sábado, 29 de septiembre de 2012

Lenin en Bolivia

 
 
En plena segunda guerra mundial Grigulevich, el agente soviético que participó en el asesinato de Andreu Nin, en el primer atentado a Trotsky y en mil fechorías más, aseguró a sus superiores que por 65.666 dólares Bolivia podía convertirse en una república soviética. Estando en Uruguay se había enterado de que había aparecido un líder indígena revolucionario, llamado Lenin, que se consideraba en condiciones de proclamar el Estado Soviético de Bolivia. Todo lo que necesitaba para tener éxito eran esos miserables 65.666 dólares. A Grigulevich le sorprendió, claro, lo afinado de la cantidad, así que le preguntó a Lenin las razones que tenía para ello. Éste sacó un papel arrugado y comenzó a hacerle las cuentas elementales de la revolución: Tanto para el soborno del jefe del arsenal; tanto para el del jefe de correos; tanto para el jefe de la estación, etc, etc. Era un plan perfecto, pero en lugar de armas usaba dólares
Sin embargo, estando las cosas tan claras, en Moscú quisieron regatear el precio de una revolución sin sangre y sólo se mostraron dispuestos a entregarle a Lenin 60 mil dolares. Pero Lenin, que tenía las cuentas bien hechas, dijo que sin los 5.666 dolares que faltaban, no había nada que hacer.
Y nada se hizo.