martes, 6 de septiembre de 2022

Vertebrados gaseosos

Ernest Haeckel

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    El “vertebrado gaseoso” de Ernest Haeckel (el tipo que inventó la “ecología”) es un ser superior (vertebrado) e invisible (gaseoso). Como el Hombre Nuevo del Consenso, ya de “rentrée”. Si son invisibles ¿cómo sabemos que regresan del veraneo? Por los aparcamientos: toda la mugre que la incuria municipal acumula en Madrid vuelve a quedar oculta bajo los coches, que ahora son eléctricos: gusiluces del tonto contemporáneo para combatir el miedo a la oscuridad, que es el futuro.


    ¿Y qué es el Consenso? Una transgresión moral, en palabras de quien lo estudió a conciencia:


    –Una transacción sobre principios donde cada uno tiene que renunciar a ser lo que es para estar todos juntos en lo que nadie es: en el Estado.
    

Todo en el Estado, todo por el Estado, nada sin el Estado. Esta España socialdemócrata de paguita, calzón y bicicleta (¡los vertebrados gaseosos!) es una sociedad individualista que cultiva el individualismo de Estado. Pero el hombre “piensa por mor del pienso” (Ramiro Rico), e históricamente la sociedad que se confiesa por el individualismo tiende, irremediablemente, a colectivizar los individuos, a crear e imponer un modelo “standard” de individualidad, eso que tenemos delante.


    El teatrillo nacional del Consenso es tan ordinario que hasta la indignación moral por los indultos de turno suena falsa, con una Constitución que hace la misma función que la pegatina de la Itv en la luna del coche, y sólo es un hablar, porque la pegatina, si no la llevas al día, te cuesta noventa euros de sanción, mientras que la Constitución puede saltársela el gobierno con el apoyo incondicional del cuerpo social que lo sufre, que ahí reside la grandeza de mandar sin separación de poderes, cuando el designado (no elegido) para el mando legisla, juzga y ejecuta (“para sentirse más asentado, valga la redundancia”, como dice Morientes en el fútbol).


    Ningún tirano antiguo gozó de la cobertura cínica que dispone un jefecillo en un moderno Estado de Partidos, ni siquiera aquel Petrucci, “insignificante y malvado”, que en Siena, cuenta Burckhardt, gobernaba con un jurista y un astrólogo (Bolaños y Alvares, o al revés), y cuyo mejor pasatiempo veraniego consistía en hacer rodar grandes bloques de piedra monte Amiata abajo (aquí vuelan presas y centrales térmicas), “sin preocuparse por el objeto o la persona que pudiera aplastar”.
    

El vertebrado gaseoso frutece, pues, en tiranía. Coulanges repara en que la aparición de la palabra “tirano” en la lengua griega marca el nacimiento de un principio que las generaciones precedentes (que sólo a la divinidad habían hecho acto de sumisión) no conocieron: la obediencia del hombre al hombre.


    –La obediencia a un hombre, un poder de origen y naturaleza completamente humanos, había sido desconocido por los antiguos, y sólo fue concebido el día en que las clases inferiores buscaron un nuevo gobierno.
    

La nueva España de paguita, calzón y bicicleta.

[Martes, 30 de Agosto]