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sábado, 21 de abril de 2012

Alberos

Morante, de angelote de Rafael

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Viaje del Real a Barcelona, donde no se sabe qué corte de pelo le espera esta noche, pues tampoco se sabe que más podría darle Villar a Sandro, dicho sea suavemente, a lo Danny Daniel. El último en cortarle el pelo allí al Real fue Iturralde, ese oxímoron.

    Fuera del fútbol, arrecia lo que la izquierda, que es la que se ha bebido los botellines, llama recortes, y Mariano, al negarse a hacer el “sinpa” que esa misma izquierda le reclama, se nos aparece como el gran recortador, un barbero en sábado de boda, lo cual nos lleva a donde no queríamos, que es a hablar del peronismo, ese franquismo de peluquería.

    El peronismo le ha recortado una empresa a España, y Bielsa lo celebra recortando la hierba como le gusta a Guardiola.

    –En España sólo a mí y a Bielsa nos gusta cortita.
    
El césped en el fútbol es como el albero en los toros. En Sevilla, por la crisis, han cambiado el viejo albero, que era un polvo de estrellas, por la arena de río de los talochas, y los toreros hacen faenas de albañil, en que cada pase es un ladrillo sobre ladrillo, que fatiga da verlos.

    A Morante, que va de angelote de Rafael, el truco de parar los relojes le quedaba divino con el pan de oro del viejo albero, pero la arena menestral le da un aire como de apandador, y haría bien recortándose el pelo, como la Sharapova.
    
Hierba bien corta, pues, la que nos espera en el Camp Nou (“Aquaeductus Novum”, le decían los romanos de Segovia a lo suyo), para que ruede limpio el cochinillo dorado de Figo y rauda esa “llebre de la llibertat” que atiende por Joel Joan.

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