miércoles, 24 de noviembre de 2021

martes, 23 de noviembre de 2021

La sardina


Manuel García Pelayo

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    La nación española nace el 2 de mayo de 1808, no porque lo decidiera un cura, como en Francia, sino porque el pueblo (manso, de arreones) se echó a la calle. Pasado el arreón, desapareció (¡nuestra famosa atonía popular!), facilitando la corrupción inaudita de la clase dirigente. Hasta hoy.


    En octubre del 76, en su visita a Carlos Andrés Pérez en Venezuela, el Rey pudo consultar la situación española con Manuel García Pelayo, que dirigía en Caracas el Instituto de Estudios Políticos y que aconsejó que no se hiciera Constitución, pues la época de las constituciones había pasado. Bien mirado, Inglaterra no tiene Constitución escrita y ahí está, tan terne. Alemania, en cambio, presentó a los militares gringos una ley fundamental redactada por el nazi Maunz que ahora se nos vende como si fuera la Constitución de Hamilton, Madison y Jay, y andan los alemanes (¡los alemanes!) impartiendo doctrina democrática… a Polonia.
    

Pero la vida llevaría a García Pelayo a presidir el TC de la Constitución del 78, y a traicionarla por Rumasa, y a volver a Venezuela para morir, según la leyenda, de melancolía. Aquella gatada del TC fue el primer clavo en el ataúd del 78; el último lo acaba de remachar Casado al vender su parcela heredada en ese poder constituido que se atribuye poder constituyente, lo que lo convierte en un poder constitucionario. Es el entierro goyesco de la sardina’78. Con su decisión, Casado aplaza la ley de pandemias que nos vendía, versión posmoderna de la ley habilitante de Hitler en Weimar.
    

–El TC no es poder judicial –justifica Casado, y no lo hace por el “presque nulle” de Montesquieu.
    

“Poder judicial” sólo es un epígrafe en la Constitución’78 (el término no aparece más), porque, idealmente, no es un poder, sino una autoridad que Casado deslegitima para siempre con su enjuague timótico (de timo, no de ira). Para él la política es un listo (él), un tonto (Ayuso) y un primo (el votante). La estampita de Julián Delgado. La “atonía popular” hace el resto.

[Martes, 16 de Noviembre]

 


Martes, 23 de Noviembre

 


Pies de pollo chinos

lunes, 22 de noviembre de 2021

Noviembre


 


 

Francisco Javier Gómez Izquierdo


       Los hijos educados a la antigua creemos que nos corresponden ciertas obligaciones y procuramos atender a los venerables padres como mejor podemos. A tales menesteres he dedicado lo que llevamos de este noviembre recordador de difuntos en los que la madre nonagenaria sigue estable con su "...cuidaos y disfrutad, que lo malo vendrá".  Los paseos por las orillas del Vena y el Arlanzón, la peste que mata, la edad y el entrañable frío que tanto añoro los julios cordobeses nos empujan al Gaitu y servidor, entre apesadumbrados por lo que vemos y contentos por encontrarnos cada poco, a repasar la lista de los amigos y la deriva del fútbol al que ni somos capaces ni tenemos ganas de renunciar.
     

Durante las dos o tres horas de caminata a ritmo, convenimos en que ya no hay selecciones fuertes. Si acaso Francia, pero nuestras naturales exigencias achacan debilidad en su defensa, Alemania no intimida como el Bayern, tampoco Inglaterra como sus clubes, e Italia... al triste nivel del resto de las de fama.  En la selección española cuentan poco los futbolistas por tan intercambiables y sujetos a novedades extravagantes. Se han consolidado los arrebatos decisorios de Luis Enrique y los aficionados estamos sumidos en la incertidumbre de si la propuesta del día es genial o simplona. Luis Enrique, a pesar de caer mal a todo quisque, juega con la ventaja de que "sabe de fútbol más que todos" y por eso es capaz de apañarse con lo que hay y lo que va quedando sin lesionarse. No es poca cosa, no crean.
    

Vemos al Madrid campeón de Liga en marzo como dice mi cuñado y sólo consideramos rival al Atleti si espabila y encaja lo de los tres centrales que es moda que se lleva mucho y que nos gusta muy poco a los dos. Aplaudimos la casta y el juego de la Real, esperamos más del Villarreal que pierde puntos por errores impropios de primera división (Rulli en ésta última jornada sin ir más lejos), del Sevilla que tiene un equipazo o del Valencia de Bordalás del que no entendemos cómo mantiene a Diakhaby en la titularidad.
    

El Gaitu no va a El Plantío porque sufre con el frío. Dice que tiene tantas "maluras" por los fríos que pasamos cuando nevaba y helaba como Dios manda... y que encima el Burgos juega mal, no hay equipo, y si no descendemos será de milagro. Le reprocho que haya renunciado a nuestra segunda catedral, pero es cierto que el equipo deja mucho que desear. El problema es que está mediatizado por la catastrófica gestión económica de la familia Casselli, gracias a Dios fuera del club, y Michu, ídolo de Haaland, no puede fichar a nadie. Confiamos en mantenernos y que la temporada que viene tengamos mayor margen de gasto.
    

Del Córdoba no le digo nada porque poca cosa hay que decir hasta que subamos a la Segunda B que ahora se llama 1ªRFEF. Mañana jugamos contra el Guijuelo el título del fútbol modesto: la copa Federación que el año pasado ganó la Llagostera y el anterior el Real Murcia. Es título éste, como las peladillas de las bodas antiguas, creado para contentar a las más inocentes criaturas. Llego a Córdoba y la afición está entusiasmada. Me encargan que saque entradas con mi carnet de abonado y dicen que andan ya por 12.000 los que acudirán a El Arcángel mañana. ¡Oye, habrá que ir!

Fútbol para ascetas


 “Hard Luck”

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    En la rebelión de las masas, fenómeno que nunca veremos en el fútbol, que por eso cuenta con la protección oficial, confiesa Ortega su hartarse de advertir que la mayor parte de los hombres (“y de las mujeres”) son incapaces de otro esfuerzo que el estrictamente impuesto como reacción a una necesidad extrema, cosa que explicó más graciosamente Bertrand Russell en su ley de la pereza cósmica, según la cual los cuerpos abandonados a sí mismos hacen su camino tan lentamente como pueden, como se vio este fin de semana en la jugada de Hazard ante el portero de Estonia.


    Esta pereza cósmica sería la razón, al decir de Ortega, por la que quedan monumentalizados en nuestra experiencia los pocos seres que vemos capaces de un esfuerzo espontáneo y lujoso, como por ejemplo (si establecemos la comparación con Hazard) Vinicius.
    

–Son los hombres selectos, los nobles, los únicos activos, y no sólo reactivos, para quienes vivir es una perpetua tensión, un incesante entrenamiento. Entrenamiento = askésis. Son los ascetas.
    

Del fútbol para “hestetas” (con “h” de Cortázar) al fútbol para ascetas, en el cual asceta es el que corre más allá de sus necesidades.
    

–Xavi quiere meter un gol para dedicárselo a un niño con cáncer –dijo un radiofonista “hestético” en un partido del Barcelona contra el Milán.
    

No se puede imaginar Sonsoles (guiño al Zapatero de “Sonsoles, no te puedes imaginar la cantidad de cientos de miles de españoles que podrían gobernar”) la que nos ha caído en España con Xavi, el durmiente de Catar.
    

La “hestética” fue un hallazgo de Juan Luis Romero Peche, que la estudió en su “Libelo contra los estetas”, y consiste en una especie de desvarío colectivo con reveladores matices de respeto (mal entendido), incultura (bien aprehendida) y elitismo (que ni se entiende ni aprehende, pero se ejerce con demagógico machamartillo).
    

Para Peche, los “hestetas” son bípedos de hábitat difuso, pero siempre apoltronados en una orilla izquierda políticamente correcta.
    Un “hesteta” de los de Peche considera “artístico” a todo lo que procede de lo que sin rubor se denomina “expresión de sentimientos”.


    –Este sentimiento por el Barcelona es muy grande –fue la primera declaración de Xavi, el tipo que inventó el “fúpbol”, nada más volver.
    

La apreciación de la Belleza, advierte Peche, es a los fantasmeos de los “hestetas” como el amor cortés a las sudorosas maniobras con una muñeca hinchable.
    

Así, pues, Luuk de Jong es un “hesteta”, y Vinicius, un asceta, como Carvajal, cuyo ascetismo, que consiste en correr la banda, comienza en su dieta, reducida poco más o menos a chupar raíces: “No estoy comiendo gluten, nada de trigo, tampoco leche de vaca. Todo es leche vegetal. Nada de carne roja”.
    

¿Incluirá el césped retráctil del nuevo Bernabéu las raíces de la dieta de Carvajal y demás ascetas del Madrid? Seguro que sí. Ese césped retráctil ha de ser el escamoteo florentiniano, un mete-saca fabril y manufacturero, al xavismo que se nos echa encima. Si el fútbol inventado por Xavi pasa por el césped, retraes el césped y adiós al fútbol de Xavi, que ha vuelto a Barcelona con una báscula para pesar cada día a los futbolistas, un decálogo para definir su mando y un veterano de las Termópilas para recalcular el “Earnings Before Interest Taxes Depreciation and Amortization” (Ebitda) del club, Dani Alves, el futbolista con más títulos en su taquilla, pues se supone que al añadir al incremento de cotización de los futbolistas internacionalizados por Luis Enrique la suma de títulos de Alves el valor de la plantilla se disparará en el mercado.
    

–No olviden la frase, justamente famosa: 2 más 2 son 4; pero ¿y si fueran 5?
    

Tomado del “Decálogo más uno, para escritores principiantes” de Onetti.
    

En su día la prensa italiana habló de la jaula para Messi (una “gabbia”) para describir la táctica con la que el Inter de Mourinho eliminó al Barcelona de Guardiola, el padre de Xavi (“Todos somos hijos de Van Gaal, de Guardiola, de Luis Enrique”…, ha confesado Xavi). Mi sueño con el césped retráctil es el final de “Hard Luck” de Buster Keaton: Keaton salta del trampolín, atraviesa la tierra y al cabo de los años sale del agujero con esposa y niños chinos.


 

 

HOENESS Y JEQUES


    Hoeness, presidente de honor del Bayern, agita su banderín moral contra el “dinero de mierda” de PSG y City. Hoeness no es hombre de lecturas, como Breitner, e ignora el simbolismo que el psicoanálisis establece entre la caca y el oro. Hoeness distingue el dinero del Bayern, procedente de jugar al fútbol, del dinero de los jeques, procedente de inversiones. “¿La diferencia entre ellos y yo? Yo trabajé duro para ganar mi dinero y ellos lo recibieron como un regalo”. En 2014, Hoeness (“un hombre que gozó durante años de la fama de ser la instancia moral de Alemania, una especie rara de ejecutivo honesto, generoso con los desposeídos y una persona que no vacilaba en denunciar las injusticias sociales en su país”) fue condenado a tres años y medio de cárcel por fraude fiscal. “Mientan siempre”, es el décimo mandamiento de Onetti.

[Lunes, 15 de Noviembre]

La primera "Mujer Macho" que en España vivió del Periodismo


Carmen de Burgos
(Almería, 1867 - Madrid, 1932)


CONVERSACIÓN CON CARMEN DE bURGOS, COLOMBINE



Por Alberto Guillén


¿Queréis oír hablar a Colombine?

Al ir a verla me decía:

¿Colombine? ¿Colombina? ¿Colombine?

¿Acaso alguna farsa en los jardines que dibujó Le Nôtre?

¿Algún motivo de Wateau?

¿Alguna pastoral en donde las marquesas enreden los dedos en los vellones de artificiales corderos y en los rizos de más artificiales?...

No.

Colombine no es una pastoral. No hay aquí vizcondes rubios para desafíos ni abates finos para madrigal.

No.

Colombine es una pastoral. (Aunque bien pudiera asomar en su vida la faz enharinada de un Pierrot, de un juglar; de un genial juglar a quien admiro mucho porque...)

¿Quién? Silencio. Que me puedo comprometer.

Dejemos al grillo raspar en su violín y a Ramón hacer trescientos libros, mientras la luna se viste de ennoviada. ¿Ramón? ¿Qué Ramón? ¿Habéis leído El ramonismo? ¿No habéis estado en la Sacra Cripta? Esperad, voy a contaros:

Una noche...

Yo no amaba a Colombina, digo a Colombine. Qué iba a amarla... Tampoco la estimaba.

Recuerdo que de niño leí los Cuentos de Colombine y pusieron lágrimas en mis ojos. Pero aquellos eran otros días y aquellos ojos los de un adolescente... que lloraba también con las penitas de la Cenicienta y se desmayaba cuando el Lobo se comía a la abuela de Caperucita.

Ya en Madrid me habían dicho que Colombine era una señora muy gorda que escribía libros de cocina y recetas de tocador.

¿Quién me lo dijo?

Me lo dijo Concha Espina.

Me lo dijo Julio Camba.

Me lo dijo... ¿Quién me lo dijo?

Es decir; ¿que Colombine era algo así como una Dueña? ¿Recetas de cocina y de boudoir? Es decir; ¿que Colombine era algo así como una azafata o como...?

Entonces, ¿por qué fui a ver a Colombine?

Porque me dio la gana, os podría contestar.

¿Razón definitiva?

No. De locos y de niños es el razonar así.

¿Darnos la gana?

Ésa no es una razón, es un motivo, y, entre razones y motivos, hay, según la acreditada opinión de mi maestro de filosofía universitaria, una pequeña diferencia:

El motivo es cosa del corazón.

La razón...

Del cerebro. Ya me comprendéis, ¿verdad?

Bueno, además de esta gana de ver y conocer a Colombine, yo sabía que detrás de Colombine había una mujer: Carmen de Burgos, escritora de novelas agresivas, que le habían costado hasta media docena de procesos.

Además, Colombine había escrito de mí elogiosamente en el Heraldo de Madrid.

Valía la pena, pues...

Valía la pena conocer a Colombine.

Era un caso raro de mujer-macho. Mientras todos los escritores se habían guardado la lengua en cualquier parte, esta escritora salía protestando altivamente en nombre de las escritoras y de doña Emilia Pardo Bazán.

Cuanto a mí, Colombine me había llamado escritor americano y audaz, Diablo Cojuelo, en fin...

–¿Está la señora Colombine?...

–¿La señora Colombine? No está..., no vive acá –me dice la portera, llevándose los dedos a la boca.

Es verdad. No hay tal señora Colombine. Éste es un seudónimo literario, algo así como el disfraz carnavalesco con que se oculta una mujer de corazón y de cabeza.

–¿Conocen ustedes a Colombine... digo, a la señora Carmen de Burgos?

–¡Ah! –dice la portera sacando los dedos de la boca–, la señora Carmen está en el tercero, suba usted.

Y subo, subo, subo... hasta el tercero.

–¿Es usted Carmen de Burgos?

–Sí. ¿Y usted?

–¿Yo? Pues nadie... Digo, Alberto Guillén.

Colombine no tiene la cara enharinada, como pudieran creer los que compraron sus recetas de boudoir. No tiene tampoco delantal de cocinera.

Colombine es una mujer alta, bien formada, maciza, que viste a la mundana y no como cualquier Cenicienta. En fin...

Colombine no se asusta.

Sin hacerme pasar al salón, todavía en el pasillo, me dice riendo francamente:

–¡Ah! Es usted el que nos hace hablar a unos mal de otros, el autor de La linterna de Diógenes, ¿verdad?

–¡Que usted ha elogiado, señora! –digo inclinándome.

–Sí, en efecto, es un libro valiente y agresivo. Me gusta. Me alegro de charlar con usted. Pues yo soy una que le puede hablar mal de mucha gente. ¿No piensa usted hacer una segunda serie de La linterna?

–No, señora, aunque...

–Sí, aunque... pudiera usted hacerlo. ¿No es eso?

–Como usted quiera, señora... Es regla de educación que aprendí de chiquito que a una dama no se le debe negar nada.

–¿Es usted galante, Guillén?

–No sé, señora. ¿Leyó usted mi libro?

–¡Ah! Es verdad, no puede ser galante el hombre que... ¡Qué cosas más graciosas dice usted de Concha Espina!... Es una escritora...

–El alma no tiene sexo, Colombine, según dice Cristina de Suecia.

–Sí, pero debió usted tratar mejor a esa señora.

–¿Usted cree que la he tratado mal?

–¿Mal? No sé. En fin..., su libro es delicioso. Tiene una gran soltura de estilo, es movido y valiente, diáfano y ameno. Además, es un libro moral. O moralizador, como usted quiera. Es necesario que haya quien diga la verdad, que haya quien la grite aunque todos la llevamos entre dientes.

–Gracias, señora Colombine. Mi libro..., ¡pisch! Es alegre y ameno, de eso estoy seguro. Lo hice jugando. Tracé mis muñecos como los niños sus garabatos de colegio. No quise hacer daño, de eso sí esté usted segura. Tiene alegría, no malevolencia. Es humorista, no libelista.

–¡Pero hay quien dice que es valiente!

–¿Valiente? Acaso sí. Pero en ese caso tiene la valentía de los niños, que dan volteretas sobre los precipicios. O que persiguen mariposas al borde de los abismos. ¿No le parece que el peligro es la mejor de las voluptuosidades?

–El peligro y la lucha.

–¿Y para qué la lucha?

–¿Y para qué la lucha? ¿No luchamos con todo, hasta con nosotros mismos? Si mi libro es valiente, yo no lo sé, no soy yo quien debe decirlo. Se lo repito, mi gesto es el de los niños que dicen la verdad con entera simplicidad de corazón, sin saber el daño o el bien que hacen.

–¡Pero usted los ha cogido!

–No, señora. Ellos se han entregado. Como los pingüinos, creían tener alas y andaban en dos pies, ni más ni menos que los hombres. Yo los cogía, los apaleaba riendo. ¿No sabe usted que a los pingüinos los mineros los cazan a palos?

–Sí, sí, son muy bobos, pero...

–Sí, tan bobos que se dejaron coger y apalear ni más ni menos que los pingüinos. ¿Se ríe usted? Yo soy un niño cazador de pájaros bobos. A los pingüinos se les coge con la mano, se les acaricia los alones y... Pero yo quiero oírla hablar a usted.

–¿A mí? ¿Y qué puedo decirle?

–Usted me prometió hablar mal de mucha gente. ¿Quiere usted comenzar por el señor León (Ricardo)? ¿Qué le parece a usted, Colombine?

–A mí no me parece nada. No tengo una opinión de él porque es difícil. ¿No le parece ímprobo trabajo formarse una opinión de los discos del fonógrafo? Hay que oírlos muchas, muchas veces, tantas cuantas los soporte nuestro aburrimiento, pero... Sólo le diré que el señor León es, como decía Fígaro, “un animal de poco escarmiento”. No se cansa de escribir novelones insulsos ni de... hacerle premiar sus obras a Concha Espina.

–¿Sí?

–¿Quiere usted una noticia graciosa? Usted lo ha hecho pelearse. Les hizo hablar a uno mal del otro y, como vivían en la misma casa, con diferencia de piso (doña Concha en el tercero y don Ricardo en el segundo), ella se ha mudado. Ya don Ricardo León no la visita con las medias rayadas en el bolsillo del chaqué.

–¡Cuánto lo siento!

–No debe sentirlo, no. Ya no le premiarán en la Academia más novelones a la señora Concha Espina. Y esto es un bien. Además, las medias rayadas pueden definir al señor León. ¡Es tan bueno!... ¡Tan bueno! Pero a mí me parece un frasco viejo y vacío del todo, como dice el Talmud. ¿Usted ha leído el Talmud?

–¿La traducción o selección de Cansinos?

–¡Pobre Cansinos! A mí me da mucha pena. Nació fracasado, vive fracasado, es un fracasado. Todos lo sabemos, y lo peor es que él también lo sabe. Esto es lo más triste. Tiene los tres sexos, pero es sucio y desarrapado. Mejor no hablemos de él, porque llegaríamos a sentir mal olor.

–Como usted quiera. ¿Y el gran Eugenio Noel?

–Créame, Guillén, yo no estimo a Noel. Me carga. Hay quien dice que tiene un talento formidable. Pero a mí me carga, hay quien le cree el mejor escritor de España...

–Sí, señora, uno de los mejores.

–Bueno, pues a mí me carga. Desde que Noel habla mal de los toros, a mí me gustan más.

–¿No cree usted que ésa era una manera de hacerse notar? Todos tienen la suya.

–Sí, eso creo. Noel ha estado siempre persiguiendo la notoriedad. De jovencito se encerró en un sótano, ni más ni menos que un castor y una marmota. ¿Para qué lo hizo? Para que lo llamasen genio. Cosa parecida hizo el gran Ramón y Cajal, pero éste no lo hizo para que lo llamasen genio, sino para estudiar la vida de las hormigas.

–Sí, señora, ya me lo han contado.

–Bueno, pues Noel se rapaba las cejas y la frente para el mismo objeto. Hasta que un día los sevillanos, calientes por una conferencia antitaurófila de Noel, le raparon toda la cabeza. Era de ver el león sin melena. Se encerró no sé dónde hasta que le creciera de nuevo la cabellera que hoy se usa. Estos poetas melenudos me hacen el efecto de Sansones: pierden la fuerza si les cortan los cabellos. Noel es notable por sus extravagancias. Otro día...

–¡Basta! Salió con un paraguas verde y enorme, como hacía Bonafoux. ¿Conoce la anécdota? Y detrás de Bonafoux iba un negro que decía a los transeúntes asustados: “Ése que va ahí, el del paraguas verde, es Bonafoux, el gran Bonafoux, el formidable escritor Bonafoux...!”

–¿Sí? Igual cosa hacía Azorín, sólo que su gran paraguas no era verde, sino rojo. ¿Conoce usted la carta de Ayala a Azorín?

–No, señora.

–Hela aquí, espere. Aquí está:

“Con el claro y rotundo monóculo en un ojo, en la mano el arcaico paraguas color rojo, luego la tabaquera, esculpida, de plata, y allá en lo íntimo sorda misantropía innata.”

–¿Ha oído usted?

–Sí, señora, son unos versos muy hermosos. Ayala es un gran poeta, a mí...

–¿Un gran poeta? En fin...

–Qué bonitos aguafuertes de Goya tiene usted, señora doña Colombine. Aquel retrato se lo hizo Romero de Torres, ¿verdad? ¿No es el mismo que Ramón Gómez de la Serna publica en Pombo junto con un elogio en que dice que las mujeres tienen reservas irresistibles en el corazón, hasta en el de las enamoradas?

–¿Ha leído usted?

–No, señora. Lo he ojeado apenas.

–¿Y le gusta Ramón?

–Sí, señora. Es el único, el más grande humorista español. Me hace el efecto de los clowns ingleses. Dice un chiste con la cara seria. ¿Y Marquina (Eduardo)? ¿Le gusta a usted?

–¿Marquina? Es una cosa de chantillí. Algo así como un encajero. El que sí es un caso es Jacinto Grau. Yo le cogí unos plagios y él me amenazó con los tribunales... porque hacía daño a su prestigio. ¡Ah, su prestigio! ¡Qué risa! ¿Sabe usted el estribillo de las gentes de teatro? “¿Grau? ¿Grau? ¡Teatro cerrau! ¡Teatro cerrau!”

Colombine, como se ve, habla con desenfado. Parece hombre. Es verdad, el alma carece de sexo. Bueno, su mirada, la de Colombine, es abierta y franca.

Es feliz, Colombine es feliz.

Ella me lo ha dicho. Por encima de la vida, más allá del bien y del mal. Su vida no es una página para el Calendario de los Santos ni una letanía del padre Ripalda. Es un poema de Nietzsche. Creció en un poblado como un salvaje. No sabía leer y, cuando aprendió, leía a Jorge Sand y Lord Byron. Y Lord Byron se encarnó. Descendió de sus sueños y... se casó con Colombine. Luego se separaron porque Lord Byron era un burgués. Luego Lord Byron se murió y la viuda de Lord Byron se vino a Madrid. Traía una hija en los brazos. Y la vida, la rastrera vida, la seguía los pasos como una loba. Dio empellones (Colombine). También derrochó sonrisas (Colombine). Más empellones que sonrtisas, naturalmente. Dio bofetadas a un periodista... y besos... a su hija.

Hoy Colombine es feliz. Y se ríe por encima de todo, como enseñaba Zaratustra.

Vuelve a hablar.

–Hace usted bien en meterse con España. Soy española, pero es justo lo que usted dice de ella. Un país que tiene a Camba como escritor y como... humorista. ¡Uf! ¡Qué asco! Cuando Camba se decida a quitarse el calzoncillo..., se arrancará la piel. [Camba se pasó media vida mofándose de Colombine]

–¿Tiene usted un retrato, Colombine?

–Sí. Y un libro. ¿Cuál le regaló? Usted, que es agresivo y alegre, comprenderá mejor éste. Tenga: “Ellos y ellas y ellas y ellos.”

–Gracias, señora, adiós.

–Adiós Guillén, venga siempre. Hablaremos de personas y de cosas y también, si le parece..., de libros de cocina... ¿Sabe usted? Cenicienta.

(Madrid, 1921. Del libro “La linterna de Diógenes”, de Ave del Paraíso Ediciones”, 2001)

Lunes, 22 de Noviembre

 

Valle de Esteban


Bucólicas

domingo, 21 de noviembre de 2021

José Tomás, después de todo


José Tomás, segundo por la derecha, en Las Ventas

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc, 24 de Septiembre de 2002


Con los toros, decía Pemán, pasa como con el «cante jondo»: que son de tantos españoles que ninguno le cede a otro el derecho de entenderlo. Qué le vamos a hacer. Sin embargo, yo sólo he visto un genio en mi vida: es torero y se llama José Tomás. Así que, si él se retira, los demás no vamos a ser menos. Para socialdemocracia (esa socialdemocracia fabril y manufacturera del derechazo, la oreja y los millones), ya tenemos el fútbol, con sus millones, sus goles y sus pivotes. Después de todo...

También decía Pemán que ningún español debe aspirar a otra cosa sino a esa apretada sentencia que queda, después de ir poniendo y quitando valores, y que se expresa diciendo: «Ahora, que después de todo...» Porque cuando en España se es algo -gran torero, gran escritor, honrado, bueno-, se es «después de todo» y sólo entonces es cuando se ha triunfado.

Como José Tomás, el artista más «largo», después de todo, que uno ha conocido, incluido el pintor que más me gusta, que pinta porque no ha podido torear.

¿Y qué es torear? Para un espectador como yo, al margen de la teología y los reglamentos, torear es sortear a esa ola del campo que es un toro expresando en cada suerte la unidad plástica del valor, la gracia y la arrogancia, como el danzante y la llama en los ritos del fuego. El que se quita, huye. El que quita al toro, torea. Es muy sencillo, decía Corrochano, aunque no es fácil: todo es un juego de muñeca manejando por el suelo un corazón: la muleta.

Lo nunca visto fue que, donde los demás ponían la muleta, se puso José Tomás. Y entonces nos sobró todo. Por ejemplo, la técnica. Como vivimos una era técnica, los tecnócratas nos invaden. Pero, en los toros, la técnica no tiene más valor que una hoja de parra que tapa un disparate artístico: la subordinación del genio a una aplicación utilitaria del oficio. No hay un solo académico que no conozca la técnica literaria, pero yo sería incapaz de leerme una novela de ninguno. La técnica, en fin, está bien para cazar: Ortega explicó cómo en las tribus que viven de la caza la porción mayor de lo cazado es atribuida no al que mata, sino al primero que vio al animal, que lo descubrió y levantó.

«Ver», pues, al toro es lo que valora el tecnócrata tribal. A uno, en cambio, lo emociona más el que lo «mata». Porque la fiesta de toros no es sólo la del valor, sino la del miedo. El buen reparto, según Cossío, es que el torero no se asuste, pero que se asuste el público. Y José Tomás nos daba más sustos en una sola tarde que todo el escalafón en una temporada.

Hay que poseer una organización nerviosa especial, para pisar el terreno que pisaba José Tomás. Allí no hay sitio para ocultar la falta de densidad humana con el tedio de lo primoroso. Sólo lo hay para la Verdad, que, frente a Dios o frente al Arte, consiste siempre en eso: en tirarse a matar. Es la lógica profunda que Camón Aznar imaginó en ese situarse el torero en la soledad de la creación, brotando los lances de su pura gracia, con el toro como cauce de su movimiento para subrayar con su humilde fiereza la apoteosis de tanto rizo.

En la historia del toreo, que no es sino la del gradual acortamiento de la distancia entre el torero y el toro, nadie, que hayamos visto, llegó tan lejos como José Tomás, que, después de todo, se ha ido como diciendo: «Sobresalgan ustedes en lo suyo como yo he sobresalido en lo mío.»

 


De la imposibilidad de apretar las tuercas de los submarinos





El Estado supone que hay una bolsa de dinero negro enorme en España y que hay que hacerla aflorar con planes antifraude y amnistías fiscales; vamos, los clásicos palo y zanahoria de toda la vida. Y se quedan la mar de satisfechos por la ocurrencia. Se atreven incluso a dar cifras de la economía oculta. ¿Pero si es “oculta” cómo la ven? Son cosas de los aprobadores de oposiciones, que cuando se quieren enterar vía informe y análisis, ya es tarde.

Lo que el Estado no sabe, o no quiere saber, es que ya casi no queda dinero negro en España. Lo hubo, y mucho. Pero tras más de cinco años en crisis y sin ingresar ni una, las idas y venidas de los autónomos y pequeños empresarios a las cajas de seguridad de los bancos, a la baldosa suelta o al sobre con pasta en el libro hueco, han ido en aumento hasta agotar las negras reservas de billetes. Y los que tenían verdaderas fortunas en metálico hace ya muchísimo tiempo que no están aquí, ni ellos ni sus fortunas. Ahora mismo puedo contar por decenas los rumbosos empresarios con chalé, y moto Harley, que moran arruinados en la habitacioncita de soltero, con la guitarra y los banderines colgados de la pared, de la casa de sus ancianos padres, si tienen la suerte de que aún les vivan.

Señores del Estado: hay tres cosas imposibles de ocultar: el dinero, la salud y los elefantes. El que no lo crea que le pregunte a nuestra majestad por lo de los elefantes. Por la negra pasta que les pregunten a los pocos restaurantes de lujo que quedan cuántas cuentas son pagadas en efectivo con billetes azules. Sé que pretenden hacer creer a los mercados y a la jefa germana que si se ponen serios los malos van a aflojar la pasta. Pero no se pueden apretar más las tuercas de los submarinos. Es imposible.
 
[Mayo de 2012] 

Domingo, 21 de Noviembre

 

Valle de Esteban


El Moretum

"Mi reino no es de este mundo"

DOMINGO, 21 DE NOVIEMBRE

 

En aquel tiempo, dijo Pilato a Jesús: «¿Eres tú el rey de los judíos?» Jesús le contestó:

 -¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí? 

Pilato replicó: «¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?» Jesús le contestó:

-Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí.


Pilato le dijo: «Conque, ¿tú eres rey?» Jesús le contestó:

-Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz.


Juan 18, 33b-37

sábado, 20 de noviembre de 2021

La guerra cultural

"Un propagandista"

 

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    En la guerra cultural, la izquierda arrasa a la derecha, que se repliega en táctica de tierra quemada, como los rusos ante los alemanes de Hitler o los franceses de Napoleón, que también eran alemanes (¡y polacos!).


    –Los franceses no pueden quejarse de mí; para economizarlos he sacrificado alemanes y polacos –le suelta Bonaparte a Metternich–. He perdido trescientos mil hombres en la campaña de Rusia, pero en ese número no había más de treinta mil franceses.


    –Olvidáis, Sire, que estáis hablando con un alemán –contesta el ministro.
    

En su retirada, la derecha, que no ha leído una sola línea de Gramsci, quema sus ciudadelas para que no las queme la izquierda, como en el recreo el gafoso tira sus gafas al suelo y las pisa antes de que lo haga el matón.


    De la derecha nos viene que los nuevos novelistas no pueden con Proust; y si no pueden con Proust, no pueden con Bergson (ostraconeado en su día por Ortega); y si no pueden con Bergson, ¿en qué “tiempo” viven? Agitadores culturales (¡aquí querría yo ver hoy a Ullán!) que no pueden con Borges, reducido a un Martín Vigil para adolescentes como Zapatero, que sólo es un zángano, y no el adolescente muerto, físicamente transparente, de Julio Antonio. Y un no va más: columnistas que despachan a Nietzsche, el loco que profetizó las catástrofes planetarias de los siglos XX (las dos guerras) y XXI (la transvaloración de los valores), con el cartel de… “propagandista”.


    –Dios ha muerto. Dios sigue muerto. Y nosotros lo hemos matado –denuncia el loco en el mercado.
    

–¡Que te pires, propagandista! –le gritan estos ilustrados.
    

Sánchez, que tiene oído de tísico, como todos los “fuera de la ley”, oye eso y procede a ahorrarse la filosofía en los planes de estudio, que tampoco son ya el Bachillerato de Sainz Rodríguez. Los boches, como advertimos, nos han hecho un “griego” (la pasta destinada a los oligarcas saldrá de nuestras pensiones), y eso, jugando con la bibliografía de Marx, tiene un título: “La miseria sin filosofía”. A disfrutarla.

[Sábado, 13 de Noviembre]

Sábado, 20 de Noviembre

 

Valle de Esteban

Geórgicas del sanchismo

viernes, 19 de noviembre de 2021

Encanallamiento


 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Fuera de la propaganda, España, aculada en tablas, lleva dos siglos sin moverse, tirando gañafones al que se acerca a apuntillarla. Hay encanallamiento.


    –Qué bonita sociedad estamos creando –tuitea Sabaté, enfermo de “ela”–. Viene una trabajadora social a verme. Me pregunta mis voluntades, por si algún día estoy enchufado a una máquina. Es decir, como ahora. No es ciega. Luego me ofrece la eutanasia. Asco.
    

El Ortega de “La rebelión de las masas” lamenta la enorme dosis de desmoralización íntima, de encanallamiento que en el español medio produce el hecho de ser España una nación que vive desde hace siglos con una conciencia sucia en la cuestión de mando y obediencia, y señala el encanallamiento en la aceptación como estado habitual de una irregularidad, de algo que mientras se acepta sigue pareciendo habitual:
    

–Como no es posible convertir en sana normalidad lo que en su esencia es criminoso y anormal, el individuo opta por adaptarse él a lo indebido, haciéndose por completo homogéneo al crimen o irregularidad que arrastra.
    

Propone una “política de Nación frente a una política de Estado”, tan imposible entonces como hoy, pues la España oficial está donde estaba, en una política que consiste sustancialmente en explotar a fondo los vicios nacionales.


    –Ni el partido conservador es conservador ni el liberal, liberal. No eran ni son dos partidos de ideas distintas, sino dos grupos de personas diferentes.
    

Forman la España oficial de Ortega todos esos organismos (“del Parlamento al periodismo y de la escuela rural a la Universidad”) que son “el inmenso esqueleto de un organismo evaporado, desvanecido, que queda en pie por el equilibrio material de su mole”. Y a este inmovilismo llamamos moderantismo.
    

–Bajo la férula del moderantismo –dirá Azaña–, lo más granado de la sociedad española se aplica a vendimiar el Poder: “¡Hay mucha gloria que conquistar, mucho dinero que ganar!”
    

El centro era que llamen a la puerta de madrugada y sea Justino, el puntillero con la eutanasia.

[Viernes, 12 de Noviembre] 

Cuando los sueños producen monstruos


Gallardón
Faltan 364 días

El parque de la Warner Bros se inaugura hoy
 en Madrid con una gala que tendrá como invitados
 a Bo Derek y Christopher Lambert

No se podrá acceder al recinto
 con comida ni bebida de ningún tipo

Este complejo de ocio, cuyas obras comenzaron en mayo de 1999,
 está situado a unos 25 kilómetros de la capital,
 en el municipio de San Martín de la Vega,
 sobre una superficie de 250 hectáreas,
 aunque el parque ocupa 150 hectáreas construidas,
 y tiene una previsión de 2,6 millones de visitantes al año,
 con una capacidad máxima diaria de 30.000 personas

La inversión total del parque finalmente ha ascendido
 a los 395 millones de euros (65.717 millones de pesetas),
 de los que la Comunidad de Madrid ha aportado el 40 por ciento,
 más de 156 millones de euros (26.000 millones de pesetas)

El consejero delegado de la empresa gestora
 -Parque Temático de Madrid SA.- opinó que el parque de ocio
 de San Martín de la Vega será «uno de los mejores del mundo»
 y contará con «las mejores atracciones a nivel mundial»

 Los visitantes podrán disfrutar de representaciones
 y funciones en teatros y cines en tres dimensiones,
 juegos, espectáculos en vivo, platós de rodaje,
 restaurantes de varios tipos, incluido uno de cocina española

Cerrado por invierno

Gallardón puso en marcha el macrocentro de ocio
 accionando el enorme botón rojo de un gran mando a distancia
 simulado "tipo acme" y a continuación recorrió las instalaciones,
 donde fue saludado por personajes de la Warner como
 el Pato Lucas, Bugs Bunny, Porky, Piolín, o Marvin el marciano

Para facilitar el acceso al parque temático, explicó Cortés,
 se construirá una línea de ferrocarril de cercanías
 con una estación en el mismo recinto, y una autovía,
 la M-506, que partirá de la carretera de Andalucía

De esta forma, el Warner Bros. Park Madrid
 quedará a 15 minutos de la capital por carretera
 desde la M-30, a 20 minutos en tren desde
 la estación de Atocha y a 30 minutos
 desde el aeropuerto de Barajas

Aguirre cierra el tren que lleva al parque

La línea, que fue inaugurada un mes antes de que abriera
 sus puertas el parque temático, costó 85 millones de euros

Tenía una media de 190 viajeros diarios

La crisis del ladrillo

Catenarias  inalámbricas

San Martín de la Vega

La acometida

Y la bajante

Triste, solitario y final
 
[Marzo de 2014]

Viernes, 19 de Noviembre


 

Madrid Mingote

jueves, 18 de noviembre de 2021

Dostoyevski


 

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Dostoyevski cumple hoy doscientos años.
    

Si la literatura fuera seria como la música, antes de sentarnos a escribir una novela, leeríamos, para coger ritmo, unas páginas de Dostoyevski (no como Stendhal, que leía el Código Civil, o los novelistas españoles, que leen editoriales de “El País”), y el Hado aprovecharía ese instante para quitarnos de en medio como a Wertheimer (“El Malogrado” de Thomas Bernhard), que se ahorcó porque tuvo la desgracia de oír al genio de Glenn Gould tocar en el Mozarteum las Variaciones Goldberg.
   

 –La fatalidad de Wertheimer fue haber pasado ante el aula treinta y tres del primer piso del Mozarteum en el momento en que Glenn Gould tocaba, en esa aula, la llamada “Aria”.
    

Nuestra fatalidad, pues, es no habernos detenido a tiempo a leer a Dostoyevski, que nos redime de este mundo garbancero, donde los pultofagónides de la Cultura nos comen como sabañones, con dos fogonazos de magnesio: el sueño de Dresde y el inquisidor de Sevilla.
    

Ante el cuadro de Lorrain en Dresde sueña Dostoyevski que Europa no sabe nada de su hombre futuro: “Se ha creado entre nosotros, en el curso de los siglos, un tipo superior de civilización: el de sufrir por el mundo. Ése es un tipo ruso. No somos más que un millar, pero toda Rusia no ha vivido hasta ahora más que para producirlo”.
    

Y en Sevilla, por boca del inquisidor, nos reduce a zampabollos (artófagos) de la servidumbre: la humanidad nunca buscó la libertad y nunca lo hará; es demasiado débil para soportarla. No busca libertad, sino pan, pero no el pan divino, sino el terrenal.


    –¿Ves estas piedras del desierto? Conviértelas en panes y detrás de ti correrá la humanidad como un rebaño agradecido. Pero tú –el Gran Inquisidor apabullando al Cristo– no quisiste privar al hombre de libertad y rechazaste la proposición, pues ¿cómo puede hablarse de libertad, razonaste tú, si la obediencia se compra con pan?
    

En vista de lo cual (¿puede el hombre vivir sin creer en Dios?), siempre nos quedará la horca de Wertheimer.

[Jueves, 11 de Noviembre]

Gracias y desgracias del salmonete




“El salmonete no es fresco si no muere a manos del comensal. En tanto muere, se observa deleitosamente al moribundo, en el cual la muerte, al luchar con la vida, va pintando extraordinarias mutaciones de color. Otras veces se les sazona en vivo y mueren sumergidos en el garo.

”Permitidme que con esta ocasión castigue la sensualidad y gula reinantes. Nada hay tan bello, exclaman los sensuales y golosos, como un salmonete expirante, fuera del agua. Por el esfuerzo en respirar, se pone primero de color purpúreo. Después, a tiempo que palidece, sus escamas adquieren rara policromía; y entre la vida y la muerte vagan sobre su cuerpo los más varios y tenues colores crepusculares.

”Soñolienta y como inerte antaño, la sensualidad ha despertado hoy día para darse cuenta tardíamente de que se le había defraudado tan singular placer. Hasta ahora sólo los pescadores podían gozar de ese pulcro e insuperable espectáculo; el salmonete moribundo. Y ahora se dice: ¿un pez cocido?, ¿un pez muerto? Nada de eso; el salmonete tiene que morir en la misma fuente o plato, delante de mis ojos.

”Antes contemplábamos, no sin cierta sorpresa, a ciertos individuos que no querían tocar un pescado, si no estaba pescado el mismo día y que en el paladar supiese, como ellos decían, a mar todavía. De las costas más cercanas a Roma era traído el pescado a la carrera por mandaderos desalentados, anunciándose a gritos, ante cuyo trote todos los transeúntes tenían que apartarse.

”¡Lo que va de ayer a hoy! Hay que ver los progresos actuales de la delicadeza. Para los hombres de ese tiempo un pescado muerto viene a ser ni más ni menos que un pescado pútrido. Pero –se les responde– se pescó hoy, de mañana. Y ellos replican: la cosa es demasiado grave para que te dé crédito a ti. No creo sino al pez mismo. Que nos lo traigan vivo y que expire siendo testigos nosotros. Ver y creer.

”Con semejante arrogancia ha osado llegar a manifestarse el vientre de los romanos exquisitos, que no aciertan a saborear un pescado, a no ser que en el propio festín lo hayan visto antes nadando; y a poco, palpitando agónico. A semejante preciosidad del placer han llegado los soberbios y ociosos, que día por día inventan y excogitan algo más nuevo y más selecto, como agitados por una especie de odioso furor hacia todo lo usadero y habitual.

”Antaño oíamos: nada más rico que el salmonete de roca. Hogaño oímos: nada es más hermoso que el salmonete moribundo; pásame la pecera, que lo veo girar gozoso y brillante, dentro del agua. Después de haberlo alabado a su satisfacción todos los comensales, se le extrae de su diáfano elemento vital. En este instante de la agonía del pez es cuando cada cual hace alarde de su mayor pericia estética; ve, dice uno, cómo el rojo flamígero se vuelve más vehemente que el más vehemente minio. Mira, dice otro, cuál se dibujan en sus flancos unas a manera de irisadas venas. No se dijera, interpone éste, sino que su vientre es pura sangre. Y prosigue aquél: ahora se le efunde un azul más lúcido que el azul celeste. Finalmente: ya se extiende rígido, ya se inmoviliza; ya le cubre una bella palidez de homogéneo marfil. Sin embargo, ninguno de estos individuos asistiría a la cabecera de un amigo en trance de muerte; ninguno acudiría al lado del padre que le reclama a su lado antes de exhalar el último suspiro. ¿Cuántos de ellos acompañarían a un amigo o pariente hasta la pira funeraria? En cambio, se congregan para contemplar fenecer un salmonete porque, afirman, nada hay tan hermoso. La indignación me arrastraría irrefrenablemente a servirme de palabras que exceden la acostumbrada corrección. No les basta a estos seres que en sus comilonas hallen satisfacción plena dientes, boca y vientre; son además golosos de los ojos.”

Séneca
Problemas o cuestiones naturales
Libro tercero

Jueves, 18 de Noviembre

 


Buster Keaton