domingo, 21 de junio de 2020

La ley de Solón


Hughes
Abc
 
En España la neutralidad tiene un gran prestigio. Es ya una caricatura ser o pretender ser un Chaves Nogales, un integrante de la Tercera España, al margen y por encima de los bandos de nuestro prolongado guerracivilismo.

Las bellas, digamos, “almas liberales” estimuladas por décadas de consenso franquista y postfranquista consideran de mal gusto que se tenga y mantenga una opinión firme y conflictiva. Se cae entonces en la “polarización” o en la “crispación”.

Polarización es disenso (anticonsenso) mantenido en el tiempo.

Crispación es el indeseado ruido que produce la deliberación del que disiente.

Contra la afectación, a menudo elitista, del “tercerismo” o ser “terceraespaña” podemos enfrentar nada menos que a Solón, poeta y legislador ateniense al que, entre otras, se le atribuye una muy particular ley contra la neutralidad.

La ley de Solón aparece en Plutarco y Aristóteles.

Plutarco:

“De todas sus otras leyes (de Solón), es especialmente paradójica y peculiar, la que ordena convertir en “átimo” (la infamia y la degradación ciudadana) a la persona que, en caso de disensión, no tome partido por ninguno de los dos lados. El propósito es, al parecer, evitar la apatía y la indiferencia en la comunidad, colocando a salvo los intereses personales y vanagloriándose de no participar en las desgracias y males de la patria. Por el contrario, deberían juntarse, desde luego, a los que evidenciaron un comportamiento mejor y más justo, corriendo los mismos peligros y prestando auxilio, en lugar de esperar, a salvo y tranquilamente, las disposiciones de los vencedores”.


Aristóteles:

“Viendo que la ciudad muchas veces tenía discordias civiles y que algunos ciudadanos por indiferencia se contentaban con el mero azar, promulgó una ley especial contra éstos: el que, estando dividida la ciudad, no tome las armas ni con unos ni con otros, quede condenado a la atimía y deje de tener parte en la ciudad”.

Esta ley, que algunos consideran anterior a Solón, castiga un comportamiento concreto: la neutralidad, el “no coger las armas”, metáfora de Aristóteles para la “toma de posición”. No tomar partido, falta de colaboración activa que se da en un contexto concreto: el conflicto civil, la disensión, o “stasis”, es decir, la guerra civil. La división interna. No una amenaza exterior, sino el contexto de stasis, de discordia en la ciudad, sedición traduce algún autor.

El castigo es la atimía, la pérdida de la condición de ciudadano, una degradación cívica, la exclusión de la comunidad política y la pérdida de los derechos de ciudadanía. Propio del ciudadano era, pues, participar, tomar partido, acompañar a los demás en el “riesgo” (skin in the game ateniense). El que se escaqueaba en la contienda civil no era más ciudadano, más cívico, sino menos, y quedaba privado de tal condición (“átimo”). Su neutralidad se consideraba un crimen contra la seguridad de la comunidad. Algo parecido a la traición.

La neutralidad en tiempos de discordia aparece vinculada a la propia seguridad, al egoísmo o la apatía, no refiere Plutarco como motivos de tal inacción la superior inteligencia, la altura moral o el embeleso del alma buena y superior (liberalia). Al contrario, no participar dañaba la cohesión y solidaridad de la comunidad haciendo más fácil que unos pocos, bien organizados, se hicieran con el gobierno de todos.

Crispador Solón, a pesar de su fama de gran mediador, con su dichosa ley.

Chi-tam



Ignacio Ruiz Quintano

Al cabo de la Segunda Guerra Mundial, el general Montgomery promulgó un decreto para pedir a los padres alemanes que explicaran a sus hijos que los soldados británicos no podían sonreírles a causa de la maldad de sus progenitores. ¿Qué importaba que Wodehouse repartiera sonrisas a sueldo de los nazis? Primero, la sonrisa, y luego, la culpa. La sonrisa es la galantería del héroe. (En el Japón heroico y galante, un superior en la escala social podía matar legalmente en el acto a cualquier inferior que no le hubiera sonreído.) En cuanto a la culpa, ya sabemos que es uno de los hechos psicológicos dominantes en la Historia.

Mientras Montgomery promulgaba decretos, Karl Jaspers dictaba el célebre curso sobre la responsabilidad política de Alemania, con su concienzuda distinción entre culpa penal, culpa moral, culpa política y culpa metafísica, que constituye el más estremecedor análisis de los problemas filosóficos sobre el tránsito de la dictadura a la democracia, que para Jaspers no es más que una idea: la idea que responde a la conciencia de la imperfección del hombre. Y se hace la gran pregunta: «¿Son culpables los pueblos por los gobernantes que toleran; por ejemplo, Francia por Napoleón?» Un hombre se incauta del poder, y todo el mundo se va con el dictador, quien, en consecuencia, no puede ejercer su dictadura, supuesto que para gobernar por la fuerza es necesario que los gobernados se resistan. Pero lo de Napoleón, se dirá, es extraordinario, y tiene, además, el «chic» de lo francés. Un soldado de fortuna que primero prefirió la gloria de imperar en Francia a la vanidad de sobresalir en Córcega, y que luego arriesgó esa gloria por el poder de conquistar Rusia. Lo dijo Blücher, el general prusiano que socorrió a Wellington en Waterloo, cuando vio en 1814 los palacios imperiales: «Hay que ser tonto para tener todo esto y pretender invadir Moscú.» Está visto que Napoleón pensaba en la posteridad, y Blücher, no. «¿Por qué debería yo hacer algo para la posteridad? Ella nunca hizo nada por mí.» Algunos pensamos igual que Blücher, pero otros, y, por cierto, más eminentes, piensan peor: así quienes justifican la Revolución francesa por Napoleón, o, con la misma regla de tres, la Guerra Civil por Franco, que lo que en el matrimonio, como dice Jaspers, es posible y conveniente, es ya por principio pernicioso en el Estado: la ligazón incondicional a una persona.

Los habitantes de Malabar tienen un ciclo de tiempo que consta de sesenta años, y lo llaman Chi-tam como podían llamarlo «ironía contemplativa». De aquí el malabarismo de esa proposición no de ley socialista para condenar, sesenta años después del suceso, el «golpe fascista» de Franco. Es lo que la Iglesia ha hecho con Galileo, sólo que al revés. Claro que, si no lo condenamos cuando lo teníamos a mano, ¿a qué viene condenarlo ahora? Se nos ocurren dos motivos falsos (el filosófico y el psicológico) y uno verdadero (el publicitario o saduceo).

El filosófico: puesto que el fascismo no es, en esencia, más que el sometimiento del legislativo al ejecutivo, los diputados se preguntan si han ca-biado el régimen o sólo el nombre del régimen. El psicológico: los diputados necesitan exponer la doctrina del pecado original en su humildad extrema -el chocolate con soconusco de Franco sería como la manzana de Adán- a través de esas sesiones históricas que, en palabras de Camba, vienen a ser, con relación a las otras, algo así como las corridas goyescas en comparación de las ordinarias. Y, finalmente, el publicitario o saduceo. Los saduceos, que negaban la resurrección, eran unos judíos muy chinches que quisieron meter a Jesús en un «salsipuedes» (Mateo, 22-23) como el que los diputados de oposición han puesto en el camino de los gubernamentales hacia ese centro que ideológicamente es la nada, con los consiguientes titulares periodísticos en plan centros a la olla para que los tontos rematen. En plena furia electoral, los columnistas -«¡A mí, Sabino, que los arrollo!»- piden cuero. Y ése es el juego.

Karl Jaspers

Los habitantes de Malabar tienen un ciclo de tiempo que consta de sesenta años, y lo llaman Chi-tam como podían llamarlo «ironía contemplativa». De aquí el malabarismo de esa proposición no de ley socialista para condenar, sesenta años después del suceso, el «golpe fascista» de Franco

Nervazón de angustia




Dulce hebrea, desclava mi tránsito de arcilla;
desclava mi tensión nerviosa y mi dolor...
Desclava, amada eterna, mi largo afán y los
dos clavos de mis alas y el clavo de mi amor!

Regreso del desierto donde he caído mucho;
retira la cicuta y obséquiame tus vinos:
espanta con un llanto de amor a mis sicarios,
cuyos gestos son férreas cegueras de Longinos!

Desclávame mis clavos ¡oh nueva madre mía!
¡Sinfonía de olivos, escancia tu llorar!
Y has de esperar, sentada junto a mi carne muerta,
cuál cede la amenaza, y la alondra se va!

Pasas... vuelves... Tus lutos trenzan mi gran cilicio
con gotas de curare, filos de humanidad,
la dignidad roquera que hay en tu castidad,
y el judithesco azogue de tu miel interior.

Son las ocho de una mañana en crema brujo...
Hay frío... Un perro pasa royendo el hueso de otro
perro que se fue... Y empieza a llorar en mis nervios
un fósforo que en cápsulas de silencio apagué!

Y en mi alma hereje canta su dulce fiesta asiática
un dionisíaco hastío de café...!

CÉSAR VALLEJO

Domingo, 21 de Junio

Valle de Esteban

Rocío

"Nada hay cubierto que no llegue a descubrirse"

DOMINGO, 21 DE JUNIO

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:

-No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay cubierto que no llegue a descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse. Lo que os digo de noche decidlo en pleno día, y lo que escuchéis al oído pregonadlo desde la azotea. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No, temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo. ¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo; no hay comparación entre vosotros y los gorriones. Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo.

Mateo 10,26-33

sábado, 20 de junio de 2020

Nasti Abascal

ABC
Vox fue la reacción de la España que vivió con dramatismo el golpe catalán de 2017





Esta otra España, la de quienes no se resignan a perder su país ni a ser ciudadanos de segunda, los que además decidieron librar la "guerra cultural" no en 2020 y por Woody Allen, sino en 2018 y por el vecino, es ignorada o insultada sistemáticamente en muchos medios de comunicación

Ojalateros

Pie de María Soraya
Detalle


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    El “voletío”, según el Séneca, expresa el tramo menor, afanoso y valiente, en que, de alero en alero, fraccionan su vuelo las fuerzas de progreso. Voletío, pues, de María Soraya, en el corralillo patrio para pedir… moderación en las formas.

    Dicho por alguien que la estudió, la moderación en las formas se impone siempre que la insensatez y el extremismo de fondo han pactado la impunidad de sus desmanes.
    
–Nada hay más moderado que los modales de los atados al poder con pactos secretos de inmoralidad política.
    
Ahora que todo lo que somos flanea, se echa de menos aquella virilidad romana de Jean Cau que en los 70 veía mil maneras de suicidarse:
    
–Balzac eligió el café, Verlaine la absenta, el Che Guevara la selva y Occidente la democracia.
    
En los ambientes de Jean Cau (Sartre y todo eso), democracia llamaban al eurocomunismo, forma comunista de sentarse a la mesa del Estado de partidos (¡esto de hoy, aquí!), frente al cafrismo estalinista.
    
Una juventud refitolera se echa a la calle con su Nietzsche de Wikipedia al grito de “toda gran existencia es culpable”, idea que Cau apalea en su reproche a la moral judeocristiana que predica (en la TV, en la calle) “la culpabilidad de los fuertes y la inocencia de los débiles”:
    
–Ciertamente, cuando la víctima grita: “¡Venga, golpea!”, el verdugo se asusta, y puede llegar a pensar que esa víctima posee un defecto absoluto.
    
En su día, frente al “totorreísmo” catalán (ismo de Madariaga alusivo al “tot o res” como categoría del español), María Soraya impuso la moderación, no de Montesquieu, que ve en el moderantismo “el principio de la aristocracia”, sino de la nao “Piolín” varada en la Barceloneta mientras los separatistas le merendaban la cena. Y a promover esa moderación la envían hoy los “ojalateros” del Régimen (los pericos ligeros del “¡ojalá María Soraya donde ahora Pablemos!”) para que frau Merkel nos suelte un dinero de bolsillo. ¡Ay, cuando nos repetían que la pucelana era el ojito derecho de la frau!

Medialuz



He soñado una fuga. Y he soñado
tus encajes dispersos en la alcoba.
A lo largo de un muelle, alguna madre;
y sus quince años dando el seno a una hora.

He soñado una fuga. Un "para siempre"
suspirado en la escala de una proa;
he soñado una madre;
unas frescas matitas de verdura,
y el ajuar constelado de una aurora.

A lo largo de un muelle...
Y a lo largo de un cuello que se ahoga!

CÉSAR VALLEJO

Sábado, 20 de Junio

Valle de Esteban

Cesta de gatos

viernes, 19 de junio de 2020

Panorama de la Segunda

 Enigma peñístico

 Miranda de Ebro en Córdoba

El Ebro por Miranda


Francisco Javier Gómez Izquierdo

     La veo rara. Como corresponde al nuevo fútbol de tele y VAR. En 2ª, las jugadas a rearbitrar desquician más aún que en 1ª, pero veo que se ha aceptado el ojo inquisidor a conveniencia del vigilante con el esnobismo que da vestirse como la gente de dinero.
     
Rara, porque Cádiz y Zaragoza, mandones en la competición, no son las dos mejores plantillas. Rara, porque me parece que el resto de equipos están empeñados en que suba por fin el Cádiz, cosa que me alegra, de Álvaro Cervera, al que no entiendo cómo no le han cogido el truco de su simplicísimo sistema. Raro por la inexplicable irregularidad del Almería que ya despidió un entrenador por no garantizar el ascenso a un presidente del Oriente que no sabemos si Guti, el nuevo y flamante míster, le ha asegurado su mágico sueño. Si así es, lo tendrá que luchar con Huesca y Gerona, para un servidor las mejores plantillas dirigidas además por solventes entrenadores, Míchel y Martí. Supongo que también con el Rayo de Paco Jémez apuntado a la conveniente practicidad de proteger el golito, lejos de las excentricidades de aquellos 6/2 o  4/4 con que tantos elogios recibió y tantas derrotas cosechó. Se ha asentado Paco, el equipo es apañadito, equilibrado de seniors y juniors -alegra la importancia de Andresito- y parece el conjunto más en forma después del mal de la China. De los cuatro más favoritos para el play off del ascenso me da igual el que caiga, el Rayo no  ha llegado aún,  porque toca empujar al Mirandés hasta que nos cansemos de animar.
     
Tengo puesto que el Mirandés ocupa los corazones que antiguamente ocupaba el Athletic. No hay provincia sin peña bilbaína. Peñas del Mirandés no hay fuera de Miranda, pero a todo el mundo cae bien el Mirandés. Cae ya mejor que el Numancia, escuadra heroica por un día en Barcelona y... ahora mismo no hay club que le haga sombra en cuanto a ser querido por esa irresistible inclinación humana hacia la valentía del débil. Está en play off y lo veo solvente. Lo veo hasta brillante a rachas con esos Merquelanz, Guridi, Malsa (ayer no jugó por pagar expulsión), los dos Álvaros... que dan que pensar en muy buenas tardes futuras. A los cordobitas de mi peña los tengo locos con una foto de mi paseo mañanero que les he puesto esta mañana para que adivinen dónde tiene sentados sus reales Miranda de Ebro en Córdoba y dónde habrá que celebrar si procede, ¡ojalá proceda! un sorpresón descomunal en el último partido de 2ª de la rara Liga 19/20.
      
Rarísima por esa especie de nube chernobiliana que afecta a la parte Norte de la geografía futbolística española. Afecta incluso a la 1ª, con una Real Sociedad que parece, como el Getafe, no superar la inactividad pestífera y la vemos arrastrase sin alma y sin espíritu. El centro borrascoso está en Santander. El Rácing está condenado casi desde Navidad y no hay Oltra que valga. Oviedo, Lugo y Deportivo, los tres vecinos  atlánticos, van a tener que encomendarse a cuanta meiga conozcan para involucrar a Albacete, Numancia y Málaga en las angustiosas batallas que esperan de aquí a agosto. De esos seis bajarán dos porque el acompañante del Rácing va a ser el Extremadura. Descenso nada extraño por esa tradicional miseria que va dejando Don Oliver por los clubes que pasa: Cartagena, Jerez, Zaragoza, Betis, Córdoba..
        
Nada, que a falta del Córdoba, ¡aúpa el Mirandés!

Conflicto



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Que los politiquillos, al explicarse, se muevan entre la arenga y el sermón se debe, al decir de un gran pensador nuestro, a que el oficio de la política no ha borrado las huellas de su confuso pasado militar y eclesiástico: la burguesía es la invención política de un abate; la administración pública (con la justicia y las ideas de orden y servicio públicos), el diseño de un general francés; la seguridad social y el socialismo de Estado, el plan de un general prusiano; el pleno empleo, la iniciativa de un cabo austríaco.
    
Lo que no es teología (Estado Providencia: paraíso de funcionarios, limbo de intelectuales, gloria de partidos estatales), es estrategia  militar (conquista, defensa y conservación del Estado que los comunistas de Galapagar, protegidos por las elites financieras y de la guardia civil, llaman conquista, defensa y conservación del cielo que secreta el maná para los bienaventurados).
    
–Hoy hemos firmado el pacto para la reactivación social y económica de Castilla y León. Demostramos que otra forma de hacer política y oposición es posible. Frente al conflicto, el acuerdo –dice (¡y le cantan!) un comunista castellano, Pablo Fernández, que va de Pablo Abraira (¿gavilán o paloma?), pero en curita posconciliar, de la dictadura del proletariado.

    Hombre, Fernández: esa “otra forma de hacer política” es no hacer política, porque la política, por definición, es conflicto, “escamoteable” sólo mediante la repartija o consenso. ¿Qué diferencia hay entre la opinión única de la dictadura de… Robespierre y la opinión unánime (consensuada) del… Directorio?

    El comunista Fernández (¿gavilán o paloma?) descubre la maravilla que para el mando constituye la “unidad de poder y separación coordinada de funciones” (lo que los jetáceos llaman separación de poderes) del franquismo. Fuera, pues, la única forma de gobierno que hace suyo el conflicto, la democracia representativa, que es (en palabras de Tom Paine) “la representación injertada en la democracia”.

Para el alma imposible de mi amada





Amada: no has querido plasmarte jamás
como lo ha pensado mi divino amor.
             Quédate en la hostia,
             ciega e impalpable,
             como existe Dios.

Si he cantado mucho, he llorado más
por ti ¡oh mi parábola excelsa de amor!
             Quédate en el seso,
             y en el mito inmenso
             de mi corazón!

Es la fe, la fragua donde yo quemé
el terroso hierro de tanta mujer;
y en un yunque impío te quise pulir.
              Quédate en la eterna
              nebulosa, ahí,
en la multicencia de un dulce no ser.

Y si no has querido plasmarte jamás
en mi metafísica emoción de amor,
              deja que me azote,
              como un pecador.

CÉSAR VALLEJO

Viernes, 19 de Junio

Valle de Esteban

A mano derecha

jueves, 18 de junio de 2020

Puñales



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Guerra civil en el socialismo de Puerto Hurraco, con baile de puñales entre generaciones, la del Gal y la del Covid, donde no se ve a nadie bueno.

    Bueno, en España, sólo Pérez de Guzmán, y no por su arreón (el episodio del puñal nunca sucedió), sino por su caridad (puso sus graneros a disposición de los vecinos en una hambruna).
    El puñal, según Mommsen, fue siempre el arma con que se suicidó la aristocracia, pero uno sólo sabe de dos puñaladas aristocráticas: la de Curro y la de Valazé.
    
Cuenta la leyenda que a Curro lo abordó un caballero del Perú para que le explicara cómo es que una vez en Acho citó al toro en la larga, muy larga, distancia, pero el toro, al intentar acudir, cayó redondo. “Prescrito el crimen”, el maestro se avino a contarlo: no le gustaba el bicho, y en el tanteo aprovechó para, tapado con la muleta, asestarle un “metisaca”; después, despacio, como gustándose, y con la idea de que la puñalada obrara, le dio distancia y más distancia hasta que resolvió citar.
    
Valazé fue en la Convención francesa el enemigo de Marat. Arrastrado durante el Terror ante el tribunal revolucionario (9 de brumario del año II) con otros veinte diputados republicanos, mostró un coraje que mereció el precioso reconocimiento de Madame de Staël:
    
–Cuando se pronunció la sentencia de muerte contra ellos, Valazé cayó de la silla. Un diputado, creyendo que su compañero tenía miedo, lo levantó con rudeza haciéndole reproches. Pero estaba muerto: se acababa de clavar un puñal en el corazón con una mano tan firme que un segundo después de haberse herido ya no respiraba.
    
En cuanto a “la concordia” que se avecina, evoquemos cómo acudió Tocqueville a la fiesta de la suya: “Metí unas pistolas en mis bolsillos, y mis colegas iban armados secretamente: un estoque, un puñal, una bola de plomo con una correa de cuero… Era como la maza de la Asamblea Nacional…”
    
–Tenía la sensación de que aquello no era más que pasar revista a los dos ejércitos de la guerra civil.

Los dados eternos



                                                       Para Manuel González Prada,
                                                      esta emoción bravía y selecta,
                                            una de las que, con más entusiasmo,
                                                 me ha aplaudido el gran maestro.


 
Dios mío, estoy llorando el ser que vivo;
me pesa haber tomado de tu pan;
pero este pobre barro pensativo
no es costra fermentada en tu costado:
¡tú no tienes Marías que se van!

Dios mío, si tú hubieras sido hombre,
hoy supieras ser Dios;
pero tú, que estuviste siempre bien,
no sientes nada de tu creación.
¡Y el hombre sí te sufre: el Dios es él!

Hoy que en mis ojos brujos hay candelas,
como en un condenado,
Dios mío, prenderás todas tus velas,
y jugaremos con el viejo dado.
Tal vez ¡oh jugador! al dar la suerte
del universo todo,
surgirán las ojeras de la Muerte,
como dos ases fúnebres de lodo.

Dios mío, y esta noche sorda, obscura,
ya no podrás jugar, porque la Tierra
es un dado roído y ya redondo
a fuerza de rodar a la aventura,
que no puede parar sino en un hueco,
en el hueco de inmensa sepultura
.

CÉSAR VALLEJO

Jueves, 18 de Junio

Valle de Esteban

Camino Soria

miércoles, 17 de junio de 2020

Primeras impresiones


 
Francisco Javier Gómez Izquierdo

          Cada día que pasa me siento más raro en un mundo que parece haber acelerado de repente en medio de un tramo de curvas que aconsejaba prudencia. Raro yo, no el mundo, porque veo tirar estatuas, interpretar los últimos cinco siglos desde imposibles perspectivas, acusar y pretender juzgar a la civilización romana por esclavista, justificar saqueos y asesinatos (muchos asesinatos en ciudades americanas perpetrados por negros contra negros) y parecerle bien al mundo el sometimiento a esta corrección histórica a la que dice necesaria. Como además mi manera de ser me pilla siendo español, donde los profesores de las nuevas doctrinas brotan como setas de carrerilla, estoy acojonado por lo que pueda ser de mí. Ando finiquitando una coraza en la que resbale cualquier necedad y sea impenetrable  para las olas de virus y bacterias que nos amenazan pero no logro sacudirme una inquietud que ya iba haciendo callo antes del mal de China. Ni el fútbol me aísla de novedades tan dañinas para el cuerpo y la mente...
        
...Y es que hemos pasado del síndrome de abstinencia a la sobredosis. Para los más comedidos, de la hambruna al empacho. Un descomunal disparate a ojos de endocrino. No se descartan aborrecimientos, muertes súbitas, vómitos, diarreas y sobre todo pérdidas de concentración ya evidentes en la primera semana. Muchos consumidores no saben en qué jornada andamos, si el Madrid juega en jueves, domingo o los dos días, si el VAR va a seguir siendo asunto misterioso... por no hablar del futuro de la 2ªB donde languidecen mis dos equipos más queridos, Burgos y Córdoba. Lo de la 2ªB sí que es un misterio de campeonato. Veremos cómo se desentraña.
        
No sé ni los partidos que he visto desde el jueves, pero me ha parecido que el confinamiento ha sentado peor a unos equipos que a otros. En Primera, el bajón más llamativo a mi parecer, es el del Getafe, que ha perdido frescura y concentración; al Betis se le ha acentuado el carajal defensivo que no acierta a corregir el entrenador Rubi; el Mallorca tendrá que afrontar el final de Liga a la legionaria manera asumiendo ser la plantilla más modesta de la categoría, distinta disposición que la del Celta enredado en peligrosos conceptos en vez de optar por lo práctico. Otro que lo va a pasar regular es el Éibar, al que Zidane no, pero otros entrenadores ya le habían cogido el truco de las bandas. Valladolid y Alavés, igualados a puntos, regresan a la competición con sensaciones muy distintas. Inseguro y dubitativo el equipo vitoriano. Serio y firme, el pucelano. El Español viene pitoso del encierro. Le va a costar remendar los desgarrones de antes del parón, pero lo veo capaz y muy dispuesto a desemparejarse del Leganés, el más firme candidato al descenso y empujar a dos o tres de los arriba apuntados.
     
El descenso y la Uefa es la parte interesante de la liga 19/20. El título para el Barça, supongo... o para el Madrid. Como casi siempre. El Sevilla me ha gustado. Sus jugadores son buenos y están capacitados para ganar a cualquiera. Creo que Lopetegui es buen entrenador pero así como se equivocó cuando dejó la selección (¡menudo chollo tuvo con el que optar a ser campeón del mundo! ¡y lo tranquilo que vivía de seleccionador!) se equivoca también con esta avalancha permitida de cambios. No es obligatorio cambiar, míster. La Real y los atléticos necesitan dos meneos aún para desentumecer. El Valencia es una incógnita que va a despejar malamente su propia defensa. ¡Ay, Dhiakaby, Dhiakaby!... y al resto: Villareal, Granada, Levante y Osasuna aventuramos un pasar sin sobresaltos con el objetivo de la permanencia alcanzado con muy buena nota. Bueno, el Villarreal es ya miembro de la zona noble y no extrañaría su clasificación para la Copa de la Uefa. Desconcierta este Villarreal que alterna tardes brillantes con partidos borrascosos.
      
Conste que las impresiones puestas vienen aliñadas con muchos granos de esa tristeza inherente al “nuevo fútbol de la tele” ante el que tan raro me siento.

Pelícanos

Bartolo de Sassoferrato


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Algunos no entienden que la chusma derribe (ha ocurrido en Bélgica) una estatua de Julio César. Eso, desde luego, no lo da la lectura de Theodor Mommsen, sino la de pelícanos socialdemócratas como Timothy Snyder, un Mendilíbar de las Humanidades que hace historia con recortes de periódico y editoriales de Sol Gallego.
    
–Para los periodistas, los héroes de nuestro tiempo –reza una dedicatoria perillana de este profesor de Yale.

    En España tenemos de profesor complutense y de vicepresidente del gobierno a un analfabeto ontológico que en clase atribuye a Newton la teoría de la Relatividad y que después de un año en Cambridge con una beca de Blesa habla inglés como Ana Botella recién levantada.
    
Timothy Snyder (por cierto, que aquí tuvimos otro Timothy, Chapman, que trajo Botella, que le decía Zímozi, “para quitarnos la caspa cultural”) da la chapa con la “democracia liberal” (concepto socialdemócrata de la propaganda durante la guerra fría para dar por supuesto que existe una “democracia socialista”) y vende alfombras voladoras contra Trump y el Brexit, dos fenómenos democráticos imposibles de ver fuera de la cultura anglosajona de la libertad.
    
–Trump es un tirano clásico, igual que Putin –le ha dicho a “un héroe de nuestro tiempo”, el periodista Mas de Xaxás.
    
La “tiranía clásica” de Trump no sale en mi Bartolo de Sassoferrato, pero vamos, que para un pelícano socialdemócrata de Yale la Constitución que redactó Madison para impedir la tiranía (con éxito hasta hoy) vale lo mismo que la Constitución que redactó Putin para asegurarla.
    
–¿El fascismo vuelve, entones, a los Estados Unidos? –pregunta el pobre De Xaxás, natural de un país al que nunca le ha sido dado elegir su gobernante.

    Seguimos en el 68, cuando Günter Grass daba la brasa en América con lo que Wolfe siempre consideró un fenómeno inexplicado de la astronomía moderna: “Esto es, que la tenebrosa noche del fascismo se cierne sobre los Estados Unidos, pero toma tierra únicamente en Europa”.

Intensidad y altura


 

Quiero escribir, pero me sale espuma,
Quiero decir muchísimo y me atollo;
No hay cifra hablada que no sea suma,
No hay pirámide escrita, sin cogollo.
Quiero escribir, pero me siento puma;
Quiero laurearme, pero me encebollo.
No hay toz hablada, que no llegue a bruma,
No hay dios ni hijo de dios, sin desarrollo.
Vámonos, pues, por eso, a comer yerba,
Carne de llanto, fruta de gemido,
Nuestra alma melancólica en conserva.
Vámonos! Vámonos! Estoy herido;
Vámonos a beber lo ya bebido,
Vámonos, cuervo, a fecundar tu cuerva.

CÉSAR VALLEJO

Miércoles, 17 de Junio

Valle de Esteban

Huella de luz

martes, 16 de junio de 2020

Masas




Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Con el café sin cafeína y la leche sin lactosa nos habíamos cargado la única cortesía española para el talento. “¿Y ése quién es?” “¡Un artista!” “¡Pues, ande, póngale un café con leche!” Que es como ponerle un vaso del grifo.

    Ahora, con el espectáculo de masas sin masas, nos cargamos esa cultura del pobre que es el fútbol.

    –Con dolor constatamos que la civilización es mortal, como las mariposas y los astros; que se nos puede morir entre los brazos (como una muchacha enferma) la cultura.
    
Es la evocación de Valéry que en el 45 hace Foxá, quien diez años más tarde certificará la defunción cultural al leer en “Life” el relato de la hija de un profesor chino de Yenching: “Traté de protegerle, porque creía en el afecto entre padres e hijos. Pero aunque esto fuese verdad, ¿cómo comparar esta emoción con la del amplio amor a las masas?”
    
Este razonamiento de insecto procede de China, y lo ha incorporado, para la causa globalista, la corporación americana, que cuando le conviene es “cosa”, y cuando no, “persona”, estatuto que consiguió por una gatera de la Enmienda 14 de la Constitución, introducida para sacar a los esclavos del limbo judicial. Su pope es Bill Gates, ese “clérigo con recursos” que ya en los 90 pobreteaba en el NYT:
    
–La ansiedad personal más difundida es ¿cómo podré ajustarme a una economía cambiante? La revolución económica creará desempleo en masa, pero el claro resultado es que se podrán hacer más cosas.
    
Cosita a cosita (“pajita a pajita hicieron su nido los dos tortolitos”), hemos llegado al consenso pepero del ingreso mínimo vital y al fútbol con público de cartón por el virus chino. El modelo político a seguir es Xi Jinping, que se aseguró la presidencia perpetua para “dirigir mejor la modernización de China”, que es decir del mundo. La Unión Europea lo eligió “líder del mundo libre”, y el día que visitó Madrid los guindillas retiraron de la Puerta del Sol al pedigüeño Winnie Pooh para no molestar a Su Eternidad, que se parece un huevo.

El galgo pescador


 Barbate en el barco

 Barbate en la playa

Barbate entre luces

F.J.G.I.

Poema




De todo esto yo soy el único que parte.
De este banco me voy, de mis calzones,
de mi gran situación, de mis acciones,
de mi número hendido parte a parte,
de todo esto yo soy el único que parte.
De los Campos Elíseos o al dar vuelta
la extraña callejuela de la Luna,
mi defunción se va, parte mi cuna,
y, rodeada de gente, sola, suelta,
mi semejanza humana dase vuelta
y despacha sus sombras una a una.
Y me alejo de todo, porque todo
se queda para hacer la coartada:
mi zapato, su ojal, también su lodo
y hasta el doblez del codo
de mi propia camisa abotonada.

CÉSAR VALLEJO

Martes, 16 de Junio

Valle de Esteban

Arriba y abajo

lunes, 15 de junio de 2020

Pandemia aparte






Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Tres a uno al Éibar, el equipo escopetero, en un teatro absurdo cuyo único suspense estuvo en las “pausas de hidratación”. Por algo Ionesco, su creador, decía deber mucho a un estafador, Kerz, que quebró el día de la última representación de “Rinoceronte” en Nueva York, haciéndole famoso en América.

    Volvíamos al fútbol cuarenta mil muertos después de la peste, que tuvieron su minuto de silencio, unos veinte segundos de “Hasta que llegó su hora”, de Morricone, flamante Princesa de Asturias por la cosa, al decir del jurado, del imaginario colectivo. O sea, la Nueva Normalidad: un cartón que hace de público y la misma ruidajera mediática fingiendo la Nueva Realidad. Faltó Simón haciendo el saque de honor, ahora que compite con Ramos (disfrazado de Meireles) en venta de camisetas.

    Todos sabemos que en Zidane lo importante no es su fútbol (tres ruletas y una volea), sino su baraka: nos podíamos reír del Visitante Nocturno que rige su vida profesional, pero cuando todo indicaba que hincaría la picacha en Manchester ante el City de Guardiola una pandemia china detuvo el viaje a Inglaterra, ante lo cual el tirillas de Sampedor, que no se cree español, hubo de hacer suya la blasfemia de Felipe II:“¡No envié mis barcos a luchar contra los elementos!”
  
De Napoleón se dice que, en lugar de firmeza de ánimo, mantenía una fe supersticiosa en la fortuna que no le permitía avanzar sin ella. (Ojo al dato, García: “El día que sintió que el infortunio se apoderaba de él –recuerda su mejor enemiga–, dejó de luchar y desde el momento mismo en que su destino se torció, se desentendió del de Francia.”) En el curso d su carrera, antes de nombrar general a uno de sus oficiales, Napoleón preguntaba a sus amigos si era un hombre que solía “tener suerte”. Quizás eso explique en Zidane lo de Pintus y Dupont. Y todas sus alineaciones inexplicables, claro. Y algún fichaje, como el del belga Hazard, de prodigioso y marilynesco antifonario (“dos títeres peleando bajo una sábana”), que venía a cerrar el paso a Vinicius (¿esto cae dentro del “Black Lives Matter”, o dejamos la cosa en Lincoln y Churchill?)
  
Mentiríamos si dijéramos que nos hace ilusión volver al fútbol-chicle de Zidane, pero al menos cambiamos de estadio, para que todo siga igual. El caso, en cualquier caso, era volver. Entre el “Santiago Bernabéu” lleno de turistas y el “Alfredo Di Stéfano” vacío de solemnidad pasó el Doctor Simón. Un fútbol en silencio es un fútbol de peces. Perdimos la ocasión, otra más, de pedir a Ramoncín, que tantas ganas tenía, un himno para la situación, donde no pega el motete de la Décima.
  
A partir de la pandemia china, el fútbol pasa a ser una cuestión de distancias, como lo fueron siempre los toros y el boxeo. Lo llaman distancia social, que el fútbol, en tanto que representación de la sociedad, debe respetar. Es el triunfo absoluto de “la zona”, y hay que esperar que esto se nos pete de Messis, es decir, de virgueros sin oposición en la cancha.
  
Las autoridades sanitarias habían establecido la distancia social en dos metros, pero Edmundo Bal, el líder carismático de Ciudadanos, consiguió reducirla a metro y medio. Si el hijo de Darwin presumía de un padre capaz de saber diferenciar entre “un cuarto de hora” y “diez minutos”, nosotros podemos presumir de un padre de la patria que sabe diferenciar dos metros de metro y medio. ¿Por qué el Madrid no ha recurrido a Bal para salvar el palco?
  
El fútbol sin público es una charlotada, pero el Madrid sin palco es una Francia sin Versalles. Con la distancia social del metro y medio de Bal, podía haberse aprovechado la tribuna cubierta del “Alfredo Di Stéfano” para reproducir el palco del Bernabéu.
  
Quedémonos con la copla de Valdano: Hazard, nos dice, es un regateador que en estática te regatea a base de freno y aceleración.


Di Stéfano

¡SERÁ POR CAMBIOS!

En busca de algún aliciente al fútbol post-pandemia, el reglamento se abre a cinco cambios por equipo. Nos vamos, pues, al baloncesto, pero no a lo mejor del baloncesto, que es su tiempo de posesión, sino a lo peor, que es el baile de jugadores. Diez cambios bien movidos suponen agitación en la banda, a falta de público en la grada. Pero si con dos cambios había delegados que se liaban y provocaban alineaciones indebidas, con cinco cambios los clubs van a tener que contratar los servicios de una gestoría, y con las gestorías, el fin de los Chendos en los banquillos. Más la vuelta de tuerca contra los equipos pequeños, cuya estrategia era el desgaste físico de los equipos técnicamente superiores para, en el desequilibrio físico, intentar lo que los cronistas de toda la vida llamaron “la hombrada”. Sin posibilidad de embarrar el terreno de juego ni recurso a la fatiga del contrario, la competición se queda en un paseo de ricos con distancia social.