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lunes, 30 de noviembre de 2020

Leyes estadísticas

Arthur Bloch, autor de La ley de Murphy

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Según la ley de Laguardia, las estadísticas son como los testigos con experiencia: prestan testimonio a las dos partes. Pero según la primera regla de las matemáticas aplicadas, el 98 por ciento de todas las estadísticas es inventado. Y según la ley de Hartz sobre la retórica, cualquier discusión que se prolongue lo suficiente terminará en semántica.
    

He aquí el resumen de la tarde de sábado que echamos el sábado (¡estos sábados azules y este sol de la infancia!) viendo por el ojo de cerradura que es la TV el Villarreal de Parejo contra el Madrid no sabemos de quién, aunque ahí quien tiene toda la pinta de mandar es el Colibrí de Curtis, Lucas Vázquez.
    

Gol de Mariano a los dos minutos, y a partir de ese momento, hasta el descanso, repaso y discusión de las estadísticas de Mariano como delantero centro del Real Madrid, que se dice pronto. A los mandos de la estadística, un gafapasta con aire de Carpanta. Y a los mandos de la retórica, Valdanágoras. ¿Es legal el gol de Mariano? ¿Por qué la levanta (la bandera) el linemán? ¿Hay influencia de Lucas? ¿Llega Lucas a tocarla? Isco, desde el banquillo, mira al tablao como si fuera la Anselma. Según la doctrina de Monroe, un poquito de inexactitud a veces evita toneladas de explicaciones, pero según la ley de Hutchins nadie puede hablar más que un hombre que no sabe de lo que está hablando.


    –La clave está en si Lucas la toca.
    

Para asistir a ese instante decisivo en nuestras vidas, que se produjo en el minuto dos de partido, nos perdimos la siesta, circunstancia que aprovecharon los comerciales para colocarnos sus cosas. Despierta como nuevo. (Marcelo). Paga menos. (Florentino). Está que cruje. (Vini Jr.). Dile adiós al buff. (Benzemá). Tu ropa más viva por más tiempo. (El sastre de Zidane). Cuidamos el futuro. (Ramos al renovar). Todos tenemos un sitio. (Take Kubo). Salud desde dentro. Qué buenos es estar juntos. (Kroos). A la parrilla sabe mejor. (Valverde). ¿Y tú eres gourmet? (Odegaard). Lo notas, lo notan. (Casemiro). Doble expreso, doble placer. (Mendy). Todo bueno como ellos. (Luka). Triunfarás cada día. (Lucas). Te sentirás como en casa. (Carvajal). Tu ritual para sentirte mejor. (Jovic). La salud es bella. (Asensio) Lo divertido de crecer. (Courtois). Escuchar lo es todo. (Lunin). Si no te lo pones, véndelo. (Isco). Súmate a la revolución de los tejados… (Hazard). Dios Santo, ¿y la ley de Clarke sobre las ideas revolucionarias?
    

Todo campo revolucionario produce tres formas de reacción, que se pueden resumir en tres frases: “Es imposible, no me hagas perder el tiempo”, “Es posible, pero no merece la pena”, “Siempre dije que era una idea magnífica”.
    

Sin esta ley de Clarke, sería imposible entender las alineaciones de Zidane, a quien debemos medir por la ley de Jones sobre los logros: “Cualquiera que haga una contribución importante en cualquier campo y permanezca en ese campo el tiempo suficiente se convertirá en un obstáculo de tamaño directamente proporcional a la importancia de su contribución original”.


    El 6-0 del Combinado Autonómico de Luis Enrique (no sé a qué espera Netflix para servirnos una serie con Rubiales, Molina y Luis Enrique como protagonistas) a Alemania nos había devuelto la alegría de los goles, y luego te sientas a ver al Madrid, al Atlético y al Barcelona y entre los tres sólo son capaces de poner dos huevos de codorniz, el de Mariano en Villarreal y el de Carrasco en La Peineta, por cierto, a otro alemán, Ter Stegen, que le discute la titularidad de Alemania a Neuer, el de la media docena, aunque todos sabemos que Alemania siempre vuelve, así en el fútbol como en la política. En la política, desde luego, ya ha vuelto: sólo hay que ver a los maderos de frau Merkel entrando a la casa de un médico que critica en Youtube las medidas de la führeresa contra “la Coviz”. El ímpetu que desprenden esos maderos es el ímpetu que veíamos en los centrales históricos de Alemania, como Hans-Georg “Katsche” Schwarzenbeck, Klaus Augenthaler o los hermanos Forster, Bernd y Karlheinz.
    

El que no vuelve, ni va a volver, es Messi, que parece haberse instalado como un guardia de la circulación de los antiguos, que recibían los aguinaldos en el puesto, mientras los demás circulan a su bola. Si alguien recuerda un Barcelona peor que el que este fin de semana pasó por Madrid, que lo registre.

 

El nuevo Messi

BLANCO QUE ENGORDA


    No es que nadie lo recuerde, es que nadie quiere acordarse de Faubert, un extremo absurdo como un zapato impar que le trajeron a Juande Ramos, un hombre de zapatos impares. “Yo no estaba gordo –ha dicho Faubert–; era la camiseta blanca, que engorda”. En eso lleva razón Faubert: Armani siempre ha vestido de negro porque adelgaza, aunque siempre teniendo en cuenta la advertencia de una tuitera ayer: “Aquí hay mucha gente que confunde estar delgada con estar buena. Y aunque a las primeras nos beneficia la confusión, es mi deber recordaros que no es lo mismo”. Vistan a Isco de Pes Pérez o Soriano Aladrén, y… ¡adiós a la báscula de Solari!, que tantos malentendidos quebrantos nos ha causado.
 

[Lunes, 23 de Noviembre]