jueves, 7 de junio de 2012

Festum pauperes. Alpha Scelerisque, nougat et aniseed balls*


Rastrillo de Beneficencia
(Sarculum Caritas)
Telemadrid


 Al entrar y mirar la papela de Abella, a quien todos sus conocidos llaman Abeya, tuvimos una grata sorpresa al ver que los toros reseñados eran cuatro terribles alimañas de Cuvillo y dos encastados galafates de la fiera estirpe de Victoriano del Río, o sea dos yuntas del Cuvillo y una de Victoriano como para ararse la provincia de Palencia, que eso es ya en sí mismo un festín cultural, como si se pudiese tener el honor de echar la tarde con Jorge Luis Borges y María Kodama jugando al parchís



José Ramón Márquez

Susanita tiene un ratón,
un ratón chiquitín,
que come chocolate y turrón,
y bolitas de anís.

Miliki

    He de confesar que había dicho a los amigos que no iría a la corrida de Beneficencia, siguiendo el ejemplo de don Javier, un gran aficionado nonagenario de la delantera de la Andanada, que ya hace un par de lustros que no viene por su localidad, y que siempre se perdía voluntariamente las de Beneficencia:

-En esa corrida la Plaza está llena de las entradas que regala la Diputación. Yo no voy.
-Pero don Javier, que viene César Rincón mano a mano con Ortega Cano y con los samueles...
-Como si vienen Manolete y Arruza. Yo a esa corrida no voy, que no me gusta el público.

Así, año tras año. Y a mí me dio por ponerme como aquel querido y anónimo maestro de aficionados, pero me vencieron dos cosas: tener la entrada en el bolsillo y no tener cosa mejor que hacer, así que en la compañía gratísima de Juan Palette me fui a la Plaza. Iba a haber puesto ‘a los toros’, incluso ‘los Toros’ como aquél, pero ya antes de entrar tenía la certeza de que ni con mayúscula la cosa sería como para sacar a saludar al mayoral, y no por nada, sino por el berrinche que se pillan los plumillas independientes a causa de los mayorales que saludan.

En realidad había una tercera razón para ir y es que estaba ansioso por compartir otro día de toros con don Fernando Bergamín y su Samsagaz, que hoy era ganadora la apuesta a que esos dos no se perdían una tarde tan eminentemente cultural, porque hoy estaban en los carteles Morante, Manzanares y Talavante, anunciados con los terroríficos toros de la esmerada vacada de Núñez del Cuvillo. Luego, al entrar y mirar la papela de Abella, a quien todos sus conocidos llaman Abeya, tuvimos una grata sorpresa al ver que los toros reseñados eran cuatro terribles alimañas de Cuvillo y dos encastados galafates de la fiera estirpe de Victoriano del Río, o sea dos yuntas del Cuvillo y una de Victoriano como para ararse la provincia de Palencia, que eso es ya en sí mismo un festín cultural, como si se pudiese tener el honor de echar la tarde con Jorge Luis Borges y María Kodama jugando al parchís. El acabóse.
Manzanares, como hombre de moda que es, venía vestido de azul con espumillón blanco y unos bordados como florones y traía un poco de aire levantino a ninot indultat. No es que el vestido llevase cabos blancos, sino un espumillón bien gordo de esos que se ponen en el arbolito de Navidad. El vestido era ideal para ir a la discoteca, para que con la luz azul que ponen, se viesen brillar en la oscuridad el espumillón y los dientes del torero. En eso es donde se ve a la legua que anda con gentes expertas en diseño que le aconsejan muy bien.


Morante venía de verde y oro, pero como el hombre está ya un poco fondón parecía un gusiluz gigante. Así, a primera vista, el de La Puebla se ha puesto muy muslero, vamos, que tiene los muslos muy fornidos, como los de El Espartero en una vieja estampa de Perea, y le vendría de perlas apuntarse a practicar el método Pilates, que moldea el cuerpo desarrollando los músculos internos para mantener el equilibrio corporal.


Talavante, de grana y oro, venía muy bien vestido, que siempre va muy bien vestido ese torero.
Horror, Terror y Pavor decían los antiguos de los Palha. Pues hoy, Mofa, Befa y Cachondeo, decimos los contemporáneos de la corridita que las eminencias veterinarias aprobaron para Madrid, que había un gigantón de Victoriano del Río, el cuarto, cuyo nombre no pondré aquí, que era como esos grandullones que no tienen una buena coordinación psicomotriz  y cuando van en bicicleta no pueden tocar el timbre porque se aturullan. Tenían la corrida elegida desde febrero y ni habían elegido los toros para que pasase entera, ni mucho menos para traer seis toros que infundiesen un poco de respeto.
Y luego la cosa de los toreros, pues que cada cual la vea como le parezca. Yo, mirando al pobre Morante sólo veía el gusiluz con el pelo embadurnado de algo grasiento, pero había quienes entre medias de las dudas y de los telonazos del torero veían algo que les hacía exclamar ora ¡Bieeeennnn!, ora ¡Ole! Y así, entre oles y bienes, se fue pasando el tiempo, y cuando nos quisimos dar cuenta ya había matado el hombre sus dos toros y, en verdad, ni bien ni ole.

A continuación vino Manzanares, que se puso a lo suyo, y cualquiera que le haya visto torear después de la cogida de Alicante, que me parece que fue en 2007, ya sabe a lo que nos referimos, por más orejas de ésas que le vayan echando por esas plazas de Dios. Manzanares hace toreo light y se hincha a pegar pases a los becerros y eso hay gente a la que le gusta. Como hemos tenido la fortuna de haberle visto torear alguna vez muy bien, y hasta llegamos a pensar en un tiempo que él podría ser el Ungido, pues no nos parecen bien estas pantomimas que va montándose por esas Plazas, y a quien le gusten, que las aplauda si le da la gana.

Y para finalizar vino Talavante, que venía muy bien vestido, con vestido grana y oro, que dicen que es de mal fario, porque lo llevaba Manolo Granero, pero hay que decir que el hombre venía muy bien vestido, y que siempre suele ir muy bien vestido. Sin ir más lejos el otro día sacó un vestido de luto que era una preciosidad, catafalco y plata, y hoy con el de grana y oro, pues también muy bien vestido, que no le faltaba nada, con su taleguilla, su chaleco, su chaqueta y su camisa blanca, y con el corbatín verde, los tirantes, la faja a juego con el vestido y sus medias. Lo que se dice un tío bien vestido.

Y en el palco real había una Infanta de España.



Nieves Álvarez, lectora de Gala seducida por el capote de Morante
(Nieves Álvarez,  Galam lector seducti in cape Morantum)
Telemadrid

El doctor Moncholi auscultando a Manzanares
(Dr Moncholi audiendo ad Manzanares)
Telemadrid

El doctor Moncholi auscultando a Talavante
(Dr Moncholi audiendo ad Talavante)
Telemadrid

El doctor Moncholi exigiendo que las protestas en los toros sean al final,
 aunque él se come el hornazo en el cuarto toro
(Dr Moncholi protestatur postulantes tauri sunt in finem, licet manducat in quarta taurus hornazo)
Telemadrid

El Gran Tribunal de la Primera Plaza del Mundo, con Trinidad y sus cigarritos al frente
(Maximo Curia Primo Mundus Plaza, cum Trinidad et cigarillos in fronte)



Don Fernando y su cortejo
(Don Fernando et eius comitatu)

El Primer Silbo de la Primera Plaza del Mundo
(Primum Sibilus de primo Mundus Plaza)
Abanico de la calle Rafael Bergamín

El caballo del Plumero bordeando las rayas rojas que exigió Morante: 
"Como la tronera de Gala"
(Peniculus equitum per rubrum plagis postulavit Morante: "Sicut Sinu Galam")

Morante, o Rafael el Gallo
Telemadrid

José Mari, o Juan Belmonte
Telemadrid

Alejandro, o Joselito Gallo
Telemadrid

El capote de Morante que enloquece a Gala y sus lectoras
(Pallium quod furit Galam Morante et lectores)
Telemadrid

En la fiesta de Telemadrid se coló el marqués de Del Bosque
 para vender lacticinios
(In festum Telemadrid sneaks Marchio Del Bosque vendere lacticiniis)

"¡La lengua, imbéciles!" (B. Clinton)
( "Lingua, stultus!")

Al buey por la lengua y al hombre por el cuerno
(Al bovem lingua et homo per cornu)
Telemadrid

Aquilar captat muscas
Lector de Gala en éxtasis capoteril
(Ludio ludius Galam in excessu capoteril)
Telemadrid
LOS TAURINOS DEL PROGRESO
Con la capa, la "verónica" / es una suerte en tres tiempos, / 
que "se carga", que "se tiende" / y que se "arremata" luego. (José Bergamín)
(Cum algarum, in "Veronica" / est genus tribus temporibus, / 
 quod "onere", quod "tendit" / et quod "arremata" ergo)

Por soledades
Solitudinem

La Raya Ciencia
(In Raya Scientia)

 La manzana de la señora Williams
(Pupillam per Mrs Williams)

El rímel de la morantada
(Convallis de morantada)

Mi voz se pierde sin eco / en la íntima lejanía / luminosa del recuerdo.
 (José Bergamín)
(Vocem meam periit sine echo / in proxima procul / lumen memoria)

 Los Gracos (tribunos de la plebe) de Las Ventas
(Gracchorum -tribuni populus- de Las Ventas)
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*Fiesta de los pobres. Chocolate y turrón y bolitas de anís

La corrida de Beneficencia



Lo del cuarto de César Rincón resultó de una gran importancia... El colombiano consintió que el cornalón le mirara al pecho, que se le parara en viajes iniciados y no concluidos, pero César no se inmutaba, no pestañeaba. Los pies asentados en la arena y la muleta siempre por delante. Se pone en el sitio de los billetes, en el lugar, no lo olvidemos, de las cornadas. No se coloca junto a los pitones, sino frente a los puñales de los toros. De ese lugar salieron siempre lanzados con gloria los grandes maestros, para llenar de estrellas el firmamento del toreo
 

Vicente Zabala
Abc, 7 de junio de 1991

La de la Beneficencia resultó triunfal, un rotundo éxito, que sólo con muy mala uva, con ganas de herir sentimientos de sus protagonistas o de sus organizadores, puede calificarse de triunfalista, derivación peyorativa de lo que ha constituido una legítima conquista no sólo ya de los que han puesto en juego el pellejo o el prestigio, sino del propio público, que está en su derecho de pasarlo bien, de emocionarse y divertirse.

La corrida había comenzado bajo el signo del aplauso, desde los que se dedicaron a la banda de música de la heroica y maltratada Benemérita, que vestía uniforme de gala, paseando marcialmente por el redondel, donde, en formación, recibió a Su Majestad el Rey, a los sones de la Marcha Real, escuchados en pie por un gentío respetuoso. La plaza aparecía engalanada, preciosa, soberbia.

Cuando se rompió el desfile de las cuadrillas, ese señor del cabello blanco, que manda en la solanera, se levantó para iniciar una ovación, en mi opinión muy justa, invocando la presencia del matador de toros colombiano César Rincón, triunfador de la isidrada. La plaza entera siguió al líder de la contestación. Se trataba de premiar a quien había salvado la isidrada con una entrega total. El colombiano sacó a saludar a Ortega Cano para que compartiera las palmas.

Me comentaba José María Álvarez del Manzano que no podía empezar mejor la cosa. La tarde, fresca y agradable, aunque un pelín ventosa en le redondel.

Tras la clase y bondad del primer toro de Ortega Cano, al que el cartagenero toreó con gusto con la diestra, mas con una miajita de timidez, sin acabar de acoplarse del todo, la corrida comenzó a torcerse de pronto, tanto es así que cuando llevábamos una hora de corrida sólo habíamos visto lidiar uno de Samuel, porque dos habían ido para atrás, por evidente invalidez, uno de ellos después de banderilleado, porque amenazaba con formarse allí la “mundial”; pero que conste que en esta misma plaza hemos presenciado en la década de los cuarenta y de los cincuenta hechos similares. Un presidente que espera rehabilitación de la res o un presidente que se asusta cuando se convence de que no tiene razón y se le viene la plaza encima. Nada nuevo bajo el sol.

El caso es que la corrida parecía tomar un cariz negativo, pero el primero de César Rincón embistió con la cara alta, sin emplearse; sin embargo, el que sí se empleó a fondo fue el contrincante del toro albaceteño. El colombiano se la jugó por derecho. Se puso en la rectitud de la embestida, encontró las distancias con no poca inteligencia y llevó a cabo una faena valerosa, emocionante, larga, tal vez demasiado larga, porque no era fácil encontrar la relación de los pases con un toro que tenía más problemas que los que la decisión de César “tapaba” con su arrojo indiscutible. Dio tiempo para el aviso, pero la ovación fue unánime.

A partir de ahí la corrida ya se había encarrilado.

A Ortega Cano le salió la vergüenza torera, el orgullo también plausible de no dejarse ganar la pelea por un extranjero, si es que se puede llamar extranjero a un torero de un país hermano, de nuestra misma lengua y religión. Ortega toreó a ese magnífico toro de Samuel, para mí el mejor de la corrida, con una seguridad de maestro. Consiguió ajustarlo a su actual patrón de toreo solemne. Lo llevaba una y otra vez prendido en el rojo talismán de su muleta, engolosinado en esa maravilla del arte de torear, base y fundamento de la corrida, que es el temple. El toro no veía otra cosa que la muleta, que seguía ciego, embriagado, en el bien hacer de este Ortega de Cartagena, que se ha destapado como figura cimera a una edad –¡qué importa el carné de identidad!– en que la mayoría de los toreros piensan en irse.
La faena, salvo matices -me dirijo ahora a mis lectores de nuestro ABC sevillano-, anduvo muy en la línea de aquélla que hizo crujir en abril a la Maestranza cuando todavía los naranjos despedían olor a azahar y Sevilla demostraba que es falso este nacionalismo pueblerino que le atribuyen desde alguna parte, ¿verdad que es mentira, admirado Santiago Martín El Viti? Y si Sevilla se le entregó a este hombre, ¡cómo no lo iba a hacer Madrid!, donde este torero arrancó desde la miseria, donde le partieron las carnes los toros, alguno de Victorino, y donde hoy, de nuevo, aunque algunos aficionados le discutieran la segunda oreja por la defectuosa colocación de la espada, le han aplaudido su extraordinaria faena, sus afanes novilleriles de competidor en quites, la ilusión y la afición que le salía por los poros.
Y en el quinto, que había blandeado mucho, se volvió a crecer. Pretendía redondear el triunfo. Los aficionados, hasta los intransigentes, le respetaron. Vieron la bondad del cornúpeta, perdonaron la justeza de sus fuerzas en aras del triunfo del torero, porque se lo merecía. Volvió a temblar, que es tanto como decir torear, ¿qué otra cosa es si no el torero? Y al hilo de las tablas, torero, seguro y confiado, le quitó otra oreja al de Samuel entre el delirio popular.

Lo del cuarto de César Rincón resultó de una gran importancia. Si este toro le llega a tocar a algunos que yo me sé que se han ido de la feria con las orejas gachas o de otros que ni siquiera fueron contratados, a estas horas estamos diciendo que el toro no tenía un pase, pero el colombiano consintió que el cornalón le mirara al pecho, que se le parara en viajes iniciados y no concluidos, pero César no se inmutaba, no pestañeaba. Los pies asentados en la arena y la muleta siempre por delante. Se pone en el sitio de los billetes, en el lugar, no lo olvidemos, de las cornadas. No se coloca junto a los pitones, sino frente a los puñales de los toros. De ese lugar salieron siempre lanzados con gloria los grandes maestros, para llenar de estrellas el firmamento del toreo.

Tres veces tres ¡consecutivas! por la Puerta Grande de Las Ventas. Ni los más viejos del lugar lo recuerdan. Todavía tendría agallas de cortarle otra más al sexto, que era manso, pero que pegaba tarascadas. Llegó un momento en que el toro se encontró vencido por César Rincón. No puedo contigo, maestro, parecía decirle. Tiraba la toalla. Se echó por dos veces. Se entregó. Ese buey se habría crecido de haber encontrado dudas, pero cuando en el toreo se encuentra uno con un “campeón” enrachado, el otro contendiente, como en el boxeo, acaba abandonando.

Al final de la corrida los dos espadas fueron aupados a hombros. Después de cumplimentar a Su Majestad, con la noche cerrada, los sacaron por la Puerta Grande en volandas. En mi opinión sobró lo del mayoral y lo del ganadero. La corrida tuvo la virtud de la presentación y de algún toro bueno, especialmente los de Ortega Cano, pero con dos para atrás y ese sexto... Lo que no se puede perder es el sentido de la medida. Y conste que valoramos lo que pusieron los toreros y también los toros para contribuir al éxito de esta memorable corrida.


Ficha de la corrida
Plaza monumental de Las Ventas. Jueves 6 de junio de 1991. Corrida de Beneficencia. Seis toros de Samuel, muy bien presentados, de formidables cornamentas. Primero, tercero y quinto, los mejores; con dificultades, segundo y cuarto; manso, el sexto.
Ortega Cano, de negro y oro. Estocada trasera (ovación); estocada tendida (ovación, dos orejas y vuelta); estocada (ovación, oreja y vuelta).
César Rincón, de palo rosa y oro. Estocada (ovación); estocada (ovación, dos orejas y vuelta); estocada (Ovación, oreja, vuelta A hombros en unión de Ortega Cano y del ganadero).

LAS TAURINAS DE ABC
EDICIONES LUCA DE TENA, 2003



Jueves, 7 de junio

HUMOR

-El carácter castellano no admite esa blandura que hay siempre en el humor.
WENCESLAO FERNÁNDEZ FLÓREZ

Ignacio Ruiz Quintano

miércoles, 6 de junio de 2012

Corrida de Beneficencia. Los bueyes y la ballena

Le Bœuf Musqué & La Baleine Commune

Eustoquio Hospital

Boda de Diego Moreno Gavilán 
y Pilar Cruz Carrascosa con el padre Eustoquio,
 la madre de Diego y padre de Pili


Francisco Javier Gómez Izquierdo


      Un pariente mío que fue dominico, recorrió mundo, casó, tuvo hijos y se ha jubilado enseñando el idioma  inglés en Madrid, me habló hace tiempo de un tal Eustoquio -con o y no con a- con el que había tenido mucha amistad en Caleruega, la patria de Santo Domingo, y al que recuerda ver partir hacia Córdoba en el año 1965 a enseñar en aquellas magníficas Universidades Laborales de donde salió tanto español de provecho y hoy despreciadas por franquistas:

    -Estuvo en la Laboral quince años y creo que fue capellán del Córdoba en 1ª División. Pregunta a los antiguos del Córdoba a ver qué te cuentan de aquel santo.

       Eustoquio es nombre de mujer -virgen y santa en Belén, hija de Santa Paula- muy poco común entre españoles. Sólo en las montañas castellanas es posible encontrar bautizados como Dios manda y Eustoquio Hospital lo fue en Palencia, conforme al santoral y sin confundirlo con San Eustaquio, que en realidad se llamaba Plácido.

     Buscando al que creo que sabe, di con López Prieto -defensa del Córdoba en 1ª- y éste me facilitó un teléfono:

    -Es el teléfono de Diego, quién mejor te puede hablar del cura.

     Llamé a una de las glorias del Córdoba CF, Diego Moreno Gavilán. Le menté a Eustoquio Hospital y todo fue amabilidad, interés y ofrecimiento para lo que hiciera falta:

      -¿Que se ha muerto? No sabe lo que lo siento. Eustoquio es una de las mejores personas que he conocido. A mí me casó él, porque verá... mi suegro, que es el padre de Cruz Carrascosa, el que metió un gol en el Bernabéu, después de sentar a Benito, llevaba las cuentas de la Universidad y quería al cura con locura. Mi suegro tenía un par de cojones. Kubala, que me hizo debutar en 1ª, iba a ser el padrino de boda y cuando se lo dije a mi suegro me contestó que el padrino siempre ha sido el padre de la novia y no hay Kubala que valga. A la boda estuvo... y conociendo a mi suegro, seguro que lo entendió. Eustoquio no fue capellán del Córdoba, pero lo parecía, porque los futbolistas nos llevábamos de muerte con él. Luego casó también a mi cuñado Manolo Cruz Carrascosa y hasta bautizó a la hija. A mi otro cuñado le guisaba alubias en el pueblo de León que estaba cuando fue a la mili al Ferral del Bernesga.

     Diego Moreno Gavilán, que tuvo que irse a la Marina, porque se apuntó con 14 años sin saber lo que hacía, y como por entonces los hombres tenían palabra, se vió en un barco en San Fernando y jugando en el equipo del pueblo gaditano, se emociona recordando al dominico:

      -Me confesó en una mesa del bar de mi suegro, porque mi suegro también tenía un bar en Ciudad Jardín. El cura nos llevaba a jugar con los alumnos y tengo que decir que había alguno muy bueno.

     Diego no sabe que el equipo que Eustoquio entrenó en la Laboral fue campeón juvenil de España y que hay alumnos desperdigados que, al enterarse de su muerte, intentaron reunirse para homenajear a un hombre altote y desgarbado que a mí me recuerda a Pello Ruiz Cabertany.

        Cuando Eustoquio se fue de Córdoba se encargó del Santuario de la Virgen del Camino, en el pueblo leonés de Valverde de la Virgen, donde le recuerdan con el mismo cariño que en Córdoba. Al poco de su muerte le dedicaron una calle... y es que según mi pariente y los que lo conocieron por Córdoba los méritos del dominico son todos adjetivos de la bondad.

   Pues nada, primo Rosendo, Eustoquio fue siempre bueno y está descansando en paz.



Córdoba de 1ª: 
Cepas, Arana, Escalante, López Obrero y Varo.
  Alvarez, Crispi, Eustoquio,Diego y Rojas
 Abajo:
 Molina, Mingorance, Diego, el padre Eustoquio, Rojas y Uceda
el difunto García y el padre de Cruz Carrascosa.


Cromo de La Casera: Diego

"Jalisco"

Ese capote de Morante que enloquece a Gala y sus lectoras

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Al padre de un amigo mío, que era médico, le pagó un gitano con un gallo mexicano de pelea que se llamaba “Jalisco”.

    Los niños, para divertirse, sólo tenían que poner un espejo delante de “Jalisco”, que se arrancaba como un Tyson. Un día le echaron una gallina, por ver qué hacía, y al cabo nacieron unos pollitos que el médico regaló a un pariente suyo que tenía gallinero, donde, en una mañana, los hijos de “Jalisco” mataron a todas las gallinas.

    Eso es la casta.

    Eso es lo que, en los toros, ha desaparecido de la plaza de Madrid. Por eso están muertos.

    En Las Ventas había el otro día tres australianos en camiseta de boxeo. Esperaban un espectáculo bizarro y se encontraron con un muestrario de posturas de billar que los mató de aburrimiento. Les dieron gato por liebre, destoreo por toreo, Hulk Hogan por Mike Tyson, pressing-catch por boxeo…

    –Cosa de la democracia –les dije.

    Al toro encastado lo toreaban muy pocos, y la democracia, que se basa en mayorías, eliminó al toro encastado y totalitario para traer al toro doméstico y democrático, o mona de Pascua, al cual todo el mundo puede hacerle monerías.

    Claro, que, pudiendo hacerle monerías, ¿para qué va a ponerse uno a torearlo?

    La democracia ha civilizado a ese bicho que pide a gritos un velcro, porque nos produce repulsión la puya, el estoque y hasta el arpón.

    –¿No eran estos los que mataban toros? –preguntó Bush cuando salimos corriendo de Iraq.
    
Que le pongan a Bush el “show” de “pressing-catch” de esta tarde en Las Ventas. Yo le daría mi entrada, pero, siendo “Beneficencia”, la regalé a un pobre.

La leyenda del chino jugón


Magna Portam (Portam Carpio) David Mora*


Un burka en la feria . Sólo aguantó dos toros
(A burka in pulchra. Duravit tantum duo tauri)


José Ramón Márquez


Había una vez
Un circo que alegraba siempre el corazón
Lleno de color, mundo de ilusión
Pleno de alegría y emoción.

Miliki

            A veces Las Ventas se trasmutan, como si por un agujero negro se hubiese podido llevar la Plaza a otro lugar, y de pronto La Monumental se convierte en la Plaza de Granada o la de Benalmádena o la de Ciudad Real. A veces pasa y Las Ventas se transforma en otro sitio. Se nota sobre todo porque se multiplica el número de los que van equipados con un recio bocadillo de chorizo envuelto en un papel Albal, de los que de una bolsa del Ahorramás sacan una monstruosidad de tortilla de patata metida entre dos mitades de pan, de los que sacan una bota de vino y se lían a darla tientos echando el líquido a la muela, como quien escancia sidra a pequeña escala o quien, más acorde al gusto contemporáneo, se lleva una bolsa de pipas de girasol de un kilo y se la come entera a velocidad tal como para figurar en el libro Guiness dejando el suelo a sus pies alfombrado de cáscaras, como cuando se echaban pétalos de rosas para que pasase el Altísimo en Corpus Christi, pero en plan carpanta proletaria.

            Pues hoy, además de todo eso que se ha dicho antes, en Las Ventas había hebreos con la kipá, una señora -se supone que era tal- en burka en el 10, jóvenes alemanas rubias ansiosas de entender el espectáculo incomprensible que veían, un anciano con camiseta verde reclamando educación pública y gratuita, una señora de cerca de setenta años con el pelo teñido de color fucsia, dos enamorados centroamericanos que no soportaban el sufrimiento del toro, un joven amante del buen pan y del vinillo clarete que se compadecía por whatsapp del dolor del toro Campano, número 125. Una barahúnda de gente desconocida que traían a la plaza aromas a jara y sus particulares ritos, usos y costumbres relacionados generalmente con circunstancias más o menos alimentarias, que tanto chocan con el natural ascetismo de la afición fetén, entre la que es necesario hacer notar la significativa excepción del Catedrático del Bocata, el doctor Moncholi, para quien el bocadillo es lo mismo que era la tierra roja de Tara para Scalett O’Hara, lugares sacrosantos de donde Miguel Ángel y Scarlett sacan su fortaleza.

            La verdad es que esta tarde trae dos enormes decepciones. La primera es que al llamado de la Cultura, hoy que principiaba la Feria del Arte y la Cultura, haya acudido tan poquísima gente y tan pocos habituales; la segunda, la ausencia constatable de algunos conspicuos aficionados de corte cultural, y no me refiero al juvenil, desenfadado, flequillo de Aresti, que entiendo que éste no viene ni de gañote porque debe estar preparando la encerrona de Fandiño en Bilbao, sino de esos dos entrañables personajes de la Andanada, que son don Fernando Arniches y su particular Samsagaz, cuya presencia en la Plaza es la inequívoca seña de identidad que denota que la Cultura va a manar, y que Las Ventas va a ser durante dos horas el siglo de Pericles, la Enciclopedia de Diderot, el Ateneo de Madrid y el Chelsea Hotel, todo junto como quien dice.

            Y hoy, dando toda la razón a los que defienden este engendro de feria bulló la alegría y la felicidad en la Plaza, ante el abandono en masa de la afición de suyo tan agria, y esa alegría es cosa demostrable por el hecho de que al fin manaron las orejas, máximo exponente de la altura cultural de la tarde, y porque merced a eso se consiguió que por fin un tío pusiese sus gónadas contra el cogote de un capitalista que le sacó por la Puerta Grande, que me parece que algunos cursis la llaman Puerta de Madrid, y que hoy, más que nunca, debería haberse llamado Puerta de Valdemingómez.
            
 Hoy, sin otra cosa que el concurso decidido de todos los de los bocadillos, los de las bolsas de pipas, los de las botas de vino, los del cubata, y sin más ayuda que las trapacerías que se gastó un torero llamado David Mora, transformaron La Monumental en una plaza portátil, con una total ausencia de la más mínima exigencia y llevando el nivel de las aguas taurómacas en este Madrid de nuestros pecados a uno de los puntos más ínfimos que hayamos conocido en lo que llevamos de aficionados, aunque es seguro que todo se puede mejorar.

            A la salida, en el mingitorio, un anciano se justifica con otro:

-Por lo menos ha tenido voluntad.

- Pues justo eso es lo que se ha reconocido, responde el otro.

¿Y la tarde? Pues eso, ante el selecto público, los atasardos y los lisarnasios, tres tíos por allí, los peones tomando el olivo como si los becerros fuesen el demonio, descalzaperros de capotes en el suelo o rotos, un par de sustos y poco más. Lo que te digo, un circo. Y mañana, con Michelín de La Puebla y Dolls, hijo de Dolls, ni te cuento.

Ojo avizor
(Vigilantia)

¿A quién defiende la autoridad, señor Espada?
(Qui defendit auctoritate, Mr Gladius?)

El amigo Jaime Urrutia
(Amicus Jaime Urrutia)

Los bueyes de Abella
(Abella boves)

México lindo y querido, que digan que estoy dormido...
(Pulchra et dilectus Mexico, dicunt sum dormientes)

Márquez y Ricardo
(Marquez et Ricardo)

El camarote de Abella
(Abella scriptor Cameram)

Paseíllo
(Parva ambulant)
Jiménez, Mora y Díaz

Relicario
(Scrinium)

Descalzaperros
(Descalzaperros)

Mora oliendo el panorama
(Mora olfactus in picture)

Mayoral de paisano
(Mayoral togae)

Felicidad en la talanquera
(Beatitudo in sepem)

Muñeco de la Tarta
(Snowman acerbus)

La manzana de la señora Williams, el Torbellino
(Pupillam Mrs Williams, Turbo)


Pan con chorizo
(Panem cum farcimen)

Arte y Cultura en Telemadrid. El convite del doctor Moncholi
(Art et Culture in Telemadrid. Convivium Dr Moncholi)
 Y no se pierdan ustedes la corbata rosa del pepero de la puerta de caballos
(Et non deesset rosea vinculum Pepero equum porta)

La zarza ardiente
(Rubus ardens)

Puerta Grande, o Puerta de la Carpa, para David Mora
(Magna Portam -Portam Carpio-  David Mora)

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Simón Casas, Jefe del Arte y la Cultura en Madrid
 (Simon Domos, Caput Artium et Culture in Madrid)

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*Puerta Grande (Puerta de la Carpa) para David Mora

Mire usté

Mire usté...

Ese mire usté sevillano que Aznar tomó prestado de González, que tanta gracia tenía al decirlo, se desaló, se despopularizó, se secó por el uso aznarista, que lo amojamaba todo y ahora la derecha lo utiliza como yerta entradilla a un tema de oposición. Mire usté: y te largan entero el tema 326 de su temario

Hughes

Hace poco escuchaba yo una entrevista radiofónica a un señor que con dominio y seguridad explicaba asuntos de gran oscuridad: los mercados, la prima, la crisis y el meollo de Bruselas. La pillé  comenzada la entrevista y no sabía de quién se trataba, pero tanto poderío me tenía intrigado. Dudaba de si fuera un político o un experto.

A medida que avanzaba, yo me impacientaba porque el señor tenía una flema técnica notable. Era, digamos, la pachorra del entendido -el entendido no es lo mismo que el enterao, que es el tertuliano-.
Hubo, sin embargo, algo que me hizo sospechar. Un énfasis chuleta y maquinal. Cada intervención la iniciaba con un mire usté. Al principio no le di importancia, pero luego empezó a ser escandaloso.

-¿Cree que los mercados se tranquilizarán?

-Mire usted… tiendo a pensar que sí.

-¿Hay riesgo de rescate?

-Mire usté, claramente no

Ahí vi claro que sólo podía tratarse de un político, si bien en su variante tecnocrática, porque era precisamente el mire usté lo que delataba a ese señor. El mire usté es un énfasis que paradójicamente estos políticos sueltan perezosamente, flemáticamente. Un énfasis antipático, además, porque cuando lo utilizan tiene ese vago matiz de “vamos a ver”, de reconvención, como si nos estuvieran sacando de un inmenso error.

Se trata de una expresión originalmente castiza, zarzuelera, que se oye mucho en el flamenco y que el político ha cogido del pueblo para su uso personal, quitándole todo el gracejo e invirtiendo su uso.
Es un casticismo engastado en el discurso plúmbeo del político disfrazado de hombre sin retórica. Pero de ese mire usté, dicho cansinamente, asoma precisamente su lado retórico, su cariz de vendeburras tras el disfraz de técnico. Además, ¿qué pasaría si trascribiésemos su discurso?

-Que mire usté qué crisis tiene este país.

Que sonaría a Zarzuela, que de ese mire usté nacería, transcrita, una zarzuela parlamentaria. Todo lo que se dice tras el mire usté será, lo quieran o no, materia zarzuelera. Achulapamiento delator y casticismo irremediable, irreductible.

En los debates encarnizados los contendientes se acaban pareciendo, convergen un poco, y ese mire usté Aznar lo imitó de González en los arduos debates del váyase, allí muta y se hace técnico y derechista y alcanza ahora el éxtasis alveolar de Rajoy, que lo ha llevado a una cúspide de finura.

Ese mire usté sevillano que Aznar tomó prestado de González, que tanta gracia tenía al decirlo, se desaló, se despopularizó, se secó por el uso aznarista, que lo amojamaba todo y ahora la derecha lo utiliza como yerta entradilla a un tema de oposición. Mire usté: y te largan entero el tema 326 de su temario.
 
Azorín amaba el énfasis elegante de Maura, y a nosotros, que es obvio que no somos Azorín, nos queda el énfasis apagado, desfallecido del mire usté, que se ha descastizado en estos señores de la tecnocracia del diferencial. Aunque ya lo dicen los Punsetes: “Ellos (los tecnócratas) siempre tienen razón, los números avalan su gestión; la tuya, no”.

Miércoles, 6 de junio

MODESTIA

-¿Es conocida su firma en el Banco?
-La modestia me impide contestar, señor mío.
-Digo si es conocida su firma en la casa.
-¡Hombre! -replico un poco amoscado-. No digamos que soy una celebridad, pero por ahí delante ya hay alguna gente que conoce mi firma. ¡En esta casa, en esta casa! ¡Yo qué sé! Pero ¿no existe aquí nadie que lea el ABC entre tanto hombre?
WENCESLAO FERNÁNDEZ FLÓREZ

Ignacio Ruiz Quintano

La procesión de La Serna

 Victoriano de la Serna
(En la exposición de Las Ventas)

Gregorio Corrochano
Abc, 31 de mayo de 1933

    Y cayó con la nuca partida el último toro de D. Argimiro, y el clamor de los tendidos se descolgó al ruedo, y cogieron al torero, y se lo llevaron de un lado para otro, como si no encontraran la salida o no quisieran encontrarla. Y uno le ponía su sombrero de segador, y otro su gorra, y ése le tocó con la punta de los dedos la reliquia de oro de un bordado. Y cuando el torero halló el descanso de su coche, la muchedumbre se agolpó para que no caminara, y, apoderándose nuevamente del torero, le sacó del coche y se lo llevaron, como si fuera de ellos. Y lo era. ¿No le habían ellos alzado como a un ídolo? Pues de ellos era. Y por la calle, anchurosa, llena de tierra y de gritos, siguió la procesión de La Serna, calle abajo, como un afluente del Tajo, que se veía allá en el fondo.
   
Como trofeo le habían dado las orejas y los rabos de los toros. Esa mutilación, que tanto tiene de rito, de sacrificio pagano, para contentar a los dioses por la ofrenda que un hombre o un mozuelo hizo de su vida.

    Buena tarde de toros dio La Serna en Aranjuez. Dominguín, el perspicaz, le exhibió a Madrid desde su plaza fronteriza. Y fue un acierto. Hemos encontrado a La Serna más hecho, más enterado, más certero, de su profesión. Sobre todo con la muleta, que es lo fundamental. Antes era el torero del capote. Ayer fue de la muleta. Y esto lo vimos en su primer toro, que era un toro que tenía que torear y toreó. Había que sujetarle, y le sujetó con pases por bajo, y luego, pisándole terreno, metiéndose mucho con el toro, le sacó muy buenos pases. Lo que más me gustó fue lo que puso el torero para obligar al toro. Una estocada y concesión de dos orejas y el rabo. Y en el último, la faena que se repite, de otra manera, porque el toro era de otra manera, plena de gracia, de vistosidad, en unos pases muy parados, girando con el toro muy toreado, pasando muy cerca los pitones, en ademán tranquilo del torero. Y a modo de superación, después, las rodillas a la arena, la espalda al toro, como si no estuviera allí, y de esta guisa saludos y sonrisas al público, que aplaudía. Y una estocada, y el descabello que parte la nuca al toro, y las andas, humanas y sudorosas, que suben al torero, que reparte como recuerdo las orejas del toro, y la procesión que se organiza.

    Otro torero había cortado también orejas de toro. Armillita, que cortó las de sus dos toros. Al primero, después de quites lucidos, le banderilleó muy bien con dos pares al quiebro y uno al encuentro. Con la muleta, muy valiente. Toreó al natural y el toro le achuchó. Aunque no fue perfecto, se aplaudió y aplaudimos la intención clásica. Quizá pecara la faena de prolongada. Una estocada y la oreja.
    En el cuarto -buen lote de toros tuvo Armillita- hizo todo, a mi juicio, mejorado. Los pares de banderillas, de más emoción, de más riesgo, muy tapada la salida en los dos primeros. La faena, más acabada, más ceñida, más justa. La estocada y las dos orejas y el rabo.

Ortega, con su facilidad y con su poderío, por una de esas cosas extrañas que ocurren en los toros, tuvo una tarde apagada al lado de la brillante de sus compañeros. En su primero puso decisión, puso empeño en torear al natural, y nada le salía perfecto, no se acoplaba al toro; intentó dos o tres veces la faena, y la faena no se lograba. Una cosa de no poner de acuerdo los propósitos con las realizaciones. Mató de una estocada. El otro toro se le fue varias veces de la muleta. No logró sujetarle, él, tan hábil en estos menesteres. Y me parece que, un poco decepcionado, se resignó y no luchó. A veces hay estados de ánimo dominantes, a los que el hombre no puede substraerse, y ayer Ortega debía estar bajo la influencia del hado adverso. Este toro, que huía -instrumento del hado adverso-, llegó a fatigarle, a aburrirle. Muchas veces vemos toreros que aburren a los toros. Ayer este toro aburrió al torero, que ya salía predispuesto al aburrimiento.

    Con decir que se cortaron siete orejas y tres rabos, ya hemos dicho cuán divertida fue la corrida. Y como esto no puede ser sin contar con la bondad de los toros, completemos la información añadiendo la excelencia de los toros de D. Argimiro Tabernero, que salpican de motas negras los prados de Santa Teresa. Buena corrida mandó D. Argimiro para gusto y regusto del público de Aranjuez, y de los muchos forasteros que fuimos, atraídos por el cartel de solemnidad con que nos llamó Dominguín. Buena corrida, D. Argimiro; ¡cómo apretaron algunos toros en los caballos y qué pastueños y sencillos fueron para el torero! En el caballo, el que más me gustó fue el segundo; y la nota más saliente es que los toros se crecieron, fueron hacia arriba -menos el quinto-, detalle de casta brava.

    Siete orejas y tres rabos, y la desembocadura de entusiasmo con La Serna, calle abajo, hacia el Tajo, como un afluente del río.

LAS TAURINAS DE ABC
EDICIONES LUCA DE TENA, 2003


68 años del Día D



martes, 5 de junio de 2012

Junio de 2005

Temporada 88-89.-  
Burgueña, Oscar, Portugal, Gálvez, Nando, Luna Eslava
Ortega, Serafín, López Murga, Hueso y Anquela.


Francisco Javier Gómez Izquierdo

       El Córdoba CF me atrapó definitivamente hace, justos, siete años. Desde 1988 -conocí el viejo Arcángel con Anquela y Portugal vestidos de corto- asistía como buen aficionado todos los domingos a El Arcángel, tanto en 2ª como en 2ªB, con mas demonios en el cuerpo de los debidos pues la presidencia de Sandokán era un castigo del que nadie parecía percatarse. Me fijaba en las posibilidades de jóvenes jugadores que pasaban con sus equipos y comentaba con resignación los despropósitos de un advenedizo del que se rieron todos los sinvergüenzas que rodean al fútbol.

     En junio del 2005 el Córdoba estaba condenado a 2ªB, pero quedaba un hilillo de vida antes de que nos visitara el Real Valladolid. Recuerdo el final de aquel partido como uno de los momentos más emocionantes que he vivido en un campo de fútbol y  al día siguiente me ocupé de mirar El Norte de Castilla, donde Marcos Alonso, el entrenador pucelano, había tenido las mismas sensaciones que un servidor.  El partido acabó 3-4 y los jugadores del Valladolid demostraron que les iba la vida en el resultado. Estaban en mitad de la tabla y no se jugaban nada que tuviera valor deportivo, pero Óscar Sánchez, Diego Mateo y el pequeñito Víctor se empeñaron en disputar una final y... se la llevaron.  Cuando a la hora y media el árbitro sopló el último pitido, los jugadores del Córdoba estallaron en llanto y las gradas de El Arcángel estuvieron aplaudiendo 10 minutos como si celebraran el mejor O sole mío de Pavarotti.

      Aquel largo rato dio para que me fijara en muchos detalles. En los abrazos de Óscar Sánchez a unos compañeros de equipo que parecían un tanto avergonzados ante la demostración de fidelidad de una hinchada casi irracional. En el metisaca de lengua de Albano Bizarri atónito ante los lagrimones de  Marc Bertrand , hoy lateral de Osasuna... y sobre todo en la dignidad de una afición orgullosa en la derrota. Vi que lo mejor del Córdoba era su público, y ya digo “mi Córdoba”.

  El otro día vino Óscar Sánchez con el equipo de su pueblo -el Real Murcia- y lo hizo en el mismo plan. Sacando rápido y buscando la portería nada más recibir el primer gol. Ha dejado su posición natural -interior derecho- donde era y es jugador de Primera División y se ha acomodado en el lateral derecho. Sigue siendo el jefe de su equipo. Los espectadores no tienen esa fijación con la trayectoria de los futbolistas modestos que gasta un servidor, y tampoco me gusta encender la mala baba del hincha, por lo que no desempolvé recuerdos. Seguro que Óscar Sánchez  me gana en memoria y sabe mejor que yo lo que pasó aquella tarde.

      Mañana miércoles, el Córdoba se la vuelve a jugar contra el Valladolid. Los amos del Córdoba han puesto el partido a precio de fuente de percebes -tengo comprado el suplemento de 22 euros que nos soplan a los abonados y como le prometí al chico invitarle al partido he tenido que aflojar otros 45 euros, que es el precio de una entrada en preferencia-, mientras en Pucela la directiva ha tenido a bien facilitar dos entradas a los socios por 10 euros cada una en la zona que corresponde a la que ocupo en El Arcángel. El Hércules ha pensado igual que el Valladolid. El déspota que vino hace un año dice hoy en el periódico que la plantilla la ha hecho él, que los play off tienen gastos, que el fútbol es suyo y que no lo va a dar gratis...  Parece que los voy buscando: después de padecer con Martínez Laredo, con el difunto Quintano Vadillo, el Fábregat del Castellón, con Sandokán... viene este González canario inventando de nuevo el fútbol.


 Óscar Sánchez
Dicen que es defensa
7 años en Pucela y 7 goles este año con el Murcia

Sobre la limosna

-Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos. Cuando des limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados por los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Pero cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, para que sea tu limosna en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará en público.
Mateo 6
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Intoreables no, que me enamoro


Manual de espadas, siglo XVI


Salvar a Cebrián


-Y todos ellos forzados por Mariano Rajoy, quien de esta forma espera que El País y la SER le traten mejor (craso error).

El gato de la calle de Roma


El golpe

La solución Ortega

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    El único que les ha visto el plumero es José García Domínguez, que habla de “ese sucedáneo posmoderno del colectivo Almendros”. O sea, el trío de catedráticos que, sin vela en este entierro, promueven en la prensa de progreso “un nuevo gobierno, con apoyo de todos los partidos mayoritarios y de nuestros ex presidentes, compuesto por políticos competentes y técnicos intachables con amplios conocimientos de su cartera”.

    O sea, un golpe.

    En lo que llegan los Cien Mil Hijos de San Luis enviados por frau Merkel para requisarnos la Visa Electrón, tres arbitristas de la Universidad, con el pretexto de ayudarnos a no volver a la España de los 50 (?), se proponen colocar, como sospecha García Domínguez, a Zapatero donde De Guindos.
   
 ¿Quién llegará primero, el Elefante Blanco de Tano Santos o los Cien Mil Hijos de frau Merkel?
    
La respuesta, según los catedráticos, está en Ortega.
    
Un gobierno militar tendría la ventaja de acabar con estas farsas parlamentarias que tanto nos repugnan... Son los militares los que deben imponer silencio y orden en este galimatías político, dando con su sable en los consejos ministeriales
    
Eso escribía Ortega en “El Sol” de 1920.

    Y ya no sabe uno si hacer caso a Varsavsky y llevarse la cartilla a un banco extranjero para escapar al corralito.

    Varsavsky es el Valdano de Internet y la gente bien le ha afeado el aviso por el miedo a la estampida, que sería como la de las vacas de John Wayne y Monty Clift en “Río Rojo” cuando el vaquero glotón fue al carromato a robar miel y tiró todos los cacharros.

    Por España. Siempre por España.

El drama de la Ribera del Manzanares


Europeos

En defensa (de lo que queda) de Madrid

El señor Dolls en su última comparecencia cuvillesca en Madrid

José Ramón Márquez
 
Hay que ver lo bueno que es tener un apellido. Por ejemplo, te llamas Apellániz y nadie te hace ni maldito caso, porque en el toro yo creo que no hay registrado en toda la Historia ni un sólo Apellániz, pero si te llamas Sánchez Mejías, que suena a par por los adentros, la cosa ya cambia y entonces ya puedes escribir las sandeces que se te ocurran, que para eso tu tío abuelo o lo que sea las palmó en la calle de Goya por una cornada que le dieron en Manzanares. Cosas del apellido. Yo, como me apellido lo mismo que el Belmonte Rubio, esas cosas me dan lo mismo, pero entiendo la pena mora de los que no puedan oponer su genealogía a los sabios de familia.

Viene esto a cuento de unas humoradas que he leído en el querido ABC, donde un Sánchez Mejías que no pone pares por los adentros explica a su clientela que Madrid es mú mala porque se mete con Manzanares; jopé... y lo fácil que sería que Madrid se entregase sin fisuras al tal Manzanares si en vez de venir con chotos viniese con toros  (cuvis versus cuadris) y si en vez de hacer el toreo al revés, como lo hace el July, pero con más ‘estética’, lo hiciese al derecho como el difunto Sánchez Mejías, el de la calle de Goya. ¡Vaya guasa!

Tonterías de Hispalis tenemos a raudales, y mira que nos gusta esa Plaza y más aún esa ciudad, pero es penoso tener que leer eso de que en Madrid se rechaza a un torero por haber triunfado en Sevilla, como un cansino déjà vu, que si el Mejías se acuerda por ventura de alguna faena de Emilio Muñoz en Madrid, ya la puede ir sacando, y si se acuerda de la faena de Emilio Muñoz en Sevilla, la de la Puerta del Príncipe y el lío en Triana, que la cuente, si tiene redaños.
 
Dice Sánchez que ‘no se puede ligar estando permanentemente cruzado’ y  Márquez le dice que eso que él niega se lo ha visto hacer a un torero gallego que se llama Curro Romero, que triunfaba algo por la parte de Sevilla hace unos años y que tuvo enorme cartel en Madrid.  Nos movemos día a día en este pantano de boberías sin cuento para confundir a los bien intencionados, en ese afán de pervertir la enseñanza, en ese deseo de que triunfe la impostura, en la necesidad morbosa de reivindicar lo accesorio como esencial, y ahí es donde radica el auténtico cáncer que corroe la Fiesta desde adentro.

Si Sánchez Mejías, quizás desde su televisor, anestesiado por los arrullos de Molés y sus compinches, estima que Fandiño hizo unas ‘tandas de toreo profundo y largo’ eso significa o que este tío no se entera, o que tiene mala intención. Porque yo creo que el que gritó “¡Se va sin torear”! acertó de pleno. Claro es que a lo mejor lo que se debe poner en cuestión es qué es torear para Sánchez, que lo mismo, para él, torear es eso que hizo Fandiño.
 
Al final de sus letras, el hombre deja una jaculatoria que le retrata como persona de la Cultura: “la Beneficencia [...] con un magnífico cartel, Morante, Manzanares y Talavante con Toros de Núñez del Cuvillo. Esperemos que los reventadores nos dejen ver el festejo en paz.” Apuesto a que lo único grande de los toros del Cuvillo será la T mayúscula ésa que le pone Sánchez. Por algún lado hay que empezar, digo yo, pero prefiero sinceramente que los toros sean fuertes y encastados y los toreros, toreros, y así no hay discusión posible.