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martes, 31 de agosto de 2010

Tanguillos de Cádiz


José Ramón Márquez

I

En un solar vallado hay siete borricos, machos y hembras. Entre ellos, además, hay un buche. Debe tener dos o tres días. Está tumbado a veces y otras da unos pasos mientras roza con el hocico en las pajas. No se separa de la madre.

-¿Y estos borricos? ¿Aún los siguen usando en el campo?
-No, hombre. Eso era antiguamente, ahora los tenemos sólo por la subvención.



II

En un carril de El Palmar hay una carnicería con un rótulo que dice “Carnicería El Palmar”. Tienen carne de retinta, chuletones magníficos infiltrados de grasa de ganado criado en libertad, tienen cerdo ibérico, secretos, presa o costillas y salchichas que hacen ellos, también pollos corraleros de verdad con espolones de pollo de pelea.
En un pequeño tablón de anuncios, en el interior de establecimiento, hay fijado un cartel en el que pone: “La reforma de este establecimiento ha sido cofinanciada por la Unión Europea con fondos F.E.D.E.R”



El cortijo

Y el cartel
III

En otro carril, de tierra, hay una entrada a un cortijo. Fijado a un poste hay un cartel que anuncia que se venden huevos. Allí viven Cristobalina y Paco. Ambos son viudos. Paco cultiva el huerto y ella vende el producto. Tienen lechugas, berenjenas, tomates, pimientos de freír y de asar, cebollas, patatas, calabazas y huevos de verdad.

-Es que, mire usted, nosotros nos querríamos casar, pero no podemos porque entonces a ella la quitarían la pensión.
- Claro, hombre, ya me hago cargo...
- Cristobalina, ¿le quedan berenjenas?
-Anda, Paco, ve al huerto a por berenjenas para este hombre...
- ¿Y esta construcción donde viven, cómo se llama?
-¿Esto? Pues cortijo. Cortijo de paja.



IV

En la sede local de la PSOE de Conil hay un cartel fijado a la puerta: “En el mes de agosto no abrimos por vacaciones”.
Replica Marx en el Manifiesto: “El gobierno del Estado moderno no es más que una junta que administra los negocios comunes de toda la clase burguesa”.



Primera piedra del Ikea de Jerez

V

El termómetro marca 42º en Jerez. Acaban de inaugurar el IKEA. Son las cinco de la tarde. El aparcamiento está lleno a rebosar. Entramos en la tienda y parece IFEMA cuando va el Rey. Todos los de Jerez que no tienen aire acondicionado en su casa se han ido allí a gozar del frescor que ofrecen los suecos gratuítamente. La tienda está intransitable. Hay personas tumbadas en las camas, otros en los sofás, las sillas todas ocupadas, en los sillones hay familias enteras disfrutando de las comodidades de la exposición, abuelos dormitando, niños corriendo.

Dice Paz, que los conoce bien:

-Esto, los suecos no lo pueden entender.

A la salida, la línea de cajas está vacía. Han ido todos, pero allí nadie ha ido a comprar.