Unfología, masonería...
Blog de la vida privada ("Humanismo es telecomunicación fundadora de amistades que se realiza en el medio del lenguaje escrito." Peter Sloterdijk)
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
De Eugenio Noel, extravagante antitaurino procedente del seminario de Tardajos, Burgos, cuenta la feminista Carmen de Burgos, Colombine, pareja o así de Gómez de la Serna, que era un loco de la notoriedad: “De jovencito se encerró en un sótano, ni más ni menos que un castor. ¿Para qué lo hizo? Para que lo llamasen genio.”
El castor es el animal industrioso por excelencia. Circula por las redes el video de un castor de piso que echa el día entero en construir barricadas en la vivienda con trapos, muñecos y cualquier cachivache que le proporcione su ingenio para construir en un pasillo la presa que, de ser libre, construiría en un río. Al verlo, resulta imposible no acordarse de Xavi, del que se burlan porque justifica las derrotas del Barcelona con la cosa de que se trata de “un equipo en construcción”, la Xavineta, cuya construcción vendría a ser un mandato genético que dura toda la vida, como en el caso del “Castor fiber”. ¡A Belén castores!
Xavi tiene de Noel la necesidad de que lo llamen genio, y de castor, la felicidad de habitar una casa en obras. Los costumbristas españoles que viajaban a Nueva York veían una ciudad en obras, y remataban con asombro: “¡Pero el día que lo inauguren!...” Salvo un payés paisano de Xavi, Pla (el escritor de Palafrugell, por favor, no el cantautor de Sabadell), tan boquiabierto ante el espectáculo como los demás, pero que al ver el derroche de luces en los rascacielos tuvo que preguntar a su guía: “Escolti, i tot això qui ho paga?” Seguramente, los palanqueros capitalistas de Wall Street. Es la pregunta que el sábado hubiera hecho Pla viendo que en la Xavineta, ese eterno “Verano Azul” de La Masía, sólo había dos canteranos, y por necesidad.
Bellingham le dejó a Xavi en el Clásico una media lagartijera que desde entonces tiene al equipo aculado en tablas, aunque saldrá de ésta, porque el fútbol parece estar tan “podre” como todo lo demás y tampoco hay mal que cien años dure, ni siquiera una “casa en construcción” de Xavi, que depende de los goles de un cedido del Atlético, el aspirante que en Bilbao, perdiendo 2-0 con el Athletic, retiró a un delantero, Morata, para meter a un defensor, Azpilicueta, cosas que en España acreditan de genio a Simeone. Mejor no se lo podían poner todos a Ancelotti, que anda el hombre de Papá Noel por el Nuevo Bernabéu, cuya inauguración se demora, y a cambio recibe la visita de Endrick Felipe Moreira de Sousa, de diecisiete años, que no sé yo cómo en Barajas no se arrepintió de haber venido, con el espectáculo de los periodistas, los mismos que dentro de nada le van a pegar, metiéndole periódicos en la boca para conseguir el selfie de la cabecera. “Tengo el corazón de hielo”, explicó el chico, en resumn de un poema de Vallejo: “Mas si se ha de sufrir de mito a mito, / y a hablarme llegas masticando hielo, / mastiquemos brasas”. Luego saludó a los jugadores madridistas, que parecen respetarlo como tal vez ya no harían con Mbappé, que en la imaginación popular ejerce la misma fascinación que un cajero automático.
El debate navideño en el Real Madrid es quién tira los penaltis. Parece una tontería, pero uno ha visto lanzarlos a la grada a Cristiano, a Kaká y a Ramos en unas semifinales de Champions con el Bayern. Modric falló el suyo el otro día con el Unión Berlín, pero Modric tiene ahora (ahora es ahora) a favor a la gente del Relato. Modric y Kroos son, por desgaste y edad, dos rémoras para el despegue y consagración definitiva de la línea beatle (Valverde, Aureliano, Camavinga, Bellingham); su certificado de caducidad lo expendió el City en la semifinal de Champions. Mas el Relato, que se vale del piperío más obsceno para enredar, pone una vela a Modric, el cuarentón que comparte club y selección, y otra a Kroos, que de oír lo bueno que es (no lo que otros tienen que correr por él) da vueltas a lo de regresar a la selección. El Madrid de Modric y Kroos es, por el ritmo, un equipo para el alma melancólica de Joselu, y el Madrid de los cuatro bichos de arriba es un equipo para la locura de Vinicius y Rodrygo, y ya no digamos para la de Endrick, que podría sumirse en la depresión si, además de someterse a los periodistas de Barajas, se viera sometido al trote cochinero de la bumerada blanca. Ahí están los recuerdos Modric-Kroos del derbi madrileño. O los del Clásico, donde Kroos hizo internacional a Fermín López, natural de El Campillo, Huelva. Pero el piperío es reaccionario, y antes veremos la llegada de la Superliga (¡ojalá!) que la merecida jubilación de Modric y Kroos, que se resisten a la despedida como el uefo Ceferino, que se valdría de una gatera jurídica para amarrarse al sillón hasta el 31, fecha en la cual Xavi seguirá “construyendo” su proyecto.
ONCE DE MOURINHO
En el once ideal de Mourinho no está Modric, y, sin embargo, está Hazard. Ese once es el siguiente: Cech, Zanetti, Terry, Carvalho, Gallas, Lampard, Ozil, Cristiano, Makelele, Hazard y Drogba. En total, cinco madridistas, si contamos al belga como tal, con Cristiano, Makelele, Ozil y Carvalho. Hazard nació tan bueno que ha pasado a la historia sólo con una temporada en su haber, la que hizo en el Chelsea con Mourinho, en cuyo despido participó porque estaba harto de correr. Pudiendo ser Aquiles, eligió ser tortuga. Dios da pañuelo a quien no tiene mocos.
[Lunes, 18 de Diciembre]
Martín-Miguel Rubio Esteban
Se sabe que los galos adoraban divinidades locales y rústicas; una de ellas era Borvo, dios de los manantiales de agua caliente, que ha dado su nombre a numerosas estaciones termales (Bourbonne, Bourbon-Lancy, Bourbon-l´Archambault), y a la Casa Real de Borbón que a la sazón reina en España. Probablemente la raíz esté emparentada con la raíz indoeuropea *bhorso-/*burso-, con el significado de “inflado” o “insolente”, como metáfora que tiene como base un manantial de agua caliente que sale a borbotones, y de ahí a hombre de ánimo caliente o ardoroso. El antropónimo celta Burzu vendría también de esa raíz; la cual también evoluciona así en celtibero: *borso->*burzo->*burro-. Estas formas están atestiguadas en la toponimia de las Galias (v. gr. Burdigala) y sobre todo en la toponimia hispana; así la vemos en la base del término Burrulobrigensi (Portalegre) y del topónimo Burriligiam (Fuentes de Ropel, Zamora). Hay también correspondencias en las lenguas celtas insulares, como en antiguo irlandés “borr” (inflado, insolente), y el galés “bwr” (robusto). En las Galias nos encontramos también con el adjetivo “baraudo” (que se caracteriza por su abundancia de pasión), y con el prosopónimo galo Combaromarus, “grande en furor o pasión”. Podría también estar en la raíz de hidrónimos indoeuropeos como Boristhenes y en el término griego borborôdes. De todos modos, André Maurois relaciona a los Borbones con el dios celta Borvo. Esto es, tenemos una dinastía reinante genuinamente celta.
El primer borbón que ciñe la corona de Francia fue Enrique IV el Navarro, descendiente de un hijo de San Luis y nieto de la Margarita de las Margaritas. Y la primera medida que tomó este primer rey Borbón en 1594 fue una total amnistía para todos aquellos católicos y protestantes que en su guerra de religión habían cometido crímenes. La amnistía fue escrupulosamente observada, y cuando los franceses vieron que el rey no quería represalias de ningún partido, comenzó su tarea de unir a todos los franceses en un proyecto nacional que estaba por encima de las conciencias particulares. Quienes más se opusieron a la amnistía fueron los jesuitas, quienes fueron expulsados de Francia ese mismo 1594 como enemigos del rey y del Estado. Cuando el asunto de la amnistía se olvidó, Enrique IV, en 1603, los volvió a llamar, pese a la resistencia del Parlamento.
-Los creo necesarios a mi Estado; si se fueron de él por intolerantes, quiero que estén ahora por nuestra tolerancia.
Nada tan admirable como la paciencia con que Enrique IV realizó la pacificación de Francia. No fue fácil tarea. El rencor era muy vivo. Muchos se indignaban ante su indulgencia. Incluso compró muchas sumisiones, diciendo que esto le costaba diez veces menos que emplear la fuerza. Pagó las deudas de Mayenne, su peor enemigo, limitándose por toda venganza a hacer correr doscientos metros a su lado a aquel hombre gordo y reumático. Firmó la paz con los españoles y se reconcilió con la Santa Sede manteniéndose las libertades de la Iglesia galicana. Siguió siempre los consejos políticos del gran Bodin: “El príncipe es juez soberano; si toma un partido no será más que jefe de partido exponiéndose a perecer en la lucha. El príncipe debe renunciar a la violencia, sin tratar de imponer cuál de las religiones es la mejor”. Todo lo que el rey obtuvo de los hugonotes fue la aceptación de una especie de armisticio; el edicto de Nantes. Este Edicto contenía sabias disposiciones; derecho de los protestantes a todos los cargos del Estado; ejercicio de culto en lugares y condiciones determinadas; derecho de testar; constitución del clero protestante en Sínodo, colegios y consistorios. Es así que la Ley de Amnistía mantenía a Francia como Reino eminentemente católico –Francia es el país del mundo en donde más pueblos y ciudades llevan nombres del Santos: Hay 750 San Martín, 471 San Pedro, 454 San Juan, 302 San Germán, 195 San Pablo, etc.– y, a la vez, garantizaba la libertad de conciencia de todo francés. Con el único objeto de hacer grande a Francia se apoyó en su amigo Maximiliano de Béthume, barón de Rosny, a quien hizo duque de Sully. Sully fue uno de los genios políticos que ha tenido Francia, rica ya de sí en ese tipo de genios, al que acompañaban la honradez y una infinita capacidad de trabajo. Cuando hablaba con el rey defendía su postura incluso con impertinencia, sinceramente, con la desenvoltura de un amigo. Esa misma descortesía, a veces brutal, le hacía imprescindible para Enrique IV: “En el momento en que no me contradigáis, creeré que ya no me queréis”, le decía el Rey. Sully logró no sólo restablecer un equilibrio presupuestario, sino depositar en La Bastilla un tesoro de trece millones y convertir la artillería francesa en la más poderosa de Europa.
Pues bien, ¿es parangonable la amnistía que llevó a cabo el primer borbón con ésta que puede firmar el último (por el momento)? ¿Felipe VI tiene el valor de su ascendiente navarro Enrique IV? ¿Tiene algún parecido el lindo don Pedro con el riguroso duque Sully? ¿Es Félix Bolaños nuestro Bodin?
La amnistía de Enrique IV y Sully unió a los franceses únicamente bajo criterios patrióticos, y no con criterios religiosos ni ideológicos, que dividían a Francia; a partir de entonces en Francia han cabido todos los franceses. Aquella ley de amnistía hizo a todos los franceses iguales, pudiendo participar todos sin exclusión, independientemente de sus creencias, en el engrandecimiento de Francia. Por la contra, la amnistía de Felipe VI y Pedro Sánchez bendice el crimen de la secesión contra la unidad nacional y la supervivencia del Estado, y rompe la igualdad jurídica de los ciudadanos ante la ley. Esto es, no sólo no garantiza la existencia de la Nación, sino que la pone en inminente peligro gratuitamente por siete votos. Hiere de muerte la Constitución cuando conculca el requisito mínimo de una Democracia, que es la igualdad de los ciudadanos ante la ley. Borra el delito de robo de políticos ladrones que se han hecho multimillonarios a pesar de los catalanes. Pone de árbitro de nuestras desavenencias a un mediador extranjero, experto en organización de guerrillas, humillando así a los españoles y pasando por encima de nuestro ordenamiento jurídico, que queda a expensas del albur del ilustre mediador. La amnistía de Enrique IV inició la grandeza de Francia; la amnistía de Filipe VI inicia la bajeza de España por el interés de un solo ciudadano (ad rem unius civis). Aquella amnistía sirvió para asegurar la paz (*pak- en indoeuropeo significa, precisamente, asegurar, de donde tenemos en latín pax y paciscor, y en griego pêgnûmi), ésta nos trae la inseguridad civil.
DOMINGO, 24 DE DICIEMBRE
En aquel tiempo, Zacarías, padre de Juan, se llenó de Espíritu Santo y profetizó diciendo: «“Bendito sea el Señor, Dios de Israel”, porque ha visitado y “redimido a su pueblo”, suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo, según lo había predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas. Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; realizando la “misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza” y “el juramento que juró a nuestro padre Abrahán” para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días. Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante “del Señor a preparar sus caminos”, anunciando a su pueblo la salvación por el perdón de sus pecados. Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz».
Lucas 1, 67-79
Carlos Cano & Antonio Burgos
Hughes
Lo que he disfrutado cuando me preguntaban por mis escritores y columnistas favoritos, y yo decía, muy serio, que Antonio Burgos, que por supuesto Antonio Burgos. Qué caras ponían los pedantes y los farfulleantes del tertulianés, idioma que él descubrió. Y bien siento llamarle columnista, que suena ya a subescala de albañil en la masonería del gato por liebre español: él era articulista, un articulista como la copa de un pino. Un genio, pues genio hay que ser para tirar de ingenio bienhumoradamente, diariamente, constantemente, un día tras otro día, como quien lo tiene, y él lo tenía, por condena.
¿Qué van a decir de él los que no lo tendrán nunca? ¿Qué podrán decir o entender los que ni exprimiéndose con siete fisioterapeutas y cinco yoguis se sacarían una gota de su gracia?
Yo no puedo hablar mucho de Antonio Burgos, habrá quien lo haga mejor y con más propiedad; no soy sevillano y no lo leía tanto como lo hubiera hecho estando allí; mi Sevilla además siempre era una Sevilla de paso, entrevista, apresurada, con mucha Santa Justa, casi siempre camino de Cádiz, donde vivía cuando él me escribió, con suma generosidad hacia el don nadie.
Como cantaría, ay, su Rocío:
La mitad del mundo es Cai
y la otra mitad Sevilla
Cai, Sevilla, Sevilla y Cai,
yo he visto el mundo, primo,
esto es lo que hay
El mundo lo tenía él, circunvalador de los dos hemisferios, Magallanes de la gracia. Las dos, la gracia de Cádiz que había estudiado y la gracia sevillana, que no es gracia, sino guasa, como él nos explicaba, y que se redime salpimentada de Cádiz, siempre Cadi-Cadi, aunque escribiera de toda la provincia, como de aquel Arcos polo de poesía, desarrollo y hasta madridismo que detectó —siendo él betiquísimo, por supuesto, quede esto muy claro—. Su escritura, de oído virtuoso, nacía en lo popular y en lo popular se vertía, de la calle al periódico y vuelta a la calle otra vez, pasando entre medias por su depurador poético, por su alambique de poesía culta y popular, hija de Cernuda, de Murube, de Rafael de León…
Las tres gracias tenía, casi nada: la poética, la guasona-sevillana y la gaditana de adopción.
Pero lo culto y popular, lo cultopopular, empieza a no entenderse: unos no alcanzan a ver lo fino, otros están sordos para lo llano.
Antonio Burgos era un gatófilo que escribió la necrológica a un perro, Canelo I de Cádiz, el que quedó para los restos esperando al dueño.
Cuando todas las modernas con gato tengan al minino en edad de ir a la mili, a lo mejor descubren que quien mejor y con más sensibilidad habló del gato fue Antonio Burgos, al que los gatos respetaban como hacíamos sus lectores. Doy fe. Los gatos cercanos a la Caleta, donde le pusieron calle —ser calle de Cádiz, no cabe honor más alto— conocían a Antonio Burgos. Yo lo supe porque dialogaba con el gato de la calle Santiago, que sólo me hablaba a mí, y porque me lo decían al volver de tomar su café con leche los gatos madrugadores de la Catedral, por donde el relente de Arquitecto Acero se hacía cielo y mar, cerca, pero nunca arrejuntados del todo con los gatos hechos coro de Campo del Sur. En ese saliente ingrávido, rincón sólo habitado por gatos, donde la gracia se hace más aérea, amarilla y azul, en el extremo dorado de España, reinaba don Antonio con su cuplé de miaus.
Con su oído virtuoso y la observación lírica-guasona de Sevilla, del paso del tiempo por sus cosas (dos tiempos: el que siempre vuelve y el que no lo hará), iba registrando lo cantable, lo evitable y lo perdurable como un cronista que la refundara y a la vez gestionara al detalle su conservación: los veladores, las comandas en tiza, el magnolio concreto, las heladerías, los rótulos bárbaros… Nunca se ha visto que alguien le dedique un artículo al momento en el que llevamos amigos a nuestro bar, al bar donde somos habituales. ¡Qué finura captar la confianza henchida del anfitrión en la barra nueva del bar de siempre!
Fue periodista que trascendió el lenguaje político que en España no entiende ni quiere entender nadie. ¿Qué hizo ante la mareante corrupción socialista? Inventar una nueva unidad para medirla: el pellón; como inventó, para escindir las dos Españas de la democracia, una nueva categoría: la de quienes la vergüenza no-la-co-no-cen —ni la van a conocer—, los nolacos, primos hermanos de los patócratas, que bien pensado tienen nombre de chirigota.
Los nolacos que nos rodean son hoy, y no lo saben, muchísimo más pobres e infelices porque no habrá ya quien, habiéndolos calado, los eleve con gracia e ingenio.
Como observó en los gatos, que no pueden estar ante una puerta sin cruzarla en silencio, se va una cumbre, una portentosa voz de alegría y yo lamento hoy, más que nunca, no haberme acercado a Sevilla aquella vez.
Leer en La Gaceta de la Iberosfera
Cuando Cánovas se sienta a montar un Estado (por cierto, a ver cuándo se pone Casado con un libro sobre Cánovas como el de Boris Johnson sobre Churchill), el único Estado que existe es la Guardia Civil que ahora Sánchez (“Some chicken!”) saca de Navarra, en cuyo castillo de Javier podría coronarse Macron emperador de los mindundis el día de Navidad.
Agosto, 2019
FJGI
Desde Córdoba, donde un Séneca al que no le ha tocado la lotería, (como a la mayoría), sentencia que "nada ha de ser en exceso", servidor desea de corazón Feliz Navidad, y que de salud os traiga el año 24, si no en exceso, que sea al menos la suficiente. Un fuerte abrazo.
Ignacio Ruiz Qintano
Abc
El “argumento legal” es la hoja de parra del consenso político, concepto antijurídico (y antidemocrático) donde los haya, pues cuando el consenso entra por la puerta el Derecho sale por la ventana.
–¿Qué es Derecho? –es la pregunta retórica de Schmitt.
Y responde: algo que se afirma con éxito (con vocación de obligar a obedecer) y se hace válido, es decir, se hace cumplir por la fuerza. “¿Qué es por tanto un jurista? Alguien de profesión justificador. Una profesión que se autojustifica. Los justificadores son peores que los que fabrican dinero”.
Como argumento, el “argumento legal” se parece mucho a ése que, según D’Ors, todo hombre (sobre todo en España) lleva en la entrepierna. De “argumento legal” en “argumento legal” (“de la ley a la ley”), los españoles llevamos más de dos siglos probando regímenes, todos fallidos.
El norteamericano Robert Canup, que ha estudió la relación de la inteligencia con la maldad (“una persona de cada veinticinco es malvada”), sostiene que el argumento legal está en los cimientos de nuestra sociedad y que esto equivale, ni más ni menos, que al arte de la estafa: el más hábil en el uso del medio para convencer de algo a un grupo, es a quien se le cree.
–Cuando está bien distorsionada por buenos mentirosos, la verdad puede hacer que una persona inocente parezca mala, sobre todo si es honesta y admite sus errores.
Acostumbrados al “argumento legal”, ante un conflicto damos por hecho que la verdad se halla en algún punto intermedio entre los extremos, lo que supone una ventaja para el mentiroso-psicópata.
Por el “argumento legal” pasamos en España de las leyes fundamentales a la reforma, de la reforma a la constitución y de la constitución a esa “nación” que viene a ser como el pene fetiche de la Cataluña separatista: cuando las teorías no concuerdan con la realidad, acudimos a la ficción jurídica, razón por la cual nuestras leyes cada vez son más embrolladas, como homenajes a la teoría de Roland Barthes de que “todo texto es un tejido de sentidos enmarañados”, alusión, según él, a la hipótesis freudiana de que la mujer aprendió a tejer al cruzar los pelos del pubis para hacer con ellos lo que Puigdemont con los pelos de la amnistía, un pene fetiche que provocará la envidia de pene fetiche en el resto de autonomías, ya en cola para los referéndum de sus fantásticos derechos de autodeterminación.
–Sólo se autodetermina lo que es, en sí mismo, soberano –avisó el que todo lo avisó hace medio siglo–. Quien reclama la autodeterminación como derecho, confiesa que no es soberano, y que la soberanía está en el sujeto a quien se la reclama.
Pero, liquidado el Derecho, ¿qué importa? En España nunca faltan Gundisalvos (“Vote a Gundisalvo. ¿A usted qué más le da, hombre?”) cargados de “argumentos legales” con que estafar a un pueblo que lleva más de dos siglos chapoteando, feliz, en la tinta de calamar de los sofismas. Aquí, quien hace la ley, hace la trampa.
Francisco Javier Gómez Izquierdo
Me dice el Gaitu que "la Presen" ha cerrado. Se jubila. Servidor se alegra mucho por ella, pero siente que a Gamonal se le van cayendo los pocos tejados sentimentales de un barrio al que tantos tomamos como pueblo adoptivo. "La Presen" ha sido hasta antier el puesto de prensa del barrio. Entre el bar Liverpool, fuente del peregrino compostelano, y una administración de lotería donde mi madre compraba un nueve para toda la familia, "la Presen" era heredera de una clientela que se trasladó hace muchos años de la puerta de nuestra casa, donde lucía un kiosco en pleno apogeo periodiquil, y a la que ha tratado como si fuera de la familia.
En casa hemos sido siempre de periódico. Servidor, siendo aún tierno infante se prestaba voluntario los fines de semana, era cuando mi padre religiosamente compraba el Diario, a bajar al kiosco de toda la vida del barrio, en la placita frente a lo que entonces, finales de los 60, era el Ayuntamiento, con su alcalde y todo, de Gamonal. En mi memoria quedan las paradas para ojear frente a la iglesia y haciendo cola para comprar el pan donde la señora Basi el día del asesinato de Luther King y el de la llegada a la Luna, acontecimiento éste que mi padre nunca creyó. El Diario para casa y luego con las pesetas que uno ganaba cosiendo zapatos, los pósters de futbol de Pueblo, La Gaceta Ilustrada, As Color, los comienzos de Don Balón... nos los reservaba una señora que ahora no me acuerdo del nombre, allí, en el único kiosco de periódicos. Después el kiosquero fue Pepón que lo trasladó al otro lado de la calle Vitoria, en el comienzo de la calle Eladio Perlado en competencia con el kiosco de la puerta de nuestra casa que llevaba una familia gallega o leonesa con la que mi hermano Carlos era cliente preferente. Desapareció hace muchos años el puesto de periódicos en la Calle Vitoria y abrió la Presen en el bloque que se levantó en lo que fuera cementerio junto a la iglesia de la Real y Antigua de Gamonal.
El Gamonal antiguo se daba cita donde la Presen. El Liverpool y el Entre Tapas por vecindad eran los primeros bares que los recogían; José el hermano de Goyo el carnicero llevaba el Diario a la bodeguilla pero ahora que lo pienso creo que donde lo de Arsenio es donde más pronto llegaban cuatro o cinco periódicos porque el inclasificable Villanueva, un vejete que desayuna con vino blanco y que gasta extravagante parla, los acercaba al Bar Dos jotas para que el ciego Kubala, una institución gamonalina, que se levantaba con vino tinto, acaparara cualquiera de los cuatro uno no sabe para qué mientras soltaba una fresca a los difuntos Piné y Estrella o al mismo Arsenio, el cantinero más madrugador del barrio. Y así todos los bares que caen en un gran círculo en el que su centro es la Iglesia. Con la Presen hablábamos de la familia, mala fortuna ha tenido, y sobre todo de los quebrantos con que nos martiriza la Administración tras la pérdida de los nuestros, pero también nos hemos reído con los personajes del barrio y de episodios de cuando éramos jóvenes y allí mismo acababa el autobús de Gamonal y daba la vuelta para en el Timoteo, primera parada, recoger los primeros viajeros para Burgos. Servidor y el Gaitu, apreciamos mucho a "la Presen" y ella ha sentido de corazón las muertes de parte de mi familia a la que ha visto en sus idas y venidas desde el empapelado escaparate de su kiosco.
Envío un fuerte abrazo desde Córdoba a "la Presen" y le deseo salud sobre todas las cosas. Ella sabe que no hay nada mas preciado. Bueno, y en atención a las fechas, Feliz Navidad.
Marzo, 2021
«Podrán deshacerse de mí, pero no podrán deshacerse de mis ideas»
Pim Fortuyn
Javier Bilbao
Tanto el entusiasmo como la inquietud (principalmente mediática) ante la victoria electoral de Geert Wilders en los Países Bajos la pasada semana han ido atemperándose ante las dificultades que está encontrando para articular una mayoría. Puede que se vea obligado a renunciar a algunas de sus promesas o incluso a la propia presidencia, aún no lo sabemos, pero en cualquier caso su rotundo apoyo popular redefine el debate público holandés en torno a las ideas fundamentales que abandera: el euroescepticismo, el rechazo a la inmigración masiva (particularmente de origen musulmán) y su oposición a las medidas de ingeniería social y estrangulamiento económico bajo la coartada del cambio climático. Siendo él quién más lejos ha llegado, no fue el primero en defenderlas. Veamos a continuación el origen de esa bola de nieve.
El país de Spinoza y patria adoptiva de Descartes, orgulloso de considerarse secular cobijo de la libertad de pensamiento y de credo —salvo que fueras católico, eso sí—, donde se imprimían los libros prohibidos en el resto de Europa, ha mostrado signos inquietantes en los últimos años de persecución ideológica, quizá fruto de un contexto internacional del que no puede sustraerse pese a su tradición. Todo empezó en 1948 en la ciudad de Velsen, donde nació y fue criado en la fe católica —que conservaría hasta el final, ahora ya sí se podía— Pim Fortuyn. Graduado en sociología y doctor en ciencias sociales, se convirtió en un convencido marxista que posteriormente derivaría en socialdemócrata afiliándose al Partido del Trabajo y, ya en los 80, se definiría como económicamente liberal.
Su condición de homosexual, de la que hablaba con detalle en público, influyó en su progresiva toma de conciencia la década siguiente sobre el efecto de la inmigración masiva en un país tradicionalmente nudo de comunicaciones, abierto tanto a flujos comerciales como de personas. Especialmente, cuando estas provienen de naciones con diferentes valores que traerán consigo y terminarán creando un irresoluble conflicto con la sociedad de acogida, como expresó en libros como el publicado en 1997 con el expresivo título «Contra la islamización de nuestra cultura». El problema no era racial -rechazaba de plano cualquier prejuicio en ese sentido- sino cultural, pues «el islam no se circunscribe a una sola raza». Su posición política, por tanto, pese a las gruesas acusaciones que se dirigían en su contra vinculándolo al nazismo, era la de alguien que simplemente quería preservar el orden democrático, liberal y secular, que caracterizaba a los Países Bajos y que veía en peligro ante el ascenso del islam: «no quiero tener que pasar de nuevo por la emancipación de las mujeres y de los homosexuales».
Con el cambio de siglo llegó el momento de dar definitivamente el salto a la política y tras un tanteo fallido a finales de 2001 en otro partido, a comienzos de 2002 funda el llamado Lista Pim Fortuyn. Su ascenso es meteórico y en apenas unos meses ya se postulaba como favorito en las encuestas para las elecciones generales. Pero un 6 de mayo, apenas 9 días antes de la votación, saliendo de una emisora de radio en la que había sido entrevistado fue tiroteado mortalmente. El autor, un ecologista radical que lo consideraba una amenaza para las minorías del país. Pim ya había advertido de que el señalamiento tan agresivo de todo el sistema político en su contra podía hacer peligrar su vida y, también, que llegado el caso podrían acabar con él, pero sus ideas tendrían continuidad. Ambos pronósticos se cumplieron.
El atentado causó una profunda conmoción en todo el país, tanto por el carisma que irradiaba la víctima como por la manera en que aquel crimen cercenaba de raíz la autoimagen nacional tan complaciente de paraíso democrático-liberal, donde cualquier idea podía ser expresada sin miedo ni censura. Al desfile funerario acudieron miles de personas, para quienes su ejemplo no sería olvidado desde entonces.
Sus herederos
Durante los años 90, en los que como vimos Pim ya perfiló el ideario por el que ahora es recordado, fue entrevistado en diversas ocasiones por Theo van Gogh, lejano pariente del pintor, en quien dejaría una profunda huella. En este encuentro de 1997, por ejemplo, criticaba el creciente autoritarismo y lejanía de los ciudadanos de las instituciones europeas (26 años después sus observaciones son aún más pertinentes), pues entendía que las democracias para ser funcionales deben ser nacionales y el Parlamento Europeo era una institución «sin alma», carente de raíces en la sociedad.
(...)
Leer en La Gaceta de la Iberosfera
Hugo Preuss
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
El Derecho como facultad de las cosas inútiles (¡el más ingenioso invento estalinista!), eso es España.
–Es que ya se saben el truco y no te abren la puerta –explica un policía enviado a disolver una fiesta en un piso.
En el asunto de la inviolabilidad del domicilio hemos pasado de “la patada de Corcuera” al “truco de Marlaska”, el jurisperito que se tuneó los apellidos para echárselas de cosmopolita en la capital. ¿Qué asignatura de Derecho dan en la Academia de Policía?
–La justicia es un silbato para perros.
En la vida romana, nos cuenta Rudolf von Ihering, el hogar es sagrado, y hasta las cosas cobran un significado moral: es donde alienta más despierto el sentimiento de la personalidad jurídica. El hogar lo habitan hombres y dioses. El dueño es su sacerdote: arrancarle de su hogar violentamente es una violación del derecho y una ofensa a los dioses, pero el “vivaz espíritu jurídico” del españolejo contemporáneo (lo que Albornoz atribuía a nuestra herencia romana) sale del brete por arte de birlibirloque. Para eso están los profesores.
–En teoría una Comunidad Autónoma no podría legislar sobre la vacunación obligatoria, pero en la práctica sí podría hacerlo –dice el constitucionalista Blanco Valdés, un Hugo Preuss de Feijóo.
Preuss pasa por “padre” de Weimar y Blanco podría pasar por “padre” de Breogán, la taifa de Feijóo, cuya política covidiana (pruebas rectales, vacunas obligatorias) parece hija adulterina del decisionismo de Franco (¡aquel decreto del 44!) y la teoría queer (¡la pura posmodernidad!) de Pamela Butler. ¿No veía Foxá en la Falange una hija adulterina de Marx e Isabel la Católica?
–Wilson o Lenin. Es necesario elegir –fue la disyuntiva de Preuss.
La nuestra es entre truco y trato, y hemos resuelto quedarnos con los dos. Con la teoría de la Constitución y con la práctica de nuestro cojonudismo. Lo llaman moderación, que “nada hay más moderado que los modales de los atados al poder con pactos secretos de inmoralidad política”.
Marzo, 2021