jueves, 9 de abril de 2026

Los "Pagapeos"


Olise. Quizás el jugador más en forma de la Champions


Francisco Javier Gómez Izquierdo

        

        Al mover el otro día unos bultos en la casa del pueblo de mi doña apareció un libro que leí hace años, me encantó y no sabía dónde había dejado. Trata de la independencia de las naciones de América del Sur y está escrito por Francisco Herrera Luque, venezolano que describe con amenidad y maestría el sistema de castas que a principios del 1800 manejaba aquellos territorios. Mandaban los blancos y estos blancos se dividían en varias categorías: Los primus inter pares eran los blancos descendientes de conquistadores, criollos que se decían mantuanos porque sus mujeres tenían derecho a llevar manto por tratar a la Virgen María como si fuera prima suya, los blancos de orilla que eran casi todos los llegados de la península ibérica; los blancos isleños venían a ser los canarios además de los blancos vascos, que ésos debían ser la releche. Sólo los criollos podían asistir a misa a la Catedral de Caracas. Isleños, mestizos, negros... cada raza tenía su iglesia particular  y al echar el domingo de Resurrección una miradita a aquellos detalles que tanto me agradaron aparece La Candelaria ¡cómo no! para los canarios, Altagracia para los pardos-mestizos o San Mauricio para los negros. Las damas criollas se hacían acompañar a la Catedral por dos, tres, cuatro y hasta cinco esclavas negras jóvenes -cuantas más, mayor estatus- pero hasta entre aquellas empingorotadas señoras bullía alguna miseria y Herrera Luque documenta el caso histórico de una matrona mantuana aquejada de meteorismo -flatulencias sonoras- que al arrodillarse, como es de rigor, se acentuaba. Se resolvió el problema colocando a su lado una negrita a la que por cada cuesco del ama recibía la esclava un coscorrón, como si fuera ella la de la incontinencia. A la infeliz receptora de los capones se la conoció con el sobrenombre de la "Pagapeos" y así lo dejó escrito el cronista de Caracas, Aquiles Nazoa.


     Perdonen la licencia de aficionado con esta extraña muleta, pero para mí los cuartos de la Champions vendrían a ser como la  misa de Catedral en Venezuela allá por 1808, donde sólo entran los aristócratas. Entre estos exquisitos, los hay con ciertas debilidades que los veteranos llevamos tiempo detectando. No se nos toma en serio porque así ha de ser, pero el Barça no defiende bien, el Atleti además de irregular sorprende, Simeone mediante, con alineaciones y tácticas inmasticables; al Real Madrid le falta asentarse atrás y convencerse que teniendo en cuenta la plantilla, su futuro está en el contraataque;  Arsenal y Bayern -excepto Olise y Kane- han perdido fiereza. Al PSG yo lo veo un poco por libre. Luis Enrique sabe que tiene en su plantilla talento por arrobas y además de en la táctica confía en inspiraciones de Vitinha, Dembelé, Doué, Kvaratsjelia... Me huele bien el PSG.


       El entrenador Flick, con ese fanatismo por el sistema que servidor reprocha cada domingo a Iván Ania y que también aqueja a José Alberto López, entrenador del Rácing de Santander -estos dos entrenadores tendrían su lugar en la iglesia de la Candelaria o Altagracia- busca su particular negrita a la que coscorrenear en los árbitros, inclinación muy extendida entre esa élite que desprecia a los jornaleros del fútbol y que cree que a ella se le ha de pitar con otros respetos. El jubilado señor Mateu Lahoz, que siempre adoleció de valentía con los débiles y encogimiento con los fuertes, ayuda y alienta en esa confusión desde la tele, enredando en lo simple y dejando sin aclarar sus renegridas disquisiciones. ¡Cuánto daño ha hecho y está haciendo este hombre al fútbol! Se atreve a corregir con condescendencia insultante no sólo a Kovacs, que no lo hizo mal, sino también a Clement Turpin o Michael Oliver, dos colegiados a los que me parece, envidia en demasía y les acusa de no señalar o sancionar jugadas corrientes que el árbitro valenciano convierte en complejas con su extravagante mirar y lo que es peor, su doctrinario perverso para sus colegas de la liga española.

 

    No se sabe qué pasará en la vuelta, pero espero que todos los equipos dejen de echar mano de sus particulares negritas "pagapeos".