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lunes, 11 de febrero de 2019

El carácter español



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    A la fiesta del carácter español en Colón se une la fiesta del carácter español en el Madrid.
    
Tiene alguna de las virtudes que más valoro del carácter español, es solidario y es valiente –fue la contestación de Solari cuando le preguntaron qué le daba Lucas Vázquez, el Colibrí de Curtis.
    Colibrí o vicicilin, el pájaro más extraño del Nuevo Mundo para nuestros cronistas de Indias, el cual no tiene más cuerpo que el abejón, pico largo y delgado; se mantiene del rocío, miel y licor de las flores, sin posarse sobre la rosa; la pluma es menuda, linda y de muchos colores; la estiman mucho para bordar con oro, especialmente la del pecho y pescuezo; muere o se adormece por octubre, asido de una ramita con las patas, en lugar abrigado; despierta o revive por abril, cuando hay muchas flores, y por eso lo llaman el resucitado.
    
Pintus aparte, la resurrección del Madrid es la resurrección de Lucas Vázquez, el Callejón de Solari, su prolongación en el césped, con Bale en el banquillo. ¿Quién es mejor entrenador, el que hace jugar bien a Bale o el que hace jugar bien a LucasVázquez? Yo creo que estamos ante el dilema de Camba en la escultura: ¿qué es preferible, la estatua de un hombre grande hecha por un escultor pequeño o la estatua de un hombre pequeño hecha por un escultor grande.
    
Lucas es coruñés, como Millán Astray, para quien el carácter español era una mezcla de Tercios de Flandes y jaculatorias del Bushido. “Valor y solidaridad”, en el caso de Lucas. Y aquella “vehementia cordis” que Plinio atribuía ya a los españoles, claro. Solari arrancó tomando Melilla por c… (“En el campo de Melilla / ha nacido una amapola / con un letrero que dice / ‘¡Viva la sangre española!’) y ha acabado ganando el derbi por astucia. A Solari se le está acarnerando la frente de topar con imposibles que despacha con solvencia de oficinista que no discute con el presidente, como le pasó (y perdió) a Vanderlei Luxemburgo, el del cuadrado mágico del Bernabéu. Solari cuenta, además, con la protección de los medios, que harán cuanto esté en su mano para alejar la sombra de Mourinho. Y su gran descubrimiento es, sin duda, “el carácter español”, que él personifica en el gallego Lucas Vázquez. (Sevilla, una vez reconquistada, fue vaciada y, al cabo de una semana, repoblada con gallegos).

    –Todo pueblo tiene o debe tener un carácter nacional –dice Rousseau–. Si careciera de él, habría que empezar por darle uno.
    
Eso es lo que Solari, rusoniano “avant la lettre”, ha hecho con el Madrid. Y Cadalso en la “Carta Marrueca” número II:
    
Aun dentro de la nación española, hay variedad increíble en el carácter de sus provincias. Un andaluz en nada se parece a un vizcaíno; un catalán es totalmente distinto de un gallego; y lo mismo sucede entre un valenciano y un montañés. Esta península, dividida tantos siglos en diferentes reinos, ha tenido siempre variedad de trajes, leyes, idiomas y moneda. De esto inferirás lo que te dije en mi última carta sobre la ligereza de los que por cortas observaciones propias, o tal vez sin haber hecho alguna, y sólo por la relación de viajeros poco especulativos, han hablado de España.
    
No es tan fácil, pues, lo que busca Solari. Tomamos el párrafo de Cadalso de los trabajos sobre el asunto de Jean Palette, que tiene la curiosidad y la paciencia que hacen falta para sentarse a estudiar los caracteres nacionales. Los kantianos sostenían que estos caracteres tienen un reflejo fisonómico en rasgos faciales y gestos: la cara del carácter alemán en fútbol sería Klaus Augenthaler, y la del carácter español, Lucas Vázquez, que no sabemos cuánto ganaría con el peinado de Gareth Bale. Lo compensa por la banda derecha la barba leganense de Carvajal, azadón al hombro, que aún no ha resuelto su disyunción caracterial: o barba labradora o lloriqueos de Nancy.
    
Pastores y labriegos: las dos fuerzas constituyentes de Madrid.


MANGAS Y CAPIROTES

    Quieren emplumar a Bale por su corte de mangas (a lo Giovanni en Madrid, a lo Schuster en Zaragoza) en el Palacio Chino de La Peineta para celebrar su gol en el derbi, pero Bale siempre puede decir que fue un homenaje al Sabio de Hortaleza, el hombre que lo sabía todo de las peinetas, de quien se anuncia documental. Sólo tiene que contratar a Moeckel, que ya libró a Rivera Ordóñez de una buena por arrojar una oreja al suelo con rabia, entendido como desacato al presidente. Rivera creía merecer las dos orejas, pero el palco lo dejó en una, y la una cayó en la arena, como la lágrima de Peret. Moeckel alegó que su cliente tiró la oreja no en señal de desacato, sino por razones higiénicas, dado que las orejas están petadas de garrapatas.