martes, 5 de junio de 2012

De las aficiones y los trabajos

 

He de confesar un secreto. Últimamente he descubierto que lo que más me gusta es picar. Cuando digo “picar” no me refiero a tomar tapas con cañitas en los bares. No. Me refiero a picar con un pico o un azadón. Sé que puede extrañarles, a mí también me extraña, pero es así.

Desde hace unos años paso la mayor parte de mi tiempo, al menos de mi tiempo libre, en una casa de campo en el Pirineo francés. El terreno que rodea la casa es muy empinado y encargué hace años que me hiciesen unos caminos para hacer más fácil el merodear. Unos con pala excavadora y otros a mano. Al observar cómo los hacían reflexioné sobre que no hay nada más civilizado, más romanizado, que trazar caminos y ejecutarlos. Como los caminos están sin asfaltar, como es natural, han ido necesitando de un cierto mantenimiento que he ido acometiendo yo mismo. Lo que al principio me pareció un trabajo penoso y engorroso se fue convirtiendo, poco a poco, en una especie de adicción. Tanto es así que comencé a trazar y ejecutar nuevos caminos. El sonido del azadón al hincarse en la tierra, el modo tan especial con el que el tiempo se detiene mientras pico, mi corazón latiendo con fuerza, el sudor cayendo sobre mis ojos mientras mi perro me observa, o dormita, o juega, el transitar la primera vez por el tramo recién terminado me reconcilian con algo atávico e importante, o al menos eso creo.

Se trata de hacer ejercicio, pero no baldío, como el de los gimnasios, o el del footing, sino construyendo. Un anciano agricultor me contó que no entendía porqué no había una dinamo en cada bicicleta estática de los gimnasios para aprovechar la energía. Y no le faltaba razón. Cansarse por construir, por generar algo, creo que es más sano que cansarse por cansarse, tal y como ocurre cuando se hace deporte. Además el ejercicio de mis ancestros no fue ni el golf, ni el tenis; fue arar, trillar, segar y entrecavar y creo notarlo mientras pico. Creo que mi cuerpo es el resultado de la información genética de mis predecesores, que los genes no previeron que uno de sus descendientes se dedicase a las artes y a la reflexión. Por eso los pobres tienen más tendencia a engordar que los ricos. Los pobres engordan porque han de guardar para los tiempos de escasez. Los ricos saben, genéticamente, que no les faltará y pueden dedicarse sin miedo al espacio de la teoría: a la artes y a las letras.

Las siguientes dos semanas no podré ir a continuar picando mi camino, estaré en París y luego en Benasque, y créanme que lo echaré de menos. Algo está cambiando en mis prioridades o quizás me esté volviendo loco.

Domingo Ortega. El pájaro negro que silbaba

Domingo Ortega con Luis Miguel Dominguín
(De la exposición en Las Ventas)

Gregorio Corrochano
Abc, 12 de mayo de 1936




La corrida tuvo gesto. Sin duda fue lo más importante de la corrida. Y acaso por esto, tuvo la corrida un calor y un interés que no suelen ser frecuentes en las corridas. El gesto se lo dio Ortega. Había circulado, y hasta creo que se había publicado, una patraña insidiosa, lanzada la víspera de la corrida, con la intención de causarle un daño y un perjuicio que aquí nadie tasa; por eso se pueden hacer estas cosas con irresponsabilidad. No olvidemos que estamos en el país de los caramelos envenenados. Se le preparaba al torero un mal recibimiento. Una vez más se llevaba a la plaza de toros eso que llaman ahora política; que debe ser un poco del veneno que sobró de los caramelos. Pero hubo error de organización. Ya hemos dicho otras veces que a las corridas no se va como al mitin, a cosa hecha. En las corridas interviene el toro, magnífico animal al que el hombre no ha logrado todavía corromper. Por eso es la única profesión, la de torero, la que tiene el desquite al lado del fracaso, la que lleva la reparación de la mano de la injusticia; porque el que resuelve es el toro. Como resolvió esta tarde. Como ha resuelto tantas y resolverá. Como resolvió aquella tarde que se vendían a la puerta de la plaza “pitos pa pitar al Guerra”, y cuando caía el primer toro del Guerra, caían también todos los pitos al ruedo. Porque el público de toros, por mucho que quieran envenenarle, responde siempre a un imperativo; el del torero que se arrima al toro.

¿Qué pasó? Que al salir las cuadrillas, los de la consigna recibieron con pitos a Ortega, que aún no había toreado este año en Madrid. Como a toda acción de violencia sigue una reacción. Advertido el público de toros, ovacionó al torero. El torero, blanco de traje y de cara, se fue a su sitio a esperar. No hizo un gesto, no era todavía el momento. El gesto lo llevaba dentro, guardado en el sitio que los hombres guardan los gestos. Le quisieron hacer salir con aplausos reparadores. Ortega no salió. No se movió, estaba en su puesto.

Salió su toro. Entonces salió Ortega y salió su gesto. Entonces, cuando el toro, que es cuando salen los gestos de los toreros. Tenía al gesto enérgico del que ha esperado con ansia este momento para contestar. Y cuando se le ovacionó al torear de capa -comienzo de la contestación- se quitó la montera y saludó a toda la plaza. Sólo entonces, cuando se había ganado los aplausos, pero a toda la plaza, a los que le habían recibido bien y a los que le había recibido mal; a todos, como diciendo: “Aquí estoy; esto es lo mío; el toro”. Y ya toda la plaza aplaudió: los que le habían recibido bien y los que le habían recibido mal. Y mandó que le llevaran el toro hacia el sito donde creyera más hostilidad, para ofrendar más de cerca, y allí se arrodilló, no ante el público, sino ante el toro, símbolo imparcial de la corrida, a quien el hombre no ha logrado todavía corromper. Así empezó la faena de muleta. Antes había brindado a todos los espectadores, a todos sin distinción, y como prenda de desagravio, quedó la montera en el ruedo, como si hubiera muerto el pájaro negro que silbó. El toro quería irse. Ortega no quería que se fuera, y así se desarrolló la faena en la que expuso el torero y logró destellos de su arte. El público aplaudía; el pájaro negro que silbaba estaba muerto en el ruedo. Por eso no le espantaban los sombreros que el público arrojaba. Media estocada desigualándose el toro, que acaba rodando. Petición unánime de oreja, que no concede la presidencia. Esto redobla las ovaciones con dos vueltas al ruedo. ¿Creyó la presidencia que no estaba bien muerto el pájaro que silbaba y temió revivirle? Ortega al recogerle y saludar con él, le enseñaba como diciendo: está muerto. Entonces debió verlo el presidente porque apenas cayó el otro toro de Ortega de la estocada que siguió a la faena de castigo y absoluto dominio, aguantado con emoción las arrancadas del poco picado animal, la presidencia sacó su pañuelo, tan pronto, que más parecía pedir la oreja que concederla. En esto de los puyazos, que en los dos toros de Ortega se retiró, tenemos que decir que si no hacen falta más puyazos, no se debe poner el caballo delante del toro, pero que si se pone porque hace falta el puyazo no se debe cambiar cuando se marra. O le hace falta o no le hace falta. O se le da no se le da. Pero el marronazo no cuenta. ¿Está claro?

De los toros bien presentados de Doña Carmen de Federico se lidiaron cinco, porque uno de ellos, el cuarto, tenía poco poder. A excepción del último, que tuvo dificultades porque era más poderoso que bravo, los otros fueron noblotes, siendo el tercero el que fue más hacia arriba y el que llegó a la muleta con más arrancada. El primero, si tiene un poco más fuerza, hubiera sido un gran toro. El que se lidió, de Lorenzo Rodríguez, se dejó torear bien.

Valencia II estuvo breve en sus dos toros, con una brevedad tan acusada, que quizá quite emoción a las faenas. Es demasiado poco torear. No somos partidarios de las faenas largas, pero tampoco somos partidarios de que se escamoteen las faenas. Con el capote se pasó los toros ceñidísimo, y al matar su segundo se quedó tan encima del toro, que salió enfrontilado y con peligro.

Curro Caro, que lleva una buena racha de toros buenos, le tocó un primer toro superior, el mejor de la corrida, del que ya hemos hecho mención. Le toreó bien, pero sin ligarle la faena, lo que quitó relieve y emoción, y esa armonía que es lo que corona los éxitos de la muleta. Por eso faenas buenas como ésta quedan a falta de algo, que es el entusiasmo. Un pinchazo y una estocada delantera. Y dio la vuelta al ruedo y hubo petición de oreja. En el último, ni le intentó vencer las dificultades; le acosó el toro de primera, y el torero se deshizo de él con una estocada cualquiera.
Domingo Ortega salió de la plaza llevando en la mano el negro pájaro muerto que silbaba. Le había matado el gesto.

LAS TAURINAS DE ABC
EDICIONES LUCA DE TENA, 2003

Martes, 5 de junio

CHULO

-De puro chulo, me llamo Timoteo.
WENCESLAO FERNÁNDEZ FLÓREZ

Ignacio Ruiz Quintano

lunes, 4 de junio de 2012

Soraya en el Club Bilderberg


Jorge Bustos

Yo no creo que haga del todo bien Soraya Sáenz de Santamaría asistiendo este fin de semana a la teóricamente selectísima reunión del Club Bilderberg en Chantilla, estado de Virginia. Ya entiendo que es deber de la vicepresidenta del Gobierno –porque no vemos a Rajoy en tan sofisticados aquelarres, donde no se te perdona sacar tu propio tupper– girar por los más altos salones mundiales con la mano extendida no tanto para tender puentes como para pedir dinero. Pero opino que Bilderberg, como pretendida élite de un gobierno global en la sombra, deja mucho que desear. Para empezar esa crema de la influencia no ha invitado nunca a Mourinho, y para seguir sí contó en su día con Zapatero. Ya me dirán ustedes con esos mimbres qué conspiración mundial vamos a urdir que resulte mínimamente respetable, que infunda algún mediano pavor en las mentes propensas a la conspiranoia.

Uno no cree gran cosa en conspiraciones de ningún tipo desde que testó la sensatez quirúrgica de la navaja de Ockham, que nos aconseja no multiplicar los entes de razón sin necesidad, o la explicación más sencilla suele ser la correcta. Si tu novia no te coge el teléfono no significa necesariamente que en ese mismo momento se esté acostando con otro. Es una sabia lección que todos deberíamos acabar aprendiendo. Explicar el orden mundial desde 1954, año de la primera tenida bilderbergiana, hasta hoy como la aplicación escrupulosa de unas directrices geopolíticas apuntadas en las servilletas de los chicos del coro gerontocrático de Bilderberg delata una grosería intelectual probablemente irreparable, aparte de una encantadora credulidad que justifica la lista desoladora de los libros más vendidos. El conspiranoico, y esto es una paradoja curiosa, presupone complejidades poco plausibles por pura simpleza mental, le falta imaginación para ceñirse a lo sencillo, que siempre es lo más arduo de alcanzar. Ni El Vaticano redacta el argumentario provida de Gallardón ni la francmasonería –si se sigue diciendo así– teledirige las comparecencias de Elena Valenciano. Y si lo hace, vaya una mierda de masonería la que nos deja Zapatero. Recurrir a la explicación aparatosa ahorra mucho trabajo racional.

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Ganaron los dos


El miércoles, jugándonos el ascenso, iremos menos

Francisco Javier Gómez Izquierdo

      Es posible que la certeza y comprensión del 0-0 en Balaídos tenga algo de cerrilismo egoísta, pero sigo sin verlo. El Celta y el Córdoba iban con 5-0 de ventaja para el partido de vuelta. Salieron a empatar como suele proceder en semejante situación, y ganaron. Ganaron los dos y no merecen reproches, por mucho fariseo que les afee el histórico rondo, como llaman algunos a esos noventa minutos en Galicia.

     El portero Buffon dice que con su dinero hace lo que le da la gana, admitiendo que lleva envidados millón y medio de leuros en esas casas de apuestas que se van a cargar el fútbol. Que futbolistas se concierten para sacarse de la manga un resultado sorprendente se ve que es mas común de lo que sospechamos, y puestos a ser puñeteros podríamos preguntar a Djukic, el escandalizado entrenador pucelano, por lo que sucedería en Balaídos, a cuánto se pagaba la derrota de su equipo ante el Guadalajara de Aníbal y Ernesto "¿Quién coño es Ernesto? ¿Es acaso Maradona?”, preguntó un día Carlos Pouso

    -Seis a una. Si apuestas 6.000 euros, te ganas 36.000.

    Es la proporción que ponen en el tuiter los aficionados del Córdoba, mosqueados ante los melindres de doncella agraviada que vienen de Valladolid. El Córdoba-Celta fue retirado de las apuestas porque en tan afamado lugar a los  Buffones y Criscitos no los dejan rascar bola. El Valladolid-Guadalajara fue la sorpresa de la jornada y resulta curiosa la pretensión blanquivioleta, exigiendo el triunfo del Celta, 2º, ante el Córdoba, 5º, descuidando las obligaciones propias: ganar a un Guadalajara que respiró con el descenso del Villarreal.

    Ahora toca demostrar quién merece más. Si andaluces o castellanos. El ambiente anda un poco soliviantado y los que mandan en Córdoba han reventado la baraja poniendo a 45 leuros el partido. A 35 la de los fondos, que es la más barata. Más caro que un Madrid-Barça. El partido será el miércoles a las 10 de la noche y me da -si no hay rectificación económica por parte de la directiva blanquiazul- que estaremos allí cuatro yonquis balompédicos y los nuevos amos del club. Muy pocas gargantas para que    “.... mi voz será siempre tu aliento”, allí “...sobre el Campo de la Verdad”.

     ¡¡Lástima de himno al que han hecho tan mentiroso!!

Perla china y rubí español

Don Claudio Sánchez-Albornoz

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Las mismas encuestas que daban que Mourinho había dejado al Madrid sin afición dan ahora que lo que esa afición “inexistente” exige es la españolización del Madrid, empezando con Silva (silva de varia lección).

    Pitar al himno español en el Bernabéu, como pretendían, es una bobada, pero hay que españolizar al Madrid.

    ¿Y quiénes son los españoles?

    Don Claudio Sánchez-Albornoz cuenta cómo un secretario leía en el Congreso el artículo de la Constitución de la monarquía restaurada, que empezaba así: “Son españoles…” Apenas había pronunciado estas palabras, Cánovas, que estaba en la cabecera del Banco Azul, con su habitual ceceo, las apostilló dirigiéndose al ministro de Estado:

    –Loz que no pueden zer otra coza

    Lo vemos en el Combinado Autonómico del señor Del Bosque, donde la mitad de los jugadores querrían “zer otra coza” que españoles, hasta el punto de que para hacerlos sentir cómodos, en vez de España, mandan a decir “La Roja”.

    –Nos odian por rojillos y a donde vamos no va nadie –consolaba Diego Rivera a la gran Dolores del Río, a cuyos estrenos de cine en México no iba nadie.
  
Total, que ahora España es la Roja, como Chile, y sus jugadores, los rojillos, como los mozos del Osasuna o los muralistas del PRI. Ninguno de ellos recriminó (pública o privadamente) la pitada de sus hinchas al himno del país que defienden. Ni siquiera Puyol, a quien el señor Del Bosque, que es marqués, llama en público “Puyi”, que es una cosa como de Sotoancho, y eso que “Puyi” improvisó en el Manzanares una especie de “Braveheart” autonomista corriendo como un William Wallace con los pendones de su pueblo.

    Mas el pueblo ha hablado en las encuestas: hay que españolizar al Madrid.

    Es el patriotismo (a falta de otro) del balón.

    El patriotismo del Bilbao, donde oficialmente todos son de la tierra, y el patriotismo del Barcelona, donde oficialmente todos son de la cantera.

    La cantera, pues, como nacionalismo de los pobres.

    Por eso en Madrid, lugar desde un punto de vista nacionalista muy pobre, toda la propaganda se vuelca hoy sobre una palabra muy emotiva que nada significa: cantera.

    Como si los que llegan de la cantera cobrasen un euro menos que los de fuera.
    Por no hablar de los conatos de guerra civil que se suceden cada vez que el Madrid se acerca a un futbolista de carné español.

    –No es fácil desenredar la madeja de los problemas nacionales –dijo al final de sus días don Claudio Sánchez-Albornoz–. Mas invito a todos a meditar sobre el pensamiento de Ibn Hazm de Córdoba: “Lejos de mí la perla de la China, me basta con el rubí de España”.

    Es un pensamiento pensado para el duelo Camacho & Del Bosque de anoche en Sevilla, en cuya plaza de toros un espontáneo en tarde de “cuvillos” provocó la carcajada unánime con una simple pregunta retórica:

    –¿Y estos toros dónde los habéis “comprao”? ¿En los “shinos”?

Ibn Hazm de Córdoba

SOLUCIONES
    Que ganar la Eurocopa no es la solución de España, ha dicho el señor Del Bosque, y a los cronistas les faltan palabras para ponderar la serena sabiduría de este paisano de Rafael Farina, y no tardaremos en darnos cuenta de que aquí va a ser más delito no animar al equipo de Del Bosque que pitar al himno nacional. Desde luego, ganar la Eurocopa no será la solución de España, pero podría serlo de los clubs propietarios de los futbolistas que el patriotismo de hojalata pretende colocar en el Madrid. Uno sirvió bajo el felipismo en la Brunete, y, sin embargo, no me siento menos español por preferir Drogba a Llorente o Neuer (“Noya” para Sanchís) a Valdés.

Ruido de sables mediático

De la exposición en la plaza de Las Ventas
José García Domínguez
Libertad Digital

Por un lado, el despotismo iletrado de la plaza repudiando la premisa de que es a la mayoría a quien compete decidir y gobernar. Por el otro, el despotismo ilustrado de la beautiful académica atacando idéntico postulado desde el aura aséptica y apolítica de la ciencia pura. Tal que así, tres célebres catedráticos acaban de difundir una horrísona proclama en el diario El País incitando a algo que en castellano viejo se llama golpe de Estado. ¿O cómo definir, si no, el público llamamiento de los señores Garicano, Santos y Fernández-Villaverde a fin de promover "un nuevo gobierno, con apoyo de todos los partidos mayoritarios y de nuestros ex presidentes, compuesto por políticos competentes y técnicos intachables con amplios conocimientos de su cartera"?

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La traición de Fandiño

Iván Fandiño en su última tarde en San Isidro

José Ramón Márquez

Pero, contra lo que veo por ahí, el problema principal de la Feria que acaba de terminar no son las malditas orejas, como todo el mundo anda diciendo. El preocupante asunto es la desaparición del toreo tal y como lo hemos entendido hasta ahora. July no ha venido a la feria, pero es el auténtico triunfador, porque su modelo infame de toreo es el que se impone a pasos agigantados. En esta feria hemos visto cómo se aplaude a rabiar a toreros que, con toros pastueños de embestida bondadosa, se colocan por fuera y dejan permanentemente atrás la pierna de salida, renunciando al toreo en aras del alargamiento del pase; el cite con la muleta en V, con el pico; el redondeo de los pases, que se dan uno a uno porque el torero se queda  permanentemente descolocado, el pase por alto -falso pase de pecho- como signo de puntuación para que la masa prorrumpa en canónicos aplausos; en fin, la tauromaquia moderna en la que lo que impera es que el animal se mantenga en movimiento, circense ejercicio del temple que hace bramar a la masa de puro gusto, pero que no tiene nada que ver con el toreo tal y como lo hemos visto hacer a los grandes.

Las orejas, despreciables apéndices, que Curro Romero cuando le daban una la miraba con asco y la tiraba al suelo, no son la seña que indica el éxito de la Feria. El otro día, por ejemplo, se dieron un puñado de ellas en Aranjuez y los que estuvieron en la Plaza con un poco de criterio no recuerdan ni un mal pase de aquella tarde, pero resulta más fácil criticar a la Feria por las orejas inexistentes que por lo esencial, y lo esencial es que estamos asistiendo al lento advenimiento de un estilo de torear que, más pronto o más tarde nos echará de las Plazas, obligándonos a irnos a casa a rumiar los buenos recuerdos.

***

Justamente de ahí nace la enorme decepción con Fandiño, en cuya verdad del año pasado se habían depositado tantísimas esperanzas. Ese alineamiento con lo que no debe ser es la mayúscula traición al aficionado  y al toreo que ayer trajo Fandiño, aumentada la sensación de tocomocho al  ver cómo en los medios oficiales se halaga al torero tan arteramente. Está claro que este Fandiño amansado de ayer es mucho menos dañino para el sistema que el asilvestrado del año anterior. Pero Fandiño debe reflexionar y darse cuenta de que con los argumentos que exhibió ayer en Madrid y con su alineamiento estético con la corriente dominante, el tardojulismo, sólo le espera la ruina a la vuelta del camino, porque ese espacio es propiedad de otros que le expulsarán de ahí nada más que lo tengan neutralizado.
 Que El Cid se haya tirado a eso en el final de su carrera, después de haber dado un puñado de inolvidables grandes faenas -muchas sin orejas, por cierto- se puede llegar a comprender, que a fin de cuentas es sólo un hombre; que Fandiño tire de un año para otro todo su crédito sin haber llegado a firmar una sola gran faena -aunque sea sin orejas- para echarse en brazos de lo contrario de lo que le encumbró desde la nada, es la revelación de que o no es muy listo o no está bien aconsejado o de que le han cantado las cuarenta para que no saque los pies del tiesto. O acaso de las tres cosas.

Las diez de últimas

Plaza de Toros de Las Ventas
Última tarde de San Isidro

Andanada del 9
El último puente sobre el río Kwai

La última Carpa de Dragó
La gran película que se perdió Berlanga
(con guión de Azcona)

Francisco Silvela/Lista
Los últimos colores del kitsch

Carrefour
Las últimas cerezas de Julia

Carrefour
La última pesadilla

Chinchón
La última siesta del día

Calle del Tembleque
Lo último en seguridad

Paseo de la Castellana
Los últimos son los primeros

Calle de Roma
La última okupación de Villa Farla

El Niño de la Palma. Es de Ronda y se llama Cayetano


En una el torero está quieto, y se casa menos, porque sólo maneja los brazos, y se repone con sólo girar sobre los talones; en la otra agota sus fuerzas por el bailoteo, y el giro es más extenso. En la una el engaño sirve para quitárselo de encima; en la otra sólo sirve para contenerle o distraerle la cabeza mientras se desvía para evitar el hachazo. En una gira el toro alrededor del torero; en otra es el torero el que gira alrededor del toro. En suma, de un modo se torea al toro, mientras que del otro el que resulta toreado es el torero, ¡y esto último no entra, que yo sepa, en el arte de torear, sino en el de ser toreado!

Gregorio Corrochano
28 de mayo de 1925

El perfil del día es en Madrid un torero. La curiosidad lleva hoy camino de la plaza de toros, donde se presenta el Niño de la Palma, ese muchacho que es de Ronda y se llama Cayetano. La curiosidad siempre va encauzada, por lo menos, por el instinto, al que movió una remota esperanza. La presentación de un torero tiene siempre interés. ¿Quién es? ¿Qué sabe hacer? ¿A dónde llegará? Si hay antecedentes o referencias que estimulen la curiosidad, ésta aumenta de volumen y se transforma en expectación.
El Niño de la Palma es un niño que trae ruido de hombre. Se sabe que una tarde en Sevilla..., otra tarde en..., otra tarde... y así se van engarzando relatos favorables o adversos, que hacen el fallo más vario e interesante, por lo preciso, por lo que tiene de pronóstico. La curiosidad está muy justificada y favorecida por la necesidad. Hace falta el torero joven, ese torero joven que en las épocas de paralización vino a poner en marcha el toreo. ¿Va a ser éste el Niño de la Palma? Condiciones tiene; pero... Me acuerdo de Lagartijo y de D. Amós Salvador. Cuenta D. Amós Salvador que Lagartijo tenía un sobresaliente de espada que le pedía siempre que le dejase el último toro. Llegó un día en que el sobresaliente tuvo que matar un toro. Entonces el banderillero explicó al maestro todo lo que iba a hacer para igualar, perfilarse y dar la estocada, y preguntó, después de haberse explicado bien:

-¿Me falta algo, maestro?

Y el maestro le contestó:

-Hacerlo.

Alguno pensará: ¿dónde cuenta esto don Amós Salvador, si este D. Amós es el conocidísimo hombre público, si no escribió, que se sepa, ningún Tratado de tauromaquia?

Pues lo cuenta -D. Amós, el conocidísimo hombre público- en un Tratado de tauromaquia que se llama Teoría del toreo, inédito, y dedicado al duque de Veragua (padre del actual), quien le comentó. Lo escribió en una época de poca salud, en la que no le dejaban trabajar intensamente, y, a modo de entretenimiento fue dictando sus opiniones acerca del toreo, y cuando acabó se lo envió al duque para que lo comentase, sin que nadie se enterase, y cuidando de que quedase entre los dos el secreto de esta calaverada: “Porque -decía D. Amós- si con la teoría del juego de pelota, que escribí a unos amigos desde El Sardinero, en cuatro cartas, y que ellos publicaron sin consentimiento mío, por broma y con el seudónimo de X, me sucedió que lo averiguaron los periodistas, y apenas juré el cargo de ministro el año 1894 me dedicaron un artículo titulado De pelotari a ministro, y me obsequiaron con cientos de caricaturas manejando la cesta, ¡no quiero pensar en lo que harían ahora conmigo! ¡Cuántas caricaturas harían de dos viejos ex ministros metidos a toreros! ¡Y qué guapos estaríamos los dos con nuestras caras arrugadas, vestidos con trajes de luces! ¿Qué dejarían en pie de nuestras teorías los chicos de la Prensa?"

Don Amós Salvador, miembro de varias Academias y de la Escuela de tauromaquia, de haber existido, temía que su cuartillas cayeran en manos de un chico de la Prensa. Uno de estos chicos -la Prensa no tiene edad-, ávido de lecturas extrañas y curioso de papeles, se ha topado con el libro cuando ya no ha lugar a caricaturas, porque la última caricatura la hace siempre la muerte. Y se topó con el libro manuscrito a la par que se topó con un torero que, por sus condiciones, es una gran esperanza de la fiesta, y quiero acoplar las dos circunstancias por si logro hacerlas coincidir.

Sienta D. Amós como principio fundamental del torero dos maneras de engañar a los toros, que constituyen dos toreos distintos. El uno movido, el otro quieto; uno de agilidad, otro de inteligencia; uno de pies, otro de brazos; uno malo, por lo inquieto e indisciplinado; otro bueno, y único recomendable, por la clásico y elegante. A éstos llama él los verdaderos toreros.

“Para realizar toda suerte -dice la Teoría del toreo, de D. Amós- debe colocarse el torero en la dirección del toro, y desde este momento el toro queda interpuesto en el terreno del torero, y éste en el de aquél, de modo que si el toro va por el suyo, y en su dirección debe coger, a menos que para impedirlo se interponga una suerte destinada a desviarlo. Pero esto puede hacerse de dos maneras; consiste la primera en señalarle un terreno y darle una salida por medio del engaño, sacando y extendiendo los brazos, con lo cual se le lleva fuera de su línea, quedándose quieto el torero; consiste el otro en dejarlo empapado en el engaño y en su propia dirección y salirse de ella moviendo los pies. ¡La diferencia es colosal! La una descompone el toro, haciéndole describir una curva y contracurva extensas, y hace que el toro necesite más tiempo para reponerse y volver a embestir; la otra cambia los papeles, y hace que tarde  más en reponerse el torero que está en movimiento. En una el torero está quieto, y se casa menos, porque sólo maneja los brazos, y se repone con sólo girar sobre los talones; en la otra agota sus fuerzas por el bailoteo, y el giro es más extenso. En la una el engaño sirve para quitárselo de encima; en la otra sólo sirve para contenerle o distraerle la cabeza mientras se desvía para evitar el hachazo. En una gira el toro alrededor del torero; en otra es el torero el que gira alrededor del toro. En suma, de un modo se torea al toro, mientras que del otro el que resulta toreado es el torero, ¡y esto último no entra, que yo sepa, en el arte de torear, sino en el de ser toreado!”

Luego discurre acerca de los tres tiempos indispensables al clasicismo y buen arte de torear: citar, cargar la suerte y rematarla. Y saca esta consecuencia: “Cuando los tres tiempos que acabo de indicar no se señalan ni observan, la suerte está mal hecha y no resulta ni eficaz, ni elegante, ni clásica.” Estima que la principal condición de un torero consiste en ver venir a los toros y dejarlos llegar.

El duque de Veragua, en los comentarios, dice: “Me parece magistralmente tratado todo cuanto se refiera a la posición de los pies (que no es precisamente juntos, sino más avanzado el de salida, para cargar la suerte), cosa en la que se fijan poco los que pasan por inteligentes. Esos detalles, que parecen nimios, contribuyen de un modo decisivo a la seguridad del torero, a la corrección y elegancia de las suertes. Hay otros de que ya no queda ni siquiera memoria, y aun cuando no alcanzan la importancia de los que usted enumera, merecen atención. Me refiero a la manera de coger el capote. Dejo aparte la manera grosera de cogerlo a puñados: aludo a la distancia a que deben colocarse las manos con relación al cuellos de la capa.”

Y esta delicada observación, que luego explica y razona el duque, da idea de cómo en la Teoría del toreo y en sus comentarios se atiende a los detalles de fondo y de forma, que constituyen el principio fundamental del arte de torear.

Una circunstancia ocasional me ha hecho leer este manuscrito de D. Amós Salvador y del duque de Veragua el día que se anuncia que va a torear en Madrid ese muchacho que es de Ronda y se llama Cayetano. El nombre es de torero; el pueblo, también. Condiciones tiene; yo las he visto. Y porque temo que los muchos vicios taurinos, que hay que escardar, como la mala semilla, influyan en su toreo, le dedico, por si de algo le sirviesen, estas puras ideas del arte de torear que acabo de leer. La teoría es clara y sencilla. ¿Falta algo? Contesto con la palabra de Lagartijo: hacerlo.

LAS TAURINAS DE ABC
EDICIONES LUCA DE TENA, 2003

Lunes, 4 de junio

CONTROVERSIA TAURINA

-Y cuando, como ocurría periódicamente, se suscitaban vivas controversias acerca de la conveniencia o inconveniencia de las corridas, llegué a pensar que todo podía conciliarse suprimiendo el toreo y conservando las revistas del toreo, que en rigor, eran más apasionantes, y, sobre todo, más divertidas que el toreo mismo.
WENCESLAO FERNÁNDEZ FLÓREZ

Ignacio Ruiz Quintano

domingo, 3 de junio de 2012

¿Alto a la Guardia Civil?

Mar y Susana
 
Francisco Javier Gómez Izquierdo
 
Cuando Kiko Veneno presumía de conocer todo tipo de delincuentes aún faltaban varias especies por descubrir, pero ya se  adivinaban lechigadas de lento y constante crecimiento salidas del cruce del bandolero que despeñaba perros y el pícaro doctorado en el Aula Magna de Monipodio.  A las primeras criaturas de la plaga se las echó, por disimular, un inútil  matamoscas de colores que sólo sirvió para adaptar los pulgones a una novedosa naturaleza y convertir Andalucía en un escandaloso virreinato del delito. 

      Aparecieron los Eres y dimos cuenta aquí de la importancia de Jaén, los sindicalistas ugeteros -ese Lanzas de cara de granito- y el exfutbolista Gaspar Zarrías -posiblemente el hombre más influyente de todas las Andalucías- dictando en la cueva lo más conveniente para el pueblo andaluz. La familia Chaves atendió todos los requerimientos de su Rasputín y es clamor popular que en la Junta no se movía una coma sin conocimiento de Zarrías. 

     Don Gaspar y Don Manuel se fueron a Madrid y dejaron sus “marrones” en manos del que tuvieron colocado en Hacienda se supone que vigilando  millones de  leuros, el tal José Antonio Griñán, y éste fía su suerte a las explicaciones de dos señoras -Susana Díaz y Mar Moreno-  que se las dan de listas, y que para intimidar juezas han forjado la leyenda de comerse un hombre crudo cada madrugada. 

     ¡...Y de repente, la Guardia Civil! Lejos las investigaciones de esa policía al mando de Piedrabuena, un comisario al que le roban los kilos de cocaína en su comisaría y que tan mal recuerdo deja en la familia de Marta del Castillo y en la madre de los hermanos Bretón, los picoletos han mostrado a la jueza Alaya lo evidente, y de nada han valido los piropos vergonzantes del fiscal que se ha puesto Pepe Griñán de Consejero de Justicia:

     -A pesar de lo mucho que investiga, sigue estando muy guapa.  

     Así habló Emilio de Llera, y es cosa que podría decir cualquiera, pero si el decidor fuese alcalde de Burgos, un poner, y no el fiscal progresista especializado en delitos económicos ¡¡nada menos!!, la Inquisición feminista sería de órdago a la grande.

    Pero no crean que  la Inquisición está abolida. Susana Díaz, la comehombres de Pepe Griñán, la ha encontrado disfrazada de Guardia Civil, a la que hace brazo armado del Pepé y por tanto franquista, y por consiguiente fascista, de los fascistas que mataron a Lorca.

       No he seguido poniendo en Salmonetes... cosas de los Eres porque es asunto que resulta asquerosamente aburrido y porque conozco muchos más delincuentes que Kiko Veneno que me tienen contado cómo se consiguen las paguitas sin percatarse de cómo se reparten otros las pagazas.

         Susana Díaz y Mar Moreno no son Gaspar Zarrías y la Guardia Civil no es la policía de Piedrabuena. Pepe Griñán ya se lo está oliendo.

        Por cierto, los dignos de Diego Valderas, como es corriente en la variedad andaluza, callan y cobran...

Cristina



Ignacio Ruiz Quintano
Abc Cultural

    Cristina la argentina, de nuestra intelectualidad madrina.

    ¿Cómo hemos pasado de Evita con Pemán y Giménez Caballero a Cristina con Sabina y Serrat?
Pues, como dijo el del chiste, degenerando.

    –No nos alcanzará el alambre de fardo para colgar a los contreras –avisaba Evita, la Hipatia del socialismo hispánico, siendo los “contreras” aquellos que le llevaran la contraria.
    
Pemán vio en ella a otra “Santa Isabel de Hungría socorriendo a los pobres” (Murillo), con pobres menos pobres y reina menos reina: preciosa, blanca como la leche, casi transparente y alabastrina, casi preocupante, como la leucemia…

    Gecé fue más allá, y aprovechó el viaje para indagar sobre el carácter de la mujer argentina, el matriarcado implacable de Buenos Aires, verdadero reino de la Mujer: suave, felina, angélica, pero áspera y despótica…

    –La Mujer ama-de-casa –aclara Gecé–, la Mujer que cuando asciende al Mando en política hace un Estado-cocina-costurero y hasta corralito.
    
Pemán y Gecé acudían al Estado-cocina-costurero de Evita porque daba trigo a los españoles. Sabina y Serrat acuden al Estado-cocina-costurero de Cristina porque quita gasolina a esos mismos españoles. La ralea moral (la cultural salta a la vista) que separa a los personajes es diferente, pero la fascinación por el peronismo es la misma.

    –¿Me recuerda aún, Eva? –le dice Gecé–. ¿Cuando Franco me presentó a usted en su palco oficial del Teatro Español, en Madrid, al terminar la representación de “Fuenteovejuna”, de Lope, que yo había fundido?
    
¿Cómo no?

    –Usted acaba de volverla a representar haciéndola realidad. Reduciendo a los oligarcas con su haz y su yugo de gracia y teniendo al pueblo “¡todos a una!” También la saludé en Barcelona aquella noche shakespiriana de “Una noche de verano” con su Rosa de Oro del Papa… ¿recuerda?
    
¡Reduciendo a los oligarcas con su haz y su yugo de gracia!
Gecé. Sabina. Serrat.

Vigesimosegunda (y última) de Feria. "¡Adolfo, moruchero!"

Arrastre de Sombrerillo, el bichejo que cerró la Feria
"¡Adolfo, moruchero!", gritó un espectador


La feria empezó con Chaqueta, número 7, de El Cortijillo, nacido en diciembre de 2006, y finalizó con Sombrerillo, número 60, de Adolfo Martín, nacido en diciembre de 2006. En ese círculo perfecto de morucho a morucho es donde se sustancia la grandiosa labor empresarial de los artífices del desaguisado




José Ramón Márquez

Triste final de la feria, con el toreo y la cabaña brava en fase terminal. Prácticamente puede decirse que el toreo ha desaparecido de Las Ventas del Espíritu Santo, sustituido por las modernas formas de hacer ir y venir al toro; y del toro no digamos, que eso sí que es ya casi una especie en vías de extinción, salvo contadas excepciones.

    Valga como ejemplo la polémica sobre el saludo del mayoral de Cuadri. Nos tenemos que tragar con humildad franciscana en la plaza los aplausos de ciertas gentes al Manzanares, al Perera y al Morante, pero si nosotros aplaudimos al mayoral de Cuadri, se ponen como fieras a decir que eso está muy mal, que ese señor no debía salir a recoger nuestros aplausos. Pero no nos censurarían nunca si, en vez de poner de manifiesto la ausencia total de toreo en su actuación, nos pusiésemos a  aplaudir al Perera, por hacer lo que hizo. Pensamiento único se llama eso. Luego, en un portal taurino de esos, un misterioso ser que se oculta bajo las enigmáticas siglas CRV entresaca un párrafo al ganadero Cuadri para llevar el agua a su molinillo, titular a favor de su obra y concluir que estuvo muy mal el saludo del mayoral, porque a él le viene bien decirlo y porque aquí sólo se debe aplaudir lo que ellos quieran, ellos sabrán por qué. Por ejemplo, los de TVE han dictaminado por su cuenta y razón que Perera es el triunfador de la Feria. Allá ellos con sus dictámenes, si les gustó el tal Perera -inolvidables tres circulares invertidos, compendio de su tauromaquia-, pero yo creo que se equivocan o mienten cuando ocultan a la opinión pública que en esta feria recién terminada no ha habido ningún torero triunfador por la sencilla razón de que no se ha visto prácticamente el toreo. Lo que ha triunfado en este San Isidro 2012, mal que les pese a CRV y a sus hooligans, ha sido el toro: el toro de Ibán, a quien le hurtarán los premios porque no conviene, el toro de Guardiola, a quien no hubo quien le presentase batalla, el toro de José Escolar, listo y encastado, el toro de Cuadri, lujo de ganadería. Y lo demás ha sido la ruinilla de todos los años, que si nos ponemos menos bestias aún podemos sacar a los Torrestrella, a los Alcurrucén y a los cuatro de Fuente Ymbro o al de El Cid. Ahí van unos cuantos toros, pero lo que no aparece ni aunque lo busquemos con un candil y debajo de las piedras es el torero, que ésa es la auténtica especie en vías de extinción, y cuando se dice torero no se refiere a uno que se viste de luces y se lía a hacer posturas, sino a uno que como El Zanahorio de aquel remoto día de febrero en Ciudad Rodrigo, haga el toreo con verdad y lo haga con un animal que infunda miedo. De eso, entre los matadores y poniéndonos estrictos, no ha habido en Madrid más que Robleño, enorme en su dignidad frente a la fiera, y Castaño, toque de atención a la afición.

    Hoy para terminar el triduo torista nos echaron la de Adolfo Martín. Adolfo es infinitamente mucho mejor aficionado que ganadero, y a las pruebas me remito de los poquísimos triunfos ganaderos que puede poner sobre la mesa en Madrid. Los del 7, cuando había 7, le quisieron encumbrar como la cara auténtica de Victorino y es verdad que brilló en su presentación en Madrid, siendo aún de la Unión, con una seria, fuerte y encastada corrida de toros. Desde aquel remoto día, habrá soltado un toro por aquí y un toro por allá, pero no ha tenido triunfos como ganadero que avalen el predicamento de que goza. La corrida que trajo hoy a Madrid, especialmente si la comparamos con el orgullo de buen ganadero del día anterior, es una escalera y si en vez de Adolfo Martín llegan a llevar el hierro de Pepe Pérez, se monta la de Dios es Cristo con los toros. Un toro de 02/08, tres toros de 11/07 y dos de 12/06 no es la mejor carta de presentación para Las Ventas, y de ellos uno de los de 2006, el tal Aviador, número 52, además parecía un novillote flaco largo y descolgado con los años que arrastraba a cuestas. Una pésima presentación sin trapío, entendiendo por tal el parecerse a la casta de la que se procede, de la que el único que se salva por presencia es el primero, Sevillanito, número 75, cárdeno, que empujó con rabia de bravucón al penco que montaba Manuel Burgos, derribando en el primer encuentro y saliendo de naja en el segundo.
    
Decepción enésima con Adolfo, tal y como nos tiene acostumbrados con sus toros sin casta, mal presentados, blandos y mansos, y decepción mayúscula con Fandiño que ha dilapidado en dos tardes en Madrid todo el crédito que cosechó el año anterior a base de verdad. Hoy en su primero se ha tirado por la calle de enmedio y, salvo en lo de citar de largo, se ha dedicado a copiar las hediondas formas de los pitiminís del escalafón, Manzanares, July, Perera, a base de ceder el terreno al toro, de ponerse por fuera y despegado, de las carreritas para colocarse, de redondear el remate de los muletazos, de ir al toro a base de los pasitos de las muñecas de Famosa y demás pestilencia antitaurina que gusta a algún sector del público, pero que para los que teníamos depositadas en él ciertas esperanzas ha sido como darnos con una barra de hielo en el cogote. Ruina total la de Fandiño y decepción de ver a un tío que se ha ido al lado oscuro a toda pastilla, en un solo año, y decepción su incomprensible diálogo con el tendido, con un señor del 7 que también es mulillero, con el Rosco, con una señora del nueve bajo, que todos en la Plaza eran importantes para Fandiño salvo él y el toro. Entre tan versallesca atención a su selecto público y entre que si me quito y me aparto se le fue la faena, puntuada certeramente desde la andanada, cuando se va a perfilar para entrar a matar:

-El toro se va sin torear.

    Y no se puede explicar mejor y con menos palabras la ruina de hoy de Fandiño que tan bien le viene al stablishment de los CRV y compañía y que nos deja sumidos en el rechinar de dientes a los que pensábamos que Fandiño era firme como un trozo de acero colado, era un montaraz que se pondría frente al sistema. Ná de ná. Uno más, uno de tantos  y encima con bastante menos gusto y percha que el tal Manzanares.

    Poca historia tiene la tarde, pues sabido es que la base de este espectáculo es el toro y si no hay toro, no hay espectáculo. José Luis Moreno las pasó canutas con su primero y se tragó el miedo. Estuvo digno. En su segundo estuvo más confiado. A Juan Bautista le salió un toro de esos de la cultura, el segundo, Madroñito, número 89,  pequeño, escurrido de carnes y que se tapaba por la cabeza, pero que metía la cara incesantemente sin molestar al matador. Aburrió el torero al toro y aún más a la parroquia y estuvo con él hasta que se hartó o hasta que se dio cuenta de que nadie le hacía caso.

La feria empezó con Chaqueta, número 7, de El Cortijillo, nacido en diciembre de 2006 y finalizó con Sombrerillo, número 60, de Adolfo Martín, nacido en diciembre de 2006. En ese círculo perfecto de morucho a morucho, sin apenas más que un lleno de reventón en la Plaza es donde se sustancia la grandiosa labor empresarial de los artífices del desaguisado: Choperón Father and son, Simon bras d’honneur* y Call Me Toño, con la inestimable ayuda de Carlos Abella, guest star del asunto, a quien todo sus conocidos llaman Abeya. Enhorabuena, majetes. A ver qué se os ocurre para 2013, a ver cuántos abonos se pierden en otoño.
________________________

*Bras d’honneur, en francés ‘corte de mangas

Fotografía que ilustra unas palabras de Julián López 
en el corredor de Las Ventas:
 "El torero siempre debe estar por encima del toro"

Última tarde de la Feria

Los sketchs de Molés en la Puerta Grande

La papela de Abella

Contorsionismo mediático
¡A los toros!
El Orden Público, esa obsesión presidencial

Pepe, mozo de Moreno

Paseíllo
Bautista, Fandiño y Moreno

El último Guernica de la Feria

José Luis Moreno
Un buen torero con mala suerte

Iván Fandiño
El Señor nos lo da, el Señor nos lo quita
La Empresa
Feria de tres orejas de las cuales no recordamos ninguna
Premios de la Empresa: Castella, con sus jeribeques a un cuvillejo, y los Alcurrucén, que pasaron del caballo, triunfadores
¿Cuadri, que es la que gustó al público? No, porque tiene un mayoral que saluda cuando se le aplaude

Los descamisados del palco-lonja presidencial
El año que viene, en chanclas

Adolfito por allá...

Adolfito por acá


Fandiño jugando a Rincón (en los desplazamientos)
Hasta cuatro veces comenzó la faena


El último bocadillo del doctor
(en la Feria)

Los pinreles de la cultura callada del toreo
Pertenecen a un bergaminesco caballero que llama cutres e incultos a los que protestan el destoreo

Despedida de Fandiño, último torero de la Feria
Quitándose del sitio se ha granjeado los elogios de la Crítica Oficial
Lagarto, lagarto

 El solar que deja la peor Feria de la Historia

A cuerpo limpio

Operario de limpieza municipal

Domingo, 3 de junio

REVISTAS DEL TOREO

-La gente se embriagaba leyendo estas exaltaciones mucho más que presenciando las faenas en la plaza, a donde, por otra parte, no todos iban. He oído decir que el hombre que más entendía de toros y toreros en Sevilla era un pobre diablo que nunca había podido asistir a una de esas fiestas.
WENCESLAO FERNÁNDEZ FLÓREZ

Ignacio Ruiz Quintano

"Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo"

DOMINGO, 3 DE JUNIO
 
En aquel tiempo los once discípulos fueron a Galilea, al monte que Jesús había señalado, y, al verlo, lo adoraron. Algunos, sin embargo, habían dudado.

Jesús se acercó y les dijo:

Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos míos en todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.

Mateo 28, 16-20

sábado, 2 de junio de 2012

Vírgenes

Jardiel

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Cuando la Peste Negra se cernía sobre Florencia, los florentinos pijos marcharon a una villa a contar cuentos verdes y Bocaccio escribió el Decamerón.
    
Es lo que pasa con la Prima de Riesgo cerniéndose sobre Madrid: los políticos se refugian en el Congreso y cuentan ovejas con que los cronistas consiguen dormir.

    –Dos auditoras independientes son más difíciles de encontrar que las 10.000 vírgenes de Jardiel Poncela –dijo, tribunicio, uno de los dos gómeces del socialismo, Valeriano, que tiene voluntad (lo mismo está al frente de un ministerio que de una manifestación), pero que no sabe contar.
    
Camba hablaba de una comarca africana donde nadie sabía contar más que hasta cinco, y cuando por excepción lograba alguien contar hasta seis o siete, los ancianos de la tribu le ofrecían una chistera desfondada, que se encontraron un día en la playa, le colocaban un enorme paraguas en la mano y lo proclamaban rey.

    Cuando Zapatero ganó el gobierno con la promesa del pleno empleo, Valeriano era un sindicalista que contaba más parados que nadie, y le hizo ministro de Trabajo. Ahora es diputado de números, y en una discusión con Guindos va y le sisa a Jardiel nada menos que un millar de vírgenes, que no eran diez mil, como cree Valeriano, sino once mil, aunque en la realidad sólo fueran once, como pudo comprobar Alfonso Reyes en la Capilla del Condestable, en Burgos, ante el retablo de las Once Mil Vírgenes.

    –De las Once Mártires Vírgenes, querrá usted decir. Es una mala lectura del texto. La “M” no vale “Mil”, sino que es una abreviatura de “Mártires”.
    
A ver si va a pasar lo mismo con los parados.

Aparicio en el Deluxe

Julio Aparicio en su última tarde en Las Ventas
El pelo
Ese corte de pelo

"Entre mi padre y yo las cosas no están tan mal. Tenemos cochinos a medias"

Hughes

Julio Aparicio iniciaba su vida de civil en el Deluxe, que no es mal sitio. Le recibían con ovación y así le despidieron, como en desagravio por la bronca de Las Ventas. Jorgeja con patillas corto maltés parecía un picador pequeño y un poco picador era, pues se invertían papeles y el torero hacía de toro al que había que darle pases y  alguno llegó a tener al final, por más que durante gran parte de la entrevista pareciera una vaca reumática.

A Jorgeja le ayudaban Montero, otro con patillas; Lydia, de rojo intenso y Kiko Matamoros, que, claro, de toros también sabe.

Julio Aparicio se retiró hace unos días. Toreando en Madrid le dio un arranque y se descoletó. Se quitó la coleta y parece que le crecieron los mullets. En realidad, lo que explicó es que no sólo se quitó la coleta, sino que ya antes, en la finca, se había cortado el pelo a sí mismo -un imposible-, dejándose una cabeza contracultural. Quizás quepa ver su retirada -digna espantá de su propio destino- como un acto más del proceso mayor de cambiarse el peinado, que es un tipo de crisis habitualmente femenina, pero no solo.

-Yo siempre he tenido mucho miedo.

Julio Aparicio se reconoce torero de arte,  irregular ,y parece que deja caer que a su vida personal tampoco le es ajeno el petardazo.

-Un torero artista. De lo bueno, buenísimo a lo malo, malísimo.

 Miraba muy serio, alzando la barbilla, cerrando los ojos como miope avieso, haciendo a cada poco ese gesto tan taurino de sacar el mentón, la mandíbula. Kiko Matamoros le imitaba el gesto. Una reunión de toreros debe de ser como un club de señores a los que ahoga la corbata.

Antes de entrar en movidas familiares, hablaron de Ortega Cano, que ha sido su apoderado sin contrato. Sin hablar mal de él, tampoco es que hablara bien, pero tan amigos. Ortega llamó al programa para intervenir... e intervino. Ortega intervenia. Jorgeja,  quietísimo, bajaba los párpados pacientemente. Ortega seguía interviniendo. La voz, estropajosa. Aparicio miraba serio, muy serio, como si fuera el único que pudiera entenderle. Una carcajada en plató hubiera sido como una grieta en una presa de comicidad.

-Tratadme bien para que pueda ir contento al programa.

-Yo toreo al aire, al viento.

Aparicio viene de estar un invierno en el campo “matando toros y vacas, vacas y toros”, pero no se siente. Estar en el campo es un concepto que es mucho más que estar en la finca. Es como el retiro espiritual y la preparación de Rocky. Como Alí antes del gran combate africano. Una mezcla de naturaleza, toro y dieta dukan.  Estar-en-el-campo no es estar en el campo.

Tras Ortega, la cuestión familiar. Los periodistas apuntaban una posible bronca entre padre e hijo que habría acabado en denuncia. La razón sería que Aparicio habría sido desheredado. Siempre según los de la canallesca, Julio Aparicio habría reaccionado violentamente y después, con ayuda de su ayudante, se habría llevado cuarenta jamones y diez cabezas de ganado, como un inicio de recuperación patrimonial. Julio lo negaba, aunque de fondo se adivinaba una difícil y sopranesca relación con el padre.

-Entre mi padre y yo las cosas no están tan mal. Tenemos cochinos a medias.

El torero (jamás extorero) habló respetuosamente del padre y emotivamente de la madre, pero justo cuando le despedían alguien llamó a Lydia. Ésta se levantó, cruzó el plató, una música de intriga, un sobresalto: era la hermana dejando a Julio por mentiroso y a los Aparicio como un clan faulkneriano, “peores que los Ostos”.

-Que se busque un curro.

Al final, Jorgeja despidió al torero dando entrada a unos imágenes de homenaje con detalles de sus mejores faenas. Las llamó “videoclub”, exactamente igual que las llamara Ruiz Quintano en su columna del día después del descoletamiento. Insospechadas (benditas) coincidencias.


Una reunión de toreros debe de ser como un club de señores a los que ahoga la corbata