lunes, 31 de agosto de 2026

Hughes. Real Madrid, 4; Málaga, 0. Mou consigue la espabilación general


@realmadrid


Hughes

Pura Golosina Deportiva

  

Vi el partido en diferido. Cuando lo veo así, paso las típicas tardes huidizas en que trato de no ver nada, ni hablar con nadie. Esta vez me pilló en una residencia de ancianos, y fue más fácil. No ponían el partido, ni había transistores. Cuando yo esté (si llego), por favor, que tengan Movistar. No sé si me llegará la pensión. Yo creo que no. Me consolaría ver al Madrid, aunque de fondo siguiera Carlos Martínez...


Mou rotó, y no estaban los del toque, Arda y Bernardo (que se mordía las uñas, un poco nervioso, señal buenísima), pero a cambio entró Trent, que es un escándalo. De tan bueno que es se hace problemático. Lleva las medias a media altura, y con esas piernas finas, en mi cerebro tardoochentero se me figura un Gordillo con toque de Michel. Ese lado gordillesco, de correr la banda, que no es lo suyo, se le notaba más hoy. Estaba mejor Trent porque todos están mejor. Mou ha conseguido la espabilación general.



El equipo le buscaba mucho al principio. Hubo un pase excelente, pero excelentísimo de Huijsen. Eran los dos mejores ‘tocadores’, eso que se dice ahora, los jugadores “con pie”, como si los otros tuvieran muñones. Se supone que en esa categoría lisiada estaba Camavinga, que estuvo estupendo. Camavinga está centradísimo, entra y sale de las jugadas con las ideas más claras, y si uno mira de lejos recuerda más un Davids que al mismo Camavinga dubitativo del año pasado.


Camavinga es un caso extremo de clarificación, de la clarificación de roles que ha logrado Mourinho. Él y quizás Bellingham, algo previsible en el entrenador que tuvo a Lampard.


De esos minutos de tanteo con Trent fuimos pasando a otros de aparición de Bellingham, cuya corpulencia y braceo no se han visto desde Redondo.


Pronto el Madrid estaba en la posición que uno espera en casa: atacando el dichoso bloque bajo, o sea, como un escultor ante el bloque de mármol. Presionaba el Madrid arriba y el público malaguista, que había y mucho, celebró con olés salir del área, todo un hito.


El Málaga, con un fascinante Izan Merino, tiene en sus jugadores algo muy representativo. El conjunto boquerón, creo que se decía antes, como a los de Ceuta les llaman caballas.


Pasado el cuarto de hora, llegó el primero, un golazo de Bellingham, hecho un talgo: recoge la pelota, se va de uno, de otro, y coloca. Alguien pidió falta pero los jugadores malacitanos parecían infantes a su paso labrado.


¿Por qué a veces malagueño y otras malacitano?


Si yo fuera de allí, de la ciudad del paraíso, creo que preferiría malacitano. Antonio Banderas, con su bolsito de señor, se hacía malagueño.


En el 1-0 hubo un instante de duda arbitral, de posible VAR, y en Mou asomó una divertida cara de ira sofocada a duras penas.


Mourinho y sus suetercitos luciendo ese ligero descuelgue pectoral, de la tetilla, ese otoño pectoral... pero ¿qué sentiríamos si Mou fuera en plan De la Fuente? Creo que su sabiduría exige eso, estar así.


Hubo una jugada espectacular en la que el Madrid tuvo, digamos, rutilancias galácticas: Trent pegó un patadón, pero hasta los despejes le salen geniales y se convirtió en un pase que Mbappé controló casi perfectamente. O sea, cualquier pedrada de estos jugadores, uno u otro la salvan, la remedian, la aurifican...


Se ve también ahí que el Madrid, como equipo, está afilando el cuchillos de los contragolpes.


Era un sopapo tras otro y en el 25 llegó el 2-0, Bellingham llegando de cabeza al rechace de una acción de Mbappé, algo que veremos muchísimo. Jude va a ser el coche escoba de mucho de lo que produzca, deje, suelte, se le caiga a Mbappé...


La finura, los del pie, eran Trent y Jude, sin olvidar a Huijsen, que dará alegrías a los que apostamos por él. Si lo hubiéramos hecho de verdad, o sea, poniendo dinero, creo que veríamos un pellizco este año.


Y de Trent llegó el tercero, que se fabricaron él y Mbappé, en paredes sucesivas: toma, dámela luego, pónmela así, algo que hace mucho Mbappé, ponerle el balón al que le tiene, a su vez, que ponerle el balón, activar a sus asistentes...


Marcó el gran e histórico Mbappé y en el palco lo celebró Ester Expósito, su novia y, más importante, sobrina del tron, aunque las miradas del cronista, que rara vez se desvía del fútbol (su profesionalidad o, en este caso, su amateurismo es un sacerdocio), se fueron a la amiga, asomando el eros añejo o machucho.


Menos mal que Mbappé no sabía “atacar los espacios”, como se llegó a leer (el castigo neuronal a la larga de leer estas cosas...).


Vimos a Vini tapando banda, ayudando al lateral, vislumbres de su posible etooización.


Con 3-0 a la media hora, ¿habría tensión? ¿se relajaría el Madrid? La idea de mantener la excelencia, la voluntad, si uno se fija, ya nos choca, nos parece una cosa como prusiana y decimonónica, un vestigio de otra economía de las cosas.


Otro Madrid se hubiera ido desdibujando, entreteniendo, entrado en una larga pájara o en un correcalles, pero el de Mourinho mantuvo un grado aceptable de compacidad (de ser compacto) y un ánimo combativo.


Los mediocentros, los pivotes, el 6 y el 8, Valverde y Camavinga, se iban convirtiendo, se están convirtiendo en otra cosa. No es el toque lo suyo, es el tacle, el tackling. Son como dos segadoras locas, dos sierras mecánicas sueltas en el medio campo, cortando todo. Brillan en eso, pero cuanto más brillan más subsumidos están en el conjunto, en el todo, como si entregaran su individualidad, sus veleidades, sus pinitos de antes, a la idea del entrenador.


La primera parte se cerró con una odisea de Brahim que, como casi siempre, casi llega. Parecía un vespino napolitano dando pequeñas arrancadas y frenazos.


La segunda fue otra cosa, todo más flojo, pero todo en su sitio. Sólo hubo un par de instantes en que Camavinga hico una cosa rara, como si volviera al pasado y, con él, nos quisiera meter a todos. En la mente de Camavinga, en su concentración, está la temporada. Si Mourinho domina esa cabeza, si centra a ese chico, ¿qué se le puede resistir?


En el Madrid hubo todo el tiempo una buena circulación sin manierismo, hija quizás no tanto del toque como de la buena colocación. Y siguió habiendo presión. Belligham parece el más interesado, quizás egoístamente porque es quien más saca de ella; por ejemplo, su tiro al palo en la segunda mitad. Sería un golpe maestro de Mou: “Mira, Jude, si presionas como un loco, si de alguna forma haces de intermedio y transmisor entre las dos segadoras locas de detrás y los de arriba, si lo consigues, si los contagias, el 51% de lo que obtengamos será para ti, para tus goles”.


Así, el Bellingham goleador sería compatible con el más abnegado mediocampista, una cuadratura del círculo que podría lograr Mou o José, como muchos mourinhistas han decidido llamar a Mourinho.


Hubo cambios. Vamos confiando motrizmente en Diomandé, locomotrizmente en él. Es más bailarín que tarugo, desde luego. Deja una maravilla un día, otra al siguiente...


Salió Valverde con aplauso de Tchouameni (el realizador parece, por fin, de Real Madrid TV) y entraron Bernardo y Güler, que marcó el cuarto tras gran asistencia de Vinicius. Yo creo que todos dedicamos el gol al torturador comentarista Maldini, que había dedicado su jornada laboral a repetir la frase “no le sale nada a Vinicius”.


Pero este año, el fútbol no acaba con el partido. El fútbol sigue en las ruedas de prensa. Mourinho habla y en cada frase pule la obra y nos va entrenando a todos. Cada cosa que dice es un concepto. Ahora meteré esta croniquilla, que ya se ha hecho muy larga, y me iré a la cama (es tarde ya) con pinganillo para escucharle. Las palabras del míster me llevarán al orden y luego, dulcemente, al sueño.