jueves, 13 de septiembre de 2012

Hamlet

Maurice Evans 
Hamlet


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Al ver la movida de la Diada, con toda esa gente porfiando por hacer de Barcelona un extranjero para pobres, todo el mundo pensó lo mismo:
    
Esto nos va a salir por un dineral.
    
Como la tristeza de Ronaldo.
    
Cuenta Cañabate que cuando Belmonte llevaba a su finca a la pandilla, siempre había alguno que torcía el morro. “¿Os falta algo?” Y Camba contestaba: “Hombre, algo, algo… sí. ¡Algún dinero de bolsillo!”
    
Los pucheros de Mas (más la cartulina verde del voto de Pep, que anda de gitano de Peret en un Nueva York de Lorca) le van a costar a Mariano un rescate de Cataluña en nuestro antifonario.
    
Amarillo era el cortinaje de la cámara de Enrique IV que un negro levantaba, nos dice Eugenio d’Ors. Y verde, ya ven, es el voto por la independencia de la Cataluña de Pep que un canterano levante cualquier mañana de éstas.

    –No os vayáis –suplicaba a Maragall cuando lo de Zetapé un amigo de Madrid–. Si vosotros os vais, seré más moro.
    
África fue señalada para horizonte político de la nación por Isabel la Católica en su testamento, pero el otro Maragall, el poeta (abuelo del ex alcaldón colega de Zetapé), señalado por Cambó como auténtico hijo fiel de aquella reina, sólo veía en España a otro Hamlet en leotardos, que finge querer averiguar la verdad de su ignominia, aunque lo único que quiere es dilatarla.

    –El pueblo español siempre encontrará excusas para no hacer nada… Si en un momento de excitación se lanza a obrar, su obra será violenta y desgraciada… Herirá aquello que más debe amar, y dejará en pie los principales objetos de su odio… Tirará estocadas a una cortina por si hay alguien detrás, y caiga quien caiga.
    
Cataluña (Messi, Llongueras, Adrià) sería el Fortimbrás de este reino de Hamlet.

    Eso escribió Maragall en pleno 98.