elegante cúpula. Pueden adivinar que el artífice fue Doménico Fontana, el artista de cabecera pluriempleado, que tantó se afanó a las órdenes del incansable pontífice.

 Sta Ma Maggiore

Renunciaremos al delicado primitivismo de Santa Prassede y sus mosaicos paleocristianos que están allí, a cien metros de Santa María Maggiore. El objetivo es volver sobre nuestros pasos para saludar, previa pausa restauradora y convivencial, la Santa Teresa de Bernini. A mano quedarán San Carlo alle Quattro Fontane y Sant’Andrea al Quirinale, cerradas el otro día. La ventaja del barrio es que nos hemos extraído, al menos parcialmente, del ghetto de los espacios memoriales y turísticos para acceder a una Roma algo más italiana. Por aquí cerca están varios ministerios y se nota una mayor presencia a nuestro alrededor de representantes locales. El bar donde hemos entrado  para reponer fuerzas, produce inmediatamente una grata sensación de normalidad social: se nota que su actividad no depende vitalmente de la clientela procedente de guirilandia. No sé si lo dije en algún momento pero los escasos italianos visibles estos días sugieren un clima social bastante apagado y entristecido. Casi parecen franceses.

 Sta Ma Maggiore

Mientras me tomo mi cerveza Menabrea - el tipo de rubia suave que me agrada – contemplo al otro lado de la Piazza di San Bernardo y de los coches aparcados, justo enfrente de Santa María della Vittoria, la teatral «Fontana del Acqua Felice» con el imponente Moïsés del nicho central haciendo manar el agua de la roca. Celebra desde 1587 las aguas que trajo hasta aquí el papa Sixto V - ¿quién si no? - desde una distancia de 14 millas de Roma. Evidentemente la fuente es obra de su factótum, Doménico Fontana. Lo de «Felice» es por Felice Peretti, como se llamaba en el mundo un pontífice que cuidaba cerdos en su humilde infancia. Repito que esta estancia me abrió los ojos sobre el papel fundamental desempeñado por un personaje a quien le bastó un breve pontificado de 5 años escasos (1585-1590) para devolver un poco de orden en la sociedad y en la Iglesia, además de poner los cimientos de la Roma moderna.

 Sta Ma Maggiore Capilla deSixto V

Ya hemos saludado repetidamente su incansable actividad, la erección de los obeliscos, la apertura de calles o el uso de los adoquines más tarde llamados «sanpietrinos». Intervino sobre el viejo callejero medieval como un Haussmann tardorrenacentista. Él fue quien lanzó de una vez las obras de construcción de la cúpula de San Pedro ante cuyo inaudito desafío se venían achantando sus predecesores. Giacomo della Porta y, naturalmente, Doménico Fontana levantaron la cúpula en 22 meses para que Sixto V pudiera ver puesta la última piedra, tres meses antes de morir. Solo faltaba la linterna, colocada bajo su sucesor. Su propia muerte, por culpa de la malaria, es también significativa. Sirve para recordar un azote que lastró y condicionó durante siglos la vida romana pero nunca aparece en la iconografía idílica de la ciudad. Et in Arcadia Ego.

Sta Ma d. Vittoria del Acqua Felice... desde el bar

"Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos"

DOMINGO DE RESURRECCIÓN

EL primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto». Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

Juan 20,1-9

Domingo de Resurrección

VIA CRUCIS DE GERARDO DIEGO

Decimoquinta Estación: JESÚS RESUCITA DE ENTRE LOS MUERTOS


¿Es de ingrávido sueño,
aire o magia refleja
este resplandor súbito,
esta erguida presencia?

Todo en torno se afirma,
se deslumbra, se ciega.
La piedra es más que nunca
piedra, gozosa piedra;

la humana piel confusa
de oscuros centinelas,
tañida del prodigio,
centellea evidencias,

y el alba, el alba tímida
tan mojada y tan tierna,
confirma de rubores
su inocencia perfecta.

Otra vez sobre el mundo
la Verdad se hace cierta,
cierta con certidumbre
transverberada, céntrica.

No el aire, no, ni el sueño
ni la magia espejean
este cuerpo armonioso
que fulgura y destella.

Las brisas le acarician,
la tierra le sustenta
y la luz que de él mana
le ciñe y le modela.

Pudiendo ser más leve
que plumas o humaredas,
humana, humildemente
pisa la hierba, y pesa,

y al goce del suavísimo
tacto, contacto, prenda,
invita -ábranse flores-
a las yemas incrédulas.

Resurrección. Oh gloria
taladrada y tan nuestra,
tan de hueso y de carne
firme, caliente, fresca.

Por Ti, Jesús, tan nuevo
hoy con tus cinco estrellas
que en cifra dibujada
tu caridad constelan,

por Ti, Señor, devuelto
a la luz que te estrecha,
al amor que te ciñe,
al aura que te besa,

por ti, todo nos canta,
oh divina certeza
para después del tiempo,
quieta ya primavera.

Gerardo Diego

sábado, 11 de abril de 2020

El Centro



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    En esta “neutralidad metafísica” (Steiner) del Sábado (entre el sufrimiento, la soledad y el despilfarro impronunciable, por un lado, del Viernes Santo, y el sueño de liberación, de renacimiento, por el otro, del Domingo de Resurrección), que es una neutralidad de camposanto, nos interroga la neutralidad de Pilato (¡la neutralidad de la Pasión!), cuya “quid est veritas?” increpa al tonto útil de la censura que es nuestro vecino el chota liberalio.

    ––Me muero de tristeza: quedaos aquí y velad conmigo –dice Jesús en Getsemaní, pero podía haberlo dicho en cualquier balcón de España.

    Su neutralidad políticamente positiva (es, explica  Schmitt, la objetividad del protector del Estado que se encuentra bajo su protectorado, y frente a sus antagonismos políticos internos) no libra de su terror supersticioso a Pilato, el personaje oscuro de la Pasión, pues, de tan centrista, aún hoy no se sabe qué sentía él por Cristo. Los judíos acusaron a Jesús de haberse declarado Hijo de Dios y, según Juan, cuando Pilato oyó estas palabras “se asustó aún más”.
    
–Pilato, “homo novus” –dice Dombrovski–. Se rindió, se lavó las manos y lo condenó. Como usted y como yo.
    
Pilato, prosigue Dombrovski, procedía de una rica familia samnita. Los samnitas eran aliados, no romanos. Tenían emblemas diferentes: los romanos, la loba; los samnitas, el toro. Un nuevo rico, un arribista. Sejano lo nombró procónsul en Judea por su odio a los judíos. En Judea nunca fue conocido un tirano como él. Pero, aun así, no quería condenar a Cristo. ¿Por qué? Aquí empieza la confusión. Pilato acabó mal. Unos dicen que fue obligado a suicidarse durante el reinado de Calígula. Otros, que fue ejecutado por orden de Nerón. Y hay quienes afirman que, exiliado en Suiza, se ahogó en el lago de Lucerna. En los Alpes hay una montaña que se llama Pilato.

    –¡El poder terrenal es complejo, sofisticado! El espiritual es mucho más sencillo. Desde este punto de vista, en la historia de Cristo, todo es muy sencillo.

La serie de no humor de TVE


Hughes
Abc

Se ha criticado “Diarios de la cuarentena” por pretender traer risas al drama. Ojalá, que diría Camacho. Lo llamativo es su forzado y casi forzoso costumbrismo.

En “Cuéntame”, por ejemplo, TVE nos enseña cómo éramos, pero no puede haber costumbrismo donde todavía no hay una costumbre. Le han puesto tan pronto el espejo al español confinado que casi parece que TVE se adelanta y no cuenta lo que está pasando sino lo que debe pasar. Es una sitcom modelo, dicta costumbre. “Estáis siendo así”, nos dicen con mirada de hipnotizador. Así. ¡Así! El instrumento elegido, cómo no, es la comedia, el humor. El fracaso es total. ¿Cómo hacer un buen guion en tan poco tiempo? Parece una comedia instantánea de José Luis Moreno, unas matrimoniadas camufladas de modernez mediante camisetas, despertares malasañeros (mujer liberadísima) y desenfadados jóvenes de todas las edades.


Pero es un humor del que el propio humor huye espantado, quedando la actitud “humorosa”. Esto es muy visible en el número de Gorka Otxoa y Carlos Areces. No hay un átomo de humor, pero sabemos que están haciendo humor. ¿Por qué lo sabemos? Porque uno se calla (Areces) y se pone muy serio, como si no fuera la cosa con él. También sabemos que se trata de comedia cuando en otros momentos aparece ese cierto tono del hombre heterosexual atribulado, un poco tartamudo y tontorrón pero benigno en sus intenciones copulatorias. Ese hombre hecho arquetipo, que incluso nos habla en los anuncios: la voz cascadilla de joven socarrón de 45 años que nos recomienda un coche como si dijera “éntrale a esa piba, anda”. Por esos signos intuimos que debe de ser humor, pero lo oímos como oye un sordomudo.

Cuando en lo cómico no hay nada de humor, como aquí, ¿qué queda? Una especie de vacío, un polvillo, una actitud, algo que no debe pleitesía a ningún género, libre de toda atadura, y que se sitúa en el grado cero de la inteligencia (el personaje de estas comedias es siempre morón, y cada vez más), una especie de lobotomía sin emociones, ni dolor, ni ira, ni canto a la libertad perdida, en la que cualquier intención moral resulta solemne y por tanto rechazable. Esa comicidad sin humor ya es una forma de ser oficial. Es un lenguaje hegemónico. Los cómicos (hay miles censados) reflejan el zeitgeist español, son como nuevos curas. Superan al novelista, el novelista es pollavieja, es antiquísimo. Por tanto, ¿qué es humor aquí? Lo que no es serio. Es decir, casi todo. Cualquier individuo con actitudes lobotómicas y no solemnes es ya humor.

La serie cambia al final. Acaba con una salida luminosa al balcón. Música de guitarras. Los protagonistas abandonan la cueva platónica del hogar hacia la luz del aplauso comunitario. Después, al acabar, aparece otro programa (“Todos en casa”) que recoge videos de españoles confinados. Los videos tolerados (lo que no es bulo). Españoles entre cuatro paredes haciendo cosas, felices. Una voz en off los presenta. Usa el sonriente “nosotros” de las pelis del franquismo.

Sábado Santo

VIA CRUCIS DE GERARDO DIEGO

Décima Estación: JESÚS ES DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS
 "Después de clavar a Jesús en la cruz, los soldados tomaron sus vestidos y los dividieron en cuatro partes, una para cada uno de ellos. En cuanto a la túnica, tejida de una sola pieza de arriba abajo sin costura alguna, se dijeron:«No la rompamos, echémosla más bien a suertes, a ver a quién le toca.» Así se cumplió la Escritura que dice: Se repartieron mi ropa y echaron a suertes mi túnica. Esto es lo que hicieron los soldados." (Jn 19, 23-24)


Ya desnudan al que viste
a las rosas y a los lirios.
Martirio entre los martirios
y entre las tristezas triste.
Qué sonrojo te reviste,
cómo tu rostro demudas
ante aquellas manos crudas
que te arrancan los vestidos
de sangre y sudor teñidos
sobre tus carnes desnudas.

Bella lección de pudores
la que en este trance dictas,
tus candideces invictas
coloridas de rubores.
Tú, que has teñido las flores
de tintas tan sonrosadas,
que en las castas alboradas
las nubes vistes de oro,
ay, devuélveme el tesoro
de mis flores marchitadas.



Undécima Estación: JESÚS ES CLAVADO EN LA CRUZ
"Al llegar al lugar llamado de la Calavera, lo crucificaron allí, y con él a los malhechores, uno a su derecha y el otro a su izquierda." (Lc 23, 33)


Por fin en la cruz te acuestas.
Te abren una y otra mano,
un pie y otro soberano,
y a todo, manso, te prestas.
Luego entre Dimas y Gestas,
desencajado por crueles
distensiones de cordeles,
te clavan crucificado
y te punzan el costado
y te refrescan de hieles.

Y que esto llegue es preciso
y así todo se consuma,
y, a la carga que te abruma,
el cuello inclinas sumiso.
-Conmigo en el paraíso
serás hoy- al buen ladrón
prometes. Tierna lección
la de tus palabras ciertas.
Toma mis manos abiertas.
Toma mis pies: tuyos son.



Duodécima Estación: JESÚS MUERE EN LA CRUZ
 "Desde el mediodía hasta las tres de la tarde todo el país se cubrió de tinieblas. A eso de las tres, Jesús gritó con fuerza: Elí, Elí, lamá sabactani, que quiere decir: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» Pero nuevamente Jesús dio un fuerte grito y entregó su espíritu." (Mt 27, 45-46.50)


Al pie de la cruz María
llora con la Magdalena,
y aquel a quien en la Cena
sobre todos prefería.
Ya palmo a palmo se enfría
el dócil torso entreabierto.
Ya pende el cadáver yerto
como de la rama el fruto.
Cúbrete, cielo, de luto
porque ya la Vida ha muerto.

Profundo misterio. El Hijo
del Hombre, el que era la Luz
y la Vida muere en cruz,
en una cruz crucifijo.
Ya desde ahora te elijo
mi modelo en el estrecho
tránsito. Baja a mi lecho
el día que yo me muera,
y que mis manos de cera
te estrechen sobre mi pecho.



Decimotercera Estación: JESÚS ES BAJADO DE LA CRUZ Y PUESTO EN LOS BRAZOS DE SU MADRE
"Cerca de la cruz de Jesús estaba su madre, con María, la hermana de su madre, esposa de Cleofás, y María de Magdala." (Jn 19,25)


He aquí helados, cristalinos,
sobre el virginal regazo,
muertos ya para el abrazo,
aquellos miembros divinos.
Huyeron los asesinos.
Qué soledad sin colores.
Oh, Madre mía, no llores.
Cómo lloraba María.
La llaman desde aquel día
la Virgen de los Dolores.

¿Quién fue el escultor que pudo
dar morbidez al marfil?
¿Quién apuró su buril
en el prodigio desnudo?
Yo, Madre mía, fui el rudo
artífice, fui el profano
que modelé con mi mano
ese triunfo de la muerte
sobre el cual tu piedad vierte
cálidas perlas en vano.



Decimocuarta Estación: JESÚS ES SEPULTADO
 "Estaban tan asustadas que no se atrevían a levantar los ojos del suelo. Pero ellos les dijeron: «¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí. Resucitó. Acordaos de lo que les dijo cuando todavía estaba en Galilea." (Lc 24, 5-6)


Fue un José el primer varón
que a Jesús tomó en sus brazos,
y otro José en tiernos lazos
le estrecha de compasión.
Con grave, infinita unción
el sagrado cuerpo baja
y en un lienzo le amortaja.
Luego le da sepultura
y una piedra en la abertura
de la roca viva encaja.

Como póstuma jornada
de tu vía de amargura,
admiro en la sepultura
tu heroica carne sellada.
Señor, ya no queda nada
por hacer. Señor, permite
que humildemente te imite,
que contigo viva y muera,
y en luz no perecedera,
que como Tú resucite.

Gerardo Diego

viernes, 10 de abril de 2020

Sueño del Cristo muerto en lo alto del edificio del mundo



Jean Paul

Jean Paul es el seudónimo que utilizó Johann Paul Friedrich Richter (1763-1825), escritor alemán que decidió cambiar su nombre para las publicaciones rindiendo tributo a Jean-Jacques Rousseau. Mme. de Stäel tradujo al francés un fragmento de su novela Siebenkäs, de la que se desprende el famoso Sueño del Cristo muerto en lo alto del edificio del mundo:


Un atardecer de verano, estaba acostado sobre la cima de una colina, sobre la que me dormí, y soñé que me despertaba en medio de la noche en un cementerio. El reloj daba las once. Todas las tumbas estaban entreabiertas, y las puertas de la iglesia, agitadas por una mano invisible, se abrían y cerraban con gran estrépito. Sobre los muros huían sombras, que no eran proyectadas por cuerpo alguno; otras sombras lívidas se elevaban por los aires, y solamente los niños reposaban todavía en sus féretros. Había en el cielo como una nube grisácea, pesada, sofocante, que un fantasma gigantesco apretaba y estrujaba en grandes pliegues. A mi alrededor, escuchaba la lejana caída de avalanchas, y bajo mis pasos la primera conmoción de un terremoto. Toda la iglesia vacilaba, y el aire se estremecía con los sonidos desgarrantes que buscaban en vano la armonía. Algunos rayos pálidos arrojaban una luz sombría. El terror me impulsó a buscar abrigo en el templo: dos basiliscos relumbrantes estaban delante de sus pórticos temibles.


Avancé entre la turba de sombras desconocidas, sobre las que estaba impreso el sello de antiguos siglos; todas giraban alrededor del altar despojado, y solamente sus pechos respiraban y se agitaban con violencia; un solo muerto, desde hacía poco enterrado en la iglesia, reposaba sobre su sudario; todavía no llevaba mortaja, y un sueño feliz hacía sonreír su rostro; pero ante la proximidad de un viviente, dejó de sonreír, abrió con un penoso esfuerzo sus párpados entumecidos; el lugar de su ojo estaba vacío, y en el del corazón sólo había una herida profunda; elevó sus manos, juntándolas para rezar; pero sus brazos se estiraron, se separaron del cuerpo, y las manos unidas cayeron a tierra.
En lo alto de la bóveda de la iglesia, estaba el cuadrante de la eternidad; no tenía ni cifras ni agujas, pero una mano negra hacía sus giros con lentitud, y los muertos se esforzaban por leer la hora. Entonces descendió desde lo alto hasta el altar una figura brillante, noble, elevada, y que arrastraba la impronta de un dolor imperecedero; los muertos exclamaron:

–¡Oh Cristo!, ¿ya no hay más Dios?

Él respondió:

–No, no hay.

Todas las sombras empezaron a temblar con violencia, y Cristo continuó así:

–He recorrido los mundos, me he elevado al medio de los soles, y allí tampoco estaba Dios; descendí hasta los límites últimos del universo, miré dentro del abismo y grité: "¡Padre!, ¿dónde estás?", pero no escuché más que la lluvia que caía gota a gota en el abismo, y la eterna tempestad, que ningún orden regía, me respondió tan solo. Elevando mis ojos hacia la bóveda de los cielos, no encontré otra cosa que una órbita vacía, negra y sin fondo. La eternidad reposaba sobre el caos y lo roía, y se devoraba lentamente ella misma: redoblad vuestros ruegos amargos y desgarrantes; que los gritos agudos dispersen las sombras, porque esto es un hecho.

Las sombras desoladas se desvanecieron como el vapor blancuzco que el frío ha condensado; la iglesia quedó pronto desierta; pero de repente, espectáculo horroroso, los niños muertos, que se habían levantado en el cementerio, acudieron y se postraron delante de la figura majestuosa que estaba sobre el altar y dijeron:

–Jesús, ¿no tenemos padre?

Y él respondió con un torrente de lágrimas:

–Todos somos huérfanos, vosotros y yo no tenemos ya padre.

A esas palabras, el templo y los niños se abismaron, y el edificio íntegro del mundo se desplomó ante mí en su inmensidad.

[Versión de Juan Carlos Sánchez Sottosanto]

El Viernes Santo del Cristo de la Conversión


 Puertas cerrada a cal y canto

 Rafael Dorado y el joven escultor Pedro García Velasco

  El año pasado de procesión por el barrio

 Cristo de la Conversión


Francisco Javier Gómez Izquierdo
 
         Hoy, 10 de abril del 2020 era el día. Un día redondo. Un día fácil de recordar. Un día que un barrio entero esperaba para institucionalizarlo como si fuera el día de Año Nuevo o el de Navidad. Hoy comenzaba en el barrio de la Electromecánicas, “la Letro”, “Su” particular Viernes Santo con el propósito de que lo sea  para el resto de los siglos si a bien tiene durar este mundo. Hoy salía por primera vez el Cristo de la Conversión a la carrera oficial de Córdoba. Semejante  acontecimiento sólo ocurre una vez y los hermanos llevaban esperando este Viernes con la emocionada ilusión de participar en algo histórico. Sobre todos, uno: Rafael Dorado, el Hermano Mayor del que ya hemos hablado varias veces en Salmonetes... y que es un señor jubilado con tantas ocupaciones como necesidades detecta en un barrio a la otra punta de la ciudad del mío al que me acercó el fútbol y al que acudo de vez en cuando por la adopción de sus vecinos.  
      
Para poner en marcha una Hermandad se necesitan años, paciencia y determinación en el propósito además de muchas consideraciones que no estoy capacitado para explicar. Si en el proyecto no hay ricos que aporten dinero, todo se ha de hacer con trabajo, dedicación y sin la mínima concesión al desaliento, cualidades de las que está sobrado Rafa y con las que contagió hace años, cual saludable virus, a todo el barrio. “Mañana por la tarde, voy con Rafa a C. Real a ver una banda” me dijo hace dos o tres meses Miguel el del pescado, con ojos alegres desde su gran humanidad, implicado en el sueño de Rafa y entusiasmado por participar de los últimos detalles.
 
Rafael nos lleva llamando no sé cuántos años para ir sumando euritos con sus barras económicas en  su cine de verano, sus festivales de sevillanas, coros... etc, para pasar las tarde-noches de primavera y verano en un ambiente familiar y tranquilo. En el barrio todos se conocen y su situación en una especie de isla a la izquierda de la carretera de Palma del Río ayuda a la confraternización y al cultivo de los buenos sentimientos.
      
Ya pusimos en su día que el Cristo de la Conversión nos transmite un sereno morir y mas paz que dolor. Al escultor, Pedro García Velasco, lo vimos orgulloso hace unos años cuando presentó en la curiosa iglesia de la Letro la imagen que ya se ha clavado en el corazón de una comunidad que nunca imaginó que el empeño de Rafael tuviera tan buen fin.
       
Sé que hoy hay mucha pesadumbre en todo el Parque Azahara por esta peste criminal que nos condiciona, pero también les aseguro que hoy allí se llorarán muchas  lágrimas. Lágrimas de impotencia por posponer  una ilusión de años a la que tocaba tomar tierra en éste 2020.
      Rafa y hermanos, estáis obligados a soportar con la debida entereza éste pequeño disgustillo. Como la tuvo San Dimas. El Buen Ladrón. El que murió a la derecha de Cristo. El de la Conversión.
      Será en el 2021. El número no es tan redondo, pero tampoco es feo.

La libertad

Fiódor Dostoyevski


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Tácito tuvo delante la Crucifixión, pero se le escapó. Igual que a nuestros novelistas se les ha escapado la enseñanza moral de la libertad que D. H. Lawrence supo extraer de la parábola del Gran Inquisidor de Dostoyevski, resumida por John Gray: es insólito que un pueblo valore su libertad por encima de la comodidad derivada del servilismo. Y saca el guiño de De Maistre a la “juanjacobada” de Rousseau según la cual todos los hombres nacen libres, pero en todas partes están encadenados: creer, porque algunas pocas personas buscan en algún momento la libertad, que todos los seres humanos la quieren, es como pensar que, puesto que hay peces voladores, volar forma parte de la naturaleza de los peces. O de los españoles.

    –El Gran Inquisidor le dice a Jesús que la humanidad es demasiado débil para soportar el don de la libertad. No busca libertad, sino pan, pero no el pan divino, sino el terrenal.
    
De los “Demonios” de Dostoyevski conviene recordar que “en los tiempos de transición nunca falta esa gentecilla, esa canalla que existe en toda sociedad… Esa canalla, sin saberlo, casi siempre cae bajo el mando de esa caterva de progresistas que operan con un fin determinado, y esa pandilla dirige toda esa basura por donde quiere, a no ser que se componga de idiotas rematados, lo que también ocurre… De qué a qué va la transición no lo sé, y sin embargo los hombres más despreciables se encimaron de pronto, empezaron a criticar en voz alta todo lo sagrado, cuando antes no se atrevían a abrir la boca, y la gente más principal, que hasta allí tan felizmente había ocupado los puestos de arriba, los escuchaba de pronto en silencio y algunos hasta les reían las gracias”…

    –En los tribunales se pronuncian sentencias salomónicas, y si los jurados se dejan untar… Los siervos gozan de libertad y se azotan unos a otros, en vez de que los azoten sus señores como antes… Años de reformas. Y, sin embargo, Rusia nunca llegó, ni aún en las más grotescas épocas de su estúpida historia…

Un bulo con pelvis

Hughes
Abc

Que Pedro Sánchez hable de perfiles falsos tiene su ironía; él, que es un bot de sí mismo. Pero así es este presidente que entra en las Cortes cimbreando la pelvis como Tony Manero en la disco. El garbo de Sánchez, sus «formas cubanas», se hacen chulería en las réplicas parlamentarias, incluso, ayer lo comprobamos, cuando hay 15.000 muertos. Chulería en el lugar del luto. Y mentiras, claro está, mentiras a cascoporro.

El presidente pidió repetidamente algo que pide a cualquiera que no sea su socio: «Unidad y lealtad». Y luego falseó su gestión. Hubo eslogan de «espichraiter»: «Todos llegaron tarde, pero España actuó antes», y que si la crisis es simétrica (falso), que si todos igual (falso).... Como falso es el liderazgo en los test o la prontitud de la respuesta. Lo único cierto es que solo China nos supera en restricciones a la libertad, pues es el españolito el que remedia la imprevisión del Gobierno quedándose en casa, forma simpática e imprecisa de no decir que ha sido confinado por la autoridad.

Las mentiras de Sánchez, grotescas hasta la inquietud, se banalizan con el palabrerío modoso de la oposición. Casado citó a Ortega, a Unamuno, cita a todo el mundo, acapara el suarismo y va de Cánovas, pero ya no es tiempo de decir «no es esto, no es esto». Lo que está pasando es suficientemente grave para no escoger palabras prestadas. Casado es un sparring pomposo que dice sí, y Ciudadanos se acerca ahora (¡ahora!) al PSOE, demostrando que es sólo una excusa para que el centrismo neuronal tenga una baldosa «factual» sobre la que seguir su chotis divagante. Vox queda de oposición a la que no dejan serlo, el momento en que se mete la publicidad.

Pero es aquí, con Abascal, donde Sánchez sacó lo que lleva dentro y lo que nos espera. El Gobierno pasó hace días al ataque con dos iniciativas: la propuesta trilera y efectista de los Pactos (coger oxígeno a costa del mito fundacional, que para eso está) y el ataque sistemático a la libre expresión en los canales no televisivos.

Sánchez añadió al virus (que ha cambiado de género y ahora es la Covid-19) el «problema de la desinformación», y mencionando cifras policiales habló de perfiles falsos, bulos y fake news como «problemas de salud pública y democrática». La perversidad es desquiciante: él, responsable de tan nefasta gestión, invierte la cuestión y «viraliza» a los otros. Lo siguiente podría ser meterlos en uno de sus decretos. Si mostrase con «la desinformación» la misma diligencia que con la Covid, aún podrían dormir tranquilos.


Madrugá sin Espranzas... y sin el Gran Poder

Espernza de Triana

Esperanza Macarena

 Jesús del Gran Poder

Retrato sentimental

F.J.G.I.

Viernes Santo (Anónimo)


No me mueve, mi Dios, para quererte 
el cielo que me tienes prometido, 
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte 
clavado en una cruz y escarnecido, 
muéveme ver tu cuerpo tan herido, 
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera, 
que aunque no hubiera cielo, yo te amara, 
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera, 
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.

Viernes Santo

VIA CRUCIS DE GERARDO DIEGO

Quinta Estación: JESÚS ES AYUDADO POR EL CIRENEO
"Cuando lo llevaban, encontraron a un tal Simón de Cirene que volvía del campo, y le cargaron con la cruz para que la llevara detrás de Jesús." (Lc 23,26)


Ya no es posible que siga
Jesús el arduo sendero.
Le rinde el plúmbeo madero.
Le acongoja la fatiga.
Mas la muchedumbre obliga
a que prosiga el cortejo.
Dure hasta el fin el festejo.
Y la muerte se detiene
ante Simón de Cirene,
que acude tardo y perplejo.

Pudiendo, Jesús, morir,
¿por qué apoyo solicitas?
Sin duda es que necesitas
vivir aún para sufrir.
Yo también quise vivir,
vivir siempre, vivir fuerte.
Y grité: -Aléjate, muerte.
Ven Tú, Jesús cireneo.
Ayúdame, que en ti creo
y aún es tiempo de ofenderte.


Sexta Estación: LA VERÓNICA LIMPIA EL ROSTRO DE JESÚS
"Muchos quedaron espantados al verlo, pues estaba tan desfigurado, que ya no parecía un ser humano. Despreciado por los hombres y marginado, hombre de dolores y familiarizado con el sufrimiento, semejante a aquellos a los que se les vuelve la cara, no contaba para nada y no hemos hecho caso de él. Sin embargo, eran nuestras dolencias las que él llevaba, eran nuestros dolores los que le pesaban." (Is 52, 14; 53, 3-42)


Fluye sangre de tus sienes
hasta cegarte los ojos.
Cubierto de hilillos rojos
el morado rostro tienes.
Y al contemplar cómo vienes
una mujer se atraviesa,
te enjuga el rostro y te besa.
La llamaban la Verónica.
Y exacta tu faz agónica
en el lienzo queda impresa.

Si a imagen y semejanza
tuya, Señor, nos hiciste,
de tu imagen me reviste
firme a olvido y a mudanza.
Será mayor mi confianza
si en mi alma dejas la huella
de tu boca que nos sella
blancas promesas de paz,
de tu dolorida faz,
de tu mirada de estrella.


Séptima Estación: JESÚS CAE POR SEGUNDA VEZ
"... eran nuestras faltas por las que era destruido; nuestros pecados, por los que era aplastado. El soportó el castigo que nos trae la paz y por sus llagas hemos sido sanados". (Is 53, 5)


Largo es el camino y lento
y el Cireneo se rinde.
Él se ha trazado una linde
en su oscuro pensamiento.
Mientras disputa violento,
deja que la cruz se hunda
total, maciza, profunda,
sobre aquel único hombro.
Y como un humano escombro
cae Jesús por vez segunda.

¿Otra vez, Señor, en tierra,
abrazado a tu estandarte?
Ese insistente postrarte
¿qué oculto sentido encierra?
Mas ya te entiendo. En la guerra
por ti luchando, transido
caeré en tierra y malherido,
¿y no he de alzarme ya más?
Yo sé que Tú me darás
la mano si te la pido.


Octava Estación: JESÚS CONSUELA A LAS MUJERES DE JERUSALÉN
"Lo seguía muchísima gente, especialmente mujeres que se golpeaban el pecho y se lamentaban por él. Jesús, volviéndose hacia ellas, les dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí. Llorad más bien por vosotras mismas y por vuestros hijos." (Lc 23, 27-28)


Qué vivo dolor aflige
a estas mujeres piadosas,
madres, hermanas, esposas,
sin culpa del «crucifige».
Jesús a ellas se dirige.
Sus palabras, oídlas bien.
-Hijas de Jerusalén.
Llorad vuestro llanto, sí,
por vosotras, no por mí.
Por vuestros hijos también.

Por nosotros mismos, cierto.
Pero ¿quién por ti no llora?
Haz que llore hora tras hora
por mí tibio y por ti yerto.
Riégame este estéril huerto.
Quiébrame esta torva frente.
Ábreme una vena ardiente
de dulce y amargo llanto,
y espanta de mí este espanto
de hallar cegada mi fuente.


Novena Estación: JESÚS CAE POR TERCERA VEZ
"Felices los que son perseguidos por causa del bien, porque de ellos es el Reino de los Cielos." (Mt 5, 10)


Ya caíste una, dos veces.
La rota túnica pisas
y aún entre mofas y risas
tendido a mis pies te ofreces.
Yo no sé a quién me pareces,
a quién me aludes así.
No sé qué haces junto a mí,
derribado con tu leño.
Yo no sé si ha sido un sueño
o si es verdad que te vi.

Y yo caigo una, dos, tres,
y otra vez más, y otra, y tantas.
Siempre tus espaldas santas
me sirvieron de pavés.
Ahora siento bien cuál es
la razón de tus caídas.
Sí. Porque nuestras vencidas
almas no te tengan miedo
caes, oh humilde remedo,
y a abrazarte las convidas.

 Gerardo Diego

jueves, 9 de abril de 2020

La responsabilidad del Centro

  


Hughes
Abc
 
Los centristas, que no han dejado de equivocarse en los últimos años, siguen ahí, Dios los guarde muchos años, mirando la actualidad desde su colina de libros y moderación, esa altura montaigniana.
Ahora topo a menudo con las críticas que le hacen a Pedro Sánchez y compañía y me asombra que se hagan los escandalizados. Los conceptos que maneja la izquierda, que maneja Sánchez, que manejan los Ferreras de turno son centristas. Son de ellos.

Las fake news, lo primero. Las fake news, los bulos y las mentiras cibernéticas eran la posverdad. ¿Han olvidado la posverdad? No era nada inventado por Trump, sino el concepto que se saca de la manga el mundo académico y “demoliberal” para explicar la perturbación en la fuerza que supusieron el divino rubio y el Brexit.

La posverdad no la decidía América, América votó a Trump, la posverdad la decidían los lectores de Pinker. Nunca fue un concepto democrático. ¿Qué era verdad y qué era mentira? Había dueños de la Verdad. Y ahora Sánchez tira del concepto. Sánchez añade a los escrúpulos centristas el arranque bolipodemita y su propia psicología, pero no dice cosas que no hayamos escuchado.

Esa posverdad y la profunda idiocia de sus votantes explicaban a Trump, frente a Obama, el político humanista e ilustrado. Todo sucedía por la degradación del mensaje público, la pobreza informativa y educativa, la degeneración comunicativa de Internet y su pérdida de jerarquías. ¿No se acuerdan?

Tampoco se pueden extrañar por los ataques sistemáticos a la “extremaderecha”, porque ellos participaron en acuñar el concepto. Participaron con entusiasmo en el cinturón sanitario y en la etiqueta “iliberal”. También en lo del “discurso del odio” que algunos creían podría justificar hasta una ilegalización (¿tendremos que recurrir a la hemeroteca?).

También han sido los primeros y más radicales defensores de la “Europa que nos hemos dado”, la Europa mágica, elevada a razón y horizonte democrático, convertida en la frontera entre el proyecto civilizatorio y la barbarie regresiva de los “nacionalismos”. Esa Europa se la han cargado los jueces alemanes, los belgas después y ahora los holandeses. ¿Y ahora qué? Habrá que apelar a un europeísmo que ni los europeos conocen, como hace Sánchez.

Muchos de esos argumentos se perfilaron y generalizaron gracias a cacúmenes centristas. Ahora tuercen el gesto y el meñique se les vuelve a poner estupendo. ¡Son de lo que no hay!

Jueves Santo

 Jesús el Caído

 Virgen de las Angustias en San Agustín

Saeta a la salida del Esparraguero


Francisco Javier Gómez Izquierdo

En Córdoba se tiene el Jueves por el día “fuerte” de la Semana Santa. Se nota por el gentío que se agolpa desde antes de las cuatro de la tarde para ver salir a las cinco en San Cayetano al Caído o en San Francisco al Cristo de la Caridad, “el de los legionarios”. Un servidor, que vive cerca de San Cayetano, sube la cuesta maravillado de lo bien vestidos que van  todos los allí reunidos en solemne espera para recibir al Caído y a Nuestra Señora del Mayor Dolor. El Caído es el Cristo de los toreros. Los turistas sufren un pequeño sobresalto al ver a Enrique Ponce repeinado y trajeado de riguroso luto en lugar preferente tras la imagen  pero los cordobeses admiran mas la postura de rodilla en tierra y el vaivén de la melena de su particular “Greñúo” sobre todo en la bajada del convento enfilando la entrada por la puerta del Colodro -aquél de cetrino rostro no se sabe si alavés o toledano que se coló en Córdoba y abrió a las huestes de Fernando III esta puerta de la ciudad para su conquista- al taurino barrio de Santa Marina.
      
Como el Nazareno queda cerca y la salida de la Iglesia-Hospital de su nombre es dificultosa y “centimétrica” suelo acercarme a la placita del Padre Cristóbal donde el público por lo general tiene edad y aspecto estudiantil, para disfrutar de la pericia costalera. La mayoría de los que han visto salir al Caído prefiere bajar a coger sitio en los trinitarios o en San Agustín donde sobre las siete salen el Esparraguero y las Angustias, dos tronos emblemáticos que todos los cordobeses tienen retenidos desde niños en su memoria. La iglesia/convento de los trinitarios acoge al Esparraguero y al Rescatao que sale el Domingo de Ramos y son curiosas las razones que los alumnos que han estudiado en el colegio de la cruz azulgrana -mi chico sin ir mas lejos- esgrimen para inclinarse mas por uno que por otro. Al Esparraguero, otro crucificado con larga melena al viento, le ponen los primeros y mas hermosos espárragos recogidos en la estrenada primavera encima del paso y en la plaza del Alpargate, cuando se recoge, suele disputarse un duelo de saeteros que enmudece a propios y extraños. A los primeros por su sentir flamenco y a los segundos por no imaginar semejantes intérpretes ni tan sobrecogedor escenario. Allí tiene una placa María “la Talegona” por tantas lágrimas como provocó ésta noche de tantos años.

       Las Angustias es fanática devoción. Si se pidiera opinión a un extraño que se quedara con la imagen mas impresionante de las que salen en Córdoba yo creo que elegiría ésta Dolorosa. Lo cree un servidor y lo sostienen muchas cordobesas pero entre ésas contradicciones de la Semana Santa el paso que genera una bulla continua, agobiante y en ocasiones peligrosa es el de la Caridad: el Cristo de los legionarios.  Semana Santa y legionarios tienen un poder de convocatoria que trasciende lo racional y tengo claro que lo que se ve en Córdoba por Jueves Santo no necesita candil.

El Arca

  Entrada de los animales al arca de Noé
(detalle)
 Jacopo Bassano
(Hacia 1570, Museo del Prado)

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    La dictadura personal sería imposible sin una corte vertical de “chulos del tirano” (expresión de Étienne de La Boétie), que son las televisiones del maná de Estado.

    Estado, que no falte. Del “Estado de Obras” de Fernández de la Mora al “Estado de Derecho” de Elías Díaz (“No todo Estado es Estado de Derecho y, sin embargo, decimos, no todo Estado es Estado de Derecho; la existencia de un orden jurídico no autoriza a hablar sin más de Estado de Derecho; designar como tal a todo Estado sólo lleva al confusionismo”) para llegar al “Estado de Excepción” del Consenso (“Yo he votado a favor decretos que no conocíamos ni el contenido”, confesó Casado en el Anarrosa), que es lo nuestro: la excepcionalidad.

    En pleno Estado de Excepción, que es la Norma, se nos dice que después del confinamiento general un juez determinará el confinamiento particular de los súbditos (es decir, de todo aquél que tosa, se supone que al Poder) en un Arca de Noé.
  
De dar crédito a Nuestro Señor, “en los días antes del Diluvio, la gente comía y bebía, se casaban los hombres y las mujeres tomaban esposo, hasta el día en que Noé entró en el Arca; y cuando menos lo esperaban llegó el Diluvio y se los llevó a todos”.

    Pemán habla de un tal Jeromo (“un niño de 80 años”, como ahora Carlos Bardem, el gagman de la pandemia) que contaba a los niños el chiste del ciempiés (cuyo gozo es la encrucijada):

    –Señó Jeromo, cuéntenos el cuento del Arca de Noé…

    –Pues, señó, esto fue cuando el Diluvio Universal. Los hombres habían sido muy malísimos…
  
Somos el asombro del mundo en Derecho gubernativo. Desenterramos por unanimidad (¡el Consenso que no falte!) a los muertos que en vida “no separaron los poderes”, atribuimos los golpes de Estado televisados a la “maladaptative daydreaming” de los mesetos, y si hay gripe, con nuestro poder constitucionario encerramos a los del moco colgante en un Arca de Noé, donde Noé sería Pablemos con el látigo de su sueño de Mariló, que no es el de Dostoyevski en Dresde.

La cacerolada de la derecha

  
Hughes
Abc

Acaba de terminar la cacerolada de las nueve en mi calle y es evidente que suena extraña. Suena como un gran batir de huevos. Las de la izquierda las recuerdo más festivas. Aquí es como si parte del barrio estuviera haciendo una tortilla francesa. Es el sonido del anochecer en la infancia, cuando jugabas al fútbol y al subir se escuchaba por todas las ventanas el sonido de las tortillas haciéndose: clac, clac, clac, clac, clac…

La cacerolada de la derecha suena ordenada, doméstica, a gran batir de huevos, y no tanto a golpeo del cacharro. Es menos percusiva. No es el tam-tam juvenil, airado, africanoide de la izquierda que protesta. No es alguien dando cucharazos eufóricos a una cacerola, o igual sí, pero les suena distinto, les suena a tenedor removiendo el huevo. Además es que tampoco duran mucho. Yo creo que duran, eso, lo que tarda en hacerse la tortillita. Al minuto y pico ya parece que tienen la cena y se meten, y se quedan uno o dos oyentes del Luis del Pino ahí rezagados con un sonido lastimoso a omelette de viudo. ¿Cuantas caceroladas han hecho estas personas? ¿Las hacen muy convencidos?

La derecha se pone a hacer una cacerolada y le suena a cazo, a cacillo, y el sonido de la insurgencia le acaba saliendo ordenado y familiar, casi conciliador. Suenan a madres.