miércoles, 8 de abril de 2026

Hughes. Real Madrid, 1; Bayern, 2. mpotencia y paraneuer del Madrid


@realmadrid


Hughes

Pura Golosina Deportiva

 

Quizás sea algo personal, pero llegué al partido desfondado. El parón de selecciones me aleja mucho del equipo, y esta vez era un parón con expectativa ya de Mundial y de fichajes. Además, se perdió la Liga.


Así, todo en el comienzo me pareció rutinario, desventado y flojo. Ni el Himno me hacía sentir.


El once del Bayern, estupendo, me recordaba un poco al City por los tres mediapuntas rápidos tras el nueve. Pensé que ahí faltaba quizás un punto de elaboración (el de Musiala, ausente) y que era una oportunidad, pero el Madrid no llevó nunca el juego, no impuso nunca un mediocampo.


El inicio fue un despliegue de presión alemana y una ocasión clarísima de Upamecano a pase lujosísimo de Kane, con su cara cada vez más inglesa. Es como si fuera lo último que queda allí, En el Bayern parece un Bridgerton.


“Todo muy bien el Bayern, pero miedo, miedo, el del miedo, ¿quién es?”. Pronto se supo: Olise ya había aparecido a los cinco minutos. Olise es buenísimo, pero ¿es mejor que Robben? El fútbol moderno es la diagonal zurdo por la derecha, pero Endrick no está y Mastantuono no se atreve.


El Madrid quedó pronto metido en una jaula de jugadores rojos. Podemos pensar que es “nuestro estilo” (que nunca lo fue) o simple impotencia, y el primer acercamiento real fue un avance individual y absurdamente fácil (como todo en él) de Huijsen.


Hubo un detalle. Al empezar el partido, despejó un balón y comenzó a arengar a la grada, pero tras hacerlo, sonrió. Él mismo no se creía su actuación de Camacho.


Lo distinto por ver era Güler. Era lo que debía aparecer pronto para empezar a tejer fútbol latino o mediterráneo, que es lo que el Madrid solía oponer al Bayern, renovado una vez más ante el Bernabéu. Cada cierto tiempo aparece revolucionado, dándose vueltas conceptuales. Un poco más fuerte, un poco más mecánico. Una columna vertebral: Neuer, Kimmich, Kane, rodeada de potencia, velocidad y orden.


El Madrid llegaba corriendo. Güler vio a Mbappé a la altura del cuarto de hora; luego, de nuevo, Vinicius... Por momentos, en los momentos más optimistas, esto recordaba a algo ya vivido... un Bayern presionante y un Madrid a la contra... ¿quién sería Coentrao?


La presión alemana iba acompañada de posesión, pero no era la larga posesión rumiada de otros tiempos, sino un toque rápido y vivo que el Madrid observaba feliz en su pequeñez de Getafe de la Champions, bien metidido en el bloque bajo, pero no como un perro tranquilo a los pies del amo, porque Courtois no estaba. Estaba Lunin, que salvó un gol tras cantada de Thiago en el área pequeña (no es la primera). Falló Gnabry, con su pinta retro de Apollo, el amigo de Rocky.


Estaba Lunin y lo malo no es que estuviera sino que al mirar en sus ojos veíamos preocupación. Era él quien no se fiaba de los demás. En sus ojos, seamos sinceros, hubo miedo desde el principio.


El Madrid tenía espacio para correr, o eso parecía, pero en realidad era muy poquito, porque estaba achicado, así que salía con contras frenéticas, demasiado frenéticas, como si corrieran de sí mismos, como si huyeran de los problemas enormes de elaboración; contras que acababan como en velcro, con final de pelota de velcro porque daban en Neuer, titánico (y con los años, muchos ya, una ligera pinta de Bertín Osborne nibelungo).


Hubo una clara ocasión de Mbappe tras contragolpe dirigido por Valverde. Tuvo varias en realidad.


¿Y si presionara el Madrid? Lo intentó, y se vio que el Bayern podía resentirse, pero la presión fue desorganizada y tuvo que sostenerla Thiago después con su pressing como de perro que guarda un chalet.


El Madrid era bloque bajo no muy firme con un juego exterior, más que de banda, consistente en balones largos de Trent a Mbappé, y contras, cuando las había, demasiado nerviosas para un Mbappé fallón y un Vinicius irritante empeñado en tiros lejanos e idiotas, pues idiota era intentar sorprender desde ahí a Neuer.


La realidad es que el Madrid no jugaba cómodo, no podía ni sacar de banda, y así, presionado, llegó el gol, con robo, pase vertiginoso y final de Luis Díaz.


Tras el 0-1, Vini comenzó su candomblé particular y se esbozó una conexión Huijsen-Arda. Se activó Arda, la pidió, apareció. Algo es algo, sí. Crece, evoluciona, pero no domina un mediocampo. Vimos a Rodrygo en el palco, vestido como un árbol de Navidad o como alguien que ha decidido transicionar.


Lo dicho: todo triste. ¿No resume Rodrygo al Madrid desde la última Champions?


El Bayern era como un tornado de dibujos animados, yendo aquí y allá. El Madrid no. Era el bloque bajo con los dos puntas descolgados, como si los cuernos se hubieran alejado del toro, siendo Valverde, a ratos, el único que podía enlazarlos, o más bien recuperarlos, como cuando desde la Nave sacan la sonda para recoger al astronauta flotante y perdido.


Yo, lo siento, cuando veía a Mbappé sólo podía pensar en el Matcha Latte.


Yo en el descanso firmaba el 1-1, pero como a los 23 segundos marcó Kane, pues pasé a firmar el 2-1.


El Madrid sacó y no pudo ni combinar; en nada Olisé se la dejó a Kane y el Madrid fue demasiado blando, y dócil y poco serio. El 0-2.


Veíamos ya las negras fauces de la depresión. La temproada se iba, toda nadaplete, y del palco la reacción podía ser echar a Arbeloa y no sé, colocar a un periodista afín. Todo perdido y de ahí el Madrid sacó algo, su orgullo habitual e hizo valer la realidad de sus buenos jugadores, algunos de los mejores del mundo.


Trent fue, como pensábamos el verano, el lanzador de juego, o más bien de Mbappé.


El Madrid se rehacía, atacaba, como a golpe de riñón, y luego sufría agarrado a la silla del dentista los recitales de Olise por su banda, rompiendo a Carreras en posiciones como de street dance. Olise tuvo un par de diagonales dignas de Messi, aunque no es de gravedad baja sino alta, de zancada poderosa y elegante. Jugador-gacela. Güler luchaba con él con mucho tesón, pero se veía una diferencia de paso muy grande.


El Madrid tenía los mismos problemas en la salida de siempre, que Thiago no curaba. Ofensivamente, Thiago se inhibe como se inhibe Mastantuono, normal en jugadores de 18 años.


En el minuto 60, Vinicius se plantó o le plantaron ante Neuer, y falló, falló por el terror que genera Neuer, el mejor del Bayern. Ganó a los delanteros del Madrid, les comió la moral, y ellos nos la comieron a nosotros, y el gol vino, cuando llegó, no de un duelo, sino de un pase por la banda, única manera... y entonces recordábamos, proustianamente, sin querer casi, como algo muy lejano, brumoso y sentimental, el gol a Kahn, con Guti.


A Vini le pitaron tras su gran fallo y el partido dice algo o debería. El Madrid no puede supeditarse enteramente a unas figuras que fallan los mano a mano.


Entraron Militao y Belligham y algo mejoró el Madrid, volvió a haber ocasión de Mbappé, pero paró Neuer. Para Neuer. Para-noia del Madrid que no podía con él ni podía contra la presión. Ni hacerla bien ni superarla con solvencia. La presión es algo colectivo y modernísimo, y el Madrid está en un paso anterior a eso. Es algo en lo que el florentinismo, por lo que sea, no ha querido entrar.


Ocasiones al final hubo muchísimas. Quedó hasta sensación de gafancia cuando no de esterilidad.


En el 68 entró Musiala. Me recordó cuando, de muy pequeño, muy muy pequeño, vi salir del banquillo a Socrates.


En el Madrid entró Brahim, que lo borda en esos ratitos.


Y en el 73 llegó el 1-2, la mejor jugada como lateral puro de Trent en todo el año: carrera, desborde y pase perfecto, de alta gama, premium, de vida lujosa y con chicas de piernas muy largas. Fue el pase el que superó a Neuer, por fin, y Mbappé remató en el segundo palo.


El Madrid y el estadio se enrabietaron. Ah, el narcisismo de las nochecitas... En el Madrid corrían con denuedo, que diría un clásico. Pero luego acababan las cosas en chuts lejanos contra el muro, como intentó Brahim, sin sentido alguno.


Hubo más ocasiones de Mbappé y Vini, y habrá quien quiera ver en ello un casi, una mejoría, pero también podría verse la incapacidad de lo único que podía funcionar.


Incluso cuando se vino arriba, el Madrid pareció un equipo largo, improvisado y poco fiable. La plantilla no tiene sentido y cuando se desemboca en algo, al poco se siente que no es, que tampoco es...


El Bayern también pudo marcar, de sobra. Sufrió, pero no dejó de responder con meneítos colectivos. De todos modos, no parece que sea, como se dice, el mejor equipo de Europa, ni por supuesto el mejor Bayern que hemos visto. Ni el segundo, ni el tercero.