lunes, 6 de agosto de 2012

Grandes momentos del antitaurinismo en El Puerto. Morante y los bautismos masivos

Rayas de sal en la Plaza Real
El único salero de la tauromaquia jediez

José Ramón Márquez

Para hoy se había anunciado un ‘apasionante’ mano a mano en El Puerto entre Morante de la Puebla y José María Manzanares con toros de Zalduendo, Victoriano del Río y Juan Pedro Domecq. Se cayó Manzanares del cartel y la empresa Serolo lo sustituyó por Finito de Córdoba y por Miguel Ángel Perera, con lo que se dio por concluido el ‘apasionante’ mano a mano y se pasó a corrida normal y corriente, de las de todos los días.

De los toros apenas nada hay que decir, porque no hubo tal. Da igual que los bichos llevasen en la espalda tal o cual divisa, porque la corrida de hoy, de tres propietarios distintos, resultó bastante más pareja que la de ayer, que sólo era de uno. De los seis bóvidos descastados, febles, huidizos y tontos que salieron a la Plaza Real posiblemente el más mentecato fuese el que premonitoriamente ostentaba el nombre de Haraposo, número 161, que a éste le cuentas que el origen de su estirpe procede de Vicente José Vázquez, del Rey Fernando VII y del Duque de Veragua y le da un soponcio, porque más parecía que el animalejo era de estirpe de mistolobo por la línea Rin-tin-tin.
El hecho de que Haraposo fuese, por así decirlo, el que dio el nivel más bajo de toricidad no quiere decir ni mucho menos que sus primillos anduviesen con algo más de lo que se le suele pedir a un toro de lidia: fuerza, poder, listeza, casta, mansedumbre e incluso ese inalcanzable ideal llamado ‘bravura’. Nada de eso trajeron a El Puerto los seis carcamales que habían seleccionado con tanto esmero para el ‘apasionante’ mano a mano, traspasados a la corrida normal que le sucedió. Nada salvo aptitud cárnica, boyanconería y un esmerado y selecto descaste que, unido a su imbecilidad, los hacían óptimos para tardes de arte y de parar el tiempo.

Y es verdad que algo pasaba con el tiempo, porque el reloj de la Plaza iba atrasado doce minutos y a las ocho menos veinte aún no se habían sentado ni el Presidente ni sus asesores en su palco, por lo que no es descabellado pensar que es posible que algún efluvio morantesco incontrolado escacharrase el reloj del usía y el que hay sobre el tendido 10.

A Finito no se le tiene en gran ley en El Puerto. Su última actuación en la Plaza Real fue lo suficientemente bochornosa como para salir de allí entre las iras de la afición. Se comprende su inclusión en el cartel dado que sus honorarios no deben ser muy elevados. El hombre, que hace lustros se apeó del tren del toreo para aposentarse en el expreso de la jindama, no engaña a nadie. Posiblemente se acabó como torero con la fortísima cogida de Málaga, siendo una gran promesa como novillero. A su demostrable falta de valor no se le puede poner ningún pero, dado que el miedo es libre, pero a la patente falta de oficio con que taparla, sí. Y si se hubiese visto anunciado con la del Conde de la Maza que se estaba dando mientras tanto en Madrid, pues se le disculpa por el trago que hay que pasar, pero estar con esos perrillos falderos con todas las prevenciones como si se encontrase frente a leviatanes, no. Digamos que entretuvo el tiempo entre que si me pongo, que si la pongo, que si se viene, que si me quito y que a sus dos bóvidos los mató a la última.

Morante era la causa que explicaba la magnífica entrada que hoy registraba la Plaza. Moranteros de aquende y de allende vinieron en peregrinación en pos de su ídolo dispuestos a encantarse con cualquier hueso o tajadilla que les echase a sus golosas fauces. En realidad, durante las dos comparecencias de Morante de hoy, el ambiente que se respiraba era como en esos bautismos masivos que hacen algunos predicadores en los Estados Unidos, con los creyentes alabando a la deidad con sus canónicos ¡Bieeeen! y con la deidad, que tira un poco a Buda por lo fondoncillo que está, regalándoles sus medios pases y sus raptos de inspiración. Quede claro que ahí no hay faena ni nada que se le parezca. Si el toro le achucha un poco -bien poco-, parece que va a tirar por la calle de en medio y abreviar, pero de pronto, en un molinete gracioso y abelmontado, es decir, dado en el costillar de la res, vuelve el ¡Bieeeen! y entonces el torero decide seguir un rato más. Los pases los va dando por doquier, en diversos terrenos por aquí y por allá, unas veces donde quiere él, otras donde quiere el torillo, y siempre le acompañan los ¡Bieeeen! de sus creyentes, aunque el pase salga enganchado, aunque lo remate por arriba de cualquier modo, los creyentes completan en su imaginación lo que al pase le falta y siempre mana el ¡Bieeeen!, que es como si dijéramos el Amén de esta liturgia tan particular. Y entre todo ese jaleo ininteligible, reseñaremos dos cosas: un redondo soberbio en su primero y el inspirado inicio de la faena a su segundo, agarrado a la barrera, emulando a Rafael el Gallo, le da tres por alto y luego le gana el terreno con uno de trinchera y remata inspiradamente con un kikirikí. Homenaje a Gallito en el centenario de su alternativa. Si eso se lo llega a hacer a un toro de arrobas y de poder, nos tiramos a la Plaza de cabeza.

Perera, visto lo visto, tenía la tarde a su favor para ser el neto triunfador. Se lució con el capote en sus dos toros con gaoneras de las que se dan cuando no le tienes miedo al toro y planteó dos faenas muy en jediez, faenas técnicas, con temple, ligadas y por afuera, faenas sin emoción donde se ve a un torero que domina el oficio. Digamos que Perera estaba como a mil quilómetros de sus torillos y eso es lo que quizás otorgaba cierta frialdad al trasteo. Al ser Perera tan alto, estos toros caniches desmerecen mucho en sus manos; a Morante no le pasa porque es bajito y como está gordete parece aún más chaparrito con lo que el conjunto de la cabrita y el torero queda más armónico, pero en el caso de Perera la cosa no funciona así. Posiblemente lo que este hombre necesitase fuese cambiar su mente y darse cuenta de que su salvación como torero está en ponerse con toros de más respeto, abandonar el tocomocho del jediez que tan poco le ha dado y replantear las ganaderías con las que va a vérselas.

Con todo a favor y la plaza rendida mató de pena y se fue de la Plaza Real por su propio pie. Repite el próximo día 11 con toros de Santiago Domecq. Más de lo mismo.
El dominio sobre el continuo espacio temporal de Morante le salvó de recibir el tercer aviso en su primero. Se pasó tanto con sus pases, cambiando de terrenos al bichejo y  fallando con el estoque que sonaron dos avisos, pero él, con su don de detener el transcurso del tiempo consiguió ganar los segundos que precisaba para que la media perpendicular y el descabello le salvasen del oprobio del tercer aviso.

Los carteles

La papela con los galafates de la terrible morantada

Trenzado socialdemócrata

Paseíllo
Morante, Perera, Finito

 Enamorado
 (¿De la moda juvenil?)

Enamorado con peones

Sufragio universal

Finito y la fiera corrupia
(¡Y cómo da lecciones luego, cuando comenta para Molés!)

El ojo avizor de Don Vázquez
¿Por qué odiará ese tío a los toros?

El pueblo se parte de risa con Jerifalte

Y Morante parando el tiempo

Juguete
Mera merita justicia poética

Juguete y Perera, que no lo rompió

Perera en firmes y Finito en descanso

...este brindis va por ellas,
nos hisieron sus esclavos
y nos gustan sus cadenas...

La prensa gráfica

Haraposo
Y no decimos más

Poniente, el sol que nos regaló América

Tomás Martín de Vidales

Deslio
Para una fotonovela

El único momento en que Morante no se tapa es dando la vuelta al ruedo

¿Y qué nos dicen de Entrador?

Le petit Guernica

 Castoreños fuera
En la tauromaquia del jediez sobran los picadores


Lunes, 6 de agosto

LA MADRE MUERTA

-España está actualmente como estaba la casa de cierto amigo mío un día en que se le había muerto su madre, y él no tenía dinero para enterrarla.
LONDRES / JULIO CAMBA

Ignacio Ruiz Quintano


El crimen del día...

...8 de junio de 1909

domingo, 5 de agosto de 2012

En la muerte de Chavela Vargas

De cómo Chavela acabó en casa de la Benarroch

El Cid en El Puerto. Qué gran vasallo, si hobiera buen señor (toro)

Alcalareño dando cuenta de un espontáneo que se arrojó al ruedo sin muleta 
ni un mal trapo durante el tercio de banderillas del cuarto, con el ruedo lleno de gente

José Ramón Márquez
 
Toros en El Puerto. Las grímpolas y los gallardetes de Aquilino Duque saludan la primera corrida de la temporada de este verano caracterizado por la abolición del elemento toro de la centenaria Plaza. Este año nadie sabrá lo que es un día de toros porque la presencia del toro no está programada en El Puerto, y el que quiera ver uno no tiene más remedio que meterse bajo los soportales a ver la cabeza disecada del toro Viborito de Anastasio Martín, retinto y bien puesto, segundo toro que salió a esta Plaza en su inauguración al que el cartel confunde con otro.

Y para que se vea lo que las empresas se preocupan por el toro, para que se haga notar lo interesante que fue la corrida de Cebada Gago del año pasado, con la que David Mora estuvo hecho un tío, este año han decidido no traer los toros de La Zorrera, no vaya a ser que el llamado ‘respetable’ se ponga a hacer comparaciones que no interesan.

Para esta primera corrida se anunciaron toros de Manolo González, aunque al final salieron más con el hierro de González Sánchez Dalp, que es lo mismo. Núñez fueron en su origen, y hoy día, vaya usted a saber.

De los seis que salieron por chiqueros el único que parecía más o menos un toro fue el sobrero que sustituyó al sexto, toro de más presencia y de seriedad acorde a la Plaza Real. De los seis que salieron con antelación a él, se puede decir una porción de cosas tales como que el primero era un zapato del pie derecho y el cuarto otro del pie izquierdo, que el segundo se llevaba en la tablilla cinco quilos con el primero aunque comparándoles eran como David y Goliath con la particularidad de que este segundo era, además, un rato feo, que el tercero tenía en el fondo de las anfractuosidades de su ADN algo de lo que hace mucho tiempo debió ser la casta de su origen, porque el pobre se lanzó a derrotar con brío en los burladeros de donde sacó los pitones como escobillas, se arrancó al penco con la pobre alegría que le permitían sus menguadas fuerzas y se echó a los lomos a David Mora cuando más le ninguneaba; que el quinto, pese a su pequeñez, fue el de embestida más vibrante y lista y el que demandaba más toreo.

Con estos dijes, que no parecía que esos siete toros fuesen siquiera del mismo amo ni mucho menos que tuviesen parentesco alguno entre sí, se anunciaron El Cid, César Jiménez y David Mora.
 
De El Cid digamos que hoy hemos visto una sesión de entrenamiento, un ensayo general con público y vestido de luces, porque es tal la superioridad que este hombre demuestra sobre sus, digamos, oponentes, que lo mejor es relajarse y disfrutar en la contemplación de la técnica impecable del torero al servicio de una causa muy menor. Constantemente le demandamos a El Cid que se anuncie con toros acorde a sus condiciones, sobradamente demostradas. Este año brilló con Victorinos en Valencia y se diluyó como un azucarillo en agua tibia en Madrid cuando no tuvo toros enfrente. Dentro de poco se verá de nuevo con Victorinos en Gijón. Hoy ha firmado en El Puerto dos faenas completas y macizas y con esto quiero decir faenas con principio, nudo, desenlace y significado... pero sin oponente a su altura. Al primero lo toreó con extremada suavidad aprovechando la bondad natural del bicho y reventando de puro toreo en una extraordinaria serie de naturales corriendo la mano, llevando al toro muy toreado, empleando esa muñeca prodigiosa que tantas buenas faenas nos ha dado. A su segundo le tuvo que hacer el enfermero pues se derrengaba hasta en los pases por alto y dio un recital de técnica enfocada a exprimir el poquito jugo que tenía el bicho, manejando con gran solvencia los recursos escénicos. Todo la mar de bien, pero en vez de toro tuvo a dos sparring.
 
De César Jiménez no esperábamos nada a priori, pues al ser un torero tan camaleónico uno nunca sabe por qué registro puede salir. Hoy optó por el registro del chico al que le acaban de dar la alternativa apresuradamente y se encuentra como perdido. Ni el tercero, el cacho feo que antes se dijo, ni el quinto, el más encastado y fuertecito de los siete, le sirvieron para poner sobre el albero de El Puerto más que la imagen de un César Jiménez torpe, sin ideas y de brazos escayolados. Siendo un torero tan influenciable a lo mejor debía acercarse a un apoderado del tipo de Luis Álvarez o similar para que le ayudase a encontrar su camino, que por lo visto en el pasado San Isidro y confirmado hoy en la Plaza Real, anda la cosa bastante desdibujada.

Y David Mora, que tantas expectativas hizo concebir a la afición en la temporada pasada, está empeñado el hombre en remedar el toreo a base de hacer lo contrario de lo que hacía el año anterior y tan bien le salía. Parece que el bueno de David se ha bajado la colección de vídeos del toreo del siglo XXI y está dispuesto a aplicar las nefastas enseñanzas de los maestros contemporáneos del destoreo con el fin de ser admitido en el innecesario trust del jediez. Hagámosle justicia constatando que, con los torillos que le tocaron en suerte, no echó la pata adelante ni una sola vez, que resolvió sus faenas entre los cites de perfil y el artero uso del pico de la muleta o manta de Béjar que porta, y que sus faenas sólo estuvieron orientadas a mantener al animal en movimiento, en la ligazón sin ton ni son. Digamos también, en honor a la verdad, que lo más torero que hizo fue el inicio de faena a su segundo, con ayudados por alto, celeste imperio, natural y trinchera, precioso y variado principio que por un momento nos hizo rememorar al David Mora que el año pasado expuso muy sólidos argumentos en las plazas en las que se anunció.

Lo demás fue a la altura: peones tomando el olivo en homenaje a las Olimpiadas de Londres, otro que se tira de zambullón al callejón huyendo de una sombra, otro al que casi le alcanza el toro cuando corre hacia el burladero y, para remate, la nota esperpéntica de un espontáneo que se arroja al ruedo sin muleta ni un mal trapo durante el tercio de banderillas del cuarto, con el ruedo lleno de gente.

El cartel

 Paseíllo
César Jiménez, David Mora, El Cid

El gran Tíbur devorador de kilómetros

El 1

El 1 y El Cid

La oreja

El 2

El 3

El Cid en su segundo

El 4

La cuadrilla

El 5

El 6 que se fue

El 6 que sirvió

El inevitable invertido de Mora

 El único toro con seriedad que ayer había en El Puerto, 
de la ganadería de Anastasio Martín, 
está disecado y etiquetado como 'Bordador' en una dependencia interior de la Plaza. 
Es un error, puesto que en realidad se trata de 'Viborito',
 segundo de los que salieron en la corrida inaugural el día 5 de junio de 1880. 
Lo mató Lagartijo.

Victoria Vera: "Estoy harta de todos estos progres que han surgido de repente, porque creo que uno no se hace progre de la noche a la mañana"


22 de Mayo de 1976


Domingo, 5 de agosto

ECONOMÍA POLÍTICA

-Es muy triste verse obligado a hacer esto. El que más y el que menos de todos nosotros había soñado con el dulce ideal de no saber nunca nada de economía política. Que se encargasen de los negocios los políticos profesionales, y mientras tanto nosotros haríamos tranquilamente nuestros versos y nuestros cuentos. ¡Ay! Las cosas se han puesto de tal manera que nos es absolutamente preciso abandonar esas ilusiones. Dejemos el arte puro como una diversión para países más felices que el nuestro. Nosotros no tenemos tiempo disponible para divertirnos.
LONDRES / JULIO CAMBA

Ignacio Ruiz Quintano

Al toro lo mató la cabra



"Yo soy el pan de la vida"

 DOMINGO, 5 DE AGOSTO

En aquel tiempo, cuando la gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaúm, en busca de Jesús. Al encontrarle a la orilla del mar, le dijeron: "Rabbí, ¿cuándo has llegado aquí?". Jesús les respondió:

-En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello.

Ellos le dijeron: "¿Qué hemos de hacer para obrar las obras de Dios?". Jesús les respondió:

-La obra de Dios es que creáis en quien él ha enviado.

Ellos entonces le dijeron: "¿Qué señal haces para que viéndola creamos en ti? ¿Qué obra realizas? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, según está escrito: Les dio a comer pan del cielo". Jesús les respondió:

-En verdad, en verdad os digo: No fue Moisés quien os dio el pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo.

 Entonces le dijeron: "Señor, danos siempre de ese pan". Les dijo Jesús:

-Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed.

sábado, 4 de agosto de 2012

Felicidades a Ricardo Sánchez Montero

De izquierda a derecha, y después de hacerse unos galgos, el Editor, el Empresario ("¡Empresario, cabrón!", le gritó un piquete ugetero en la última huelga general), Ricardo (el homenajeado) y Márquez, el crítico que siempre paga en lo toros. (A Primo Ramón, que también estaba, se lo llevó la ley de la proporción)

Radares

Jean Buridán

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Con el dinero que ahorramos apagando las farolas de las entradas a las ciudades arreglamos los radares de multar a los automovilistas, que así, en vez de matarnos por correr, nos matamos por no ver.
    Esto es España, cuya mitad más fascistilla, con eso que lo psicólogos de lo social llaman síndrome de la traición del voto, pide un referéndum para desacreditar al sistema y morir, como el asno de Buridán, entre dos haces de heno que están... en Berlín.

    Tenemos los radares más avanzados, pero hemos tenido que ver el trompicón del Rey y el desplome de la bandera de Colón para darnos cuenta de que nuestra socialdemocracia es un peronismo ceceante, calcado del peronismo voseante de los Kirchner.
    
El señoritismo hispano-argentino, de señoritos de pan pringao, que describiera Ortega en “El Sol”.

    ¿A cuánto nos sale en España el ego de cada tribu, el palo de cada tótem y la víctima de cada tabú?
    
Sólo nos falta la camiseta, a juego con los bermudas y la chancla, del “Soy español. ¿a qué quieres que te gane?”, y todo se andará.

    No sé a qué espera Llongueras para recuperar para nuestras damas de mayor instinto patriótico, y etoy pensando en Rosa Díez y Elena Valenciano, aquel peinado “Arriba España” (para entendernos: el de Maggie Simpson, la esposa de Homer) que marcó un ideal de techo (como el que exige para su chiringuito autonómico el andaluz Valderas) en nuestra posguerra.

    Les decía el otro día que este año, durante agosto, muchos pobres están dejando su casa al cuidado de otros más pobres que ellos. Ahora sé de uno que es tan pobre que, por ahorrarse al pobre, ha hecho lo que en muchas obras del extrarradio urbano: colgar en el balcón un cartel de “Vigilante gitano”.

Gabriel García Márquez



Jorge Bustos

Está uno desasistido de la familiaridad que permite a Juanillo Cruz llamarle a usted Gabo sin más y sin embargo le escribo para demorar todavía el momento en que no tenga quien le escriba o lo tenga pero no le deje advertirlo la neblina senil que va cerrando el asedio a sus meninges exhaustas. Uno imagina su final como el de un androide cinematográfico que, hundiéndose en la lava postrera de la desmemoria, toma fugaces y sucesivas apariencias de coronel sonambúlico, de apostante en peleas de gallos, de abuelona memoriosa, de sicarios anunciados y de sementales genesíacos que desembarcan en mágicas aldeas con la piel cocinada a fuego lento por el salitre.

Cuando se vive para contar, se asume la contrapartida de callarse cuando se deja de vivir. Usted, don Gabriel, ya no tenía nada que decir y consecuentemente desarrolló la demencia pactada con el fáustico oficio del narrador como unas vacaciones bien argumentadas ante el jefe. Sólo le aguarda ya el cuchicheo de la lumbre y la respiración pedregosa, el manoteo pueril de la memoria por apartar las nubes densas que decoran el páramo de su castillo mental. Aún oirá el revuelo de la hojarasca en las aceras y pensará en los gallinazos que velan en el puerto por los desperdicios de un entendimiento varado. Y aún intentará una metáfora con perros, cadáveres eviscerados y sedimento de estribo de cobre en el paladar.

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Draghi, el giocondo

Hughes

A Rajoy se le escapó ayer una cifra en pesetas, como para ir recordando lo que era un duro. Con la peseta hay nostalgia en plan cine de barrio. Sacamos un euro del bolsillo pesadamente, como sacando un proyecto político común, pero sin alegría. Habló ayer Rajoy sabiéndose escuchado por los mercados, con optimismo ful, sin patetismo churchill, porque los mercados son un psicópata de cine que obliga a su rehén a sonreir histéricamente y Rajoy un secuestrado sin oreja que en el video a la familia transmite normalidad y horror. Así, todos en Europa empiezan a imitar la cara de Draghi, que es el giocondo europeo, un rostro sinfónico de armonías leonardescas sobre el que gravitan todas las presiones y todas las posibilidades. El gran retrato actual habría que hacérselo a Draghi, que tiene la cara hipotética de tener que sonreir al sur y a la vez no sonreir a Schäuble y Weidmann, que son Ironside y su ayudante persiguiendo cualquier repunte de precios. Rajoy dejó caer ayer que el Estado controla el 20% del gasto, pero si las autonomías controlan el 32% ¿quién controla el resto? Estamos ante un porcentaje de gasto independiente, desmelenado y liberado del político. Un gasto sobre el que ya no mandamos, como no se manda sobre un vicio.

La trama india

A bird lands on an electric pole wrapped with wires in Kolkata on July 31. A massive power failure hit India for the second day Tuesday as three national grids collapsed, blacking out more than half the country. (Dibyangshu Sarkar/AFP/Getty Images)

Grandes momentos del antitaurinismo en Huelva. La jerigonza de los revistosos de José Tomás


Un cárdeno que hubiera aterrorizado a Huelva

José Ramón Márquez

Tal y como se esperaba todo salió a pedir de boca en Huelva. Para eso se había llevado el Pasmo de Galapagar sus peluches debajo del brazo y además su bonus de peluches de reserva, por si los malajes le echaban a la calle alguno de los preseleccionados, pero no hizo falta, que los titulares sirvieron para las tres faenas históricas, la de la oreja, la de las dos orejas y la de los profesionales, al decir de la prensa especializada, que algo sabrán del asunto, y no hizo falta sacar a los del lazareto.
Para resumir la tarde y para evitar innecesarias pérdidas de tiempo diremos, tomando prestadas las palabras a los revistosos, que a nosotros esas cosas no nos salen igual, que en el primero, aunque ‘le faltaba final’ (¿?) a pesar de su movilidad, y gracias a que el torero ‘pone mucho (¿?) y ‘torea para el toro’ (¿?) le salen la cosas con mucha torería y se lleva la preciada orejilla. En su segundo, que ‘humilla en el inicio’ (¿?) le pega ‘seis y el de pecho’ (¿?), en su segunda serie ‘el torero somete y el toro responde’ (¿?), con lo que se obtiene ‘emoción y ritmo’ (¿?) luego, con la zurda, ‘la faena mantiene la entidad aunque el toro parece apagarse’ (¿?), se producen ‘muletazos a cámara lenta’ y eso que ‘el toro a pesar de estar en la frontera de rajarse, ha respondido y se ha empleado’ (¿?), finaliza con las clásicas manolas y le sueltan dos orejas. En su tercero quiere emular a July, porque al decir del revistoso ‘tiene gran importancia todo cuanto le hace’, dado que el toro es ‘mirón’ e ‘imposible’, razón por la que la faena es ‘de gran mérito. Muy de profesionales’, faena del ‘look at me’, como si dijéramos. Bueno, pues en esos entrecomillados se sustancia la última gala del Pasmo de Galapagar en su temporada española, compuesta de esta corrida de Huelva y de otra, que tuvo lugar hace unos días y de la que ya todo está olvidado.

Tras tan triunfal temporada todo indica que el Prestigioso Premio Paquiro está ya en sus manos salvo una pequeña incidencia: la gesta onubense del de Galapagar en el diario El Mundo, que patrocina el premio, la firma la Agencia Efe con una impagable pieza literaria: Click.
Del otro, del Augusto Samsagaz de La Puebla, apenas diremos nada, pues él apenas nada tuvo que decir, tampoco en la tarde de Huelva, como le suele pasar. El hombre también se había llevado sus toros, sus sobreros y a Curro Vázquez y, pese a todo ese esfuerzo, apenas pudo más que soltar unos trapazos pegándose él mismo unos tremendos barbillazos en el pecho, que a estas horas lo debe tener el hombre morado de los golpes.

***

Para la tarde de hoy, tarde de resaca, tenemos anunciado en Huelva al protector de la infancia, a Sir July de Velilla, que lo mismo protesta de que a los novilleros les echen ganado fuerte en Madrid que se monta una corrida de apoyo a los niños desfavorecidos como ésta de hoy. No sabemos si July se habrá traído sus juampedros franquiciados bajo el brazo, pero la verdad es que da igual, porque él la calidad la controla desde el origen, puesto que él practica lo que llamaríamos la trazabilidad julianesca, vamos. Podemos pensar que a él le fastidiará no llenar la Plaza, que para remediar eso es por lo que se ha montado la excusa de los niños, a ver si cuela, pero eso no debería entristecerle si mira hacia atrás, pues no se puede decir que July jamás haya reventado la taquilla en parte alguna. Bien sabido es que su supuesta importancia es puramente literaria, como si dijésemos una invención de la prensa adicta a despecho de la taquilla, dado que es en las letras de los revistosos donde realmente se le reconocen desde antiguo a July sus méritos de la forma que a él le gusta.

***

No hace mucho, a mediados de julio, un torero llamado Fernando Robleño se enfrentó en Ceret (Francia) a un serio encierro de José Escolar. Ese mismo hombre se las vio en Madrid con otra tremenda corrida del mismo ganadero en la que hizo el mejor toreo que se ha visto en la Feria de San Isidro de 2012, especialmente el inolvidable inicio de faena a su segundo oponente,  Cariñoso IV, número 44, todo poder y torería.

A la vista de estas galas apañadas, la del Ciprés y el Samsagaz y la del Unicef de Velilla, Robleño representa a la perfección la diferencia que existe entre lo que es un espectáculo mediatizado por innumerables condicionamientos extrataurinos -por no decir antitaurinos- en el que la ausencia del toro y la desnudez de verdad y de autenticidad se trata de tapar a base de barbillazos, parones del tiempo, toros que reponen, responden o están en la frontera de rajarse, muletazos a cámara lenta y demás zarandajas.

Por ello, frente a la estafa que supone la fiesta de los toros sin el toro, representada a la perfección por esta decadente tarde de Huelva, no cabe otra cosa que enaltecer lo único que le hace grande a la Fiesta, la auténtica realidad eterna del toreo en la que sólo hacen falta dos simples cosas: el toro con casta cuya sola presencia produce miedo y el hombre enfrente que, armado nada más que con un trapo y un estoque, se sobrepone y le domina.

Morante y Vázquez en el sorteo de bichejos
Por cierto, que Guerrita nunca se hubiera vestido así




Sin animus injuriandi