sábado, 2 de junio de 2012

Vigesimoprimera de Feria. La fiesta de los Cuadri

Corridón en Las Ventas
El primer cuadri, Muñeco, con una cornada fresca en el anca


José Ramón Márquez

Hoy los Cuadri, ¡ahí es nada! Y además con Castaño, con la que lió el otro día ¡menudo festín! Segundo día consecutivo de toros en Madrid, que aquí sí que no cabe la publicidad engañosa ésa que dice ‘Corrida de Toros’ y luego lo que te dan es una corrida de gatos, de cabras, de caracoles, de babosas o de corderos, pero no de toros. Hoy lo que ponía en el cartel reflejaba exactamente lo que salió por chiqueros, e inevitablemente, como nos pasa cuando asoma la gaita el toro, nos estuvimos toda la tarde acordando de Manzanares, de Morante, de July, de Cayetano y, en general, de la banda esa denominada G10, ese selecto grupo de enemigos de los toros que, al confabularse, hicieron una omertá: ‘Juro que jamás me pondré frente a un toro, amén’.

    Seis toros de Celestino Cuadri en Madrid, que le tenían que comprar la camada y darla en Las Ventas entera y dejar los Montecillos, Cochinillos y demás illos para solaz de los guaperas por esas plazas de Dios. Toros con líos, que al parecer dos se habían matado en los corrales y otro en el campo y hubo que sustituirlos por otros. La casta tiene esas cosas, que los toros de puro maleducados se dedican a pelearse entre ellos como chuletas de barrio, para que se vaya notando la diferencia, que nunca se ha oído que dos toros de Victoriano del Río o del Cuvi se hayan matado entre ellos. Para certificar lo complicada que debe ser la vida de un toro de Cuadri digamos que el primero de la tarde, Muñeco, número 39, cuando salió a la Plaza llevaba en el anca una cornada fresca, como si tal cosa.

    Corrida de toros muy honda, muy seria, de una presentación espectacular, finos de piel, lustrosos, arrogantes, encastados, daba la impresión de que no iban herrados, que  más bien parecía que los números y demás señas se los había rotulado en la piel un delineante. Un lujo de ganadero venir así a Madrid, por el honor de la divisa.

    Y luego, la variedad de comportamientos, desde el que no pasaba hasta el que proclamaba sus firmes deseos de ayudar lo necesario para encumbrar a un torero que estuviese dispuesto a dar el paso hacia a delante. Y la casta, siempre la casta, acosando a los banderilleros, atentos al caballo, fijándose en cualquier movimiento en la Plaza, dando el espectáculo del toro de lidia, que normalmente es el espectáculo de la casta y alguna rara vez, suerte para quien haya tenido ocasión de verlo al menos una vez en su vida, la bravura.

    El primero, el de la herida en la pata, cobró lo suyo en varas, digamos que a él solo le zurraron más que toda la de Victoriano del Río, y aunque se las pusieron traseras él no se desanimó, tomándolas como si fuesen buenas, metiendo la cabeza y empujando; acosó a José Mora en banderillas hasta que le hizo tomar el olivo y llegó a la faena de muleta pidiendo guerra. Rafaelillo, que es a quien le tocó matar a Muñeco, bastante hizo con estar ahí frente a la seriedad de este Muñeco que tan poca gracia tenía, sin acabar de fiarse de él y cortándole los viajes. En descargo del torero debe decirse que si en la Andanada se pasaba miedo viéndolo, no es imaginable lo que debía ser estar frente al animal, solo en la Plaza.
    
El segundo fue Aragonés, número 12, y su lidia y muerte correspondía a Javier Castaño. Lo pica Fernando Sánchez a quien Castaño le deja el toro de largo. Da la impresión de que el picador no está a  gusto, pero las indicaciones de su matador le hacen buscar al toro que se arranca por dos veces al caballo recibiendo sendos puyazos bien agarrados. En un momento, el matador se descuida y le pierde la cara al toro y éste se abalanza sobre él pegándole un tremendo porrazo que le deja conmocionado. En banderillas el toro aprende y Adalid le deja dos pares, con una pasada en falso, y Javier Rodríguez un non. Sale Castaño con su muleta medio KO por el golpazo y comienza su trasteo primero por la derecha, con verdad y sin remilgos, y después por la izquierda, el pitón malo del toro como lo había cantado en banderillas. Castaño no se amilana y le roba al toro dos tandas de naturales de gran verdad, con algunos enganchones y con el doble valor añadido de estar el torero disminuido en sus facultades y decidido a torear al toro por el pitón malo. Lo mata mal y se va a la enfermería, de donde ya no saldrá.
    
El tercero, Camarote, número 32, correspondió a Luis Bolívar. Toma dos varas mal planteadas de Ismael Alcón en las que no se emplea. Alcón nos trae una remembranza de los viejos picadores, de los de antes del peto, cuando no adelanta el caballo y se queda, a la antigua, esperando la acometida del bicho junto a las tablas. Simpática pincelada de vieja historia taurina que revela el respeto enorme que Camarote infundía. El toro en la muleta ‘mete la cabeza’ como dicen los de los medios, pero no se emplea porque Luis Bolívar siempre se queda descubierto y el toro le ve constantemente; poco a poco va mejorando la condición del toro y claramente se aprecia que es él quien está toreando a su matador. Poquísimo mando y deficiente colocación no son argumentos como para hacerse con este Camarote.
    
El cuarto, Huélvano, número 45, es para Rafaelillo. Mal el torero con el capote. El animal recibe dos varas de estilo ‘contemporáneo’ de Esquivel y se queda encelado con el caballo. Llega imposible a la muleta. El toro sencillamente no pasa. Las gentes, que se creen que lo que Rafaelillo tiene enfrente es la mona de todos los días, silban al torero, y, en la demencia total, hay quince desalmados que aplauden al toro en el arrastre. Con gusto me hubiese encantado ver a July el Poderoso con este animal tan necesitado de tener enfrente oficio y poder.

    Corre turno y en quinto lugar sale Pesador, número 31. Es un tío. Es la definición del toro de lidia, largo y badanudo, un precioso ejemplar. Le pica Leiro con suficiencia. En la primera vara el animal cabecea y en la segunda mete riñones. Llega al tercer tercio con clase y con un cortijo en cada pitón para quien tenga arrestos de plantear la pelea. Bolívar tira las cartas y se dedica a torear por fuera, de nuevo descubierto en cada pase, de nuevo sin mandar en las embestidas de Pesador. El mérito de Bolívar, tanto en éste como en el otro toro, es que no lo tapa y así se puede ver bien a las claras la clase del animal, que recibe aplausos sinceros en el arrastre.

    Para despachar al sexto, Maño, número 8, que correspondía a Castaño, tenemos de nuevo a Rafaelillo. El toro sale de chiqueros como una centella, estrellándose literalmente contra el burladero del 10. Luego, al pararlo de capa Rafaelillo le acosa y el matador se tiene que refugiar en el burladero soltando el capote. Lo pica Tito Sandoval, que en seguida se da cuenta de las condiciones del toro y dosifica muy bien el castigo. El toro no se emplea y se deja pegar. Rafaelillo no rehuye la pelea pero el toro es el más soso de la tarde.

    Al final nos quedamos para aplaudir al mayoral. Queríamos toros y nos trajo toros variados, cambiantes, duros, exigentes, encastados, toros que llegan a la muerte con las bocas selladas, sin enseñarnos la lengua. ¿No es para aplaudirle? Además eso no quita para que luego, si unos señores tienen que dar un premio, se lo vuelvan a dar a la de juampedro con su azulejito y todo, faltaría más.


Volteretón de Castaño, por perderle la cara al toro

Manera socialdemócrata de
 ir a los toros

 Hasta la hombrera

La papela de Abella

Los sanitarios de la Andanada del 9

El kit del aficionado

A Domingo Navarro

Así van los orientales a 
la corrida de Cuadri

Los descamisados del palco-lonja presidencial

Paseíllo
Javier Castaño, Luis Bolívar y Rafaelillo

¡Que va a salir el Muñeco!

Abella, pertrechado de azul
 purísima ante los Cuadri
(¿Y qué dice Serrat de los Cuadri?)

Muñeco y su badana en la arena

Muñeco en el caballo

Rafaelillo brindándonos a Muñeco

Aragonés , el toro que cogería a Castaño, en el caballo

Castaño, conmocionado, armándose de valor para salir a muletear

Banderillas para Aragonés

Castaño citando a Aragonés, más listo que su homónimo 
el Sabio de Hortaleza

Bolívar a la expectativa

Erasmus del 6
(Y tíos en calzoncillos)

Croquetas de Andanada

El mejor silbo


Atardecer madrileño

En tarde de Cuadri...

...los únicos circulares invertidos que se ven en la Plaza...

...los da la veleta del reloj

De izquierda a derecha y de derecha a izquierda

Rafaelillo

Aficionada del 9

"Al final nos quedamos para aplaudir al mayoral. 
Queríamos toros y nos trajo toros variados, cambiantes, duros, exigentes, encastados, 
toros que llegan a la muerte con las bocas selladas, sin enseñarnos la lengua.
 ¿No es para aplaudirle"

Final

Las Ventas. Inauguración de la nueva Plaza

 
Yo siento decirlo, pero, como soy muy sincero tengo que decirlo. Al que vi más cerca del toro fue el guardia

Gregorio Corrochano
Abc, 18 de junio de 1931

Nuestro flamante alcalde, D. Pedro Rico, nos llevó ayer a la nueva plaza de toros. ¿De dónde sacaría yo unos duros para los sin trabajo? Se dio a pensar, y, entornando los ojillos como para ver hacia adentro, planeó una corrida de toros en la nueva plaza. No la llamamos plaza Monumental, aunque lo es, por no dar lugar a confusiones entre los que conocen las demás plazas monumentales. No se parece a ninguna. No es ese mazacote de cemento armado. Es piedra, hierro y ladrillo. Es una plaza ligera, graciosa de líneas, trabajada con gusto y esmero. Era el sueño de Espelíu, y se murió al lograrlo. Es una plaza alegre, cómoda, preciosa. Una cosa muy bien lograda.

Decíamos que el alcalde de Madrid planeó la corrida. Pronto halló concursos desinteresados. Cuando queráis pulsar la generosidad acudid a la fiesta de toros. ¿Qué hace falta para una corrida? ¿La plaza? Ahí está sin estrenar. ¿Toreros? Ahí están los toreros. ¿Toros? Ahí van los toros. Cuanto quiso el alcalde y más. Digo más porque de aceptar ofrecimientos habría toros para todo el año.

La plaza es una maravilla, y ayer estaba en todo su esplendor. Como los tendidos son tan amplios, ayer había muchas mujeres en los tendidos. Y como los dos animales más bonitos son el toro y la mujer, ayer estaba la plaza divina.

En el palco principal, el Sr. Alcalá Zamora y parte del Gobierno. En la presidencia, el alcalde con Guerrita, Fuentes, Vicente Pastor, Bombita, Machaquito y Bienvenida. Para los dos palcos hubo entusiastas aplausos. Ya que hablamos del palco principal, una objeción. El palco es pegote de la plaza. La plaza es de líneas severas, clásicas, y el palco, por su forma, por su colorido, hasta por su emplazamiento, es una equivocación. ¡Qué balconada de piedra se pudo hacer, al estilo de la que hay en la Maestranza de Sevilla! Pero, tal como está, es pretencioso, recargado y, sobre todo, cursi. Parece que es provisional.

El festejo ha durado desde las tres y media hasta las ocho menos cuarto, y si será cómoda la plaza, que no nos fatigó. La Banda Municipal dio un concierto. El solo enunciado lleva en sí el elogio cuando de la Banda Municipal se trata. En tanto la plaza se va cuajando lentamente, porque es difícil el acceso. Aún más difícil es la salida. Lo de ayer puede considerarse como un ensayo general con todo. Ya se vio que, como están los alrededores, no se pueden dar todavía corridas en esta plaza. Hace falta un amplio proyecto de grandes vías para la circulación. Lo de ayer, aunque bien organizado, fue un embotellamiento. Es que físicamente no caben los coches, ni los peatones, ni los tranvías. Es que la plaza es un encanto, pero el emplazamiento es horrendo. Para hacer la plaza se socavó, se hizo un desmonte y nada más. Y hay que dar entrada y salida rápidamente a 24.000 personas. Hay que estudiar las avenidas, como están en la plaza vieja, que en esto no tiene rival. Y arreglar el piso del ruedo, porque no se puede torear.

Hemos salido ya de la plaza con bastante trabajito, y ahora nos damos cuenta que tenemos que volver a entrar. ¿Que por qué? Pues porque ahora nos acordamos que fuimos a algo más que a ver la plaza. Fuimos a ver una corrida de toros y todavía no hemos dicho una palabra de la corrida.
Guerrita y Fuentes. Me decía una mañana Fuentes en San Sebastián: “Mírale, parece que va a torear esta tarde.” Pasaba Guerrita frente a nosotros vestido de torero, como siempre, y con paso de torero, como siempre. Y luego Antonio me contaba su vida en Valladolid, donde estudiaba para torero; sus comienzos con Cara-Ancha y sus encuentros con Guerrita, el indomable.

De la presidencia de la corrida

Bombita y Machaquito. Otra época del toreo. Mosquera. Los contratos en blanco. El pleito de los miuras. ¡Cuánta lucha! Y hoy, Bombita en su fábrica y Machaquito en su Córdoba y a cazar jabalíes en Marruecos.
 
Vicente Pastor. Torero de Madrid. Pero de Madrid, de la plaza de Madrid. No como estos toreros de Madrid que en la Plaza de Madrid es donde se encuentran más forasteros.
 
Bienvenida. Sus luchas, sus afanes. Que llega, que no llega, que parece que ya llegó, que el Papa Negro, que los seis toros de Trespalacios, que la cornada, que adiós ilusiones, que los hijos toreros... Sigue la lucha.

También está en el palco vestido de corto Guerrerito. También es representativo. Y todavía se viste.
Pero no es esto lo que queríamos decir. Estos toreros de quienes hablamos ya no lo son. Tenemos que hablar de otros. De los que torearon.

El despejo es magnífico. No caben los toreros en la plaza. Fortuna, Marcial, Villalta, Barajas, Bejarano, Barrera, Armillita Chico, Bienvenida. Los picadores montan caballos blancos, y con ellos va de monosabio Basilio Barajas, que aún salta la barrera sin tomar el estribo.

Cuando salió el toro de Martínez pudo ocurrir un desgracia. El toro obstinóse en saltar al callejón. Una vez parecía que lo había logrado. Un guardia corría por el callejón como si llevara el toro detrás. Un empleado abrió una puerta. Al salir el guardia por la puerta se encontró con el toro que estaba en el ruedo y venía pegado a las tablas. Por fortuna, el toro, huido, no tomó la puerta y siguió. El guardia retrocedió con el susto natural. Yo tengo que decir que, de todos los hombres que había ayer en el ruedo, al que le pasó más cerca el toro fue al guardia. Pero no sé por qué me desvío de lo principal, de hablar de los toreros. ¿Qué hicieron los toreros y los toros? ¿No es esto lo que yo tengo que decir? Pues a ello. ¿Pero en qué estás pensando? (Esto me lo digo a mí mismo para animarme.) Pues a ello.
 
Por haberse inutilizado se retiró el toro de Aleas, que parecía bravo, y por no embestir, al parecer falto de vista, el de Tovar. Se lidiaron de Veragua (hoy, Domecq), Martínez, dos de Villena, en sustitución de los retirados; Concha y Sierra, Graciliano, Coquilla y Rincón (hoy, García). Con los caballos cumplió mejor el de Veragua. Llegó más bravo al final el de Graciliano que en los caballos fue blando y escarbó pero se crió, y en la muleta tuvo mucho genio, hasta que murió. Los demás, muy flojitos, muy flojitos, muy tirando a mansitos. El último fue fogueado.

Estrenó la plaza uno del duque de Veragua. La misma ganadería estrenó la plaza que desde hoy llamaremos vieja. Le mató Lagartijo, que, según me dice un viejo aficionado que lo presenció, se vio Lagartijo tan apurado, que tuvo que tirarse al suelo para evitar un percance. Al toro de Veragua de ayer le mató Fortuna muy bien.

En el resto de la corrida no se vio nada. Ni un lance, ni un quite, ni un muletazo, ni un pinchazo bueno. Nada. Como corrida, es la corrida más mala y menos interesante que hemos visto. Los toros, aunque venían de distintas ganaderías, parecían hijos del mismo padre. ¡Qué igualdad en la mansedumbre! Los toreros, faltos de recursos y casi de deseo. Muy igualitos también.

Yo siento decirlo, pero, como soy muy sincero tengo que decirlo. Al que vi más cerca del toro fue el guardia.

LAS TAURINAS DE ABC
EDICIONES LUCA DE TENA, 2003


Sábado, 2 de junio

CRÍTICOS TAURINOS

-Los revisteros de toros eran ditirámbicos, ponderativos e hiperbólicos. Llevaban el elogio a cimas que ni la adulación misma había escalado jamás, y como operaban sobre lo fugitivo de un lance, sobre lo irreproducible de un momento que no se podía ya contrastar, solía decir todo lo que se les antojaba, no sólo impunemente sino con la autoridad que les daba el disertar en una materia en la que nadie tiene autoridad.
WENCESLAO FERNÁNDEZ FLÓREZ

Ignacio Ruiz Quintano

viernes, 1 de junio de 2012

Entrevista con Kant

Immanuel Kant

No le sentaba bien la peluca, y de vez en cuando su criado se la enderezaba. Tiene la nariz colorada y los dedos manchados de tabaco


Jorge Bustos

En la primavera de 1784, James Boswell, el gran periodista cultural de la Ilustración, polilla infatigable rondando candiles como Hume y Rousseau, se encontraba en Königsberg con el propósito de conocer personalmente a otro gran hombre de cuya sabiduría contagiarse: Immanuel Kant. Por entonces Boswell había fundado ya el género moderno de la biografía a lo largo de las 2.000 páginas y 50 años que ocupó su entrevista vitalicia con Samuel Johnson, “uno de los éxitos más notables de la historia de la civilización, logrado por un individuo que era un vago, un libidinoso, un borracho y un snob”, en palabras de Lytton Strachey. O sea, un periodista.

A este Juan Cruz ideal del Siglo de las Luces todo le salió mal en la vida. Quiso ser oficial de la guardia real, juez respetado, abogado de prestigio, buen marido y autor famoso, pero le faltaron disciplina, continencia, discreción y dinero para todo ello. Ni siquiera su monumento biográfico a Johnson le granjeó el respeto social, sino penosos litigios con las fuentes clamorosamente reveladas en el texto eterno. Hasta la familia se avergonzaba de él: cuenta Giralt Torrente que su bisnieta, cuando recibía invitados en la mansión familiar, adoptó la costumbre de animarles a tirar al blanco sobre el retrato del infame bisabuelo, hasta que quedó hecho trizas. Pero aquella incorregible, metódica traición del off the record, si no el reconocimiento siempre caprichoso de la contemporaneidad le valió la inmortalidad literaria, y cuando Rosa Belmonte me informó por Twitter de la caseta donde hallaría la escueta visita que Boswell le hizo al sabio de Königsberg, no tuve ningún reparo en pagar un euro por cada una de las diez octavillas en que consiste el librito.

“El señor Kant es de pequeña estatura, extremadamente flaco, y tiene un hombro más alto que otro. Tiene la frente alta y despejada, y los ojos azules, grandes, en los que asoma una mirada melancólica, aunque su porte es vivaz, tanto que en nada recuerda al de un pensativo y apesadumbrado metafísico. No le sentaba bien la peluca, y de vez en cuando su criado se la enderezaba. Tiene la nariz colorada y los dedos manchados de tabaco”. La audiencia la había conseguido Boswell por mediación de su amigo Adam Smith, el mismo que sonará a Toxo y Méndez por fundar el liberalismo económico. Smith conocía a Green, comerciante próspero e íntimo de Kant –al que llamaba Manny, como Toni Montana a su lugarteniente–, que era accionista de la sociedad mercantil Green, Motherby & Co., dedicada al comercio de maderas, frutas y especias. Green quedó con Boswell y le llevó a casa de Kant, con quien estaba concertada la cita a la una. La puntualidad del profesor era legendaria al punto de que los vecinos de Königsberg ajustaban los relojes cuando veían a Don Manuel emprender su paseo diario. Un día no salió, dicen que por estar absorto en la lectura del Emilio rousseauniano, y cundió el pánico por el pueblo. De chico había sido tan pobre que se pagó los estudios apostando al billar, juego en el que llegó a ser un virtuoso. Paul Newman interpretaba sin saberlo al príncipe de la inteligencia moderna en El buscavidas.

Kant se presentó ante Boswell 20 minutos antes de lo previsto, que es el colmo de la puntualidad alemana: adelantarse, como hoy se adelantan a rescatar a las naciones dizque insolventes. Empezaron el almuerzo-coloquio en latín, propusieron luego el francés y acabaron celebrándolo en alemán. Aquello sí era una tertulia, no lo de 59 segundos. Y Kant se puso a hablar:

No debe un hombre mimar a un niño chico. Hay en el mundo menos amor del que tienden los niños a suponer, y no es acertado que un hombre aumente la cuantía del engaño y la ilusión en que viven. Los mimos corrompen no sólo a los niños, me atrevo a aventurar que incluso a sus padres. La empalagosa simpatía y la compasión sensiblera son fastidiosas para los hombres que piensan como se ha de pensar. Cierto que quizá no deseemos ver a las mujeres del todo libres de esas blandas disposiciones...

Pero cuando Boswell, hambriento de aprendizaje como un pijo en un máster, quiso reconducir la charla a la refutación del escepticismo empirista de Hume, Kant protestó jovialmente:

Señor, la verdadera metafísica de la vida está en el buen comer y beber. Así que tengo por máxima no considerar temas especulativos mientras se almuerza.

Y llegó Green, de considerable estatura, y se llevó a Manny a dar su paseo, “como una gran gallina clueca con un polluelo muy pequeño”. Y cuando Boswell reparó en que acababa de comparar mentalmente al gran filósofo con una gallina, cuenta que ya le duró el buen humor el resto del día, como le pasa a uno cuando al fin apresa a cualquier milhombres en una metáfora irreverente.

Señor, la verdadera metafísica de la vida está en el buen comer y beber. Así que tengo por máxima no considerar temas especulativos mientras se almuerza

El realismo educativo


Hughes

Durante mi bachillerato tuve recurrentes fantasías sobre lo que debía ser mi educación universitaria. En mi instituto, público y presupuestariamente conmovedor, había sin embargo un grupo de profesores que con su ejemplo despertaron en nosotros el gusto por el conocimiento. Nos emancipábamos así del rito pandillero y de la cultura gansta del parque y la discoteca, también de la vulgaridad ambiente, que a algunos nos debía parecer una forma insoportable de limitación vital. Ser culto se convirtió en una aspiración.

En ese tiempo, la universidad me la imaginaba como un Oxford. Yo estudiaría económicas y allí me enamoraría de una bailarina rusa y un pintor terrible y aristócrata intentaría seducirme. Profesores de expresión altiva y glacial me mirarían enarcando una ceja y dialogaríamos como aspirando a ser parte de una comedia de Wilde. Beberíamos té, escucharíamos música de cámara  y el amor sería prerrafaelita o beat.

El primer día de universidad no lo olvidaré. Éramos miles de personas acudiendo a edificios de aspecto carcelario en los que no se cabía. Todos vestían fatal y la ironía se penalizaba con la exclusión social. Los profesores eran aburridos y todo allí resultaba árido, impersonal y burocrático. Había chicas con buenas piernas, pero ni rastro de la bailarina rusa.

Nunca me metí en política universitaria, pero fui fuertemente crítico con la institución, aunque es evidente que el problema lo tenía yo. Iba por los pasillos arrancando carteles y tachaba cada crédito superado como el preso hace una muesca en la pared por cada día que le resta para ser libre.

Alguna vez leí que la decadencia inglesa se explicaba en parte por el diletantismo de su universidad, no lo sé, pero cuando pienso en el reformismo de Wert, imagino que tan necesario, y en la definitiva vinculación del mundo educativo a la empresa, pienso que se aleja definitivamente el ideal clasicista, integral, humanista, estético y moral de los estudios. La sumisión al mundo empresarial, inevitable, es una pequeña tragedia, incluso un cierto dogmatismo.

La educación liberadora, la instrucción divagatoria, generalista, emancipatoria que forma un ciudadano desde un punto de vista global no nos la podemos permitir y no es que caminemos hacia el modelo alemán y científico del que hablaba ya Giner de los Ríos, sino que vamos hacia una universidad orientada al mercado laboral, quizás determinada por la propia mediocridad de aquél. A veces imagino esto como algo recursivo.

Una vez le escuché a un flamenco:

-Esto es música p’a entendeores.

Una sociedad de entendeores incardinados en el mundo corportativo. Pasar del diletante -en todo diletante hay un rebelde-  al hombre especializado, al entendeor, y ya,  desde ahí, al simple hombre útil, sin otro ideal, horizonte, ni pretensión que el beneficio, la competitidad y la moral corporativa.

Por inevitable que resulte, hemos de asumir las consecuencias de una educación que tenga la justa, fenomenal y un poco decepcionante aspiración de procurar un empleo.

In memoriam


Doce años del indulto a Lagartijo II

Petrov. Toda la película


Cha-cha-chá



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    No me gustan esos aires de superioridad moral que se da la gente al hablar de los políticos, nuestros primos hermanos. Tipos que han pedido un préstamo y no lo han devuelto y censuran la gestión de los banqueros.

    –La culpa fue del Cha-cha-chá, que me volvió un caradura por la más pura casualidad –cantaba en plena juerga mi amigo Jaime Urrutia.

    Ayunos de dinero, nos queda la superioridad moral.

    Y mientras Bruselas (Bruselas es la marca blanca de frau Merkel) le pasa a Mariano la lista de sacrificios para salvar a España, media docena de periódicos de progreso, depositarios “por la g. de Dios” de la moral superior, se juntan para enseñarnos a salvar, no a las empresas periodísticas, que de eso ya sabemos que no saben, sino… ¡a Europa!

    –Viajar por Europa es visitar una casa para que los criados nos muestren las salas vacías donde hubo fiestas maravillosas –dijo exactamente Gómez Dávila.

    Falta de pudor (y de ortografía) en el periodismo, y en la Banca, “falta de transparencia”, como se me queja un amigo de ideas avanzadas que debe tres meses de hipoteca y cuatro de comunidad, razón por la cual sus vecinos, todos ellos grandes objetores del sistema bancario, ya lo han incluido en la lista de la morosidad.

    –Mejor moroso que putero.

    Porque al totalitarismo catalán le ha dado ahora por listar a caballeros frecuentadores de señoras de mala vida, seguramente no por la parte pecaminosa que conlleva el apetito venéreo, sino por la disidencia identitaria que supone el comercio carnal.

    –¿Por qué pagar por sexo, si es gratis? –dijo, naif, Emma Thompson.

    Pagar, siendo gratis, no es catalán.

Periodismo



El periodismo es un infierno, un abismo de iniquidades, de mentiras, de traiciones, que es imposible atravesar y del que es imposible salir indemne si no es protegido, como Dante, por el divino  laurel de Virgilio.

Honoré de Balzac
Las ilusiones perdidas
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Que un solo hombre sea capaz, cada semana y cada día, de obligar en un santiamén a cuarenta o cincuenta mil seres humanos a decir y pensar la misma cosa lo encuentro escalofriante. Nunca puedes dar con el culpable en persona, y los miles de individuos a los que éste incita a los unos contra los otros, son hasta cierto punto, también, inocentes. ¡Maldición, maldición a la prensa! Si Cristo volviese a la tierra no atacaría a los grandes sacerdotes, sino a los periodistas.

 Søren Kierkegaard
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El periódico resulta hoy, en efecto, el gran atizador de la vanidad humana. […] ‘Salir en el periódico’, ver el nombre impreso, citado en el periódico, resulta hoy, para una gran mayoría de los mortales que viven en sociedad, la aspiración y la recompensa supremas. En los regímenes aristocráticos, el gran esfuerzo consistía en obtener, si no el favor, al menos la sonrisa del príncipe. En nuestras democracias consiste en alcanzar las alabanzas del periódico. Para conquistar esas benditas diez o doce líneas, los hombres hacen de todo, incluso buenas acciones. Ni siquiera es necesario que esas líneas contengan un panegírico, basta con que pongan el nombre, la personalidad en evidencia, con la tinta bien negra, que hoy tiene un brillo más deseado que el antiguo nimbo dorado. No hay clase que no se vea devorada por ese apetito morboso de publicidad, que es tan vivo como en aquellos que parece que prefieren una vida de oscuridad y silencio. Porque, ¿a qué vienen ahora, en estos días, esos frailes dominicos, desde el fondo de sus claustros, a predicar en los púlpitos de París sermones de Cuaresma tan enormemente teatrales y promotores de escándalo? A conseguir una celebridad del tipo Coquelin, e interviews en los periódicos de literatura elegante, y su retrato, con el hábito del gran Santo Domingo, expuesto entre jockeys ilustres y coristas de cancán del Moulin Rouge.

Eça de Queiroz 
Otra bomba anarquista. El señor Brunetière y la prensa
Ecos de París

J. B.

Prisa, la banca y la bula


-No hay dinero para pymes y para hipotecados, pero sí para Juan Luis Cebrián.

Vigésima de Feria. El trago de los Escolar. ¡Esto es la Fiesta!

El trago de los Escolar
Boca seca en tardes de Tauromaquia de Interior


Estas escasas tardes de Interior, en las que se disfruta y se sufre con un espectáculo ancestral en el que un hombre joven, un héroe que nos representa, se enfrenta a la Muerte armado con un trapo rojo y un estoque

José Ramón Márquez

In principio erat Taurus. Hoy, al fin, el Toro en Madrid. Ha sido una larga travesía, pero hoy, según se abrían las puertas de los chiqueros, de la lóbrega oscuridad de su encierro salía el Toro, origen y razón de esta Fiesta. Majito I, Palomito, Confitero, Corredor, Cariñoso IV y Ventolero, toros de lidia de don José Escolar Gil y no de una sociedad anónima, divisa roja y blanca, antigüedad de 1985, procedencia Marqués de Albaserrada.
 
Ahora les toca mover ficha a los cansinos de siempre, para cargarse la corrida. Ahora vendrá la monserga de los toros jurásicos e ilidiables y demás jeribeques para proteger a las damiselas que engalanan los carteles caros y que ni tienen arrestos ni saben qué hacer si les sale un toro como Dios manda, que hay que ver los palos que se llevó Guardiola por cometer el delito de echar en una Plaza de Toros una corrida de toros, y esos estacazos no serán nada comparados con los que se van a llevar los Escolar. Así está esto, por desgracia.

Hoy, en Madrid, al fin, los toros y su panoplia, el miedo de su presencia en el ruedo, el horror de sus huecas miradas en las que está pintada la palabra ‘muerte’, el terror de sus cabezas, el pavor de sus embestidas. ¿Bravos? No. Encastados, lo que más odian los de oro. Hoy a nadie se le ocurrió ponerse con lo de las lopecinas, lo de las largas cordobesas, las chicuelinas, las zapopinas, las pedresinas, las manoletinas ni las bernardinas, ni con el pestilente circular invertido. Hoy había toros en la Plaza y de tonterías, las justas. Nos hacíamos cruces de pensar en los tres de Aranjuez del día antes, los de la lluvia de orejas y rabos, con esta corrida de toros de don José Escolar. Fantaseábamos con Manzanares frente a Confitero, número 18, matando a recibir, con los Cuvis, estirpe de Idílico, que tendrán apartados para la Beneficencia en comparación a los Escolar; en fin, que si algo ponían netamente sobre el tapete los albaserradas de Escolar era bien a las claras el engaño de casi todas las tardes, el descaste vendido como bravura, la tontuna vendida como bravura, el humo de la mansedumbre vendido como el oro molido de la bravura. Hoy, de bravura, poca, ni falta que hacía, porque se compensaba de sobra con la casta y la listeza de seis toros de lidia que ni venían a colaborar en nada ni tenían ni idea de lo que es el Arte ni de lo que es la Cultura, ni falta que les hacía. Toros de lidia que nunca leyeron a Federico y que jamás soñaron de utreros con verónicas de alhelí, toros de lidia serios y duros como un Catedrático de los de antes, que aprendían rápidamente, que no abrían la boca, que perseguían a los banderilleros, que recordaban quién les había herido y de qué manera, y que estaban atentos lo mismo al cansino paso de un arenero por el callejón en el 6 que a la caída de una banderilla. ¿Bravos? No. Ni falta que hace eso, si está presente la casta, el horror.

Y enfrente tres toreros: López Chaves, catorce corridas el año pasado, Fernando Robleño, catorce corridas el año pasado, y José María Lázaro, seis corridas el año pasado. El toro, como siempre, para los de Interior; porque para los de la Cultura ya está la mona que extasía a los espíritus sensibles. Tres toreros machos frente a una corrida de toros y cada uno tratando de salir del difícil atolladero de la mejor manera posible.

Tarde enorme de Robleño en su primero, tragando lo que no está en los escritos e impresionante inicio de faena a su segundo castigando al Cariñoso IV, número 44, tocándole los costillares y doblándose con él de manera muy eficaz, de torero firme y con conocimiento. Impresionante verdad de José María Lázaro con su segundo, tragando lo que no está en los escritos, con un vibrante inicio de largo hasta que en una tremenda colada el toro se orientó. Decisión de López Chaves al doblarse con torería con su segundo que luego, tras desarmarle, cambió una barbaridad y la cosa no era como para ponerse a hacer experimentos. Dignísimo papel de los tres coletas a los que se les debe el sincero aplauso solamente por el hecho de haber estado frente a esos toros.

¿Y esta corrida cómo habría resultado si se hubiese intentado hacer la suerte de varas con la verdad que se hizo el día anterior? ¿Y si las lidias de los toros hubiesen sido más ordenadas, con menos gente moviéndose y con menos capotazos innecesarios? ¿Y si los matadores, viendo las condiciones de los toros, los hubiesen parado echando el capote abajo, ahormándoles, en vez de intentar las consabidas verónicas? ¿Como habría salido la tarde?

No creo que nadie se haya aburrido hoy en Las Ventas. La emoción que trae el toro, la perenne sensación de peligro para los lidiadores, la incertidumbre sobre el comportamiento de los animales no permitía apartar los ojos de la Plaza ni un momento. ¡Qué triste diferencia con esas abundantes tardes que lánguidamente se despeñan hacia el olvido en las que unos ungulados con la lengua fuera y con una cara de estúpidos que mueve a risa, esperan a que unos pitiminís les tundan a mantazos! Tardes de Cultura, tediosas como un programa de Dragó frente a estas escasas tardes de Interior, en las que se disfruta y se sufre con un espectáculo ancestral en el que un hombre joven, un héroe que nos representa, se enfrenta a la Muerte armado con un trapo rojo y un estoque.

Tenían que haber llevado un Escolar a la Carpa de la Cultura, para que entre tanto pancismo apareciese un poco de disensión.


¿Y las figuras?
¡Ay, las figuras!

Paseíllo
La Brunete de Vidal

¿Y esta corrida cómo habría resultado si se hubiese intentado hacer la suerte de varas con la verdad que se hizo el día anterior?

¡Hombre al agua!

Y enfrente tres toreros: López Chaves, catorce corridas el año pasado, Fernando Robleño,
 catorce corridas el año pasado, y José María Lázaro, seis corridas el año pasado

La de cal y la de arena

El embroque

El cuarto de Telemadrid
Ni los Escolar le quitan el apetito

"Tenían que haber llevado un Escolar a la Carpa de la Cultura, para que entre tanto pancismo apareciese un poco de disensión"

Una vela a Dios y otra al Diablo

"No creo que nadie se haya aburrido hoy en Las Ventas. La emoción que trae el toro, 
la perenne sensación de peligro para los lidiadores, 
la incertidumbre sobre el comportamiento de los animales 
no permitía apartar los ojos de la Plaza ni un momento"

"¿Y si las lidias de los toros hubiesen sido más ordenadas,
 con menos gente moviéndose y con menos capotazos innecesarios?"

In principio erat Taurus

"Hoy, al fin, el Toro en Madrid"

La Lidia

Despedida a una tarde de hombres

Final

Ha sido una larga travesía, pero hoy, según se abrían las puertas de los chiqueros, de la lóbrega oscuridad de su encierro salía el Toro, origen y razón de esta Fiesta. Majito I, Palomito, Confitero, Corredor, Cariñoso IV y Ventolero, toros de lidia de don José Escolar Gil y no de una sociedad anónima, divisa roja y blanca, antigüedad de 1985, procedencia Marqués de Albaserrada

Viernes, 1 de junio

AFICIÓN TAURINA, 2

-(Los aficionados) iban de ciudad en ciudad, de feria en feria, en pos del espada favorito para admirarlo y hablar bien de él, o en pos de rivales del favorito para denigrarles. Esta movilidad de la afición, esta constante disposición para el desplazamiento, hacía aparecer mayor el número de devotos de las corridas. Pero lo cierto es que en las plazas más alejadas entre sí se veían siempre las mismas caras.
WENCESLAO FERNÁNDEZ FLÓREZ

Ignacio Ruiz Quintano