domingo, 23 de octubre de 2022
“¡Oh Dios!, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo”
DOMINGO, 23 DE OCTUBRE
En aquel tiempo, Jesús dijo esta parábola a algunos que se confiaban en sí mismos por considerarse justos y despreciaban a los demás:
-Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: “¡Oh Dios!, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo”. El publicano, en cambio, quedándose atrás, no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: “Oh Dios!, ten compasión de este pecador”. Os digo que este bajó a su casa justificado, y aquel no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.
Lucas 18,9-14
sábado, 22 de octubre de 2022
Vida del pintor Bonifacio. El ojo del cangrejo que espía al monstruo camuflado II
BONIFACIO
Turner, 1992
Ignacio Ruiz Quintano
XXXI
El ojo del cangrejo que espía al monstruo camuflado II
En las galerías se oyen quejas de que últimamente no se vende tanto como antes, y Bonifacio dice que lo que a los buenos pintores conviene es que no se venda. Dice:
“¿Que no se vende? Pues mejor. Esto era un chollo. Aquí se habían metido a pintar incluso los hijos de los millonarios, y ahora, si no hay perras, abandonarán. Claro que abandonarán. ¿Qué van a hacer, si no? Y entonces aguantaremos los que siempre hemos aguantado”.
La pintura de Bonifacio, con estas cosas, ha puesto por cima de todas las virtudes la originalidad, que es hija de ese instinto exclusivo de los artistas privilegiados para ver el fondo monstruoso de las formas.
Para Bonifacio, el fondo monstruoso de las formas está visible en las manchas de las baldosas o en los revoques descascarados de las paredes, que son los surtidores comunes de Bonifacio, con su ojo de Tártaro, un ojo en medio de la frente, el ojo redondo del sol. “Tú sales de la mancha –le dijo Matta a Bonifacio una tarde en su casa–, eso es lo bueno, es el gran consejo de Leonardo. El único problema es que la gente no te sepa leer, pero yo leo muy bien, y me gustan esas líneas. Son líneas muy buenas, tienes que limpiar los cuadros, porque pasan las cosas unas sobre las otras. Es una cuestión de cocina. Yo me he hecho una reserva de líneas poco conocidas, como por ejemplo, los huevos del piojo, y cosas así que nadie conoce… O la enfermedad del hígado de una oveja… Entonces es muy divertido, y te ocurren cosas como las conversación es entre Sancho y Don Quijote sobre las artes militares y las letras. Y esto tuyo está lleno de ideas. Si hubiera una especie de pintor millonario que quisiera pintar, te compraría todos los cuadros; escogería, y no le diría a nadie de dónde sacó las ideas…”
En las vigilias de Bonifacio, como en las vigilias de Thomas de Quincey, parecen desfilar esas vastas procesiones de lúgubre pompa, esos frisos de historias inacabables y tan tristes y solemnes como si procedieran de Edipo… “Bastaba –confesó De Quincey– que imaginase en la oscuridad las cosas que pueden representarse visualmente para que asumieran al instante la forma de fantasma del ojo”.
Mas lo que en De Quincey responde a los embelecos del opio, en Bonifacio es efecto de una facultad mecánica del ojo: su ojo de cangrejo espía al monstruo que se camufla en un desconchado; la paciencia y su mano de cobra hacen el resto.
Acaso sea eso lo que Octavio Paz llamó ascetismo de la visión: “Que la mano obedezca al ojo y no a la cabeza, hasta que la cabeza deje de pensar y se ponga a ver, hasta que la mano conciba y el ojo piense”.
De ahí que se diga que los pintores, al revés de lo que sucede con los poetas, creen sus obras más frescas al final de sus días, que es cuando logran ver como niños.
El ojo hace el objeto.
Si el ojo hace el objeto, Bonifacio está con Duchamp, y también en la necesidad urgente de desaparecer de la superficie para volver al útero materno del underground y ser, de nuevo, “el pez que grita”.
Al hablar del infierno o del paraíso, Bonifacio, sin desdeñar la importancia de las creencias, contesta igual que quien no está muy seguro de que haya otra vida: “He vivido como todos, quiero morir como todos, quiero ir donde van todos”.
Bonifacio tiene la pura sencillez que sólo se da en los genios.
Matta y Bonifacio
FIN
viernes, 21 de octubre de 2022
En la muerte del señor Llaneza
Posiblemente su día más feliz
Francisco Javier Gómez Izquierdo
El Ajax, Cruyff, Krol, Hulshof, Rinus Michels,... Ahí estaba la perfección futbolística para unos mozuelos que con once y doce años ya distinguíamos la diferencia de nivel entre nuestros Ederra, Olalde o el difunto Burguete y aquellos extraterrestes que nos tenían maravillados. El Ajax, su metodología, su extraordinaria capacidad para detectar talentos, su manera de jugar... se convirtieron en referente incontestable del mundo del fútbol.
Aplaudíamos al Athletic, a la Real, al Spórting por parecernos, y lo eran en verdad, cuidadosos con sus infantiles, cadetes y juveniles. Eran tres clubes históricos, solventes, bien estructurados, pero el mundo del fútbol es impaciente y es difícil encontrar en él demasiadas personas sensatas. La ley Bossman casi las desterró y los clubes de cantera (al Murcia le salían muy buenas quintadas de juveniles) empezaron a perder su razón de ser, pero en un pueblo de Castellón apareció un señor que siguió creyendo en las cosas bien hechas y se ató a un club para que hablaran de él como él había escuchado hablar del Ajax.
Se sabe en Salmonetes... mi admiración por el señor José Manuel Llaneza y no es cosa de ir poniendo adjetivos que el periodismo derrocha hoy sobre los conocimiento y gestión de un señor extraordinario al que todo un pueblo y todo aficionado al fútbol de cualquier parte del mundo debe estar agradecido. Agradecido, sí, porque levantó un Ajax no en Amsterdam, Manchester, Milán, Madrid ó Barcelona, sino en un pueblo pequeño en el que un brazado de aficionados estaba acostumbrado a padecer calvarios amontonando derrotas por la Segunda B. A lo visto, las lecciones dadas por el hacedor del Gran Villarreal no son gratas a los ojos del presidente de la FEF al que le cae mal el club ¡vaya usted a saber por qué!, pero le gusta compadrear con las costumbres fenicias de jugadores ansiosos de fortunas.
Su fallecimiento me ha entristecido sin poder remediar la desazón y siento cuánto le apreciaba. Tengo contado que uno de los momentos más impactantes que he vivido fue una mañana al coger el teléfono y una voz desconocida me dijera: " Buenos días Javier, soy José Manuel Llaneza". De primeras no caí; cuando dijo que llamaba desde Villarreal no supe responder y cuando entramos en conversación ya no supe callar. Hablamos de Gorospe, de Taladrid que anda por aquí, por Córdoba, y quedamos en vernos. Nos vimos y dejamos pendiente pasar un día por la ciudad deportiva de la que tan orgulloso estaba y conociera cadetes llegados de todos los puntos de España "...como hacían los misioneros holandeses para el Ajax...". "Cuando me jubile, voy para allá una semana, que tengo una hermana en Castellón." Me jubilé y al señor Llaneza le vinieron los achaques.
He empezado una despedida para la que no estoy de ánimo y no encuentro palabras. Muchos conocidos y amigos se han acordado de servidor por tanto como he hablado de él, cuando se enteraron de su fallecimiento. Aquí dejo cuatro letras en homenaje a uno de los mejores hombres que ha dado el fútbol español. Pocos como él. Quizás ninguno.
La España TOP
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
La cultura liberalia del 78, que ya había propuesto la creación de un Ministerio de la Verdad, quiere recuperar ahora el Tribunal de Orden Público (TOP) franquista. Lo pide en TV un tertuliano en camiseta para proceder contra “la apología de ciertas circunstancias” (sic), delito, según él, en el que habrían incurrido unos chicos al cantar en la fiesta de Vox que los herederos del partido de don Agapito García Atadell, eximio intelectual y extravagante tipógrafo, nos quiere “devolver al 36”.
Los “ruidos con la Inquisición” de un colegio mayor y de unos cantantes en lo de Vox no son producto de Internet, como sugieren los yesaires del Régimen, sino la sudoración de un pueblo que siempre ha visto en la libertad a su enemigo. La España TOP, un país de viejas del visillo, viene de una servidumbre de siglos.
–España es un país levítico –me dijo el juez Lerga en su casa de la Gran Vía cuando fui a entrevistarlo porque, harto, dejaba la judicatura para volver a la abogacía (y ya en la puerta me despidió con un “Joven, España es una ciénaga”, que luego entendí mejor).
No hay diferencia temporal entre el “pater inquisitor” del convento tertulianés que pide en TV una pasada por el TOP para unos pollos que cantan que el sanchismo nos quiere “devolver al 36” y aquel Pablos que en “El Buscón” denunció al ama que echaba de comer a los pollos en Alcalá con “¡pío, pío!”: “¡Oh, cuerpo de Dios, ama, hubieras hurtado moneda al rey, cosa que yo pudiera callar, y no haber hecho lo que habéis hecho, que es imposible dejarlo de decir!” “Pues Pablos, ¿yo qué he hecho?” “Yo no puedo dejar de dar parte a la Inquisición… ¿No os acordáis que dijisteis a los pollos pío, pío, y es Pío nombre de los papas, cabezas de la Iglesia?”
Da igual quién mande: Torquemada, Felipe II, Franco, Polanco, la Otan o el refitolero Bolaños. La represión del siervo a cargo de los tiralevitas (¡España es un país tiralevítico!) del amo lleva a esa incapacidad expresiva captada, allá en el 24, por Alfonso Reyes al poner la oreja en una terraza de la calle de Alcalá: “¡Hola!” “¡Hola!” “¿Y qué?” “Pues ná.” “¿Y aquello?” “¡Toma! Pues aquello... Así, así, nada más.” “¡Hombre!” “¡Pues claro!” “Pero ¿y la cosa ésa?” “¡Vamos! ¡Quita allá!” “Es que...” “¡Quiá, hombre!” “¡Anda! ¿Y éste? ¿Qué se ha figurao?” “¡Bueno, hombre, bueno!” “¡Pues hombre!”
–No se define nada. Precisar duele. Un vago rumor de almas en limbo…
O de moscas en un vaso. Es lo que hace a la sociedad española espiritualmente invivible, verdad que Dostoyevski puso en boca del Gran Inquisidor: la humanidad nunca ha buscado la libertad y nunca lo hará.
–¿Ves estas piedras del desierto? Conviértelas en panes y detrás de ti correrá la humanidad como un rebaño agradecido. Pero tú no quisiste privar al hombre de libertad y rechazaste la proposición, pues ¿cómo puede hablarse de libertad, razonaste tú, si la obediencia se compra con pan?
Marchando, pues, ese Tribunal de Orden Público.
[Martes, 14 de Octubre]
Camba al día. La abolición de la aristocracia
Julio Camba
Abc
Tant que ça ira, ça ira, ça ira
Les aristos
A la lanterne---
Tant que ça ira, ça ira, ça ira
Les Aristos
On les pendra.
El Gobierno provisional de la República se creaía, sin duda, que un duque era una especie de general con mando; un marqués, algo así como un teniente coronel, et si ceteris. No de otro modo se explica aquel famoso decreto en el que se suspendía a estos señores en sus funciones. Yo estaba a la sazón en Nueva York, donde un amigo vino a verme asombrado.
-Pero ¿es que en España -me preguntó- quedan todavía señores de horca y cuchillo?
-No exactamente -le respondí-. A lo sumo quedaban algunos señores de cuchillo y tenedor; pero la mayoría tenía muy poca cosa que poner bajo estos instrumentos.
-Es increíble -exclamó mi amigo-. ¿En qué consiste, entonces, la abolición de la aristocracia?
-¡Qué sé yo!... En algo debe consistir, seguramente. El caso es que nosotros hemos hecho una Revolución, y cuando se hace una Revolución, hay que suprimir la aristocracia.
-Pero ¿cómo van ustedes a suprimir la aristocracia, si no tienen aristocracia? ¿No comprende usted que esto es muy difícil?
-¿Y no comprende usted que nos sería mucho más difícil aún el suprimirla si, en efecto, la tuviéramos? ¿No se le ocurre pensar que, a lo mejor, la aristocracia iba y se defendía?
-No lo entiendo -dijo mi amigo.
Por mi parte, yo confieso que tampoco lo entendía: ¿pero qué quieren ustedes? En el extranjero hay que disimular un poco las cosas. Parece mentira que unos hombres tan "cafeteados" como los del Gobierno provisional de la República creyesen que nuestros duques eran todos Albas o Medinacelis, e ignorasen que la inmensa mayoría de ellos tenían que ganarse la vida correteando automóviles, máquinas de escribir o aparatos de radio. O creo que no lo ignoraban; pero, viviendo como vivían en pleno folletín, era igual que si lo ignorasen, y por eso lanzaron aquel famoso decreto, en cuya virtud quedaron arruinadas tantas familias que, si no vivían directamente de sus títulos nobiliarios, vivían, en gran parte, del atractivo que estos títulos ejercían sobre los compradores de automóviles o pianolas, generalmente socialistas.
¡Decreto magnífico, que suprimía lo inexistente! Decreto que cogía a un duque y, ¡zas!, en un dos por tres y con el más perfecto automatismo lo dejaba convertido en un ex duque. ¿Pero qué tiene un ex duque de menos que un duque? Un duque es un hombre que heredó el título de sus antepasados, o que lo recibió directamente del Rey, y un ex duque es un ciudadano que recibió su título del Rey, o lo heredó de sus antepasados, y a quien la República, lejos de quitarle nada, le ha añadido la partícula ex.
-¿Quiere usted decir -me preguntó mi amigo el americano cuando yo le expliqué algo de esto- que los nobles españoles tienen ahora unos títulos más largos y más sonoros que antes?
Y, ¡qué remedio!, me vi obligado a contestarle que tal era, en efecto, la realidad.
[Jueves, 5 de Julio de 1934]
jueves, 20 de octubre de 2022
Vida del pintor Bonifacio. El ojo del cangrejo que espía al monstruo camuflado I
BONIFACIO
Turner, 1992
Ignacio Ruiz Quintano
XXX
El ojo del cangrejo que espía al monstruo camuflado I
Ni el mismo Bonifacio, si se sentara a pensarlo, sabría qué es lo que de veras queda en Bonifacio de aquellos días interminables de entomología conquense, salpresando a los insectos en una pictórica catástrofe. Tal vez, la saveur, que es la sal de la pintura que Bonifacio arroja en señal de desafío, como los luchadores de sumo, contra esos cuadros que se amontonan en su estudio como las muletas en la gruta de Lourdes.
Su batalla es espiritual –la otra, la física, es una cuestión de ritmo– y su goce está en poder librarla.
En sus títulos (El cerro de los locos, El bosque de Vespasiano, Animales cornudos, Una rosa en cada mesa, Cretinos, Las malas noticias vienen con el café del desayuno,…) no ha de buscarse el juego literario, sino la correspondencia verbal a una imagen plástica: con Bonifacio, primero es el cuadro, y después, el título, que a él, por cierto, le da lo mismo.
De hecho, si Bonifacio pone títulos a sus cuadros, sólo lo hace cuando tiene muchos, y para poder distinguirlos: “Los cuadros –dice– se terminan solos”.
No se las da Bonifacio de lo que la gente llamaría un poeta, y se le antoja plática de menos pararse a discutir si la pintura es poesía muda o si la poesía es pintura que habla.
Según las reglas de Bonifacio, pase que una imagen pueda sugerir estados de ánimo, pero que no cuente historias. Las historias, si han de contarse, que las cuenten los críticos y demás invencioneros del arte, con sus insufribles proposiciones paradójicas sobre la inteligencia y la sensibilidad de los artistas.
Bonifacio cree que los cuadros se borran y se retocan, pero que jamás se rompen, y, si un cuadro se resiste al borrón o al retoque, entonces hay que mezclarlo con los demás, que será la única manera de darlo por terminado, y por eso conviene pintar, a la vez, muchos cuadros.
Con un cuadro solo, Bonifacio se aburre pintando, y siempre tiene al retortero diez o quince cuadros. Comienza con los dibujos, y de los dibujos salen los cuadros: “Despacio, porque, hombre, tampoco soy un pulpo”. Luego, al crítico que se lamenta de que estos métodos no figuren en los clásicos, Bonifacio le responderá que él también es de los clásicos.
Bonifacio es un pintor sin influencias que sólo se sujeta a ciertas proporciones: las proporciones que se salen de las del ser humano, ésas, por una fatalidad que ignora, no las ve bien.
Para lo demás, al decir de Bonifacio, únicamente se necesita una técnica suficiente, una cuenta corriente y una crítica moliente a la que ningún pintor debería de hacer caso; la técnica, para salir adelante en la tela; la cuenta, para salir adelante en la vida; y la crítica, para salir adelante en la galería.
Con Julieta García-Ochoa y el autor
Los idus nucleares
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
Al padre de la historia los griegos le llamaban el padre de la
mentira, pero él decía escribir para preservar la memoria de los
hombres, fuesen griegos o bárbaros:
–Ellos, y la causa por la que fueron a la guerra, son mi tema.
Bendito Heródoto,
que podía indagar las causas de las guerras sin temor al algoritmo de
las Big Tech (“quien escribe se proscribe”), versión gringa de la
escopofilia (españolísimo placer) de las viejas del visillo desplegadas
por el Observatorio Universal de Vigilancia de Pensamientos Divergentes.
La experiencia es que a cada pucherazo en América (Kennedy, Bush, Biden) le sigue una movida mundial por lo civil… y por lo nuclear. Mi primer recuerdo como “ser social” es el terror pánico a lo nuclear viendo el entierro de Kennedy en la tele de la vecina; y el último, ese miedo educado a lo nuclear que hoy agota en el supermercado del barrio el papel higiénico, sustituido por artículos de prensa que alertan de los efectos secundarios del yodo como detente contra los señores del fuego atómico, cosa que no venía en mi Jaspers (“La bomba atómica y el futuro de la humanidad”) y tampoco en mi Heidegger (“Carta sobre el humanismo”), para quienes, según Sloterdijk (socialdemócrata pata negra), los dos relámpagos lumínicos en el país del Sol Naciente surgieron del humanocentrismo (“religión política del hombre occidental globalizado”): eran ingenio y arte humano en su más genuina expresión.
¿Para qué el fuego nuclear?
Se cita una frase hegeliana: “La humanidad necesitaba, en la
transición del feudalismo al absolutismo, la pólvora, y apareció”. De
aquí la cuestión schmittiana: “¿Será posible que también hayan surgido
los modernos medios de destrucción porque la humanidad moderna
necesitaba de ellos? Y ¿qué es lo que la humanidad necesitaba cuando
surgieron estos medios de destrucción?”
–En todo caso, es precisa una guerra justa para poder ser justificada la aplicación de tales medios de destrucción.
Y vuelve uno a casa sin papel, pero más tranquilo.
[Martes, 15 de Marzo de 2022]
miércoles, 19 de octubre de 2022
El planeta puede suicidarse
Agustín de Foxá
Abc
Madrid, 1 de Septiembre de 1945
No hemos acertado; hace año y medio -en febrero del 44-, en estas mismas columnas, y en un artículo titulado El siglo XXI, nos atrevimos a vaticinar que el año 2000 sería el de la desintegración de la materia.
La vida se nos ha adelantado en cincuenta y cinco años.
Porque este mes de agosto de 1945 marca el comienzo de una etapa definitiva en la historia de la Tierra. Tanto es así, que en el aspecto físico sólo pueden aproximarse a su importancia, en el pasado, la conquista del fuego, el descubrimiento de América y la revelación de los microbios, y en el futuro, el viaje a otros astros.
El presidente Truman, jefe de la nación más poderosa del mundo, con sus gafas burguesas y su flexible democrático, ha pronunciado palabras dignas del Génesis... El premier Attlee, en nombre del Imperio británico, dueño de los mares, ha hablado de la bomba atómica; Rusia, con sus doscientos millones de habitantes, se ha decidido ante su potencia a declarar la guerra a Tokio; el Vaticano la censura, si se emplea sólo en la destrucción; se van a modificar por ella las conclusiones de la Conferencia de San Francisco; el arzobuispo de Canterbury centró sobre este explosivo su sermón ante los Reyes de Inglaterra, en la Catedral anglicana de San Pablo; y un dios oriental, hijo del Sol, siente vacilar sobre sus sienes amarillas su milenaria corona, contemporánea de Tutankamen.
Y es sencillamente que se ha llegado a los cimientos del Universo; a la estructura última de las cosas; que se ha tocado el barro cósmico de Adán; la arcilla, aún fresca, con las huellas dactilares de la Mano Creadora.
El hombre, como un dios de lo infinitamente pequeño, ha intervenido en ese sistema solar, que es un átomo (donde los electrones-planetas giran alrededor del protón a distancias proporcionalmente mayores que las de Plutón en torno al Sol), y una vez en lo ultramicrocóspico, ha estrellado la Luna contra la Tierra; ha hecho chocar a Marte con el océano Pacífico; modificado la órbita de Neptuno; ha precipitado al anillado de Saturno en la hoguera del Sol y embutido la ardiente Venus en la helada corteza de Urano, aprovechando esa fuerza inconcebible y planetaria, para quemar -como a un abanico o a un biombo- una extraña y populosa ciudad japonesa.
¿Recordáis el parte militar, cósmico, catastrófico, como si fuera de la Edad de los glaciares, y que parece anterior al Hombre y a la Historia? Decía: "La vida ha dejado de existir en Hiroshima." Y a continuación se hablaba de la desaparición de hombres, animales, plantas e insectos. ¡Y qué japonesa resultaba esa minuciosa alusión a la mariposa! Sin duda ese día murió el gran pez de ojos miopes y abultados y se carbonizaron los frescos almendros sonrosados en las edades del volcán.
Porque esa bomba fabulosa no ha sido descrita esta vez por los corresponsales de guerra, sino por sismógrafos, como si se tratara de un terremoto. Y es que todo en ella es astronómico y geológico. El humo de la explosión (como una seta del Carbonífero y los reptiles gigantes) se elevó a una altura superior a una vez y media del monte Everest; y la huella del impacto recuerda a los cráteres de la Luna, el silencioso astro, cuyo paisaje agujereado acaso sea, simplemente, el campo de batalla de su última guerra atómica que acabó con la vida y evaporó su atmósfera.
Las víctimas de Hiroshima (sin cadáver, sin esqueleto, sin cenizas) son sin duda los muertos más muertos de la tierra; y la ciudad es ahora el cono de un volcán habitado por no-nacidos.
El 16 de julio pasado, en el desierto colorado de Nuevo Méjico, sobre una torre de acero, y con una luz más brillante y cegadoras que la del Sol, se vio libre por primera vez a la energía; se la descongeló de esa mansa materia, de esos macizos fantasmas que son una mesa, un mineral o un árbol; el 16 de julio de 1945 se libertó a un dios terrible, se rompieron las cadenas de una fuerza irresistible con que la Providencia la había sabiamente sujetado para hacer posible el Universo.
Porque con el átomo -argamasa celeste o cal viva para ángeles albañiles- se ha edificado todo cuanto es: la nebulosa y la tinta con que escribo; el geranio y la ballena; la herrumbre del hierro y la boca fresca de la muchacha.
Toda la América del Norte será el santuario de este nuevo ídolo; la poética ciudad de Oakridge (Loma de las Encinas), nacida para su fabricación, será su Meca terrible o su implacable Jerusalén; se pondrán centinelas y se montarán velas nocturnas en torno a su altar; habrá iniciados y fórmulas mágicas impenetrables; tendrá sus mártires y sus perseguidores, y todas las naciones, grandes o chicas, suspirarán por su posesión.
Ya es la bomba superior a su creador, y el presidente Truman ha dicho, prudentemente, que no revelará su secreto "hasta que podamos protegernos y proteger al resto del mundo contra ella; hasta que tengamos los medios para dominarla".
Se ha llegado a los linderos prohibidos, donde la Física roza ya la Teología, y estamos ya en aquel monte en el cual Moisés fue tapado piadosamente por una mano para que sólo viera la espalda de Aquél que pasaba y cuyo rostro resplandeciente produce la muerte instantánea a quienes la contemplan.
Pensad que la desintegración de la materia sólo está en sus comienzos, en sus balbuceos, que se progresará a una velocidad de vértigo, y no olvidéis que el brigadier Thomas Farrell, elogiando la bomba de Nagasaki, afirmó desdeñosamente que la de Hiroshima (arrojada dos o tres días antes) estaba ya "muy anticuada", como si hablara de un mueble isabelino o de un fusil de chispa.
Y, sin embargo, no son estos los grandes descubrimientos del hombre, y por este camino vamos derechos a la destrucción de todo lo existente.
Porque uno de los grandes inventos fue decir (en medio de una Asia despótica y cegadora de esclavos; de una Europa todavía en la Edad de bronce): "Amaos los unos a los otros".
Porque hemos abandonado el mundo del espíritu; pero hubo un tiempo en que se realizaron grandes inventos; y San Francisco con su "Hermano lobo" fue un Edison para los paisajes y el amor de los seres vivientes; y Santo Tomás gue un Einstein de la Teología; y Santa Teresa, en las cimas relampagueantes de la mística, superó, en celebridad e influjo en las masas, a madame Curie.
Nos hemos entregado a la materia y la materia, disgregada, se nos escapa de las manos. Ya es asombroso que el sabio príncipe Luis de Broglie haya afirmado, para tranquilizarnos, que "es algo exagerado, por ahora, afirmar que la bomba atómica puede hacer volar el planeta".
Pero sí; la Tierra puede suicidarse; con sus Himalayas, océanos, continentes, con sus billones de toneladas de metales y rocas se ha hecho frágil, de cristal, y es ya tan quebradiza como un juego de té de porcelana.
Porque ya sabemos que estamos formados de vacíos siderales; que un hombre concentrado tiene el tamaño de una punta de alfiler; que la Tierra está tejida como un cestillo de gitanos, y que, tirando de un cabo, podemos deshacerla, como un chaleco de punto.
Ya los futuros partes de guerra serán escalofriantes: "En Filipinas fueron desintegradas dos islas, seguras, y tres, probables".
Hasta que un gran loco (y por ello, naturalmente, conductor de una gran masa de hombres), viéndose acorralado y tras una arenga llameante, haga saltar en trozos el planeta; lo cual, dada nuestra maldad, nuestros crímenes y codicias, sería el mejor final de una desdichada bola del mundo, enrojecida por la sangre.
Íbamos a terminar nuestro artículo con este amargo párrafo; pero está atardeciendo dulcemente entre los árboles del Retiro, cercano a la Casa de Fieras, y un sol anaranjado da en el tejado indostánico, con las puntas ligeramente levantadas, de la casa del elefante.
Se están durmiendo las acacias y se han encendido -blancos lunares- los faroles de gas; por la verja de hierro cruzan dos novios; y él ha pasado su brazo por la breve cintura de ella. Y pienso: como siempre, el amor, el gran integrador de átomos.
EL PERIÓDICO DEL SIGLO
LUCA DE TENA EDICIONES, 2003
Casa de Fieras del Retiro
Por qué ha triunfado el arte abstracto
Salvo Walter Benjamin, Adorno y Roland Barthes, la filosofía estética no ha reflexionado sobre el acontecimiento revolucionario que supuso para todas las artes plásticas la invención de la fotografía y el hueco grabado, como tampoco sobre la interesante evolución de la placa fotográfica, desde los fabulosos primitivos de finales del XIX, Nadar y Stieglitz, que apadrinaron a los impresionistas en París y al arte moderno en Nueva York, hasta el celuloide artístico del húngaro Moholy-Nagy, que se unió a los abstractos Kandinsky y Klee en la Bauhaus de Weimar, y creó los fundamentos estéticos del cine en blanco y negro.
Desde entonces, la abstracción y la fotografía han socavado, con herramientas diferentes y finalidades opuestas, los cimientos tradicionales de la pintura figurativa. La idea de conjugar la foto y la pintura para renovar con realismo el arte bidimensional, tuvo una expresión fraudulenta, con el famoso arte «pop» del cínico Andy Warhol, en la década de los sesenta, y una experiencia sincera, con la impresionante frialdad del hiperrealismo urbano del pintor alemán Richard Estes, en la década de los setenta. El arte abstracto no ha triunfado por sus cualidades intrínsecas, sino por el descrédito que la fotografía produjo en la pintura figurativa que no superaba su carencia de valor informativo con genialidad estética o simbólica.
Antonio García-Trevijano
martes, 18 de octubre de 2022
Alemania y los alemanes
Peter Sloterdijk
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
Desde hace un siglo, arranca Peter Sloterdijk su “Crítica de la razón cínica” (verano del 81), la filosofía se está muriendo y no puede hacerlo porque todavía no ha cumplido su misión.
¿Qué pensaría Nietzsche, que predijo que el XXI sería aún peor que el XX, de Olaf Scholz, el canciller con cara de cascabel pisado que no tiene gas para el invierno y se propone montar un ejército de cien mil millones de euros con vales para el economato del Uncle Sam? ¿Qué piensa Habermas, que en el 99 le montó el pollo mediático a Sloterdijk por sus “Normas para el parque humano. Una respuesta a la ‘Carta sobre el humanismo’ de Heidegger”?
La sociedad alemana, explicará Sloterdijk, pone a prueba su condición psicológico-social a través de escándalos (¡escándalos Habermas!), constatando de este modo su falta de seguridad interna y falta de libertad.
–Cuanto más se acerca uno al meollo de la falta de libertad alemana, más se crecen las asociaciones más coaccionadas…, hasta que sólo les queda el recurso de tachar a alguien de nazi. Es la necesidad de justificar los barrotes mentales detrás de los cuales muchos han decidido vivir. Es un autoconfinamiento que yo llamo “síndrome masopatriótico”.
En el 45, la guerra, que esta vez era un conflicto ideológico (“segunda guerra de los Treinta Años”, se la llamó), fue acabada desde el Occidente como un conflicto primordialmente nacional, pues los aliados entraron en Alemania no como liberadores, sino como vencedores, con la fórmula de la “rendición incondicional” (la “unconditonal surrender” de Churchill) acuñada por iniciativa de Roosevelt en la conferencia de Casablanca en enero del 43, detalles subrayados por Gerhard Leibholz, jurista de confianza del ejército de ocupación, ideólogo del “Estado partidista democrático de las masas populares” (Estado de Partidos para el vulgo) y ponente de la ilegalización de los partidos nazi y comunista (en el caso del comunista, prohibido pero tolerado). De ahí el Plan Morgenthau, diseñador del New Deal para América, cuya solución para Alemania era desindustrializarla y dedicarla a campo de berzas, el cuervo blanco que ya no escaparía a ninguna lista negra.
Sloterdijk construye su crítica de la razón cínica a partir de la cita de Otto Flake sobre el gran defecto de las cabezas alemanas, que consiste en que “no tienen ningún sentido para la ironía, el cinismo, lo grotesco, el desprecio y la burla”. Y Schmitt encontró en Jünger (por cierto, ¡ni un solo día de cautiverio!) el lema: “La ocupación del alemán en estos tiempos es la de acarrear desde todos los rincones del mundo materiales para alimentar el incendio que ha provocado con sus conceptos. No resulta por tanto ningún milagro que todo lo que sea inflamable esté en llamas”.
–Soy una persona amable –dice el jurista–, pero formo parte de un pueblo que miente cuando quiere ser amable.
La locomotora de Europa.
[Martes, 11 de Octubre]
Los Sloterdijk
Von Neumann
Al conseguir la bomba atómica, Oppenheimer dijo sentirse como un «destructor de mundos”. Un poco antes, Bainbridge, tras el primer estallido de la prueba Trinity, lo dijo de otro modo: «Ahora todos somos hijos de puta». Se ha hablado mucho sobre la moralidad de esa investigación. Pero en el Proyecto Manhattan se reunieron, convencidos, muchos científicos europeos. No fueron cuatro halcones. Hubo uno dispensado de instalarse en Los Álamos, Von Neumann.
Von Neumann es uno de los padres de la computación, pionero de la máquina autorreplicante o pionero de la teoría de juegos, entre muchas otras.
Son conocidas las anécdotas sobre su prodigiosa memoria, sus despistes y su genio inmediato. Tras quince años viviendo en una misma casa no podía encontrar los vasos. Llamaba a su mujer para que le recordase por qué había aterrizado en una determinada ciudad. Sin embargo, era capaz de repetir páginas que había leído años atrás.
Su legado científico es conocido, pero además tuvo una gran influencia política.
En los años 30 se hace norteamericano. Es invitado por el IAS, el Instituto de Estudios Avanzados, y se barrunta el peligro nazi y el apogeo totalitario. Pide la nacionalidad y se lleva a su familia a Estados Unidos.
Hay que decir algo sobre el IAS: permitió trabajar a Gödel, Einstein, Oppenheimer y a él mismo, científicos judíos que Princeton rechazaba.
La importancia del IAS es fundamental como puente para que el potencial cintífico judío pasara de Alemania a Estados Unidos.
En ese viaje iba, entre otras cosas, la investigación nuclear.
Einstein y Oppenheimer fueron vitales. El primero, advirtiendo a Roosevelt; el segundo, liderando el proyecto de Los Álamos.
¿Y Neumann?
No ha pasado al pop como Turing, Nash o Enstein, pero fue igual de importante. Por puro convencimiento comenzó a colaborar con el ejército estadounidense, y no dejaría de hacerlo.
Participó en la elaboración de la bomba atómica en lo relativo a la implosión y formó parte de la comisión para elegir dónde detonarla. Su idea era Kyoto. La razón era que siendo la capital cultural, el mayor nivel intelectual de sus habitantes permitiría una mejor percepción de la importancia y magnitud de la bomba.
Hablaba de una recepción inteligente, simbólica, más allá de la devastación. Es decir, introducía ya la importancia, la verdadera importancia instrumental, estratégica, de la bomba. Porque la cruel Guerra en el Pacífico estaba terminada.
Fue Stimson, Secretario de Estado, el que, más respetuoso con la cultura oriental, cambió Kyoto por Hiroshima.
Tras conocerse en 1949 que la URSS tenía armamento nuclear, Von Neumann declaro a Time: «La cuestión no es atacarles, es cuándo atacarles».
Porque una de sus aportaciones fue la incipiente teoría de juegos. El marco estratégico que revolucionaría la economía y que configuraría base racional para las decisiones estratégicas. Y no habría otra más importante que la proliferacion armamentística. Von Neumann pensaba aún en juegos de suma cero, y una guerra nuclear es algo peor.
Después fue ideólogo de la Teoría de la Destrucción Mutua Asegurada, lo que sostuvo una paz tensa durante décadas; asesoró a IBM y alumbró la computación.
Ese rasgo belicoso e implacable de Von Neumann probablemente haya sido la causa de que no sea, en la actualidad, conocido como se merece.
Pero en él había un fuerte convencimiento ideológico: su país fue invadido por los soviéticos y antes que nadie (más listo que nadie) vio la que se estaba organizando en Alemania.
Los Bohr, Ulman, Teller, Kistiakowski, Oppenheimer que pisaron las universidades europeas se verían luego en Los Álamos. Fue como un Normandía al revés y científico. Una carrera contra Hitler y una explosión contra la Unión Soviética.
Neumann no se asocia a la bomba atómica como Oppenheimer, pero es la clave para entender la justificación y excesos de la era atómica.
Fundamentó matemáticamente la física cuántica, participó en la bomba, originó el marco teórico de la Guerra Fría (¿por qué no paz caliente?), la computación y la singularidad tecnológica.
El Dr. Strangelove de Kubrick es trasunto suyo. Que yo sepa, sólo le han dedicado esa parodia.
lunes, 17 de octubre de 2022
Dos que no pierden
Los Calero. Padre e hijo
Francisco Javier Gómez Izquierdo
Al entrenador Xavi Hernández le atraen sobremanera los poéticos versos con los que el simpar Johan Cruyff explicaba el fútbol. Xavi quiere copiar lo de Cruyff sin acabar de entender que los genios van por otro lado. Los entrenadores geniales que el fútbol ha dado no tienen señor, su palabra es más poderosa que la de millones de muchedumbres, no tienen reparo en equivocarse con arte y, lo que es más determinante, no necesitan repetir de continuo que ellos son los que mandan. Sus futbolistas lo notan y procuran aplicarse en sus enseñanzas porque comprenden que como no sea así, no juegan.., y los aficionados de sus equipos les consienten todo.
Servidor esperaba ayer el Burgos-Mirandés con mucho mayor interés que el Madrid-Barça porque el llamado Clásico ya no levanta pasiones. La debilidad azulgrana se quiere disimular tanto en Barcelona como en Madrid -taquillas televisivas tienen la culpa, claro está-, pero todo aficionado que tenga ojos para ver, "s'anterao hace una jartá de tiempo" que Eric García no es jugador para el Barça, que Sergio Roberto, lo hemos puesto aquí muchas veces, es un notable medio pero un defensor deficiente, Balde, ¡bueno, no vamos a hacer leña!.., lo que está claro es que el sistema de Xavi hace demasiadas aguas en defensa y adolece de cierto señoritismo demodé con ese toma y dame en el centro del campo como de hipnotizar cobras. Las cobras pican con demasiada frecuencia al flautista pero el flautista sigue empecinado en lo que se llama "el buen trato del balón" que al parecer es más importante que ganar. No tuvo historia ninguna el partido de ayer. Ganó el Madrid fácil, como si fuera un entrenamiento de cierta exigencia pero sin riesgos, un partido jugado con más placidez que como se juega contra el Valladolid o el Almería. Un partido donde el perdedor no pareció ni la mitad de lo que presume. Un trámite, en suma.
El derby llamativo estaba en El Plantío donde José Antonio Caro llegó a los 928 minutos imbatido. Por parar con las manos hasta donde no debe, fuera del área, lo expulsaron. El gol que rompía la imbatibilidad del Burgos lo recibió el veterano Dani Barrio en el minuto 94 pero como dijo Caro que sabe muy bien lo que dice, "firmo no ser hombre récord por ganar ", se ganó al Mirandés, al que uno aprecia como buen vecino. A mi Burgos le han metido un gol y es más noticia entre el público futbolero en general que el gol de Ferrán en el Bernabéu. El personal se ha quedado con la copla de que aún nadie ha sido capaz de ganarle.
-Y eso que no han podido fichar porque el argentino dejó un "puazo" de no te menees. Se apañan con los que Michu ha buscado por la Segunda B.
Michu habla de salvarnos. Con Julián Calero el Burgos es práctico. Hace lo que mejor sabe: desbaratar los ataques contrarios y picar veneno cuando menos se espera. Julián Calero, de la defensa ha hecho memorable virtud. Su hijo que ¡cómo no! es lateral derecho en el Cartagena defiende casi seguro con algún consejo paterno. Ayer subió la banda y marcó un golazo al Ibiza apareciendo de sopetón. No haría mal en echar un vistazo Xavi Hernández al gol de Iván Calero o al de Mourad, que tampoco es manco. Dos "pam, pam" quizás de escasa elaboración para su gusto, pero tan demoledores como el galopar de Vinicius o los cañonazos de Valverde, a los que tiene por métodos poco elegantes.
¡¡Aúpa el Burgos!!
Teoría del delantero centro
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
El Getafe-Real Madrid resumió el argumento en favor de la Superliga (ese espectáculo acaba con cualquier afición), pero la Superliga tiene en contra a Zelensky, que escribió (se supone que a instancias de Boris el Confinador, que ejerce de abogado del Diablo, que en este caso es la Premier) una carta al uefo Ceferino instándole a perseverar en su lucha contra la Superliga porque la Superliga es un caballo troyano contra la Democracia Liberal, que sería la encargada, una vez hundido el negocio del fútbol, de pagar las nóminas de Pedri y Carvajal, por citar a las dos estrellas españolas (no sabría uno decir cuál de las dos brilla más) de Barcelona y Real Madrid, que son quienes tiran del carro de los pinchazos de pago en TV.
Ahora que se acerca el Mundial que nunca debió celebrarse, resurge el nacionalismo batueco, y el Relato nos recuerda que, por un español que juega en el Madrid, juegan cinco en el PSG, pasando por alto la relación de copas de Europa (14 por 0) entre ambos clubes. Por cierto, que también al Mundial se apunta el Hombre a la Moda: lo hace de la mano de Rubiales (¿qué puede salir mal?) para organizar el de 2030, fecha en la que, tal como discurren las cosas, lo más probable es que estemos todos calvos.
Mientras tanto, impostemos normalidad. Estábamos con la democracia. Cuando Cruyff decía que el fútbol es el deporte democrático por excelencia, se refería a que lo puede jugar todo el mundo: hombres y mujeres, viejos y jóvenes, gordos y flacos, altos y bajos… Nunca se metió en otros jardines, aunque en su debe figura el personaje Guardiola, construido con un recogepelotas, que después de décadas vendiéndonos el tiquitaca como la fenomenología del espíritu futbolístico va y descubre… el delantero centro.
Pero el idealismo absoluto no son los rondos de la Masía, que no pasan de ser las rosquillas de la tía Javiera que ofrece el Relato. ¡El idealismo absoluto es el Delantero Centro! Hegel se sentó a escribir su fenomenología del espíritu (que me corrija Pablemos, el Alain español, si no es así) la noche en que desde su casa oyó los cascos de los caballos de la escolta de Napoléon camino de la batalla de Jena. Son los cascos de Haaland en la batalla del área de gol. Con Haaland, el “fupbol” guardiolés deja de ser la corteza de torrezno dando vueltas en la boca de un viejo sin dientes para convertirse en el alimento de un monstruo que reduce el fútbol a meter goles, con lo que, de paso, Guardiola acredita su españolidad.
–El pueblo español –nos explicó aquí Ruano– invierte sus ahorros en la lotería en lugar de dedicarlos a la industria, de la misma manera que, en vez de canalizar sus ríos, organiza rogativas durante las épocas de sequía. El trabajo no le inspira ninguna confianza, y, además, le resulta incómodo. Que trabajen los pueblos de poca fe; pero no aquellos que creen en la Providencia.
La Providencia es Haaland, y todo lo demás, trabajar, como se vio el sábado en Getafe, cerca de donde una vez los milicianos “afusilaron” al Corazón de Jesús, sin nadie que aprovechara los maravillosos alborotos de Vinicius, que luego, para el remate, tiene la curva de mortero de Butragueño (¡aquellas semifinales contra el PSV en el 88!), aunque con una Champions más.
Harto de aguantar la chapa del “fupbol”, Ancelotti, el único entrenador que viste como un caballero (aunque se deja tutear en público –¡el tuteo falangista!– por las parpayuelas del Plus o lo que eso sea), ha tenido que contestar a Xavi que “el fútbol no es sólo pasarse el balón”, y con razón. El fútbol, como acaba de descubrir Guardiola, es pasarle el balón al delantero centro, si lo tienes (aquí nos iríamos a la jugosa metáfora mourinhista del gato y el perro de caza). “¿Dónde está el delantero centro?”, es una novela de Gary Lineker escrita para desahogar el estrés que le produjo que Cruyff lo alineara de extremo, cuando él era delantero centro, si bien ha pasado a la historia no por sus goles, sino por sus dichos, alentados por un afán de notoriedad churchilliano (Lineker, como Churchill según el conde de Birkenhead, se ha pasado “los mejores años de la vida preparando ocurrencias espontáneas”) que le ha llevado a apuntarse al victimismo racial: “En Leicester sufrí abusos racistas en la escuela y un par de veces durante mi carrera futbolística por mi piel oscura”, recibiendo un tuitazo de Nigel Farage:
–Oh please, GaryLineker. I know you suffer from guilt, but this is simply ridiculous.
Después de todo, ¿qué podría decir Vinicius? Por ser el jugador más entretenido de la Liga, recibe un trato (mediático, social, arbitral) que en la Premier no ha recibido ni Zouma después de publicarse su video doméstico pateando a un gato, con lo que eso supone en Inglaterra. La España invivible.
LA RAYA DE UNAMUNO
Al Madrid le birlaron un penalti en Getafe porque los comentaristas de guardia, los mismos que en Europa piden penaltis para el Barcelona, gritaron “¡raya!” ¿Raya? Es la raya que imaginó Unamuno: España dividida en dos vertientes por una línea transversal que va del centro del Pirineo al cabo de San Vicente, “y Madrid queda más bien al lado de Levante que del otro”. Eso es todo. Y, como dice el Génesis, Roures vio que era bueno.
[Lunes, 10 de Octubre]
La bomba atómica de Jardiel
"El analfabeto de mañana"
Moholy-Nagy
«El analfabeto de mañana no será aquél que no sepa leer o escribir, sino el que no sepa nada de fotografía». Esta premonición de Moholy-Nagy, que hoy se repite respecto de la nueva tecnología visual, resumía los objetivos del Frente del Arte de izquierda. Una asociación de constructivistas, creada en 1923, que abordó la fotografía «como medio que actúa sobre la conciencia, ya sea creándola o trasformándola». Allí convergieron cineastas del talento de Eisenstein, Pudovkin y Vertov, con fotógrafos de la «Nueva Visión» como Rodchenko, Ignatovich, Petrusov y Shaijet.
No tardó en producirse una tensión política, que llegó a ser dramática en los años treinta, entre los formalistas (Eisenstein, Rodchenko, Moholy-Nagy) y los documentalistas (Vertov, Shaijet). El conflicto está narrado en el libro de la Bauhaus «Pintura, fotografía, cine». Pero la inclinación de los primeros a integrar la fotografía y el cine en el arte constructivista, derivado de Malevich, y la subordinación de los medios artísticos a los fines proletarios, en los segundos, no impidió que unos y otros abrazaran las innovaciones gráficas de la «Nueva Visión»: primerísimos planos, picados vertiginosos, contrapicados, masas en formación geométrica, sustitución del retrato sintético por el analítico, composiciones en diagonal, perspectivas monumentalistas, valor asociativo o secuencial del fotograma y arte autónomo del montaje.
Es un crimen cultural que la modernidad capitalista haya degenerado esta hermosa herencia hasta el grado de las fotografías de Hilla y Bernd Becher, premiadas como esculturas en la Bienal de Venecia de 1993, de las pinturas fotoquímicas de Sigmar Polke (en la fraudulenta senda de Andy Warhol) o de la repugnante composición fotográfica de tres mujeres desnudas y una vestida, posando en medio de un desorden doméstico artificial, titulada «Una visión marxista», que el profesor de la Universidad de Nueva York en Buffalo, Leslie Robert Krims, tuvo el mal gusto de realizar en 1984.
Antonio García-Trevijano
domingo, 16 de octubre de 2022
Ricardo, el aficionado
Los sesenta de Ricardo
Francisco Javier Gómez Izquierdo
Cuando se conoce a un tipo como Ricardo Casado se resuelven todas las dudas sobre las características que debe reunir el buen aficionado al fútbol. El buen aficionado debe sentir a su club como si fuera de la familia. Disfrutar sin excentricidades en los días de gloria y aguantar con entereza los reveses que a veces pueden llegar hasta la humillación y sobre todo no renegar jamás, como no se reniega del hijo delincuente. Si hay que pasar vergüenza se pasa, pero el buen aficionado no abandona nunca y renueva el carnét incluso cuando se desciende a Tercera División cinco años después de vértelas en Primera con los grandes.
Para encontrar un buen aficionado entre los clubes grandes hay que rebuscar mucho y aún así es imposible toparse con uno que haya llevado bocadillos a sus jugadores encerrados o haya puesto quinientos euros en acciones a fondo perdido para salvar ruinas evidentes. El buen aficionado en estado puro es muy escaso. Se hace visible en clubes menesterosos y así se convierte en noticia de telediario que un tipo haya cogido su coche en Córdoba y se haya plantado en Oviedo a final de temporada a acompañar en la tribulación a su equipo ya descendido. Javier lo hizo en soledad y toda España lo vió en los telediarios.
Ricardo Casado es de calaña parecida a la de Javier pero así como Javier es cordobesismo anacorético y no se interesa por la marcha del Villarreal o la cantera del Barça, Ricardo es multidisciplinario en cuestiones balompédicas. Tiene sus particulares puntos de vista sobre tácticas, entrenadores y demás, como todo español que se precie, pero luego se sacrifica como a nadie he visto por "su" Córdoba. Ricardo ha estado esta temporada en todos los partidos blanquiverdes. En Valdebebas contra el Castilla, en el Reino de León contra la Cultural y en Barreiro que es donde juega el Celta B. Madrugones, trasnoches, gasolina y encuentros con aficionados puros en esos modestos estadios a los que acude una familia de Córdoba que vive en Burgos y "... como León no nos pilla tan lejos..." O un tal Antolín que reconoce el nombre de López Murga en nuestra bufanda viajera y le dice que le dé recuerdos , "...que estuvo en el Palencia muy joven". "Ricardo, -le apunta un servidor- en ese Palencia estuvo Florián Maldonado que estudió conmigo en los marianistas de Burgos y luego jugó en el Español en Primera. También Ferrero, que para los burgaleses es todo un ídolo".
De las expediciones de Ricardo ahora y siempre -a costa del peculio qu ahorra por no fumar- tienen noticia en el club pues no en vano Ricardo es cordobita-cordobita, hijo de Juanito Casado, componente del grupo Sierra Morena, triunfador en Cádiz y autor del ya internacional himno Soy Cordobés. De Ricardo hablamos cuando fue a Kiev a ayudar a España a traerse la Eurocopa; de cómo Reina le cazó al vuelo la bufanda de nuestra peña y se la anudó para salir pinturero en las fotos; de cómo el gran Luis Aragonés se retrató con él diciéndole con su vozarrón "el honor es mío", cuando con esa educación que gasta nuestro Ricardo le abordó con un "¿Me haría el honor..?" Ricardo cumple el número redondo de los 60 años y alguien se ha ocupado de hacerle una camiseta, pasársela al Club a la firma y no vean qué momentos de felicidad está viviendo el tío. Y es que cuando se conoce a un tipo como Ricardo Casado se resuelven todas las dudas sobre las imprescindibles características que debe reunir el buen aficionado al fútbol.
Felicidades, perillán.
El otro día en el Reino de León
Con Luis Aragonés en Kiev
Festival de Chinchón (Sin Privilegio Real*)
El paseíllo
La faena
El cite
El Cid
El papeo
FIN
*Real plaza de toros de Chinchón, con el tablado que la tradición cree un regalo de Frascuelo. En esta edición, y por decisión municipal, se derogó el Privilegio Real de Callejón. Otra victoria de la Elite sobre el Demos.





































