viernes, 9 de agosto de 2013

Veraneante en mi Sierra

Mi pueblo
 
Francisco Javier Gómez Izquierdo
 
No es lo mismo veranear que ir de vacaciones. De vacaciones va cualquiera. Desde el estudiante quinceañero al que los padres mandan a Irlanda por julio con ánimo de mejorar el inglés hasta el pensionista de ochenta primaveras que se va en octubre a Benidorm con los viajes de los viejos a perfeccionar el tango. Las vacaciones son la pedrea de una lotería democrática que a veces se disfrutan mejor en casa que en esos paraísos a los que va el vecino... y no vamos a poner apellidos, para no incomodar espíritus sensibles.

      Como ya los niños nacen en capital y en los pueblos no quedan mujeres paridoras, cada año vamos quedando menos veraneantes pues...  el que vuelve al pueblo por el verano es el veraneante. Los veraneantes de la Sierra de la Demanda somos pueblerinos que añoramos la lumbre en casa y el roble en Los Abarcones; nos sentimos un poco okupas en la ciudad y por eso cuando regresamos con los de nuestra tribu nos comportamos como si nos avergonzaran los hábitos adquiridos en tierra extraña. No encendemos el televisor, almorzamos a las 10 de la mañana con vino, tomamos café, copa y puro y ya puestos, la echamos al mus. Los parientes que aún viven en el pueblo nos dejan en la ventana una lechuga y cuatro tomates y en vez de esa amariconada despedida de ciudad con un “ya quedamos para tomar un café”, en mi aldea -viven menos de cien personas durante el año- organizamos una merienda en un pispás para poder refrescar, como cada año, las mismas peripecias del tío Ladis, las maldades del maestro Botiquín ó los tortazos del cura don Eutimio, al que seguimos tratando de Don. Nos pegaban de chicos y aún hoy sigue sin parecernos injusto. Alguno hasta cree que  los cintazos del padre fueron pocos y entre clarete y clarete no dejamos de admirar a nuestras madres. Son mujeres que tuvieron media docena de hijos asistidas por la señora María con trapos blancos y palanganas -un servidor nació un seis de enero con el pueblo enterrado en nieve- y que aún hoy, sobrepasados los ochenta y noventa, van a la compra y hacen de comer para quien haga falta.  Mujeres que nunca quisieron dar pena con sus desgracias, que se enorgullecían de sus redaños, que araban, trillaban y cargaban sacos de patatas. Madres que han enterrado a hijos y que tienen la certeza de que la especie se debilita cuando oyen hablar de la depresión de la hija de fulanita. Serranas que siempre creyeron que las vacaciones eran cosa de señoritingas de capital y a las que admiro más cada año.

Cirila. 99 años
Vive sola y “ ..ya no puedo con los sacos de leña”.
 Detrás Valentina y María con casi 90 y en el mismo plan

jueves, 8 de agosto de 2013

¡A Frankfurt!



@Vucaque
 
Despegamos hacia Frankfurt!!

Chiringuito


Hughes
Abc

Para llegar al chiringuito del verano hay que pasar por la propia palabra chiringuito, es decir, pagarle el peaje a Ruano, que con esa palabra se toma la gran revancha literaria, palabra que vale por toda una literatura y una obra entera. Queda de Ruano, quizás, el uno heredado de Solana, tics umbralianos, la afición de ciertos columnistas (amaneramiento culpable, imitativo), sus libros, claro, que leerán cuatro y esa palabra amarilla, divertida, guasona del chiringuito.

Así que todo el ejército de los ignorantes de Ruano y los grandes horteras del país le pagan paradójicamente su tributo al dandy con esa palabra que es trago corto, puesto provisional y suena meridional y divertida, como una hawaiana del diccionario.

Los columnistas de entonces eran algo entre el detective privado y el poeta, ese romanticismo tendría entonces lo del periodismo.

De Ruano sobrevive también un cierto estilo en la necrológica, tan distinto de la unanimidad plomiza, castrense, del planto mediático actual, con su énfasis lacrimógeno en una pena documental.

Pero el caso es que para llegar al chiringuito de verano, a la canción estival, a la playa, la tapa y el mojito arenoso, tacto pegajoso de dulzura (mojito y arena, que suena a canción de Bosé), hemos de pasar necesariamente por la biografía de Ruano, que en el chiringuito escribía sus cosas barcelonesas.

Con la edad se da uno cuenta de que en casa no se puede escribir ni la lista de la compra. Puede que Ruano llenase sus paredes de cacharrería  para no poder quedarse y marchar al café. Sus artículos se escribieron sobre el velador, mármol veteado de antigüedad y mundanidad y su voz, su evidente lirismo, se medía con el rumor de fondo del café.

Chiringuito es eso: el yo de miranda, con un rumor de mar y chicharra al fondo. Y la literatura de chiringuito sería la maravilla fugaz, entrometida, del que escribe mirando y está sin estar. Elogio de lo provisional.

Hay una estética de lo fugaz, de lo que no tiene asiento fijo, que está detrás del chiringuito.

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Estreñimientos


El cormorán de Lastres

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Casi toda la publicidad de TV está copada por productos contra el estreñimiento, y eso significa que España es ahora mismo un país que no obra.
    
Pena me dan los Arsuagas del futuro, si han de deducir nuestras dietas por los restos que dejamos, aunque hay una banda de rock que firma un gran tema de amor con la marca de una crema hemorroidal.

    Se come mal y, sobre todo, muy caro: hay cuentas que al sumar la fecha al importe cortan incluso la respiración, pero es una práctica hostelera justificada por el refranero (“ave de paso, cañaso”) y por la crisis.

    –¿Cuarenta euros por un ala de pollo?
    
–¡A ver! Nos matan a impuestos y por aquí no pasa nadie.
    
En historias así se basó el viejo psicoanálisis para hacer sus juegos malabares con el oro y el excremento.

    Es sabido que cuando al obispo Berkeley le dio por negar la materia, el doctor Johnson, que vendría a ser como el Punset dieciochesco de Inglaterra, dio una patada a una piedra al grito de “¡Así refuto yo el inmaterialismo!” Pero los psicoanalistas recalcitrantes, que vendrían a ser como los organilleros de Viena, dedujeron que si el obispo se empeñaba en negar la materia era por vengarse de una colitis tremenda que padecía.

    El mal no viene de ahora: durante años Carmen Machi ha puesto cara, que la estoy viendo, al Virgilio que nos guiaba con un yogur en la mano por el infierno del estreñimiento.

    ¿Cuánto puede aguantar un país sin obrar?

    En Inglaterra el cocinero Jamie Oliver sale en TV con smoking y una carretilla para medir las deposiciones anuales de un inglés medio, en general muy inferiores a las marcas de lo saludable.
    
–Amigo, usted come mal –espeta Jamie a su conejillo de Indias, perplejo ante las dimensiones de un muladar que es la performance estadística de su vida animal.
    
¿Por qué, y pieno en la nueva movida de Gibraltar, si ellos tienen al obispo, al doctor y, presentando la basura, al cocinero, nosotros hemos de tirar con Punset, con Machi y, presentando la basura, con Paz Padilla?

Las sandías de Petrov

@zarpetrov
Con mi amigo Carlos y sus sandias,me encantan!!!

El pelo de Ramos

Ventresca de atún en aceite de oliva

Jueves, 8 de agosto

 METAFÍSICA ESPAÑOLA

En la temporada pasada escuché a una niña española, que ante la monotonía de pelo y trapío de los toros que se sucedían, preguntó a su madre:
–¿Es otro toro, o el mismo que ha resucitado?
Únicamente una niña española, metafísica, es capaz de esta duda, acostumbrada por su sangre a pasearse tranquilamente entre el más acá y el Más Allá con la más completa naturalidad
.
MI CUARTO A ESPADAS, 1957 / AGUSTÍN DE FOXÁ
LAS TAURINAS DE ABC
EDICIONES LUCA DE TENA, 2006

Ignacio Ruiz Quintano

miércoles, 7 de agosto de 2013

Hitler se entera de que Vucaque toca en Alemania

@Vucaque

La primera oleada de supporters ya está camino de Frankfurt, mañana llega el resto y la banda... Los germanos se...

Pambelé





Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Cuando Alberto Salcedo Ramos era niño no perdía su tiempo viendo a Supermán ni a Tarzán: su superhéroe era de verdad y se llamaba Pambelé.
    
Kid Pambelé, “el hombre que nos enseñó a ganar”.

    –No es cualquier legaña de mico el que llega al Salón de la Fama –dirá, y de sí mismo, el campeón “mundialll” Kid “Pambeleeeeee”.
    
Cuenta Alberto que Belisario Betancur gusta de detallar una reunión de colombianos en Madrid donde el Nobel García Márquez fue recibido con un “¡Acaba de llegar el hombre más importante de Colombia!” Y que entonces el escritor, moviendo la cabeza teatralmente, como buscando a alguien en el recinto, respondió:

    –¿Dónde está Pambelé?

    Antonio Cervantes Reyes, Kid Pambelé, campeón mundial en el 72, 21 combates con el título en juego, protagonista de “El oro y la oscuridad”, la crónica periodística de Alberto Salcedo Ramos, mi relectura de verano, ahora que, “aislados, como los fumadores, por los nuevos jerarcas de la Civilización, los amantes del boxeo son (somos) una secta cada vez menor”.

    –Mira, chamo, yo estuve en Cuba en el mismo hospital de Pambelé –declara Nelson Calzadilla–. Que me perdonen, pero yo no creo que él se arregle, porque ha metido mucho crack en esta vida. A nosotros nos dijeron allá que el crack da una enviciadera que no tiene cura.
    
Oyéndolo hablar durante horas, Alberto concluye que Pambelé es un hombre encandilado por su propia gloria: el fogonazo de sus recuerdos es tan vasto que no le permite ver lo que ocurre más allá, es un resplandor que lo persigue de manera obsesiva en la vigilia y en el sueño.
    
Pambelé es incapaz de recordar el apellido de Rosita, su primera novia, pero evoca con pelos y señales los detalles de sus veintiún peleas por el título mundial.
    
Lo que él busca, en su delirio, no es abusar de los demás, sino ejercer un derecho.

    –Él mismo es su trofeo, y se lleva a pasear con un entusiasmo encarnizado, para que no lo olviden, caramba.

    Qué grande, mi brother.

Novedad y eternidad de Cerdeña

Pan y vino andan camino
(Colección Look de Té)

Jorge Bustos

Sin juramento puedo hoy creer a la Wikipedia cuando afirma que Cerdeña empata con Okinawa en la cúspide mundial de tasa de longevidad, registrando exactamente 22 centenarios por cada 100.000 habitantes. He pasado en Cerdeña unos días de julio, gastando mi dinero en la industria local de pasta al pesto y crema solar y deteniendo el coche al paso de mammas antiquísimas, padrinescas, cuyas barbillas se agrietan como oscuras ciruelas quemadas por el sol y cuya mirada escudriña al turista con la fijeza montaraz que aquella niña afgana regaló al fotógrafo de National Geographic. Esas viejas sardas que observan luto riguroso, a cuyo lado Bernarda Alba está lista para participar en un casting televisivo de saltos de trampolín, cifran en mi imaginación calenturienta el carácter irreductible de una isla violada por sistema –ha sido fenicia, griega, cartaginesa, romana, vándala, goda, bizantina, mora, aragonesa, austriaca y finalmente italiana, signifique italiana lo que signifique– y sin embargo virgen todavía de civilización en buena parte de su cuerpo montañoso de archipiélago eterno.

Rebusco en su Nuevo Descubrimiento del Mediterráneo la opinión de César González Ruano sobre Cerdeña, pero quia: es la única plaza importante del Mare Nostrum que Ruano no quiso o no pudo visitar, y quedó por tanto sin la glosa vivaz de su muñeca impresionista. El paisaje sardo no se distingue en todo caso del cuadro –consabido y novedoso– con el que nos tiene familiarizados el monte mediterráneo: encinares dispersos y riscos escarpados, cielos limpios que permiten al sol estival hacer su trabajo de fundición sobre la chicharra, olivos como bonsáis que Zeus regó demasiado, rebaños de cabras y ovejas que no respetan las normas básicas de seguridad vial, calas de agua caribeña cuya densidad de población turística resulta inversamente proporcional a la dificultad de su acceso.

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Azor la nuit

Julio Forascepi, médium de Michael Jackson

Cosa de hombres

Froilán


Hughes
Abc

En España hay una obsesión con la infancia. La infancia es una industria. Estos días, por ejemplo, se vive con histeria la liberación del pederasta. Algunos han encerrado a los niños en casa, les han prohibido hasta bajar al parque:

-¡Tú encerrao, que el Rey ha liberado a un “pedrerasta”!

La liberación de un etarra no generaría ese pánico, pero es que el pederasta amenaza una integridad propia. Nos toca a todos lo más blanco y virginal de la entrepierna. Nos mancilla el blancor.

El pederasta es el gran demonio actual. El gran mancillador. Hay otros criminales, pero es que esos criminales no mancillan (Curioso y antiguo verbo: “mancillar”…).

Al niño se le protege socialmente. La infancia moderna es la recreación de una fantasia Disney hasta que el niño empieza a descubrir, por imperativo hormonal, el placer y el dolor, los límites del yo, las paredes de la existencia (¡el gotelé del vivir!)

Infancia es burbuja.

Yo veo la tele y en años no he conseguido ver el rostro de Andreita, la niña de Belén Esteban. Siempre sale pixelada, como descompuesta en fractales (y no puede ser tan fea). Y por eso me pregunto por qué Froilán es noticia, por qué puede serlo. Pudimos entender que lo fuera con motivo de su accidente, pero no debería serlo por su expediente académico o por sus trastadas.

Froilán es Borbón por parte de madre y distinto por parte de padre. Froilán podría ser mucho más que nuestro Harry. Podría heredar la elegancia estrepitosa del padre, su porte cachazudo, su atildamiento, ese algo rancio y antiguo. Su maravilloso abolengo disminuido.

Froilán hereda grandeza y decadencia, todo junto.

El resto de la Familia Real es verdaderamente suiza. Suiza de tez, de ojos, de cabellos, de un internacionalismo inconcreto, blanco. Por eso esquían y navegan. Pero Froilán es algo castellano y yo entiendo que se sienta extraño y “otro” entre tanta rubiasco.

Por otra parte, los juegos, las peleas, incluso los  intentos de asesinatos entre primos son absolutamente normales. Es más, diría que son hasta saludables. Un primo es alguien entre el hermano y el amigo. Es un aprendizaje curioso el de ese parentesco, que no debería ser retransmitido por el Sálvame. No tenemos derecho y además corremos el riesgo de que pronto salga un tonto con balcones a la calle (y no precisamente el balcón de Amador Mohedano) a decir que este Froilán no es niño ejemplar.

Nueva York al día. Del ciclista memo a la provocación Moma

 Figurengruppe, deKatharina Fritsch, que no ha tenido huevos para
 incluir en su pieza las imágenes de Jomeini, de Mahoma,del Rey Fahd y del Imán de Fuengirola


José Ramón Márquez

Las globalización tiene sus cosas, que ahora te compras por internet lo que te de la gana, y si quieres ahí tienes a los de MyUs.com para proporcionarte una dirección falsa y que no te prives de comprar en Macy's sin necesidad de subirte en un avión. Antes era distinto, porque ibas a Zaragoza y te volvías a Madrid con un caramelo como un adoquín con la imagen de la Virgen del Pilar en el envoltorio, que era una seña baturra de identidad y que no había otro sitio donde adquirirlo que en los aledaños de la Basílica. Lo del adoquín sigue lo mismo, que el que lo quiera se tiene que ir a por él a Zaragoza, pero para lo demás ya apenas van quedando cosas que distingan a unos lugares de otros.
Si acaso, el paisaje.

En el paisaje de Manhattan llaman la atención dos cosas. Una es que aquel paso sin transición que había entre barrios buenos y barrios malos, muchas veces abruptamente separados tan sólo por una calle, se ha desvanecido, ya no existe. Aquel Bowery, que parecía un paisaje después de la batalla poblado de zombies borrachines y lleno de suciedad por doquier, o aquella calle 42 oeste, desde Times Square, poblada de prostitutas, de astrosos neones y de negocios ínfimos, han dado paso a una cosa mucho más amable, más Disney, más organizada, donde no hay asomo de aquella difusa sensación de riesgo que, a veces, de pronto te asaltaba.

Y choca ese avance que se ha producido en lo que es la intangible sensación de seguridad con la inseguridad manifiesta que proviene de esa plaga contemporánea denominada 'el ciclista', plaga altamente contagiosa que infecta a Occidente y que se extiende virulentamente por las aceras de todas las calles de lo que se ha venido en llamar 'el primer mundo'. Claro que aquí un ciclista salvaplanetas sorteando las hordas de personas que caminan constante y simultáneamente por las aceras es como un videojuego en el que el ciclista es el que manda, se enfada e increpa al viandante. Es el paso de ventaja que nos llevan, que en Madrid aún los ciclistas van medio acochinados y, sobre todo, les falta el convencimiento del 'orgullo ciclista' para llegar a conquistar a saco las aceras. Aquí, una vez que se han apoderado del sidewalk, ya no dudan en tocar el timbre o vocear a quienes se interponen en su camino para que se aparten y no estorben, que para estos Gengis Khan del biciclo la acera es ya tierra quemada y conquistada.

En lo demás tienen los mismos hábitos que en otros sitios, que si no llevan casco ni luces, que si se saltan los semáforos como si esa luz roja en vez de estar para regular el tráfico estuviese para indicar la entrada de un puticlub, que si por mucho que ponga 'One Way' para ellos eso significa 'Two Ways' o las que les dé la gana, porque sólo obedecen a su libérrimo albedrío a la hora de circular. Va a haber ya que ir pensando que, lo mismo que los refugios que se hicieron por si la cosa de la bomba atómica, van a tener que construir corrales donde proteger a los hostigados peatones, que si volviese Lorca, seguro que tachaba del poema lo del huracán de negras palomas y lo sustituía por esta auténtica horda de aviesos ciclistas.

Y luego está lo del arte, que también tiene su arte. Con las tarjetas del ICOM entramos de gañote al MOMA y allí, en el patio, al lado de la cabra de Picasso, aficionado a los toros y visionario que en ella inmortalizó en bronce, bajito de agujas y regordío, a uno de los toros que mata el July, se encuentra un grupito escultórico con la clásica cachondada de poner a la Virgen del Rosario, a San Jorge, a San Patricio y a Santa Rosa de colorines junto a otras cosas como un busto o una serpiente. Es una pieza de la artista Katharina Fritsch titulada Figurengruppe, que fue regalada al Museo en 2009 por Maja Oeri y Hans Bodermann y cuyo indudable valor ni se cuestiona, pero que lleva a pensar que también habría quedado bien y, posiblemente, mucho más provocativa si Katharina Fritsch hubiese tenido huevos para considerar la posibilidad de utilizaren su pieza las imágenes de Jomeini, de Mahoma,del Rey Fahd y del Imán de Fuengirola.

 La última conquista de Occidente


Miércoles, 7 de agosto

 EMOCIÓN Y BELLEZA

En Norteamérica, se alza un monumento a una vaca que dio, en tres ordeños, una fabulosa cantidad de litros de leche. El valenciano Mariano Benlliure se hubiera asombrado de esto; él, que modeló en bronce a un toro, titulando a su escultura “La estocada de la tarde”. Y en todas las tabernas y colmados hay una cabeza disecada con el sol y el bullicio de un lejano domingo. La primera postura es científica, útil y puericultora; la segunda, inútil pero estética. Pero también el hombre posee una extraña sed que hay que calmar con emoción y con belleza.
MI CUARTO A ESPADAS, 1957 / AGUSTÍN DE FOXÁ
LAS TAURINAS DE ABC
EDICIONES LUCA DE TENA, 2006

Ignacio Ruiz Quintano

martes, 6 de agosto de 2013

Bale de fuego

 Bola de fuego


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Un periódico que reparte la ética como Dios la belleza dice que con lo que vale Bale podría salvarse el CSIC.

    ¡Bale de fuego!

    Porque el CSIC parece la versión española de “Bola de fuego”, la comedia de Howard Hawks con guion de Billy Wilder alrededor de unos sabios vejetes que pierden la chola con la visita de Barbara Stanwyck, y no es señalar a la ex ministra Garmendia, aunque con ella, más la colaboración de su colega Martínez Alonso (A. en las tarjetas de visita) durante la “rave” zapateril, se acabó de perder el CSIC.
    
Los españoles sabemos de I+D por lo que dijo una noche electoral Ercoreca en TV:
    
–Venía yo de Bilbao y un empresario me dio la receta: I+D, Ercoreca, I+D.
    
Cuando la ciencia era ciencia, I+D era lo que con las células nerviosas hacía Cajal, el Cavia del microscopio, en su modesto laboratorio madrileño, con alguna escapadilla a la casa de las señoritas putas, que diría el poeta Almafuerte, donde Luis Calvo (que es quien refiere el cuento) y otros calaveras, que tenían menos prisa, le cedían la vez.
    
Cuando la ciencia es política, el I+D es quitar la placa latina de Franco y poner un árbol de Chirino. Es invertir en preferentes (¡los sabios!) y es que la revista “Science” te pida la retirada de un artículo. Es sacar a mear en el árbol de Chirino al bacteriófago Jeremiah y es acumular quinquenios en el relato de las aventuras de la mosca Drosophilla.
    
A veces la ciencia es religión, y entonces el I+D es doña Carmen Vela en el Círculo de Bellas Artes llamando “teocracia” al gobierno de Rajoy.
    
A mí me cae simpático el CSIC porque de sus redomas salió la receta de la gula del Norte, pero no daría ni una bota de Bale por salvarlo.

    El Madrid es el club más rico porque hace inversiones como la de Bale, sin las cuales sería una cosa ruinosa como el CSIC.

    –¡Tratan a la ciencia como a una empresa! –se escandalizaban el otro día en Burgos unos sabios del Museo del Mono.

Cráneos privilegiados.

Ética a Florentino

Manuel Matamoros
 
Si quieren impedir que el Madrid fiche a un jugador, háganlo argumentando desde esa óptica de gestión. Pero, por el amor de Dios, no desde el punto de vista de la ética. Porque, como dijo Napoleón Bonaparte, al que está claro que habrá que traer más veces a esta página, la demencia se caracteriza por la desproporción entre los fines y los medios. Y están ustedes poniéndose en evidencia.

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Los callos de Mariano son para el verano

Los callos de este restaurante gustan mucho a Rajoy. “¿Os quedan callos? Resérvame unos callos, por favor”, dijo una vez el presidente, mientras se asomaba por la barra antes de pasar a la mesa.

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Hughes en Governor's Island

J. R. M.

Calorías y bacterias protestantes contra el (católico) sentido del placer


 José Ramón Márquez

Lo del alimento es la siguiente cosa, presumiblemente lo que nos ha de llegar, si es que no ha llegado ya. Por un lado tenemos la invasión de los productos en los que debajo del nombre pone "organic", que cualquier español medio ya sabe que es lo mismo que lo "non-organic", pero a más precio. Eso ya lo inventaron en Ibiza hace la torta de años: ibas a comprar un melón en la frutería de Can Bellotera y cuando te hacías cruces de la cifra que te había dicho el frutero, te explicaba el tío que valía veinte veces más que el de Villaconejos porque ése era ibicenco y esa qualité había que pagarla a precio de oro de 24 kilates; y lo mismo pasaba con los tomates, las patatas, las zanahorias, los lichis, los mangos o las chirimoyas, que te decían que eran ibicencos y con eso te metían la clavada. 

A tres metros de la frutería, en la pescadería -la pescadería donde he visto maltratar al pescado con mayor eficiencia en toda mi vida- lo hacían con más perfección, pues todo tendía a la carestía, ya que la carestía consustancial del producto ibicenco cuyo estandarte era el prohibitivo raó, competía en noble lid con las almejas y bogavantes gallegos de los que se explicaba su descomunal precio por tener que transportarlos hasta la isla en avión, se entiende que como mínimo en business class.
 
Luego, encadenado a eso, lo del alimento entendido como un medicamento. No se come lo que se desea, sino lo que aporta la cantidad mínima recomendada de fósforo, potasio, vitamina B1, B2 y B3, bromuro, calcio y en general toda la tabla periódica. Etiquetas monstruosas van impresas en un simple paquete de macarrones para explicar que llevan tanta grasa de la cual determinado porcentaje es poliinsaturada y que 100 gramos proporcionan no se cuantos julios de energía. Muy cansino el asunto, porque esas etiquetas, orladas en negro como esquelas, crean la mala conciencia de que o bien le falta algo crucial a la dieta o bien estás poniendo veneno en tus venas, etiquetas ahuyentadoras del placer, que es sustituido por la convicción del deber bien hecho, puro protestantismo.

Y lo siguiente, lo de esta noche. Entramos a cenar en el Ted's Montana Grill de la calle 51, que sirven carne de bisonte, nos acoplamos en un agradable reservado, traen la carta y ahí no sólo figura el nombre de los platos y su precio, sino las calorías de cada uno de ellos, 700 ó 7000 los nachos, 15.000 los aros de cebolla, 900 el rib eye de bisonte, 350 la copa de cabernet sauvignon de California... cada cosa de la carta tiene al pie el agorero recuento de las calorías, no se sabe con qué objeto. Y al pie de la carta la amable pero firme advertencia, para aquellos que les guste la carne poco hecha, de que pueden quedar en la chuleta algunas bacterias nocivas para la salud y que la casa declina toda responsabilidad por esa circunstancia para quien le guste el filete sangrando. A fin de cuentas estamos en un país en el que los abogados encuentran causas debajo de las piedras, que ya se lo decía Danny DeVito a los marcianos en Marte Ataca: "¡No importa de dónde vengáis, en este país necesitaréis un abogado!"

A uno la verdad es que le cuesta imaginar la carta de Pepe Blázquez en Salvador anotada en calorías, deliciosa carta multi calórica, pero menos aún que, ante la demanda de un solomillo poco hecho, el bueno de Petro nos trajese un codicilo en el que se declinaba la responsabilidad de la casa por la peligrosa elección del insensato comensal; aunque, bien mirado, eso sería dificil que ocurriera, porque en el caso de que la perniciosa bacteria fuese española, la responsabilidad sobre ese penoso incidente, como siempre ocurre entre nosotros, sería exclusivamente del Gobierno.

Bisonte

Martes, 6 de agosto

PRODUCTO ESPAÑOL
 
Los productores cinematográficos manipulan como materia prima de su negocio la emoción humana: y es curioso ver la desenvoltura con que cronometran nuestras risas o reaccionan y tasan nuestras lágrimas. Sus expresiones adquieren, con respecto a las reacciones psicológicas, el estilo directo del hortera frente a sus piezas de tela: “Esto es lo último que hemos recibido en miedo”, “este amor se empieza a llevar mucho”... Así es como aquel agente americano cifraba su pedido comercial a la creación española: “¡A España le pedimos todo lo que sea fuerza o raza. Comedias, no. Eso es cosa de matiz. Pero nos interesa mucho cuanto nos dé de conquistadores, bandidos, toreros, cante o baile!”.
LA ESPAÑOLADA Y LA HOMBRADA, 1949 / JOSÉ MARÍA PEMÁN
LAS TAURINAS DE ABC
EDICIONES LUCA DE TENA, 2006

Ignacio Ruiz Quintano

lunes, 5 de agosto de 2013

Lo que tiene el cachopo


Zoones politikones

 El tejado

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Lo que Aristóteles decía del hombre (que el hombre es un zoón politikón) lo ha dicho Mourinho del Real (que el Madrid es un club político), y los tontos se han quedado mirando el dedo que señala a la luna.

    –¡Mourinho ha dicho Jehová! ¡Mourinho ha dicho Jehová! –denuncian pasadas de “speed” las barbudas en el corro de la lapidación.

    El Madrid no es un club político, pero, como todo en España, está sometido a la política, que sopla siempre del mismo lado.
    
Por política, Franco tira de los directivos del Barcelona para los cargos deportivos del Estado.
    
Por política, Pascual Estevill le chafa a don Santiago Bernabéu el negocio de la esquina del Bernabéu.
    
Y por política se le llama “nazi” al entrenador del Real Madrid que tuvo el valor de gritar “¡El rey va desnudo!” al paso de Guardiola, cuando el señorío madridista consistía en dejar ganar con reverencia a Guardiola, que meaba colonia porque había inventado el fútbol.
    
El primer KO fue la Copa de Valencia.
    
–Cuando te noquean con un buen golpe no sientes dolor. Flotas. Es como si estuvieras borracho. Sientes que quieres a todo el mundo.
    
He ahí un KO visto por Floyd Patterson.
    
La verdad es que, después de aquel golpe, Guardiola flotó como beodo y sintió tanto querer a todo el mundo que fichó a Chigrinski y se dedicó a vender buenrrollismo: el Barcelona era Lo Progre, y Lo Facha era el Madrid.

    Los mulás mediáticos denunciaban en el extranjero el impacto del fascismo madrileño de Esperanza Aguirre (más política) en las aficiones del Barcelona y del Athletic para la final copera en la capital, donde pitaron al himno español, que es una marcha granadera y alemana, belicosa, extraña al buenrrollismo de la sardana o el zorziko.
    
Esta socialdemocracia española y terminal, que viene de los 60, culminó en el buenrrollismo del Pep, que necesita para existir del contraste con el Madrid, donde sólo Casillas (y acaso Kaká) ha dado muestras de estar hecho para responder a ese espíritu.
    
El buenrollismo, tan del gusto del nuevo hortera hispano, alcanza al argentino que viene al banquillo culé igual que al palestino y al judío que se miran a los ojos (“¡míreme a los ojitos!”, que decía el Sabio de Hortaleza) en un callejón de la Ciudad Santa.

    –El Tata es una persona humilde –dice Xavi, que no sabe que en el fútbol, como en los toros, humilde es el que no puede ser otra cosa.

    Y la prensa seria de Barcelona se marcaba ayer una sardana dominical con este titular:
   
 –Ilusión culé en Oriente Medio. Palestinos e israelíes celebran la paz azulgrana.
    
Se ve que al disminuir en Madrid el nivel de chulería (Carletto, nos tememos, es menos chulo que Mou), el Barcelona se ve en la obligación de disminuir su nivel de humildad, y en vez de contentarse con buscar la paz del vestuario, que sería lo realmente humilde, busca ya la paz del Oriente Medio, tarea de un titanismo sólo comparable al de la resurrección del angélico Kaká.

El cormorán

LA LIBERTAD DE CRISTIANO
    Corre el rumor de que Carletto quiere dar libertad táctica a Cristiano, como si con Mourinho el Di Stéfano portugués hubiera jugado como un Pegaso atado a un arado. Di Stéfano, por cierto, subió un día a decirle a Bernabéu que o él o Muñoz, y salió de aquel despacho convertido en jugador del Español. Cristiano no subió, que se sepa, a decirle a Florentino Pérez que o él o Mourinho, pero todo el mundo sabe que discutieron por cuestiones de exigencia. Carletto, que es hombre de paz sólo porque no es hombre de líos, concede libertad a Cristiano y que sea lo que Dios quiera, es decir, que sea Cristiano, que es el que a todos nos parece que es, o que sea Ronaldo, que es el que la prensa chuletera quiere (¡ahora!) que sea.

 El puerto

Stalin vuelve a casa