sábado, 9 de junio de 2012

El regreso de los victorinos. ¿Y quién los torea?

Victorino con la muleta en la mano
"Para tundirme a derechazos, me tundo yo"


Victorino trajo a Madrid una corrida de toros seria. Seria no quiere decir gorda, quiere decir que cualquiera de los tíos que se ponían delante de cualquiera de los toros no las tenía todas consigo de que no le pudiese llegar a ocurrir algo... El segundo tuvo una espectacular muerte. Con el estoque clavado hasta la gamuza y la boca cerrada, el toro en el último estertor hace una arrancada, una última embestida, contra su matador, y se desploma a sus pies rodando sin puntilla, embistiendo


José Ramón Márquez

“No se puede llegar a los graderíos toreando
en el pitón ‘de acá’, al filo del pitón, sin coraje
para ir hasta el contrario, que es donde están
las orejas, los triunfos y los millones.”


Vicente Zabala Portolés

Al fin otra tarde de toros, que se les coló o la colaron entre medias de la cultura, como si dijésemos un poco de Art-brut, cosa marginal que se acepta por no se sabe bien qué, pero que los que están en la pomada saben que no es lo que debe ser. Hoy, un viernes, con una corrida de Victorino Martín, divisa azul y roja, no se llenó tampoco la Plaza Monumental, por si alguien quiere recibir esta señal de que algo no está yendo lo que se dice bien, aunque echarán la culpa a la crisis o a esa casquivana prima de Riesgo, con tal de no ver lo mal que se están haciendo las cosas en la gestión de Las Ventas, empezando por la absurda propuesta de esta ridícula feria de artycultura.

Por fin los toros de nuevo en Madrid, después de la burla de los Valdefresno, de los Cuvi, de los Puerto de San Lorenzo y como entremés a ese delirante cartel de mañana. Volvió hoy la A coronada a Madrid con la vitola de la cultura, en vez de ponerla en la feria de San Isidro, que es su sitio, porque ya estamos hartos de repetir que los toros que meten miedo son de Interior y los que mueven a risa son de Cultura, que los victorinos no pintaban nada en esa feria de la cultura, vaya.

Y con Victorino, la polémica. Resulta que hoy hemos visto a los aficionados más pastueños, a los mayores aplaudidores de la bazofia, a los que se les ponen los ojos en blanco con cuatro trapazos ligados a un becerro lengüilongo protestando la presencia del toro en la Plaza y sacando contra Victorino el pecho que no les hemos visto sacar contra los Montecillos o los Cuvillos. Y luego, Faustino el del 7, que ya debe estar mayor, protesta a un toro de salida y le aplaude en el arrastre con la misma devoción que si fuese Conchi Ríos. Parece que hay signos en el firmamento de que la propia Plaza está en un momento de revulsión del que no da la impresión de que vaya a salir nada bueno.

Victorino trajo a Madrid una corrida de toros seria. Seria no quiere decir gorda, quiere decir que cualquiera de los tíos que se ponían delante de cualquiera de los toros no las tenía todas consigo de que no le pudiese llegar a ocurrir algo. A mí, particularmente, me encantó la lámina del segundo, Minoico, número 173, al que protestaron los que se fijan más en los kilos que en el tipo, y el tercero, Poeta, número 85, hondo y serio. El Minoico tuvo una espectacular muerte. Con el estoque clavado hasta la gamuza y la boca cerrada, el toro en el último estertor hace una arrancada, una última embestida, contra su matador, y se desploma a sus pies rodando sin puntilla, embistiendo.

Corrida de toros totalmente a contraestilo de los tiempos que corren, donde el toro sólo debe dar facilidades, y no es que estos estuviesen a bocaos con los toreros, como Moncholi con sus emparedados de galufo, pero algo había ahí que se notaba que los toreros no estaban lo que se dice a gusto. Y como cumplió en el caballo y sacó casta, pues podemos decir que fue una buena corrida de toros, porque lo que había en el ruedo, al fin, eran toros. Y el que se esperase la del 82 seguro que salió defraudado, pero el que fuese a la Plaza a ver toros, como es mi caso, no.

Antonio Ferrera quiso lucir sus dos toros poniéndolos de largo al caballo y es cosa de agradecer; puso banderillas de forma atlética, comenzando el cuarteo muy próximo al toro y pegando ese salto que pega al clavar, que a mí particularmente no me gusta. En su segundo puso un par al quiebro en el 6 que fue un buen par, dejando llegar mucho al toro y saliendo por el terreno de adentro. Ferrera hace muy bien el quiebro. Con la muleta le faltó decisión para irse al pitón contrario, para obligar más al toro, que en mi opinión es una de las claves para torear al toro de Victorino, toro muy exigente, y se eternizó en un trasteo largo y monótono. En su segundo dio la impresión de haberse aburrido.

De Diego Urdiales ya no se sabe qué pensar porque es que no es ni la sombra del que tan excelentemente nos deslumbró hace tres años en una purísima faena en la Feria de Otoño, precisamente a un Victorino, faena de poder a poder emocionantísima y torerísima. Los que conocen dimes y diretes seguramente tengan una explicación para este fenómeno, pero la impresión que llega al tendido es que Urdiales está totalmente desdibujado. Tan sólo en el inicio de la faena a su segundo hubo un breve fulgor de aquel Urdiales, todo torería, que es de los poquísimos toreros de los últimos quince años a quien hemos visto ir hacia el toro con el empaque que iban los grandes, antes de la peste de las escuelas.

Y Alberto Aguilar estuvo decidido y, como decían antes los revisteros, ‘voluntarioso’. El hombre pone al toro de largo, como una declaración de principios y da miedo ver correr al toro Poeta hacia la muleta de Aguilar; le engancha bien, se gira y se la vuelve a poner con verdad y luego abrocha un gran pase de pecho. Magnífico inicio de la faena de un torero a un toro, hastiados como estamos de los pases cambiados por la espalda a las cabras. Luego, Aguilar propone el cite con el medio pecho y aguanta la posición con decisión, aguanta algún parón de su primero a base de ganas, de valor y de aguantarse la natural intención de dar un respingo. Se cambia la muleta a la mano izquierda y en ese pitón aguanta con entereza las tarascadas del toro sin acabar de someterle. Luego vuelve a la derecha, improvisa un alegre molinete y mata mal. En su segundo, Botero, número 108, toro de aire ibarreño por hechuras y encornadura, tarda una barbaridad en darse cuenta de las condiciones del animal, especialmente por el izquierdo y la faena no llega a cobrar aire hasta la mitad de la misma. Luego, como tantas veces suele ocurrir, cuando tiene el triunfo al alcance de los dedos y sólo tiene que tirarse como una fiera detrás de la espada, se conforma con una media estocada desprendida, renunciando de forma totalmente voluntaria a lo que pudo haber sido su gran día de gloria. Es muy difícil que tenga otra oportunidad así en Madrid.

Mañana, con los juampedros de El Torreón y con El Cordobés, Paquirri y Fandi, o precisamente a causa de esas circunstancias, no iré a Las Ventas. A ésa, en Madrid, no.


Capotes por el ruedo como matojos de película del Oeste, que se llaman tumbleweed (matojo rodante) 
y que aquí son conocidos como salicores o barrillas

Del Oeste, precisamente, venían estos aficionados con pintas de vaqueros
 de película de Jess Fran

Pisando la dudosa luz de Junio

La papela de Victorino

Erasmus en el tostadero del 6

Abella, desplazado en el mando por damas de acrisoladas virtudes

Paseíllo
Urdiales, Aguillar, Ferrera

La cátedra oficiosa

La cátedra policial, con descamisados de atrezzo

La cátedra oficial

Rabo de toro

Victorino Sr. y Victorino Jr.

Ariel y Eivan

La perspectiva es algo diferente por completo al escorzo
Técnicamente, es la proyección central de un espacio tridimensional sobre un plano

Ese flequillo pencal de (José María) Tasso

Estocada de Aguilar

La alegría del pobre

Primera oreja no cómica de la temporada en Madrid

La pasión del toro

Brindis (al sol) de Ferrera

La manzana de los Williams

El muslo de mi vecino socialdemócrata

Don Rosco, que ya sólo vibra con Conchi Ríos
El Gran Silencioso, protestando los victorinos de salida
 y aplaudiéndolos en el arrastre
Con dos c...

Eivan y Ariel, de Vucaque

El mundo neutro (sucesivo) del ojo

Y el mundo mágico (simultáneo) del oído


Fin (para nosotros) de ferias de primavera en Madrid

La cogida de Ignacio Sánchez Mejía

 (De la exposición en Las Ventas)



 Gregorio Corrochano
Abc, 12 de agosto de 1934


Manzanares, 11, 7 tarde.- Con buena entrada en la sombra y regular en el sol, se celebra la corrida de feria, lidiándose ocho toros de los Sres. Ayala, para Simao da Veiga y los diestros Sánchez Mejía, Armillita y Corrochano.
 
Sánchez Mejía substituye a Ortega, lesionado aún por el accidente de automóvil.

Al hacer el paseíllo las cuadrillas, se oyen muchos aplausos.

Primero. Hermoso ejemplar y muy bravo. Simao da Vega luce sus dotes de caballista y el público le aplaude, aun cuando al rejonear no esté tan afortunado. El encargado de pasaportar al bicho es Punteret, quien da unos muletazos valientes, pincha tres veces y descabella.
 
Segundo. Negro y mayor que el anterior. Simao lo rejonea con lucimiento y es ovacionado. Al banderillearlo después, monta la famosa jaca torera, y coloca dos pares a dos manos muy buenos.
El público ovaciona, al retirarse, a Simao y le obliga a saludar desde los medios.
Punteret muletea decidido, deja una estocada y descabella al segundo intento. (Palmas).
 
Primero. Lidia ordinaria. Es negro y dobla muy bien. Sánchez Mejía lo torea por verónicas, muy valiente y es ovacionado al rematar con media muy ceñida. El toro acude con codicia a los caballos y en quites se lucen los tres espadas.

COGIDA DE SÁNCHEZ MEJÍA

Sánchez Mejía desafía al bicho, sentado en el estribo, dando un pase escalofriante; al repetir, es enganchado por la ingle y volteado horriblemente, saliendo suspendido y dando la impresión de una grave cornada.

Armillita aliña al bicho y, de media estocada, lo termina.

En un principio, el aparato de la cogida de Sánchez Mejía, hizo temer algo fatal.

Segundo. El toro llegó algo aplomado por exceso de puyazos; pero suave para la muleta y Armillita lo aprovecha para hacer una gran faena, con pases de todas las marcas; se arrodilla y en esta posición da ocho o diez muletazos, agarrando al toro por los pitones. En cuanto iguala, entra derecho y cobra media en las agujas, que mata sin puntilla. (Ovación, rabo y vuelta al ruedo. También se da la vuelta al toro, en medio de una clamorosa ovación).

Tercero. Berrendo muy bravo. Corrochano veroniquea muy valiente y artista y es ovacionado. El toro, que es muy bravo, toma las varas con poder, recargando en todas ellas. El público ovaciona al bravo animal, así como a Armillita y Corrochano, al quitar con mucho lucimiento. (De la enfermería llegan noticias de que la cogida de Sánchez Mejía, aun cuando muy grave, no es todo lo que pareció en los primeros momentos.)

Corrochano muletea valiente; lo dispena de media estocada.

Cuarto. Corrochano lancea bien, aplaudiéndosele en los quites, lo mismo que a Armillita. Alfredo hace una faena muy valiente, dominando al toro, y entrando derecho cobra una estocada entera y descabella. (Hay palmas para el toro y el torero).

Quinto. Es bravísimo. En quites se lucen los dos espadas. Armillita lo banderillea de modo superior, y luego, a los acordes de la música, hace una gran faena, rematada con un volapié colosal. (Ovación, oreja, vuelta al ruedo y el delirio. Al toro también se le da la vuelta al ruedo.)
 
Sexto. Negro y de preciosa lámina. El toro llega peligroso a la muleta, y Corrochano lo aliña brevemente, matándolo de dos pinchazos hondos.

LA HERIDA DE SÁNCHEZ MEJÍA

El parte facultativo de la herida de Sánchez Mejía dice lo siguiente:
 
Durante la lidia del tercer toro ingresó en esta enfermería el diestro Ignacio Sánchez Mejía con una herida penetrante en la región antero-interna del muslo derecho, de dirección ascendente, y de unos doce centímetros de profundidad. El pronóstico es grave.

Practicada la cura al diestro, operación que fue larga y dolorosa, y para la que hubo necesidad de aplicar varias inyecciones al herido para reanimarle, ya que la pérdida de sangre había sido grandísima, se logró que recobrase la pulsación normal. Se halla instalado convenientemente en la propia enfermería, y los médicos dicen que, aun cuando la herida es muy profunda, no es de la gravedad que se creyó en los primeros momentos, confiando en que, de no sobrevenir complicaciones, la curación no será laboriosa.
Se ha pedido a Madrid, telegráficamente, una ambulancia sanitaria, que se espera llegue a media noche, para trasladar al herido a Madrid, que irá acompañado de un médico de esta plaza.

LAS TAURINAS DE ABC
EDICIONES LUCA DE TENA, 2003

Sábado, 9 de junio

CONTENTOS

-Azaña ha declarado que no le importa tener contentos más que a los republicanos... El propio Azaña se reserva la capacidad de determinar quiénes son los republicanos a los que le importa tener contentos.
WENCESLAO FERNÁNDEZ FLÓREZ

Ignacio Ruiz Quintano

A Jorge Berlanga


-CON EL BLANCO CUANDO ESTOY NEGRA Y EL RUMBO CUANDO ESTOY EN BLANCO
mi amor Jorge, mi equilibrio
Guillermina Royo Villanova
19 de abril de 2009

viernes, 8 de junio de 2012

Robo en "El Cid"

June 6, 2012 Diamond Jubilee


El sufragio universal de los siglos

Rayas

El chafarrinón consentido a Morante en la Primera Plaza de Toros del Mundo
 para el festival de la Beneficencia

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    A petición de Morante (en seguida satisfecha por el jefe político del Taurineo en Madrid, que es uno que cita mucho a Serrat), la primera plaza de toros del mundo pintó de rojo, en plan tubo de signal-2 con rayas rojas y hexaclorofeno, las rayas del ruedo para el festival de la Beneficencia.

    Morante es el consentido de la Decadencia, pero no sé yo si en Sevilla sería capaz de llevar a los maestrantes a pintar la Maestranza como la fachada del Hotel Silken Puerta de América en Madrid.

    Desde Pizarro, el español tiene una cultura de la raya que responde a su carácter de cruz y raya, y por eso Camba pedía a los padres pedantones de la República que, en vez de una Constitución con artículos, hicieran una Constitución con rayas.

    –Hasta aquí –se escribiría sobre una raya– pueden llegar los Gobiernos en su atropello de los ciudadanos.

    La masa pipera que estos días va a los toros porque no hay fútbol, donde tanta importancia tienen las rayas, estalla en revuelta cada vez que un picador, aprovechando que en Madrid no se ponen multas porque no se cobran, pone una herradura del penco sobre la raya. La masa pipera, que no sabe que esas rayas las pintaron los picadores para protegerse, grita como pidiendo socorro (el socorro, ay, de un penalti) al policía que preside en el palco, y dada la formación taurina de algunos policías que presiden en el palco no sería extraño que un día lo concedieran.

    Dice Arrabal que Morante, al que llama “Morente”, si fuera filósofo, sería Wittgenstein. Y visto el chafarrinón venteño (informalismo, se llama eso), si fuera pintor, sería Gordillo.

A flumen in turbata, Simon Domos lucrum*

Simón Casas, jefe máximo del Arte y la Cultura de Madrid, apoderado de Luque y de Duffau
Un espectador le pidió que repitiera la peineta que hizo al público de Nimes, pero no tuvo valor

( Simon Domos, imperator in principes Art et Culture in Madrid, Luque cepit et Duffau 
A inspectoris eum repetere pectine fecit publico Nemausensis clarus orator, sed nulla)


Y dos japoneses que había en la Andanada del 8, que se tragaron la corrida entera además o gracias a un tetra brick de Don Simón, cuchicheaban al salir el toro: "A mí palecel más Lisaldo éste. Anteliol más acapachado, más Atanasio, ¿veldad?"


José Ramón Márquez

“Un toro lanudo o astracanado, 520 kilos, pura armonía, seguramente más en la línea Lisardo que en la primitiva de Atanasio. Todo lo lisardo es atanasio, pero no se puede volver por pasiva la fórmula, y entre criadores y degustadores del encaste suele darse por sentado que, en calidades, el toro lisardo y de rama le saca ventaja al tronco del que sale”
Barquerito

Pues eso, que ya llegó el galimatías de los Atasardios y de los Lisarnasios, que ya no hay quien lo entienda, porque, bendita sea la rosa que al tronco sale, los atanasios son como si dijéramos los padres de los lisarnasios, o sea que céci n’est pas une pipe, digamos que no es lo mismo un atasardio, que una rosa es una rosa, que un, pongamos,  lisarnasio.

La verdad es que todo este embrollo lo empezó Barquerito y ya ha conseguido hacerme un lío monumental, que si el primero de cuerna veleta, blanca y cuerpo de cabra es ‘lisar’ por lo primero y ‘pecorino’ por lo segundo, ese sería Lisardero, que es la mezcla de Lisardo con cordero, para entendernos y el último con capa de veragua y corpachón de don nadie, un Ata por lo segundo y la mosca por el rabo, por lo primero, que aquí Veragua no pinta nada. Un gran vértigo es lo que da todo este lío, y el culpable es Barquerito, que empezó con la monserga ésta hace años y ha acabado poniendo de moda el tema entre los connoisseurs, y ahora anda todo el mundo en la Plaza lo mismo que esos que son capaces de detectar el elegante cabernet sauvignon o el áspero syrah en el vino que les ponen con el menú del día.
    Y así, toda la Plaza estaba en ese ir y venir, en ese mareo que te lleva, quieras o no, de Ata a Nasio. Moncholi le decía confianzudo a un solícito espectador que le ofrendaba una esplendida tortilla de patata con múltiples palillos pinchados en cada porción, para hacer más exquisita la degustación del manjar:

-Este, mire usted, es más bien Lisardo en rama.

Y  desde su cómoda localidad de tendido bajo, comentaba a su esposa un crítico de TVE:

-Mira, cariño, éste es más bien Atanasio.

Y desde otro lugar de la Plaza una joven periodista, ávida de conocimiento taurómaco, interrogaba a su acompañante, hombre de muchas primaveras:

-¿Y éste, a usted le parece más Atanasio o más Lisardo?

Y un crítico desenfadado, mientras salía de la Plaza en el quinto meditaba para su magín:

-Yo creo que el cuarto era más Lisardo y el tercero más Atanasio.

Y en la grada, un aficionado de pocos años:

    -¡Florencio! ¿Éste es más Lisardo?

Y dos japoneses que había en la Andanada del 8, que se tragaron la corrida entera además o gracias a un tetra brick de Don Simón, cuchicheaban al salir el toro:

-A mí palecel más Lisaldo éste. Anteliol más acapachado, más Atanasio, ¿veldad?

En realidad para toda la plaza hoy sólo había una cuestión, entre Escila y Caribdis,  o Lisardo o Atanasio. Y en ésas nos debatíamos, aunque hubo un romántico que derramó una lagrimita recordando aquella corrida del Puerto de San Lorenzo del 84, antes de ser una Sociedad Limitada, cuando trajeron a Madrid seis lisarnasios inválidos como seis coches de un desguace Chumito, Farolero, Portillón, Buñamguero, Venturoso y Saltarín, promedio de peso 554 kilos, que vino a Madrid para que se estrellasen contra ella Curro Vázquez, Julio Robles y Yiyo, que sustituía a Antoñete. Claro es  que entonces estaba el Lupas en el 7 y se echaban cuatro toros para atrás con la mayoría de la Plaza de acuerdo en que esos bichos inválidos no debían estar sobre la arena de Madrid. Hoy, dominada la Plaza por el público eminentemente cultural, ensimismados muchos de los espectadores en elevados pensamientos sobre la arquitectura, la política, las bellas artes o la poesía elegíaca, no hubo tiempo para echar a la sórdida oscuridad del chiquero a recibir la merecida puntilla a esos seis lisarnasios por tontos, débiles, aburridos y colaboracionistas, menos el que no lo fue. Y ése que no lo fue, le correspondió a El Cid, acaso para romper la famosa leyenda urbana que le achaca al de Salteras que siempre le tocan los ‘mejores toros de cada corrida’, que con éste y el cuvi jabonero de El Puerto de Santa María, ya van dos que no.


En realidad los lisarnasios nos dejaron fríos, aunque hubo quien apreció tales o cuales embestidas de tal o cual toro, pero lo que de verdad traían grabado en sus cueros, de tan atasardos que eran, eran el tedio y el signo de la interrogación, como el viejo hierro de José Matías Bernardos, de la pregunta esencial ¿por qué razón no paran ya de venir estos toros a Madrid y a mansalva en sus diversas permutaciones y franquicias?

Frente o junto a los pupilos del esmerado ganadero señor don Lorenzo Fraile se encontraron tres nuevas franquicias del repelente julysmo.

La franquicia # 134 correspondía a Thomas Duffau, diestro francés natural de Mont de Marsan que aplicó a pelo el manual de estilo que va con la franquicia, a base de pata retrasada, toreo rectilíneo, descargue generalizado, cite con el pico y pase obligado.

La # 52 correspondió a El Cid, que se franquició hace un par de años y aplica con tenacidad las cansinas normas del manual de estilo, toreo rectilíneo, descargue generalizado, cite con el pico y pase obligado, y con su segundo, del que se habló más arriba, abrevió.

Y la franquicia # 89, Daniel Luque, cuyo padre me invitó a un café en cierta ocasión, que vino con un capote que parecía la carpa cultureta de Dragó y con un muletón que parecía un mantón de Manila con flecos y todo,  aplicó con tenacidad y a las claras las normas del manual de estilo, toreo rectilíneo, descargue generalizado, cite con el pico y pase obligado. Ninguna novedad, pues, sobre lo que se esperaba y sobre lo que vienen siendo las ferias de San Isidro y de la Cultura, Culturilla, Cultureta.


Al bajar hacia la calle le decía uno en camiseta a otro con barbita bien recortada y aspecto de hombre experto:

-Si todos hacen lo mismo, ¿por qué razón se aplaude a unos y a otros no?

-El movimiento es la clave. Torear es conseguir que el toro no se pare y permanezca en movimiento. No veas lo difícil que es eso.


Ayer el empresario Erice sacó a hombros a su Talavante, 
y hoy el empresario Casas casi saca a hombros a su Luque
( Heri adduxit employer Erice tua Talavante humeris
et nunc domos prope accipit employer ad eius Luque humerum)

Insomnio cultural
(Culturae Insomnia)


Las Erasmus van llegando a la sede de Minerva
(In Erasmus pervenire ad praetorium de Minerva)

Los bueyes de Abella
(Abella boves)

Paco Hermosilla dando instruccionmes en el 9
(Paco Hermosilla agens instruccionmes in IX)

La maleta de moda en los toros
(Japanese more peram in tauros)

Paseíllo
 (Ambulare parva)
Luque, Duffau y Cid


Aficionado típico de la Feria del Arte y la Cultura
(Typicam Fan Pulchra Art et Culture)

El Enemigo Público Número 1 de los Conflictos de Orden Público
No devolvió los toros y regaló una oreja a Luque
(Hostem n. I de publici conflictationes 
Non tauros reversus et dedit aurem ad Luque)

A menos público, menos conflictos de orden público
(A minus publica, minus certamen publicae)

La sombra de El Cid
(Umbra El Cid)

La seda del Boni
(In serico de Boni)

La doble muleta de El Cid
(Duplex crutch de El Cid)

Inocencia Kodak
(Kodak Innocentia)

El doctor Moncholi, crítico oficial de la TV pública, 
prohíbe al público protestar durante la corrida, 
pero él se banquetea a la muerte del tercer toro.
 ¿Dónde están los recortes?)
(Dr Moncholi, eunuchorum criticorum publica TV,  
prohibet publice protestamur per currunt,  
sed est epulata mortem tertia tauri. Ubi sunt secat?)

La Santa Compaña de El Cid
(Sancti comitatu de El Cid)

¿Atasardios o Lisarnasios?

¡Van a ser Lisarnasios!
(Erit Lisarnasios!)

¡M...! ¡Un Atasardio!
Y por divisa, las cintas de la tuna de Salamanca
(Stercore! Atasardium!
Et monetæ, vittas thynnus in Salmanticae)


El nido de Abella, filántropo de esta rica Feria
(Abella scriptor nidum, hoc dives Amicus Pulchra)

La mitad de la plaza hizo novillos
(Dimidium quadratum lusit otiosus)

Triste, solitario y final
(Tristis, sola et ultima)
__________________ 
*A río revuelto, ganancia de Simón Casas

Marcial Lalanda. Buenos Días, Marcial


 
Esta vez salimos muy contentos, muy contentos. Lalanda había estado Marcial. Es muy sencillo, aunque no es fácil; todo es un juego de muñeca manejando por el suelo un corazón, la muleta

Gregorio Corrochano
Abc, 25 de junio de 1929


Y en el sexto toro, en el último toro de la corrida, a esa hora en que el tedio, otras tardes, empieza a empujar a los espectadores, Marcial abrió en alas el capote amarillo y grana, y abanicó los belfos del toro, que le babeaba el oro del calzón. Y surgió la mariposa que no conoció Cuvier ni conocen los naturalistas de hoy, que sólo se da en España; mariposa de seda, con la cabeza negra rizada, en la que se rascan los toros los pitones, sin llegar a rasgar la seda. Todavía en el sexto toro, el público se levantaba para aplaudir frenéticamente a Marcial. ¿Pero todavía? Todavía. Marcial estuvo torero en la tarde del domingo desde que hizo el paseo hasta que recogió el capote azul de bordes de oro y brotes de rosas, en el que salió envuelto como un ídolo, mientras los fanáticos corría detrás en actitudes admirable.
Lalanda suele ser un torero apocado, sombrío, por lo menos, una poco triste. Acaso por ser consciente y tener un concepto exacto de responsabilidad. (De los toreros descarados no esperéis nada, como no sea alguna incorrección.) Pero esta tristeza, cuando va amasada con pereza o cansancio cae un poco sobre el espectador y aplasta la corrida. Algunas tardes hemos sentido en el tendido un peso sobre los hombros, como si nos pesara la casaquilla de Marcial. Y salíamos también entristecidos, que nada se contagia tanto como la tristeza del torero, aunque el público, por ahuyentarle, grite, pero a la postre, a pesar de su gritos, sale entristecido. Es la indolencia de los grandes lidiadores, de la que tanto padeció Lagartijo.

Esta vez salimos muy contentos, muy contentos. Lalanda había estado Marcial. Desde que salió se le adivinó la intención, el propósito de dar una tarde de toros. Su primero fue manso, huía, quería huir, que no hay toro que huya cuando se tropieza con un torero como Marcial, que le deja los colores en los ojos y la seda en los cuernos, y con una hebra del capote le hace volver. También quería huir de la muleta, sin saber que llevaba el mismo que le enganchó en el hilo del capote, y aquel pedazo de lanilla roja sujetó la fiereza en la huída; es muy sencillo, aunque no es fácil; todo es un juego de muñeca manejando por el suelo un corazón, la muleta. La estocada hábil y certera puso remate a la lidia maestra del toro, al que había adornado el torero con dos pares de banderillas, por la alegría de complacer que le rebosaba.
Y en el quinto, cuando nadie se había fijado en el toro soso, sin estilo y muy poco se esperaba de él, tuvo Marcial el acierto de maestro de torearle en el único sito que se podía torear aquel toro tan apagado, casi en los medios y solo. Si le cierra, y si además ve otros toreros, el toro no pasa y se aquerencia. Y allí fuera, Marcial, que es de los pocos toreros que prodigan la mano izquierda, hizo la faena insospechada. Si se hiciera un plebiscito y se preguntara a los espectadores ¿esperabas esta faena? La respuesta unánime, estoy seguro, sería: no. Nadie esperaba aquella faena tan faena, tan torera, de tanto dominio. Nadie más que él había visto el toro. El título de joven maestro, a veces aplicado un poco irónicamente, desde esta corrida no se le discutirá. Mató de la primera, y el entusiasmo le concedió la oreja y le hizo dar dos vueltas al ruedo, y aún no se habían apagado los aplausos y renacieron frenéticos cuando, abierto el capote en alas, en último quite, iba el último toro rascando los cuernos en la seda de la mariposa, sin romper la seda. Pero no fue por la mariposa el entusiasmo, fue por la alegría, por la decisión de toda la tarde, porque Lalanda vino a la plaza joven y optimista, porque Lalanda salió muy Marcial y porque Marcial torea todas las tardes con la mano izquierda.

Fortuna sigue valiente y animoso, como si empezara ahora. Pero como torea poco, a pesar de sus éxitos, le encontramos algo desentrenado. Su primero le acosó un poco y el otro, que fue el toro de más casta de los seis, tenía precisamente la dificultad de la casta; le sobró toro a Fortuna. En lo que siempre me gusta Fortuna, aun a en las tardes que no ejecuta la suerte a gusto, como el domingo, es en el momento de matar; esa mano izquierda, esa manera de llevar la muleta al hocico del toro es una maravilla. Una mala estocada de Fortuna vale, por su estilo, por todas las estocadas que se dan hoy. Al par de banderillas al quiebro se dio mucho valor, porque el toro le gazapeó primero y luego le entró lento. A este torero lo que le hacen falta son toros, que está ahora en todo el celo.
Iglesias, que tomaba la alternativa, estuvo nervioso y azorado en el de la ceremonia, que era un toro de cuerpo entero; pesa mucho la plaza de Madrid, y más en tarde de tanto compromiso como es la alternativa. En el sexto estuvo mucho mejor, no sólo con el capote, sino en el par de banderillas que puso con facilidad y tuvo el buen gusto de ofrecer a los que desde este día eran sus compañeros. La costumbre de banderillearse cada uno sus toros quita animación al tercio, que para no ser animado y vistoso, más vale que claven los banderilleros. A este toro le toreó Iglesias con la izquierda, muy bien, pero con poca gracia. Fue lo que le faltó, gracia más decisión al herir.
Los toros del duque  de Tovar, muy buenos. Una corrida bien presentada; sin exageraciones que no hacen falta, y de casta. El primero fue bravo y noble; el cuarto, se creció y fue arriba, arriba, sacando casta; a mí me pareció el más seriamente bravo; y el último, muy bravo, muy completo; el quinto, muy soso. Fue toro por Marcial; los otros dos, huidos, sueltos de los caballos y querenciosos. Se aplaudió al primero en el arrastre; yo hubiera aplaudido al cuarto.

Se picaron bien. Ya se pican los toros. En cuanto se toreen un poco menos, habremos situado en su sitio el primer tercio del que depende el último. En esta corrida se vieron muy bien qué toros eran bravos y qué escala de bravura tenía, una cosa interesantísima para el verdadero aficionado. El duque de Tovar, tan aficionado, hubiera disfrutado mucho viendo alguno de sus toros, pero la muerte no quiso.
Una corrida alegre, divertida de conjunto, en la que si desmenuzas quedan pocas cosas, pero muy bien acoplada, muy torera, de la que una buena parte corresponde a los toros y una parte inconmensurable a la maestría de Marcial: Lalanda salió joven, animoso con gusto de torear y dio una tarde alegre y lucida de toros. El público otras veces tan agrio, tan disgustado, salió contentísimo, le supo a poco la fiesta, y es que a esa hora en que las corrida se caen y el tedio empuja a los espectadores, están entretenidos en tirar al ruedo los sombreros.

LAS TAURINAS DE ABC
EDICIONES LUCA DE TENA, 2003

Viernes, 8 de junio

ACCIDENTE

-El cadáver es un accidente con el que no cuenta el guerrero.
WENCESLAO FERNÁNDEZ FLÓREZ

Ignacio Ruiz Quintano

jueves, 7 de junio de 2012

Corrida de Beneficencia (Caritas Currunt). Botón de muestra


Williams Cárdenas, alias El Torbellino de Venezuela, premiado por todos los jurados como divulgador de la Fiesta y la Jarana, pidiendo ayer orejas para Talavante, el torero apoderado por la empresa de Madrid.

2012, la caída de la plaza de toros de Madrid


La Primera Plaza del Mundo convertida en un local para fiestas de cumpleaños como la Beneficencia

Dar al traste con la feria de San Isidro, de una vez y por todas, donde las figuras chocaban con los aficionados cabales de Madrid. El modo fue colocándole a su fin la feria del aniversario, con carteles como en otras ferias, pero que al situarse fuera del decepcionante y cansino abono daba pie a que acudiera otro público afín a la tauromaquia del ‘pegapasismo’ y  piernas acompasadas al margen de la trayectoria de la embestida del toro. Se podría decir que este año 2012 es cuando los taurinos -reunidos los más fuertes como empresarios en Las Ventas y con el beneplácito de la crítica amiga- han logrado acabar con San Isidro


Pepe Campos*
 Kaohsiung, Taiwan

He visto la corrida de la beneficencia por internet. La dosis de surrealismo contenida en ella fue propia de un bazar chino de todo a cien y responde a logros sobre cuestiones largamente perseguidas. Lo esencial ha estado en el resultado, en la salida por la puerta grande de Madrid del diestro de la apuesta actual -de la ‘pata atrás’- del sistema que domina los entresijos del mundo del toro: A. Talavante. Forma parte de un asunto esencial para los taurinos: una manera estudiada de derribar el fielato de Madrid, el de su dureza que rompe las estadísticas de todos los toreros, en especial para las figuras.
La estrategia viene de atrás:


1º) Acabar con las corridas de verano de Las Ventas en las que era posible ver a toreros que atesoran la verdad, y podían dar el paso -por lograr triunfar en esas fechas- a ciertas corridas de ferias de finales de ese año y comienzos del siguiente. Un empeño totalmente conseguido tras algo más de diez años de constante y paciente recorte de corridas de toros después de finalizar aquellos San Isidros -luego rematados con ferias del aniversario, ahora con ferias de artes y culturas-. En definitiva, desde comienzos de junio hasta la feria de otoño en Madrid sólo se dan dos o tres corridas de toros porque por medio queda La Paloma, pero se buscarán soluciones para dejar todo en un solar. Así se elimina el factor sorpresa de que se cuele alguien.

2º) Dar al traste con la feria de San Isidro, de una vez y por todas, donde las figuras chocaban con los aficionados cabales de Madrid. El modo fue colocándole a su fin la feria del aniversario, con carteles como en otras ferias, pero que al situarse fuera del decepcionante y cansino abono daba pie a que acudiera otro público afín a la tauromaquia del ‘pegapasismo’ y  piernas acompasadas al margen de la trayectoria de la embestida del toro. Se podría decir que este año 2012 es cuando los taurinos -reunidos los más fuertes como empresarios en Las Ventas y con el beneplácito de la crítica amiga- han logrado acabar con San Isidro, y veremos cómo deriva hacia próximos años.

2º-1) Un final para la feria de San Isidro que sólo era posible si se prolongaba con las ferias de los aniversarios, que ya cumplido su papel han transmutado en la feria del arte y la cultura, fin rocambolesco de todo el sistema prefigurado: la beneficencia por medio, lo que sea para que los toreros de la apuesta pasen y triunfen, y hagan nueva tauromaquia. La tauromaquia del poco riesgo y de la poca verdad, vendible, de enormes estadísticas a lo largo de las plazas de la temporada. Ante un público sin interés por el toreo, sólo por verse ‘artísticamente’ unos delante de los demás para hacerse en comandita publicidad.


3º) Situar lo de hoy de la beneficencia en el centro de la temporada madrileña: faenas deslavazadas de Talavante, con la pierna de salida en cada muletazo 'meticulosamente' situada 'lejos', por detrás, de la embestida del toro y geométricamente separada, a espaldas, del remate de cada uno de los pases -que llamarlos así es un decir-. Tandas de dos o tres muletazos y el de pecho. Rapidez. Una tanda aquí y otra allá. Ni comienzo ni final de faena. Prisas. Estocadas estratégicamente bajas. Todo rodeado de un triunfalismo atroz, en nueva vertiente de la 'crisis' de la tauromaquia, que yo, al menos, nunca había visto en la plaza de Madrid. Y como ejemplo la salida en sí misma por la puerta grande con una respuesta de un público ‘histérico’ cuya reacción no se sabía a qué venía, porque en esto no es cuestión de estar o no de acuerdo, sino saber que las bases eternas de la tauromaquia y de su rito, no se cumplieron casi nunca en las faenas de Talavante, como también ocurre en esas faenas de orejas e indultos que se trazan por esas plazas ‘benditas’ de Dios.

En general, en la actualidad, a) muy lamentable la postura de los críticos taurinos muy vendidos –o ingenuos-, por lo que se hace necesario, para estar informado, acudir a algún blog de toros de los existentes; b) perniciosa la postura de un público, el de hoy, poco aficionado que da razón a los que denigran a los toros; c) interesada y cainita la posición de la mayor parte de empresarios, toreros, ganaderos que quieren acabar con Madrid, convertirla en una plaza más, objetivo que conseguirán, cuyo golletazo alcanzará a la propia fiesta de los toros.

Es la hora de la más firme protesta.
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*Profesor de Cultura Española en la Universidad de Kaohsiung, Taiwán

Tío Pepe



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    El gallardonismo fue una cosa municipal tan cursi que hasta redactó una ordenanza contra la contaminación lumínica (?) para la capital peor iluminada de Europa.

    Con la ordenanza en la mano, de la Puerta del Sol, especie de Piccadilly Circus o Times Square diseñada desde el caballo masón de Carlos III, retiraron todos los anuncios, menos el de Tío Pepe, por el placer del indulto que siente todo español con mando. Luego los de Apple compraron el edificio de Tío Pepe, y donde estaba la botella pondrán una manzana, y ahora, en vez de estar leyendo (tampoco sabría decirles por qué) a Philip Roth, el Iríbar de las letras, estamos buscando un tejado donde poner el anuncio de Tío Pepe.

    Yo lo pondría en el tejado de Gobernación.

    Si, bajo los efectos del marketing, la manzana de Apple es transgresión edénica, ecología, tentación, la botella de Tío Pepe sería flamenquismo, de afición a los toros, al vino y al cante, una suerte de Steve Jobs Vs. Pepín Cabrales, que le daría al lugar un encanto tan kitsch como el de la plaza Mayor de Morata, modelo del urbanismo gallardoní, con sus sedes de falangistas y comunistas frente por frente.
    
Tío Pepe sobre el reloj de Gobernación, y en Nochevieja, con las campanadas, que Ramón García tape con su capa la botella, para no hacer publicidad, y se acabó.

    Con Tío Pepe en el tejado, se haría justicia poética a la República, proclamada en ese edificio por Azaña del bracete de Miguelito Maura y un guardia que al verlos llegar como tarareando “Asturias, patria querida” preguntó: “¿Dónde van ustedes?”
    
Venimos a proclamar la República.

    Y los dejó pasar.

Tres personas en el hospital por mordedura de víbora

San Isidro de Villadiego

-Burgos no ha sido tomada por las serpientes, pero las víboras, que en estas fechas proliferan en la provincia burgalesa, han dado un susto a más de uno. Tres personas han sido atendidas en las últimas semanas en el Complejo Asistencial de mordeduras causadas por este tipo de culebra. Uno de los casos se dio en Villadiego y los otros dos en la capital.

Un burka en Las Ventas