viernes, 26 de mayo de 2023

San Isidro'23. Lisarnasios para Manzanares y su "ennui", De Justo y su bula, y Roca y su rock'n roll en la plaza del pueblo. Márquez & Moore

 


JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ


Para hoy, y para liarme a mí un poco más, programaron la tradicional corrida lisarnasia de todos los años, cada vez menos lisarnasia. En esta ocasión la pedrea le ha tocado a don Lorenzo Fraile convocado por Plaza1 para deleitarnos con los productos del Puerto de San Lorenzo y de La Ventana del Puerto, los puertos frailunos de todos los años que se complementan en el cartel con los jandillas de La Ventana del Puerto, que llaman “ventana” al ventanuco por el que se han colado en el Puerto de la Calderilla los juampedreos nuestros de cada día. La cosa es que entre Lisardo, Atanasio, Juampedro y El Torreón, lo que tienen estos Fraile liado es una redada bovina de no te menees, que merece más pronto que tarde una desamortización y quitar cuanto antes ese ganado a los frailes, como apunta el culto aficionado R.C.


La cosa es que por más que rebuscaron por las fincas, el escrupuloso ganadero no dio con toros suficientes entre los del Puerto y los de la Ventana y aún hubo que echar mano de otro hierro frailuno para completar la media docena de toros que componen una corrida. La ganadería agraciada para traer el que faltaba fue la de Valdefresno que nos presentó al ridículo primero de la tarde, para que viésemos bien clarito desde el principio cómo venía la vaina. Y de sobrero, el Vellosino porque parece ser que no había otras.

 

Hacemos hincapié hoy en la cosa de los sobreros porque estaba cantado que veríamos al menos uno, aunque había fuertes apuestas a que serían dos. Finalmente fue uno, que vino a sustituir al segundo de la tarde, Langosto, número 149, que era el primero de los del Puerto que hollaba la Plaza. En la Feria, en días anteriores ha habido sobreros de Garcigrande, del Conde de Mayalde, de Juan Pedro Domecq, de José Luis Pereda o de Lagunajanda, pero hoy tocaba El Vellosino, que no se habían anunciado en ninguna de las corridas precedentes, por vaya usted a saber qué. Nadie conoce las interioridades de los tejemanejes taurinos y de cómo se eligen los sobreros para cada festejo, de la misma manera que se ignora cuáles eran los ritos con que se veneraba a Mitra en los viejos mitreos de los legionarios romanos en los que se sacrificaba a un toro, pues ambas cosas pertenecen al mundo de los misterios que solamente pueden ser revelados a los iniciados, que están obligados a mantener en secreto los rituales en los que toman parte.


Para dar cuenta de la talegada frailuna, más el primillo que se coló, a Plaza llena, se trajeron a José María Manzanares, con veinte años de alternativa a cuestas, a Emilio de Justo, dieciséis años de alternativa en el lomo, y Andrés Roca Rey, ocho años de alternativa

 
La corrida comenzó con la exhibición de una pancarta que, con más razón que un santo, proclamaba que «Sin toro nada tiene importancia», por si alguien necesitaba que se le recordase esa indiscutible verdad. La exhibición de esa pancarta se vio en seguida refrendada por la aparición de Frasquito, número 55, de aspecto muy acabrunado. Estamos de acuerdo en que las cabras pertenecen a la familia de los bóvidos y que son artiodáctilos, y que poseen cornamenta, como los toros, pero no son lo mismo, por mucho que se empeñen. El indigno animal de Valdefresno que abrió Plaza no era digno de esta Plaza, y su deplorable aspecto podría haber pasado a segundo plano si el bicho se hubiese justificado a base de casta, de empuje, de codicia, de vigor… pero lo que trajo el pobre Frasquito fue blandenguería, descoordinación motriz y movilidad reducida. Vamos, que se podía haber quedado en el campo. Con esa prenda anduvo Manzanares tirando sus desganadas líneas hasta que se le ocurrió poner fin a la farsa con una estocada entera.


Con tan buen ambiente como ha dejado el de Valdefresno, sale Langosto a dar su réplica en la que supera al precedente en blandenguería obteniendo la recompensa del pañuelo verde que le condena a morir en soledad. Con eso ya tenemos en la arena al Panderito, herrado con el 137 y con la marca de El Vellosino, con más presencia y más romana que los precedentes y que no destaca por nada en los dos primeros tercios. Roca le hace un ajustadísimo quite por chicuelinas de las de ¡ay!. Emilio de Justo comienza su faena doblándose por abajo y ahí podemos decir que ya se acabó la cosa porque el toro era de condición poco movediza y sosa y no demostró gran interés en los tratos que le iba proponiendo De Justo. Acaba con el animal mediante un pinchazo sin soltar y una estocada baja en la que suelta la muleta y sale corriendo hacia el burladero, perseguido por Panderito, en la única demostración de carácter que demostró en toda su lidia.


Tras las ceñidas chicuelinas nos imaginábamos que Roca vendría a comerse la tarde y a resarcirse de los flojos resultados de su actuación precedente y en cuanto salió Lanero, número 44, que es el prefijo telefónico del Reino Unido, ya vimos que la cosa no pintaba bien, porque la presentación del de la Ventana del Puerto dejaba bastante que desear y porque se le notaba que las fuerzas de que disponía estaban bastante tasadas. El primer tercio se pasó entre silbidos y el segundo se salvó con la experta mano de Antonio Chacón en la brega. Tras los clarines que anuncian el cambio de tercio, una potente voz masculina ruge: «Plaza1, ladrones» y en seguida Roca Rey comienza su faena a base de estatuarios y a continuación los tradicionales derechazos en una faena muy pueblerina sin ajuste y sin argumentos de peso que es defendida por una parte de la Plaza y censurada por otra con idéntica pasión. La faena se va despeñando hacia el abismo y el peruano orquesta una verbena de bernardas con las que levanta los ánimos de los partidarios que le habrían pedido la orejilla si no llega a fallar en un pinchazo refrendado por un bajonazo poco adecuado para una figura que está tan en sazón.


Ya ni nos acordábamos de que andaba por allí Manzanares, con esas impresionantes hombreras que se merca en el sastre, cuando salió Sabueso, número 144, que estaba en el tipo de cuando el Puerto de San Lorenzo tenía un tipo definido. Afortunadamente estaba por allí Paco María para dejar dos puyazos muy bien agarrados, que en lo tocante a varas es lo único reseñable de la tarde, más por el arte del piquero que por las inclinaciones del toro a la pelea en varas. Por allí anda yendo y viniendo Manzanares, como aburrido, y viendo las trazas del toro, que tampoco es una fiesta, decide abreviar y cobra un pinchazo cuarteando y una habilidosa estocada entera, también cuarteando.


La segunda venida de Emilio de Justo es para vérselas con Cigarro, número 15, que pone a currar al carpintero de la Plaza tras sacar las maderas del burladero del 6. En banderillas anda estupendamente Morenito de Arlés, que recoge una justa ovación junto con Manuel Pérez Valcarce, que estuvo a la altura. Se fue Emilio primero a brindar a un señor calvo en el burladero que pone «EMPRESA» y luego al 5, a crear su obra. Rápidamente todo el mundo se dio cuenta de dos cosas: la primera de que el toro tenía un pitón derecho de cine y la segunda que Emilio, por más que Madrid le apoye, estaba por debajo del toro. Toreo por afuera, vulgaridad vendida como si fuera tabaco de Vuelta Abajo y temple fueron las claves de la primera mitad de la faena. Cuando se cambia a la zurda el toro es menos claro y ahí está lo mejor de Emilio de Justo: que en vez de quitarse de ese compromiso y volver a la derecha intenta tres series por la izquierda a ver si se hace con el toro, cosa que no consigue, pero lo intenta. Vuelta a la derecha, pico y toreo por las afueras, temple de nuevo y a matar de pinchazo y estocada. Si llega a matar a la primera le habrían pedido la orejilla, sin duda. Hay que ver qué bula tiene este hombre en Madrid.


Y ya como final el retorno de Roca Rey, con su vestido negro y oro, a vérselas en el 5 con otro toro sin vigor ni energía como Campito, número 46, ante quien repite sus planteamientos de toreo de fiestas patronales en localidad de menos de 20.000 habitantes y, de nuevo, se suscita la polémica entre partidarios y detractores. Busca las cercanías y recibe muchos enganchones. Echa al suelo al toro de estocada baja perdiendo la muleta.


La corrida concurso de derivaciones frailunas ha sido un fiasco, una redada de tipos y hechuras, una falta de uniformidad y de poder. Sacarán pecho con el toro Cigarro, para justificar algo su ruina ganadera, pero uno prefiere a aquel Carretilla, número 66, de hace 33 años que se le fue al Fundi, toro de la Feria, que éste que se le fue hoy a Emilio de Justo.



ANDREW MOORE

 


LO DE MANZANARES

 



LO DE DE JUSTO

 


LO DE ROCA

 



FIN