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viernes, 27 de abril de 2012

Alemanes

Paul Breitner y el morrillo (con bufanda) de Hoeness

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Ya tiene cosa que los alemanes nos pasen por encima justo en el aniversario de lo de Guernica.

    –Euskadi se lleva las bombas; y para Madrid, el arte –fue el chupinazo plástico de Arzallus cuando el Guggenheim rondaba al “Guernica” del Reina.

    Y José-Miguel Ullán, con cuyos “agrafismos” inauguró ayer exposición la madrileña Casa Encendida, salió a explicarle que, puestos a cruzar la raya, sería como sugerirle al nacionalismo de Alcácer que reclame para el lugar de la tragedia los cuadros de Balthus.
    
Pero estábamos en el Bernabéu, tomado por los alemanes, que, como ocurre con los españoles, los hay de muchas clases, y conviene conocerlas todas, ahora que volvemos al “Vente a Alemania, Pepe”, de Pedro Lazaga.
    
En el mismo Bayern están Rummenigge o Beckembauer, al que se le ha puesto cara de Diane Keaton en visita cultural, y Hoeness o Breitner, que son otro cantar.

    Hoeness es un Simplicius Simpliccísimus que va por la vida de pagafantas cabreado porque cree que cada copa que los demás se toman sale de sus bolsillos.

    En Ávila, con El Cid, nos pasó una vez que, yendo detrás de la única luz encendida en sábado por la noche, caímos en un bar de hotel donde nos pusieron una copa que no pudimos tomar, pues apareció un señor como Hoeness que nos dijo:

    –Hombre, esto yo lo hacía de estudiante. ¡Pero ustedes…!
    
Nos habíamos colado en una boda.

    Y así se sentía uno el miércoles en el Bernabéu: colado en una boda pagada por Hoeness, y con Breitner de ultrasur… del Bayern, como si el Madrid todavía le debiera dinero. El que él destinó aquí a acorralar a Franco contra el maoísmo. Qué tíos.