miércoles, 13 de agosto de 2014

martes, 12 de agosto de 2014

Estepona. Cuando la playa es lo de menos




Beatriz Manjón
Abc

En Estepona pasaba los agostos una amiga del colegio a quien prometí no olvidar cuando marché a vivir a Galicia. El intercambio de postales veraniegas duró más que la amistad, porque las costumbres pesan más que los afectos, y fue así como llegué un buen día a Estepona, con la sensación de volver en lugar de llegar, aunque dice Pessoa que el lugar al que se vuelve es siempre otro. Las postales son como la foto de Facebook, muestran lo mejor –o lo que se cree mejor–, pero las ciudades, como las personas, se conocen con lo malo. «Entremedias de cándidas palomas añade más belleza un negro cuervo de cuanto pueda hacerlo un blanco cisne», aseguraba un personaje del Decamerón. El feísmo del boom turístico, a cuyos balcones da la sensación de que van a asomarse los Alcántara, aumenta el placer de ascender por el casco antiguo, donde las macetas se visten de un mismo color por cada calle y hasta se ponen flamencas. Puede uno acallar el runrún de la rutina en la quietud de la plaza de San Francisco, solo interrumpida por las palomas que acompañan la memoria del padre Manuel, párroco durante cincuenta años en la iglesia de Nuestra Señora de los Remedios; o visitar la Torre del Reloj, sitiada por formas nuevas, como esas historias de amor que se resisten al olvido, o callejear hasta la plaza de las Flores, donde acaso hay más arbustos, a cuya entrada unos versos de Rilke nos recuerdan que somos «siempre espectadores en todas partes». Es uno de los puntos de la ruta de la poesía, por la que hallarán a Machado, Szymborska, Víctor Hugo o Manuel Alcántara. A la literatura tampoco escapa la antigua casa de las Tejerinas, aquellas señoras centenarias, «feas y adorables por su simpatía», que solían invitar a merendar a Torrente Ballester.

«Mira la plaza ACB», señala un señor a su parienta, refiriéndose a la plaza ABC ¿Acaso no es el periodismo acertar el tiro? En la barriada Isabel Simón, el mural más grande de España se reparte en varias fachadas, en una de las cuales faena un pescador que bien pudiera ser un Bruce Willis anciano. Que yo sepa, el actor es de los pocos famosos que no tienen calle: Carmen Sevilla, Raphael, Rocío Jurado, Paul Naschy... ¡Hasta hay calle Montañez! A Estepona han ido a morir Alvin Lee y Gary Moore –quién sabe si será el verdadero cruce de caminos– y resucitó en un abrazo Melodie, la de Kimera, no la del gorila, cuyo secuestro es uno de mis primeros recuerdos del miedo.

En el puerto, armonía blanquiazul, todo es bullicio, como cuando en la playa de la Costalita se bañó la hija de Obama. Frente al casco urbano se extiende La Rada, donde se suceden incontables chiringuitos, en los que tiene una siempre la sensación de haber estado, pues en todos hay un guiri haciéndose foto con caña, que no es la del río Padrón, en el que unos pican y otros no, como los pimientos. De los «culitos mojaos», que no es indiscreción sino gentilicio, escribió Ted Walker en 1987: «Miran hacia el cielo, hacia las colinas, de donde viene su salvación en aviones desde Luton y Gatwick». Es, en cualquier caso, una salvación recíproca.

Ñocla frita

Ñocla frita de El Moreno
El Puntal, Asturias

Hijos

 



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    En 1934, Steiner tenía cinco años. Hubo en Francia un gran escándalo financiero y los antisemitas se echaron a la calle al grito de “¡Muerte a los judíos!” Steiner recuerda a su mamá bajando las persianas, y a su papá gritando: “¡Sube las persianas!”, tomándole de la mano para mirar. Entonces le dijo algo que marcaría su vida:

    –No debes tener miedo nunca: lo que ves se llama historia.

    (Que es la versión bien educada de la paliza que a Cellini, con cinco años, le propinó su padre cuando apareció una salamandra en el fuego, para que jamás olvidara tan extraordinaria visión.)

    En América, el vicepresidente Joe Biden, que tiene cara de Paquito Esplá y que cree que África es un país e Iraq una democracia suiza, ha colocado a su chiquillo de cobrador del gas ucraniano en lo que bombardea Mesopotamia.

    Porque, para la historia, los políticos no tienen hijos; tienen chiquillos, que luego se casan (o no) con las chiquillas que tienen las Marías de los Costus.
    
Aquí, el chiquillo de Suárez mataba toros. El chiquillo de Gonzalón se dejó coleta (no nos cansaremos de señalar el origen filipesco-cantinflesco de Pablemos). El chiquillo de Aznar tasaba la obra de Gerardo Rueda para Blesa, que era más de perdices que de collages. Las chiquillas de Zapatero asustaron a Obama (“lo que ves se llama historia”, debió de decirle Michelle). El chiquillo de Rajoy perdió al fútbol, con sus padres delante, 23-3 ante el equipo “Libertad Constituyente” patrocinado por Trevijano. Y los chiquillos de Pujol

    Emilia Landaluce nos contaba el domingo las habilidades (muy de la psicología de Uday o Qusay Hussein) que un pujolín, con las yemas de los dedos (que tampoco serán las de Warren Beatty) ensalivadas, hizo con los canapés en un cocktail con el Príncipe de Asturias. “Fill meu!” Deditos escribiendo en el hojaldre de un canapé lo que los dedos bíblicos en la cal de la pared en el festín de Baltasar:

    – Mené, téquel, fares. (“Comptat, pesat, dividit”)

"Abecedari" de la independencia

El beso del día

El español cuando besa...

Martes, 12 de agosto

Incuria

lunes, 11 de agosto de 2014

¿A qué esperan los andaluces?

¿A qué esperan los andaluces para soltarse la lengua?

Donde Carletto dijo Diego


La portería madridista


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Donde Carletto dijo Diego, decía, en realidad, Casillas, prueba, ay, de esa habilidad italiana, tan acreditada históricamente, para comenzar en las guerras del lado de quienes las hacen y terminar del lado de quienes las ganan, que casi nunca son los mismos.

    Diego López (canterano, español y mayor de edad, las tres virtudes teologales del piperismo) volvió al Madrid por la política de Mourinho, que es la misma que, en el mar, la de la gran flota inglesa (“policy of stead y pressure”), y su accidentada estancia ha servido, al menos, para desenmascarar al sindicato de prensa.

    Los porteros no son futbolistas, tiene dicho David Vidal (que habla del fútbol como del latín); son especialistas, pues juegan con las manos, no con los pies.

    Pero esos eran los porteros antiguos, o porteros gatos, bajitos y elásticos, mientras que los porteros modernos, o porteros leones (piénsese en la heráldica), son altos (rampantes, para los balones aéreos) y con pies de claqué.

    Mi primer portero asociado a la figura de un león fue Ñito (Cipriano Antonio González Rivero, canario del Granada, de quien en las conversaciones picantes se decía que tenía la merienda de un león) y mi primer portero asociado a la figura de un gato fue García Remón, que también fue mi primer Mariano, a quien el periodismo setentero, que ya despuntaba maneras, consagró como “Gato de Odesa”, en pleno “boom” de “The Odessa File”, la novela de Frederick Forsyth.
 
Diego López es portero león, hecho para reinar en el área, como Neuer.
 
Casillas y Navas son porteros gatos, hechos para maromear en los palos.

    Los porteros leones leen el juego como si fuera el aire de la sabana. Los porteros gatos leen libros: “Perdona si te llamo amor”, en el caso de Casillas, y en el caso de Navas, la Biblia ("algunos salmos", precisa el As) , como el Clint Eastwood de “El jinete pálido”:

    –…y contemplé un caballo pálido. Y el nombre de su jinete era… la muerte. Y el infierno le seguía.
 
Lo primero (desde el Génesis) que la Biblia enseña a un portero es que el pecado está a la puerta (no dentro, todavía) y que la solución la tiene Caín, enojado porque el Señor ha mirado la ofrenda de Abel con agrado.

    –Todo esto no tendría que durar –dice el príncipe de Salina, pero durará siempre. Y luego será distinto, pero peor. Nosotros fuimos los Gatopardos, los Leones. Quienes nos sustituyan serán chacalitos y hienas, y todos, gatopardos, chacales y ovejas, continuaremos creyéndonos la sal de la tierra.
    
Carletto acabó por dar vuelta al calcetín lampedusiano: “Si queremos que todo cambie, es preciso que todo siga igual.”

    Con lo que Pepe, que pasaba por ser el más simple, resultó ser el más listo.
 
De momento, a Keylor Navas (¿le diremos Keylor o le diremos Navas?) le ha caído, a modo de reto, un 13 en la espalda: “Entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella. Porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan”. Mateo, 7, 13-14.


Redes peligrosas

SEX BOMB

    En la tierra de Tom Jones, que hora es la de Bale, el Madrid presenta su “Sex Bomb”: la colección de Airgam Boys más completa que se recuerda y que Florentino Pérez ha puesto en las manos de Ancelotti para pelear por la Supercopa de Europa (valga la hipérbole) contra un Sevilla que todo cuanto tiene para colocar sobre la mesa son las coderas encarnadas de Émery. “Si tú eres un gran general –dijo famosamente Sila a Mario–, acércate y lucha.” “Si tú eres un gran general –fue la respuesta no menos famosa–, hazme luchar contra mi voluntad”. El vértigo de una victoria sevillista es una broma ante el vértigo de una derrota madridista.



Perros de compañía


Arenal de Morís, Asturias

Villaviciosa, Asturias

La Marea, Asturias

Barbate. Anchoa de sardinas

 Tarantelo de atún

 “Anchoa de Sardinas” dice Manolo

Salmorejo barbateño. Con piñones y mojama

F. J. G. I.

Lunes, 11 de agosto

Mirando a Inglaterra

domingo, 10 de agosto de 2014

Los "senyoritos"



Emilia Landaluce
Abc

Mucho antes de que —siquiera— se concibieran los modernos modernos [eso que llaman hipsters], el futurismo ruso ya estaba organizando la matanza de los espantapájaros. Lo cantaban en una ópera con decorados de Malevich mientras Lenin, supongo, fantaseaba ya con la idea de ponerse los tirantes de un fusilado [como, por otro lado, haría tras la Revolución].
 
En España, no hay suficientes espantapájaros. Y eso que hay muchos. Jordi Pujol no quería criar cuervos sino una prole de señoritos —senyoritos podría ser válido— que aunque proverbialmente se digan de Andalucía, también los hay en Cataluña. El señoritismo es esa sensación de impunidad que sienten aquellos que campan por el mundo como si fuera su cortijo. O su masía.

Una muestra: en los 90, uno de los polluelos del exmolt honorable coincidió en un cocktail con Don Felipe. El camarero se acercó al grupo en el que estaban el entonces Príncipe de Asturias y el Pujolin de turno. «¿Quieren?», les dijo pasándoles la bandeja. El senyorito no pudo reprimirse y ensalivó ostensiblemente sus dedos. Después, sonriendo, fue posando la manaza chupada en cada uno de los hojaldres. «Tocado, tocado, tocado», iba diciendo ante el horror del resto de los presentes. Como pueden imaginar, Don Felipe reprimió las hambres regias y supongo que también, el flipe ante semejante descaro.

Ésta era una anécdota frecuente en las veladas de cualquiera de los Pujol Ferrusola, que pese al trato siempre cordial que les brindó Felipe VI, no cejaron en su empeño de despreciar a la Institución. Victoria Álvarez ya relató en su día cómo el primogénito del clan había comprado 5.000 silbatos para pitar a Don Juan Carlos en aquella final de Copa disputada en Mestalla.

Franco pensaba que los cuervos eran matemáticos. Tenía razón: saben contar hasta ocho, exactamente el número de dedos de sus patas. Supongo que por eso Pujol nunca quiso criarlos. Demasiados pocos dedos para contar.

Pese a los futuristas, los espantapájaros sobrevivieron. Lástima que nada puedan hacer contra los córvidos de 2.000 millones de dedos.

Luarca, la Venecia de bolsillo

Luarca

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Luarca, que marca la verdadera frontera de Galicia y Asturias, está como si le hubiera dado un aire, es decir, como cuando paró en ella don Jorgito el inglés, George Borrow, el vendedor de biblias como la que lee Keylor Navas, traído aquí por un guía de Ribadeo y a lomos de una yegua facciosa (alavesa), abandonada por los carlistas, por coja.


“Tempus fugit”, avisa hoy un reloj de sol en el Puente del Beso.

    Pero aquí no “fugit” nada.


Para don Jorgito, Luarca sólo era una hondonada (como la religión católica), y de ahí no le sacaba nadie hasta que se decidió a hacerlo su guía gallego, que cantaba una copla que ya anticipaba nuestro mundo cultural:

    –Un manco escribió una carta, / un ciego la está mirando, / un mudo la está leyendo, / y un sordo la está escuchando.


 La vida de Luarca discurre alrededor del puerto (que de ahí, nos dice nuestro filósofo nacional, viene “deporte”, de “estar de puerto”).

    En una casa como de domingo entre dos casas arruinadas llama la atención un azulejo que bien podría ser el de la copla del guía de don Jorgito: “Esta casa ha sido galardonada como la más embellecida en el año 1956 merced al cuidado de sus moradores.”

    La casa más embellecida. El pueblo más bonito. Y así.


En este ensimismamiento de ministerio de Información y Turismo para atraer al turismo de la primeriza clase media quedó atrapado “el pueblo más bonito”, en seguida arrasado, como toda España (y como casi toda Europa), por el urbanismo pirático de los 60, que se caracteriza por el estilo Ceaucescu (cementero y grisón) de sus construcciones.

    Una placa en piedra (“Plaza de Carmen y Severo Ochoa de Albornoz”) nos confirma que estamos en la cuna de un Premio Nobel de Medicina, con ese Albornoz intrigante que nos lleva a otra placa, la de don Álvaro de Albornoz, tío del Nobel, abogado, ministro de la República y jefe del gobierno republicano en el exilio al que él enviara antes a los jesuitas: “El pueblo que lo vio nacer, honrado con el ejemplo de tan ilustre hijo, le dedica este recuerdo.” Y la placa, que es de 2004, podría ser de 1804, pues todo en Luarca tiene alma de museo.


¿Estaban vivos? –preguntó Mariló Montero, “en riguroso directo”, sobre los calamares gigantes del Museo de Luarca.

    El sueño eterno de esos cefalópodos abisales que atemorizaban a Mariló (“¿muerden?”) es una pálida imitación del sueño turístico (la vida es sueño) de pasear el Muelle, día a día, arriba y abajo, al caer de la tarde. En esta facilidad para la ensoñación el genio de Gil Parrondo (¡nuestro primer Oscar!) vio el cielo abierto para sus musas, que de Luarca es el rey de la dirección artística en la edad dorada del cine.


En esta entrañable Venecia de bolsillo (para todos los bolsillos) que es Luarca, con George Borrow en lugar de Dirk Bogarde, el verdadero lujo es el silencio, y para que luzca la importancia del silencio hay en el muelle un “Tributo al Rock Español”, pero no veo, ay, a ningún Tadzio (“Tadziu”).

El tributo

Tadziu no etaba allí

Cabres de monte, cabres de mar

 Cabres de monte

Cabres de mar
Villaviciosa

Ser o no ser

Punta de San Felipe
Cádiz
T. M. V.

Domingo, 10 de agosto

Playa

sábado, 9 de agosto de 2014

La piragua del señor cura


Las lorzas mellizas de Leonardo (di Caprio)

Hughes
Abc

De muy liberadoras pueden calificarse las imágenes veraniegas de Leonardo di Caprio. Liberadoras en el sentido en el que Boris Johnson se reconocía miembro del “Frente de Liberación de los Devoradores de Pastel de Cerdo”. La barriga del Hombre que Sólo Sale con Tops nos recuerda a los demás que el aspecto no importa tanto. El tamaño quizás sí, pero el aspecto no. Leo no sólo ha roto el icono Men’s Health, la percha Maconajiu, sino que ha ofrecido una imagen de paradisiaca y contestaria felicidad: aquella foto en la que aparecía armado con una pistola de agua y brincando tontiloco. ¡Estaba recuperando los veranos infantiles! La genialidad suya es mantener el niño suelto.

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Baleares. «It’s raining men»

Rosa Belmonte
Abc

«It’s raining men». En Magaluf caen hombres de los balcones con más facilidad que en Madrid árboles. El último (vaya usted a saber si no el penúltimo porque la producción es incesante), un francés de 22 años. Sobre las 6.14 horas del domingo se precipitó desde un sexto piso. Se había olvidado las llaves del apartamento donde se alojaba y pidió permiso a los británicos del balcón colindante para saltar. A los súbditos de Su Graciosa Majestad esa petición les pareció más normal que si les hubiera pedido sal. En lo que va de año, más de 20 personas han caído, accidental o voluntariamente, en Baleares.

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Fabes y jabalí

 La casa

 La carta

 Las fabes

El jabalí

Holocaustos





Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Subía yo, cabeceante como un asno gerundense (“equus africanus asinus”, que diría Arsuaga) mi cuesta de los elefantes, que es la del playón de Lastres, en la Asturias de los dinosaurios, y bajaba, sorteando a los vehículos, una madre andaluza con su niño de unos cinco años que al paso de un Jaguar (sí, un Jaguar verde, no un Seat León tuneado en amarillo) se quedó nota, como Narciso en la fuente, o como un toro encastado en el peto, pero su madre lo rescató de un tirón:

    –¡Ninio, por Dio! Mira que si te piya ese coshe ya no hay más ninio, ya no hay más Jacobo. Se acabó. ¡Ar sielo que se va!
    
¿Con el abuelo? –quiso saber el niño.

    ¿Por qué estas mujeres maravillosas, capaces de contestar en un santiamén cualquier interrogación ontológica, no mandan en nuestra vida pública?

    En nuestra vida pública mandan mujeres como Ana Mato, que aún no ha salido a explicar que el ébola es un bichito tan pequeño que si se cae de la mesa se mata. O como Maruja Torres, que tuitea que en África mueren muchas más personas al día de sida y de malaria, y que eso es lo que deberíamos estar solucionando.

    –Pero el ébola tiene glamour –es su remate de verónica.

    O como esa concejala segoviana de Turismo y Patrimonio Histórico (?) que suspendió un ciclo de cine israelí… “por el holocausto de Gaza”.

    –Que no se diga que nuestra postura en contra del holocausto de Gaza no es clara. Si hay que suspender ahora cuatro sesiones de cine de cuatro creadores judíos… pues se suspende.
    
Hombre, holocausto por holocausto, y puestos a ser punkis, si hay que dejarla a ella sin cochinillo de Casa Cándido por “el holocausto del Gal”, pues se la deja, por “muchos trabajos publicados sobre etnología y cerámica” (sic) y por muy “amplia experiencia en narración oral” (sic) que tenga.
    
Oralidad. Tertulianidad. La sensibilidad occidental viene de Atenas y Jerusalén: Sócrates y Jesús de Nazaret pertenecen a la tradición oral. Como la concejala segoviana, que no parece muy leída.

"Madrit" nos roba

Avenida Ciudad de Barcelona
T. M. V.

Sábado, 9 de agosto

Políticos

viernes, 8 de agosto de 2014

Tú y yo

Vía de la Plata
Monesterio
J. R. M.